Charles S. Peirce en Nápoles


"Además de sus otras numerosas glorias y distinciones, Nápoles puede enorgullecerse de haber albergado más Peirces -seis para ser exactos- que cualquier otra ciudad de Italia. Nuestro Charles Sanders Peirce estuvo aquí tres veces entre el 26 de septiembre de 1870 y el 1 de enero de 1871; su primera esposa Zina Fay, se le unió en las dos últimas ocasiones; su padre Benjamin y su hermano menor Herbert se detuvieron aquí dos veces en su camino de ida y vuelta a Sicilia en diciembre de 1870; su segunda esposa Juliette, llegó aquí en un vapor desde Nueva York el 22 de diciembre de 1889 y se regresó desde aquí en abril de 1890; y su hermano mayor, James Mills Peirce, pasó aquí algunos días durante la primera semana de junio de 1890. Ni Milán ni Roma ni Florencia (ni incluso Padua) pueden enorgullecerse de seis Peirces". Con estas simpáticas palabras comenzaba Christian J. W. Kloesel su intervención bajo el título "Scattered Remarks on Peirce and Italy" en el Congreso Internacional "Peirce in Italia" celebrado en el Palazzo Serra di Cassano de Nápoles los días 5-7 de diciembre de 1990. El texto fue publicado en VS Quaderni di Studi Semiotici 55/56 (gennaio-agosto 1990), 3-12 y en el volumen de las actas Peirce in Italia, M. A. Bonfantini y A. Martone, eds., Liguori, Nápoles, 1993, 87-99.


Nápoles en 1870

Primera estancia (26 de septiembre-primeros de octubre de 1870)

Charles S. Peirce viajó por primera vez a Nápoles el 26 de septiembre de 1870 procedente de Siracusa, Sicilia, donde había estado explorando posibles asentamientos para la observación del eclipse de sol que había de tener lugar en esa zona el 22 de diciembre de ese mismo año. A diferencia de otros lugares de su viaje (Londres, Berlín, Dresde, Pest, Constantinopla, Mesina, Siracusa) no se conserva ninguna carta suya desde Nápoles en la que refiera a su esposa o a su madre sus impresiones de la ciudad y lo que en ella hizo. Tenemos algunas referencias a Nápoles en algunos otros documentos.

Cuando escribe a su esposa Zina desde Mesina el domingo 18 de septiembre, a disgusto por su situación en esta ciudad "en la que no hay nada en absoluto que ver y me quedo aquí un día sólo porque al ser domingo mi banquero no me daría dinero", añade que "cuando llegue a Nápoles supongo que estaré cómodo de nuevo". En esa misma carta le explica a Zina que "Esperaba encontrar aquí al menos una carta de Amy, pero no hay ninguna. He telegrafiado a Nápoles para que me reenvíen inmediatamente todas las cartas, y sin duda tendré entonces alguna de mi padre".

En su carta del 22 de septiembre de 1870 a su esposa Zina le dice, a propósito de la fiebre contraido en Lentini, que "cuando llegue a Nápoles me tomaré una semana para restablecerme y ver cómo me siento entonces". De hecho, estuvo en cama en Nápoles, según cuenta Amy Fay a Zina, en una carta del 13 de octubre de 1870 desde Berlín: "He recibido carta de Charlie ayer fechada en Nápoles, donde al parecer ha sido atacado de escalofríos y fiebre. Confío en que se recuperará sin problemas" (no hemos localizado todavía esa carta de Charles Peirce a Amy Fay que sería tan interesante para completar la información sobre Nápoles).

Probablemente en esta primera estancia en Nápoles es cuando ocurre la visita a Velia que recuerda unos veinticinco años después [MS 814, c.1894]:

Una vez estaba bordeando en un velero las orillas del Principato Citeriore y admirando las dos montañas, Monte Sacro y Monte Cervati son sus nombres, si la memoria no me falla, que le recuerdan a uno a dos mazorcas de maíz en el empeine de Italia, cuando me pareció que había visto algunas ruinas. Nos las arreglamos para atracar y escalar el acantilado, y allí me encontré, casi con seguridad, con lo poco que queda de la más metafísica de las ciudades, Velia, que dio su nombre a la escuela de Parménides y Zenón. Deseando beber a su augusta memoria envié a un campesino al vecino pueblo de Valle, el mismo nombre modernizado, a por una botella de vino. Pero tardó tanto en llegar que me dormí; y en mi sueño tuve el honor de una visita, no del no del noble Parménides en persona, sino del gran lógico Zenón…

A principios de octubre debió de abandonar Nápoles para trasladarse a Roma. En su carta del 14 de octubre de 1870 ya desde Roma escribe: "En algunos aspectos Roma parece un lugar insignificante después de Nápoles, pero es maravilloso lo mucho que hay aquí para ver", lo que habla muy en favor de su positiva impresión de la ciudad de Nápoles y sus tesoros artísticos. Por la carta del 16 de octubre sabemos que no visitó las catacumbas de Nápoles, pero sí debió visitar muchas otras cosas de aquella ciudad.

Peirce adquirió en Nápoles un ejemplar del libro Logica de Antonio Rosmini-Serbati, que se trata muy probablemente del ejemplar que se conserva en la Eisenhower Collection de la Johns Hopkins University.

Desafortunadamente este libro permaneció durante muchos años en las estanterías abiertas al público. En esa época fue encuadernado de nuevo perdiéndose la página inicial en la que Peirce había anotado "Bought in Naples", según la ficha de Max Fisch disponible en el Peirce Edition Project, Indianapolis, que se reproduce a la derecha.

Agradecemos a Heidi Herr de la sección de Special Collections de la Johns Hopkins la comprobación de que no se conserva ya la página inicial con la anotación de Peirce.



Reproducimos aquí debajo la cubierta de otro ejemplar de esa misma edición de 1859 de este libro de Rosmini, adquirido por el Grupo de Estudios Peirceanos y disponible en la Biblioteca de la Universidad de Navarra:

Segunda estancia (principios-10 de diciembre de 1870)

Charles Peirce regresó a Nápoles, acompañado de su esposa Zina a primeros de diciembre junto con el resto de la expedición norteamericana que se dirigía a Sicilia. El grupo estaba liderado por Benjamin Peirce, en cuyo plan inicial de viaje estaba previsto llegar a Nápoles el 8 de diciembre, donde permanecerían seis días y partir el 13 hacia la estación en Sicilia. Zina, en su amplio reportaje del viaje publicado en agosto de 1871, escribirá: "Yo suponía que la bella Nápoles sería nuestra última etapa de la civilización y que a partir de allí me pondría nerviosa [en Sicilia] por la infinita suciedad, las moscas y las malas comidas, hasta que volviéramos a ver de nuevo su celestial bahía y escucháramos otra vez el delicioso ajetreo de sus calles".

Y prosigue describiendo el viaje que hicieron el día 10 de diciembre en vapor desde Nápoles a Mesina: "Es un hecho verdaderamente italiano que no hay todavía tren desde Napóles hasta el final de la península -la punta de la bota- de modo que, en vez de poder cruzar desde Italia a Sicilia con un ferry en una hora, tienes que tomar un vaporcito en Nápoles y costear la orilla italiana durante un día y una noche, más o menos, como sucede, hasta que llegas a Mesina. Y es igualmente un hecho peculiar italiano que no hay embarcadero en la bahía de Nápoles en el que pueda atracar el mencionado vapor, sino que tu equipaje y tú han de ser llevados a remo en un bote en la oscuridad y hay que subir al vapor por una estrecha escalera; si esto sucede durante una lluvia torrencial, como era el caso con nosotros, uno se acuerda de su tierra natal en la que los muelles están cubiertos y amplias pasarelas son un derecho natural tanto como el voto. Desafortunadamente habíamos tomado la línea Peirano en lugar de la línea Florio y nos encontramos a la mañana siguiente, después de una noche no mala, a bordo de un barco cuya cubierta era mugrienta más allá de lo imaginable, y llena de soldados italianos y de bravos de ópera. No sé de cuál de los dos. Sin embargo, probablemente con el vapor se había comprado una hermosa pequeña librería en inglés, y como el Mediterráneo estaba suave y cristalino, preferí recluirme en un sofá en la cabina y permanecer durante el día con las Reminiscencias del Dr. Johnson de Mrs. Piozzi, a pasarlo arriba de las escaleras mirando a los Apeninos que se alinean en la orilla, pues son las montañas más repelentes que he visto, grises, calvas y desnudas, sin nada grande que las redima, muy parecido al esqueleto del carácter italiano moderno" [Fuente: Zina Fay Peirce, "The Mediterranean Solar Eclipse", The Galaxy, vol. 12/2, 179-180].

 


Fotografía estereoscópica de Napóles hacia 1870 hecha por Giorgio Sommer

 

Tercera estancia (28 o 29 de diciembre de 1870)

Sabemos también que después del eclipse del día 22 de diciembre regresaron a Roma deteniéndose brevemente en Nápoles. Anota Peirce en su agenda del día 1 de enero: "La habitación en el Hotel du Louvre en Nápoles extremadamente agradable. Servicio destacado. Comida moderada. Vino indiferente. Facturas abultadas".

Conservamos tres testimonios de esta doble estancia en Nápoles. Hemos localizado una carta de William K. Clifford a Lady Pollock en la que cuenta su viaje de regreso a Roma desde Catania. Escribe el jueves 5 de enero de 1871: "Después [del eclipse fuimos] a Mesina a través de Catania, sin barco de vapor, nos llevó cinco días, el Mediterráneo tormentoso, también por fin en Nápoles, muy mala noche, todo el mundo enfermo excepto yo, y yo he estado indispuesto desde entonces. Visitamos a Mrs. Somerville y continuamos hasta Roma después de ver Pompeya".

De esta descripción se trasluce que les costó cinco días el viaje de Mesina a Nápoles a causa de las tormentas y de que no había barco de vapor para el viaje. Debieron de llegar a Nápoles el día 28 ó 29 de diciembre y la estancia se limitó a visitar a Mrs. Somerville y acudir a Pompeya, antes de salir para Roma. Curiosamente no hemos encontrado hasta ahora ninguna mención de Pompeya ni del Vesubio en los textos de Peirce, aunque sí aparecen otros volcanes como el Stromboli (CN 3.265, 1906), además del Etna que visitó en Sicilia. Los Peirce, junto con Benjamin y Bertie, y Mrs. Parsons abandonaron Nápoles en un vapor a mediodía del 1 de enero de 1871 y llegaron a Roma a las 10 de la noche. Probablemente Clifford viajaba también con ellos, pues les acompañó en la recepción de la noche del día 2 en Roma.

 

Un segundo testimonio es el relato que se contiene en las memorias de la astrónoma escocesa Mary Somerville accesible en el capítulo 18 de sus Personal Recollections, from Early Life to Old Age, of Mary Somerville.

El verano de 1870 fue inusualmente fresco; pero el invierno ha sido extremadamente sombrío, con torrentes de lluvia y, en ocasiones, con unas nieblas tan densas que no podía ver ni para leer ni para escribir. No tuvimos tormentas durante la época cálida, pero en la tarde del 21 de diciembre hubo una de las tormentas eléctricas más magníficas que he visto nunca; los rayos eran intensamente vívidos y tomaban las formas más extrañas, extendiéndose en todas direcciones a través del aire antes de caer, y a veces extendiéndose desde el suelo o el mar hacia las nubes. Terminó en un diluvio que duró toda la noche, y nos hizo tener malos presentimientos para el eclipse solar del día siguiente. Y, en efecto, cuando me desperté a la mañana siguiente el cielo estaba oscurecido por nubes y lluvia. Afortunadamente clareó justo cuando empezaba el eclipse. Estábamos todos preparados para observarlo, y seguimos su progreso a través del claro entre las nubes hasta que al final sólo quedaba un cuarto creciente muy fino del disco del sol; su parte convexa estaba orientada hacia arriba y sus cuernos estaban casi horizontales. Quedó escondido entonces por una densa masa de nubes, pero después de un tiempo las nubes se abrieron y vi que el borde de la luna dejaba la situación del sol. El aspecto del paisaje era muy cárdeno, pero de ningún modo oscuro. La gente corriente y los niños tuvieron una buena vista del eclipse, reflejado en los charcos de agua de las calles.

Muchos de los astrónomos que habían estado en Sicilia vinieron a verme cuando pasaron por Nápoles. Uno de sus principales objetivos era averiguar la naturaleza de la corona, o los brillantes rayos blancos que rodean el oscuro disco lunar en el momento de mayor oscuridad. El espectroscopio mostró que era indudablemente auroral, pero en tanto que la aurora se veía en la parte oscura del disco de la luna había de deberse a la atmósfera de la tierra. Parte de la corona estaba polarizada y en consecuencia debía de ser material; la cuestión es, ¿puede ser el medio etéreo? Una cuestión de inmensa importancia ya que toda la teoría de la luz y de los colores y la resistencia del cometa de Encke dependen de esa hipótesis. La cuestión está todavía en suspenso pero no tengo duda de que se decidirá afirmativamente y de que, finalmente, se llegará a conocer incluso la causa de la gravitación.
En ese tiempo tuve el placer de una visita de Mr. Peirce, profesor de matemáticas y astronomía en la Universidad de Harvard, U.S., y superintendente de la U.S. Coast Survey, que había venido a Europa para observar el eclipse. A su regreso a América me envió amablemente una bella copia litografiada de una memoria muy profunda sobre el álgebra lineal y asociativa. Aunque al escribir mis libros populares había olvidado un poco el álgebra superior, he leído una gran parte del trabajo; pero como me encontré con algunas dificultades escribí a Mr. Spottiswoode pidiéndole consejo sobre qué libros serían de utilidad y me envió el Cours d'Algèbre Supérieure de Serret, el Higher Algebra de Salmon y el libro de Tait acerca de los Cuaterniones; de modo que he conseguido ahora lo que quería y estoy muy ocupada durante unas horas cada mañana, encantada de tener una ocupación tan completamente adecuada para mí. Doy gracias a Dios de que mi intelecto esté todavía intacto. Estoy agradecida al Profesor Peirce por darme la oportunidad de ejercerlo de forma tan agradable. Durante el resto del día recurro a Shakespeare, Dante y a lecturas más modernas y ligeras, además de a los periódicos, que siempre me interesan mucho. He retomado mi hábito de trabajo y puedo contar los hilos de un lienzo sin lentes. Recibo a todo el que viene a verme y a menudo tengo el placer de una visita de viejos amigos de forma inesperada. Al atardecer leo alguna novela, pero se han acabado mis días trágicos; prefiero una novela de alegres conversaciones a las sentimentales. Recientemente he estado leyendo de nuevo las novelas de Walter Scott y he disfrutado del inconfundible escocés en ellas. Juego algunas partidas de Bézique [el mismo juego que Charles Peirce y su esposa Zina juegan el día 12 de febrero] con una de mis hijas, por honor y gloria, y así nuestras veladas pasan de forma lo suficientemente agradable.

[...]

Hemos podido localizar en The Somerville Library, Girton College, el ejemplar del libro Linear Associative Algebra (Washington, 1870) que Benjamin Peirce envió a Mary Somerville y que lleva una hermosa dedicatoria: "A la gloria más brillante de su sexo/ Ms. Mary Somerville / con la sincera admiración / y el profundo respeto / del autor". Con esa dedicatoria Benjamin Peirce quería reconocer la excepcionalidad de Mary Somerville como científica en un mundo y una época en los que la astronomía, y la ciencia en general, era desarrollada sólo por hombres.

En las memorias (Life, Letters and Journals, comp. by Phebe Mitchell Kendall, Boston, 1896) de la astrónoma norteamericana Maria Mitchell (1818-1889) ésta recuerda que en sus visitas a los Somerville en Florencia en la primavera de 1858 —cuando Mrs. Somerville tenía 77 años— ésta le había preguntado por Benjamin Peirce "a quien consideraba un gran matemático". [Agradecemos a André de Tienne la transcripción de la anotación de Max H. Fisch, Peirce Edition Project, con esta información].

 

El tercer testimonio sobre los Peirce en Nápoles se encuentra en la carta que James Munson Barnard (1819-1904) escribe a Benjamin Peirce desde l'Albergo del Tasso de Sorrento el 18 de marzo de 1871, adonde habían viajado después de una estancia de nueve semanas en Roma. El texto sugiere que fueron los Barnard quienes llevaron a Mrs. Somerville el libro de Benjamin Peirce: "Salimos el 6 [de marzo] para Nápoles donde pasamos una semana, hasta que vinimos aquí a descansar & lo estamos haciendo diligentemente. Mrs. Somerville nos dio una cálida acogida por cuenta tuya & ella se había metido por completo en tu libro antes de que nos fuéramos. Tenía tantísimas cosas amables que decir de ti que nuestra visita allí resultó encantadora. El Vesubio está todavía humeando y arrojando lava. Hemos ido una vez a Pompeya y esperamos ir de nuevo". (Carta de J. M. Barnard a Benjamin Peirce, Sorrento, 18 marzo 1871, transcripción M. Fisch, Peirce Edition Project, Indianapolis).



Charles Peirce no regresaría a Nápoles. Sin embargo, consta que su segunda esposa, Juliette, estuvo allí procedente de Nueva York el 22 de diciembre de 1889, y se alojó en el Grand Hotel, "una casa encantadora", según Jem Peirce. Regresó en abril de 1890 [Cf. Christian J. W. Kloesel, "Scattered Remarks on Peirce and Italy", VS Quaderni di Studi Semiotici 55/56 (gennaio-agosto 1990), 3 y en el volumen de las actas Peirce in Italia, M. A. Bonfantini y A. Martone, eds., Liguori, Nápoles, 1993, 87-99].


Proyecto de Investigación "Correspondencia europea de Charles S. Peirce: creatividad y cooperación científica" (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 4 de marzo 2009
Última actualización: 29 de abril 2015
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