Carta de Charles S. Peirce a su esposa Melusina Fay
(Siracusa, 22.09.1870)



Esta carta desde Sicilia, fechada en el encabezamiento el 22 de septiembre, fue escrita por C. S. Peirce a su esposa Zina en dos partes: en la primera, del día 22, describe su salida de Mesina y su visita a Taormina, Catania, Lentini y Siracusa; escribe la segunda parte en Siracusa, el domingo 25 de septiembre, enfermo de fiebre y deseoso de regresar a casa para restablecerse.

El original se conserva entre los Charles S. Peirce Papers en la Houghton Library (MS Am 1632, L 337) de la Universidad de Harvard. La reproducción digital de la carta ha sido hecha a partir de la fotocopia disponible en el Peirce Edition Project. Para la transcripción se ha tenido en cuenta la que preparó Max Fisch [VBla(4)#3], accesible también en Indianapolis.
Letter transcription

 

Siracusa 22 sept. 1870


Querida Zina. Sicilia es un lugar terriblemente molesto —le engañan muchísimo a uno y especialmente a mí porque no sé una sola palabra del idioma. Como consecuencia estuve irritado la mayor parte del tiempo que pasé en Mesina, y me marché de allí completamente de mal humor. Pero el extraordinario y pintoresco panorama fue demasiado para el peor de los humores. Es difícil dar una noción de las características de un país tan diferente a lo que tú has visto. Tienes que imaginarte colinas, casi montañas, escarpadas pero redondeadas, desprovistas por completo del efecto grave y oscuro que normalmente tienen las colinas, más bien, al contrario, con una apariencia particularmente alegre. Todo es alegría en Sicilia. A menudo estaban cubiertas de viñas cuando no eran demasiado escarpadas, y era la época de la cosecha. Los campesinos parecían de buen humor. Estas colinas también tenían un efecto peculiar por estar todas cubiertas de líneas horizontales de este modo.


A menudo había sobre ellas viejas fortalezas, pero con más frecuencia iglesias y pueblos todavía más pintorescos. Sin duda este es el jardín del mundo, pensé. Esa tarde llegué a Giardini, desde donde tenía que ascender a Taormina. Pensando que tendría que acarrear mis pesados baúles, alquilé un coche, y después decidí dejar atrás todo mi equipaje excepto mi bolso de mano. En el camino hacia arriba averigüé que el hombre al que le alquilé el carruaje no era el cochero


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sino un cicerone. Me acordé entonces del enfático consejo de Tía Sarah de contratar siempre estos hombres, y me devané la cabeza todo el camino pensando qué ventaja podría suponer para mí. Le dije que me llevara al Locanda Timeo1. Cuando llegamos allí, un asunto muy breve porque Taormina es un lugar pequeño como un punto, me enseñaron un pequeño aposento, decente pero con apariencia melancólica. Aquí en Italia uno siempre empieza regateando sobre el precio de la habitación, de modo que comencé diciendo que el hotel me había sido recomendado no por el guía sino por el manual de Bädeker2. ¡Ah! En ese caso, dice el hombre, le mostraré otro aposento. De ese modo me llevó a una habitación del todo adorable con dos camas (lo que me hizo pensar en qué encantador sería tenerte allí. Ya sabes que aquí no hay camas dobles), una habitación con una vista encantadoramente exquisita desde su balcón —con una habitación separada para lavarse y una tercera para otros menesteres, todo en perfecto orden3. Y el precio era de 2 francos por día. Ese es el mínimo ahora. Me dije entonces que la ayuda interesada y oficiosa de ese infernal cicerone me hubiera impedido conseguir esa habitación. Cené bien en la habitación con un buen vino (el vino siempre se sirve gratis y así ha sido en todas partes desde que dejé Viena —incluso lo fue allí y en Pest), después de lo cual busqué lo que puede denominarse eufemísticamente lo blando (ya que las camas en este país están formadas por un par de colchones de algodón tendidos sobre tablas), donde yací despierto toda la noche



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(como siempre hago ahora) pensando qué lugar tan encantador sería este para que pasáramos un mes aquí. A las cinco de la mañana estaba despierto y me levanté para ir al Teatro Griego a ver el amanecer. El amanecer fue en algunos aspectos bastante desfavorable. Estaba nublado. Sin embargo el sol salió por fin y los efectos de la luz en las nubes y el mar fueron maravillosos. Nunca había visto algo ni siquiera parecido. Pero, ¿cómo puedo darte alguna clase de noción de la encantadora, encantadora vista? Yo estaba en un promontorio muy elevado mirando el mar a la luz pura y clara de la mañana. Justo debajo de mí, a 50 pies o así, estaba el antiguo teatro. En ruinas, pero queda lo suficiente para mostrar adecuadamente cómo era, con sus bellas columnas, círculos y arcos, lo bastante para ser todavía muy bello. Lo suficiente para hacerte pensar que la gente que eligió este encantador lugar para esto no habría tenido que ir muy lejos. No estaba en la cumbre del promontorio, aunque bastante arriba. Por encima de mí había una terrible cima rocosa, la antigua acrópolis, coronada por una fortaleza de apariencia formidable. A lo largo de muchas millas se extendían en las orillas colinas como las que había visto el día anterior, con valles soleados por debajo de ellas y el mar entrando en la playa. Podía ver muchos pueblos tanto en los valles como en las colinas —más cerca por supuesto la pequeña y curiosa ciudad de Taormina y mucho verdor. A través del mar, las orillas de Calabria en un lado eran muy prominentes y en dirección opuesta,

 


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tierra adentro, se alzaba el Etna, majestuoso y terrible. Merece la pena viajar al extranjero por ver cosas como esa, cosas que ningún arte puede reproducir4. Hay mucho más de interés en Taormina, pero no tenía tiempo y me apresuré a desayunar y a descender. Una mujer bajó mis cosas sobre su cabeza. Tomé el tren a Catania y a medida que nos aproximábamos al Etna y vi la terrible extensión de sus campos de lava y su profundidad, y cómo ese enorme Etna estaba todo lleno de cráteres, cada uno de ellos una montaña,

me entró mucho respeto hacia él. Tú dices que adoro el éxito, bien, este viejo muchacho puede haber tenido malas intenciones pero ciertamente ha desarrollado sus opiniones lo más completamente posible. Cuando la lava tiene muchos siglos de antigüedad llega a ser el suelo más fértil. Al principio, no crece nada en ella, después la chumbera, una cosa sin jugo de aspecto tropical, después

otros árboles, olivos, etc., y finalmente uvas. Te diré cómo es Sicilia. Toma Nahant y auméntalo cien veces en todas sus dimensiones, cúbrelo con verdor en gran medida y ya lo tienes. Por desgracia parece que no había oportunidad de ascender al Etna, algo que lamenté muy profundamente. Su cima estaba entre nubes. Claramente permanecería así hasta el tiempo frío, que llegará pronto. Debería haber estado aquí una semana antes. Cuando llegué a Catania fui al Gran Hotel de

 


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Catania —un lugar infame donde mi factura por un día era de ¡28 francos y 70 céntimos! Lo peor es que debo volver allí porque envié gran cantidad de ropa a la lavandería. Las antigüedades de Catania son muchas e insignificantes, y por tanto del todo calculadas para aburrir al visitante. La única cosa que me interesó fue un bello busto de Faustina5, que no podía cansarme de mirar. Marco Aurelio y yo somos quizás las únicas personas que hemos apreciado alguna vez a esta gran criatura. He ahí otra cosa que no puede ser reproducida. La memoria misma no puede hacer justicia a ese bello trabajo. Además de eso vi un gran monasterio —uno de los más grandes en Europa. Regocijó mi corazón ver esa enorme y silenciosa casa para el estudio6, ver ese semillero para la castidad, verla, digo, ocupada por soldados y saber que ahora no quedan más que dos monjes. Desafortunadamente, los italianos están tan abrumados por su historia y sus reliquias y se han convertido de la gente más severa y seria en tan poéticos y poco prácticos que nunca pueden llegar a nada. Es una pena, pues podrían llegar a ser una buena raza si no fuera por eso. Vi una cosa muy singular en ese monasterio. En la gran erupción de 1669 una monstruosa pared de lava, que después de un lapso de dos siglos es terrible de ver, iba bajando hacia Catania y de hecho aniquiló una parte de la ciudad. De modo que cuando estaba llegando inquietantemente cerca del monasterio los santos hermanos salieron con el velo

 


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de Santa Ágata o algo similar con la consecuencia de que se desvió, y ahora se ve justo rozando el edificio, llegando a estar a diez pies de él en dos lugares.

Esto me impresionó como maravilloso y sin lugar a dudas como un argumento a favor de que el monacato tiene un amparo especial del cielo. Encontré sin embargo que el terremoto de 1693 no había sido tan considerado sino que había destruido totalmente el edificio, como consecuencia de lo cual se construyó otro, el actual, y por supuesto se puso tan maravillosamente cerca de la lava como se creyó necesario. La mañana posterior a mi llegada a Catania parecía bastante prometedora para ver el Etna a la mañana siguiente, así que decidí ir, pero el cochero fue tan extorsionador pidiendo 35 francos por ir a Nicolosi y volver al día siguiente, que lo dejé. Resultó que habría tenido un amanecer perfecto. Lo sentí, pues es sin duda una de las mejores vistas del mundo. De modo que partí con mucha prisa hacia Siracusa, dejando atrás la mayor parte de mi equipaje. Tomé el tren para Lentini, y desde allí por diligencia (¡10 francos!) a Siracusa. Llegué por la noche y me hospedé en el Albergo della Sole. Nadie habla francés y no tengo ni siquiera un libro de expresiones italianas, y no puedo entender ni una palabra de italiano ni la gente aquí una palabra de francés. Por supuesto el inglés y el alemán están simplemente fuera de consideración. Por la mañana me levanté temprano después de mis habituales vueltas en la cama y me fui al museo. Había allí una Venus sobre la que tenía muchas expectativas.

 


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Es ciertamente una gran obra, pero bastante distinta de lo que me había imaginado. No tiene cabeza. Es muy pura, pero excesivamente deliciosa. En ese sentido supera con mucho a cualquier Venus de Tiziano y a todas las que he visto alguna vez, mientras que es mucho menos voluptuosa. Pienso que algunas sicilianas podrían ser de ese tipo. Habría hecho un dibujo de ella, pero fallaban tan miserablemente al captar la esencia del original que pensé que eran mucho peores que nada —difamaciones positivas. Me fui de allí y vi otras tantas antigüedades, algunas muy absurdamente sin interés —por ejemplo, la fuente de Aretusa. Quería reírme cuando la vi, pues está tan completamente distinta a lo que debería ser —con su barandilla de hierro y todo. Me cansé terriblemente por el paseo, ya que llevaba mucho tiempo sin dormir bien y el sol calentaba mucho. Es extraño, a propósito, como en cada paso hacia el sur he encontrado más fresco. En Londres y Berlín hacía un calor sofocante. En Dresde estaba más agradable. En Pest, bastante. En Viena un poco fresco por la noche. En Constantinopla decididamente fresco, y me resfrié. En Larisa se agradecía por la noche un buen abrigo forrado de piel. Aquí, cuando llegué de Catania vestido con mis ropas más gruesas para el Etna, no las encontré incómodas y hoy de nuevo he cerrado la ventana y me he puesto un abrigo de invierno para mantenerme caliente. Se siente el otoño. Sospecho que el verano es el momento para Italia. Durante la cosecha está bien, es verdad. Pero me parece que venir en verano y tomar quinina todo el

 


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tiempo es lo mejor. Sin embargo, ayer quedé agotado al estar expuesto directamente al sol durante un buen rato, y porque estaba bastante cansado cuando empecé y creo que había bebido demasiado vino siciliano fuerte para desayunar. Las cosas más interesantes que vi fueron el teatro griego y sus alrededores, el anfiteatro romano y la llamada oreja de Dionisio.

Domingo 25 sept. No te molestaré con un intento de describir esas cosas. Baste decir que el teatro y el anfiteatro están bien conservados, excepto el escenario del teatro, la parte mejor conservada en Taormina. La situación del teatro es magnífica y uno puede ver que las plazas y las calles adyacentes eran muy ricas y bellas. La oreja de Dionisio es una de las inmensas canteras antiguas de aquí. Es una gran cámara que tiene una sección vertical como esta:
Está excavada en la roca y tiene una sección horizontal así:

Tiene un eco maravilloso o más bien una maravillosa resonancia, pues el eco es estrictamente único pero mucho más alto que el sonido original. De esta manera, rasgar un pedazo de papel produce un eco fuerte. Se cree que esta cámara era una prisión que había construido Dionisio de modo que pudiera escuchar cada palabra que se dijera en ella. Pienso que probablemente esa es la explicación verdadera. Regresé de mi excursión para ver esas cosas sintiéndome completamente agotado y por la noche tenía lo que ahora me doy cuenta que fue un pequeño ataque

 


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de fiebre y temblores, que se ha repetido de una forma algo más acusada las dos noches siguientes. Me deja incapaz de hacer casi nada durante el día7. Siracusa es un lugar asqueroso. En la otra cara de esta hoja hay un dibujo de mi mano tal y como estaba ayer por la mañana, mostrando las picaduras. Los chinches también abundan. Pero los peores de todos son los piojos, de los que es mejor no hablar. Sólo diré que parecen estar en todas las almohadas. Para añadir más a mi incomodidad se me ha salido una gran pieza de oro de uno de mis dientes, y me duele. Considerando que no puedo hablar una palabra con nadie, pienso que tiene bastante mérito no haberme deprimido. Estoy bastante mal de salud y estoy tentado de dejar lo de ir a España y regresar directamente a casa. Cuando llegue a Nápoles me tomaré una semana para restablecerme y ver cómo me siento entonces.

Pretendía haberme marchado de aquí anteayer. Pero al escuchar que habría un vapor por la mañana, y como no me apetecía un viaje nocturno en diligencia, decidí esperar. Por la mañana no llegó el barco. Parece que debido al mal tiempo no pudo salir de Malta. Se le espera esta mañana alrededor del mediodía. Qué gran cosa es para los colegiales de Siracusa leer ese relato de Tucidides del asedio de su propia ciudad y ser capaces de entender y ver justo dónde fue desplegada la línea de barcos a través de la bahía, y dónde fue construida la doble muralla, etc. C. S. P.

 


Notas

1. En la actualidad ese alojamiento parece ser el Grand Hotel Timeo de Taormina.

2. Está accesible on-line una copia de la guía turística que menciona Peirce al hotelero de Taormina. Concretamente en la página 306 dice lo siguiente de esta localidad: "Taormina (Tauromenium) es uno de los lugares de Sicilia de más bellas vistas. Para disfrutar de su magnífica vista los viajeros estaban antes obligados a pasar la noche en Giardini pues no existía posada allí, y ascender la montaña antes de la salida del sol. El Locanda Timeo recientemente establecido en Taormina permite ahora una buen alojamiento (los precios según se convengan); han de reservarse, si es posible, las habitaciones hacia el Este, con vistas en dirección al jardín). Si esta posada está llena puede intentarse el lugar adyacente de Giuseppe Scory".

3. Peirce utiliza la expresión —habitual en la época— "pimlico order" que equivale a un orden perfecto. Agradecemos a Andrew Breeze su ayuda.

4. El pintor clasicista inglés Arthur Hacker (1858-1919) pintó precisamente el Monte Etna desde Taormina (agradecemos al profesor Christopher Martin esta referencia). También pintó un hermoso cuadro de ese paraje Thomas Cole en 1843 y fue un motivo frecuente de grabados. Una imagen semejante [color] fue pintada por John Brett (1831-1902), miembro de la expedición británica de observación del eclipse.

5. No hemos podido identificar hasta ahora ese busto. Debió de verlo en el Palazzo Biscari, entonces museo privado, cuya colección fue transferida al Museo Castello Ursino. Quizá ese busto se transfirió a otro lugar.

6. En la actualidad aquel enorme monasterio de benedictinos es la sede de las Facultades de Letras y de Lenguas de la Universidad de Catania.

7. La fiebre que contrajo en aquella excursión a Lentini le duraría varios meses. Treinta años después recordará: "Estaba una vez más o menos (más más que menos, aunque puedo volver a recordar algo de mis visiones) fuera de mí mismo y así por varios meses debido a haber contraído en agosto [sic] la fiebre de Lentini en Sicilia" (MS de 1907 o posterior). De hecho, estuvo en cama en Nápoles según cuenta Amy Fay en una carta del 13 de octubre de 1870 desde Berlín: "He recibido carta de Charlie ayer fechada en Nápoles, donde al parecer ha sido atacado de escalofríos y fiebre. Confío en que se recuperará sin problemas". Semanas después en Roma dice que no está todavía bien (Carta del 14 de octubre de 1870). David E. Pfeifer ha identificado la fiebre de Lentini como malaria. Basa esta identificación en el hecho de que esta fiebre estaba comúnmente asociada con Lentini en la segunda mitad del siglo XIX. Una temprana referencia a la malaria en Lentini se encuentra en Karl Baedeker, Italy: Handbook for Travelers, Coblenz: Karl Baedeker, 1869, vol. 3, p. 288. Agradecemos a David E. Pfeifer esta colaboración.


Traducción de Sara Barrena (2008)

Una de las ventajas de los textos en formato electrónico respecto de los textos impresos es que pueden corregirse con gran facilidad mediante la colaboración activa de los lectores que adviertan erratas, errores o simplemente mejores traducciones. En este sentido agradeceríamos que se enviaran todas las sugerencias y correcciones a sbarrena@unav.es Proyecto de investigación "La correspondencia europea de C. S. Peirce: creatividad y cooperación científica (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 16 de diciembre 2008
Última actualización: 29 de junio 2017
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