Carta de Charles S. Peirce a su tía Charlotte Elizabeth Peirce
(Roma, 16.10.1870)



Esta carta, fechada el 16 de octubre de 1870, fue escrita por C. S. Peirce desde Roma a su tía Charlotte Elizabeth Peirce, a la que llamaban familiarmente tía Lizzie.

El original se conserva entre los
Charles S. Peirce Papers en la Houghton Library (MS AM 1632, L 336) de la Universidad de Harvard. La reproducción digital de la carta ha sido hecha a partir de la fotocopia disponible en el Peirce Edition Project. Para la transcripción de la carta se ha tenido en cuenta la que preparó Max Fisch [VBla(4)#3], accesible también en Indianapolis.
Letter transcription
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Roma domingo 16/10/1870

Mi querida tía Lizzie1 – Os escribo esta carta sólo para que sepas que de ninguna manera os olvido a ti ni a tía Sanders2, sino que pienso a menudo en vosotras. Describiré simplemente lo que he hecho hoy y puede tomarse como una buena muestra de todos mis días. He empezado cerca de las 10, pues a mí me parece y los médicos me dicen que es malo para mí madrugar demasiado. Comienzo a propósito sin prisa. Primero he ido al Colegio Romano para ver el Museo Kircheriano, que no imaginaba especialmente interesante pero que era una de las pocas cosas abiertas en domingo. Primero he encontrado tropas alojadas en el edificio (por toda Italia uno ve ahora al menos cinco veces más soldados que monjes en todos los monasterios), de modo que he tenido algunas dificultades para llegar a entrar, y una vez que estaba dentro se me ha informado después de un buen rato de espera y consulta entre las autoridades de que el museo está cerrado hasta noviembre, y de que no podía verlo. No ha sido una gran decepción, pero sí una pérdida de tiempo. Después he tomado un coche

   

y me ha llevado hasta las Catacumbas de Calixto, un largo trayecto. Por el camino hemos pasado la Colina Palatina con algunas antiguas ruinas sobre ella, no sé de qué, quizá de un palacio imperial. Hemos pasado por debajo de un arco triunfal erigido en honor de un tal Claudio Druso Germánico 8 a. C. Tiene dos columnas de mármol y es bastante bonito. A partir de ahí hemos salido de la ciudad por la puerta de San Sebastián, una estructura medieval de ladrillo bastante imponente. A la entrada de las Catacumbas de Calixto hay una pequeña capilla que evidentemente es muy antigua. Ya no se usa como iglesia. Tiene tres ábsides así.

Estas catacumbas me han impresionado bastante. Vi algunas catacumbas en Siracusa y suponía que todas las catacumbas eran parecidas, de modo que ni siquiera fui a ver las de Nápoles. Pero me he dado cuenta de que las catacumbas de Siracusa eran poca cosa. Tenían tres niveles de profundidad, pero la profundidad de estas y su oscuridad, y el frío y la humedad, junto con la extrema palidez y la alarmante debilidad del viejo que me guiaba y que yo empezaba a pensar que se caería exhausto y que no sería capaz de guiarme de vuelta, todo eso junto



(sumado a los cadáveres que de vez en cuando me mostraba y comentaba e insistía en que yo examinara de cerca) ha producido sobre mí un terrible efecto de una clase que muy raramente había sentido antes, si es que lo había sentido alguna vez. Había allí muchas inscripciones y pinturas interesantes, pero me he alegrado de salir. Estas catacumbas están en la Vía Apia. Después continué en coche por este famoso camino durante una milla o dos. Entre las muchas grandes cosas que he visto hoy que no menciono, he pasado por una iglesia muy primitiva de San Sebastián, con seis antiguas columnas de granito en el pórtico. Un poco más lejos el gigantesco Circo de Majencio 311 d. C., una construcción enorme. Después una gran tumba de una tal Caecilia Metella, un gran cilindro más parecido a un castillo que a una tumba, un ejemplo singular de la magnificencia romana construida con grandes piedras. La piedra no es un material duradero para construir porque lo que ha convertido en ruinas a todas las estructuras antiguas es el hecho de que las sucesivas generaciones las han usado como canteras. El ladrillo, por tanto, dura naturalmente más que la piedra. Las columnas de mármol son las más rápidas en desaparecer. Las estatuas han sido rotas

 

en pedazos a propósito. Que esta tumba se haya conservado requiere por tanto explicación, y la explicación es que fue usada como fortaleza en la edad media, de modo que estaba expuesta sólo al daño que un enemigo pudiera infligirle al resistirse. Justo a partir de este punto han comenzado algunas vistas bonitas y amplias del campo alrededor, y había especialmente algunas ruinas grandes y pintorescas de dos acueductos: el Aqua Maria y el Aqua Claudia. Allí también he comenzado a ver el antiguo pavimento de la Vía Apia, y los lados de la calle estaban bordeados de tumbas antiguas. El cochero ha dicho que una de ellas era la de Séneca. Sin ir mucho más lejos he dado la vuelta y he regresado por el mismo camino por el que había ido. Justo dentro de la muralla de la ciudad (pasando algunas cosas interesantes que no tenía tiempo de ver) he parado para visitar la famosa tumba de los Escipiones, donde está enterrada toda esa familia desde aproximadamente el año 300 a. C. Esta tumba está excavada en la roca sólida, una especie de pequeñas catacumbas. A continuación he parado a visitar los baños de Caracalla, que al estar construidos con ladrillo están bien conservados. Su tamaño es sublime y la amplitud de su bóveda completamente sorprendente.

 

Las he visto bien desde el nivel superior. Todavía desentierran allí muchas estatuas bonitas, y se han encontrado algunas muy famosas. Le da a uno una idea vívida de la magnificencia de la antigua Roma. Lo que queda de estos baños y edificios anejos supera el área de San Pedro —y puedo decirte que es muy grande— aunque no hay bóvedas iguales en tamaño a esta. ¡Y sólo eran unos baños públicos! No era uno de los grandes templos o teatros, sino sólo unos baños. Desde allí he decidido ir por el otro lado del río un buen trozo hasta Villa Farnesina, porque hay muchos frescos maravillosos de Rafael, y en mi guía ponía que sólo estaba abierto los domingos. Pero cuál ha sido mi decepción cuando he descubierto al llegar allí que esa disposición había cambiado y que ahora sólo abre los días 1 y 15 de cada mes (¡siendo hoy 16!), ¡¡y que el Príncipe había dado las órdenes más tajantes de que nadie entrara en ningún otro momento!! ¡Una gran decepción! Igual que no ver el Palazzo Sciarra. Por el camino he pasado una iglesia muy interesante, S.

 

María in Trastevere. Al frente por fuera hay grandes y bellos mosaicos del siglo XII. Después volví en el coche al hotel y salí a pie para ver un poco los alrededores.

Así que empecé viendo el Museo Capitolino. Al ser domingo no estaba abierto. Pero al encontrarme allí, en lo alto de la colina Capitolina, comencé a mirar alrededor. En la plaza —una muy bonita diseñada por Michael Angelo, la Piazza del Campidoglio— había primero una bonita estatua de bronce de Marco Aurelio que ha escapado de ser hecha pedazos porque se ha supuesto popularmente que representa a Constantino. Sin embargo no trataré de describir esta plaza, que es muy bonita y muy peculiar. Desde allí he dado una vuelta para ver la iglesia de S. María in Araceli, que está sobre uno de los dos puntos más altos de la Capitolina, siendo el otro la Roca Tarpeya, en el sitio en el que estaba el templo de Juno Moneta. Es una iglesia antigua con algunas cosas notables en ella. Una madonna quizá del siglo X en mosaico sobre la puerta de atrás3. En el retablo hay una de las pinturas de la Madonna atribuidas a San Lucas4. Desde allí he bajado para examinar el Foro un poco más minuciosamente de lo que había hecho antes. Lo he inspeccionado con algún detalle y me he fijado en todo cuanto he podido. Desde ahí he ido a ver el Foro de Augusto, donde

 

 

 

 

hay un trío de bellas columnas con entablamento que pertenecían a un Templo de Marte, inconcebiblemente estropeado. También un muro muy majestuoso y extraordinario. Desde ahí he ido a echar otro vistazo al Foro de Trajano, donde hay algunos restos y columnas considerables, extraños para una basílica, y la famosa Columna de Trajano coronada absurdamente ahora con una estatua de San Pedro, igual que la otra bonita columna de Marco Aurelio lo está con San Pablo: más bonita en mi opinión, la opinión correcta es precisamente la contraria. Desde allí he ido a la iglesia de SS. Apostoli. Hay dos monumentos de Canova allí. Uno de ellos muy impactante5. Admiro mucho a Canova. Generalmente sostengo de forma muy tímida mis opiniones sobre pintura y escultura, pero no ésta. Pienso que Canova es grande, muy, muy grande. Primero me impresionó —de hecho me abrumó— su Teseo matando al minotauro en Viena. Después me gustó mucho su Paulina Borghese6 y ahora pienso que este monumento de Clemente XIV tiene mucha fuerza. La iglesia tiene también algunos frescos bonitos y un águila antigua en relieve del Foro de Trajano7. He entrado después al monasterio adyacente a esta iglesia y he visto un monumento8

 

 

 

 

de Michel Angelo. Pero para apreciar las estatuas de Michel Angelo se requiere más conocimiento de la historia del arte del que yo tengo. Me parecen horribles cosas deformes y desproporcionadas. También estaba allí la tumba del Cardenal Besarión. Después de eso he vuelto a casa, no sabiendo a dónde más ir aunque todavía tenía al menos una hora antes de cenar. He estado tres días en Roma. El Vaticano con todas las bellas obras de arte está cerrado por el ganso del Papa9, muchas de las otras cosas bonitas son invisibles, y sin embargo queda todavía tanto que no me parece que en tres días haya visto una proporción considerable de lo que tengo que ver, y estoy completamente confuso con la cantidad que tengo ante mí. Sin embargo, he convertido en una regla estricta no mirar nada que no merezca particularmente la pena ver, y paso por alto una gran cantidad de esas cosas. En el barrio he visto la mayoría, todavía faltan por ver una famosa galería, un bello palacio y una encantadora villa. No he visto apenas nada de las colinas de Roma. Muy poco de la Roma sobre el Tíber, ni todo en modo alguno de la antigua Roma. Casi nada de la ribera derecha. Sólo una mirada de la campagna. No he visto el Palazzo Colonna, el Palazzo di Venezia, el Gesù, la Villa Ludovisi, la Villa Albani, la Piazza di Monte Cavallo, el Palacio Apostólico del Quirinal, el Palazzo Rospiglosi, el Palazzo Borghese, el Palazzo Farnese, el Palazzo Spada alla Regola, la vista desde la Basílica de Constantino, la Cloaca Maxima, el Monte Testaccio, S. Paolo fuori le mura, el Palacio Museo Capitolino dei Conservatori, el Palazzo Corsini, S. Pietro in Montorio, Villa Doria Pamfili, y menciono sólo cosas que no pueden ser pasadas por alto10.

CSP

 

 


Notas

1. Se trata de la hermana de su padre, Charlotte Elizabeth Peirce (1804-1888), soltera, experta en literatura francesa y alemana, de la que se conserva abundante correspondencia comentando asuntos de la familia. Elizabeth era políglota, gran escritora de cartas y cuidadora entusiasta de su jardín. Vivió con su madre Lidia y su tía Charlotte a la que llamarán "Aunt Sanders", por haberse casado con Charles Sanders. Lizzie quería entrañablemente a su hermano Benjamin [Fuente: Edward R. Hogan, Of the Human Heart. A Biography of Benjamin Peirce, Bethlehem, Lehigh University Press, 2008, pp. 308-309; p. 331].

2. Se trata de la viuda de Charles Sanders, fallecido en 1864, quien dio nombre y financiación al Sanders Theater de Harvard. Charles Sanders se había casado con Charlotte Peirce, tía de Benjamin y de Lizzie, y reunió una fortuna considerable que a su muerte causó ciertas disputas familiares [Fuente: Edward R. Hogan, Of the Human Heart. A Biography of Benjamin Peirce, Bethlehem, Lehigh University Press, 2008, pp. 238-240]. En una carta de 8 de febrero de 1871 a Benjamin, Lizzie le cuenta de tía Sanders que ha estado en cama y que "dice a todos que no consentirá que te vayas a ver ningún eclipse más. Considera al sol como un viejo colega muy impertinente y molesto" (L 336, carta de 8 febrero de 1871).

3. Agradecemos a Jacin Luna la identificación de este mosaico que se encuentra en una puerta lateral y no en la de atrás.

4. Dos días antes —según cuenta en la carta a su madre— había llamado su atención el retrato de la Virgen María atribuido a San Lucas que había visto en Santa María la Mayor. En esta ocasión quizá se refiere al fresco de Cavallini.

5. Esos dos monumentos de Cánova en la iglesia de los Santos Apóstoles son el monumento funerario de Clemente XIV del que habla a continuación en esta carta y la estela funeraria (1807) del grabador y anticuario, Giovanni Volpato, amigo personal de Cánova.

6. Habría visto esta estatua un par de días antes en la Galería Borghese.

7. Se trata del bajorrelieve de un águila imperial del siglo II, rescatada de los foros, que el Card. Giuliano, sobrino del Papa Sixto IV, hizo instalar en el pórtico de Santos Apóstoles con una conocida inscripción: TOT·RVINIS·SERVATAM·IVL·CAR·SIXTI·IIII·PONT·NEPOS·HIC·STATVIT (El Cardenal Juliano, sobrino de Sixto IV Pontífice, erigió esta [águila] conservada de las ruinas). Agradecemos a Jacin Luna esta identificación.

8. Agradecemos a Jacin Luna esta identificación en su visita al lugar.

9. Tal como había explicado dos días antes a su madre, Peirce estaba indignado contra el Papa por su decisión de cerrar los Museos Vaticanos al público a causa de la confrontación con el naciente estado italiano. La expresión "ganso del Papa" refleja bien el prejuicio antipapista, antirromano, de Nueva Inglaterra.

10. Al terminársele el papel Peirce escribe esta última línea cruzada en el ángulo superior izquierdo de la primera página.


Traducción de Sara Barrena (2009)
Una de las ventajas de los textos en formato electrónico respecto de los textos impresos es que pueden corregirse con gran facilidad mediante la colaboración activa de los lectores que adviertan erratas, errores o simplemente mejores traducciones. En este sentido agradeceríamos que se enviaran todas las sugerencias y correcciones a sbarrena@unav.es
Proyecto de investigación "La correspondencia europea de C. S. Peirce: creatividad y cooperación científica (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 18 de mayo 2009
Última actualización: 29 de junio 2017
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