Carta de Charles S. Peirce a su hermana Helen Huntington Peirce
(Leipzig, 22.01.1871)



Esta carta, fechada el 22 de enero de 1871 en Leipzig, fue escrita por C. S. Peirce a su hermana, Helen Huntington Peirce, narrándole las dificultades que habían padecido él y su esposa Zina durante su viaje desde Sicilia hasta Leipzig cruzando los Alpes a lo largo del mes precedente. En Leipzig se reuniría con Amy Fay, la hermana de su esposa que estudiaba música allí.

El original se conserva entre los
Charles S. Peirce Papers en la Houghton Library (MS AM 1632, L 129) de la Universidad de Harvard. La reproducción digital de la carta ha sido hecha a partir de la fotocopia disponible en el Peirce Edition Project. Para la transcripción de la carta se ha tenido en cuenta la que preparó Max Fisch [VBla(4)#3], accesible también en Indianapolis.
Letter transcription
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Leipzig1 22 enero 1871

Muy querida Helen –Comenzaré enviándote mis más sinceras y sentidas felicitaciones por el nacimiento de tu hijo2, y espero que crezca, como no tengo ninguna duda que hará, para ser "un hombre honesto, la más noble obra de Dios"3. Dos personas de vida tan ordenada como Will4 y como tú deben hacer de él todo lo que un chico puede desear. La idea de suponer que a una mujer joven en tu situación pueda preocuparle saber algo de su hermano ausente es la más absurda de todas las hipótesis. Pero, a pesar de todo, actuaré conforme a ella; acordándome del cabildo de Sevilla, que cuando determinó construir la catedral (la más grande jamás construida después de San Pedro) aprobó la siguiente resolución: Se acuerda que este cabildo proceda a construir una catedral de tal magnificencia que las sucesivas generaciones digan que estábamos locos por haber hecho tal cosa5.      

El día del eclipse6 pillé un catarro terrible volviendo en una barouche.

 

   

Fue la primera de mis desgracias, y desde entonces todo ha ido de mal en peor7. Lee y mira si estos calificativos no están completamente justificados por los hechos. Cuando estaba saliendo del jardín del hotel para ver el eclipse sin una sola nube en el cielo Mr. Deeter dijo "espero que tengan buen tiempo". "Oh", dije yo. "No necesita esperarlo, pues ¡afortunadamente estamos en un clima en el que puedes saberlo con certeza unas horas antes!" [il.]8 Demora de unos cinco días en Mesina. Cinco horas es más que suficiente para ver todo lo que merece la pena verse en Mesina. Yendo a Nápoles estábamos todos más enfermos de lo que nunca habíamos tenido el honor de estar antes. Las inundaciones del Tíber, tales como no había habido otras desde hacía 200 años —desde hacía 200 años nadie tenía tan mala suerte como yo— llenaron Roma de un fango de una descripción particularmente fangosa. Ni un solo día de buen tiempo ininterrumpido mientras estuvimos en Roma. Nos retrasamos allí por diversas causas. Al haberse derribado algunos



puentes por las inundaciones fue necesario seguir un largo camino hasta Florencia. Viajamos en segunda clase, con un efecto del todo opuesto a beneficioso para mi terrible catarro. Sólo teníamos que permanecer en Florencia por una noche y partir a las 5 de la mañana siguiente, de modo que pudiésemos detenernos unas pocas horas en Bolonia. Tenían que llamarnos a las 4, así que pensamos que lo mejor sería ir al hotel más cercano a la estación, y eso hicimos, y fuimos alojados en una habitación tan húmeda, fría y sucia que decidimos dormir con nuestras ropas. Por la mañana no nos llamaron y salimos bajo la que quizá sea la lluvia más fuerte que he visto nunca, para desayunar en un café. Al haber perdido el tren no podíamos parar en Bolonia sino que continuamos hasta Milán, todavía en segunda clase. La terrible lluvia se cambió por terrible nieve, y nuestro tren se retrasó terriblemente. Después de tan sólo un día en Milán continuamos, lo que fue muy poco acertado, aunque en ese momento nos creímos tan sabios como las diez vírgenes prudentes. Milán nos encantó y deberíamos habernos quedado, pero la indecible aunque no inusual estupidez de un empleado del banco hizo que continuáramos. Fuimos desde Milán a Turín y nos retrasamos mucho por el camino. En Turín tenían que llamarnos9

 

a las 4 para tomar el tren internacional de las 5:20, pero no nos llamaron y por tanto perdimos ese tren. Sin embargo nos enteramos de que la vía férrea sobre los Alpes estaba cerrada y que por lo tanto tendríamos que ir en diligencia, y por tanto decidimos tomar el tren de las 5:50 a Susa, el punto de partida de la diligencia. Pero Zina descubrió que con la prisa para intentar llegar al tren de las 5:20 se había dejado su medallón en el hotel, así que tuvo que volver a por él y así perdimos también el tren de las 5:50. De modo que tuvimos que esperar por allí en cafeterías y en la estación hasta el mediodía. Llegamos a Susa por la tarde y nos encontramos con que la única diligencia salía por la noche. Teníamos que cruzar los Alpes de noche. Teníamos que alcanzar St. Michel a tiempo para el tren de las 6:10 para Ginebra. Pero lo perdimos por cinco minutos y tuvimos que esperar en un pequeño y sucio pueblo de Saboya hasta las 3 de la tarde. No necesito decir que mi deflogistización fue devastadoramente incrementada10. Quizá no pueda pensarse de inmediato nada peor para un catarro severo que un viaje nocturno en diligencia por los Alpes. Nuestro tren para Ginebra llevaba también

 

un retraso terrible, así que no llegamos a nuestro hotel11 hasta las 3 de la madrugada. Ginebra es el lugar más frío del mundo excepto uno en Siberia. Nuestra habitación era permanentemente como la esquina de las calles Winter y Tremont12 y mi catarro era horrible. Tuve que prolongar mi estancia por esa causa. Cuando salimos nuestro tren tenía un retraso terrible y perdimos nuestra conexión en Berna. Sin embargo, merece mucho la pena retrasarse en Berna. Una ciudad antigua muy curiosa. El oso es el animal sagrado. Hay osos por todas partes. El hotel magnífico13. Partimos de Berna pero no pudimos llegar más allá de Basilea. Nos quedamos allí a pasar la noche14 y como nos íbamos temprano por la mañana dejé parte de los baúles en la estación de tren, pues en Europa sólo hay normalmente una estación en cada ciudad, pero cuál fue mi horror por la mañana al encontrar que allí había dos15 y que como consecuencia nos habíamos quedado de nuevo. Salimos otra vez por la tarde y llegamos bien en poco tiempo a Estrasburgo16. Mi catarro terrible. El día siguiente

en Estrasburgo. Nos pusimos enfermos por un paté de foie gras. Zina no admitirá que estaba enferma, pero yo me di cuenta de que no quería cenar nada. Al día siguiente

 

para Leipzig. Llegamos hasta Würzburg a las 9 de la noche, y nos quedamos allí atascados y tuvimos que pasar la noche en el hotel y que nos llamaran a las 3 de la madrugada para salir de nuevo. Salimos y fuimos a Nuremberg. Allí Zina estaba agotada y con una jaqueca. Paramos allí un día. Encontramos que un bote de tinta se había roto en una de las bolsas y había manchado todo17.

            No he tenido tiempo para terminar.

                        Con todo el amor

                        C. S. P.

 


 

Notas

1. Aunque la carta lleve fecha del 22 de enero, debe fecharse probablemente el 23 ó el 24, pues Charles y Zina llegaron a Leipzig a la tarde del día 23. En el MS 1560a indica que el Hotel Hauffe de aquella ciudad es un lugar encantador y recomienda no omitir allí ni el concierto ni la Ópera. Puede verse un plano de Leipzig en 1876. En Leipzig Charles S. Peirce adquirió un valioso incunable.

2. En su agenda de estos meses (MS 1614, p. 5) anota Peirce el 2 de enero en Roma que han recibido la noticia del nacimiento del niño de Helen. Su hermana Helen había tenido su primer hijo, Benjamin Peirce Ellis (que sería llamado Ben) el 24 de noviembre de 1870.

3. Cita famosa del poeta inglés Alexander Pope (1688-1744) al que Peirce hace referencia, por ejemplo, en "La lógica de 1873", en "La fijación de la creencia" de 1877 y en otros lugares. 

4. Helen se había casado con William Rogers Ellis (1846-1902), graduado en Harvard, que se dedicaría a los negocios. Puede leerse su obituario en el Secretary's Report, Harvard College, Class 1867, nº 12, 1907.

5. Se trata de uno de los pocos rastros que se conservan del paso de Peirce por Sevilla. No parece rigurosamente exacta la literalidad de ese acuerdo, sino que se trata de una tradición oral que debió de escuchar Peirce cuando visitó la catedral. Consta desde el Viage de España (Madrid: Vda. De Ibarra, 1786, 2ª ed., IX, 3) del abate Antonio Ponz que aquel dicho "Fagamos una Iglesia para que los de por venir nos tengan por locos" se venía repitiendo como cosa antigua a mediados del siglo XVIII, y hoy en día sigue repitiéndose lo mismo a los visitantes. De hecho, cuando Peirce utiliza las comillas en su carta para transcribir ese acuerdo, da la impresión de estar copiando de una guía turística. El libro de viajes más utilizado por los angloamericanos del XIX en sus viajes por España era The Handbook for Travellers in Spain de Richard Ford, que vio múltiples ediciones a lo largo de los años. Contenía abundantes mapas y una utilísima información sobre los lugares de interés para el turista y sobre los medios de transporte. Sin embargo, no parece ser la guía que utilizó Peirce, pues en su carta a Helen menciona al acuerdo de la catedral de Sevilla con un tenor literal distinto al que figura en esa guía (p. 320). 

6. El 22 de diciembre de 1870.

7. Peirce emplea en la carta a su hermana una rima infantil para expresar que su viaje ha sido desastroso.

8. Puede leerse su breve informe oficial de 30 junio de 1873

9. Al lector contemporáneo puede llamarle la atención que los Peirce viajaran sin despertador, pero la primera patente de despertador de mesita de noche es de 1876 y los despertadores no se popularizaron hasta finales de la década de los 70 [Fuente: "History of the Alarm Clock".

10. Se trata de una expresión jocosa, probablemente familiar a los hermanos, y literalmente intraducible. Como nos informa la prof. Ruth Breeze, este tipo de expresiones estaban de moda en el XIX: puede verse como ejemplo el Jabberwocky, de Lewis Carroll, 1872.

11. Se trata del famoso Hotel Les Berges que existe en la actualidad.

12. Se trata de una conocida esquina de Boston particularmente fría y ventosa.

13. En el MS 1560a indica que se alojó en el Berner Hof, que "es uno de los mejores hoteles".

14. Como indica en su agenda se alojó en el Hotel Les Trois Rois.

15. Se trata de las dos estaciones que subsisten en la actualidad: la suiza y la alemana. Puede verse esta antigua estación sobre la frontera con Alemania en la actualidad.

16. Durante la Guerra franco-prusiana la ciudad había sido muy bombardeada. El 24 de agosto de 1870 el Museo de Bellas Artes y la Biblioteca Municipal con su importante colección de manuscritos medievales, habían sido destruidas por el fuego.

17. Veinticinco años después, en una recensión publicada en The Nation 61, 28 de noviembre de 1895, 395, del libro de James A. McLellan y John Dewey The Psychology of Number, and its Applications to Methods of Teaching Arithmetic, escribe Peirce acerca de la utilidad de contar los bultos para mantener controlado el equipaje y parece un recuerdo personal de este viaje: "El uso esencial de los números es el que el turista en Italia ha de emplear cuando arrastra sobre sí más de una docena de paquetes, pequeños y grandes, de todos los tamaños y clases, sin ningún aspecto de igualdad, y al ser muchas cosas diferentes, susceptibles de ser perdidas por separado, requieren ser incesantemente contadas" (CN 2.124).


Traducción de Sara Barrena (2009)
Una de las ventajas de los textos en formato electrónico respecto de los textos impresos es que pueden corregirse con gran facilidad mediante la colaboración activa de los lectores que adviertan erratas, errores o simplemente mejores traducciones. En este sentido agradeceríamos que se enviaran todas las sugerencias y correcciones a sbarrena@unav.es
Proyecto de investigación "La correspondencia europea de C. S. Peirce: creatividad y cooperación científica (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 15 de mayo 2009
Última actualización: 20 de julio 2017
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