Charles S. Peirce en Roma



Primera estancia de C. S. Peirce en Roma (13-20? octubre 1870)

Charles S. Peirce estuvo por primera vez en Roma a mediados de octubre de 1870. Probablemente llegó el día 13, a su regreso de la exploración preliminar en Sicilia. En sus cartas desde Roma, Peirce describe con bastante detalle sus impresiones de la "Ciudad del Alma", como la denomina en una ocasión siguiendo a Byron. Los textos, ilustrados ahora con enlaces a los lugares que va visitando, expresan bien la admiración del joven Peirce hacia el arte que va descubriendo y al mismo tiempo reflejan a veces su hostilidad —típica de la Nueva Inglaterra de su tiempo— hacia el Papado.

Transcribimos aquí la descripción que hace a su madre de una jornada turística en Roma en la carta del 14 de octubre:

(...) he ido primero al Palazzo Doria, donde está la mayor colección de pinturas de Roma. La mayor parte de ellas me han parecido poco interesantes. He recorrido esa galería y después he ido al Palazzo Barberini (parando por el camino para ver una fuente maravillosa [se trata de la Fontana de Trevi). Allí hay una galería pequeña, pero interesante. Primero he visto, en un salón privado del palacio por el que pasaba, algunos buenos frescos. En la galería he visto en primer lugar la célebre pintura de Beatrice Cenci por Guido Reni, junto con unos interesantes retratos de su madre y de su suegra. Después la célebre Fornarina de Rafael.
Luego un cuadro de Rafael Mengs de una de sus hijas. Luego un curioso cuadro de Albrecht Durero de Cristo entre los doctores. Había algunas otras pinturas que eran indudablemente interesantes para los expertos. Después he tomado un coche y me ha llevado al Foro y de allí al Coliseo. Me he quedado atónito al ver lo destruido que está ese anfiteatro. Es una mera cáscara. Apenas queda nada de él o más bien [queda] una gran cantidad, pero una proporción muy pequeña del conjunto original. Todas las ruinas que veo me hacen pensar más en aquellas que vi en Siracusa, que ciertamente están muy bien conservadas. Yo pensaba que lo que hacía las ruinas era "la mano del tiempo", pero no es otra cosa sino el que sean usadas como canteras. Del Coliseo me he dirigido a la iglesia de Santa María Mayor. Esta iglesia es una de las más grandes y bonitas de Roma. ¡Fue construida originalmente alrededor del 350 D. C.! ¡Bastante antigua! Pero, su efecto general, tal y como está ahora, corresponde al trabajo que se hizo cien años después. Es muy rica y bella. Hay allí una pintura de la Virgen que dicen que fue pintada por San Lucas. Me ha impresionado mucho esta iglesia. Antes de ir a esta iglesia había estado en el Laterano. Después fui al foro de Trajano, donde, entre otras antigüedades, está la Columna Trajana. De allí me dirigí por el Ponte Sisto a San Pedro. Me impresionó y me reanimó mucho. Es en verdad maravillosa y grande. Pero no iguala a la Catedral de Salisbury. (...) Son el enorme tamaño y las proporciones perfectas de San Pedro lo que le impresionan a uno. Aparte de eso no hay nada grande acerca de ella. Después de San Pedro he ido al Pincio, que ha sido famoso como parque durante aproximadamente 2000 años. Allí he visto muchos hermosos carruajes y, después de pasear por allí un buen rato y de admirar la vista y los alrededores, he vuelto a mi hotel a cenar.

Y en la carta del día 16 de octubre a su tía Lizzie describe otra jornada así:

Describiré simplemente lo que he hecho hoy y puede tomarse como una buena muestra de todos mis días. He empezado cerca de las 10, pues a mí me parece y los médicos me dicen que es malo para mí madrugar demasiado. Comienzo a propósito sin prisa. Primero he ido al Colegio Romano para ver el Museo Kircheriano, que no imaginaba especialmente interesante pero que era una de las pocas cosas abiertas en domingo. (...) Después he tomado un coche y me ha llevado hasta las Catacumbas de Calixto, un largo trayecto. Por el camino hemos pasado la Colina Palatina con algunas antiguas ruinas sobre ella, no sé de qué, quizá de un palacio imperial. Hemos pasado por debajo de un arco triunfal erigido en honor de un tal Claudio Druso Germánico 8 a. C. Tiene dos columnas de mármol y es bastante bonito. A partir de ahí hemos salido de la ciudad por la puerta de San Sebastián, una estructura medieval de ladrillo bastante imponente. A la entrada de las Catacumbas de Calixto hay una pequeña capilla que evidentemente es muy antigua. Ya no se usa como iglesia. (...)
Estas catacumbas están en la Vía Apia. Después continué en coche por este famoso camino durante una milla o dos. Entre las muchas grandes cosas que he visto hoy que no menciono, he pasado por una iglesia muy primitiva de San Sebastián, con seis antiguas columnas de granito en el pórtico. Un poco más lejos el gigantesco Circo de Majencio 311 d. C., una construcción enorme. Después una gran tumba de una tal Caecilia Metella, un gran cilindro más parecido a un castillo que a una tumba, un ejemplo singular de la magnificencia romana construida con grandes piedras. La piedra no es un material duradero para construir porque lo que ha convertido en ruinas a todas las estructuras antiguas es el hecho de que las sucesivas generaciones las han usado como canteras. El ladrillo, por tanto, dura naturalmente más que la piedra. Las columnas de mármol son las más rápidas en desaparecer. Las estatuas han sido rotas en pedazos a propósito. Que esta tumba se haya conservado requiere por tanto explicación, y la explicación es que fue usada como fortaleza en la edad media, de modo que estaba expuesta sólo al daño que un enemigo pudiera infligirle al resistirse. Justo a partir de este punto han comenzado algunas vistas bonitas y amplias del campo alrededor, y había especialmente algunas ruinas grandes y pintorescas de dos acueductos: el Aqua Maria y el Aqua Claudia. Allí también he comenzado a ver el antiguo pavimento de la Vía Apia, y los lados de la calle estaban bordeados de tumbas antiguas. El cochero ha dicho que una de ellas era la de Séneca. Sin ir mucho más lejos he dado la vuelta y he regresado por el mismo camino por el que había ido. Justo dentro de la muralla de la ciudad (pasando algunas cosas interesantes que no tenía tiempo de ver) he parado para visitar la famosa tumba de los Escipiones, donde está enterrada toda esa familia desde aproximadamente el año 300 a. C. Esta tumba está excavada en la roca sólida, una especie de pequeñas catacumbas. A continuación he parado a visitar los baños de Caracalla, que al estar construidos con ladrillo están bien conservados. Su tamaño es sublime y la amplitud de su bóveda completamente sorprendente. Las he visto bien desde el nivel superior. Todavía desentierran allí muchas estatuas bonitas, y se han encontrado algunas muy famosas. Le da a uno una idea vívida de la magnificencia de la antigua Roma. Lo que queda de estos baños y edificios anejos supera el área de San Pedro —y puedo decirte que es muy grande— aunque no hay bóvedas iguales en tamaño a esta. ¡Y sólo eran unos baños públicos! No era uno de los grandes templos o teatros, sino sólo unos baños. Desde allí he decidido ir por el otro lado del río un buen trozo hasta Villa Farnesina, porque hay muchos frescos maravillosos de Rafael, y en mi guía ponía que sólo estaba abierto los domingos. Pero cuál ha sido mi decepción cuando he descubierto al llegar allí que esa disposición había cambiado y que ahora sólo abre los días 1 y 15 de cada mes (¡siendo hoy 16!), ¡¡y que el Príncipe había dado las órdenes más tajantes de que nadie entrara en ningún otro momento!! ¡Una gran decepción! Igual que no ver el Palazzo Sciarra. Por el camino he pasado una iglesia muy interesante, S. María in Trastevere. Al frente por fuera hay grandes y bellos mosaicos del siglo XII. Después volví en el coche al hotel y salí a pie para ver un poco los alrededores.
Así que empecé viendo el Museo Capitolino. Al ser domingo no estaba abierto. Pero al encontrarme allí, en lo alto de la colina Capitolina, comencé a mirar alrededor. En la plaza —una muy bonita diseñada por Michael Angelo, la Piazza del Campidoglio— había primero una bonita estatua de bronce de Marco Aurelio que ha escapado de ser hecha pedazos porque se ha supuesto popularmente que representa a Constantino. Sin embargo no trataré de describir esta plaza, que es muy bonita y muy peculiar. Desde allí he dado una vuelta para ver la iglesia de S. María in Araceli, que está sobre uno de los dos puntos más altos de la Capitolina, siendo el otro la Roca Tarpeya, en el sitio en el que estaba el templo de Juno Moneta. Es una iglesia antigua con algunas cosas notables en ella. Una madonna quizá del siglo X en mosaico sobre la puerta de atrás. En el retablo hay una de las pinturas de la Madonna atribuidas a San Lucas. Desde allí he bajado para examinar el Foro un poco más minuciosamente de lo que había hecho antes. Lo he inspeccionado con algún detalle y me he fijado en todo cuanto he podido. Desde ahí he ido a ver el Foro de Augusto, donde hay un trío de bellas columnas con entablamento que pertenecían a un Templo de Marte, inconcebiblemente estropeado. También un muro muy majestuoso y extraordinario. Desde ahí he ido a echar otro vistazo al Foro de Trajano, donde hay algunos restos y columnas considerables, extraños para una basílica, y la famosa Columna de Trajano coronada absurdamente ahora con una estatua de San Pedro, igual que la otra bonita columna de Marco Aurelio lo está con San Pablo: más bonita en mi opinión, la opinión correcta es precisamente la contraria. Desde allí he ido a la iglesia de SS. Apostoli. Hay dos monumentos de Canova allí. Uno de ellos muy impactante. Admiro mucho a Canova. Generalmente sostengo de forma muy tímida mis opiniones sobre pintura y escultura, pero no ésta. Pienso que Canova es grande, muy, muy grande. Primero me impresionó —de hecho me abrumó— su Teseo matando al minotauro en Viena. Después me gustó mucho su Paulina Borghese y ahora pienso que este monumento de Clemente XIV tiene mucha fuerza. La iglesia tiene también algunos frescos bonitos y un águila antigua en relieve del Foro de Trajano. He entrado después al monasterio adyacente a esta iglesia y he visto un monumento de Michel Angelo. Pero para apreciar las estatuas de Michel Angelo se requiere más conocimiento de la historia del arte del que yo tengo. Me parecen horribles cosas deformes y desproporcionadas. También estaba allí la tumba del Cardenal Besarión. Después de eso he vuelto a casa, no sabiendo a dónde más ir aunque todavía tenía al menos una hora antes de cenar.

En estas dos cartas a su madre y a su tía Lizzie se contienen muchos más detalles interesantes de esta primera estancia en Roma. No sabemos dónde se alojó, pero probablemente era en algún apartamento próximo a la Piazza di Spagna. Cuarenta años después, en su artículo "Pragmatismo" de 1907, parece evocar una tarde calurosa del otoño romano:

Hacia el final de una tarde sofocante, tres jóvenes caballeros están todavía holgazaneando juntos, uno en una gran silla, el otro en posición supina en un diván, el tercero en la ventana abierta desde el séptimo piso sobre la Piazza di Spagna vista desde su lado pinciano, y parece estar medio mirando el periódico que le acaban de traer. Él es una de esas naturalezas que habitualmente se contienen dentro de los límites de una calma extrema, porque conocen bien el terrible gasto si se permiten a sí mismos agitarse. Pocos momentos después, rompe el silencio con las palabras, "verdaderamente es un fuego terrible". ¿Qué quiere decir? Los otros dos son demasiado perezosos para preguntar. El que está en la gran silla piensa que el que lo dice estaba mirando el periódico cuando hizo esa exclamación, y concluye que ha habido un incendio en Teherán, en Sydney, o en algún lugar así, lo suficientemente espantoso para que sea noticia en todo el globo. Pero el hombre del sillón piensa que el que lo dice estaba mirando por la ventana, y que debe de haber fuego abajo en el Corso, o en esa dirección. Éste es otro caso en el que toda la carga del signo debe averiguarse no por un examen atento del uso, sino por una observación colateral del usuario.



Segunda y tercera estancias de C. S. Peirce en Roma (1-8 diciembre 1870 y 1-8 de enero 1871)

Charles Peirce debió pasar de nuevo por Roma cuando se encaminaba a primeros de diciembre con su padre, su esposa y el resto de la expedición hacia Sicilia para la observación del eclipse, pero no tenemos datos de esta estancia. En el plan de viaje de Benjamin Peirce estaba previsto llegar a Roma el 1 de diciembre y marchar a Nápoles el día 8.

En cambio, sí que tenemos información bastante precisa sobre su tercera estancia en Roma al regreso de Sicilia en la primera semana de enero de 1871, pues registró los datos principales en una agenda. Pueden leerse sus anotaciones relativas a los días 1-2, 3-4, 5-6 y 7-8.

Charles S. Peirce no volvería a Roma en adelante.


Proyecto de Investigación "Correspondencia europea de Charles S. Peirce: creatividad y cooperación científica" (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 15 de abril 2010
Última actualización: 11 de febrero 2014
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