VII. Theaters and Opera Houses

 
Joaquin Lorda. CLASSICAL ARCHITECTURE

VII. Theaters and Opera Houses

1. Introduction
2. The permanent theaters
3. Baroque theaters
4. 19th century Theaters
5. Grand Opera Houses
 

La historia de la aparición del teatro como edificio especializado está compuesta de varias historias, que se entrecruzan continuamente.

A. Una historia literaria. La literatura teatral se desarrolló desde el "Misterio" medieval a la gran ópera romántica, a la comedia musical, y a los guiones de cine. Es la historia literaria del teatro. Curiosamente, para entender el edificio tiene una importancia secundaria.

B. Una historia escénica. La expresión dramática, los modos como actúan los actores, forman una historia más importante para un conocimiento de la arquitectura teatral. En su inicio están los juglares y saltimbanquis -gente marginal, de trato desaconsejable- con sus vestidos llamativos y su mímica grotesca; y en su final están los "Oscar" de la Academy of Hollywood, que dominan los matices de la expresividad -del cuerpo y el rostro-. Son seres extraordinarios, "estrellas", universalmente conocidos en los detalles de su aspecto físico, y admirados en los pormenores su vida pública y privada.

C. Una historia urbana. Durante el siglo XIX, el teatro se convirtió en el monumento público por excelencia. Adquirió una masa aparatosa y unas ostentosas fachadas; las ciudades compitieron entre sí por lograr los más impresionantes edificios hasta la crisis de la arquitectura clásica. Todavía hoy, las óperas y teatros constituyen puntos de referencia, aunque su forma exterior y su importancia urbana sea dispar. Teatros como el Metropolitan Opera House de New York, el Met, son más bien referencias culturales (tienen más que ver con el siguiente apartado) que edificios situados en un entorno urbano concreto. El Met se aloja en el Lincoln Center, pero muchos de sus entusiastas conocen poco o nada del edificio, que fue uno de los intentos contemporáneos por recuperar una "fachada" monumental.

D. Una historia social. El interior, la sala y sus anejos, ganaron en importancia social, en tamaño y en riqueza decorativa hasta la crisis de la arquitectura clásica (1750-1945). Se convirtieron en el principal lugar de encuentro y trato de la "buena sociedad". Y requirieron infinitos cuidados en su proyecto y ejecución: los teatros del siglo XIX contienen algunos de los más ambiciosos programas arquitectónicos y decorativos de occidente. Una parte de esta historia puede darse por concluida, al haberse agotado la vertiente ornamental de la arquitectura. Otra parte permanece: los miembros más representativos de la sociedad se exhibían en trajes de gran gala "d'apparat", asomados a los palcos; hoy, el entorno ha perdido brillantez, pero en ocasiones los personajes continúan siendo un espectáculo para sí mismos.

E. Una historia de la escenografía. Es la historia nuclear del edificio. El edificio permitió espectáculos cada vez más asombrosos: de hecho, se creó fundamentalmente como lugar de espectáculos, para procurar recreación, divertimento, evasión, antes que para facilitar cualquier elevación cultural; y tomó cuerpo conforme el público reclamaba mayor espectacularidad, "efectos especiales". El edificio fue una caja de sorpresas, cada vez mayor y más complicada. Esta historia no ha acabado y continúa en las pantallas de cine o -más resumida- en las pantallas de televisión, que son las herederas propiamente dichas de los teatros que aquí estudiamos. La caja de sorpresas se convirtió en la caja boba de la televisión, que sigue proporcionando entretenimiento y evasión.

F. Una historia de la técnicas arquitectónicas. Los problemas técnicos que los arquitectos abordaron fueron cada vez mayores. La arquitectura teatral tuvo un componente técnico más importante que otros géneros. Desde el siglo XVII, se planteó la dificultad de construir estructuras de gran porte, que salvaran luces mucho mayores que las iglesias. Dependiendo de esa estructura, la escenografía y sus trucos precisaban una maquinaria más diversificada, aunque manipulada siempre por brazos humanos (XVII-XIX). A eso se añadía el anhelo de procurar una iluminación más brillante en los espacios para el público, y más controlada en los escenarios (de la candileja, al gas; del gas a la electricidad). Y fueron imponiéndose las exigencias, patentes desde inicios del siglo XIX, de ventilar las grandes salas; de calentar adecuadamente la sala; y de afrontar con eficacia la amenaza recurrente de los incendios. Los nuevos materiales -hierro, acero y hormigón- y la llegada de la electricidad trivializaron muchos de estos problemas.

 

1. Introduction

 
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Durante siglos perduró el recuerdo de los teatros antiguos; Y más todavía de los anfiteatros, que parecían absorber la imaginación.

Era difícil sustraerse a la masa del Colosseum que veían inevitablemente los peregrinos a Roma. Y por tanto sus formas fueron repetidamente publicadas.

Pero además en muchas ciudades de la vieja Europa se conservaban restos de anfiteatros.

El teatro como género fue abriéndose paso desde el siglo XVI para un público urbano, que pedía un entretenimiento más frecuente y cultivado, con la multiplicación de obras teatrales y el establecimiento de compañías más o menos fijas. La representación requería algún edificio. Pero en países con buen clima, como España, bastaba un espacio abierto, un "corral de comedias", como el que todavía se ve en Almagro, protegido, en una necesidad, por un toldo.

La demanda por mayores y más deslumbrantes efectos escénicos urgió a construir edificios ex profeso: en ellos se podía acotar la representación, colocar un fondo de escenario, y aumentar sus posibilidades de transformación con ayuda de máquinas. Los problemas consistieron en ofrecer grandiosos aparatos fáciles de montar (trucos perspectivos), y de sustituir (paneles versátiles y telares).

 

 

2. The permanent theaters

2. 1. Ancient theaters
2. 2. Incipient scenography
2. 3. Teatro Olimpico. Vicenza
2. 4. Teatro Farnesio. Parma
2. 5. First theaters of Paris
 
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Durante el siglo XVIII se determinaron los dos grandes modelos que se siguieron hasta el siglo XX : el italiano y el francés; el teatro de palcos y el teatro dispuesto en bandejas.

Los salas no eran muy grandes; y los teatros cortesanos o cercanos a la corte se decoraron con un lujo equiparable al que se empleaba para los templos, aunque ejecutado en materiales simulados -todo era teatral-. El diseño de las plantas debía atender casi solamente a disponer la sala y el escenario; con tan pocas condiciones, se trazaron plantas muy bellas. Si el edificio era de nueva planta, edificado en un solar aislado, resultaba fácil dotarlo de una forma compacta, con elegantes alzados clásicos.

El esplendor interior. Pero, los mejores casos dieron ocasión a un maravilloso despliegue de ornamento, que tenía como particularidad que todo el conjunto aparecía a la vista de un solo golpe; en una sola mirada: la sala. Un interior refulgente y señorial, limpio y acabado, que retrataba el esplendor cívico de un modo que ninguna calle o plaza, desigualmente pavimentada, inconsecuentemente construida, apenas adecentada, escasamente iluminada, podía reflejar. La sala de teatro de las cortes y después las salas de los teatros burgueses que se decoran cada vez con mayor riqueza.

Visibilidad y acústica. Desde el nacimiento de teatros estables, las salas, en herradura, en óvalo o elipse y sus palcos en derredor cambiaron poco; porque había un límite objetivo para sus dimensiones: el que exigía una audición y una visibilidad aceptables. Desde mediados del XVIII se procuró dar con la planta idónea para que los personajes importantes -y luego todos- gozaran de una vista suficiente del escenario, tarea que desde su inicio se demostró imposible.

Maquinaria y escenografía. Mientras al otro lado del telón, por contraste, tras los aparatos de cartonería pintada, un numeroso -más numeroso que el público a veces- personal auxiliar se movía trepando y discurriendo por pasajes y puentes precarios como entre el velamen de un navío, dando cuerpo y vida a cada uno de los efectos escénicos.

 

3. Baroque theaters

3. 1. Italian Baroque model
3. 2. Teatro Regio. Torino
3. 3. French Baroque model
3. 4. Grand Theatre. Bordeaux
3. 5. European Baroque theaters
3. 6. Little magnificent theaters
3. 7. The Galli da Bibiena's designs
3. 8. The Galli da Bibiena's treatises
3. 9. Baroque stage machinery
 
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Los sesenta primeros años del siglo XIX fueron el momento en que los teatros europeos se hicieron adultos.

Los ciudadanos de la generación posterior a las guerras napoleónicas, las profesiones liberales (abogados), los primeros profesionales de las nuevas escuelas, los primeros universitarios de las nuevas universidades, los funcionarios de todos los estamentos de los nuevos estados, y los rentistas, todos ellos se reunían cada semana, en los teatros.

El teatro era una de las pocas diversiones públicas. La única que permitía muchedumbres selectas, bajo cubierto. Asistir al teatro fue una necesidad social; y contar con un buen teatro una aspiración ciudadana.

el teatro se amplió por dentro, para mayor comodidad; se decoró la sala más cuidadosamente para mayor elegancia.

El teatro se transformó en el espacio por excelencia de la vida pública -vivida en público-, algo así como una destilación de las plazas, avenidas, alamedas y paseos, que se condensaba durante unas apretadas horas en un abigarrado interior.

Escenografía. Se multiplicó la maquinaria para las escenografías, que aumentaron espectacularmente de tamaño. La creciente facilidad para montarlas y demontarlas, permitió en esta época un despliegue desconocido de decoraciones, pues podían cambiarse para cada acto, e incluso para cada escena. El escenario aumentó considerablemente, en anchura y altura, formando la torre de telares : en ella, los decorados recortados, dispuestos sucesivamente, se elevaban y sustituían por otros que descendían.

Acústica. Aunque no faltaron teorías, hasta mediado el siglo XX, los avances científicos no proporcionaron seguridad suficiente para prever la sonoridad de una sala. La buena acústica solo podía basarse en la experiencia: Garnier tomó a gala el confiar solamente en su intuición. Junto a los aciertos, se dieron repetidos fracasos; y algunas salas que se dejaron de utilizar, como la Italian Opera House de New York, iniciada en 1833, y, mucho más reciente, la Opera House de Boston, iniciada con gran lujo, en 1901.

Cuestiones técnicas. Los teatros mejoraron en su construcción. Fue también el momento en que se procuró atajar definitivamente el terrible problema de los incendios, que se sucedían con regularidad pasmosa cada 50 años, destruyendo el edificio y causando muertes entre el público por aplastamiento o por asfixia. La construcción en hierro que se tenía como más segura sustituyó a la madera.

Entonces se decidió asegurar una rápida evacuación multiplicando escaleras amplias y cómodas; se estudiaron los tránsitos para favorecer la circulación de los diferentes estratos sociales; y se pensó como atender al embarco y desembarco de carruajes, asegurando una adecuada interferencia en su entorno urbano.

Y entonces se tanteó una ventilación eficiente para aliviar el sofocante ambiente -mefítico, se decía- creado por el sudoroso, mal lavado y apiñado público; se plantearon sistemas de calefacción más controlables; se probaron técnicas aparentemente más seguras para una iluminación mejor.

 

4. 19th century Theaters

4. 1. 19th century Italian theaters
4. 2. 19th century French theaters
4. 3. 19th century German theaters
4. 4. 19th century British theaters
4. 5. 19th century Spanish theaters
4. 6. Other 19th century European theaters
 
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El orgullo de la ciudad. Durante el siglo XIX, un creciente número de ciudadanos adquirió interés por la imagen de la ciudad (y se multiplican las colecciones de vistas de ciudades). Los municipios recababan dinero suficiente para grandes actuaciones; y apareció el diseño urbano; es decir, la ciudad como objeto de diseño.

Las ciudades, sus calles y sus plazas fueron desde entonces el escenario de la vida social: los vetustos espacios abiertos se convirtieron en espacios públicos; y unos espacios públicos que precisaban el suficiente grado de dignificación. Esas ciudades nuevamente inventadas sobre las antiguas (las mismas que las antiguas, pero vistas de otra manera), necesitaban polos y nodos, y en ellos la burguesía colocó sus monumentos colectivos.

En muchas ciudades europeas se destinó al teatro principal de la ciudad un solar especialmente destacado. El edificio del teatro -municipal, regio, nacional- se convirtió, más que los palacios -porque era más popular y representativo-, en el emblema de la ciudad; una de sus imágenes procuradamente más "postalizables". Creció el interés por lograr una fachada significativa, aunque no se llegó a definir por completo una fachada inconfundiblemente teatral.

Este proceso alcanzó su ápice en las mayores capitales de Europa, en aquellas en que se invirtió más para parecerse a una capital, en Wien y en Paris. Y los teatros los más importantes fueron las óperas.

Un teatro de la Ópera había de ser un gran teatro: en dimensiones, en maquinaria, en escenarios y en dotación de actores. Con frecuencia, alrededor de estos edificios, se sostenían conservatorios y academias de danza, para surtirlos de intérpretes, actores y coristas. Los gastos eran tan enormes que estos grandes teatros fueron económicamente insostenibles; su construcción fue financiada por la administración, y, casi desde su inicio, su programación fue subvencionada, y sus orquestas apoyadas de algún modo. Se daba la paradoja -que todavía subsiste en muchos teatros europeos- de que se favorecía a los ricos para que asistieran a sus galas.

También desde el punto de vista de diseño, el teatro de la Ópera fue el más suntuoso e interesante de los teatros. La presencia de orquesta y coros precisaban mayor amplitud; y se esperaba una mayor espectacularidad -y gasto- en los escenarios. La sala de butacas se amplió porque había que dar cabida a todas las personas de mundo -y había que obtener mayor recaudación-; y lo permitía la voz cantada, que alcanza mayor distancia que la hablada. Los espacios de relación, los vestíbulos y el foyer debían multiplicarse y agigantarse; La decoración debía ser particularmente esplendorosa.

En la segunda mitad del siglo XIX, con los temas del diseño arquitectónico, se entrecruzaron los de teoría de la música, y del arte en general.

Hoy es difícil sentir la atracción irresistible que ejerció Richard Wagner; y experimentar el movimiento arrollador que levantó a su alrededor. Después de trastornar las ideas sobre el diseño teatral, en un verdadero parto de los montes, levantó en una ciudad secundaria -y encantadora-, Bayreuth, un centro de peregrinación, en el que lograría una obra de arte total y definitiva, que aunaría el entero rango de las expresiones artísticas: el Festspielhaus; todo ello fue expresado, prometido y perseguido con un furor y un entusiasmo báquicos. Y acabó en un diseño de una mediocridad aterradora. Y por eso esta historia es una historia más bonita todavía.

 

5. Grand Opera Houses

5. 1. Staadtsoper. Vienna 1860
5. 2. Gottfried Semper: Dresde and Vienna, 1838-1879
5. 3. Nouvel Opera. Paris 1861
5. 4. Wagner in Bayreuth, 1872
5. 5. Teatro Massimo. Palermo 1875
5. 6. 19th century scenography
 
Joaquin Lorda (jlorda@unav.es)
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