Carta de Charles S. Peirce a Carlile P. Patterson
(París, 02.03.1876)



Esta carta fue escrita por C. S. Peirce al superintendente del U. S. Coast Survey Carlile P. Patterson el 2 de marzo de 1876 desde París, con motivo de la finalización de su estancia en esta ciudad, antes de marcharse a Berlín.

El original se conserva en
The National Archives, Record Group 23, Assistants N-Z (1876). La reproducción digital de la carta ha sido hecha a partir de la fotocopia disponible en el Peirce Edition Project. Para la transcripción se ha tenido en cuenta la que preparó Max Fisch, accesible en Indianapolis.
Letter transcription

 

París, Avenue Matignon 11
2 de marzo 1876

 

Sr. C. P. Patterson

Superintendente U. S. Coast Survey

Washington D. C.



Estimado señor,

Le escribo esta noche en circunstancias especialmente desfavorables y debo por ello solicitar su indulgencia si mi carta es más insatisfactoria de lo habitual. He terminado hoy mis experimentos en París y he hecho que empacaran todos mis instrumentos. Mis baúles y cajas también están casi empacados, y a menos que ocurra algo imprevisto dejaré París el domingo 6 por la mañana1. Estoy obligado a esperar hasta entonces porque los fabricantes de instrumentos no han terminado el trabajo. En mi habitación todo ha estado manga por hombro los últimos diez días, ya que el hombre que hacía mis tareas estaba enfermo, y murió hace dos días. Puede imaginar por tanto que mis pensamientos están tan desordenados como mi entorno.

Mi trabajo de Ginebra estaba prácticamente calculado del todo hace algún

 

tiempo, pero he encontrado que había una diferencia en la resistencia de las cuchillas, lo que me llevará a elaborar más los cálculos. Mientras tanto, tratando la cuestión de una manera más simple, encuentro los resultados suficientemente armoniosos, aunque podría haber deseado que lo fueran más. Propuse enviar un informe especial sobre el trabajo de Ginebra, pero, después de considerarlo, llegué a la conclusión de que se gastaría mucho tiempo en eso en un momento en el que era importante tener tiempo para otras cuestiones. Podría sin embargo enviarle un resumen de los resultados, y así lo haré en mi próxima carta. No puedo hacerlo ahora pues los papeles han sido ya empaquetados.

Las condiciones de los experimentos en París han sido mucho mejores que en Ginebra, pero a pesar de ello no han sido todo lo buenas que podría desearse. Se han llevado a cabo en la misma sala en que Biot hizo sus experimentos, pero debo decir que no es un lugar especialmente bueno. Está en la segunda planta del edificio y, aunque está construida sobre arcos de gran solidez, no es tan sólida como una piedra o un pilar de ladrillo. Pero es necesario elegir entre un edificio con paredes de gran grosor que hagan mínimo el error de temperatura (el peor punto en los experimentos con péndulos) y un edificio provisional con

 

unos cimientos más sólidos. Donde he realizado mis experimentos, una persona caminando por el suelo cerca del péndulo (por supuesto no se permitía nada semejante) causaría una desviación del arco de 1/30 de segundo. Supongo que el soporte de Borda, al estar atornillado a la pared, era más estable. Por otra parte Borda, de forma totalmente inexplicable, osciló su péndulo en el extremo sur de la sala, donde la dificultad para medir la temperatura era muy grande comparada con la del extremo norte en el que yo he oscilado.

Antes de realizar mis experimentos medí la flexión de mi soporte, pero, como había olvidado identificar las divisiones particulares de la escala que usé, me vi obligado a repetir los experimentos sobre esta cuestión al finalizar mi trabajo de oscilación. Ambas series de experimentos fueron realizadas con el mismo microscopio y micrómetro, y el valor del tornillo no debía ser muy diferente para las dos. En ambos casos se aplicó de forma horizontal al soporte un peso de un kilogramo por medio de una polea. La primera serie consistió en cuatro experimentos que dieron los siguientes resultados (suponiendo un cierto valor para el micrómetro ensartado):

mm
0.03759
0.03762
0.03742
0.03739
_________________
media           0.03748 0.00004

 

De modo que debe aplicarse una corrección por la fricción de la polea, y eso no estaba bien determinado. Diez mediciones con el doble de ella dieron los siguientes resultados:

mm
0.0030
0.0025
0.0018
0.0016
0.0036
0.0029
0.0024
0.0021
0.0019
0.0025
_________________
Media          0.0024 0.00013

Aplicando la fricción tenemos 0.0387 mm 0.0001 mm. A esto ha de añadirse otra corrección cuyo valor exacto no puedo dar en este momento al estar empaquetadas mis cosas, pero que distará poco más de .02 de la cantidad. Depende de que la escala esté un poco por debajo del punto de apoyo. Esto eleva el valor hasta 0.0394 mm. La segunda serie de experimentos no concordaba tanto. La desviación producida por el peso (suponiendo el mismo valor del tornillo) fue en cinco experimentos:

mm
0.0369
0.0359
0.0356
0.0359
0.0356
__________________
                 0.0360 0.00017

Cinco determinaciones del doble de fricción dieron:

mm
0.0075
0.0062
0.0077
0.0071
0.0065
________________
                 0.0070 0.00019

lo que da como resultado 0.0395 mm 0.0002

[en vertical] Puedo mencionar que la temperatura durante la primera serie de experimentos era de 1.2ºC y durante la segunda 8.0ºC.

Así, las dos series de

 

[il.] tan bien como podría desearse. La corrección a la longitud del péndulo de segundos es de aproximadamente 6 ¼ veces la flexión producida por un kilogramo y por tanto el error probable de esta corrección será de solo 0.0013 mm, lo que es satisfactorio. El valor de la corrección es de aproximadamente 0.25 mm, que es aproximadamente lo que la comparación de los valores de los péndulos de segundos de Albrecht y Bessel me llevaría a suponer. Pues el valor de Albrecht requiere una corrección de 0.18 mm para llevarlo hasta el de Bessel, y es razonable suponer que la flexión del aparato de Bessel era un tercio de la otra. La última flexión ha sido medida por el Dr. Peters de Altona, pero no estoy informado del resultado.

En mis experimentos aquí se tomó toda precaución posible, exceptuando que cometí a lo largo de casi todos ellos un fallo del que no me di cuenta hasta que era demasiado tarde. Al comenzar los experimentos saqué el péndulo de su caja y lo puse en su soporte con manos gruesamente enguantadas, y lo dejé durante un cuarto de hora para que tomara su temperatura. Esta vez había tomado esa decisión por experimentos hechos con ese propósito. Pero pasé por alto la circunstancia de que la temperatura en la caja era perceptiblemente diferente a la temperatura en el soporte, y por lo tanto debería haberlo dejado más tiempo. Pero como en la práctica generalmente transcurría un tiempo considerablemente mayor antes de comenzar a oscilar, no creo que esa omisión pueda haber tenido alguna consecuencia seria.

Resultó que mi cronógrafo Bond funcionaba mal, y por tanto

 

usé un instrumento construido por Breguet según el principio de Hipp. Esto me lleva a decir que mi experiencia ha sido generalmente que el cronógrafo Bond no soporta bien los transportes. Las observaciones de los tránsitos de un péndulo tienen un alto grado de precisión, siendo el error probable de un único tránsito de solo alrededor de 0s. 02. Por supuesto, esto me lleva naturalmente a ser muy exigente con que mi cronógrafo funcione perfectamente. Ahora bien, cuando el cronógrafo Bond está en perfecto estado divide el segundo de forma tan exacta como puede leerse la hoja cuando se marca la línea más fina posible. De hecho, cuando la rueda grande que gira con moderada rapidez parece moverse a nuestros ojos sin el menor obstáculo, no puede desearse nada más. Pero he encontrado que es difícil y a veces imposible asegurar ese estado de cosas al viajar. Por tanto le he comprado a Breguet una máquina de Hipp, como segunda cuerda para mi arco o, si prefiere, como segunda ancla.

También le he prometido a Breguet encargarle un cronógrafo impresor, y está trabajando ahora en el diseño. Me he atrevido a hacer esto a pesar de los recortes que supongo le serán impuestos el siguiente año por la gran importancia de obtener un instrumento práctico de esa clase, y por la gran ventaja de conseguir que un hombre como Breguet se interese en él. Mr. Breguet ha realizado diversos medidores de gravedad sobre un plan inventado por Mr. Villarceau. La exactitud con la que funcionan es realmente maravillosa. Para unas pocas horas pueden competir con un cronómetro. Y lo que les distingue de los medidores de Foucault

 

es que alcanzan su velocidad de forma casi inmediata. Otra cosa muy buena de ellos es que el eje de rotación puede establecerse en cualquier ángulo con el vertical, de modo que si se desea pueda incrementarse mucho la velocidad. Una razón importante de que funcionen tan bien es la exquisita calidad del trabajo y los esfuerzos realizados para evitar la fricción mediante el uso de ruedas. Mr. Breguet está tan enamorado de ellos que quería que el cronógrafo impresor dependiera de un regulador así, pero no pude consentirlo ni por un instante. Eso implicaría fiarse de la uniformidad del movimiento del regulador durante intervalos considerables, cinco minutos o así, y cuando pienso que una minúscula mota de polvo o la más pequeña partícula de óxido dejarían la máquina en malas condiciones no puedo consentirlo. Por otra parte, Breguet considera erróneo abusar del principio de la electricidad, y no estoy seguro de que no desee casi eliminarlo del cronógrafo. Ciertamente su opinión tiene peso, considerando su gran experiencia con aparatos eléctricos. Y creo que los oficiales de artillería en América han abandonado la electricidad en sus aparatos para medir velocidades iniciales. Pero lo que yo propongo es tener un medidor Villarceau y después, si eso no es suficiente, inclinar un poco el eje de modo que se haga su velocidad un poco más grande y se eleve con una rueda de escape operada eléctricamente por el cronómetro o el reloj con la intervención de un resorte-medidor Bond.

Me han impresionado mucho aquí los establecimientos de fabricación de instrumentos de toda clase, y la inmensa ventaja que tiene París en ese aspecto respecto a cualquier otro lugar para la realización de todas las investigaciones físicas2.

Cuando mis experimentos aquí estaban de todo menos acabados, recibí

 

de Turretini de Ginebra el mensaje de que mi aparato de vacío estaba listo. Le pedí que lo bombeara y me informara de cuánto se elevaba el manómetro en cuatro días. Me contestó que 2 milímetros. Suponiendo que esto sea verdad, es muy bueno. A uno le sorprende un poco que una cámara pierda tan poco y no se detenga absolutamente. Al recibir estas noticias tuve que decidir cuál sería mi curso de acción. He llegado a una decisión que espero que cuente con su aprobación. A la vista del poco tiempo que tengo ahora ante mí, y de las probabilidades de complicaciones y retrasos en el uso de un nuevo aparato, pienso que es mejor continuar con el actual durante mis experimentos en Europa, dejando para un estudio posterior la diferencia, si hay alguna, de los resultados obtenidos en el vacío. De esta manera limitaré mi ambición a algo relativamente fácil, a saber, a determinar la fuerza de la gravedad en las cuatro ciudades, Ginebra, París, Berlín y Londres, hasta 3 millonésimas. Confieso que siento que las dificultades se multiplican de forma tan inmensa cuando se busca disminuir el límite de error que me parece que, si intentara mucho más, podrían transcurrir largos meses antes de que pudiera conseguirse todo, aunque no pueda prever cuántos serían. Por lo tanto iré a Berlín inmediatamente y después a Ginebra para inspeccionar el aparato.

Todavía no he conseguido permiso para oscilar en Inglaterra, aunque me parece que hay varias maneras en las que puedo definitivamente resolver eso cuando llegue el momento3. Mr. Lockyer me rogó que le permitiera intervenir en mi favor, pero le dije que no4. Él provocaría una escena, ya sabe. No pienso que sea en absoluto necesario. Me parece que Gassiot podría arreglarlo muy fácilmente, ya que él es realmente el dueño del observatorio de Kew.

Muy respetuosa y sinceramente suyo,

C. S. Peirce

Assist.

 

 


Notas

1. En la carta siguiente del 17 de marzo confirma que abandonó París el domingo 6 de marzo para marchar a Berlín

2. A Charles S. Peirce le impresionaron los fabricantes de aparatos científicos de París más que los de ningún otro sitio de los muchos que había visitado con ese motivo (Londres, Hamburgo, Ginebra, etc.).

3. Desde su primera visita a Kew había detectado las dificultades. En la carta a su madre del 4 de mayo de 1875 escribía: "No recuerdo qué día fuimos al observatorio de Kew. Fui y arreglé todo para oscilar mis péndulos allí, pero como ahora no están disponibles para mí, probablemente no oscilaré en Inglaterra hasta la próxima primavera, sino que continuaré hasta Alemania en unas pocas semanas (...) También vi al presidente del Comité de Kew [R. H. Scott], y me resultó odioso. ¡Qué burocracia! Él hace gala de su mejor disposición para que oscile mis péndulos en Kew, pero como una mera cuestión formal desea que solicite al ministro americano que solicite al British Foreign Office que solicite a la Royal Society que solicite al Comité de Kew que solicite al director del observatorio de Kew las instalaciones que yo desee. Si ellos piensan que saben cómo no hacerlo, encontrarán que yo sé cómo hacerlo".

4. Charles S. Peirce era buen amigo de J. Norman Lockyer, astrónomo y fundador de Nature, al menos desde los días de observación del eclipse de sol en Sicilia en diciembre de 1870.


Traducción de Sara Barrena (2014)
Una de las ventajas de los textos en formato electrónico respecto de los textos impresos es que pueden corregirse con gran facilidad mediante la colaboración activa de los lectores que adviertan erratas, errores o simplemente mejores traducciones. En este sentido agradeceríamos que se enviaran todas las sugerencias y correcciones a sbarrena@unav.es
Proyecto de investigación "Charles S. Peirce en Europa (1875-76): comunidad científica y correspondencia" (MCI: FFI2011-24340)

Fecha del documento: 18 de marzo 2014
Última actualización: 1 de septiembre 2014

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