Carta de Charles S. Peirce a su esposa Melusina Fay
(Mar Egeo, 05.09.1870)



Esta carta, fechada el 5 de septiembre de 1870, fue escrita por C. S. Peirce desde el vapor que le llevaba desde Constantinopla hasta Volos, en Grecia. Al igual que la carta anterior carece de encabezamiento, y forma parte de una especie de diario que Peirce dice estar escribiendo en esta parte de su viaje. Peirce recoge impresiones de su travesía desde Turquía a Grecia, e incluye una posdata para su cuñada Amy Fay.

El original se conserva entre los
Charles S. Peirce Papers en la Houghton Library (MS Am 1632, L 337) de la Universidad de Harvard. La reproducción digital de la carta ha sido hecha a partir de la fotocopia disponible en el Peirce Edition Project.
Letter transcription
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Mar Egeo. Partiendo de Kavala1
5 sept. 1870. Atardecer. Lunes

Cuando escribí la carta que te envié desde los Dardanelos acababa de escuchar la gran noticia de la rendición de Mac Mahon y la captura del emperador2. Hoy en Kavala me he enterado de que se ha proclamado la república. Confieso que creía que la emperatriz tenía espíritu para tomar las riendas del gobierno al menos unos días, y me ha decepcionado3. Pero, ¿no es esta la caída final de la "civilización latina"? Parece que los franceses están tan corrompidos que no les quedan siquiera las virtudes indispensables para hacer la guerra. Si eso es así, podemos decir que han sido la gran nación durante muchos siglos, pero que ya no lo serán más sino que deben hundirse rápidamente en la insignificancia4, y ni siquiera su posición geográfica puede salvarles, pues ninguna posición geográfica en la que no vivan grandes hombres es central. Constantinopla es un ejemplo. ¿Quiénes serán las grandes personas del futuro? Afirmo que una nueva raza que ha de crecer en América y que desciende de los alemanes del norte y de los ingleses. Los alemanes del norte son grandes y es sorprendente qué afines son en sentimientos a América5.


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Después de adentrarnos en el Mediterráneo desde el Helesponto6 tomamos Imbros a nuestra izquierda7 y luego Samotracia a nuestra derecha8, y continuamos hasta Lagos, a donde llegamos ya tarde la pasada noche. Allí mis tres compañeros pasajeros desembarcaron y hoy he estado todo el día solo en la gloria hasta que esta tarde ha aparecido un nuevo compañero que habla griego e italiano pero ni una palabra de francés, y es del todo inútil preguntarle acerca del inglés o el alemán. Ah, pero este mar es maravilloso. Primero has de imaginar que es más azul que cualquier otro mar, y el agua más clara casi que la de un manantial. Después, tiene un modo soñador y tranquilizador de hacer las olas, tan completamente distinto del Atlántico como las suaves maneras de las gentes de estos climas son diferentes de las de los ingleses, los irlandeses, los alemanes, los franceses o los americanos. Todo aquí es suave. El sol es caliente, mucho más caliente que en Constantinopla, pero te quema de una manera tan cortés que no piensas en ello. El cielo es brillante, pero no el resplandor que frecuentemente vemos en casa y al que es doloroso mirar, sino brillante de modo que no puedes apartar los ojos de él para admirarte de su belleza. El aire tiene una suave bruma en él y los colores





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son de tonos armoniosos. Navegamos pacíficamente sobre un mar como un espejo y no podemos alzar nunca nuestros ojos para mirar a la orilla sin nueva admiración. Montañas desiguales, escarpadas, abruptas, forman la orilla cuyos lados marrones producen bellos efectos de sombra cuando estás cerca de ellos, y que en la distancia están una detrás de otra, unas más azules que otras en la bruma, y que no menos claramente perfiladas producen otro efecto como de cuento de hadas. Quizá son más bellas justo después del atardecer, cuando las más distantes están comenzando a desvanecerse en el cielo y las más cercanas a hacerse más negras, y ese ensombrecerse del cielo perfectamente tranquilo, ininterrumpido y continuo desde el naranja en el horizonte hasta el azul en el cénit me da por primera vez una concepción de la belleza del atardecer italiano, que supongo que será igual. O quizá son más bellas por la noche cuando la luna, justo ahora en su primer cuarto, ilumina la neblina, entonces más densa, y aparecen misteriosas montañas silenciosas por encima de ella

 


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sobre el agua tranquila. Es, en resumen, tan de cuento de hadas que en lugar de lamentar que tenga que durar hasta el viernes casi desearía poder estar yendo a Volos9 por toda la eternidad.

Hoy a las dos en punto hemos llegado a Kavala y hemos permanecido allí hasta pasadas las siete de la tarde. Es la primera ciudad realmente amurallada que he visto. He visto ciudades que han estado amuralladas o en las que quedaban trozos de las murallas. Pero en todos los casos habían derribado las murallas que estaban muy dentro de la ciudad. Pero este pequeño lugar está uniformemente amurallado todo alrededor con una pared vertical almenada. Ocupa exactamente sus murallas, ni más ni menos. Estas murallas están indudablemente en uso en la actualidad. Era una pequeña vista tan pintoresca como nunca has visto, asentada allí a la luz del sol en la base de las montañas. Está construida en una colina de modo que pude examinar muchas casas desde el barco con mi lente, y pensé que no valía la pena ir a tierra, ya que esto tenía que hacerse siempre en bote, y eso podía ser difícil al no hablar ni turco ni griego. Sin embargo, por si hubiera algo allí que mereciera mucho la pena ver desembarqué, pero no vi nada. Recorrí el bazar —por supuesto nada extraordinario después

 


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de Constantinopla, pues esta ciudad tiene sólo 10.000 habitantes— y fui y tomé una taza más de café turco en una casa de café. Estaba también delicioso. Pedir una taza de café es casi todo lo que puedo decir en turco, y que me pidan que me siente casi todo lo que puedo entender. En esa casa de café había dos turcos, del todo no-europeizados, jugando una partida de nuestro backgammon. Muy probablemente se originó aquí. No hay nada en una ciudad turca que merezca la pena ver excepto el bazar y las mezquitas, y tenía miedo de meterme en dificultades si intentaba ir allí donde no están acostumbrados a turistas. Había un bello acueducto al estilo romano, pero, considerando todo acerca de él, he pensado que no era romano10. Declaro que odio separarme del café turco. Ahora bien, haz precisamente como te digo. Toma un poco del mejor café, parte moca. Tuéstalo bien y mientras esté caliente muélelo muy fino, incluso hasta un polvo muy fino. Aprieta el molinillo lo más que puedas. Todo depende de eso. Entonces caliéntalo otra vez inmediatamente si está frío y toma aproximadamente media medida de esto y media medida de agua hirviendo. Ponlo inmediatamente en el fuego y dale un hervor. Debe estar poco

 


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tiempo de modo que no se ponga amargo. Entonces retíralo, viértelo en una taza un poco más pequeña que un vaso de vino (exactamente como esa taza de tu buró), no lo cueles por nada del mundo sino espera un instante y los posos se irán al fondo. Pruébalo tan pronto como la parte superior esté lo bastante clara y sin posos, sin nada de azúcar (porque no debería estar nada amargo) o si el café no es lo bastante bueno para eso con apenas una pequeña cantidad al hacerlo. Por supuesto el fondo de la taza estará lleno de posos y eso lo dejas. Pruébalo. El café francés es una perfecta tontería a su lado. Kavala sería un lugar perfecto para observar el eclipse si no puede disponerse de uno mejor. Sería un lugar tolerable para estar un par de semanas y los instrumentos podrían fácilmente llevarse allí e instalarse en un buen lugar. Lo que es también importante, un telégrafo lo conecta con puntos cuya longitud es conocida. Los habitantes parecían pensar esta mañana que yo era toda una curiosidad, pero realmente no veo por qué deberían pensarlo. Tengo mucho más que decir, te lo aseguro, y si estos días tan inactivos admiten ser descritos con tanta longitud, puedes imaginar cómo es el resto del tiempo, cuando apenas puedo encontrar tiempo para tomar lápiz y papel.

 


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Martes por la mañana

Cuando me he levantado esta mañana había estado lloviendo y había bastante humedad, neblina y nubosidad, y allí estaba para ser visto el Monte Olimpo, que parecía muy grande y como si pudiera ser perfectamente la morada de los dioses. Su base estaba oculta en la niebla. El color de la cima apenas se distinguía de la ligera nube que flotaba alrededor de ella, y parecía casi dudoso si pertenecía a la tierra o al cielo.

Esta tarde llegaremos a Salónica para permanecer allí hasta pasado mañana y quizás tomaré un caballo allí e iré a Larisa y a través de ella a Volos. Si averiguo que puedo llegar para el viernes, de modo que pueda tomar este mismo barco en Volos, lo haré, pues aunque el viaje es más largo sería un gran ahorro de tiempo, quizás una quincena completa, y también creo que sería más seguro respecto a los bandidos. Porque mi peligro es que si voy a Volos y salgo desde allí a Larisa los bandidos en Grecia oirán hablar del rico señor inglés y vendrán a mi encuentro a mi regreso. Mientras que si salgo desde Salónica estaré bien dentro del territorio turco y estaré viajando hacia Grecia tan rápido como sea posible todo el tiempo. Si averiguo que me llevaría más de tres días realizar el viaje desde Salónica a Volos iré a este último punto en el vapor y después, en una semana, volveré a Salónica en el mismo vapor de las Messageries Imperiales11

 


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para Atenas, o haré lo que me parezca mejor.

Esta mañana ha llovido bastante fuerte durante un rato, lo que es bueno porque los lugares insanos son considerados seguros una vez que comienzan las lluvias de septiembre.

 

 

Querida Amy — Por favor no olvides llevar la cuenta de todo el franqueo que pagas por estas estúpidas explicaciones de mi viaje, de modo que pueda reembolsártelo. Incluyo un tálero12 que casualmente llevaba conmigo. Por favor, reenvía las otras cartas que incluyo. Sólo tengo un sobre a mano: incluyo también la prueba de una fotografía que no es suficientemente buena como para imprimirla.


Notas

1. Se trata de la ciudad griega donde hacía escala el vapor de las Messageries Imperiales. Los empleados de esta compañía gestionaban allí la oficina postal francesa [Fuente: "Les Petits Bureaux"]. En la antigüedad se llamaba Neápolis y es donde desembarcó San Pablo procedente de Tróade en su primer viaje a Europa.

2. Ver último párrafo de la carta del día anterior y la nota 9.

3. Se trata de la famosa noble española Eugenia de Montijo (1826-1920), que se había casado con Napoleón III en 1853. Llama la atención que Peirce tuviera de salida un buen concepto de ella y que le decepcionara su rápida rendición tras la derrota militar y el apresamiento del emperador.

4. Peirce parece estar impresionado por lo que considera el declive de Francia. En su carta del día 2 de septiembre había escrito: "Lo francés está en un estado de decadencia que se debería considerar y se hundirá en la insignificancia y París saldrá de sus manos en 50 años".

5. Peirce sintió toda su vida una notable admiración hacia Alemania y considera a los prusianos como afines en sus sentimientos a los habitantes de Nueva Inglaterra.

6. El Helesponto es el nombre antiguo del actual estrecho de los Dardanelos, que comunica el mar interior de Mármara con el Mar Egeo y separa Europa de Asia.

7. Antiguo nombre de la isla turca Gökçeada, a la salida de los Dardanelos, que dejó el vapor a su izquierda.

8. Isla griega en el norte del Mar Egeo que dejó a su derecha el vapor en que viajaba Peirce camino de Porto Lagos.

9. Volos es el nombre del puerto en el fondo del golfo Pagasético y al pie del Monte Pelión desde donde Peirce había de dirigirse a Larisa, uno de los enclaves de la zona de totalidad del eclipse donde se había pensado inicialmente que podría situarse un equipo de observadores.

10. Efectivamente el acueducto, aunque es de apariencia romana, fue construido por Suleymán el Magnífico (1494-1566) para suministrar agua a los baños [Fuente: Wikipedia].

11. Se trata de la Compagnie des Services Maritimes des Messageries Imperiales, una importante compañía francesa de transporte marítimo creada en 1851 y que en 1870 hacía servicios regulares con Italia, Grecia, Oriente y Egipto [Fuente: French Lines].

12. Se trata de una moneda de plata alemana famosa en filosofía por usarla Kant como ejemplo al distinguir entre los táleros reales y los posibles: "cien táleros reales no son más que cien táleros en el mero concepto" (KrV, A 599-B 627)


Traducción de Sara Barrena (2008)
Una de las ventajas de los textos en formato electrónico respecto de los textos impresos es que pueden corregirse con gran facilidad mediante la colaboración activa de los lectores que adviertan erratas, errores o simplemente mejores traducciones. En este sentido agradeceríamos que se enviaran todas las sugerencias y correcciones a sbarrena@unav.es
Proyecto de investigación "La correspondencia europea de C. S. Peirce: creatividad y cooperación científica (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 2 de julio 2008
Última actualización: 15 de junio 2017
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