APÉNDICE Nº 16 a. Informe sobre el eclipse de sol del 22 de diciembre, 1870,
por Benjamin Peirce, LL. D., Superintendente del United States Coast Survey

[Del Coast Survey Report de 1871]



English text

 

Ciertos fenómenos astronómicos de rara ocurrencia y gran importancia para el avance del conocimiento humano se han considerado, en todos los países civilizados desde que la ciencia se ha cultivado, como cuestiones de importancia nacional. Entre ellos están los eclipses totales de sol; y durante muchos años las grandes naciones han acostumbrado a observarlos.

El primer eclipse total visible en este país desde la formación del Gobierno fue el de junio de 1806. Fue observado con precisión en diversos puntos, y se hizo una valiosa pintura de él1. No nos vimos favorecidos con otro hasta el 30 de noviembre de 1834, cuando la sombra de la luna pasó por el continente desde el noroeste al sudeste. El eclipse fue observado por el Sr. R. T. Paine, de Boston, en Beaufort, Carolina del Sur. Nuestro país no fue visitado por un tercer eclipse hasta 1860; de modo que en aquel momento ese fenómeno maravilloso era para la mayoría de los astrónomos americanos una cuestión de oídas2.

El recorrido del eclipse del 18 de julio de 1860 abarcaba desde el territorio de Washington hasta la costa norte del Labrador, y de allí, a través del océano, hasta España. Este eclipse fue observado por expediciones organizadas bajo el mando del superintendente de la Coast Survey, y los resultados están publicados en el informe de ese año. También fue observado por astrónomos de diversos gobiernos en el extranjero, y fue el primer eclipse total que se fotografió. En 1868 se organizaron expediciones británicas, francesas y alemanas para la observación de un eclipse total en la India. En esa ocasión se hicieron brillantes descubrimientos en relación al espectro de ciertas prominencias de color rosado vistas alrededor del sol en tales ocasiones; y el interés de esos descubrimientos ha ido creciendo desde entonces. En 1869 otro eclipse total fue visible en los Estados Unidos. Fue observado por grupos organizados por la Coast Survey y otros organismos del gobierno. Los resultados fueron de mucha importancia. Se tomaron por primera vez fotografías de la corona completa; se hicieron las primeras observaciones sobre el espectro de la corona; se observó cuidadosamente por primera vez la polarización radial de la corona, y el conocimiento precedente sobre esta cuestión avanzó en todas las direcciones. Los resultados de esos dos eclipses fueron de tal importancia en relación a uno de los principales problemas científicos de nuestro tiempo —la constitución del sol— que despertaron el más profundo interés alrededor del mundo. Todos aquellos interesados en la ciencia, incluso por casualidad, sintieron que el eclipse de 1870 proporcionaba una oportunidad para apartar la última oscuridad sobre la cuestión de la corona, de tal modo que no debería dejarse escapar, tanto más cuanto que no se esperaba que se observara ningún otro eclipse durante este siglo3. De acuerdo con estas ideas, el Hon. John A. Bingham, de Ohio, presentó una resolución colectiva, que fue aprobada por el Congreso y el Ejecutivo, autorizando que se organizara una expedición americana, del mismo modo que Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y España iban a enviarlas para estudiar los fenómenos de ese eclipse. La última e infeliz guerra impidió que las dos primeras naciones gastaran nada de su energía en esta emulación pacífica, pero todas las demás hicieron amplios preparativos. Los grupos americanos e ingleses actuaron en cooperación, y se proporcionaron uno a otro mutua ayuda. Es de esperar que el buen sentimiento que se engendró de esta manera tenga también influencia más allá del círculo de la ciencia. Las observaciones de ese eclipse tuvieron como resultado general la reivindicación triunfante de las observaciones americanas del año anterior, cuya novedad las había hecho algo sospechosas en Europa, así como el establecimiento de la superior precisión de las predicciones lunares americanas. Se observaron algunas características nuevas en la corona y en la cromosfera, y se multiplicaron otras observaciones. Sin embargo, este no es el lugar para entrar en los detalles de los procedimientos científicos, que se darán con toda la exactitud deseable en el Apéndice.

Con vistas a seleccionar localidades donde pudiera esperarse que las condiciones astronómicas, así como las del tiempo, fueran favorables para la observación, el Sr. Charles S. Peirce se marchó a Europa con antelación, bajo mi dirección, y, después de visitar España, Italia y la Turquía europea, recomendó la ocupación de emplazamientos en el sur de España y en Sicilia. La región oriental de Italia, sobre la que pasaba la trayectoria de totalidad, tenía el sol demasiado bajo para propósitos fotográficos. Considerando la distribución probable de los astrónomos europeos sobre la línea de totalidad, decidí finalmente enviar dos grupos, uno para ser emplazado en las inmediaciones de Jerez, en España, y el otro, bajo mi dirección personal inmediata, para ocupar posiciones en la isla de Sicilia, en la vecindad de Catania. Al seleccionar observadores aproveché los que tenían experiencia previa que, en asuntos relativos a los eclipses solares, es de mucha importancia, y cuyos anteriores servicios en las líneas especiales de tareas asignadas daban plena seguridad de que no se perdería ningún hecho que pudiera ser percibido bajo esas circunstancias.

El grupo organizado para el servicio en Sicilia tenía asignada la triple misión de hacer medidas de precisión, incluyendo la determinación de la posición geográfica y la hora local de contacto, de conseguir impresiones fotográficas de las distintas fases del eclipse y de la corona, y de analizar la corona por medio del polariscopio y del espectroscopio. Los fenómenos acompañantes también tenían que ser registrados. Para aumentar tanto como fuera posible las posibilidades del clima, el grupo fue diseminado a lo largo de un área tan grande como podía convenientemente abarcarse, una precaución que resultó de gran valor, como puede deducirse del relato de los trabajos del grupo.

Durante toda nuestra estancia se mantuvo una cooperación muy cordial con el grupo de observadores británicos, varios miembros del cual tomaron posiciones en Catania. Durante la estancia en Inglaterra y en el continente, de camino al lugar de observación, se aprovechó la oportunidad para conseguir instrumentos adicionales requeridos para nuestro propósito.

El grupo está en deuda con el Sr. Wilding, nuestro vice-cónsul en Liverpool, y con el Signor Cattaneo, cónsul italiano en ese puerto, por facilitar el paso de nuestros instrumentos a través de la aduana de Mesina. Debemos agradecimiento especialmente, por la muy eficaz ayuda prestada para recibir, almacenar y enviar nuestros instrumentos y devolverlos a Nueva York, a nuestro cónsul en Mesina, Sr. F. W. Behn, y al vice-cónsul en Catania, Sr. Augustus Peratoner. Estábamos en deuda, también, con el Prof. Lorenzo Madden y el Prof. Orazio Silvestri, de Catania, por su ayuda, y con las autoridades municipales por el permiso para usar los terrenos ocupados por los observadores.

Se mencionará brevemente la distribución del grupo en las inmediaciones de Catania y la naturaleza de los resultados obtenidos.

Nuestro asentamiento principal fue en el jardín del Convento Benedictino de San Nicolò, en la parte oeste de la ciudad, una situación seleccionada por el Asistente Charles A. Schott, quien determinó, a principios de diciembre, la latitud y la longitud, y también la hora local. El Señor L. M. Rutherfurd de Nueva York proporcionó aparatos fotográficos para su uso por el Sr. H. G. Fitz4, óptico, que fue enviado a cargo del ecuatorial5, y fue ayudado por el Sr. D. C. Chapman y Sr. Burgess, fotógrafos. Para determinar el tiempo y la latitud el Sr. Schott usó el telescopio meridiano portátil, C. S. Nº 9, y el cronómetro sidéreo, Kessels, 1287, que fue calibrado en Washington y comprobado en Londres, Berlín, Munich y Nápoles. Para comparaciones de la hora local el grupo está en deuda con el Dr. Förster, director del observatorio de Berlín; con el Dr. Lamont, director del observatorio de Munich; y con el prof. De Gasparis, director, y el Sr. Fergola, asistente, del observatorio de Capo di Monte en Nápoles.

Se registraron tránsitos durante cinco noches, y se observaron trece pares de estrellas por latitud; la longitud depende de la de Nápoles y Munich. Para asegurar la exactitud, el Sr. H. H. D. Peirce comparó los tiempos del cronómetro en Siracusa con el grupo de observadores del Observatorio Naval de Estados Unidos, verificando así la determinación de la longitud de los respectivos asentamientos. Unos cuantos cronómetros fueron calibrados por adelantado para el uso de los observadores, y se hizo una pequeña triangulación uniendo las estaciones del eclipse en el jardín con la triangulación del Dr. Peters y el barón Waltershausen, que estudiaron esas inmediaciones con anterioridad al año 1841. Es gratificante señalar la estrecha concordancia entre las determinaciones astronómicas tempranas y aquellas realizadas treinta años después. Las señales de tiempo de los heliotropos fueron enviadas y recibidas por los observadores en Catania y en el asentamiento de Monti Rossi. Mr. Schott incluyó, en su serie de posiciones geográficas, los tres lugares ocupados en el jardín del convento, dos por el grupo inglés a cargo del Sr. J. Norman Lockyer, y el otro por el Sr. J. H. Lane, de la Oficina de Pesos y Medidas de los Estados Unidos que, aunque plenamente preparado para las observaciones espectroscópicas, no pudo registrar resultados especiales por el clima desfavorable. El grupo fotográfico consiguió cuarenta y cinco negativos del sol, diecisiete durante el eclipse y antes de la totalidad, y catorce después de ella, a intervalos regulares, aprovechando los claros entre las nubes. La dirección de un paralelo de declinación fue indicada por la imagen de una línea, tan ajustada antes del eclipse que podría verse un punto solar moviéndose a lo largo de esa línea durante el tránsito. El Sr. Fitz manejó el ecuatorial y midió el tiempo de las fotografías. Se hizo un intento de asegurar una impresión durante la aparición momentánea de una porción de la corona mediante una cámara ordinaria. El momento del primer contacto fue anotado por el Sr. Schott, que fue avisado mediante una pistola disparada por un miembro del grupo inglés (la información acordada), indicando que el Sr. Lockyer ya había observado espectroscópicamente la aproximación del limbo de la luna a la cromosfera solar. Las densas nubes que vinieron por la dirección del Monte Etna, y hacia su oeste, estropearon todos los intentos de observar los momentos de los contactos interiores y del último contacto. Sin embargo, el Sr. Schott vio, a través de una rendija en las nubes, una parte de la corona, hacia el norte y el este del centro del sol, durante aproximadamente tres segundos. Aparecía en vivo contraste, casi concéntrico con el limbo de la luna, de una luz blanca plateada, extendiéndose, según la estimación, hasta aproximadamente un tercio del radio de la luna. La luz teñida de naranja-amarillo que acompaña usualmente a los eclipses totales fue vista alrededor del horizonte sur y este. El primer contacto o comienzo del eclipse, tal y como se predijo a partir de los datos en el American Ephemeris, fue sólo 3.9 segundos antes de la hora efectivamente señalada en la observación de Catania.

Mi propio asentamiento estaba unas tres millas al norte de Catania, en la villa del Marqués de San Giuliano, cuya atenta cortesía es motivo de un agradecido recuerdo. El clima fue allí más favorable que en la ciudad, y proporcionó una visión completa de la corona, cuyo estudio se convirtió en un objeto especial. El Sr. C. S. Peirce observó con un polariscopio y obtuvo buenos resultados. La Sra. de C. S. Peirce tuvo éxito al dibujar la corona, y reconoció claramente las hendiduras oscuras que habían llegado a ser materia de discusión, y que fueron fotografiadas por el Sr. Brothers, del equipo británico, en otro asentamiento. Más hacia el norte estaban situados Brevet Brigadier-General

H. L. Abbot, ingenieros de Estados Unidos, Prof. Roscoe, de Inglaterra, y Signor Amerigo da Schio, Dr. Vogel, de Berlín y otros. Su objetivo era observar los fenómenos del eclipse a la mayor altura posible en la ladera sur del Monte Etna, para compararlos con observaciones similares realizadas en asentamientos cercanos al nivel del mar. Hay que lamentar mucho que este grupo fuera sorprendido por una tormenta de nieve, que oscureció el cielo y les obligó a descender durante el tiempo del eclipse.

Unas pocas millas hacia el oeste y el norte de Catania, en una de las señales trigonométricas en la cumbre oeste del Monti Rossi, el Dr. C. H. F. Peters, de Hamilton College, Clinton, Nueva York, y el Sub-Asistente W. Eimbeck seleccionaron una posición para observar el eclipse. El Dr. Peters tenía un aparato-espectroscopio, y el Sr. Eimbeck un buscador de cometas. Este grupo también tuvo clima desfavorable, pero pudo anotar los momentos del primer contacto y del último; el último a través de una densa neblina. Los contactos interiores se perdieron a causa de una tormenta de granizo que pasaba. El Sr. Eimbeck también ayudó al Sr. Schott a registrar tránsitos y otras observaciones en Catania.

El Prof. J. C. Watson, de Ann Arbor, Michigan, ocupó un asentamiento en las tierras altas cercanas a Carlentini. El clima allí fue favorable durante el tiempo de la totalidad. El Prof. Watson hizo observaciones, que resultaron en dos dibujos a color de la corona, con un detalle y una exactitud sin par. El Dr. T. W. Parsons, en Siracusa, también hizo una elaborada representación en color del eclipse.

Se verá de este modo que mi equipo en Sicilia estaba distribuido en el norte de la trayectoria del eclipse total, mientras que los asentamientos en el sur estaban ocupados por el grupo del Observatorio Naval de Estados Unidos. Los asentamientos en la línea central estaban ocupados por los astrónomos italianos, incluyendo al Padre Secchi, al Prof. Cacciatore y otros.

Se encontrará una explicación detallada de los resultados de las observaciones en el Apéndice Nº 16 del Informe de 1870.

Aprovecho esta oportunidad para mencionar la amabilidad del Sr. Henry Suter, el vice-cónsul de Su Británica Majestad en Larisa y Bolos, quien, cuando estábamos pensando en enviar un grupo a Larisa, proporcionó todas las facilidades para que prosiguieran las investigaciones, y estaba dispuesto a continuar ayudándonos si hubiese sido conveniente ocupar un asentamiento cerca de esa ciudad.

Las observaciones que iban a hacerse en España estaban a cargo del Prof. Joseph Winlock, director del Harvard College Observatory, Cambridge, Mass., con el Asistente George W. Dean, de la Coast Survey, como oficial ejecutivo.

El equipo de once personas de los Estados Unidos estaba ya organizado en octubre de 1870. Casi todos eran observadores científicos y habían tomado parte como tales en el eclipse total de agosto de 1869.

Dos observadores ingleses y uno español se unieron a la expedición en Jerez; y es altamente gratificante que, a pesar del clima desfavorable del día del eclipse, la mayor parte de los observadores tuvieran tanto éxito.

Siendo deseable obtener por adelantado tanta información como fuera posible respecto a las condiciones meteorológicas del clima invernal del sur de España, el asistente Dean, antes de dejar Inglaterra, reunió estadísticas, que resultaron de mucho valor para seleccionar la localidad para observar el eclipse en España. Mr. Dean fue cordialmente ayudado en sus investigaciones por el astrónomo real y por varios miembros de la Royal Astronomical Society.

El Prof. Winlock, el Capitán O. H. Ernst, de los Ingenieros de Estados Unidos, el Prof. C. A. Young, el Prof. S. P. Langley, el Prof. Edward C. Pickering y otros varios miembros de la expedición navegaron desde Nueva York a Liverpool a comienzos de noviembre y llegaron a Londres sobre la mitad de ese mes. La mayor parte de los instrumentos y equipos fueron reenviados desde Liverpool a Gibraltar, llegando a este último puerto cerca del final de noviembre, y desde allí fueron enviados en un vapor a Cádiz.

La información respecto a las probabilidades del clima obtenida de los comandantes y otros mandos de los vapores que iban y venían entre Inglaterra y los puertos mediterráneos, fue confirmada por las observaciones de otros caballeros, que habían residido durante largo tiempo en el sur de España. La comparación de las afirmaciones mostró que la perspectiva de buen tiempo el día del eclipse podía esperarse en puntos sobre la costa atlántica o cercanos a ella.

Siendo favorable la posición geográfica de Jerez, con buenas facilidades de transporte mediante ferrocarril desde Cádiz, el Prof. Winlock decidió hacer los arreglos necesarios para observar el eclipse cerca de ese lugar.

El asentamiento principal estaba situado alrededor de una milla al nordeste de la ciudad, en un olivar que pertenecía a los señores Richard H. Davies y su hermano. Estos caballeros pusieron sus terrenos y edificios al servicio de nuestra expedición, y su constante ayuda y generosa hospitalidad con todos los observadores durante su estancia en Jerez es agradecidamente reconocida.

Se experimentó algún retraso al obtener madera y otros materiales, pero se resolvieron rápidamente todas las dificultades. El 16 de diciembre los instrumentos estaban en su sitio y el ayudante Dean y el capitán Ernst hicieron buenas observaciones del tiempo y la latitud, ayudados por el Sr. Henry Gannett del Harvard College Observatory.

Estas observaciones se repitieron en varias noches favorables inmediatamente precedentes al día del eclipse, en cuya fecha la latitud y la hora local en el asentamiento del eclipse habían sido bien determinadas, completando los arreglos necesarios para la observación de los fenómenos.

El día precedente al eclipse fue inusualmente agradable, pero alrededor de la medianoche las nubes empezaron a cubrir el cielo, y en pocas horas la lluvia caía rápidamente, con un fuerte viento del sudoeste. Las perspectivas de éxito en la mañana del 22 de diciembre eran extremadamente dudosas; sin embargo, cada observador continuó perfeccionando sus preparativos, con la esperanza de que antes del comienzo del eclipse las nubes se abrirían y darían la oportunidad a todos de realizar las observaciones que de todo corazón deseaban. Estas esperanzas se hicieron realidad en lo principal. El momento del "primer contacto" fue exitosamente registrado por el asistente Dean, y unos pocos segundos más tarde el fotógrafo de la expedición, Sr. O. H. Willard, de Filadelfia, obtuvo una buena fotografía del sol. Durante el progreso del eclipse, el Sr. Willard, con la ayuda del Sr. J. Mahoney, tomó catorce fotografías del eclipse, una de las cuales mostraba muy satisfactoriamente la estructura de la corona durante la totalidad. El telescopio ecuatorial usado por el fotógrafo tiene una longitud focal de aproximadamente siete pies, con una apertura de seis pulgadas y media, corregida por rayos actínicos. Este instrumento y otros varios para el servicio fueron proporcionados por el Prof. Winlock. El telescopio fotográfico usado por Sr. Gannett tenía una longitud focal de alrededor de treinta y cinco pies con una apertura de cuatro pulgadas. Este telescopio estaba firmemente ajustado en una posición horizontal, recibiendo los rayos solares desde un heliostato móvil cercano al objetivo. El Sr. Gannett obtuvo cinco fotografías en el curso del eclipse, pero debido al oscurecimiento parcial por las nubes no fueron completamente satisfactorias.

El momento en que se tomó cada fotografía fue registrado por el cronógrafo.

Las observaciones espectroscópicas del sol fueron hechas por el Prof. Winlock con dos prismas, unidos a un telescopio acromático de cinco pulgadas y media. El Prof. Winlock había ideado un aparato muy complejo para registrar las posiciones de las líneas vistas en el espectroscopio tan rápidamente como el observador pudiera señalarlas, y con una precisión igual a las medidas con un micrómetro. Antes de dejar América, cada espectroscopio para usar en España fue provisto de ese aparato, que consiste esencialmente en una punta de acero o buril que se mueve mediante un micrómetro-tornillo, de modo que al señalar cualquier línea vista en el espectroscopio se registraría la posición exacta de la línea sobre una pequeña placa de plata cuando el observador presiona la llave del buril. El Prof. Winlock observó un espectro continuo apenas perceptible, sin líneas oscuras. De las líneas brillantes, la más evidente fue Kirchoff, 1474, que fue vista en todos los espectroscopios.

El Prof. Young, de Hanover, N. H., usó un nuevo espectroscopio, recientemente diseñado por él y construido por los Sres. Alvan Clark & Sons, de Cambridgeport, Mass. Tiene una serie de seis prismas de pesado cristal de pedernal, cada uno de ellos de dos pulgadas y un cuarto de alto, y tiene un ángulo refractario de cincuenta y cinco grados. Le sigue un séptimo medio-prisma, en cuya parte de atrás se cimienta un prisma en ángulo recto por el que, después de dos reflexiones completas, la luz es devuelta a través de la parte superior de la misma serie de prismas hasta que alcanza el telescopio que observa. El Prof. Young ha publicado una descripción de este instrumento en nuestras revistas científicas.

Con este espectroscopio unido al ecuatorial de Dartmouth College, que tiene una longitud focal de nueve pies y una apertura de seis pulgadas y media, el Prof. Young fue capaz de ver las ocultaciones de las protuberancias, y anunciar la aproximación de la luna varios segundos antes del "primer contacto". Con la apertura del espectroscopio situada tangencialmente en el momento del oscurecimiento, el campo del instrumento estaba lleno de líneas brillantes.

El Sr. Pye, un joven caballero que ayudó al Prof. Young, vio esto con un espectroscopio de un prisma.

El Sr. Abbay, de Wadham College, Oxford, también observó con un espectroscopio y sus resultados fueron publicados poco después en las revistas inglesas.

El Prof. Langley, de Allegheny, Pa., observó la estructura de la corona con un gran acromático de cuatro pulgadas de apertura, y una potencia de aproximadamente ciento cincuenta. Explica que, tras el más riguroso escrutinio de la parte más cercana del sol, no se vio nada más que una luz difusa casi uniforme, excepto que se observó que un rayo oscuro en el campo estaba absolutamente recto, y casi radial. El esbozo de la corona era a grandes rasgos cuadrangular, con la diagonal más larga en un ángulo de casi cuarenta y cinco grados con la vertical. El Prof. Langley también usó un polariscopio de Savart, que estaba unido a un pequeño telescopio de una pulgada y media de apertura. Durante la totalidad se vieron claramente las bandas en la corona, y eran más brillantes donde eran normales y tangentes a ella. A medida que el polariscopio se giraba lentamente, no se apreció ningún cambio señalado de su brillantez en toda la revolución, y presentaban la apariencia y características de la polarización radial.

El capitán Ernst ocupó una posición elevada a alrededor de media milla al noroeste del principal asentamiento del eclipse. Sus observaciones fueron sobre el aspecto general de la corona y el paisaje durante la totalidad. El Sr. Gordon, que reside en las proximidades, estaba en el mismo asentamiento, e hizo un excelente boceto de la corona.

El Prof. Pickering, de Boston, ocupó también el asentamiento antes mencionado, y usó sucesivamente un polariscopio Arago, uno de la forma Proymowski y un Savart, y obtuvo resultados similares con cada uno, que indicaban la polarización radial de la corona.

Se observó que la luz que cubría el disco de la luna estaba polarizada a través del mismo plano, y las observaciones mostraron que el Arago y otros polariscopios dependientes del color eran lo suficientemente precisos para determinar el plano con exactitud.

El Sr. Ross, en el mismo asentamiento, usó una modificación del fotómetro Bunsen, y obtuvo diversas medidas concordantes, mostrando que la luz era casi igual a la de una vela ardiendo a una distancia de dos pies.

Mientras se estaban realizando las observaciones preliminares en el asentamiento del olivar en Jerez se estableció una línea-meridiano de ciento cuarenta y seis metros de longitud, y fue cuidadosamente señalada con postes de piedra por el asistente Dean.

Con la amistosa cooperación del Capitán Pujazón, director del Observatorio de San Fernando, también se hicieron arreglos para intercambiar señales horarias mediante telégrafo, con el propósito de determinar la longitud del asentamiento del olivar, pero el continuo tiempo tormentoso impidió la ejecución de este trabajo. El asistente Dean reconoce la valiosa ayuda prestada por el Capitán José S. Montop, jefe de la agencia española de estudios de la costa que, además de otros datos proporcionados, se ofreció amablemente a conectar el asentamiento americano del eclipse con la agencia española mediante triangulación.

Las observaciones del Capitán Montop sitúan la longitud de nuestro asentamiento del eclipse en Jerez 4’ 55’’.3 o 19ª.7, al este del observatorio de San Fernando, que daría para el asentamiento del olivar aproximadamente 4h.43m.42s.1 al este de Washington.

La expedición fue exitosa, y se han obtenido resultados de gran valor. En el Apéndice (Nº 16 del informe de 1870) se encontrarán los detalles señalados por los diversos observadores.

 

*Agradecemos la ayuda de la documentalista Jacin Luna para los enlaces de esta página.


Notas

1. Simeon de Witt (1756-1834) comunicó a la American Philosophical Association en 1807 sus observaciones sobre el eclipse y envió la pintura que había hecho el pintor Ezra Ames (1768-1834) y que lamentablemente se ha perdido [N. de la T.].

2. El Sr. G. P. Bond había observado el eclipse de 1851 en Suecia.

3. No obstante, el Gobierno británico había enviado grupos a otro eclipse en 1871 en la India y Australia, y tres astrónomos americanos habían sido invitados, a través del superintendente de la Coast Survey, a unirse a esa expedición.

4. Se trata del fabricante de telescopios Henry Giles (Harry) Fitz (1847-1939) que había heredado el negocio de fabricación de telescopios a la muerte de su padre en 1863.

5. Se refiere al llamado soporte ecuatorial de un telescopio, que consiste en inclinar la base horizontal hasta que esté paralela al plano ecuatorial de la tierra. [N. de la T.].


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Traducción: Sara Barrena (2010)

Proyecto de Investigación "Correspondencia europea de Charles S. Peirce: creatividad y cooperación científica" (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 4 de marzo 2010
Última actualización: 27 de noviembre 2012

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