Carta de Amy Fay a su hermana Zina
(Berlín, 16.05.1870)



En esta carta Amy Fay describe a su hermana Zina, esposa de Charles S. Peirce, sus reacciones ante la muerte de su cuñado, Benjamin Peirce, el 22 de abril, con quien había estado comprometida sentimentalmente.

El original de la carta se conserva en la Schlesinger Library del Radcliffe Institute en Harvard [78-M105--81-M126, Series I, Box 1]), entre los Fay Family Papers, 1800-1953. La reproducción de la carta ha sido hecha a partir de una fotografía del original. Para la transcripción se ha tenido en cuenta la que preparó Sylvia (Wright) Mitarachi, sobrina nieta de Amy Fay, accesible también en la Schlesinger Library.
Letter transcription

 

Berlín, 16 mayo 1870

 


Mi querida Zina

Recibí tu carta con la noticia de la muerte de Ben anteayer1, y como he logrado ahora la calma que da la desesperación puedo contestarla. Sufrí la más completa tortura durante toda la semana después de tu primera carta anunciándome su enfermedad, aunque no tenía mucha duda de que moriría, pues ese telegrama del médico fue suficiente para mí. Pero aun y todo "mientras hay vida hay esperanza", y parecía tan monstruoso que se marchara que no podía llegar a creerlo. Tu segunda carta puso fin a mi suspense, aunque no fue un alivio. He sufrido toda una agonía durante su enfermedad y su muerte, y supongo que seguiré agonizando hasta la mía. Pensar que ha tenido que estar enfermo durante tres largos meses y que ha visto cómo su fin iba aproximándose, y que nadie ha tenido ni idea de su estado real excepto quizá Kate2. Ella parece haber percibido de inmediato la seriedad de su enfermedad, pero, como no volvió a verle y escuchó que estaba mejor, no vio de nuevo el peligro que corría. Yo me sentí muy intranquila hace dos meses cuando ella me dijo que tenía esa garganta llagada, pues sé por

mi experiencia pasada qué peligroso y debilitante es una garganta ulcerada. No sabes cuánto me costó sobreponerme a los efectos de la mía, aunque yo solo estuve en cama dos semanas. Es también un sufrimiento terrible. Pobre querido Ben, qué habrá hecho consigo mismo todo ese tiempo. Es la cosa más triste que he escuchado nunca, y como tú dices no hay ninguna circunstancia aliviante. No creo que nada hubiera podido salvarlo, ni siquiera el mejor médico y la mejor enfermera del mundo, pues su constitución ya estaba rota por esa terrible enfermedad de hace un año, y el verano pasado yo pensaba con frecuencia que estaba tristemente cambiado, ya que estaba tan nervioso y tan delgado. Cada pocas semanas tenía pleuresía. Fue una completa locura suya haber vuelto a Ishpeming en lo más crudo del invierno, y en particular porque ya estaba enfermo cuando estaba en casa. Cómo pudo haberlo hecho, y cómo su familia pudo permitirlo después de la advertencia del último año. ¡No me lo puedo imaginar! Pero supongo que no lo recordaban. Parece casi como si Ben deseara morir, ya que dio tal paso y después de enfermar no hizo ningún esfuerzo por salvarse. En muchos aspectos era perfectamente como un niño y era la última persona a la que debía dejarse sola. ¡Oh! Creo que si yo hubiera podido casarme con él y cuidar de él estaría hoy vivo y bien, o al menos si hubiera muerto habría


tenido una buena enfermera hasta su último aliento, pues yo sé por instinto como arreglármelas con personas enfermas. Lo peor de todo es que hemos estado tan separados uno de otro los dos últimos años que todo el mundo ha sabido más de él que yo, quien más le amaba. Tú dices que quizás él esté ahora más cerca de mí y me conozca tal y como soy. ¡No! No lo creo. Él ya me conocía como soy en la tierra, pues era muy agudo y no creo que él se confundiera conmigo nunca en su vida, y creo que en lo secreto de su corazón todavía sentía afecto por mí. Por qué tenía que separarse de mí o tenía que permitir que las circunstancias nos separaran es uno de esos misterios inexplicables que no puedo comprender. Consideraciones familiares, la falta de dinero, y pienso que su vieja historia con Fannie Porter3 le influyeron, y después esa carta que le escribiste y los encantos de Kate hicieron el resto. Yo le escribí una nota a finales de marzo, pero supongo que no le llegó. Él me dijo una vez que, si moría, yo debía pedirle a Jim4 que me diera las cartas que me escribió hace cinco años y que había guardado en una caja que dejó a cargo de Jim. ¿Le pedirás a Jim que si las encuentra te las dé a ti para que las guardes para mí? No lo sé, pero Jim puede haberlas destruido desde entonces; si no es así me gustaría conservar todo lo que tenga su escritura. ¡Pobre Sra. Peirce! Puedo imaginarme

 

que su corazón ha de estar en efecto roto, y Helen, también, debe sentirlo terriblemente. Todo el invierno me ha oprimido el pensamiento de la muerte, y nunca antes había tenido tanto en mente esa cuestión. Yo lo atribuía a estar en un lugar extraño y bastante sola, pero ahora pienso que sin saberlo debo haber tenido una sutil sintonía con Ben. Pero me parece tan extraño que haya podido morir y que haya sido enterrado sin que yo haya tenido ningún presentimiento de ello. Me alegra que no le pusieran en Mount Auburn, pues a mí tampoco me gusta, y es un gran consuelo para mí saber que yace en un nicho provisional y que no está todavía bajo tierra. Espero que su tumba esté en algún lugar cercano donde pueda ir a menudo y poner flores. ¿Dónde fue enterrado Con5? Ese es el único pensamiento agradable acerca de la muerte de Ben, que él y Con se encontrarán. Él me dijo el verano pasado que había querido tanto a Con y que él era su amigo más querido. Fue justo después de la muerte de Fred Ware6, que tanto le entristeció, en agosto, cuando dijo "primero se fue Con, ahora Fred se ha ido y el siguiente seré yo". Me alegra tanto que en la tierra adonde ha ido no esté tan solo. Él había tenido durante varios años esa sensación de que no viviría mucho. ¿Tuvo al final una muerte tranquila?

 

 

Me alegra mucho que enviara a buscar al sacerdote católico. Debe de haberle consolado mucho. Sé que tenía una inclinación hacia la Iglesia Romana, pues cuando estábamos prometidos a Ben le gustaba mucho hablarme acerca de San Sulpicio y Notre Dame, y solía decir que la Iglesia Romana era la Iglesia verdadera. Fue a ese gran servicio que tienen en la víspera de Navidad a una de esas iglesias de París y le causó una gran impresión. La música era tan maravillosa que casi le convirtió. Estoy muy ansiosa por saber de Kate y de cómo ha llevado ella esta aflicción, pues estaba unida a Ben de una forma peculiar y no me sorprendería que le hubiera hecho enfermar. ¡Oh! ¡Qué triste es esta vida! ¡Que podamos amar tanto a la gente y no seamos capaces de hacer nada por ellos, o de controlar la menor circunstancia de sus vidas! Podemos ofrecer nuestras oraciones por ellos día tras día y Dios hace oídos sordos. Nunca más voy a rezar por la gente. Pienso que es una tontería, y ayer estaba reflexionando acerca de que en la oración del Señor, que es nuestro modelo, no se hace ninguna mención a los propios amigos. El pan de cada día es la única cosa por la que se nos permite rezar fuera de nuestras cuestiones espirituales. He estado bastante

 

 

preocupada por ti últimamente, pues sé que estás haciendo demasiadas cosas al mismo tiempo. Tus cartas tienen una especie de tono tenso, como si tu cerebro estuviera trabajando demasiado deprisa. Deberías ser más prudente. No es nada económico mantenerse a la más alta presión todo el tiempo. No puedo hacerme a la idea de que tu Cooperativa haya comenzado realmente, y tengo mucha curiosidad por ver cómo va a funcionar. Debe de ser un inmenso trabajo ponerla en marcha. Hemos tenido un tiempo horrible esta primavera [...]

 

 

 

Encontré tu terrible carta cuando llegué a casa, pero pasó mucho tiempo antes de que pudiera decidirme a abrirla, aunque bien sabía lo que debía de contener. Escribí ayer a Kate, de modo que no necesitas enviarle esta carta. Cuídate, pues desde la muerte de Ben estoy intranquila por todo el mundo. ¡Oh, Dios! ¡Qué duro es esto! Da mi mayor cariño a todos y especialmente a Charlie, y créeme como siempre tu querida

Amy



Muchas gracias por las revistas y los artículos. Los disfruto mucho. ¿Cómo ha terminado el caso McFarley?

 


Notas

1. Benjamin Mills Peirce falleció el 22 de abril de 1870 en Ishpeming a la edad de 26 años. Se graduó en Harvard en 1864 y se trasladó a París a estudiar ingeniería en la École Polytechnique. Vivía en el Barrio Latino y los testimonios cuentan que era un hombre de talento brillante, pero de vida desordenada que le llevaría incluso a meterse en la turbulencia política de París de la época. En la Houghton Library se conserva el diario de Benjamin M. Peirce en París durante 1865 (L 672). También la agenda de su último año de vida. Por el tenor literal de esta carta se ve claramente que en su juventud había tenido una relación sentimental con Amy Fay. En las Early Memories (pp. 159-160) de Henry Cabot Lodge se recoge una excelente descripción del joven Benjamin en París. Hay también más información en Joseph Brent, Charles S. Peirce: A Life Bloomington: Indiana University Press, 1993, p. 77].

2. Katharine Maria Fay (1849-1928) se casó en 1871 con William Eben Stone.

3. En la correspondencia de Benjamin M. Peirce que se conserva en la Houghton Library hay una colección de 18 cartas de Fanny L. Porter a Benjamin, datadas entre el 19 de noviembre de 1865 y el 12 de junio de 1866 (L 667). Fanny Porter se casó en 1874 con el geólogo Grove Karl Gilbert (1843-1918).

4. No sabemos quién es Jim, quizás se trate de James Mills Peirce a quien llamaban Jem.

5. Se trata muy probablemente de Constant F. Davis (1844-1867), graduado en Harvard en 1864. En la correspondencia de Benjamin M. Peirce que se conserva en la Houghton Library hay una colección de 10 cartas de Benjamin a Constant Davis entre el 19 de julio de 1857 y el 28 de enero de 1863 (L 667). Constant moriría de enfermedad en Río de Janeiro en 1867 acompañando a su padre, el almirante Charles Henry Davis (1807-1877). Su tumba se encuentra en Cambridge Cemetery.

6. Se trata de Frederick Ware (1846-1868) que se graduó en Harvard con Benjamin Mills Peirce. Se conservan dos cartas de Benjamin a Frederick Ware del 24 de septiembre de 1857 (L 667) y cinco cartas de Frederick a Benjamin (L 668).


Traducción de Sara Barrena (2011)
Una de las ventajas de los textos en formato electrónico respecto de los textos impresos es que pueden corregirse con gran facilidad mediante la colaboración activa de los lectores que adviertan erratas, errores o simplemente mejores traducciones. En este sentido agradeceríamos que se enviaran todas las sugerencias y correcciones a sbarrena@unav.es
Proyecto de investigación "La correspondencia europea de C. S. Peirce: creatividad y cooperación científica (Universidad de Navarra 2007-09)

Fecha del documento: 21 de septiembre 2011
Última actualización: 31 de julio 2013
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