| Eugenio d'Ors | |
WÖLFFLIN |
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I |
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(«Novísimo Glosario», Arriba 28-VI-1944, p. 3; recogido en Novísimo Glosario, Aguilar, Madrid, 1946, pp. 238-240) |
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La nota de malogro, que nos amarga al conocer el destino luctuoso de tantas víctimas de la guerra, no se repetía en la información, que no tardaba en desmentirse, que ha dado por cierta la desaparición de Heinrich Wölfflin. Ni por su edad, nacido como fue en Winterthur, en 1864, el mismo año, si no me equivoco, en que vieran la luz Unamuno y Gabriel d'Annunzio; ni por su obra y gloria, universalmente celebradas, desde la década penúltima del siglo pasado, en que fue recibida con tanta sorpresa como admiración su obra juvenil Renaissance und Barock, hasta el trabajo sobre Italien und das deutsche Formgefühl, cuando su académica jubilación en Zurich y cuando, por benévola indicación suya, aquella Universidad había acogido una disertación nuestra sobre la escultura policromada española. Wölfflin había estudiado en Munich y en Basilea, donde fue discípulo de Jakob Burckhardt. Había vivido en Italia, profesado en Basilea y en Berlín, aquí desde el año 1901 hasta el 1912; en Munich, hasta 1925; en Zurich, hasta su jubilación. Sus principales obras, además de las citadas, son: Die klassische Kunst y los Kunstgeschichtliche Grundbegriffe, esta última, traducida al español. Por legión contáronse sus discípulos y los escritores influídos por él. Alguna vez hemos oído lamentar que su enseñanza no resultara muy asidua, cortada como fue a menudo por los italienische Reisen, a que le atraía aquella pasión, tan característica en el germánico, y que el mismo Wölfflin había de glosar en la obra antes aludida. A la categoría de crítico de arte, con cuya mención se ve repetidamente aludido, cabría quizá oponer el hecho de que el nombre de Heinrich Wölfflin no vaya asociado para nosotros a ninguna revisión de los juicios sobre una obra en concreto, ni sobre un artista particular —ni siquiera Alberto Durero, tema de uno de sus estudios—, ni de los relativos a una escuela o a una época. Más que el título de crítico le conviene el de filósofo del arte, y para decirlo con toda exactitud, el de filósofo de la Historia del Arte. Por lo que a la crítica se refiere, su acción ha tenido más bien un carácter negativo: con ella se viene a negar la posibilidad de una existencia autónoma a la crítica de arte. Por un lado, el análisis formal de los elementos materiales de la obra artística reemplazaba el dictamen por la tectónica. Por otro lado, la consideración de aquella obra como signo expresivo de una totalidad de cultura venía a absorver, en la historia general de ésta, la Historia del Arte… Providencialmente fecundo para la renovación de la crítica en los demás, el descubrimiento de estas fuentes no permiten, con todo, considerar como crítico a su zahorí. Por las mismas razones que a nosotros nos movieron recientemente a no tomar como un místico, en el sentido propio de la palabra, a un técnico, a un profesor de misticismo, según lo fue San Juan de la Cruz. |
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II |
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(«Novísimo Glosario», Arriba 29-VI-1944, p. 3) |
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¿Nos atreveremos a decir, sin mengua en el presente homenaje, que la tentativa de Wölfflin, de reducir la historia del arte a la historia de la cultura, debe considerarse fracasada; y eso, por culpa de haberse quedado el autor a medio camino?… Alcanzada la verdad de que es imposible separar el Espíritu en secciones, en el interior de una de las cuales —y sin recurso a otra explicación que las derivadas de allí mismo, el arte hubiese tenido leyes especiales y evoluciones autónomas—, convenía obtener igualmente otra verdad: la de que es imposible separar en el espíritu etapas cronológicas, sometidas a la determinación del tiempo. Así, al razonamiento sobre los fenómenos históricos como conjuntos, había que añadir la explicación de algunos de ellos como constantes. A tanto, Wölfflin no llegó. |
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| Última actualización: 16 de mayo de 2007
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