COMMUNICATION-SOCIETY.COM ENGLISH VERSION
Comunicación y Sociedad Universidad de Navarra | Facultad de Comunicación
ÁREA DE USUARIOS

Nombre de Usuario: Contraseña:
Ok Deseo registrarmeHe olvidado mi contraseña
GoogleDENTRO DE C&S Ok

Calidad Revistas Científicas Españolas
VOL.
31(3)/
2018
Autor / Dolors PALAU-SAMPIO Associate Professor. Language Theory and Communication Sciences Department. Faculty of Philology, Translation and Communication. University of Valencia. Spain.
Artículo / Fact-checking y vigilancia del poder: La verificación del discurso público en los nuevos medios de América Latina
Contenidos /

1. Introducción

Los proyectos dedicados al fact-checking han experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años (Spivak, 2011; Stencel, 2016), como una herramienta esencial para revisar y comprobar declaraciones públicas y promesas, o para certificar la veracidad de las cifras y datos expresados ​​en ellas, “a style of reporting dedicated to assessing the truth of political claims” (Graves, Nyhan & Reifler, 2016, p. 1). En este sentido, los fact-checkers o verificadores de datos centran su atención de forma particular en aquellas declaraciones basadas en hechos verificables (Amazeen, 2015, p. 4), en la línea que subraya el American Press Institute:

 

Fact checkers and fact-checking organizations aim to increase knowledge by re-reporting and researching the purported facts in published/recorded statements made by politicians and anyone whose words impact others’ lives and livelihoods. Fact checkers investigate verifiable facts, and their work is free of partisanship, advocacy and rhetoric (Elizabeth, 2014).

 

Spinsanity, la primera plataforma dedicada al fact-checking, vio la luz en USA en 2001, de la mano de tres recién graduados, que presentaban su proyecto como “a nonpartisan watchdog dedicated to unspinning misleading claims from politicians, pundits and the press” (Spinsanity, 2004), en un intento de hacer frente al peso creciente de la retórica política. Un año antes de su desaparición se puso en marcha la web sin fines de lucro FactCheck.org (2003), a la que siguieron en 2007 las iniciativas surgidas en dos medios convencionales: The Fact Checker (Washington Post) y PolitiFact (St. Petersburg Times, ahora Tampa Bay Times). Entretanto, la televisión británica Channel 4 lanzó en 2005 un blog para hacer un seguimiento de las elecciones parlamentarias, que fue el germen del espacio Fact Check. En Francia, los periódicos Libération y Le Monde abrieron el paso a las iniciativas de fact-checking –con las secciones Désintox (2008) y Les Décodeurs (2009), respectivamente–, mientras en Alemania Der Spiegel introdujo estas prácticas en 2012, un año antes de que el programa El objetivo (La Sexta), hiciera lo propio en España. Chequeado, creado en Argentina en 2010, es un medio pionero en Latinoamérica y una referencia en la región, cuyos medios centran la atención de este estudio.

El informe publicado por el Duke Reporters’ Lab en junio de 2017 destaca la existencia de 126 sitios web y organizaciones dedicadas al fact-checking en activo (Stencel, 2017), un 24% más que el año anterior y el doble de los incluidos en el de 2015 (Adair & Thakore, 2015). Presentes en 26 países europeos y ocho latinoamericanos, estas iniciativas se extienden por todo el mundo. En USA, la apuesta por el fact-checking ha aumentado más de un 900% desde 2001, en el caso de la prensa, y un 2.000% en los medios audiovisuales (Amazeen, 2013; Adair & Thakore, 2015; Adair & Sentencel, 2016). Más allá de las cifras, la pujanza de este movimiento internacional de verificación se refleja en la celebración de encuentros internacionales como el Global Fact –la cuarta edición reunió en Madrid a casi 200 profesionales de medio centenar de países en julio de 2017– y en la creación de la International Fact-Checking Network (IFCN), en 2016.

 

2. Marco conceptual

La emergencia del fact-checking representa, en cierta medida, una paradoja (López, Rodríguez & Álvarez, 2016), por su carácter de nueva-vieja modalidad profesional, en el sentido que la verificación de datos que se publican constituye la esencia del trabajo periodístico y un elemento fundamental para garantizar la calidad (Gómez Mompart, Gutiérrez & Palau, 2013). Sin embargo, en las últimas décadas, estos departamentos, presentes en periódicos y revistas de referencia, han sido una de las principales víctimas de la crisis de los medios (Fole, 2012). La rápida difusión del fact-checking se explica por la conexión con los valores centrales del periodismo profesional, pero constituye, al mismo tiempo, un desafío a las estrechas aproximaciones de la llamada objetividad periodística y a las normas que apuestan por una deliberada neutralidad (Graves, Nyhan & Reifler, 2016), en el sentido que rechaza la simplificadora apuesta un “él dijo, ella dijo” (Graves, 2016), para ofrecer una interpretación del contexto (Barnhurst, 2014; Fink & Schudson, 2014).

El fact-checking se plantea como objetivo contribuir de forma más eficaz a la exigencia de responsabilidad de los representantes públicos y a la mejor información de los ciudadanos, un punto clave para fortalecer la democracia (Nyhan & Reifler, 2014). En buena medida su viabilidad depende de la percepción, de que sea aceptada como una actividad imparcial, “rendering judgment as to whether a claim is factually true” (Amazeen, 2015, p. 4). Esta comprobación se presenta a menudo como una poderosa herramienta para regenerar y reformar la profesión, un nuevo enfoque periodístico “that fulfills its promise to help voters understand politics” (Nyhan & Reifler, 2014). A pesar de que los periodos electorales implican un momento de actividad máxima, la comprobación de hechos “clearly is not just for political campaigns anymore” (Graves & Glaisyer, 2012, p. 3) y se extiende más allá del ámbito de la política (Amazeen et al, 2015: 20). En ese sentido, “takes aim not just at campaign ads and formal debates but at speeches, interviews, emails, flyers, press releases, offhand comments—at any claims made in any forum by candidates, their staffs, or the wider political commentariat” (Graves & Glaisyer, 2012, p. 3). Los investigadores subrayan la importancia de distinguir claramente entre periodistas y verificadores de datos que responden a una agenda política (2012, p. 6) y destacan que la verdadera explosión en la verificación de hechos, en particular desde 2008, se ha producido dentro de las filas del periodismo profesional (2012, p. 2) y ha operado a través de tres mecanismos específicos:

 

Changing people’s minds. To provide an effective counterweight to misinformation about any given issue, fact-checking must present the relevant facts to the right audiences in a way that encourages them to question misleading claims.

Changing journalism. A goal of many fact-checkers— and especially of media critics who factcheck news reports—is to encourage journalists to not just report competing claims but to assess them, and to challenge politicians who attempt to mislead the public.

Changing the conversation. By exposing political deception, fact-checkers and journalists in general may exert pressure on political figures to retreat from misleading claims—and perhaps discourage them from making such claims in future (Graves & Glaisyer, 2012, p. 3).

 

El panorama de proyectos asociados al fact-checking desafía cualquier intento de categorización (Graves & Cherubini, 2016) y se presenta como una especie de rompecabezas insólito, una combination de “divergent practices, missions and organizational forms, a broadly shared concern with promoting democratic discourse and accountable government unites various fact checking groups” que integran “a transnational movement which includes journalists and non-journalists engaged in practicing and promoting an emergent form of accountability” (Graves, 2018, p. 14). No obstante, Graves & Cherubini optan por diferenciar entre dos modelos, con una adscripción de tipo más profesional, asociada a los medios tradicionales (newsroom model), y otro de carácter alternativo o sin ánimo de lucro (NGO model). El primero, incubado dentro de los propios medios –característico de la Europa noroccidental y de USA–, cuenta con la ventaja de disponer de plataformas y recursos para su desarrollo, aunque también de las limitaciones de estar adscritos a una línea editorial (2016, p. 8-10). El segundo –asociado en ocasiones a medios convencionales para la difusión de su actividad–, está exento de las presiones empresariales y desarrolla su actividad gracias a la aportación de fundaciones y entidades volcadas en impulsar el desarrollo de instituciones democráticas, con una presencia importante tanto en la Europa del este (2016, p. 10-11) como en Latinoamérica.

Graves & Cherubini distinguen tres perfiles de fact-checkers que, en ocasiones, se solapan: reporteros, activistas y expertos. De hecho, los resultados de una encuesta entre fact-checkers europeos muestra que un 60% se identifica claramente con el rol de periodista, el 30% con el de activista y un 23% con el de experto o analista en un determinado campo (2016, p. 12).

 

2.1. Proceso de evaluación

La diversidad de modelos se expresa en una variedad de prácticas que incluyen desde extensos artículos explicativos que citan a múltiples expertos a otros que recurren a un estilo conciso, que prescinde del contexto explicativo y la apertura a otras perspectivas (Graves, 2018, p. 625). Casi el 80% de los verificadores de datos utiliza algún tipo de escala de verdad (Stencel, 2016); sin embargo, otros lo consideran poco científico y reductivo (Graves, 2018, p. 626). En general, predomina la clasificación a través de iconos frente a la corrección contextual y, aunque no existen evidencias de que un formato sea más efectivo que otro como método de corrección “the ability to choose did have at least one benefit: people who were given a choice of what type of correction to view evaluated the factchecking organization more favorably” (Amazeen et al, 2015, p. 18).

No sólo el número sino también la legitimidad de los sitios de comprobación de hechos ha aumentado en los últimos años (Lowrey, 2015, p. 15). No obstante, Uscinski & Butler apuntan algunos desafíos metodológicos: “1) selection effects; 2) confounding multiple facts or picking apart a whole; 3) causal claims; 4) predicting the future; and 5) inexplicit selection criteria” (2013, p. 164-175). Ante la falta de un procedimiento normativo para desarrollar el fact-checking, Elizabeth & Mantzarlis (2016) apuntan algunas sugerencias que deben tenerse en cuenta antes de publicar las verificaciones. Los autores subrayan la importancia no solo de incluir el link a la fuente original usada, sino de ser transparentes con la audiencia: “Just as readers need to know the source of your facts, they also should know why you choose the statement you’re checking. Make it part of your fact-check format. Be specific in noting why the statement matters”. La transparencia pasa también por los pasos que se siguen – “procedures should be standardized and explained with every fact check”– y la justificación del tema elegido para la verificación: “You can’t fact-check an opinion. You can’t check a prediction (...) And it’s pointless to check a statement that’s unimportant, nitpicky, or simply a minor slip of the tongue”.

Entre las recomendaciones, Elizabeth & Mantzarlis abogan por un tono informativo –“Be especially careful not to sound flippant or dismissive”– y una actitud diligente en caso de seguimientos y correcciones, al tiempo que enfatizan la necesidad de mantener canales de comunicación abiertos con la audiencia –“Ask your readers for feedback and suggestions, and let them know you’ve heard them”– y de ofrecer una información continua sobre los métodos de trabajo –“Let readers know that you have a standard, step-by-step methodology for conducting each fact check. No two fact checks are alike, certainly, but following the same set of guidelines for writing and publishing your fact check will help increase trust in the content and decrease accusations of bias”– y el código ético: “Your organization has a code of ethics or principles, right? (Right?) Publish it alongside your fact-checking content” (2016).

El código de principios por el que se rige la International Fact-Checking Network incluye buena parte de estas recomendaciones, recogidas en cinco puntos: 1) compromiso con la independencia y la imparcialidad; 2) transparencia de las fuentes; 3) transparencia en la financiación y organización; 4) transparencia con la metodología; y 5) compromiso con una corrección abierta y honesta (IFCN, 2016).

 

2.2. Recepción e impacto

Pese a la creciente difusión del fact-checking, apenas existen estudios sobre la recepción social de esta actividad (Graves & Glaisyer, 2012, p. 10; Nyhan & Reifler, 2014). No obstante, investigaciones recientes, como la llevada a cabo en USA para conocer la aceptación de la iniciativa en la campaña electoral de otoño de 2014, muestran resultados alentadores: “Though many Americans are not familiar with the practice, the public generally holds very favorable attitudes (…) when people are randomly exposed to fact-checking, they not only come to view the practice even more favorably but they learned real information about politics” (Nyhan & Reifler, 2014, p. 13). Tampoco pasa desapercibida para los políticos: “The best evidence that politicians pay attention to fact-checkers may be how heatedly their staffs complain after a negative review” (Graves & Glaisyer, 2012, p. 11).

La confianza en el formato y la disposición a aceptar la información proporcionada por los fact-checkers, recalcan los autores, depende de aspectos como la orientación política. En este sentido, en USA los republicanos se muestran más reticentes que los demócratas a la hora de asumir el resultado de las verificaciones, especialmente aquellos con mayor conocimiento de la situación política (Nyhan & Reifler, 2014, p. 11-15). Frente a críticos como Uscinski & Butler, Amazeen subraya que el fact-checking puede ser efectivo para corregir informaciones erróneas y contribuye a incrementar la percepción de confianza en los medios que apuestan por esta práctica (2015, p. 16). Las investigaciones de Amazeen et al. sugieren que esta técnica favorece un mejor conocimiento de la realidad y que, en aquellos temas que exceden el ámbito de la política, resulta útil incluir una explicación contextual (2015, p. 17-18). En cambio, en la verificación de cuestiones políticas, más que el formato de corrección, influye la adscripción ideológica del receptor: “[P]eople find fact checkers more credible when they correct the opposition and less so when they correct one’s own party and regardless the efforts to release new formats, partisans will complaint” (Amazeen et al, 2015, p. 18).

Pomares & Guzmán advierten de la dificultad que implica medir el impacto del fact-checking, pero apuestan por técnicas cuantitativas y cualitativas que permitan conocer el efecto a tres niveles: la influencia sobre las élites políticas (a través de entrevistas a asesores para conocer si tienen en cuenta los resultados en sus estrategias); las referencias realizadas por medios de comunicación y candidatos de los chequeos; y las encuestas a ciudadanos, sobre su conocimiento y valoración de estas prácticas (2015, p. 9-10). La complejidad que envuelve el proceso de fact-checking, la exigencia en términos de tiempo y recursos, constituye un freno importante a su universalización:

 

Journalists have to spend hours going through transcripts of speeches, debates and interviews to identify claims they will research.

Also, fact-checking requires advanced research techniques. While ordinary journalism can rely on simple “on-the-one-hand, on-the-other-hand” quotations, a fact-check requires more thorough research so the journalist can determine the accuracy of a claim.

Fact-checking also requires advanced writing skills that go beyond “just the facts” to persuade the reader whether the statement was true, false or somewhere in between. Fact-checking is a new form that has been called “reported conclusion” journalism (Hassan et al, 2015, p. 3)

 

La necesidad de ofrecer resultados en un lapso más breve de tiempo –por ejemplo, durante un debate electoral– y de incrementar el número de declaraciones revisadas sitúa el futuro del fact-checking en un escenario de automatización, en la línea en la que trabajan diversos investigadores (Ciampaglia et al, 2015; Hassan et al, 2015) o algunas iniciativas puestas en marcha por PolitiFact (Adair, 2016), Washington Post o Full Fact (Davies, 2016; Babakar, 2017). Pese a las ventajas del fact-checking a la hora de ofrecer contenidos duraderos, atraer audiencias y motivar su participación en el debate público (Graves & Glaisyer, 2012: 10), Lowrey incide en los retos económicos que plantea y la dificultad de compatibilizarlo con opciones más comerciales, “because rigorous fact-checking consumes considerable staff resources (…), and their declarative, non-neutral nature may not play well with advertisers” (2015: 15).

Entendida como una técnica innovadora, algunos autores explican que la expansión del fact-checking responde a la emulación de propuestas implementadas por medios y profesionales de referencia, ganadores de prestigiosos premios periodísticos (Graves, Nyhan & Reifler, 2016) o a la voluntad de hacer frente a situaciones de rivalidad e incertidumbre (Boczkowski, 2010). Sin embargo, junto al incremento de proyectos que han abrazado el fact-checking, el informe del Duke Reporters’ Lab revela también que un tercio de las iniciativas puestas en marcha en los últimos años –64 de las 190 documentadas (julio 2017)–, se han quedado en el camino, lo que revela un alto nivel de exigencia que no todos los medios consiguen afrontar con éxito. El recuento de iniciativas fallidas incluye no solo proyectos independientes sino también los lanzados por grandes medios como Le Nouvel Observateur (Les Pinocchios), Der Spiegel (Münchhausen-Check) o la cadena alemana ZDF (ZDFcheck).

Los retos de futuro pasan por generar una demanda entre el público (Graves, Nyhan & Reifler, 2016), atraer el interés y la atención de los votantes menos informados y lograr una comunicación eficaz con ellos, al tiempo que se minimizan las condiciones que “undermine the perceived neutrality of the format and the credibility of its practitioners’ conclusions” (Nyhan & Reifler, 2014, p. 14). En términos profesionales, implica compatibilizar el fact-checking con el reporterismo convencional: “Are there any good reasons for elite news institutions like the Post and the Times to keep reporting and fact-checking separate—to have one article about what was said at the debate, and another about whether it was true?”. Graves & Glaisyer consideran que una de las razones por las que el fact-checking ha evolucionado hacia una especialización reside en que “journalists who have to protect their relationships with officials don’t make very effective fact-checkers. But the reverse may also be true—that reporters willing to challenge political claims won’t be as good at getting inside information” (2012, p. 9).

 

3. ‘Fact-checking’ y nuevo entorno de medios en Latinoamérica

La base de datos del Duke Reporters’ Lab incluye –en julio de 2017– veinte iniciativas dedicadas al fact-checking en Latinoamérica, de las que se mantienen en activo quince. La gran mayoría han surgido fuera de los medios convencionales[1] e integran el nuevo ecosistema periodístico de la región (Mochkofsky, 2011; Huertas, 2013), una generación de proyectos nacidos en la última década, canalizados a través de la red, con un carácter alternativo (Harlow & Salaverría, 2016), y que reivindican su independencia política y económica (Palau, 2016).

Estas iniciativas, en buena medida sin ánimo de lucro, financiadas a través de fundaciones internacionales (Requejo-Alemán & Lugo-Ocando, 2014), han irrumpido en una región que tradicionalmente se ha visto enfrentada a obstáculos importantes para alcanzar una verdadera democracia mediática (Hughes & Lawson, 2005, p. 9-10), por la orientación comercial y la persistencia de una visión clientelista y patrimonialista (Waisbord, 2012, p. 440), o la “concentración conglomeral” y “ausencia de servicio público” (Becerra, 2014, p. 72). Esta investigación pone el acento en proyectos que carecen de vinculación con grupos comunicativos y se constituyen como una alternativa a los medios convencionales, al llamado mainstream periodístico.

Las once plataformas de fact-checking activas y no vinculadas a medios convencionales están localizadas en media docena de países: Brasil (5), Colombia (2), Argentina (1), Uruguay (1), México (1) y Guatemala (1). Dos de ellas, las brasileñas E-farsas y Boatos, especializadas en contenidos virales y con una estructura comercial, se han dejado fuera de la investigación, puesto que se apartan del conjunto de iniciativas que se detallan a continuación (Tabla 1). La mitad de los proyectos analizados están integrados en nuevos medios digitales (La Silla Vacía, Agência Pública, Animal Político y Plaza Pública), mientras que cuatro son plataformas dedicadas exclusivamente a la verificación. Agência Lupa constituye un caso especial, puesto que se encuentra alojada en la web de la revista Piauí aunque el proyecto nació de forma independiente. Respecto a la estructura sobre la que se sustentan, los impulsores de estas plataformas de verificación son, en su mayoría, fundaciones y entidades sin ánimo de lucro (Echt, 2016), a excepción de tres de ellas, que se han constituido como empresa para desarrollar la actividad.

 

 

Tabla 1. Proyectos de fact-checking analizados

Plataforma

Medio al que se

vincula

País/Año de

lanzamiento

Estructura

Chequeado

-

Argentina 2010

Sin ánimo de lucro

Detector de

Mentiras

La Silla Vacía

Colombia 2014

Blogosfera Producciones SAS

UYCheck

-

Uruguay 2014

Sin ánimo de lucro

Truco

 

Agência Pública

Brasil 2014

Sin ánimo de lucro

El Sabueso

Animal Político

México 2015

Elephant Publishing LLC & Printed Matter LLC (USA)

Con pruebas

Plaza Pública

Guatemala 2015

Sin ánimo de lucro

Aos Fatos

-

Brasil 2015

Sin ánimo de lucro

Agência Lupa

Alojado en la revista Piauí

Brasil 2015

Agência de Jornalismo e Checagem Lupa SA

ColombiaCheck

-

Colombia 2016

Sin ánimo de lucro

                                                                                                                   Fuente: Elaboración propia

 

 

Las webs analizadas comenzaron su actividad a partir de 2014, en buena medida gracias al apoyo y asesoramiento de Chequeado, que ha contribuido al lanzamiento de los proyectos web Detector de mentiras, Truco, UYCheck, El Sabueso y ColombiaCheck, el último a incorporarse, en 2016. La plataforma argentina surge de la Fundación La Voz Pública, con el objetivo de “fortalecer la democracia a través de la defensa del derecho a la información y la verificación del discurso público como herramientas para enriquecer el debate”, a partir de la verificación del discurso de líderes y formadores de opinión:

 

Nuestros objetivos son: a. Elevar el costo de la mentira. b. Ser una fuente alternativa de información basada en los hechos y datos. c. Promover la participación de los ciudadanos y nuestra comunidad de seguidores en la producción de contenidos y monitoreo del discurso público. d. Innovar en la cobertura periodística con uso de nuevas tecnologías y nuevos mecanismos de comunicación (Chequeado, 2017).

 

4. Metodología

El objetivo de esta investigación es analizar los proyectos de fact-checking alternativos surgidos en los últimos años en Latinoamérica, para profundizar en su contribución a la pluralidad y diversidad del debate público en la región. A diferencia de los medios norteamericanos o europeos, que han centrado la atención de varios estudios, los proyectos latinoamericanos apenas han sido analizados. A partir de una metodología que combina la aproximación cualitativa y cuantitativa se pretende conocer las características de la selección, procesamiento y evaluación de las declaraciones públicas que se someten a verificación. El estudio se plantea las siguientes preguntas de investigación:

 

RQ1: ¿Qué modelo de chequeo y exposición de resultados siguen las plataformas y cuál es el nivel de transparencia que ofrecen?

RQ2: ¿Qué temáticas y actores se someten a verificación? ¿Qué grado de veracidad presentan?

RQ3: ¿Qué fuentes han consultado para la verificación?

RQ4: ¿Qué peso tienen la interactividad y el uso de elementos audiovisuales o gráficos para complementar el examen?

 

La selección de la muestra parte de la base de datos del Duke Reporters’ Lab e incluye las iniciativas destacadas en la Tabla 1. Con la finalidad de obtener un corpus homogéneo para realizar un estudio comparativo, se ha optado por elegir el mismo número de chequeos[2], como se detallada en la Tabla 2, que incorpora en la primera columna los realizados desde la puesta en marcha de cada proyecto hasta el 15 de julio de 2017.

 

 

Tabla 2. Verificaciones totales y analizadas en la muestra

 

Plataforma

 

Cómputo desde el inicio de actividad hasta 15/7/2017

1º selección: Desde 1/1/2016

2º selección:

Desde 1/10/2016

3º selección: Hasta 15/7/2017

Chequeado

1.288

4/01 al 1/02/2016

4/10 al 25/10/2016

13/07 al 15/06/2016

Detector de Mentiras

105

31/1 al 10/8/2016

27/10/2016 al 15/01/2017

15/07 al 12/05/2017

UYCheck

233

19/03 al 19/05/2016

3/10/ al 21/11/2016

12/07 al 6/02/2017

Truco

 

71

26/02 al 28/06/2016

25/10/2016 al 21/02/2017

12/07 al 1/06/2016

El Sabueso

168

4/01 al 5/03/2016

31/10/2016 al 1/02/2017

7/07/ al 27/04/2017

Con pruebas

42

14/01 al 6/04/2016

-

13/3/2017 al 20/6/2017

Aos Fatos

136

21/1 al 22/2/2016

17/10/2016 al 8/03/2017

14/07 al 19/04/2017

Agência Lupa

371

1/06 al 19/2/2016

1/10 al 18/10/2016

14/07 al 21/6/2017

ColombiaCheck

131

20/03 al 17/06/2016

2/10 al 1/11/2016

12/7 al 29/06/2017

TOTAL ANALIZADO

260 verificaciones

                                                                                                                         Fuente: Elaboración propia

 

La primera selección del corpus incluye las diez primeras verificaciones realizadas a partir del 1 de enero de 2016 –con la excepción de ColombiaCheck, que inició su actividad el 20 de marzo, tomado como referencia para la primera muestra; la segunda, diez más a partir del 1 de octubre de 2016; y en la tercera se ha seguido un proceso inverso, seleccionando las diez últimas publicadas hasta el 15 de julio de 2017. Esta muestra de treinta chequeos –excepto Con Pruebas[3]– por cada proyecto (N=260) permite una primera aproximación al fenómeno, teniendo en cuenta la diversidad de modelos y frecuencia de publicación. En este sentido representa, como media, un 18,3% de las verificaciones desde que iniciaron su actividad los proyectos, a excepción de Chequeado, cuyo volumen de actividad desde 2010 reduce el porcentaje al 2,3% de las 1.288 realizadas.

 

5. Resultados

5.1. Metodología y transparencia

Una de las cuestiones de mayor trascendencia en la verificación de datos y declaraciones públicas es la transparencia de las entidades a la hora de detallar un proceso que envuelve diferentes etapas. Sin embargo, pese a la relevancia de esta información, uno de los sitios web analizados –Con Pruebas– no especifica cómo trabaja y otros dos –UYCheck y ColombiaCheck– apenas ofrecen un esquema. El proceso más habitual implica de seis a ocho pasos, como es el caso de Chequeado: “1) Seleccionar una frase del ámbito público; 2) Ponderar su relevancia; 3) Consultar a la fuente original; 4) Consultar a la fuente oficial; 5) Consultar a fuentes alternativas; 6) Ubicar en contexto; 7) Confirmar, relativizar o desmentir la afirmación; y 8) Calificar” (Chequeado, 2017).

En paralelo, es importante subrayar la diversidad de categorías empleadas por los medios para ofrecer una valoración tras el análisis, que oscila entre cuatro (Con Pruebas; Aos Fatos) y nueve opciones (Chequeado). Ello abre la posibilidad de establecer una amplia escala de matices entre los dos extremos de la clasificación, como muestra la Tabla 3. Del mismo modo, la presentación de resultados no se muestra homogénea, sino responde a un abanico de modelos, que incluye: 1) artículos explicativos que ofrecen información de contexto y un desarrollo argumentativo; 2) artículos que enuncian de forma concisa el veredicto; y 3) formato mixto, con artículos de las modalidades anteriores o presencia de opciones intermedias. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tabla 3. Proceso y valoración

Proyecto

Explicación del método

Tipo de artículo

Núm. de

categorías

 

Definición de las categorías

Chequeado

Detallada

Explicativo

9

Verdadero; Verdadero +; Verdadero, pero…; Discutible; Apresurado; Exagerado; Engañoso; Insostenible; Falso

Detector de Mentiras

Detallada

Conciso

8(10)[4]

Cierto [Verdadero]; Cierto, pero…; Apresurado: Debatible; Exagerado; Engañoso; Falso; Inchequeable [Cierto+; Insostenible]

UYCheck

Esquema

Explicativo

7

Verdadero; Verdad a medias; Ridículo; Nini; Inflado; Falso; Engañoso

Truco 

Detallada

Mixto

8 (7)[5]

Verdadeiro (Zap!); Sem contexto (Istá certo, mas peraí); Contraditório (Parlamentar em crise); Exagerado; Distorcido; Discutível (Não é bem assim); Falso (Blefe); Impossível provar; [Qué medo!, Truco!]

El Sabueso

Detallada

Explicativo

8

Verdadero; Verdad a medias; Discutible; No se puede probar; Engañoso; Casi falso, Falso; Ridículo

Con pruebas

No

especifica

Mixto

4

Verdadero; Engañoso; Falso; Sin pruebas

Aos Fatos

Detallada

Mixto

4

Verdadeiro; Impreciso; Exagerado; Falso

Agência Lupa

Detallada

Conciso

8

Verdadeiro; Verdadeiro, mas; Ainda é cedo para dizer; Exagerado; Contraditório; Insustentável; Falso; De olho

ColombiaCheck

Esquema

Explicativo

6

Verdadera; Aproximada; Ligera; Inflada; Engañosa; Falsa

                                                                                                                                                                                                                                                      Fuente: Elaboración propia

 

 

Los resultados del estudio señalan que poco más de la mitad de los enunciados (57%) podrían definirse claramente como verdadero o falso –y sus equivalentes: cierto y zap!, en el primer caso; y blefe, en el segundo–, mientras que el resto se distribuiría en opciones intermedias o no sería evaluable (3,8%). Del análisis de los veredictos se desprende una tendencia a la inexactitud en las afirmaciones públicas que se someten al fact-checking: frente al centenar de conclusiones falsas, apenas la mitad resultaron verdaderas. Además, un 39,3% de chequeos no pueden adscribirse a las opciones anteriores, lo que evidencia el importante volumen de declaraciones que escapan a una propuesta binaria. Dada la variedad de categorías –responden a 16 denominaciones, a partir del resultado de los chequeos incluidos en la muestra– estas opciones se han dividido en tres subgrupos que tratan de establecer un segundo nivel de aproximación: casi verdad, casi falso e indefinido, que agrupa hasta diez etiquetas (Tabla 4). Así pues, el 80,4% de los enunciados considerados en las evaluaciones de la muestra resultan problemáticos. 

 

 

 

Tabla 4. Valores agrupados

Tipo de veredicto                            

Identificación

Verdadero; Cierto; Zap!

Verdad

Cierto con matices; Aproximada; Verdad a medias; Verdadero, pero

Casi verdad

Exagerado, Inflado; Ridículo; Distorcido; Nao é bem assim; Engañoso;

Impreciso; Contradictorio; Debatible; Ligera

Indefinido

Insostenible; Casi falso

Casi falso

Falso; Blefe

Falso

No se puede probar, Apresurado; Ainda é cedo para dizer; Ista certo mas

perai; Sem contexto

No evaluable

                                                                                                                        Fuente: Elaboración propia

 

 

Gráfico 1. Resultado de las verificaciones

 

                                                                                              Fuente: Elaboración propia

 

 

5.2. Temáticas, actores sociales y veracidad

Los grandes temas de la agenda pública tienen un papel preponderante en las tareas de verificación de las plataformas analizadas, en particular aquellos que afectan directamente a los ciudadanos, como es el caso de las políticas sociales, destinadas a educación, sanidad o reducción de la pobreza, que representan un 22,3% del total. Estas tienen un peso prioritario en medios como Chequeado, UYCheck, El Sabueso o Agência Lupa. La economía, entendida en un sentido amplio, a partir de los grandes indicadores de endeudamiento o empleo, representa el segundo tema de atención (20,8% de los enunciados examinados, en especial para Chequeado, UYCheck y los medios brasileños Truco y Aos Fatos. La temática puramente política, referida a la labor de gobierno y su vigilancia tiene un peso menor (12,3%) y destaca en los tres medios brasileños analizados por el momento político, marcado por el impeachment de la ex presidenta Dilma Rousseff.

Los resultados de la investigación muestran el peso de las agendas de cada país en la selección de las temáticas a verificar. En este sentido, el proceso de paz en Colombia se sitúa como la cuarta opción, por la relevancia en ColombiaCheck –creada por Consejo de Redacción para hacer un seguimiento específico– y, en menor medida, por la otra plataforma del país que se incluye en la muestra, Detector de Mentiras. Los proyectos brasileños encabezan también el número de verificaciones sobre corrupción (7,7%), mientras que el mexicano El Sabueso, que pertenece al periódico digital Animal Político, sitúa la seguridad como la cuestión prioritaria, a gran distancia de las demás. 

 

 

Gráfico 2. Temas de los enunciados sometidos a evaluación

 

                                                                                                         Fuente: Elaboración propia

 

 

Temáticas con menor presencia en el cómputo final, como los derechos humanos (5%), las cuestiones de género (3,8%) o las drogas (3,1%), mantienen el patrón de atención regional, en función de las problemáticas de los países de publicación. La primera de ellas resulta relevante para la plataforma colombiana Detector de mentiras, la mexicana El Sabueso o la guatemalteca Con Pruebas, mientras que la segunda es prioritaria en la brasileña Aos Fatos; y la tercera lo es en los dos medios colombianos. La temática de justicia representa el 2,7% de los chequeos incluidos en la muestra.

Los resultados del estudio ponen de manifiesto que aquellos actores que ocupan puestos de relevancia en la escala de poder son más susceptibles de ser sometidos a las propuestas de verificación. En este sentido, cuatro de cada diez exámenes corresponden a responsables de gobierno (40,4%), mientras que una cuarta parte tienen como protagonistas a diputados y senadores (26,2%). En esta escala, las afirmaciones de gobernadores y alcaldes, como responsables de la administración regional y local, ocupan el tercer lugar (17,7%) en atención, mientras que los representantes del poder judicial concentran el 4,2% de las evaluaciones. El 11,5% de las verificaciones corresponden a un amplio grupo que integra desde líderes políticos y sindicales a periodistas o autores no identificados, a partir de cadenas de whatsapp, como las que analizan las plataformas Detector de Mentiras o Truco, que representan más de un tercio de los agrupados en Otros.

¿Existe alguna correlación entre el tipo de emisor y el grado de veracidad o falsedad de las afirmaciones? El análisis de los datos revela algunas tendencias interesantes, especialmente entre los representantes del Congreso y el Senado, que presentan un índice de veredictos de falsedad inferior en casi ocho puntos al número de enunciados analizados. En el extremo opuesto se sitúan los gobernantes locales y regionales, cuyo porcentaje de resultados verdaderos está once puntos por debajo del de afirmaciones analizadas, con una tasa de falsos que multiplica por más de tres la de verdaderos. Los representantes del poder judicial destacan por la proporción de veredictos verdaderos, mientras que el grupo Otros incrementa el porcentaje de falsos.

 

 

Tabla 5. Actores políticos y sociales

Protagonistas de las verificaciones

                                                                                                                                                                               

          %     

% sobre

veredictos

falsos

% sobre

veredictos    

verdaderos

Presidentes/as, vicepresidentes/as y ministros/as

40,4

42,3

43,1

Diputados/as y senadores/as

26,2

19,6

31,4

Gobernadores/as, alcaldes/as

17,7

20,6

5,9

Otros (líderes políticos y sindicales, etc.)

11,5

15,4

7,8

Representantes del Poder Judicial

4,2

2,1

11,8

                                                                                                                                                                            Fuente: Elaboración propia

 

 

5.3. Fuentes consultadas en el proceso

Las fuentes empleadas para certificar la veracidad o falsedad de las afirmaciones constituyen un elemento imprescindible para evaluar la actividad de las plataformas de fact-checking, puesto que en la variedad y fiabilidad de las mismas recae el peso de las decisiones finales y, en buena medida, de su credibilidad. El primer aspecto a destacar es que la mitad de los casos incluidos en la muestra (49,6%) se ha apoyado en tres o más fuentes de información para llevar a cabo la verificación. Sin embargo, en la mitad restante se ha emitido un veredicto en base a dos o menos fuentes y, entre ellas, casi un tercio del total se ha apoyado en una o ninguna para respaldar sus conclusiones.

Si bien el número de fuentes óptimo no puede establecerse a priori, el uso de una única opción resulta muy limitado, especialmente en casos conflictivos como los que se someten a evaluación. No obstante, esta situación está lejos de resultar homogénea y un medio como Chequeado apuesta por un promedio de 6,8 fuentes y respalda el 93% de las verificaciones en tres o más. Junto a la plataforma argentina, solo ColombiaCheck y Con Pruebas superan el doble contraste en más de la mitad de las verificaciones.

 

 

Tabla 6. Recursos para el análisis

Plataforma                         

 

Promedio de fuentes

Verificaciones con    más de tres fuentes

Verificaciones con   fuentes expertas

Chequeado

6,8

93%

90%

Detector de Mentiras

3,6

16,7%

30%

UYCheck

4,7

40%

3,3%

Truco

4,3

43,3%

30%

El Sabueso

4,3

46,7%

30%

Con pruebas

3,7

55%

60%

Aos Fatos

4,7

46,7%

6,7%

Agência Lupa

3,6

40%

33,3%

ColombiaCheck

4,2

73,3%

56,7%

                                                                                                                                                                                                                   Fuente: Elaboración propia

 

 

El segundo elemento a considerar es el tipo de fuentes citadas en los chequeos realizados. Destacan con un peso sustancial las documentales, principalmente informes, estudios y estadísticas oficiales o información legal o de procedimientos administrativos. Ello se traduce en una escasa búsqueda de fuentes personalizadas: poco más de un tercio de las verificaciones que se incluyen en la muestra (36,9%) complementan esta tarea dando voz a algún experto. Esta opción está asociada, de nuevo, a los medios que destacaban por ofrecer tres o más fuentes en un mayor número de sus verificaciones. Así, Chequeado, ColombiaCheck y Con Pruebas apuestan por contrastar las afirmaciones a examen con analistas y académicos de distintos ámbitos.

 

 

Gráfico 3. Uso de fuentes documentales y de expertos

 

                                                                                            Fuente: Elaboración propia

 

 

5.4. Elementos audiovisuales e interactividad

Las plataformas analizadas se caracterizan por un uso limitado de los elementos audiovisuales, como complemento explicativo a los procesos de verificación. Los gráficos están presentes en un tercio de las verificaciones, frente a un 66,1% que no los incluyen. De hecho, apenas dos de las plataformas apuestan por los gráficos en al menos la mitad de los chequeos de la muestra: UYCheck (28) y Aos Fatos (15), y otros tres aportan entre nueve y 12 (Chequeado, El Sabueso y Con Pruebas). En el resto, el uso de gráficos es meramente accesorio. Mucho menos habitual es el recurso a la inclusión de vídeos como elemento argumentativo para apoyar la conclusión, que no alcanza el 4% de las opciones de chequeo.

Pese a la relevancia de las cuestiones abordadas en las verificaciones y la contribución al debate público que pueden aportar las opciones interactivas, el peso de estas es restringido. Un tercio de las plataformas incluidas en la muestra no tiene activados los comentarios –las brasileñas Agência Lupa y Aos Fatos, además de ColombiaCheck– y en el resto la participación de los usuarios no suele ser mayoritaria. De las 170 verificaciones que ofrecían la posibilidad de realizar comentarios, cerca de un 40% no contaba con ninguna interacción, el 18,2% apenas con un comentario y un 14,7% incluía dos o tres. De nuevo, las diferencias son visibles si se tienen en cuenta los medios. Así, el 83,3% de las verificaciones de Chequeado analizadas cuentan con dos o más comentarios y cuatro de cada diez de las realizadas por Detector de mentiras y Truco.

 

 

 

 

Gráfico 4. Comentarios de los lectores

 

                                                                                                Fuente: Elaboración propia

 

 

6. Conclusiones

Esta investigación ha permitido profundizar en el conocimiento de las dinámicas de trabajo de un grupo medios dedicados al fact-checking que desarrollan su actividad en distintos países latinoamericanos y su contribución al ecosistema comunicativo de la región. Los resultados subrayan, en primer lugar, la decisión de incidir en cuestiones de relevancia y trascendencia desde un punto de vista sociopolítico, como se traduce en la elección de los temas y actores que centran de forma prioritaria las verificaciones. Ello evidencia la voluntad de consolidar una actividad de servicio público que prioriza la agenda cívica y la vigilancia de los poderes públicos (en Graves, 2018) en un contexto comunicativo marcado tradicionalmente por la concentración empresarial, la inclinación comercial o el clientelismo (Hughes & Lawson, 2005; Waisbord, 2012; Becerra, 2014). Pese a hacerlo desde una posición independiente de los grandes grupos mediáticos, el foco de atención y la metodología constatan que, más que por un rol marginal, apuestan por convertirse en piezas centrales en el debate público. Precisamente en un momento en que el auge de las llamadas fake news y la post-verdad amenaza los estándares de calidad y la credibilidad de medios y periodistas (Anderson & Rainie, 2017; Lewandowsky, Ecker & Cook, 2017; Allcott & Gentzkow, 2017). Las características comunes y la colaboración entre plataformas, liderada por Chequeado, respalda la tesis de un ecosistema mediático en proceso de cambio en la región (Guerrero & Márquez-Ramírez, 2014).

En segundo lugar, el hecho de que la mayor parte de los enunciados presente algún tipo de imprecisión –ocho de cada diez– que impida catalogarlos como verdaderos pone de relieve la importancia de la labor de verificación del discurso público que desarrollan estos medios. Más si cabe si, como se ha señalado, el número de afirmaciones calificadas como falsas está próximo a duplicar el de las que se consideran verdaderas. A ello se une el carácter de los enunciados sometidos a examen, que abordan cuestiones clave, relativas a políticas sociales y pobreza, economía o fiscalización de la labor de gobierno, o provienen, en la mayoría de casos, de representantes públicos elegidos por los ciudadanos. Otro punto importante es que casi cuatro de cada diez enunciados examinados quedan en una amplia zona de indefinición, lo que abre la puerta a nuevos estudios que traten de incidir en un mejor conocimiento de las estrategias de manipulación y enmascaramiento del discurso público. También en ellos será interesante profundizar en los resultados que sitúan a representantes parlamentarios y gobernantes locales y regionales como los que presentan mayor diferencia entre veredictos verdaderos y falsos, para tratar de conocer las razones de este hecho.

El análisis señala, en tercer lugar, que más allá de algunos estándares comunes existe una gran diversidad de propuestas de evaluación, formas de ejecutar la verificación y de presentar los resultados, en consonancia con lo que ocurre con otras plataformas dedicadas al fact-checking en el resto del mundo (Graves, 2018). Ello suscita la reflexión sobre el grado de definición que pueden tener los veredictos a la hora de calificar el distanciamiento de la verdad, la utilidad para los lectores o su capacidad para captar el matiz entre el abanico de resoluciones. En este sentido, sería interesante una clasificación con sentido más universal. Respecto al proceso de verificación, el estudio de las fuentes consultadas en cada chequeo muestra posibilidades de mejora sustanciales, tanto en número como en el acceso a expertos e investigadores que permitan enriquecer la aportación de las documentales, en la línea de la plataforma argentina Chequeado. Asimismo, el uso de recursos audiovisuales puede contribuir a hacer más accesible la argumentación y los resultados de la verificación.

Uno de los puntos clave en la evaluación del fact-checking es su incidencia social. Aunque esta investigación no aborda la cuestión de forma directa, el análisis de la interacción con los lectores muestra, en cuarto lugar, una escasa presencia de comentarios, salvo casos excepcionales. Ello evidencia la dificultad de establecer un diálogo abierto con la participación de los ciudadanos, que puede responder también a la relativa difusión de estos proyectos o al hecho de que tres de ellos no permitan la intervención de los lectores. Junto a un análisis discursivo de los comentarios, en futuras investigaciones sería interesante indagar en las fórmulas habilitadas para implementar y promover la interacción, precisamente por la voluntad explícita de estas iniciativas de involucrar a la ciudadanía en la labor de monitoreo del discurso público (Caeiro, 2014).

La metodología de análisis empleada es replicable en otros estudios que planteen una comparación entre las dinámicas de trabajo de plataformas de fact-checking de otras latitudes o vinculadas a medios de comunicación convencionales, para tratar de establecer puntos en común o diferencias en sus modos de operar.

 

 

 

 

Referencias

Adair, B. (2016). Lessons from our first experiment with pop-up fact-checking. Duke Reporters’ Lab. Recuperado de https://reporterslab.org/lessons-first-experiment-pop-fact-checking/?print=true

Adair, B. & Thakore, I. (2015). Factchecking Census Finds Continued Growth Around the World. Duke Reporters’ Lab. Recuperado de https://reporterslab.org/fact-checking-census-finds-growth-around-world/

Adair, B. & Stencel, M. (2016). How We Identify Fact-Checkers. Duke Reporters’ Lab. Recuperado de https://reporterslab.org/how-we-identify-fact-checkers/

Amazeen, M. A. (2013). Making a difference: A critical assessment of fact-checking in 2012. New America Foundation Media Policy Initiative Research Paper. Recuperado de http://www.democracyfund.org/media/uploaded/Amazeen_-A_Critical_Assessment_of_Factchecking.pdf

Amazeen, M. A. (2015). Revisiting the epistemology of fact-checking. Critical Review 27(1), 1-22.

Amazeen, M. A., Thorson, E., Muddiman, A. & Graves, L. (2015). A comparison of correction formats: The effectiveness and effects of rating scale versus contextual corrections on misinformation. Recuperado de http://www.americanpressinstitute.org/wp-content/uploads/2015/04/The-Effectiveness-of-Rating-Scales.pdf

Anderson, J. & Rainie, L. (2017). The Future of Truth and Misinformation Online. Pew Research Center. Recuperado de http://www.pewinternet.org/2017/10/19/the-future-of-truth-and-misinformation-online/

Allcott, H. & Gentzkow, M. (2017). Social media and fake news in the 2016 election. Journal of Economic Perspectives 31(2), 211-236.

Babakar, M. (2017). Automated Factchecking at Full Fact. Recuperado de https://fullfact.org/blog/2017/jun/automated-fact-checking-full-fact/

Barnhurst, K. G. (2014). The interpretive turn in news. En C. Zimmermann & M. Schreiber (Eds.). Journalism and technological change: Historical perspectives, contemporary trends, 111-141. Chicago: University of Chicago Press.

Becerra, M. (2014). Medios de comunicación: América Latina a contramano. Nueva Sociedad 249, 61-74. Recuperado de http://www.polodemocratico.co/pdf/Medios.pdf

Boczkowski, P. (2010). News at work imitation in an age of information abundance. Chicago: University of Chicago Press.

Caeiro, C. (2014). Teoría de cambio: de audiencias a comunidades y de transparencia a rendición de cuentas. En L. Zommer (Ed.). El boom del fact checking. Aprendizajes y desafíos del caso Chequeado (pp. 29-33). Buenos Aires: Fundación Konrad Adenauer.

Chequeado (2017). Acerca de la fundación. Recuperado de http://chequeado.com/acerca-de-la-fundacion

Ciampaglia, G.L., Shiralkar, P., Rocha, L.M., Bollen, J., Menczer, F., et al. (2015) Correction: Computational Fact Checking from Knowledge Networks. PLOS one 10(6). DOI: 10.1371/journal.pone.0141938

Davies, J. (2016). 5 new automated fact-checking projects underway. Digiday, 22 December. Recuperado de https://digiday.com/uk/5-new-automated-fact-checking-projects-underway/

Echt, I. (2016). How are Latin American fact-checkers paying for their work? Grants, events, services and crowdfunding. Poynter. Recuperado de https://www.poynter.org/news/how-are-latin-american-fact-checkers-paying-their-work-grants-events-services-and-crowdfunding

Elizabeth, J. (2014). Who Are You Calling a Fact Checker? American Press Institute, May 20. Recuperado de http://www.americanpressinstitute.org/fact-checking-project/fact-checker-definition/

Elizabeth, J. & Mantzarlis, A. (2016). The fact is, fact-checking can be better. Recuperado de https://www.americanpressinstitute.org/fact-checking-project/fact-not-fact-checking-great/

Fink, K. & Schudson, M. (2014). The rise of contextual journalism, 1950s–2000s. Journalism 15(1), 3-20. DOI: 10.1177/1464884913479015

Fole, X. (2012). Los hechos son sagrados. El fact-checker y la importancia del periodismo. Fronterad. Recuperado de http://www.fronterad.com/?q=hechos-son-sagrados-fact-checker-y-importancia-periodismo

Gómez Mompart, J. L., Gutiérrez-Lozano, J. F. & Palau Sampio, D. (2013). La calidad periodística. Teorías, investigaciones y sugerencias profesionales. Barcelona, Castellón, Valencia: UAB, UPF, UJI, UV.

Graves, L. (2016). Anatomy of a fact check: Objective practice and the contested epistemology of fact checking. Communication, Culture & Critique 10(3), 518-537.

Graves, L. (2018). Boundaries Not Drawn: Mapping the institutional roots of the global fact-checking movement. Journalism Studies 19(5), 613-631.

Graves, L. & Glaisyer, T. (2012). The fact-checking universe in spring 2012. The New America Foundation. Recuperado de https://www.issuelab.org/resources/15317/15317.pdf

Graves, L., Nyhan, B. & Reifler, J. (2016). Why do journalists fact-check? Recuperado de https://www.dartmouth.edu/~nyhan/journalist-fact-checking.pdf

Graves, L. & Cherubini, F. (2016). The rise of fact-checking sites in Europe. Reuters Institute Digital News Report. Recuperado de https://ora.ox.ac.uk/objects/uuid:d55ef650-e351-4526-b942-6c9e00129ad7

Guerrero, M. A. & Márquez-Ramírez, M. (2014). The ‘Captured-Liberal’ Model: Media Systems, Journalism and Communication Policies in Latin America. The International Journal of Hispanic Media 7, 53-64.

Harlow, S. & Salaverría, R. (2016). Regenerating Journalism: Exploring the “alternativeness” and “digital-ness” of online-native media in Latin America. Digital Journalism 4(8), 1001-1019.

Hassan, N., Adair, B., Hamilton, J. T., Li, C., Tremayne, M., Yang, J. & Yu, C. (2015). The Quest to Automate Fact-Checking. world. Recuperado de http://ranger.uta.edu/~cli/pubs/2015/claimbuster-cj15-hassan.pdf

Huertas, E. C. (2013). Los buenos vientos para el periodismo latinoamericano. En VVAA. Muckraking se globaliza: El futuro del periodismo de investigación transfronterizo. (pp. 63-65). Cambridge: Nieman Foundation for Journalism.

Hugues, S. & Lawson, C. (2005). The Barriers to Media Opening in Latin America. Political Communication 22(1), 9-25. DOI: 10.1080/10584600590908410

IFCN (2016). International Fact-Checking Network fact-checkers’ code of principles. Recuperado de http://www.poynter.org/fact-checkers-code-of-principles/

Lewandowsky, S., Ecker, U. K. & Cook, J. (2017). Beyond Misinformation: Understanding and Coping with the “Post-Truth” Era. Journal of Applied Research in Memory and Cognition. Recuperado de http://websites.psychology.uwa.edu.au/labs/cogscience/Publications/Lewandowsky.2017.JARMAC.pdf

López, X., Rodríguez, A. I. & Álvarez, L. (2016). Análisis de las experiencias de The Washington Post y The Guardian. Telos 103, 74-83.

Lowrey, W. (2017). The Emergence and Development of News Fact-checking Sites: Institutional logics and population ecology. Journalism Studies 18(3), 376-394.

Mochkofsky, G. (2011). What’s new in Latin American journalism. An overview. Harvard Review of Latin America X(2), 15-16.

Nyhan, B. & Reifler, J. (2014). The Effect of Fact‐Checking on Elites: A Field Experiment on US State Legislators. American Journal of Political Science 59(3), 628-640.

Palau, D. (2016). Following the trail of pledges and figures. The watchdog role of fact checking media in Latin-American countries. Media and Governance in Latin America IAMCR pre-conference, Leeds 25-26 July.

Pomares, J. & Guzmán, N. (2015). The hardest check: Measuring the impact of fact-checking. Recuperado de http://readinglists.ucl.ac.uk/items/141F3094-6DAA-6A89-6B2D-3FFC1C823E97.html

Requejo-Alemán, J. L. & Lugo-Ocando, J. (2014). Assessing the sustainability of Latin American investigative non-profit journalism. Journalism Studies 15(5), 522-532.

Spinsanity (2004). About Spinsanity. Recuperado de http://www.spinsanity.org/about/

Spivak, C. (2011). The fact-checking explosion. American Journalism Review 32(4), 38-43. Recuperado de http://ajrarchive.org/Article.asp?id=4980

Stencel, M. (2016). Global Fact-Checking up 50% in Past Year. Duke Reporters’ Lab. Recuperado de http://reporterslab.org/global-fact-checking-up-50-percent/

Stencel, M. (2017). Fact-checking booms as numbers grow by 20 percent. Duke Reporters’ Lab. Recuperado de https://reporterslab.org/fact-checking-booms-as-numbers-grow-by-20-percent/

Uscinski, J. E. & Butler, R. W. (2013). The epistemology of fact checking. Critical Review 25(2), 162-180.

Waisbord, S. (2012). Political Communication in Latin America. En M. Scammell (Ed.). The SAGE handbook of political communication (pp. 437-449). London: Sage Publications.

 


[1] Pertenecen a medios tradicionales tres proyectos brasileños y uno chileno.

[2] En los casos en que se incluye una cadena de declaraciones a examen se ha elegido solo la primera.

[3] Excepto en el caso de Con Pruebas, que en las fechas marcadas solo ha publicado las 20 verificaciones analizadas. Enrique Naveda, coordinador general de Plaza Pública, el medio en el que se aloja, señala que se trata de una situación puntual vinculada al proceso de rediseño de la web. 

[4] La Silla Vacía optó por reducir la clasificación de categorías; entre corchetes se indican las eliminadas.

[5] Agência Pública modificó en 2017 su sistema de clasificación. Se indica entre paréntesis la versión anterior, junto a la actualización; entre corchetes, las eliminadas.

arriba
© Communication & Society - Facultad de Comunicación - Universidad de Navarra | www.unav.es | Contacto | Aviso legal | Mapa del sitio