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Comunicación y Sociedad Universidad de Navarra | Facultad de Comunicación
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Calidad Revistas Científicas Españolas
VOL.
26(3)/
2013
Autor / María del Pilar MARTÍNEZ-COSTA PÉREZ Profesora Adjunta, Departamento de Proyectos Periodísticos, Universidad de Navarra.
Autor / Susana HERRERA DAMAS Universidad Carlos III de Madrid
Autor / Ana LLOPIS Profesora de Lengua Española y Lingüística Aplicada. Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”. Grupo Val.Es.Co. Facultad de Psicología, Magisterio y Ciencias de la Educación. 46001 Valencia
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Artículo / Lo coloquial como estrategia argumentativa en el comentario radiofónico
Contenidos /

1. Introducción

 

El propósito de este artículo es avanzar en el estudio de las características formales de los comentarios radiofónicos. Comenzamos con un breve resumen de los principales rasgos de este género radiofónico, pues ya en trabajos anteriores hemos abordado en profundidad el concepto y los rasgos específicos del comentario[1]. Después, explicamos las características del registro coloquial y cómo se efectúa ese cambio del registro formal (más vinculado al comentario radiofónico) al coloquial. A continuación, realizamos un análisis morfosintáctico, léxico-semántico y fónico sobre un corpus de comentarios radiofónicos emitidos en la radio generalista española entre 2006 y 2012. Con este análisis, queremos demostrar la presencia e integración del registro coloquial en textos altamente planificados, de autor único y de estructura cerrada. Como veremos, esta coloquialización del género responde a los objetivos argumentativos y persuasivos que persigue el comentario.

 

 

 

2. Los rasgos característicos del comentario radiofónico

 

La radio de opinión se consolida en España a comienzos de los años 90 muy ligada a las noticias políticas que monopolizaban los medios de comunicación tras la transición democrática. Superada la etapa de la radio informativa, el medio encuentra un espacio propio para analizar y comprender la actualidad a través de la exposición de diferentes argumentos. Primero aparecen las tertulias radiofónicas como un nuevo género, polifónico y multitemático, para luego dar paso a los comentarios personales de profesionales de prestigio, al estilo de las columnas de prensa. Es entonces cuando comienza a surgir el comentario como un modelo de organización de contenidos y significados. Al principio, se utiliza sobre todo en los programas informativos nocturnos que analizan y dan contexto a la actualidad del día. Poco después, el género se instala en el resto de la programación informativa. En la actualidad, no hay programa en la radio generalista que no lo incluya como una pieza clave de su estructura, ya sea en programas informativos, deportivos o de entretenimiento.

El comentario radiofónico se ha definido como un “modelo de representación de la realidad basado exclusivamente en la palabra y el monólogo cuya función es persuadir al oyente acerca de la validez de una valoración personal y no institucional de un hecho de actualidad, utilizando las técnicas de la argumentación clásica y los recursos de producción y realización característicos de la radio”[2]. Se diferencia de otros géneros, tanto por su estructura de monólogo (frente a lo que encontramos, por ejemplo, en las tertulias[3] o entrevistas[4]) como por el predominio de la opinión en sus contenidos (a diferencia de lo que vemos en las crónicas[5] o en los reportajes[6]). Así, el comentario es un tipo de texto con un propósito persuasivo, que suele guardar una relación directa con la actualidad informativa, y que posee unos rasgos propios: uso casi exclusivo de la palabra frente al resto de los elementos del lenguaje radiofónico, presentación mediante monólogo como consecuencia de la falta de interacción entre diferentes voces, estructura textual cerrada, uso deliberado e intensivo de figuras retóricas y de tropos, y presencia del sello estilístico personal del autor.

En efecto, el comentario es un género que concede una gran libertad para que el autor deje su sello particular en el texto. No obstante, conviene recordar que la libertad estilística del comentario no solo se limita al uso de la lengua, sino que tiene sus raíces en una cuestión más profunda relacionada con el ethos del autor, un asunto clave para entender el comentario como género y para comprender también por qué muchas veces la audiencia se identifica, simpatiza y escucha de forma regular a un mismo comentarista. El ethos es un concepto que se plantea en La Retórica de Aristóteles y que, de acuerdo con López Pan[7], se puede definir como el conjunto de preferencias morales, intenciones, finalidades y valores propios del autor, que constituye su talante. Este conjunto de valores se transforma en una impronta de autoridad, en “punto de confluencia y contacto” e interacción entre los universos personales del periodista y su audiencia[8].

A su vez, este concepto de ethos encierra dos realidades inseparables que solo se pueden desplegar a efectos explicativos: el ethos nuclear y el ethos formal. A juicio de López Pan[9]:

A) el ethos nuclear se corresponde con la noción aristotélica de ethos, muy unida al carácter moral, manifestado a través de los valores, preferencias, intenciones y finalidades, que constituye el centro neurálgico del ethos/talante retórico. En este ethos se incluye la presencia del autor en los textos, caracterizada de tal forma que se destaquen aquellos rasgos que le dotan de credibilidad –por ejemplo su competencia o conocimiento sobre un tema– la elección de los temas y la perspectiva desde la que se presentan;

B) el ethos formal se refiere más bien al componente estilístico y alude al revestimiento formal de los textos, a la manera de relatar las cosas que revela una actitud frente a ellas y frente al mundo. Este concepto resulta relevante, pero siempre se encuentra subordinado a los rasgos esenciales del ethos nuclear o, dicho de otra forma, a los rasgos nucleares del ethos aristotélico.

Pues bien, ese ethos nuclear es el que legitima el ethos formal. Dicho con otras palabras, el talante o el carácter del autor –uno de los elementos que definen al comentario como género– le concede una gran libertad estilística que es la que configura el ethos formal. De este modo, el estilo se convierte en una proyección de la personalidad y autoridad del autor. Así, aunque el ethos nuclear legitima el ethos formal, es el ethos formal el que permite materializar el ethos nuclear. En radio, es importante recordar también que las características físicas, acústicas y prosódicas de la voz del autor son parte de este ethos formal, que debe servir como un elemento auxiliar en apoyo del ethos nuclear. De esta manera, la voz del comentarista ayuda a reforzar el estilo, a subrayarlo y a hacerlo reconocible e identificable.

De esta confluencia de autoridad y estilo, surgen las constantes estilísticas del comentario radiofónico:

1) Concentración de argumentos para atender a las exigencias de brevedad y sobriedad del medio.

2) Uso del registro coloquial o presencia de marcas coloquiales, en mayor o menor medida, según el comentarista.

3) Variedad y libertad léxica que puede llevar a acuñar nuevos términos, transgredir algunas reglas, etc.

4) Lenguaje metafórico como mecanismo conceptual para abordar temas y presentar argumentos.

5) Recurso a la ironía por la que el emisor dice lo contrario de lo que piensa e intenta transmitir al receptor.

6) Uso del humor para presentar la realidad desvalorizada, mediante el tratamiento lúdico, la estructura tridimensional del mensaje, o las discrepancias entre el contenido aparente y real del mensaje.

7) Apelaciones directas a la audiencia para destacar el nexo que establecen entre sí emisor y receptor, y para llamar su atención a través de diversos procedimientos.

Estas son algunas de las constantes estilísticas que podemos rastrear con más frecuencia en muchos de los comentarios que se emiten hoy en la radio generalista española. No obstante, la libertad estilística que admite el género impide establecer un repertorio único de fórmulas y recetas, ya que el ethos nuclear, el formal y el tema del que se habla resultan elementos decisivos a la hora de redactarlos.

Delimitadas estas cuestiones, interesa ahora profundizar en el registro coloquial como una de las constantes estilísticas propias del ethos formal del comentarista radiofónico, y que, por tanto, ayudan a reforzar su ethos nuclear.

 

 

 

3. Características del registro coloquial. La variación situacional del comentario radiofónico

 

Lo coloquial no tiene que ver con las características del usuario, ni con su nivel de lengua, ni con su procedencia geográfica. Lo coloquial –indica Briz[10]– viene determinado por la situación comunicativa. En particular, el registro coloquial[11] prototípico se caracteriza por una situación en la que establecer una relación de igualdad social o funcional entre los interlocutores, un nexo vivencial de proximidad (saberes compartidos y acercamiento interpersonal), una temática no especializada ni técnica –antes bien, cotidiana–, un fin interpersonal, una planificación sobre la marcha y un tono informal. A estos rasgos hay que añadir los rasgos primarios característicos de la conversación, donde lo coloquial se manifiesta con mayor autenticidad. Según Briz[12], estos son el carácter dialogal, la inmediatez comunicativa (espacio-temporal), la oralidad, el dinamismo y la toma de turno no predeterminada. Koch y Oesterreicher, en su propuesta sobre el continuum concepcional entre lo oral y lo escrito, entre “inmediatez y distancia comunicativa”[13], suman otros rasgos de lo coloquial, a saber: el carácter privado o público de un discurso, la participación e implicación emocional, la fuerte cooperación entre los interlocutores, el anclaje o dependencia del contexto situacional y de acción comunicativo, y los diferentes tipos de referencias o grados de proximidad y distancia entre las personas mencionadas en el discurso[14].

A su vez, estas coordenadas situacionales repercuten en el uso del lenguaje que se realiza y que se manifiesta en los distintos niveles lingüísticos, cuyas estructuras y formas no son simples marcas del registro, ya que cumplen funciones comunicativas y pragmáticas que justifican su uso. A continuación, anotamos los correlatos lingüísticos de una situación de “inmediatez comunicativa”, para lo que nos serviremos sobre todo, de la descripción de Briz[15].

1) En el nivel morfosintáctico, encontramos una sintaxis no convencional obligada por la planificación rápida, el escaso control sobre la producción del mensaje y el tono informal. Son frecuentes los enunciados concatenados[16] en los que –como señala Narbona– predomina la parataxis sobre la hipotaxis, los rodeos explicativos, los altos grados de redundancia, los conectores pragmáticos[17] utilizados como refuerzos de la argumentación y/o como marcas de la estructura metadiscursiva, los enunciados suspendidos, las elipsis, el orden pragmático de las palabras (topicalizaciones y dislocaciones), la deixis exofórica, la presencia de relatos dramatizados, el uso de primeras y segundas personas como voces principales del diálogo, el estilo directo, etc.

2) En el nivel léxico-semántico, el registro coloquial emplea un vocabulario común o no técnico, proformas léxicas, abundantes modismos y paremias, extranjerismos innecesarios, metáforas de la vida cotidiana y voces procedentes de jergas específicas.

3) Desde el punto de vista fónico, son comunes los alargamientos fónicos, las vacilaciones fonéticas, la pérdida o adición de sonidos, y una pronunciación enfática y expresiva.

Aunque el cuadro de rasgos situacionales y de marcas lingüísticas coloquiales se observe a las claras en la conversación, también aparece en cierta medida en otros géneros, tanto orales como escritos. En efecto, entre los registros existe una escala o variación[18] situacional según la mayor o menor presencia de los rasgos mencionados. Además, como indica Briz, aunque el uso de un registro sea ‘favorecido’ o esté ligado a géneros específicos, experimenta con frecuencia cambios estratégicos motivados por las intenciones del autor o hablante.

Al respecto, varios autores han indagado sobre la impronta de lo coloquial en lo escrito. Así, Narbona, Oesterreicher, Bustos Tovar o Mancera han examinado las distintas manifestaciones de la oralidad en textos escritos, sobre todo en los literarios[19]. Por su afinidad con el que aquí presentamos, entre estos estudios, destaca el trabajo de Mancera[20], que revisa los fenómenos sintácticos coloquiales que se emplean en las columnas de opinión.

En fechas recientes, algunos autores[21] han advertido también que se está produciendo una coloquialización de muchos géneros orales en los que sería esperable el uso de un registro formal. La menor frecuencia de los rasgos situacionales formales, así como el aumento de marcas lingüísticas coloquiales, reducen la formalidad y ubican el registro en la periferia de lo formal. En muchos casos, no se trata de un uso banal, sino estratégico; es decir, el hablante se sirve de lo coloquial para acercarse al otro, para convencerle, para disminuir la tensión, etc.

Así parece ocurrir en el comentario radiofónico. Este género se ajusta a los rasgos situacionales del registro formal, a saber: desigualdad funcional entre el locutor y el público, diferente relación vivencial, temática no cotidiana (aunque tampoco es especializada), fin no interpersonal, planificación del discurso o no espontaneidad, carácter público, discurso monologal –se reduce a la intervención de un solo hablante–, no hay implicación emocional respecto al interlocutor ni anclaje a la situación comunicativa. Así pues, el rasgo de oralidad parece ser el único que a priori acercaría el comentario radiofónico a lo coloquial, puesto que es el modo de realización prototípico de este registro, a pesar de que el comentario radiofónico es un discurso ‘oral preparado’, a diferencia de los prototípicamente coloquiales, que son ‘orales espontáneos’. Ahora bien, el modus operandi del locutor altera algunos de estos rasgos situacionales. En su discurso inserta alusiones a acontecimientos y a famosos cuyo conocimiento forma parte del contexto cultural español. De este modo resalta los saberes compartidos y crea vínculos de pertenencia a una misma comunidad, en este caso cultural. Los comentarios suelen versar sobre temas de actualidad, pero con frecuencia son tratados como temas cotidianos, ya que subrayan lo anecdótico y/o indecoroso. Así ocurre en:

 

Se hace raro verle de traje [se refiere a Rafa Nadal], sin pelota alguna en el bolsillo y sin echarse la mano a los cuartos traseros para colocarse de un tirón certero la ropa interior (Carlos Alsina, “Contra la crisis, audacia”, Onda Cero, 24 de octubre de 2008).

 

Unos días se quieren a morir (es aún más efusivo Sarko con ZP, le toquetea más que a la señora Merkel) y otros días parece que se lleven fatal (Carlos Alsina, “¿Irá Zapatero a la cumbre del G-8?”, Onda Cero, 21 de octubre de 2008).

 

El periodista sí se implica emocionalmente en el referente comunicado, de ahí las numerosas expresiones subjetivas y la presencia de los pronombres de primera persona. Aunque el fin no sea interpersonal, el ingenio y el humor hacen que por momentos el verdadero fin quede en un segundo plano. Y, por último, aunque sea un discurso planificado de antemano, está preparado para que aparente no serlo, con los rodeos explicativos y digresiones se crea una espontaneidad fingida.

Esta modificación de los rasgos situacionales posibilita el uso del lenguaje coloquial, cuya presencia mengua el grado de formalidad, y ubica el registro en la periferia de lo formal o próximo a la periferia de lo coloquial, según el caso.

Respecto al cambio del registro, cabe preguntarse: ¿a qué se debe? A juicio de Oesterreicher[22], este trasvase se puede explicar por:

a)      una falta de formación cultural del que escribe,

b)      por interferencias en el caso de hablantes bilingües,

c)      por descuidos en la expresión en determinadas situaciones,

d)     por una adaptación al nivel de comprensión de los lectores,

e)      por la exigencia de la norma discursiva,

f)       por una finalidad estética, o

g)      como una llamada de atención a los destinatarios.

Así las cosas: ¿Qué fin persiguen los comentaristas cuando recurren al registro coloquial? No lo hacen por una deficitaria competencia lingüística o comunicativa, ni por descuidos ocasionales, ni como un recurso literario –como ocurre, por ejemplo, en la narrativa moderna–. Se podría decir que el comentarista pretende ‘llamar la atención’ y lograr la simpatía del público al que se dirige, y que, para lograrlo, se sirve de lo coloquial como una estrategia argumentativa. Además, como señala Mancera, existe un motivo adicional: la proyección de una imagen atractiva y próxima del ethos nuclear. Así, mediante la coloquialidad “fingida” y la “apariencia de espontaneidad”[23], el yo del comentarista se presenta cercano, espontáneo, familiar y con sentido del humor.

En el próximo apartado, demostramos esta presencia e integración de marcas coloquiales en el discurso de los comentaristas con este doble propósito.

 

 

 

4. Análisis del registro coloquial en el comentario radiofónico

 

En este punto, ilustramos las marcas coloquiales presentes en los comentarios radiofónicos a partir de los distintos niveles lingüísticos (morfosintáctico, léxico-semántico y fónico) como evidencias de que lo coloquial constituye una constante estilística del ethos formal de los comentarios radiofónicos. Al respecto, tenemos que decir que el nivel que requiere una mayor descripción es el morfosintáctico, dados los cambios que experimenta el comentario en este nivel.

Para el estudio de campo, consultamos un corpus de medio centenar de textos de comentaristas destacados en la radio generalista española –Carlos Alsina, Julia Otero, Carlos Herrera, Fernando Ónega y Antonio García Barbeito (Onda Cero); Toni Garrido (Radio 1, de Radio Nacional de España); Luis del Val, Josep Ramoneda, Juanma Trueba, José Ramón de la Morena e Iñaki Gabilondo (Cadena SER)–. Los comentarios analizados fueron emitidos entre 2006 y 2012.

 

 

 

4.1. Nivel morfosintáctico

 

En efecto, en los comentarios radiofónicos los enunciados presentan construcciones sintácticas adecuadas acompañadas de complementos que dotan de un sentido específico aquello de lo que tratan. Asimismo, predominan los períodos largos compuestos por oraciones subordinadas de diversa índole. Ahora bien, también se emplean a menudo rasgos propios de la sintaxis del registro coloquial, sintaxis que no responde al orden formal establecido por las normas de uso de la lengua, sino que antepone lo semántico-pragmático, y establece un nuevo orden en función de las necesidades comunicativas.

A partir de los estudios de Briz y Narbona[24], indicaremos una serie de marcas coloquiales relativas al nivel morfosintáctico que certifican la coloquialización de este género[25].

a) Aparecen secuencias de sintaxis concatenada o parcelada[26]; esto es, secuencias en que se acumulan enunciados y grupos sintácticos no verbales no necesariamente independientes. Esta sucesión muestra una aparente falta de organización, como si se fueran añadiendo las ideas conforme le vienen a la mente al hablante. Así sucede en el siguiente fragmento:

 

El jefe de Renault le ha asegurado que la producción se va a incrementar un 15 por 100. A pesar de la crisis. Menos mal. Un francés que nos trata bien. A ver si aprende Platini, ¿no? El de la UEFA (Carlos Alsina, “De vuelta en León”, Onda Cero, 16 de octubre de 2008).

 

A veces, detrás de la suma de oraciones y grupos sintácticos, se entretejen relaciones subordinadas. Así, en la siguiente secuencia se advierte una relación consecutiva entre el primer y el segundo miembro, y una relación explicativa-conclusiva del tercero respecto a los miembros anteriores.

 

Más de un ocho por ciento ha caído el IBEX. Segunda peor jornada bursátil de todo el año. Tiempos revueltos (Carlos Alsina, “Llegó el choque”, Onda Cero, 22 de octubre de 2008).

 

b) Se utilizan con frecuencia construcciones paratácticas como un recurso para expresar relaciones de subordinación de un modo más rápido y emotivo. Como apunta Narbona, si en estos casos se empleara su vocablo culto y elaborado, la intención comunicativa quedaría desvirtuada o se desvanecería[27]. En los siguientes textos se observa el uso de la conjunción copulativa y con valor consecutivo, contrastivo y continuativo.

 

El escaño es suyo y no se lo pueden quitar, pero a ojos de la dirección de UPN, Cervera ha dejado de ser uno de los suyos (Carlos Alsina, “Llegó el choque”, Onda Cero, 22 de octubre de 2008).

 

Se anuncia el embarazo de doña Letizia y se dice que en la Casa Real no hay ningún interés en acelerar la reforma de la Constitución (Carlos Llamas, “Errático Zapatero”, 8 de mayo de 2005).

 

No se puede oponer porque está en juego el propio sistema y porque, de oponerse, todo el mundo le pediría al líder del PP una alternativa. Y para resolver el problema de los bancos, Rajoy esa alternativa no la tiene (Carlos Alsina, “Cita en la Moncloa”, Onda Cero, 14 de octubre de 2008).

 

No se trata de usos que revelen una sintaxis primitiva y pobre, sino, antes bien, de la elección de los modos de decir más adecuados en relación con los intereses discursivos[28]. De hecho, aunque se omitan o reiteren ciertos nexos oracionales, sí se utilizan marcas para señalar las relaciones y organizar el discurso, como se verá en el siguiente punto.

c) En los comentarios radiofónicos se observa también el uso e inventario de marcadores discursivos característicos del registro coloquial. Como han señalado López Serena y Borreguero, la polifuncionalidad de los marcadores discursivos afecta en mayor medida a la variación oral que a la escrita[29]. En efecto, en los textos radiofónicos son muy recurrentes los marcadores polifuncionales (pues, bueno, que, pero). En los siguientes textos aparece bueno con las funciones de inicio de discurso, de continuación y de reformulación, respectivamente. En el registro formal se hubiera utilizado un marcador de organización del discurso en cada caso.

 

Bueno, ustedes ya no se acordarán, pero hace un año, cuando vinimos a León, el presidente del Gobierno (Carlos Alsina, “De vuelta en León”, Onda Cero, 16 de octubre de 2008).

 

Además de ser audiovisual, los japoneses van a explotar el cine audiovisual. Bueno, habrá que elegir la película, no sólo por el director y los intérpretes, sino por el lugar en que se desarrolle (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 26 de abril de 2006).

 

Un tal Miguel Sebastián, porque entonces era menos conocido que Alfonso Díez antes de ser novio de la duquesa de Alba, ¿no? Bueno, novio, antes de que empezara a tontear con Cayetana. Bueno, tontear, tonto no parece (Carlos Alsina, “Encuentro con la economía real”, Onda Cero, 20 de octubre de 2008).

 

Asimismo, son propias del registro coloquial las acumulaciones de marcadores o fórmulas rutinarias. Así se ve en:

 

Que dijo Moratinos: se han reunido, y en realidad, es que se habían cruzado. Pero bueno, por lo menos se vieron (Carlos Alsina, “Bush se despide de la ONU”, Onda Cero, 23 de septiembre de 2008).

 

Pues bien, el Congreso de Estados Unidos acaba de consagrar los juicios militares para acusados de terrorismo (Carlos Llamas, “EEUU, más autoritario”, 2006).

 

En ocasiones se emplean de manera reiterada:

 

Bueno, de Carrie ya ni hablamos. Y de las hermanas Pinzón, menos. Que también existieron. Eran tres, como las carabelas. Bueno, más bajas (Carlos Alsina, “En tierra de descubridores”, Onda Cero, 19 de septiembre de 2008).

 

Los premiados, como recordamos cada año, son científicos e investigadores de todo el mundo autores de trabajos absolutamente serios pero, en apariencia, chungos. O sea, bobos. O sea, de cachondeo (Carlos Alsina, “Premios Ig Nobel 2008”, Onda Cero, 3 de octubre de 2008).

 

Respecto a los conectores argumentativos, no encontramos un gran repertorio en estos textos radiofónicos. Los comentaristas recurren más bien al inventario más reducido que se suele emplear en las conversaciones. Pero viene a ser el conector de oposición por antonomasia. Rara vez aparece no obstante, sin embargo, ahora bien, etc.

 

Estamos todos un poco atacados con este asunto. Pero escampará (Carlos Alsina, “Encuentro con la economía real”, Onda Cero, 20 de octubre de 2008).

 

Como conectores consecutivos no suelen encontrarse por consiguiente, en consecuencia, por ende… sino que aparecen sobre todo así que o de ahí.

 

Hay que criticar al poder, venga de donde venga, porque es higiénico y saludable, y el poderoso sin crítica se vuelve estúpido, y si ya era estúpido deviene en majadero, y un majadero con poder es terrible, porque los majaderos no descansan y lo son a tiempo completo. Así que lo único que podemos hacer es criticar (Luis del Val, Carta abierta a un débil”, Cadena SER, 6 de abril de 2006).

 

También son muy comunes el pues comentador o el es que con cometido de justificación, ambos usos asociados a lo coloquial.

 

No es sólo que no sepamos poner las cadenas, es que parece que presumamos de no saber hacerlo, oiga (Carlos Alsina, “Unos por otros, la nieve sin barrer”, Onda Cero, 15 de diciembre de 2008).

 

Algunos de ustedes que peinan canas, recordarán que hubo algún momento en sus vidas en que tuvieron temor del profesor. Pues las nuevas generaciones se han librado de esos temores (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 6 de abril de 2006).

 

Como marcador de reformulación se usa casi de manera exclusiva o sea, en lugar de esto es, es decir, a saber, etc. En el siguiente ejemplo observamos ese volver sobre lo dicho e insertar comentarios sin perturbar la comunicación, como sucede en la conversación coloquial.

 

Fentel, que no es un medicamento, sino la Federación Nacional de Instaladores de Telecomunicaciones, o sea, la asociación que agrupa a los antenistas de televisión (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 31 de mayo de 2006).

 

Los marcadores discursivos utilizados con valor de conclusión o cierre discursivo son total, en fin, y a veces pues nada y o sea. Sin embargo, en el registro formal se prefieren en conclusión, en síntesis, en suma, en resumen, etc.

 

Total, que aún no se sabe si estaremos o no estaremos (Carlos Alsina, “¿Irá Zapatero a la cumbre del G-8?”, Onda Cero, 21 de octubre de 2008).

 

En fin, los griegos, los romanos, últimamente los suecos y el Ayuntamiento de Barcelona, intentan regular o prohibir el oficio más antiguo del mundo, con resultados escasamente eficaces (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 5 de abril de 2006).

 

Pues nada, cuidado con los niños en Holanda, que no viene el hombre del saco, sino el pederasta (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 1 de junio de 2006).

 

A ver si en la Casa Real se ponen las pilas, que hasta el más modesto director general tiene un plumilla que le escribe discursos. O sea, que el día que venga el tesoro de Tutankamón, llegará una infanta y dirá algo así como “Muy bonito. Ideal” (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 19 de mayo de 2006).

 

Para terminar, destaca también el uso acusado de los marcadores discursivos interactivos, o, en términos de Briz[30], de control del contacto. El comentarista apela directamente al oyente mediante oye/oiga, fíjate/fíjense, mira, o se autorreafirma y llama su atención por medio de ¿no?, ¿eh?, ¿sabes? o ¿verdad? De este modo, implica al oyente más activamente y le incita a que se alíe con lo que está diciendo. Se trata de un recurso común, y así se advierte en los siguientes ejemplos:

 

La verdad es que da juego el gobierno, ¿eh? El PP también. Menos, porque la oposición siempre te luce menos, ¿verdad?, es más sacrificada (Carlos Alsina, “Encuentro con la economía real”, Onda Cero, 20 de octubre de 2008).

 

Me ha parecido interesante. Y he dicho: a ver si esto es lo que les pasa a las bolsas ¿no? (Carlos Alsina, “Siempre nos quedará la literatura”, Onda Cero, 9 de octubre de 2008).

 

No tenía idea de ir, pero de pronto ha sentido un arrebato nixoniano, casi, y se ha dicho: me voy a Pekín. Oye, ha hecho suyo el lema de muchoviaje.com, ‘hay que viajar más’ (Carlos Alsina, “¿Está Bush? Que se ponga”, Onda Cero, 23 de octubre de 2008).

 

Quizá podrían parecer más frecuentes los marcadores discursivos propios de una variación lingüística caracterizados por la distancia comunicativa, ya que ha habido una previa preparación y organización de la información. Sin embargo, son más habituales los marcadores discursivos de uso en la modalidad oral conversacional, en la que la inmediatez comunicativa determina un dinamismo consistente en que el texto se construye en el momento de su realización.

d) Los comentarios radiofónicos presentan con frecuencia un orden pragmático de los constituyentes al modo del registro coloquial[31]; esto es, mediante topicalizaciones y dislocaciones que anticipan la cuestión de la que se va a hablar o focalizan una información determinada. En efecto, una estrategia habitual en los textos radiofónicos es anunciar brevemente lo que se va a contar. Para ello, el locutor se sirve de diversos recursos: el topicalizador propio del registro coloquial hablando de, la colocación de un elemento en posición preverbal o el énfasis prosódico en la pronunciación del titular. Así se observa en los siguientes ejemplos:

 

Hablando de Ayuntamientos, el de Zaragoza ha organizado unas jornadas sobre “La cocina del agua” (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 23 de mayo de 2006).

 

De la mesa aquella de las reformas estructurales que iba a montar con el PP no ha vuelto a saberse nada (Carlos Alsina, “Contra la crisis, audacia”, Onda Cero, 24 de octubre de 2008).

 

Contabilidad política: el gobierno catalán y el gobierno español no consiguen ponerse de acuerdo sobre el plus de inversión para Cataluña que contienen los presupuestos (Josep de Ramoneda, “Valor real y virtual”, Cadena SER, 2006).

 

Otras veces se pretende resaltar un determinado elemento, como en:

 

Bien no se nos ha dado en la cumbre del G20, ésa es la verdad (Toni Garrido, “Unión”, Radio 1, 20 de junio de 2012).

 

Chocante, desde luego, resulta que el presidente de la Cámara Baja… (Carlos Alsina, “Bono vuelve a dejar la política”, Onda Cero, 28 de noviembre de 2008).

 

En otras ocasiones la alteración de la estructura informativa se produce mediante dislocaciones a la izquierda[32]. El cambio de posición topicaliza y resalta el contenido informativo que se quiere destacar. Así sucede cuando el objeto se sitúa en una posición inicial

 

Momentos, los hubo mejores (Fernando Ónega, “Rubalcaba es un hombre obligado por el embrollo catalán”, Onda Cero, 25 de septiembre de 2012).

 

A Zapatero lo tenemos en China abogando allí por la reforma del Fondo Monetario Internacional (Carlos Alsina, “Contra la crisis, audacia", Onda Cero, 24 de octubre de 2008).

 

e) En ocasiones, encontramos enunciados suspendidos, entendidos como tales en cuanto presentan un valor incompleto o, más exactamente, completado en el contexto por el oyente[33]. Sin embargo, a pesar de lo que podría parecer, estos enunciados no se perciben como incompletos y tampoco se explican por razones de economía o ahorro verbales. Las razones que justifican su empleo son tácticas, como una manera de dar relieve singular a una parte del mensaje, para destacar en realidad lo que no se ve o dice.

 

Pues hablas como Aznar cuando estuvo en Crawford, con ese acento… (Carlos Alsina, “¿Está Bush? Que se ponga”, Onda Cero, 23 de octubre de 2008).

 

En cuanto aparecía en el plató le ponían de fondo las gaitas y ella lo decía todo terminado en “iño” y en “iña”. Como hace de gallega... (Carlos Alsina, “Amarramos la radio en el muelle de Vigo”, Onda Cero, 24 de septiembre de 2012).

 

f) También son frecuentes los comentarios parentéticos de carácter subjetivo. Así se puede ver en los siguientes ejemplos:

 

El presidente del Gobierno, que otra cosa no, pero habilidad para estas cosas ha demostrado un rato (¿qué cosas?, negociar y conseguir lo que buscaba), el presidente, que es muy cuco, tenía preparada una puesta en escena para el sábado que, de haberle salido bien, hubiera sido un tremendo golpe de efecto (Carlos Alsina, Onda Cero, 22 de diciembre de 2008).

 

[…] y la decepción y desencanto –gran palabra, muy usada en España un tiempo, ¿se acuerdan?decepción y desencanto, repito, que todos los analistas pronostican que experimentará el mundo cuando compruebe que Obama no es el mesías (Julia Otero, “20 de enero”, Onda Cero, 21 de enero de 2009).

 

g) En los comentarios radiofónicos, como en los textos coloquiales, encontramos numerosos relatos dramatizados, que constituyen un recurso vivificador y actualizador mediante el que se dota al texto de una carga visual y de la tensión narrativa necesaria para mantener la atención y fortalecer la exposición de argumentos. Los comentaristas suelen emplear este recurso para interpretar y dramatizar escenas privadas de la vida pública con un tono humorístico.

Las intervenciones de los personajes se introducen y separan a través del verbo decir, casi siempre en presente y sin sujeto emisor. Así ocurre en el siguiente ejemplo en el que la expresión ‘estupendo’ pertenece a un omni-locutor cuya fuente son los ciudadanos.

 

Entonces, hoy dijo: la luz no subirá en enero. Dices: estupendo. No, la frase no termina ahí, cuidado. Dijo: la luz no subirá en enero, si no hay acuerdo antes sobre el déficit de tarifa. ¿Y eso qué es? (Carlos Alsina, Tiempo de anuncios”, Onda Cero, 1 de diciembre de 2008).

 

En otras ocasiones, las pausas y los cambios de tono señalan los límites de las intervenciones de los protagonistas[34], como se observa en

 

A Solbes el plan Zapatero le ha venido dado. Le ha dicho el presidente: hay que hacerlo. ¿Cómo? Ah, eso arréglalo tú. Y en ello anda (Carlos Alsina, “Siempre nos quedará la literatura”, Onda Cero, 9 de octubre de 2008).

 

En el siguiente relato conversacional, el locutor deja constancia de que es un diálogo simulado y alude al humorista Gila a quien le atribuye el estilo.

 

Quién fuera Gila. Qué lástima que se nos muriera Miguel Gila hace siete años, porque nadie como él para imaginar cómo sería esta llamada. El presidente Zapatero llamando a la Casa Blanca para decirle a Bush cuatro cosas […]. “¿Sí, Bush, eres tú? No, perdona que no te conocía. Como hemos hablado poco. Sí. Ya lo sé, sí. Oye, habla más despacio, que el inglés lo entiendo poco. Ah, que estás hablando en español […]. Sería de Gila, eh (Carlos Alsina, “¿Está Bush? Que se ponga”, Onda Cero, 23 de octubre de 2008).

 

En los siguientes fragmentos cobra voz el monólogo interior de políticos a modo de estilo indirecto libre.

 

Artur Mas tiene pinta de ser de los que en la papeleta pon, sí, no, ya veremos, es posible, lo estoy pensando, y cuando cuente las papeletas te diré (Antonio García Barbeito, “Aquí lo único que importa es la pela, mucho más que el independentismo”, Onda Cero, 26 de septiembre de 2012).

 

En estos textos, el hablante se convierte a la vez en narrador y en la voz de distintos personajes, a los que incluso llega a imitar. Se genera así un monólogo polifónico que simula el dinamismo de intervenciones de una conversación.

h) En los comentarios radiofónicos también encontramos con frecuencia expresiones deícticas exofóricas. Al respecto, hay que señalar que la estricta actualización de los discursos del registro coloquial conlleva que el ‘yo-aquí-ahora’ se configure como centro deíctico personal, espacial y temporal a partir del cual se organizan los deícticos, entre los que destaca la presencia del yo hablante que se manifiesta de modo constante, explícito o latente[35]. El yo, además de ser una de las voces principales del diálogo, sirve como estrategia de intensificación –como en los dos primeros ejemplos– o de atenuación argumentativa –como en el tercer ejemplo, en el que yo aparece pospuesto al verbo– mediante la que el locutor destaca o minimiza su postura u opinión.

 

Hombre, yo no digo que diera una conferencia sobre el arte ibérico (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 19 de mayo de 2006).

 

A mí me duele que la gente del fútbol provoque conflictos de secesiones (José Ramón de la Morena, “Guardiola, estandarte de la Selección española”, Cadena SER, 13 de septiembre de 2012).

 

[…] me intriga esto de quitarse la ropa, porque no será, digo yo, para hacerse un capote (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 7 de junio de 2006).

 

A veces el yo se diluye con el vosotros en un nosotros mediante el que el comentarista asume y muestra cercanía hacia el sentir de los oyentes.

 

[…] por un doble motivo: la subida de la luz es una de las cosas que peor nos sienta a los ciudadanos (Carlos Alsina, “Sí, primer ministro”, Onda Cero, 17 de septiembre de 2012).

 

Otras veces el comentarista se dirige al/los oyente/s mediante elementos apelativos, vocativos, pronombres de segunda persona del plural y preguntas retóricas. Así se puede observar en

 

La última vez que Rajoy y Merkel se vieron casi a solas fue en Chicago, cuando la cumbre aquella de la OTAN y el paseíto en barco, ¿se acuerdan? (Carlos Alsina, “Rajoy no le ha cantado a Merkel el ‘Killing me softly’”, Onda Cero, 6 de septiembre de 2012).

 

Amigos, crédito no tendremos, ahora descrédito nos sobra (Toni Garrido, “Cómplices”, Radio Nacional de España, 29 de mayo de 2012).

 

Aunque sé que a vosotros, a cada uno de vosotros, os habrán sucedido cosas en este curso que hoy terminamos (Carlos Alsina, “Se acaba el curso”, Onda Cero, 27 de julio de 2012).

 

¿Y cómo lo detuvieron? Pues porque el ladrón se dejó su teléfono móvil en uno de los coches, a ver si te crees que la Policía es tonta (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 24 de mayo de 2006).

 

En el último ejemplo, la interrogación retórica aparece seguida de su respuesta, lo que muestra que, más que invitar a la reflexión, en ocasiones esta fórmula se emplea para dinamizar el discurso.

También es común que se utilice el pronombre de la segunda persona del singular “tú” de forma despersonalizada, esto es, con una lectura inespecífica[36].

 

Cualquier día vas a París y, la noche antes, unos ladrones habrán desmontado la torre Eiffel (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 8 de junio de 2006).

 

Como se dice también en Sí, ministro, nunca acudas a una reunión con tus colegas sin una respuesta preparada, pero una vez que la des, tampoco entres en más detalles (Carlos Alsina, “Sí, primer ministro”, Onda Cero, 14 de septiembre de 2012).

 

En cuanto a los deícticos espaciales y temporales, se produce una ampliación del referente: aquí suele referirse a ‘España’ y ahora al tiempo de los acontecimientos actuales que se relatan. Así lo observamos en

 

y todo porque allí protestan más por un vídeo erótico de Mahoma que aquí por millones de cristianos pasándolas canutas (Antonio García Barbeito, “A Mahoma, ni toserle”, Onda Cero, 14 de septiembre de 2012).

 

[…] debería ser capaz también de organizar alguna cosa, aquí en España (Carlos Alsina, “Contra la crisis, audacia”, Onda Cero, 24 de octubre de 2008).

 

Justo lo contrario de lo que ahora ocurre, donde de lo agradable y deleitoso se pasa al agobio y la preocupación (Luis del Val, “Carta abierta a un padre”, Cadena SER, 2006).

 

i) En el registro coloquial la categoría pragmática de la intensificación[37] es una constante. En los comentarios radiofónicos también es habitual reforzar lo dicho o la actitud hacia el contenido comunicado con diferentes finalidades (convencer al otro, distender la seriedad o gravedad de las noticias reseñadas, provocar la risa, etc.). Para ello los comentaristas se sirven de diversos recursos, entre los que constan los morfosintácticos. En los siguientes ejemplos advertimos adjetivos en grado superlativo, adverbios que modifican adjetivos y las construcciones lo mejor/lo peor.

 

La actuación de ambos en el caso Mari Luz ha sido la gota que ha colmado este larguísimo vaso (Carlos Alsina, “Siempre nos quedará la literatura”, Onda Cero, 9 de octubre de 2008).

 

Lo del PP con Cataluña es realmente enfermizo (Josep Ramoneda, “Errático Zapatero”, Cadena SER, 2006).

 

Lo de Trashorras, se paga con dinero. ¿Con qué se paga la irresponsabilidad de unos cuantos? Lo peor es que esa cuenta nos la acabarán pasando a todos (Carlos Llamas, “ETA es lo que es”, 2006).

 

Los comentaristas también emplean prefijos cultos que significan exceso y que son característicos de la jerga juvenil…

 

[…] la conversación con el japonés no ha incluido ni media referencia a la ausencia o la presencia de España en la mega cumbre […]. No digo yo que el gobierno no deba mostrarse hiper interesado en acudir a Washington… (Carlos Alsina, “Contra la crisis, audacia”, Onda Cero, 24 de octubre de 2008).

 

…partículas modales que expresan una negación fuerte…

 

Si hubiera mencionado la crisis hace un mes y medio, ni él se hubiera librado de que le llamaran anti español (Carlos Alsina, “Contra la crisis, audacia”, Onda Cero, 24 de octubre de 2008).

 

No tiene ningún sentido que un partido conservador de 10 millones de votos se dedique a ejercer de correa de transmisión de un periódico y a poner en duda la solvencia de la policía y de la justicia. Ni siquiera el resentimiento, por grande que sea, y lo es, lo hace explicable (Josep Ramoneda, “Señales de guerra”, Cadena SER, 6 de octubre de 2006).

 

Una mujer de talante nada partidista (Josep Ramoneda, “Miserable, pero cierto”, Cadena SER, 21 de septiembre de 2006).

 

…estructuras comparativas, acompañadas normalmente por modismos o expresiones mordaces…

 

La joven, ahora de 18 años, tiene trastocados todos sus valores y aparenta padecer un síndrome más que de Estocolmo, de Suecia entera (Carlos Llamas, “Miedos de comunicación”, Cadena SER, 2006).

 

[…] tiene que ver con la actividad de las integrantes de la Plataforma Etcétera, y digo Etcétera porque el nombre es más largo que un día sin televisión (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 5 de abril de 2006).

 

…e incluso sufijos diminutivos utilizados con un valor intensificador:

 

Draghi dijo ayer, y sin necesidad de que pidamos rescate y el BCE enchufe la máquina de hacer dinero, la prima se quedará delgadita, delgadita ya para siempre (Carlos Alsina, “La prima menguante”, Onda Cero, 7 de septiembre de 2012).

 

De la cumbre ha salido lo que se esperaba: un diagnóstico sencillito (“el sistema ha detectado fallos”) (Carlos Alsina, “No está mal para empezar”, Onda Cero, 17 de noviembre de 2008).

 

En los siguientes ejemplos se intensifica la modalidad lógica, es decir, se realza la verdad o certeza de lo dicho y, en consecuencia, el hablante muestra un alto grado de compromiso. Los comentaristas se sirven para ello de adverbios o locuciones modales intensificadoras…

 

[…] sí, los osos son herbívoros, pero comprenderá usted que vas a llevar a pastar a las vacas, y te encuentras con una osa de cien kilos, y, claro, no es agradable (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 18 de mayo de 2006).

 

Y todos los grupos parlamentarios, excepto el del PP, por supuesto, han comprendido que se tenía que poner coto al ‘calumnia que algo queda’ (Carlos Llamas, “El último triunfo de Ibarra”, Cadena SER, 19 de septiembre de 2006).

 

… o de adjetivos y sustantivos (verdad, cierto, seguro, etc.) seguidos de una subordinada a la que modalizan:

 

y la verdad es que la casa se está quedando hecha unos zorros, si es que no desaparecen los zorros (Luis del Val, “Carta abierta a un habitante de la tierra”, Cadena SER, 30 de marzo de 2006).

 

Al revés, seguro que Hugo Chávez lo dejó inflamado. El otro indicio es el que nos dice el del cambio climático, yo creo a medias en eso, sobre todo hoy que no ha parado de llover (Fernando Ónega, Onda Cero, 20 de noviembre de 2012).

 

j) Junto a los intensificadores, el registro coloquial recurre también a los atenuantes, si bien en menor medida. En este caso, su uso no es tanto una norma de conducta social de cortesía, sino una estrategia argumentativa vinculada a la relación interlocutiva que modera la fuerza ilocutiva de un contenido con el fin de minimizar las acciones del hablante (“escudo protector”) o de mitigar posibles amenazas a la imagen o a los derechos de otro (“labor preventiva”)[38]. En ambos casos, al afán sigue siendo persuadir y convencer del acierto del propio planteamiento ante un tema conflictivo. Para ello se utilizan distintos procedimientos, que también hemos advertido en los comentarios radiofónicos: verbos de opinión y perífrasis modales de posibilidad, como en

 

[…] creo que Ruiz Gallardón se ha equivocado cediendo a las presiones de la derecha. (Josep Ramoneda, “Presiones de la derecha”, Cadena SER, 7 de septiembre de 2006).

 

Ahora que hemos ascendido las rampas del desarrollo, nos preocupa el fenómeno de la inmigración, que es cierto que en determinados casos puede ser un problema (Carlos Llamas, “La vieja memoria”, Cadena SER, 2006).

 

También encontramos adverbios modales de posibilidad más específicos del registro coloquial (a lo mejor, igual). Su correlato en el registro formal, quizás, es usado con menor frecuencia en los comentarios.

 

A veces, se rompe la vida de alguien, y sin ser amigo o pariente, Rocío, se nota un desconsuelo hondo, una tristeza insospechada, una desolación increíble, a lo mejor por egoísmo no sé, porque cuando tú cantabas éramos felices (Luis del Val, “Carta abierta a Rocío Jurado”, Cadena SER, 2006).

 

Igual anoche ya te cogió dormido, pero lo habrás escuchado ahora en la radio, la ciudad de Madrid vuelve a ser candidata para organizar los Juegos Olímpicos de 2020 (José Ramón de la Morena, “Nos queda la ilusión”, Cadena SER, 28 de mayo de 2012).

 

También cabe utilizar preguntas retóricas. En la siguiente, el comentarista se cuestiona a sí mismo sobre el acierto de toda la argumentación anterior.

 

Claro que bien pensado ¿qué hago yo metiéndome en guerras mediáticas? (Carlos Llamas, “Guerras mediáticas”, Cadena SER, 2006).

 

En diversas ocasiones los autores se sirven de partículas modales. En el siguiente ejemplo, más que proteger su imagen, el hablante minimiza lo dicho, le quita hierro al asunto.

 

[…] esta tarde el Congreso lo que ha debatido es, por así decirlo, la parte de la crisis que afecta a las finanzas y los bancos (Carlos Alsina, “Encuentro con la economía real”, Onda Cero, 20 de octubre de 2008).

 

Otras veces se usan los mismos recursos para atenuar la verdad de lo dicho; el locutor evita así responsabilizarse de lo que comunica.

 

A lo mejor, el exceso de cloro nos puede causar algo de estreñimiento, pero los controles están a la altura de nuestro desarrollo (Luis del Val, “Carta abierta a los alcaldes”, Cadena SER, 27 de febrero de 2006).

 

Creo que fue en el año 1995 cuando se delimitaron lo que llamaríamos enfermedades laborales (Luis del Val, “Carta abierta a un profesional de la medicina laboral”, Cadena SER, 28 de febrero de 2006).

 

Hasta aquí, estos son los principales rasgos sintáctico-estructurales del registro coloquial que aparecen en el comentario radiofónico.

 

 

 

4.2. Nivel léxico-semántico

 

Aunque en los comentarios radiofónicos no se aprecia la reducción léxica que sufre el español coloquial conversacional, a veces los locutores recurren a voces, expresiones y recursos característicos del registro coloquial.

Entre las voces coloquiales[39] observadas, encontramos chungo, tío, marrón, movida, runrún, pela, chapa, huevos, pira, pinchar, colar, pillar, palmarla, pirarse, escachifollar, escampar, mojarse… Algunas de ellas proceden del argot de los delincuentes o de la jerga juvenil, y han pasado a formar parte del léxico ordinario.

 

¿Hay que situar esta movida en los preparativos de una próxima guerra contra Irán? (Josep Ramoneda, “Señales de guerra”, Cadena SER, 6 de septiembre de 2007).

 

Vigilando, para que no le cuelen ningún tomate escachifollao, o sea, chungo (Carlos Alsina, “Encuentro con la economía real”, Onda Cero, 20 de octubre de 2008).

 

[…] que al final, sépanlo, aquí lo único que importa es la pela, mucho más que el orgullo nacionalista (Antonio García Barbeito, “Aquí lo único que importa es la pela, mucho más que el independentismo”, Onda Cero, 26 de septiembre de 2012).

 

Mientras unos cientos de miles de personas envueltas en gritos, en silencios, en banderas, o con el mechero en la mano como personas dadas a las piras, y que después se piran(Antonio García Barbeito, “España espera la mesada que no llega”, Onda Cero, 12 de septiembre de 2012).

 

Primero porque todos se prestan dinero entre ellos, y si uno palma, los demás tienen un problema (Carlos Alsina, “Consejos contra la crisis”, Onda Cero, 6 de octubre de 2008).

 

Algunas de estas palabras (tostón, tocho, porrón, tute, puñetero, algo gordo…) cumplen una función de intensificación de lo dicho. Así se ve en los siguientes ejemplos:

 

El señor delegado dice que la historia es falsa, pero la colaboradora le pide un porrón de euros, o de yen, o de dólares (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 10 de mayo de 2006).

 

[…] acude a un hotel donde le esperan más políticos y empresarios junto a algunos periodistas para leer un tocho sobre alguna cuestión de actualidad y dejarse preguntar (Carlos Alsina, “Artur Mas se abona a la ley Truman: ‘Si no puede convencerles, confúndalos’”, Onda Cero, 13 de septiembre de 2012).

 

Hoy la prima, la puñetera prima vuelve a subir, eso quiere decir que quienes sueltan la gallina, quienes nos financian no ven nada claro (Toni Garrido, “Plan Z”, Radio 1, 12 de julio de 2012).

 

Los comentaristas a veces se sirven de vocablos comunes pero con acepciones de uso coloquial. Así se observa en los siguientes ejemplos en los que se emplea caer en lugar de ‘estar situado/a’, tirar por ‘echar mano’ o elementos por ‘personas’.

 

Ni siquiera queda claro si está enterado el candidato McCain de quién es Zapatero y de dónde cae España (Carlos Alsina, “Tirarse a la piscina”, Onda Cero, 19 de septiembre de 2008).

 

Manolete tiró de estadística para recordarnos que el Atleti lleva 6 meses sin perder un partido (Juanma Trueba, “El larguero”, Cadena SER, 26 de septiembre de 2012).

 

Por elementos como estos, es una banda sanguinaria y despreciable (Carlos Llamas, “ETA es lo que es”, Cadena SER, 2006).

 

En ocasiones se utilizan también palabras malsonantes (coño, joder) e insultos (gilipollas, caraculo, idiotas…)

 

Es lo que dice un amigo mío cuando escucha a Magdalena. Dice: joder con el gobierno del talante (Carlos Alsina, “Encuentro con la economía real”, Onda Cero, 20 de octubre de 2008).

 

A lo mejor necesitaba hacer ese curso don Antonio Pérez García que ha recibido una factura del gas natural a nombre de Antonio Gilipollas Caraculo” (Luis del Val, Cadena SER, 7 de diciembre de 2006).

 

Yo podría ponerme en plan cascarrabias y podría decir: coño, pues si no hay temas para el consejo, que cierren el consejo (Fernando Ónega, Onda Cero, 30 de noviembre de 2012).

 

Respecto a la fraseología, abundan los modismos propios del registro coloquial (de perdidos al río, de uvas a peras, en plan, a muerte, salir el tiro por la culata, dar la lata, entrar a saco, llevar una racha, caer un buen puro, coger un globo, no estar para bromas, cantar las cuarenta, quedar dos telediarios, no poder ver ni en pintura, tener narices, manda huevos, salvarse por los pelos, moler a palos, dar juego, estar a por uvas…). Estas locuciones, por la fuerza expresiva que contienen, proporcionan viveza y colorido al discurso, ya que suelen aludir a imágenes concretas o se basan en metáforas ya lexicalizadas.

 

A ver si en la Casa Real se ponen las pilas, que hasta el más modesto director general tiene un plumilla que le escribe discursos (Luis del Val, “Letra pequeña”, Cadena SER, 19 de mayo de 2006).

 

Y todo porque allí protestan más por un vídeo erótico de Mahoma que aquí por millones de cristianos pasándolas canutas (Antonio García Barbeito, “A Mahoma, ni toserle”, Onda Cero, 14 de septiembre de 2012).

 

Pues fíjense que yo creo que lo que de verdad daña la imagen de España es ver a unos tipos como armarios de tres cuerpos disfrazados de robocop, moler a palos a jóvenes y mayores desarmados o verles entrar a saco en los andenes del metro (José María Izquierdo, “Moler a palos a jóvenes desarmados sí daña la imagen de España”, Cadena SER, 27 de septiembre de 2012).

 

Sí, así es como han querido llamar nuestros próceres a la vigilancia a la que nos somete Bruselas. Intervención suave. ¡Tiene narices la cosa! (Toni Garrido, “Plan Z”, Radio 1, 12 de julio de 2012).

 

En algunas ocasiones el comentarista se toma la licencia de incluir añadidos. Así ocurre en

 

si fuera por ellos sólo comerían pasta, carne y huevos. Pues hala, ¡que les den! Que les den algo de verduras […] (Luis del Val, Cadena SER, 27 de noviembre de 2006).

 

No hay otra salida legal. No le den más vueltas al arroz (Fernando Ónega, “Siempre queda algún espacio para el entendimiento”, Onda Cero, 20 de septiembre de 2012).

 

Esta creatividad del locutor también se advierte en el uso de paremias, de uso menos habitual que los modismos. En el primero de los siguientes ejemplos se observa también una modificación.

 

Se va enterar de lo que vale un PIB. A ver si aprende a atar en corto al sistema bancario (Carlos Alsina, “¿Está Bush? Que se ponga”, Onda Cero, 23 de octubre de 2008).

 

Y a partir de ahí, que cada palo aguante su vela (Carlos Alsina, “Llegó el choque”, Onda Cero, 22 de octubre de 2008).

 

Las metáforas de la vida cotidiana, habituales en el discurso coloquial, tampoco faltan en los comentarios en radio:

 

Es solo una llamada para tratar de evitar que el ruido ambiental acabe borrando el disco duro de nuestra vieja memoria (Carlos Llamas, “La vieja memoria”, Cadena SER, 2006).

 

Tenemos ya empanada política, al trapo han entrado otros y hoy la cuestión nacional toma protagonismo (Toni Garrido, “Patriotas”, Radio 1, 22 de mayo de 2012).

 

Si los altos cargos se secan, se secan y se acabó (Fernando Ónega, Onda Cero, 30 de noviembre de 2012).

 

En las dos últimas metáforas se puede observar que se intensifica la cualidad del contenido designado. Aparte de las metáforas lexicalizadas, encontramos metáforas puntuales creadas por el comentarista.

 

Ha pasado a ser visto como un submarino que trabaja para Rajoy (Carlos Alsina, “Llegó el choque”, Onda Cero, 22 de octubre de 2008).

 

En los comentarios analizados, advertimos también acortamientos léxicos en los que, de acuerdo con Gómez Capuz[40], observamos un doble propósito: por un lado, manifestar la familiaridad y proximidad y, por otra, un deseo de economía verbal, que constituye otra de las constantes del lenguaje coloquial.

 

[…] pasamos la tarde pegados a la tele y la radio (José Ramón de la Morena, “Domingo entretenido, divertido y barato”, Cadena SER, 11 de junio de 2012).

 

Llegamos a la guarde, le preparé un sandwich de pavo (Toni Garrido, “Garantías”, Radio 1, 10 de julio de 2012).

 

Este acortamiento da lugar a hipocorísticos en los nombres propios, como Sarko en lugar de Sarkozy, o ZP para referirse a Zapatero.

 

Unos días se quieren a morir (es aún más efusivo Sarko con ZP, le toquetea más que a la señora Merkel) y otros días parece que se lleven fatal (Carlos Alsina, “¿Irá Zapatero a la cumbre del G-8?”, Onda Cero, 21 de octubre de 2008).

 

En estos textos observamos también el uso de anglicismos innecesarios (baby, party, showman, sex appeal, etc.) usados con un valor connotativo y estilístico.

 

Y se ha debido sentir como el representante del club megatrix, porque al lado de los demás premiados, parecía un baby (Carlos Alsina, “Contra la crisis, audacia”, Onda Cero, 24 de octubre de 2008).

 

El presidente Zapatero llamando a la Casa Blanca para decirle a Bush cuatro cosas. Por ignorarnos. Por excluirnos de su party (Carlos Alsina, “¿Está Bush? Que se ponga”, Onda Cero, 23 de octubre de 2008).

 

Por último, advertimos proformas léxicas (cosa, hacer, tener, etc.) que denotan la reducción léxica característica del registro coloquial, así como una merma de precisión.

 

A la luz del sumario del 11-M, una cosa parece clara: España estaba expuesta a los atentados de Al Qaeda (Josep Ramoneda, “La derecha atrapada”, Cadena SER, 2006).

 

El tal Bilbao lleva un largo historial de amenazas de muerte: lo hizo con Garzón (Carlos Llamas, “ETA es lo que es”, Cadena SER, 2006).

 

 

 

4.3. Nivel fónico

 

Como veíamos al comienzo, los rasgos físicos, acústicos y prosódicos de la voz que presenta el comentario contribuyen a construir el ethos nuclear y formal. Como es el propio autor quien lo presenta, es necesario que domine las exigencias de la comunicación radiofónica. El comentarista deberá tener una voz con personalidad, que transmita seguridad y convencimiento. Aunque el autor no debe perseguir el lucimiento personal de su propia voz, es recomendable que domine las técnicas de locución. De manera habitual se preferirán las voces graves, de intensidad media y ricas en variaciones tonales. Esto se traduce con frecuencia en voces masculinas. También son comunes los primeros planos de voz, propios del diálogo personal y de la intimidad, que acentúan la comunicación directa con la audiencia. Se rechazan tanto la intensidad alta, como la intensidad demasiado baja.

En el comentario radiofónico, la entonación, el ritmo de elocución y las pausas cumplen un papel fundamental para organizar el texto y sus sentidos. En el nivel fónico, el comentario radiofónico presenta también rasgos característicos del registro coloquial, como la entonación expresiva mediante la que manifiesta su actitud hacia lo dicho, la entonación marcada con la que enfatiza determinadas palabras o expresiones, los tonemas suspendidos, los alargamientos vocálicos y las pérdidas de consonantes, consecuencia de cierta relajación articulatoria.

La entonación marcada cumple la función de focalizar o realzar lo dicho.

 

Las diferencias de sus señorías que ayer prometieron acatar la constitución echan mano algunos de ellos de morcillas o de añadidos diversos (Carlos Alsina, Onda Cero, 15 de diciembre de 2011).

 

La huelga general ibérica ha sido total, dijo hoy uno de los convocantes (Carlos Alsina, Onda Cero, 14 de noviembre de 2012).

 

Los comentaristas emplean a menudo enunciados suspendidos en los que se pronuncia con una inflexión ascendente o suspendida y, en ocasiones, un alargamiento de la última sílaba[41]:

 

Y hubo quien dudaba de las decisiones del Seleccionador, y de Soldado, y de los cambiooos… (José Ramón de la Morena, “Derribando un muro a martillazos”, Cadena SER, 13 de septiembre de 2012).

 

Posiblemente luego pudo reconstruir su sueño, peeero…. (Iñaki Gabilondo, “Yo sí creo en las razones personales”, Cadena SER, 18 de septiembre de 2012).

 

Además, el registro coloquial se caracteriza también por una pérdida de sonidos, constante que apreciamos también en varios de los comentarios analizados. Estas pérdidas no se producen tanto como consecuencia de la rapidez de elocución como por la voluntad del comentarista de amenizar y dinamizar el texto para acercarlo y hacerlo familiar al oyente:

 

Esta panda de chala(d)os que como saben ustedes pueblan el mundo… (Carlos Herrera, “Artur Mas tenía razón diciendo que causan fatiga”, Onda Cero, 7 de septiembre de 2012).

 

España ayer estaba desarbola(d)ita perdi(d)a (Antonio García Barbeito, “El milagro para España está más cerca, sólo hay que pedirlo”, Onda Cero, 7 de septiembre de 2012).

 

Es que el patio (es)tá pa’ techa(r)lo (Antonio García Barbeito, “El patio español está para no pasar por él”, Onda Cero, 27 de septiembre de 2012).

 

Hoy, en Bruselas, los líderes europeos han dicho que p’álante (Carlos Alsina, “El retorno del día de la marmota”, Onda Cero, 12 de diciembre de 2008).

 

 

 

5. Conclusiones

 

Como hemos demostrado en los apartados anteriores, el comentario radiofónico participa de las características del registro coloquial en los distintos niveles lingüísticos. Entre los rasgos lingüísticos coloquiales del nivel morfosintáctico, destacan por su frecuencia de uso: los relatos dramatizados, en los que se escenifican diálogos privados de personajes de la vida pública o cobran voz sus pensamientos o el sentir de la sociedad; los marcadores discursivos específicos del registro coloquial, con abundantes marcadores de control del contacto; y los procedimientos morfosintácticos de intensificación mediante los que se refuerza lo dicho o la actitud. También son comunes los enunciados acumulados o suspendidos, topicalizaciones, expresiones deícticas exofóricas –entre las que predomina el yo hablante– y algunos mecanismos de atenuación. En cuanto al nivel léxico-semántico, advertimos numerosas voces coloquiales y modismos, muchos de ellos con el fin de realzar o intensificar. Además, también encontramos metáforas de la vida cotidiana, paremias, acortamientos léxicos, anglicismos innecesarios y proformas léxicas. Respecto al nivel fónico, notamos sobre todo una entonación expresiva y marcada, así como cierta relajación articulatoria –simulada–, evidenciada en las pérdidas de algunas consonantes.

Aunque los rasgos situacionales del comentario radiofónico vinculan este género periodístico al registro formal (alto grado de planificación, estructura cerrada, monólogo, etc.), el modus operandi generalizado de los locutores ha alterado algunos de estos rasgos situacionales, lo cual ha favorecido el uso del lenguaje coloquial que se integra como una constante estilística. En consecuencia, se ha originado una transformación en el ethos formal, esto es, en la forma del género, cuyo registro desciende en el grado de formalidad, y se sitúa, según el periodista, en la periferia de lo formal o de lo coloquial. Las marcas coloquiales vienen a ser un “elemento constitutivo”[42] de este tipo de texto o, desde el punto de vista del productor, una exigencia discursiva.

A su vez, el uso de estos recursos no es casual, ni negligente, ni se debe a una falta de competencia lingüística o comunicativa por parte del periodista. Responde a un fin determinado y está condicionado por el carácter público del medio radiofónico. Tal como muestran los distintos ejemplos que hemos presentado, el comentarista recurre al registro coloquial como estrategia argumentativa, tanto para llamar la atención y lograr la simpatía del público al que se dirige, como para proyectar una imagen atractiva, familiar, cercana y, en cierto modo, ocurrente de su ethos nuclear, para así “acortar la distancia comunicativa”[43] que lo separa de los oyentes. En este sentido, coincidimos con Briz en que la coloquialización de los géneros asociados al registro formal es claramente estratégica[44]. Desde una perspectiva más concreta, el empleo de los recursos propios del registro coloquial contribuye además a cumplir con las necesidades de construcción de sentido de todos los textos radiofónicos: llamar la atención interpelar al oyente, anticipar lo más relevante, desarrollar el contenido y redundar para asegurar la comprensión.

De esta forma, comprobamos que el comentario radiofónico es un modelo de representación de la realidad que articula unos argumentos desde un punto de vista personal de los que se quiere hacer participar emocionalmente a los oyentes. Y puesto que el oyente está ausente y esta situación comunicativa condiciona el ethos formal, son estos recursos propios del registro coloquial los que se emplean para llamar su atención, construir el interés, interpelar a la audiencia de manera activa y, producir, por último, la comunicación.

 

Bibliografía citada

 

ALBELDA, Marta, La intensificación como categoría pragmática: revisión y propuesta, Peter Lang, Frankfurt am Main, 2007.

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[1] Cfr. MARTÍNEZ-COSTA, María Pilar y HERRERA, Susana, “Rasgos característicos del comentario radiofónico”, Textual and Visual Media, nº 1, 2008, pp. 213-236 y MARTÍNEZ-COSTA, María Pilar, “Estrategias argumentativas en el comentario radiofónico”, en MARTÍNEZ PASAMAR, Concepción (ed.), Estrategias argumentativas en el discurso periodístico, Peter Lang, Frankfurt am Main, 2010, pp. 31-50.

[2] Cfr. MARTÍNEZ-COSTA, María del Pilar y HERRERA, Susana, “Rasgos característicos…”, op. cit., p. 215.

[3] Cfr. MARTÍNEZ-COSTA, María del Pilar y HERRERA, Susana, “La tertulia radiofónica como un tipo de conversación coloquial”, DOXA Comunicación, nº 5, 2007, pp. 189-211.

[4] Cfr. MARTÍNEZ-COSTA, María del Pilar y DÍEZ UNZUETA, José Ramón, Géneros y programas de radio. Introducción a la narrativa radiofónica, Eunsa, Pamplona, 2005, pp. 131-142.

[5] Cfr. MARTÍNEZ-COSTA, María del Pilar y HERRERA, Susana, La crónica radiofónica, Instituto Oficial de Radio y Televisión, Madrid, 2008.

[6] Cfr. HERRERA, Susana, Cómo elaborar reportajes en radio, La Crujía, Buenos Aires, 2008.

[7] Cfr. LÓPEZ PAN, Fernando, 70 columnistas de la prensa española, Eunsa, Pamplona, 1995, p. 25.

[8] Cfr. Ibídem, p. 26.

[9] Cfr. Ibídem, pp. 26-27.

[10] Cfr. BRIZ, Antonio, El español coloquial: situación y uso, Arco Libros, Madrid, 1996, p. 29. También BRIZ, Antonio, El español coloquial en la conversación: esbozo de pragmagramática, Ariel, Barcelona, 1998; BRIZ, Antonio, ¿Cómo se comenta un texto coloquial?, Ariel Practicum, Barcelona, 2000; BRIZ, Antonio, “El análisis de un texto oral coloquial”, en BRIZ, Antonio y GRUPO VAL.ES.CO, ¿Cómo se comenta un texto coloquial?, Ariel Practicum, Barcelona, 2000, pp. 29-48; BRIZ, Antonio, “Las unidades de la conversación”, en BRIZ, Antonio y GRUPO VAL.ES.CO, ¿Cómo se comenta…, op. cit., pp. 51-80; BRIZ, Antonio, “El registro como centro de la variedad situacional. Esbozo de la propuesta del grupo Val.Es.Co. sobre las variedades diafásicas”, en FONTE ZARABOZO, Irene y RODRÍGUEZ ALFANO, Lidia (coords.), Perspectivas dialógicas en estudios del lenguaje, Editorial de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México, 2010 y BRIZ, Antonio, “Variación pragmática y coloquialización estratégica. El caso de algunos géneros televisivos”, en FUENTES RODRÍGUEZ, Catalina (coord.), (Des)cortesía para el espectáculo: estudios de pragmática variacionista, Arco Libros, Madrid, 2013.

[11] Cfr. BRIZ, Antonio El español coloquial: situación…, op. cit.; El español coloquial en la conversación… op. cit.; ¿Cómo se comenta un texto coloquial?..., op. cit.; “El registro como centro de la variedad situacional”, op. cit. y “Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit.

[12] Cfr. Ibídem.

[13] Los términos de “distancia comunicativa” e “inmediatez comunicativa” fueron utilizados por Koch y Oesterreicher, en KOCH, Peter y OESTERREICHER, Wulf, “Sprache der Nähe–Sprache der Distanz. Mündlichkeit und Schriftlichkeit im Spannungsfeld von Sprachtheorie und Sprachgeschichte”, Romanistisches Jahrbuch 36, 1985, pp. 15-43; KOCH, Peter y OESTERREICHER, Wulf, Lengua hablada en la Romania: español, francés, italiano, Gredos, Madrid, 1990; OESTERREICHER, Wulf, “Lo hablado en lo escrito. Reflexiones metodológicas y aproximación a una tipología”, en KOTSCHI, Thomas, OESTERREICHER, Wulf y ZIMMERMANN, Klaus (eds.), El español hablado y la cultura oral en España e Hispanoamérica, Frankfurt am Main, Vervuert Verlag, Bibliotheca Ibero-americana, 1996, p. 318 para describir la concepción o modo de verbalización de los discursos. Dicha concepción es gradual y difiere de la dicotomía entre lo gráfico y lo fónico, que tiene que ver con el canal de transmisión.

[14] No nombramos aquellos parámetros distinguidos por KOCH y OESTERREICHER (Lengua hablada en la Romania…, op. cit.) que coinciden a grandes rasgos con los mencionados por BRIZ. Los rasgos incluidos en ambos estudios son el grado de confianza entre los interlocutores, la posición local y distancia temporal de los interlocutores, el carácter dialogal o la fijación y determinación del tema.

[14] Cfr. BRIZ, Antonio, El español coloquial: situación…, op. cit.; El español coloquial en la conversación…, op. cit.; “Las unidades de…”, op. cit.; “El registro como centro de la variedad situacional…”, op. cit. y “Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit.

[15] Cfr. BRIZ, Antonio, El español coloquial: situación…, op. cit.; El español coloquial en la conversación…, op. cit.; “Las unidades de…”, op. cit,; “El registro como centro de la variedad situacional…”, op. cit. y “Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit.

[16] La sintaxis concatenada de BRIZ equivale a la “sintaxis parcelada” de NARBONA, Antonio, “Sintaxis coloquial y análisis del discurso”, Revista Española de Lingüística, vol. 21, nº 2, 1991, pp. 187-204; NARBONA, Antonio, “Sintaxis y pragmática en el español coloquial”, en KOTSCHI, Thomas, OESTERREICHER, Wulf y ZIMMERMANN, Klaus (eds.), op. cit., pp. 223-246 y NARBONA, Antonio, “Variación y Sintaxis”, Lengua, Variación y Contexto. Estudios Dedicados a Humberto López Morales, Arco Libros, Madrid, vol. 2, 2003, pp. 763-774; o “sintaxis agregativa”, KOCH y OESTERREICHER, “Sprache der Nähe-Sprache…”, op. cit. y Lengua hablada en la Romania…, op. cit.

[17] Los conectores pragmáticos de BRIZ (El español coloquial en la conversación…, op. cit.) corresponden a los marcadores discursivos conectores argumentativos, organizadores del discurso y reformuladores de MARTÍN ZORRAQUINO, María Antonia y PORTOLÉS, José, “Los marcadores del discurso”, en BOSQUE, Ignacio y DEMONTE, Violeta (dirs.), Gramática descriptiva de la Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe, 1999, pp. 4051-4213.

[18] En relación con la variación, los estudios hispánicos se nutren de la romanística alemana iniciada por Coseriu, en particular de KOCH, Peter y OESTERREICHER, Wulf, “Sprache der Nähe-Sprache…”, op. cit. y Lengua hablada en la Romania, op. cit. Para estos autores, dentro de las variedades lingüísticas universales se encuentra la variación concepcional. Esta variación es determinada por constelaciones situacionales que van de la máxima inmediatez a la distancia y que propician estrategias de verbalización universales. En esta línea, NARBONA (“Variación y Sintaxis”, op. cit., p. 766) sostiene que “todas (las modalidades) deben contemplarse en el seno de una única escala gradual y paramétrica, en la que la elección de los procedimientos constructivos viene determinada por la mayor o menor complicidad y connivencia que entre emisor y receptor hay (o puede llegar a establecerse, pues es dinámica y cambiante)”. BRIZ (“Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit., p. 90) entiende por variación pragmática “los cambios que, en virtud de la situación, pueden sufrir en la interacción los registros o estilos de comunicación, así como los modos de realización de estos, que son los géneros, y, así pues, toda la actividad estratégica”; en este sentido, señala que “la mayor o menor presencia de estos rasgos denominados situacionales determina grados de coloquialidad o de formalidad […]. La representación de estos grados puede resolverse distinguiendo categorías diferentes para esa gradación o continuum escalar: de más a menos coloquial / de menos a más formal”, “El registro como centro de la variedad situacional”, op. cit., p. 28.

[19] Cfr. BUSTOS TOVAR, José Jesús, “La imbricación de la oralidad en la escritura como técnica del discurso narrativo”, en KOTSCHI, Thomas, OESTERREICHER, Wulf y ZIMMERMANN, Klaus (eds.), op. cit., pp. 359-374; NARBONA, Antonio, “Variación y Sintaxis”, op. cit. y OESTERREICHER, Wulf, “Lo hablado en lo escrito…”, op. cit., 1996.

[20] Cfr. MANCERA, Ana, Oralización de la prensa española: la columna periodística, Peter Lang, Bern, 2009.

[21] Cfr. NARBONA, Antonio, “Oralidad y escritura, coloquialidad e informalidad”, Minervae Baeticae, Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, Sevilla, 2009, pp. 117-119; y BRIZ, Antonio, “Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit., p. 104.

[22] OESTERREICHER, Wulf, “Lo hablado en lo escrito…”, op. cit., pp. 324-332.

[23] Cfr. MANCERA, Ana, Oralización de la prensa…, op. cit., p. 226. En su tesis doctoral, esta autora llega a conclusiones semejantes en relación al ethos del columnista.

[24] Cfr. BRIZ, Antonio, El español coloquial: situación…, op. cit.; El español coloquial en la conversación…, op. cit.; “Las unidades de…”, op. cit.; “El registro como centro de la variedad situacional”, op. cit. y “Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit. y cfr. también NARBONA, Antonio, “Sintaxis coloquial y análisis…”, op. cit.; “Sintaxis y pragmática en el español coloquial…”, op. cit. y “Variación y Sintaxis…”, op. cit.

[25] Para un estudio exhaustivo de la sintaxis coloquial en las columnas de opinión, se puede consultar, por ejemplo, MANCERA, Ana, Oralización de la prensa…, op. cit.

[26] Términos equivalentes empleados por BRIZ y NARBONA, respectivamente. Al hablar de la sintaxis parcelada, NARBONA matiza: “Quiero dar a entender, no que estemos ante una sintaxis simplemente más suelta o fragmentada, sino ante una técnica constructiva que responde a un tipo de planificabilidad en parte específico” (“Sintaxis y pragmática en el español coloquial…”, op. cit., pp. 230-231), planificabilidad que actúa solidariamente con los recursos prosódicos.

[27] NARBONA, Antonio, “Sintaxis coloquial y análisis…”, op. cit., p. 196.

[28] Aludiendo a casos semejantes presentes en ciertos subgéneros periodísticos y en diálogos de obras narrativas modernas, NARBONA señala que “el control sintáctico estructural ‘cede’, en grado diverso, a la eficacia predicativa y pragmática”, “Variación y Sintaxis…”, op. cit., p. 768. Encontramos observaciones similares en MANCERA, Ana, Oralización de la prensa…, op. cit., pp. 90-91.

[29] Cfr. BORREGUERO, Margarita y LÓPEZ SERENA, Araceli, “Los marcadores del discurso y su variación lengua hablada vs. lengua escrita”, en LOUREDA, Óscar y ACÍN, Esperanza (coords.), Los estudios sobre marcadores del discurso en español, hoy, Arco Libros, Madrid, 2010, pp. 415-495.

[30] Cfr. BRIZ, Antonio, El español coloquial: situación…, op. cit. y El español coloquial en la conversación…, op. cit.

[31] Cfr. PADILLA, Xosé, Pragmática del orden de palabras, Publicaciones de la Universidad de Alicante, Alicante, 2005.

[32] No hay que olvidar que las dislocaciones son tipos específicos de topicalizaciones que tienen la particularidad de topicalizar un objeto que tiene un clítico correferencial. Véase PADILLA, Xosé, Pragmática del orden…, op. cit.

[33] Cfr. BRIZ, Antonio, El español coloquial en la conversación…, op. cit., p. 86.

[34] Cfr. BAIXAULI, Inmaculada, “Las secuencias de historia”, en BRIZ, Antonio y GRUPO VAL.ES.CO, ¿Cómo se comenta un texto coloquial?, Ariel Practicum, Barcelona, 2000, p. 82.

[35] Cfr. BRIZ, Antonio, “Las unidades de…”, op. cit., p. 58.

[36] Cfr. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Nueva gramática de la lengua española, Espasa, Madrid, 2009.

[37] Como afirma Briz, en la conversación hay una “menor frecuencia de atenuación (se relajan las relaciones interpersonales y con ello las actividades que velan por la imagen propia y ajena) y mayor presencia de intensificación, de refuerzo de lo expresado”. BRIZ, Antonio, “Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit., p. 92. Para el estudio de la intensificación en el español coloquial, véase ALBELDA, Marta, La intensificación como categoría pragmática: revisión y propuesta, Peter Lang, Frankfurt am Main, 2007.

[38] Briz sostiene que la atenuación viene a cumplir tres fines: 1) minimiza las acciones del hablante –actúa como una especie de “escudo protector”–, 2) minimiza una posible amenaza a la imagen o a los derechos del otro –tiene una “labor preventiva”– y 3) repara las acciones que han dañado la imagen o invadido el territorio del otro –actúa como medio “curativo”–. BRIZ, Antonio, “Notas para el estudio…”, op. cit., p. 92.

[39] Nótese que a la marca coloquial de algunas de estas voces o expresiones coloquiales se unen otras marcas sociolectales y dialectales.

[40] Cfr. GÓMEZ CAPUZ, Juan, “La creación léxica II. Neologismos formales y neologismos externos al sistema”, en BRIZ, Antonio y GRUPO VAL.ES.CO, op. cit., p. 147.

[41] Cfr. BRIZ, Antonio, El español coloquial en la conversación…, p. 86.

[42] OESTERREICHER afirma que la oralidad en lo escrito puede llegar a ser “un elemento constitutivo de un tipo de texto determinado”; “determinadas tradiciones discursivas, literarias o no, ya exigen de por sí la simplicidad y la comprensibilidad”, op. cit., p. 327.

[43] Cfr. MANCERA, Ana, Oralización de la prensa, op. cit., p. 231.

[44] Cfr. BRIZ, Antonio, “Variación pragmática y coloquialización estratégica…”, op. cit., p. 107.

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