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Calidad Revistas Científicas Españolas
VOL.
22(2)/
2009
Autor / Ainara LARRONDO Senior Lecturer. Department of Journalism II. University of the Basque Country. Spain.
Artículo / La metamorfosis del reportaje en el ciberperiodismo: concepto y caracterización de un nuevo modelo narrativo

Introducción /

Entre todas las potencias específicas del lenguaje digital, la hipertextualidad[1] ha sido distinguida como motor de la idiosincrasia de los géneros en el ciberperiodismo. No en vano, ha supuesto el primer factor de ruptura con los moldes heredados de la prensa escrita y ha ofrecido un recurso comunicativo eficaz para solucionar la tarea de aplicación de las especies tradicionales en internet. Las modalidades textuales habituales se han transformado así para su uso en el nuevo medio adoptando la forma de un hipertexto o, mejor aún, de un hipermedia[2]. En la etapa actual, algunas de estas producciones exclusivas evidencian convenciones estilísticas y narrativas útiles para la tipificar los relatos clásicos en el ciberperiodismo, si bien desde una aproximación conceptual y taxonómica necesariamente diferente, como demuestra el reportaje.

Este prototipo ha encontrado en el nuevo canal grandes ventajas para su desarrollo, gracias al paradigma informativo-interpretativo que fomenta la capacidad documental, de memoria y de renovación constante de los cibermedios. En este escenario, el reportaje ha hecho gala de su concepción flexible, así como de su excepcional capacidad para diversificarse y desplegar nuevas maneras de contar. Su condición de género sin igual para el tratamiento exhaustivo de los hechos le ha convertido también en uno de los más aptos para el aprovechamiento de las posibilidades de ampliación y documentación de las historias que ofrece la hipertextualidad. Por ello, el ajuste discursivo del reportaje al soporte virtual ha venido de la mano de esta cualidad, aunque las aplicaciones multimedia e interactivas jueguen un papel cada vez más importante en su desarrollo.

Como modelo hipertextual, multimediático e interactivo específico de los medios en línea, el reportaje exhibe usos mucho más agrandados, un carácter enriquecido y un nuevo concepto evolucionado, lo que justifica el estudio de sus notas distintivas y ofrece, por extensión, una buena oportunidad para examinar las pautas de uso de los géneros en la redacción ciberperiodística. A este respecto, la investigación académica ya ha mostrado su interés por formalizar una sistematización abierta y flexible que refleje los “valores” y los “presupuestos epistemológicos” de la profesión[3], si bien, a falta de este marco clasificatorio propio, mantiene el modelo taxonómico del periodismo impreso con algunos cambios[4]. Es de esperar, por tanto, que el estudio de los rasgos básicos de la información digital, recurrente en numerosos autores, obtenga mayor aplicación en el análisis práctico de los géneros, como así han demostrado aquellos trabajos sobre el impacto de la hipertextualidad en la noticia[5] y la infografía multimedia[6]. Estos han contribuido al corpus de conocimiento esencial que requiere la redacción ciberperiodística en torno a los géneros según el enfoque teórico-descriptivo, más que preceptivo, demandado para este ámbito en continua evolución. Asimismo, este tipo de estudios de casos particulares han demostrado ser los más apropiados para descubrir las reglas y estructuras que definen a las modalidades en función del hipertexto, como elemento común a todas ellas.

El artículo que se presenta participa de esta línea de estudio a partir de la caracterización de un nuevo prototipo al que nombra ‘reportaje hipermedia’, siguiendo la terminología empleada por la bibliografía española[7] para referirse a aquellos hipertextos que presentan contenidos en distintos formatos y que responden a las funciones informativas tradicionales del reportaje. Esta expresión cubre así el vacío nominal[8] advertido por Bernardino Martínez Hernández hace ya una década: “La complicación técnica tantas veces presentada como simplificación o facilitación orlará cada vez más los géneros de insospechados ribetes a los que habrá que dar nombre o, al menos, tener en cuenta cuando se nombre lo conocido de siempre”[9]. De acuerdo con ello, al hablar del reportaje hipermedia, este trabajo pretende “dar cuenta de la exhuberancia de matices que adopta la nueva redacción”[10] y superar las limitaciones de la nomenclatura tradicional, pero sin rechazar su validez, pues tampoco la teoría sobre ciberperiodismo ha negado la utilidad de los géneros clásicos para su aplicación en el nuevo ámbito.

Por otro lado, aunque este transvase ha planteado la conveniencia de hablar no tanto de géneros, como de tipos de textos o de ‘cibertextos’, este trabajo justifica también el uso del concepto ‘género’, porque éste ha sido el utilizado desde siempre para clasificar formalmente al reportaje, y porque es posible advertir un pacto o acuerdo para su composición en los cibermedios, dentro de la mayor libertad estilística y ductilidad que le otorga el hipertexto[11]. Dicha convención obtiene reflejo a través de una hiperestructura de tipo mixto, integrada por un número variable de estructuras arbóreas multilineales y con relaciones entre todos sus nodos. Esta articulación jerárquica y reticular proporciona un esquema narrativo particular que diferencia al reportaje tanto de sus homólogos textuales en prensa tradicional, como de otras modalidades hipertextuales o hipermedia más sencillas (noticia). Asimismo, permite mayores opciones de profundización en la información y confiere al género una dimensión extendida que lo sitúa al nivel de aquellas variedades más desarrolla­das en prensa, radio y televisión. Tanto que la propia denominación de “reportaje” se ve sobrepasada en internet por otras como ‘especial’, ‘a fondo’ o ‘informe’.

La caracterización que ofrecen algunos autores del “especial temático”[12] de los cibermedios como el mejor ejemplo de reportaje hipertextual y multimedia ilustra esta idea, además de señalar a este formato[13] de gran desarrollo como un objeto ideal para examinar sus posibilidades en el contexto real de la ciberprensa. Según esto, y en función de los resultados obtenidos de una investigación anterior sobre los especiales, este artículo defiende el interés del ‘reportaje hipermedia’ como género narrativo de los cibermedios delimitado por los estudiosos y por su propia praxis[14]. Por ello también, en tanto que modalidad de reportaje no clasificada en prensa, radio y televisión, su observación pretende responder a la necesidad de un nuevo encuadre para el género, en este caso, desde el marco teórico del hipertexto que ha comenzado a definir la emergente Redacción Periodística en internet[15].

De todos modos, la mención al ‘reportaje’ para la identificación de este prototipo exclusivo nos recuerda que cualquier afán de superación o modificación de los esquemas tradicionales obliga a su conocimiento previo. Por esta razón, teniendo en cuenta que no se puede avanzar en un campo que se desconoce, ni innovar si se ignora lo que se ha hecho antes en la materia objeto de estu­dio[16], el siguiente epígrafe se aproxima al reportaje desde la preceptiva tradicional para aportar un marco histórico-referencial, esto es, una comprensión del género en el tiempo y un método para su estudio en la redacción ciberperiodística. En este sentido, sólo una vez repasadas sus diversas nociones y tipologías cabría reflexionar so­bre un concepto particular para el reportaje en internet y, más concretamente, para el reportaje hiperme­dia, desde los presupuestos teóricos particulares que establece el hipertexto periodístico.

 

 


[1] Capacidad de relacionar de manera no sucesiva o lineal palabras, frases e incluso documentos completos (nodos) mediante hipervínculos o enlaces. La hipertextualidad genera estructuras organizativas de contenido que inciden en el desarrollo de textos o hipertextos con una estrategia narrativa y una lectura por definición no secuenciales.

[2] El uso de sistemas hipertextuales avanzados que integran contenidos en diferentes formatos o morfologías ha llevado a entender el hipertexto como un hipermedia (hipertexto multimedial). Los hipermedias depositan así su fuerza discursiva en la estructura y en la combinación no secuencial de códigos escritos, visuales, audiovisuales, sonoros y gráficos. En cualquier caso, hay quien prefiere no diferenciar entre “hipertexto” e “hipermedia”, por considerar que el primer término implica pragmáticamente al segundo.

[3] Cfr. Sánchez, José Francisco, López Pan, Fernando, “Tipologías de los géneros periodísticos en España. Hacia un nuevo paradigma”, Comunicación y Estudios Universitarios, nº 8, 1998, p. 18.

[4] Vid. Díaz Noci, Javier y Salaverría, Ramón (coords.), Manual de Redacción Ciberperiodística, Barcelona, Ariel, 2003, pp. 425-588.

[5] Vid. Engebretsen, Martin, “Hypernews and coherence”, en Carlsson, Ulla (ed.), Nordicom Review, Special Issue: The 14th Nordic Conference on Media and Communication Research, vol. 21, nº 2, 2000, pp. 209-225. Vid. PÉREZ MARCO, Sonia, El concepto de hipertexto en el periodismo digital: análisis de la aplicación del hipertexto en la estructuración de las noticias de las ediciones digitales de tres periódicos españoles (www.elpais.es, www.elmundo.es, www.abc.es), tesis doctoral, 2004, disponible en http://www.ucm.es/BUCM/tesis/inf/ucm-t26795.pdf.

[6] Vid. CORES FERNÁNDEZ-LADREDA, Rafael, “Shaping hypertext in news: multimedia infographics”, en SALAVERRÍA, Ramón y SÁDABA, Charo (eds.), Towards new media paradigms: II International Conference of Cost A20. II Cost A20 International Conference Proceedings, Eunate, Pamplona, 2004, pp. 27-46.

[7] Vid. Edo Bolós, Concha, Periodismo informativo e interpretativo. El impacto de Internet en la noticia, las fuentes y los géneros, Comunicación Social Ediciones y Publicaciones, Sevilla, 2003, p. 73.

[8] Lo mismo podría decirse de la “noticia hipertextual”, la “infografía multimedia”, el “reportaje multimedia” o la “entrevista digital”, entre otros.

[9] MARTÍNEZ Hernando, Bernardino, “Alicia en el país de los géneros. Géneros periodísticos y géneros literarios”, Comunicación y Estudios Universitarios, nº 8, 1998, p. 57.

[10] Díaz Noci, Javier y Salaverría, Ramón, op. cit., p. 41.

[11] El ‘género’ ha sido entendido tradicionalmente como una categoría útil desde la que acercarse al texto, lo que hace considerar su oportunidad para acercarse también al hipertexto.

[12] Este rótulo genérico ha sido admitido por la teoría para atender a una de las manifestaciones más innovadoras del género en la prensa digital. Vid. LÓPEZ GARCÍA, Guillermo, “Géneros interpretativos: el reportaje y la crónica”, en DÍAZ NOCI, Javier y SALAVERRÍA, Ramón, Manual de Redacción Ciberperiodística, Barcelona, Ariel, 2003, pp. 468-474. Respecto a esta nomenclatura, cabría recordar que admite variantes, como la de “especial multimedia”, utilizada para distinguir aquellas producciones basadas específicamente en la integración de los recursos multimedia (imagen, sonido, vídeo, gráficos, interactividad, Flash, 3D, etc.).

[13] Con Jaime Barroso entendemos el “formato” como una disposi­ción más o menos fija de los componentes de un determinado discurso que pasa a convertirse en una constante de género. Cfr. Barroso, Jaime, Realización de los géneros televisivos, Síntesis, Madrid, 1996, pp. 194-195.

[14] Como se tratará en el lugar adecuado, este artículo se basa en evidencias obtenidas de una investigación doctoral defendida en abril de 2008 sobre los especiales en la ciberprensa española. Vid. LARRONDO URETA, Ainara, El reportaje hipermedia. Análisis del género en los especiales de Elmundo.es, Elpaís.com y Lavanguardia.es, tesis doctoral, Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, Bilbao, 2009.

[15] Cfr. LARRONDO URETA, Ainara, Los géneros en la redacción ciberperiodística: contexto, teoría y práctica actual, Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, Bilbao, 2008.

[16] Cfr. Casasús GURI, Josep María, Núñez Ladevéze, Luis, Estilo y géneros periodísticos, Ariel, Barcelona, 1991, pp. 91-92.

Genealogía del reportaje /

Parece lugar común admitir que el reportaje encuen­tra su origen en el periodismo anglo-americano, donde la prensa impuso temprana­mente una férrea dicotomía entre hechos noticiosos (stories) y juicios valorativos (comments), de acuerdo con la célebre máxima Facts are sacred, com­ments are free. Esta distinción binómica se mantuvo hasta la gestación del interpretative journalism[1], un nuevo enfo­que periodístico que proponía ir más allá del mero relato aséptico de los hechos y a cuyo impulso contribuyó de manera decisiva el estilo informativo desarrollado por Time[2]. Este semanario estadounidense será el responsable de desarrollar en los años veinte una nueva modalidad superadora del con­cepto clásico representado por el relato objetivo (objective report), tipología que ha quedado reconocida en la tradición periodística anglosajona con el nombre de interpretative report o depth report y, en el ámbito latino, como ‘relato interpreta­tivo’, ‘reportaje en profundidad’ y ‘gran reportaje’.

 


[1] Esta corriente agrupa otras tendencias como el periodismo de investigación (investigative journalism) y el periodismo de precisión (precision journalism).

[2] El conocido como timestyle fue seguido por otros newsmagazines que comenzaron a hacer uso de la interpretación, lo que supuso originariamente uno de sus principales rasgos distintivos respecto de la prensa periódica. A partir del período de entreguerras, este planteamiento informativo comienza a desarrollarse también en los periódicos de calidad, cada vez más interesados en ofrecer un tratamiento profundo y completo de los acontecimientos.

La consolidación de esta fórmula interpretativa obtuvo reflejo en los primeros manuales de redacción estadounidenses que pusieron fin a la etapa de esplendor vivida hasta entonces por la filosofía objetivista, así como en los debates académicos y profesionales que se desarrollaron en el período de entreguerras en torno a las ventajas e inconvenientes de un periodismo más analítico y explicativo. Estas discusiones prosiguieron en las décadas posteriores y todavía en los años setenta las suspica­cias ante el periodismo interpretativo no habían desaparecido, si bien la necesidad competitiva de la prensa frente al periodismo audiovisual había sentado para entonces las bases de su progresivo afianzamiento. Ya en plena madurez, el reportaje adoptará bríos renovados al calor de los nuevos estilos y maneras de entender el periodismo que surgen en los setenta. Ello le llevará a incorporar nuevas técnicas narrati­vas y a convertirse en piedra angular de corrientes que demuestran un estrecho y polémico vínculo con la Literatura[1], como el Nuevo Periodismo.

Estas evoluciones han dado lugar a múltiples manifestaciones del género que complican su definición unívoca, de manera que el reportaje ha sido caracterizado como “rey de los géneros periodísticos de creación”[2] y como “narración informativa de vuelo más o menos literario”[3], pero también como el género por excelencia de la interpretación y del tratamiento informativo profundo o documentado, útil en sí mismo y como complemento de la noticia. Así, en función de la diversidad temática, funcional, estilística y compositiva que le es inherente, la generalidad de los manualistas coincide en definirlo como el más flexible y camaleónico de los géneros periodísticos.

En España, al margen de las aproximaciones que lo consideran un género creativo enormemente versátil y no sometido a pautas de escritura fijas, los autores clásicos de la Redacción Periodística precisan esta modalidad a partir de las diferencias expresas que existen entre sus dos variedades más conocidas en prensa escrita: el ‘reportaje objetivo’ −también nombrado ‘reportaje informativo’ o ‘reportaje estándar’− y el ‘reportaje interpretativo’, modelo que se sirve de la interpretación o de “las inferencias con las que se pasa del reportaje informativo al reportaje interpretativo”[4]. Considerado el prototipo de reportaje por excelencia, este último modelo se encarga de ofrecer una visión profunda de acontecimientos vinculados o no a la estricta actualidad, lo que aumenta la exigencia de su planificación y establece su emplazamiento habitual en cuadernillos, suplementos y revistas. Por contra, el reportaje informativo, más breve, evidencia una estrecha dependencia de las noticias del día y encuentra su lugar en las páginas de los periódicos.


[1] Albert Chillón ha estudiado esta influencia recíproca a partir del reportaje novelado. Vid. Chillón, Albert, Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas, Universitat Autònoma de Barcelona, Barcelona, 1999.

[2] Ibíd., p. 91.

[3] Martín Vivaldi, Gonzalo, Géneros periodísticos: reportaje, crónica y artículo, Paraninfo, Madrid, 1987, p. 65.

[4] EchevarrÍa Llombart, Begoña, Las W’s del reportaje, Fundación Universitaria San Pablo CEU, Valencia, 1998, p. 49.

Aunque los modos descriptivos y narrativos pueden estar presentes en ambas modalidades, suele ser habitual que el reportaje objetivo se sirva en mayor medida de las técnicas expositivas, mientras que el reportaje interpretativo admite mejor la narración y los lenguajes más literarios. Asimismo, el estilo del redactor se ve sujeto en el reportaje objetivo a las imposiciones propias del esquema en orden de interés decreciente, mientras que en el reportaje interpretativo, la mayor ductilidad estructural del género permite un estilo menos rígido, caracterizado por el relato de hechos principales, la inclusión de antecedentes (background), la explicación de las circunstancias que rodean al hecho y la aportación del contexto. De este modo, al margen de la estructuración elegida, el reportaje interpretativo conlleva una perspectiva multidimensional en torno a tres ejes temporales dependientes de la relación de los hechos que se comunican con otros actuales (contexto), anteriores (antecedentes) y posteriores (consecuencias o proyecciones).

Algunos estudiosos establecen también diferencias entre el ‘reportaje interpretativo’ y el ‘reportaje explicativo’, en el que la interpretación no es evaluativa, sino descriptiva[1]. Asimismo, se ha entendido que esta modalidad de finalidad explicativa es análoga a otras como el ‘reportaje de precisión’, el ‘informe’[2] y el ‘reportaje de investigación’, relatos todos ellos que tratan de profundizar en la información a partir de soportes documentales, fuentes estadísticas y fuentes personales especializadas.

También en radio y televisión el reportaje informativo se ha diferenciado de otras variantes como el reportaje documental, de investigación o gran reportaje, así como de los reportajes de carácter monográfico, excepcional y especial[3]. Con todo, resulta complicado establecer distinciones claras entre las variantes señaladas, pues la flexibilidad y creatividad que demuestra el género en los medios audiovisuales conlleva tratamientos que hacen aflorar rasgos de cada una de ellas en las demás. Lo que sí parece claro es que todas pretenden informar en profundidad de un hecho de particular relevancia, previsible o imprevisible, por lo que requieren investigación y colaboración de varios profesionales, además de una planificación muy cuidada para garantizar su coherencia y unidad programática[4]. Se ha considerado también que su concepto puede ser cercano en algunos casos al ‘informe’, por su utilidad para la exposición técnica de los contenidos y la aportación de datos en múltiples formas (documentos oficiales, infografías, estadísticas, etc.).

Para completar esta sucinta revisión conceptual del reportaje en la Redacción Periodística, conviene abordar también su encuadre en la teoría clásica de los géneros desde de las principales categorías planteadas en el ámbito latino, donde se ha impuesto una clasificación en tres macrogrupos de géneros a los que se adscriben los textos periodísticos en función de tres actitudes y estilos independientes (información, interpretación y opinión). Esta división, trazada por primera vez en España por el profesor José Luis Martínez Albertos[5], ordena los textos en función de una escala que va desde la no intencionalidad[6] hasta un estilo abiertamente opinativo, de manera que la máxima objetividad se encuentra en el “primer nivel de la información”, donde se inclu­yen todas las variantes del ‘reportaje objetivo’. Esta modalidad participa del estilo informativo, si bien en un menor grado que el género que Martínez Albertos denomina “información” (noticia), más descarnado y ceñido al orden de interés decreciente que impone la técnica de la pirámide invertida. El “segundo nivel informativo” ha sido definido como el nivel de la noticia explicada dentro de un contexto en el que cobra significación. En éste emplaza Martínez Albertos el género específico de la interpretación periodística, el ‘repor­taje interpretativo’, al que caracteriza como modalidad “híbrida” diferenciada de los géneros informativos de primer nivel y de otros también interpretativos como la crónica.

Algunos autores han aumentado esta tipología en tres grandes grupos para dar cabida al mayor número de formas posibles del mensaje. En otros casos, esta sistematización se mantiene, si bien con diferencias de criterio y denominación que rechazan la interpretación como un elemento clasificatorio efectivo, por considerar que este mecanismo de comprensión y explicación se encuentra presente en todo texto periodístico, con independencia del género al que se adscriba. Ésta es la postura que defienden con sus propuestas taxonómicas nombres señeros de la Redacción Periodística como Lorenzo Gomis[7] y Luis Núñez Ladevéze[8]. Ambos autores consideran que todos los géneros son de algún modo fórmulas para la interpretación, aunque no coincidan en el contenido de lo que interpretan, de manera que prefieren plantear una clasificación de los textos a partir de su funcionalidad, rasgo primordial del que derivarían el resto de características formales y estilísticas atribuibles a cada género.

 


[1] Según Gomis, la interpretación de primer grado o “descriptiva” explica qué ha pasado, mientras que la interpretación de segundo grado o “evaluativa” explica qué significa lo que ha pasado. Cfr. Gomis, Lorenzo, El medio media: la función política de la prensa, Mitre, Barcelona, 1987, pp. 307-308.

[2] También denominado ‘informe periodístico’, ‘informe documental’ o ‘informe de precisión’. El informe puede estar más o menos ligado a la actualidad y ser más o menos documental. También puede llegar a convertirse en un ‘reportaje documental’ cuando se entremezclan los datos con los testimonios solventes de autoridades en la materia. Cfr. Núñez Ladevéze, Luis, Introducción al periodismo escrito, Ariel, Barcelona, 1995, p. 80 y ss. Lo mismo podría decirse del informe en radio y televisión. Vid. Cebrián Herreros, Mariano, Géneros informativos audiovisuales, Ciencia, Madrid, 1992, p. 197.

[3] El reportaje presenta gran anfibología, por lo que cabe hablar también de “programas” informativos especiales, monográficos y extraordinarios. Vid. Cebrián Herreros, Mariano, op. cit.

[4] Como se verá más adelante, la coherencia y la unidad resultan dos conceptos discursivos fundamentales en el entorno hipertextual. Por ello, atendiendo a nuestro estudio del reportaje desde el punto de vista de su diseño hipertextual y a su equiparación con el especial de los cibermedios, nos parece muy oportuna la siguiente afirmación de Hills: “Un reportaje o informativo especial para radio y televisión no se escribe tanto como se construye […]. Debe articular cada componente con el que le sigue. Debe no sólo señalizar por dónde va a andar el programa, sino también, a veces, por dónde ha andado”. Hills, George, Los informativos en radiotelevisión, Instituto Oficial de Radio y Televisión, Madrid, 1981, pp. 63-64.

[5] Vid. MARTÍNEZ ALBERTOS, José Luis, Redacción Periodística. Los estilos y los géneros en la prensa escrita, ATE, Barcelona, 1974. Esta clasificación supone una síntesis de lo formulado hasta el momento por la escuela americana −caracterizada por la distinción binómica entre hechos y opiniones, así como por el afán práctico de su preceptiva− y la europea −más teórica y expuesta a la Retórica−. Esta ordenación ha sido revisada sucesivamente desde que quedó esbozada por primera vez en Guiones de clase de Redacción Periodística (los géneros periodísticos) −apuntes en edición ciclostil que Martínez Albertos dispuso para sus estudiantes del Instituto de Periodismo de Navarra− y sus bases doctrinales aparecen recogidas en diversas obras de referencia, como la citada Redacción Periodística. Los estilos y los géneros en la prensa escrita o Curso general de Redacción Periodística, Mitre, Barcelona, 1983, título sometido a diversas reediciones. En los últimos tiempos, Martínez Albertos ha defendido la vigencia científica y profesional de esta teoría clasificatoria, por su utilidad para contrarrestar los riesgos que entrañan el “reto electrónico” y las posturas críticas que alertan de la crisis del paradigma categorial. Vid. MARTÍNEZ ALBERTOS, José Luis, “Los géneros periodísticos en los medios de comunicación impresos, ¿ocaso o vigencia?”, Comunicación y Estudios Universitarios, nº 8, 1998, pp.67-78.

[6] Aunque son varios los autores que han mostrado su disconformidad con esta idea de la objetividad, remitimos a las aportaciones de Francesc Burguet y David Vidal sobre la crisis de paradigma en el Periodismo, recogidas en el número 28 de la revista Anàlisi. El trabajo específico de Norberto González Gaitano resulta también referencia obligada: González Gaitano, Norberto, “Hechos y valores en la narración periodística informativa”, Comunicación y Sociedad, vol. II, nº 2, 1989, pp. 31-60.

[7] La producción de Lorenzo Gomis sienta las bases del estudio de los géneros periodísticos en España. Vid., GOMIS, Lorenzo, “Gèneres literaris i gèneres periodístics”, Periodística, nº 1, 1989, pp. 129-141; GOMIS, Lorenzo, Teoría dels gèneres periodístics, Generalitat de Catalunya, Barcelona, 1989; GOMIS, Lorenzo, Teoría del Periodismo. Cómo se forma el presente, Paidós, Barcelona, 1991.

[8] Al igual que Gomis, considera que los géneros se distinguen por su “fin comunicativo” y por su “forma de exposición”. Vid. NÚÑEZ LADEVÉZE, Luis, El lenguaje de los media, Madrid, Pirámide, 1979; NÚÑEZ LADEVÉZE, Luis, op. cit., 1995; Casasús GURI, Josep María, Núñez Ladevéze, Luis, op. cit.

[1] Vid. MARTÍNEZ ALBERTOS, José Luis, Redacción Periodística. Los estilos y los géneros en la prensa escrita, ATE, Barcelona, 1974. Esta clasificación supone una síntesis de lo formulado hasta el momento por la escuela americana −caracterizada por la distinción binómica entre hechos y opiniones, así como por el afán práctico de su preceptiva− y la europea −más teórica y expuesta a la Retórica−. Esta ordenación ha sido revisada sucesivamente desde que quedó esbozada por primera vez en Guiones de clase de Redacción Periodística (los géneros periodísticos) −apuntes en edición ciclostil que Martínez Albertos dispuso para sus estudiantes del Instituto de Periodismo de Navarra− y sus bases doctrinales aparecen recogidas en diversas obras de referencia, como la citada Redacción Periodística. Los estilos y los géneros en la prensa escrita o Curso general de Redacción Periodística, Mitre, Barcelona, 1983, título sometido a diversas reediciones. En los últimos tiempos, Martínez Albertos ha defendido la vigencia científica y profesional de esta teoría clasificatoria, por su utilidad para contrarrestar los riesgos que entrañan el “reto electrónico” y las posturas críticas que alertan de la crisis del paradigma categorial. Vid. MARTÍNEZ ALBERTOS, José Luis, “Los géneros periodísticos en los medios de comunicación impresos, ¿ocaso o vigencia?”, Comunicación y Estudios Universitarios, nº 8, 1998, pp.67-78.

[1] Aunque son varios los autores que han mostrado su disconformidad con esta idea de la objetividad, remitimos a las aportaciones de Francesc Burguet y David Vidal sobre la crisis de paradigma en el Periodismo, recogidas en el número 28 de la revista Anàlisi. El trabajo específico de Norberto González Gaitano resulta también referencia obligada: González Gaitano, Norberto, “Hechos y valores en la narración periodística informativa”, Comunicación y Sociedad, vol. II, nº 2, 1989, pp. 31-60.

[1] La producción de Lorenzo Gomis sienta las bases del estudio de los géneros periodísticos en España. Vid., GOMIS, Lorenzo, “Gèneres literaris i gèneres periodístics”, Periodística, nº 1, 1989, pp. 129-141; GOMIS, Lorenzo, Teoría dels gèneres periodístics, Generalitat de Catalunya, Barcelona, 1989; GOMIS, Lorenzo, Teoría del Periodismo. Cómo se forma el presente, Paidós, Barcelona, 1991.

[1] Al igual que Gomis, considera que los géneros se distinguen por su “fin comunicativo” y por su “forma de exposición”. Vid. NÚÑEZ LADEVÉZE, Luis, El lenguaje de los media, Madrid, Pirámide, 1979; NÚÑEZ LADEVÉZE, Luis, op. cit., 1995; Casasús GURI, Josep María, Núñez Ladevéze, Luis, op. cit.

Gomis distingue entre “interpretación de hechos o noticias”, “interpretación de situaciones” e “interpretación moral o comentario”[1], y considera al reportaje el género característico de la “interpretación de situaciones”, útil para satisfacer las necesidades informativas que la noticia no cubre. Por su parte, Núñez Ladevéze habla de “géneros informativos”, “géneros complementarios”[2] y “géneros de opinión”, división que ordena al reportaje dentro del segundo grupo, junto con otras modalidades como el informe periodístico, el informe de precisión y el reportaje documental[3]. Todas ellas se diferencian de los géneros informativos propiamente dichos porque su “fin comunicativo” o función informativa queda supeditada a una “forma de exposición” menos rígida en la que se mezclan elementos narrati­vos, literarios e interpretativos.

 


[1] Cfr. GOMIS, Lorenzo, Teoría del Periodismo…, op. cit., p. 44 y ss.

[2] Para Núñez Ladevéze, los géneros interpretativos complementan la información de actualidad y, por ello, prefiere considerarlos “géneros complementarios” o “géneros híbridos”. NÚÑEZ LADEVÉZE, Luis, Introducción al periodismo..., op. cit., p. 38.

[3] Cfr. NÚÑEZ LADEVÉZE, Luis, Introducción al periodismo..., op. cit., pp. 87-89.

Mucho más escasas resultan las taxonomías que además de contemplar otros criterios, rompen con el viejo principio binómico anglosajón de relato y comentario. Tal sería el caso de la propuesta formalizada por José Francisco Sánchez y Fernando López Pan en función de tres nuevos macrogéneros: “géneros del reporterismo”, “géneros de autor” y “géneros del periodismo especializado”[1]. Estos autores adscriben el reportaje al primer grupo y, dentro de éste, al subgrupo de “géneros de actualidad”, caracterizado por su mayor inte­rés periodístico y capacidad para soportar una publicación diferida[2]. Ésta y otras clasificaciones alternativas plantean nuevas tipologías que dan cuenta de la vitalidad de la teoría de los géneros en el periodismo, de la necesidad de su revisión constante y, sobre todo, de la conveniencia de considerar las tipificaciones con cierta flexibilidad, ya que hay géneros que nacen y se transforman, o desaparecen, por no hablar de su creciente mezcolanza genérica e hibridación.

 


[1] Cfr. Sánchez, José Francisco, López Pan, Fernando, op. cit., p. 30 y ss. Según señalan, también merece esta consideración la taxonomía que efectúa Héctor Borrat a través de su Teoría del sistema de textos, la cual vincula los componentes de la estructura interna (topoi) con la naturaleza de la estructura externa (tipos de texto o géneros). Vid. BORRAT, Héctor, “Once versiones Noratlánticas del 23-F”, Anàlisi, nº 4, 1989, pp. 91-113.

[2] Cfr. Sánchez, José Francisco, López Pan, Fernando, op. cit., pp. 34-35.

Estos procesos evolutivos se manifiestan con meridiana claridad en internet, lo que contribuye a complicar una tarea clasificatoria de por sí compleja. Al menos, cabe entender, este entorno no justifica el inmovilismo del esquema normativo de los setenta y ochenta, pues en él sí se ha producido una evolución práctica redaccional que aconseja variaciones[1]. Esta innovación, motivada originalmente por la escritura hipertextual propia del nuevo soporte, obliga a promover nuevas categorías genéricas que den cobijo a las formas renova­das del texto periodístico, ahora convertido en un ‘cibertexto’ con características hipertextuales, multimediáticas e interactivas.

 


[1] La ausencia de cambios importantes en la práctica de los redactores es el criterio que se ha manejado en el entorno tradicional para razonar la continuidad de este esquema sin variaciones sustanciales. Vid. CANTAVELLA, Juan, “Un siglo de manuales de Redacción Periodística”, en Casals Carro, María Jesús (coord.), Mensajes periodísticos y sociedad del conocimiento. Libro homenaje al profesor José Luis Martínez Albertos, Fragua, Madrid, 2004, p. 463.

Teruel i Planas[1] para resolver las polémicas sobre las clasificaciones y los problemas que causa la aparición de nuevos textos: tratar el asunto desde la perspectiva textual, esto es, fijarse en las bases textuales que los determinan y diferencian. Este criterio centra el análisis en la estructura y los mecanismos lingüísti­cos que conforman los mensajes, por lo que nos parece adecuado para su aplicación al ciberperiodismo, donde el estudio del hipertexto está demostrando un interés renovado por las teorías textuales.


[1] Cfr. TERUEL I PLANAS, Elvira, Retòrica, informació i metàfora, Universidad de Valencia, Valencia, 1997.

 

Marco teórico específico: el hipertexto periodístico /

Este epígrafe reivindica un estudio multidisciplinar del hipertexto periodístico, ante la necesidad de dispositivos conceptuales rigurosos desde los que plantear la investigación y la docencia de la Redacción Ciberperiodística, rama en la que la cuestión del estilo y de los géneros sigue ocupando un papel central. A este respecto, no podemos perder de vista que el hipertexto periodístico se nutre de las modernas teorías que la WWW ha impulsado en campos como la Literatura de ficción, la Lingüística del Texto, la Semiótica o la Retórica[1]. Estas aproximaciones de referencia obligada han sido pioneras en su estudio como estrategia narrativa y como superación del texto[2], en tanto que promueven una gramática, una narra­tiva y una retórica propias para este sistema, de igual modo que existe una gramatología, una narratología y una retórica del texto tradicional. La literatura estadounidense ha sido especialmente fecunda en este tipo de aportaciones, como demuestran las obras de George Landow[3] y Janet H. Murray[4]. En España, el hipertexto literario también ha obtenido amplia difusión, de la mano de autores como José Luis Orihuela[5], Susana Pajares Tosca[6] y Núria Vouillamoz[7].

Las reflexiones de estos y otros estudiosos acerca de la ‘neoescritura’ han demostrado la adecuación al entorno digital de modos de creación y recepción ya evidenciados con anterioridad en las prácticas postestructuralistas insatisfechas con el libro impreso y el pensa­miento jerárquico. La ruptura de la linealidad discursiva asociada a las ideas de descentramiento del texto (Derrida), intertextualidad (Barthes, Foucault), dialogismo (Bajtín) o estructura rizomática (Deleuze y Guattari) propias de la teoría crítica postmoderna se han trasladado así a la teoría del hipertexto[8], donde se insiste en la necesi­dad de abandonar los conceptos de ‘centro’, ‘jerarquía’ o ‘linea­lidad’ por otros como ‘multilinealidad’, ‘nodos’, ‘nexos’ o ‘redes’.

Ello ha llevado a definir el hipertexto como una escritura inacabada y compuesta de múltiples lexias que multiplican las ocasiones de produc­ción de sentido e introducen elementos de ruptura en la unidad textual establecida por el autor. El resultado de todo ello es un discurso hipernarrativo polifónico del que forma parte el discurso del autor y del ‘lectoautor’. Pajares Tosca explica esta idea al identificar el hipertexto con otra forma de orden: “Cuando hablamos de libertad del lector no queremos decir que éste pueda barajar las cartas e ir sacándolas en cualquier orden […] el autor ha de disponer las car­tas conectándolas entre ellas de modo que haya múltiples caminos y formas de ir de una a otra, de palo a palo, de cifra a cifra...”[9]. Murray, por su parte, utiliza la metáfora del baile e identifica al autor del género narrativo electrónico como “un coreógrafo que proporciona los ritmos, el contexto, y los pasos que se pueden bailar”, mientras que “el usuario […] simplemente utiliza este repertorio de pasos y ritmos posibles para improvisar un baile particular entre las muchas posibilidades que el autor le ha preparado”[10]. Según esto, al contrario de lo que pudiera parecer, esta escritura fragmentada no implica en sí misma ausencia de organización u orden lógico, ya que el autor mantiene su responsabilidad de articulación jerárquica de todo el conjunto en un programa narrativo global, según el estilo y género que da cabida al hipertexto. De hecho, el hipertexto establece un alto grado de implicación constructiva o poiética por parte de autor, pues es quien se encarga de prever y poner en marcha las estrategias que permitirán al usuario llevar a cabo la actualización del texto.

El hipertexto también se ha demostrado como un sistema complejo de signos y de producción de sentido susceptible de ser estudiado a la luz de los métodos semióticos[11]. Al hilo de este enfoque, los cambios en la producción y recepción introducidos por el hipertexto también han impulsado estudios centrados en sus posibilidades retóricas. De ello se han encargado, entre otros, Patricia Ann Carlson[12], Jerónimo Alayón[13] o Francisco Chico[14]. Estas aportaciones establecen una concepción amplia de la narratividad a partir de nuevos parámetros de temporalidad y espacialidad de la escritura y la lectura, lo que permite aplicar al hipertexto nociones como la poliacroasis y funciones de la retórica antigua como la inventio, la dispositio y la elocutio −además de recuperar otras como la actio (hypocrisis) y la memoria (mnéme)−. Estas reflexiones en torno a las implicaciones teórico-retóricas de la construcción narrativa hipertextual también representan una llamada de atención sobre el aumento de la responsabilidad de la autoría en el proceso de planificación de recorridos dominantes, de ahí que su consideración resulte especialmente útil en el Periodismo, por la necesidad que existe en este ámbito, más si cabe que en Literatura, de trasladar a la audiencia mensajes coherentes e inequívocos.

Al amparo de estas teorías, la investigación sobre ciberperiodismo se ha esforzado por comprender las reglas que rigen la construcción de los hipertextos e hipermedias. Estos conocimientos ya han comenzado a ser aplicados a la disciplina de la redacción, de manera que hoy se sabe que el ejercicio de la escritura en los cibermedios no depende tanto del conocimiento de determinadas técnicas o recetas, como de una correcta comprensión del uso narrativo de los enlaces. Hasta la fecha, esta teorización sobre el hipertexto periodístico se ha producido mayoritariamente en torno a los “hipertextos informativos” y desde planteamientos teórico-metodológicos cercanos a la lingüística textual. Esta perspectiva comparte y cumple uno de los objetivos priorita­rios que han presidido durante más de un cuarto de siglo el examen de los modelos del periodismo: conocer qué fun­ción cumplen los (hiper)textos y de qué manera adquieren sentido para los usuarios. Este es el enfoque que ha defendido el estudioso de la Universidad de Adger, Martin Engebretsen, en sus trabajos sobre la “coherencia hipertextual”[15] en las hypernews o hipertextos noticiosos. En España, este abordaje en torno al hipertexto periodístico informativo ha encontrado desarrollo en la investigación doctoral de Sonia Pérez Marco[16].

La aportación pionera de Engebretsen participa de los procedimientos aplicados por autores como Teun A. Van Dijk para el análisis de los textos periodísticos y defiende que la ‘coheren­cia’ y la ‘cohesión’ interna propias del texto[17] son propiedades definitorias también del hipertexto. Esta asimilación requiere, no obstante, algunas puntualizaciones, por los principios combinatorios particulares que utiliza el hipertexto para organizar los elementos del discurso y relacionar nodos. Ello lleva a Engebretsen a distinguir en los textos informativos digitales tres niveles de coherencia hipertextual (nodal, intranodal e hipernodal) encargados de la relevancia[18] y la eficacia del discurso, así como dos modelos básicos de estructuración, axial o jerárquica y reticular o en red. De estos, el modelo axial es el más sencillo, al estar compuesto de un nodo principal o secuencia de nodos central con posibilidad de ramificarse. El modelo reticular, más complejo, da lugar a estructuras sin un tronco central organizado, aunque esta desaparición del nodo central se compensa con la unión de todos los nodos con to­dos. Ambas posibilidades de estructuración conllevan, en cualquier caso, una planificación de la redacción desde estrategias establecidas en función del usuario-lector, encargado de asignar el sentido o la coherencia final al texto mediante sus decisiones de enlazar.

Estos hallazgos ponen de manifiesto la máxima importancia y necesidad de una ‘macroestructura’ y una ‘superestructura’[19] también para el hipertexto periodístico. Al mismo tiempo, demuestran que la determinación de estas estructuras configurativas mayores y su asociación con tipologías ya conocidas resulta un criterio válido también en el ciberperiodismo, lo que abre el estudio de estas cuestiones a otras estructuras-tipo recurrentes con las que identificar otros géneros clásicos diferentes de la noticia. De hecho, la teoría académica ha desarrollado diversas posibilidades de estructuración[20] a partir de los tipos básicos señalados por Engebret­sen, lo que hace pensar en la posibilidad de una macroestructura y superestructura específicas para otras formas como el reportaje, modalidad que evidencia un uso avanzado de la hipertextualidad, al igual que la infografía multimedia[21].

Los géneros hipertextuales han dejado de ser una mera apuesta creativa y es necesario investigar cuáles son sus estructuras y elementos dominantes. Aquellos de marcado carácter informativo, como la noticia, se construyen en base a estructuras sim­ples con las que favorecer una lectura rápida y simple, mientras que los géneros prototípicos de la profundización como el reportaje empiezan a explorar nuevas fórmulas narrativas en base a las estructuras más complejas y de carácter mixto[22]. Por ello, aunque resulte difícil hoy por hoy hablar de superestructuras aceptadas y definidas, lo expuesto líneas atrás apunta una evolución hacia esquemas redaccionales que afectan a la estructuración de los géneros, a su presentación formal. Y estas mutaciones de forma se acompañan también de cambios de fondo: la hipertextualidad amplía las relaciones entre discursos, el contexto de las informaciones y no otorga un papel relevante al emisor en función de su mayor o menor presencia en el texto. Estas nuevas condiciones pueden ser consideradas un elemento de ruptura importante con los criterios tradicionales, un motivo decisivo para la reformulación de los géneros y de su sistema de ordenación. Se entiende así que la aparición de los cibermedios haya servido para avivar el nunca cerrado debate sobre la clasificación de los géneros periodísticos. Al menos, parece evidente que “la cosa se complica”[23].

Por ahora, la emergente disciplina de la Redacción Ciberperiodística recurre al modelo taxonómico clásico de los medios impresos en función de tres grandes órdenes (géneros informativos, interpretativos y argumentativos) a los que se suman los géneros dialógicos (entrevista o encuentro digital, foro o debate, chat y encuesta interactiva). Esta nueva clasificación reconoce también la infografía digital como una categoría aparte, aunque algunos autores la incluyen dentro del grupo de los géneros informativos[24]. En este ordenamiento, el reportaje presenta variantes concretas como el ‘reportaje de actualidad’, el ‘dossier documental’ y el ‘especial temático’[25]. Como se adelantaba en la introducción, de estas tres tipologías, la del ‘especial’ puede ser considerada el ejemplo por excelencia del reportaje hipermedia, pues presenta un marcado discurso hipertextual que permite albergar y combinar contenidos presentados en distintos formatos de medios.

Esta adecuación ha sido comprobada en la práctica a partir de una investigación[26] sobre treinta casos ‘especiales’[27] publicados entre 2006 y 2007 en Elmundo.es/especiales, Elpaís.com/afondo y Lavanguardia.es/afondo. Los resultados obtenidos del análisis de estos tres cibermedios punteros ofrecen máxima representatividad para examinar la adaptación del reportaje a los modos de informar en la Web. No en vano, representan las ediciones digitales de tres diarios líderes de la prensa en España, si bien evidencian al mismo tiempo un perfil autónomo y una cultura diferenciada de la de sus homólogos en papel. Su mayor experiencia en la Red indica habilidad en la aplicación de los recursos propios del medio y una práctica ciberperiodística apta para marcar tendencia. Además, estos medios han convertido la creatividad en uno de sus principales valores estratégicos y su habilidad en la elaboración de productos especiales ha sido reconocida en diversos galardones de prestigio. El tamaño de estas empresas mantiene también una correlación positiva con ciertas variables como los recursos técnicos y humanos, fundamentales en la elaboración de los reportajes especiales.

Este estudio aplicó un procedimiento propio de análisis hipertextual en función de dos categorías básicas. La primera de éstas (composición) llevó a examinar las conexiones entre nodos, a partir de un enfoque webmétrico[28] y de indicadores de conectividad (número y tipo de enlaces[29]). La segunda categoría (estructura) permitió examinar la arquitectura estructural y navegacional de los especiales, a partir de tres indicadores (número de niveles o profundidad vertical, número de itinerarios por nivel o profundidad horizontal y tipo[30]) para cuya observación se diseñaron diagramas de hipertexto.

Como ilustra la imagen que se recoge a continuación (figura 1), esta herramienta gráfica simbolizó el mapa hipertextual cerrado que representaba cada especial y permitió visualizar la información relativa al parámetro ‘estructura’. Así, sobre un eje imaginario de abscisas −horizontal, indicativo del número de itinerarios de lectura (amplitud)− y un eje de coordenadas −vertical, relativo al número de niveles (grado)−, estos dibujos mostraron una organización discursiva apoyada en múltiples nodos de entrada (primer nivel de profundización) con acceso a estructuras menores ramificadas y extendidas en un número variable de nodos interrelacionados (segundo nivel de profundidad y siguientes). Igualmente, señalaron la posibilidad de asociar estas microestructuras y el acceso desde todas ellas al inicio (nodo cero o portada).

 

Figura. 1 Representación gráfica de la estructura hipertextual del especial 27M elecciones municipales y autonómicas de Elmundo.es.

 

Las líneas punteadas indican accesos entre nodos. Sólo se indican algunos de estos accesos para no complicar el diagrama.

Elaboración propia.

 

Los treinta diagramas considerados revelaron la gran profundidad vertical[31] y amplitud horizontal de este tipo de hipertextos, además de su tendencia a la reticularidad y la importancia de este rasgo para cohesionar las distintas partes que componen la estructura, dotándola de unidad y coherencia. Esta pauta de estructuración mixta, sustentada en múltiples microestructuras de contenido arbóreas y en una red de conexiones compleja, aporta las mayores opciones navegacionales[32], con lo que se ajusta al ideal de estructuración para este modelo. Estas evidencias aquí sintetizadas, junto con los resultados obtenidos del análisis de los enlaces −elemento retórico clave de la estructura hipertextual−, señalan un desarrollo diferente de las categorías discursivas tradicionales del reportaje y un nuevo estilo para el género en internet, características que abordamos con mayor detalle en el epígrafe que sigue.

 

 


[1] Aunque la primera referencia que se conoce del término “hipertexto” data del año 1965, su estudio científico y académico no alcanzó un verdadero impulso hasta los años ochenta, cuando comienza a difundirse la informática. Este contexto facilita el desarrollo de los primeros sistemas hipertextuales e hipermedia −Aspen Movie Map, Notecards, Guide, Hyperties, Hypercard, etc.− cuya consolidación llegaría a comienzos de los noventa con el nacimiento de la World Wide Web y el lenguaje en el que se basa, el HTML (HyperText Markup Language). Así, aunque la idea de un dispositivo capaz de vincular todo tipo de informaciones a gran escala es anterior a la www, esta red se ha convertido en el mayor hipertexto nunca construido.

[2] Como soporte de publicación, el hipertexto también ha sido estudiado desde el campo de la Documentación. Vid. CODINA BONILLA, Luis, “Hiperdocumentos. Composición, estructura y evaluación”, en DÍAZ NOCI, Javier y SALAVERRÍA, Ramón (coords.), op. cit., pp. 166-193.

[3] Vid. Landow, George, Teoría del hipertexto, Paidós, Barcelona, 1997.

[4] Vid. MURRAY, Janet, Hamlet on the Holodeck. The future of narrative in Cyberspace, Free Press, New York, 1997. Edición castellana Murray, Janet, Hamlet en la Holocubierta. El futuro de la narrativa en el ciberespacio, Paidós, Barcelona, 1999.

[5] Vid. ORIHUELA COLLIVA, José Luis, “El narrador en ficción interactiva. El jardinero y el laberinto”, en IMÍZCOZ, Teresa y otros, Quién cuenta la historia. Estudios sobre el narrador en los relatos de ficción y no ficción, Pamplona, Eunate, 2000, pp. 187-206.

[6] Vid. PAJARES TOSCA, Susana, “Las posibilidades de la narrativa hipertextual”, Espéculo, nº 6, 1997, http://www.ucm.es/info/especulo/numero6/s_pajare.htm.

[7] Cfr. VOUILLAMOZ, Núria, Literatura e hipermedia. La irrupción de la literatura interactiva: precedentes y crítica, Paidós, Barcelona, 2000, p. 20.

[8] Cfr. LANDOW, George, op. cit., p. 17.

[9] PAJARES TOSCA, Susana, “Escribir hipertexto”, en GARRIDO MEDINA, Joaquín (ed.), La lengua y los medios de comunicación, tomo II, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1996, p. 579.

[10] MURRAY, Janet, op. cit., p. 165.

[11] Vid. Bettetini, Gianfranco, Gasparini, Barbara y Vittadini, Nicoletta, Gli spazi dell’ipertesto, Strumenti Bompiani, Milano, 1999.

[12] Vid. Carlson, Patricia Ann, “The rethoric of hypertext”, Hypermedia, vol. II, nº 2, 1990, pp. 109-131.

[13] Vid. Alayón, Jerónimo, “Retórica y Discurso Hipertextual: Del trovador oral al trovador hipermedial. Notas para un estudio”, II Congreso Online del Observatorio para la Cibersociedad, 2004, http://www.cibersociedad.net/congres2004.

[14] Vid. Chico, Francisco, “Teoría retórica como teoría del texto y narración digital como narración hipertextual”, III Congreso Online del Observatorio para la Cibersociedad, 2006, http://www.cibersociedad.net/congres2006.

[15] Vid. Engebretsen, Martin, op. cit., pp. 209-225. Engebretsen sigue a teóricos del texto como Van Dijk, pero también a estudiosos encargados de explorar los mecanismos de la cognición humana como Thüring, Hanneman o Haake. Asimismo, es heredero de la tradición iniciada por John Von Neumann, pues el concepto de ‘coherencia’ que reclama para el hipertexto se redefine a partir de estrategias retóricas, interpretativas y exploratorias asimilables a las descritas por la Teoría de juegos. Vid. NEUMANN, John Von y MORGENSTERN, Oskar, Theory of Games and Economic Behaviour, Princeton University Press, Princeton, NJ, 1944.

[16] Cfr. PÉREZ MARCO, Sonia, op. cit.

[17] La “coherencia” ha sido considerada aquella propiedad por la que el texto se confecciona e interpreta como una articulación lógica, sobre todo en el aspecto semántico. Por su parte, la “cohesión” ha sido caracterizada como propiedad por la que se establecen relaciones entre diversas unidades de carácter lineal (sintagmas, oraciones, párrafos; lexias o nodos y secuencias de nodos en el hipertexto). En España, el análisis de los mecanismos de coherencia y cohesión aplicables al texto periodístico ha encontrado un destacable desarrollo en autores como Núñez Ladevéze. Vid. Núñez Ladevéze, Luis, Teoría y práctica de la construcción del texto, Ariel Comunicación, Barcelona, 1993.

[18] Aquí Engebretsen engarza con la teoría que sobre el concepto de relevancia han producido Dan Sperber y Deidre Wilson.

[19] La ‘macroestructura’ es la estructura global del contenido, mientras que la ‘superestructura’ o ‘hiperestructura’ es la estructura típica común a un conjunto de textos. Ambas nociones contribuyen al concepto de texto e hipertexto como esquema y herramienta conceptual de alto poder explicativo. El hipertexto contempla también un nivel microestructural referido a su construcción sintáctica y a las unidades que la componen (nodos y secuencias de nodos).

[20] Vid. DÍAZ NOCI, Javiery SALAVERRÍA, Ramón, op. cit., pp. 120-132.

[21] Vid. CORES FERNÁNDEZ-LADREDA, Rafael, op. cit., pp. 27-46.

[22] “Los hipertextos axiales podrían hacer las superestructuras muy claras, pero no sería tan fácil para los hipertextos en red. Descubrir las superestructuras potenciales de los hipertextos en red supondría el desafío de desechar los géneros informativos actuales y crear criterios distintos para definir los elementos de este nuevo esquema”. PÉREZ MARCO, Sonia, op. cit., p. 178.

[23] MARTÍNEZ HERNANDO, Bernardino, op. cit., p. 57.

[24] Vid. Salaverría, Ramón y Cores, Rafael, “Géneros periodísticos en los cibermedios hispanos”, en Salaverría, Ramón (ed.), Cibermedios. El impacto de Internet en los medios de comunicación en España, Comunicación Social, Sevilla, 2005, p. 151.

[25] LÓPEZ GARCÍA, Guillermo, op. cit., pp. 468-474.

[26] Cfr. LARRONDO URETA, Ainara, El reportaje hipermedia..., op. cit.

[27] Lavanguardia.es nombra a sus prototipos ‘a fondo’. La sección que los alberga recibe el mismo nombre.

[28] Vid. ALONSO, José Luis, FIGUEROLA, Carlos y ZAFO, Ángel, Cibermetría: nuevas técnicas de estudio aplicables al Web, TREA, Gijón, 2004.

[29] Enlaces de primer, segundo y tercer nivel. Asimismo, se dejaron fuera del análisis los enlaces repetidos. Estos enlaces fueron codificados mediante una base de datos, a partir de cinco criterios tipológicos ajustados a las características del objeto y a los intereses de estudio sobre el hipermedia: enlaces según modo de exploración (superpuestos e incrustados); enlaces según destino (internos, externos e intrínsecos); enlaces según propósito (semántico-asociativos: de desarrollo, cronológicos, de actualización, de contextualización, documentales y complementarios); enlaces según forma del contenido enlazado (enlaces a géneros informativos, interpretaivos, dialógicos y opinativos); y enlaces según morfología del contenido enlazado (enlaces a archivo de texto, audio, imagen, vídeo, y animación).

[30] Existen diversos modelos tipo descritos por la literatura académica. En la práctica, en documentos extensos y complejos como el reportaje, estas estructuras aparecen combinadas (estructuras mixtas). Vid. DÍAZ NOCI, Javier y SALAVERRÍA, Ramón, op. cit., pp. 125-132.

[31] Estos nodos de contenido alcanzan el cuarto y quinto nivel de profundidad vertical, si bien se han dado casos que aumentan este número. Entre otros motivos, porque la superestructura o hiperestructura de este prototipo funciona como una suma de microestructuras y porque la cualidad de formato contene­dor que demuestra hacen de él un modelo capaz de dar cobijo a otros formatos narrativos −noticias, infografías multimedia, fotogalerías, etc.− que añaden su propia estructura diagramática a la del especial.

[32] En algunos casos, las ventajas de este modelo navegacional se diluyen debido al tipo de conectividad que fomentan los especiales y, sobre todo, a las carencias de contenido que se esconden tras algunas opciones de enlazar, lo que ocurre cuando varios nodos convergen en uno o cuando los accesos se producen desde prácticamente todos los recorridos.

Caracterización del reportaje hipermedia /

Como modelo reconocible no sólo en la teoría, sino también en la práctica, el reportaje hipermedia demuestra rasgos variables, pero también otros constantes que nos indican que nos encontramos ante un género hipertextual de gran riqueza narrativa, un género multimediático de gran riqueza expresiva, y un género polimórfico de gran riqueza estilística. Las próximas líneas concretan esta caracterización y distinguen una definición específica para este prototipo.

4.1. Modalidad genérica renovada

El ‘reportaje hipermedia’ hace referencia a la sucesión de un prototipo anterior, a una modalidad textual heredada que presenta novedades en el ciberperiodismo referidas a tres usos concretos: el empleo de otra narrativa de carácter hipertextual, su cualidad para albergar otras narrativas y la capacidad de conjugar todas ellas para componer un único discurso. Estas novedades obligan a hablar de renovación y surgimiento de una nueva especie que se reinventa de otra anterior para su desarrollo en un contexto posterior y evolucionado. Se trata de un cambio importante que influye en el sistema de especies conocido y que ha de tenerse en cuenta a la hora de proceder a su descripción y clasificación.

Esta mejora de los rasgos hereditarios de un prototipo conocido determina sus características distintivas e, incluso, su significado mismo como ‘género’. De hecho, parece más adecuado considerar al reportaje hipermedia un ‘metagénero’ vinculado a la herramienta hipertextual, al soporte multimediático, interactivo y al receptor (coautor) del mensaje que contiene, como responsable último de la producción de sentido realizada por el periodista. No en vano, este autor pone en práctica una inten­ción genérica renovada que lleva aparejada una decodificación también nueva por parte del usuario, quien además se ve condicionado por las marcas contextuales del género (nombre de sección, promo­ción y oferta en portada que le dan cuenta de la cali­dad de ese contenido y de la importan­cia de la información tratada).

Como género hipermedia, el reportaje presenta también una nueva retórica que supone una respuesta estructural y estilística a la necesidad expresiva del ciberperiodismo. Ésta se acompaña de una dimensión semántica y sintáctica también renovada. La primera de éstas diferencia el género según los contenidos temáticos que trata, y la dimensión sintáctica, de carácter hipertextual, permite diferenciarlo en función de las técnicas de construcción discursiva que emplea, por lo que es en esta dimensión sintáctica donde el género más se aleja de sus predecesores. También adquiere una nueva dimensión pragmática, entendida ésta como el horizonte desde el que se construye, percibe y decodifica el género. El reconocimiento de las especificidades narrativo-funcionales no normativas que presenta vendrían determinadas por esta nueva dimensión o modo particular de contar. Éste determina una finalidad concreta para esta modalidad, según las dos categorías de uso de las potencialidades del sistema hipertextual en cada uno de los dos niveles tradicionales de la información: en las noticias (primer nivel) y en los reportajes (segundo nivel).

Así, y según demuestra el análisis de sus elementos y estructuración, el hipertexto enriquece las funciones del género y extiende sus usos para informar sobre acontecimientos complejos; refuerza su discurso periodístico de profundización, documentación, antecedentes, ampliación y contextualización, lo que refleja su eficacia en internet como género periodístico documentado en sí mismo y como género informativamente complejo, complementario de otros más simples y marcados por la temporalidad más inmediata, como las noticias hipertextuales. La técnica informativa y el estilo redaccional que emplea están al servicio de esta función que alcanza su máxima expresión en la cobertura a fondo y monográfica de grandes temas de actualidad.

4.2. Esquema discursivo mixto, integrador y multidimensional

La especificación del reportaje hipermedia admite dos de los criterios fundamentales empleados por la teoría tradicional para caracterizar al género y sus tipologías, como son la técnica de realización y el grado de profundización. En función de estos rasgos, el reportaje hipermedia se caracteriza por su particular aplicación de la técnica del hipertexto o, lo que es lo mismo, por el aprovechamiento de la funcionalidad del hipertexto como estructura organizativa de contenidos. El empleo de esta narración no secuencial resulta útil para responder a su naturaleza documental, ya que permite un abordaje cohesionado del tema y facilita la relación entre los hechos narrados y las noticias publicadas sobre el asunto, anteriores (background) y posteriores (actualización). Aplicado al reportaje, el hipertexto ofrece, por tanto, un marco global para la tarea de jerarquización, disposición y engranaje de todos sus componentes, documentales, informativos y temporales –contexto actual, antecedentes y proyecciones–, independientemente del tipo de esquema que adopte esa estructura. Y esta visión multidimensional de los acontecimientos ofrece mayores oportunidades para comprender el verdadero alcance y significado del hecho en cuestión, ya que también el contexto consigue integrarse en un relato único y ordenado. Ello otorga mayores posibilidades de interpretación y garantiza que no se pierda detalle de todas las implicaciones del tema. La técnica del hipertexto aplicada al reportaje permite, en suma, incrementar el valor documental característico del género y enriquecer los elementos que tradicionalmente han dotado de sentido a su discurso.

Derivado de ello, se observan dos principios de organización del contenido del reportaje hipermedia entre los que es necesario garantizar un adecuado equilibrio: la coherencia informativa y la densidad informativa, sin olvidar la accesibilidad, necesaria para que el usuario acceda desde cualquier punto y lugar de lectura a la información que desea. Dicha versatilidad en la lectura y el manejo de información por parte del lector se consigue en la práctica gracias a la inclusión de un índice de secciones o menú de contenidos accesible desde todas las páginas del reportaje. Estos principios elementales se complementan, además, con otros derivados del carácter hiperme­dia del discurso, como la coherencia multimedia. A este respecto, las posibilidades del hipertexto propician una estructuración diferente en la redacción de los reportajes y permiten armonizar los parámetros narrativos de los medios de comunicación impresos y audiovisuales con los propios del medio, de carácter multimedia e interactivo. Ello obliga a observar vínculos lógicos que garanticen una armonía entre el contenido informativo presente de manera textual, visual, audiovisual, gráfica y sonora. Por ello también es importante un diseño sugestivo y eficaz que pretenda evitar el tedio y la monotonía, pero garantizando al mismo tiempo la funcionalidad informativa, sin caer en conectividades excesivas y urdimbres que enmascaren carencias de contenido en los nodos.

El esquema organizativo que adopta el reportaje hipermedia convierte la estructuración en una tarea de gran relevancia. Aunque su propio rasgo de hipertextualidad impida hablar de una estructura rígida, este prototipo evidencia algunas convenciones en sus niveles discursivos. Estos se apoyan en estructuras ramificadas que se extienden en secuencias paralelas y en varios nive­les que repiten la misma estructuración, una pauta de planificación compartida que promueve una organización temática en secciones. De esta forma, su modelo superestructural (hiperestructura) responde a la necesidad de organización interna del género y revela una función de globalidad temática (macroestructura hipertextual) a través de una representación arbórea con bloques multisecuenciales de carácter temático (microestructuras o macroestructuras locales). Estos sirven para dar importancia a las categorías discursivas tradicionales del discurso del género, aunque con cambios fundamentales por razón de la aplicación de la técnica hipertextual que llevan al reportaje hipermedia a admitir distintos estilos: informativo, interpretativo y argumentativo.

El diagrama conceptual que encierra la estructura hipertextual del reportaje (figura 2) plasma así un discurso del género gobernado por otras convenciones, cambios que resultan decisivos por dos motivos fundamentales: introducen variaciones en el elemento interpretativo y enriquecen su discurso tradicional con otros de carácter más novedoso en función de la interactividad y el multimedia. La interpretación ha sido un concepto siempre polémico y el hipertexto acrecienta dicha complejidad, porque altera sus mecanismos y extiende la cualidad interpretativa de los mensajes. ¿Qué ocurre entonces con los géneros prototípicos de la interpretación como el reportaje? Sin llegar a hablar de hipertexto interpretativo, al igual que el hipertexto periodístico ha demostrado mecanismos para generar un nuevo estilo informativo (hipertexto informativo), los relatos interpretativos encuentran en esta escritura fragmentada nuevas vías para el desarrollo de sus categorías discursivas.

 

Figura 2. Diagrama conceptual del reportaje hipermedia

 

Elaboración propia.

 

Cabe hablar, por tanto, de un redimensionamiento del género interpretativo que se plasma en la sustitución de un inicio, un cuerpo central y un final por categorías discursivas temáticas que sirven para desarrollar el tema y contextualizarlo, para el relato de antecedentes, la inclusión de información complementaria y la documentación del hecho. Estas categorías generan un tipo de interpretación descriptiva enriquecida, no sólo por su mayor amplitud y profundidad, sino también por las vinculaciones coherentes que establecen con las restantes. Asimismo, la posibilidad de combinar este discurso con otros de tipo argumentativo u opinativo, mediante el vínculo a columnas, blogs, críticas, comentarios, etc., permite el impulso de otras formas de interpretación como la evaluativa. Por ello, es en el medio digital donde el reportaje adquiere su mayor riqueza informativa e interpretativa, al convertirse en un género mixto donde no sólo se combina la información con la interpretación, sino también con la argumentación.

Por su parte, el enriquecimiento del discurso del reportaje con otros caracterizados en función de la interactividad y el multimedia vendría dado por la posibilidad de introducir en el relato elementos participativos (foros, chats, blogs, entrevistas participativas, juegos en línea y envío de contenidos) que llevan al usuario a intervenir y, por consiguiente, a aumentar su implicación en el tema. Como ya se ha señalado en un lugar anterior, este enriquecimiento viene dado también por la posibilidad de introducir otros discursos en función de códigos no sólo textuales.

 

 

4.3. El reportaje hipermedia como macrogénero

 

El hipertexto resalta la miscelánea genérica del reportaje y su idiosincrasia, lo que favorece su consideración como género híbrido, heterogé­neo y creativo. Gracias a sus mayores posibilidades de vinculación entre discursos, el reportaje se convierte en un macrogénero que contiene otros géneros o microgéneros arquetipos, como los que tradicionalmente han acompañado a una información relevante para apoyarla y contextualizarla (reportajes de actualidad, entrevistas, noticias, recuadros de apoyo con datos estadísticos, infografías, cróni­cas, etc.). Estos se mezclan, además, con otros formatos propios de la comunicación en internet, de carácter abierto y participativo (blogs, foros, encuestas interactivas, juegos, etc.). Esta mixtura genérica convierte al reportaje hipermedia en una especie de ‘género contenedor’ con múltiples tipos de discursos, todos ellos dirigidos al desarrollo del tema en profundidad. Esto es precisamente lo que fomenta su creatividad, convertida en una de sus máximas bazas, pues esta mezcla es posible en prensa, radio y televisión, pero en un grado mucho menor.

Desde una perspectiva complementaria, podemos entender también que el reportaje hipermedia representa un tipo compuesto y combinado, características que han sido señaladas por la teoría tradicional para los textos impresos de cierta longitud. No en vano, esta modalidad se compone de textos o tipos diferentes que forman parte de un todo con sentido (composición por integración), lo que no invalida que cada uno mantenga un sentido propio y pueda justificarse autónomamente, aunque formando parte de un macrotexto superior. Así, lo consideramos un tipo combinado o entremezclado, pues como señala la teoría tradicional, los géneros pueden aparecer combinados (por ejemplo, una noticia seguida de un reportaje) o entremezclados (un reportaje fragmentado por una entrevista). Estas caracterizaciones impiden identificarlo como un ‘conglomerado’, tipología de composición en la que no hay orden ni tema común, y en la que los textos se sitúan unos detrás de otros en forma de amalgama carente de criterio organizativo, lo que no ocurre en el reportaje hipermedia.

Conclusiones /

Este trabajo ha respondido a una realidad advertida desde hace varios años por la literatura sobre ciberperiodismo, como es el cambio en la forma de los mensajes tradicionales y los géneros para su aplicación en la red. Podría entenderse también que ha ofrecido respuesta a la necesidad de abordar a través de genealogías concretas la materialización de esos cambios y sus implicaciones epistemológicas, teniendo en cuenta que la teorización de los géneros se mantiene como una cuestión nuclear también en la disciplina redaccional de internet. Ello le ha llevado a participar de las dificultades conceptuales y metodológicas que establece la observación de los textos tradicionales desde la perspectiva del ciberperiodismo. Para resolver dicha problemática, ha defendido un nuevo concepto −reportaje hipermedia− valiéndose del marco tradicional de la teoría de los géneros en el Periodismo y del marco específico que proporciona la teorización sobre hipertexto o, mejor aún, sobre hipertexto informativo. Metodológicamente, ha llevado a cabo una tipificación razonada del ‘especial’ como su ejemplo prototípico en los cibermedios y ha sustentado las evidencias que aporta en datos obtenidos de una investigación diseñada en función de los procedimientos analíticos propuestos para el hipertexto.

La descripción concreta que recoge expresa los cambios formales experimentados por el reportaje en su adaptación al contexto comunicativo de la www y, por ende, la evolución de su concepto como género narrativo hipermedia. Estas transformaciones representan una evolución, por lo que su nueva caracterización desarrolla una tipología del género desconocida en medios anteriores. Ello es lo que ha llevado a poner de manifiesto la necesidad de una revisión tipológica para este género, así como de nuevos criterios de sistematización. En primer lugar, porque la hipertextualidad proporciona un criterio exclusivo de ordenamiento, en consonancia con las demandas de un marco de categorización específico para el ciberperiodismo. En segundo lugar, porque deja entrever la debilidad de los criterios clásicos en este entorno: los mecanismos interpretativos del hipertexto impiden dejar en manos del periodista el control total sobre el sentido final del texto. La hibridación genérica que promueve el hipertexto vendría a reforzar esta consideración.

El reportaje se convierte así en un modelo paradigmático de los cambios que el hipertexto ha traído a los géneros y formatos redaccionales conocidos. También en su momento la aparición de la radio y la televisión introdujo modificaciones en los modos de redactar, pero lo cierto es que el desarrollo de prototipos como el ‘reportaje hipermedia’ despeja toda duda sobre la potencia del ciberperiodismo para forjar un lenguaje y una narrativa totalmente diferentes. Su especificidad ilustra claramente de qué manera las nuevas fórmulas de escritura alteran la configuración de los géneros en internet a partir de usos que refuerzan la funcionalidad de los relatos clásicos y forjan para estos modalidades renovadas y enriquecidas. Estos cambios plantean una recomposición de las categorías genéricas conocidas, por lo que cabe defender la oportunidad de planteamientos similares para otras especies dependientes de las prácticas y modos propios del ciberperiodismo, en función del hipertexto, pero también de la interactividad o del multimedia. En el caso del reportaje, el estudio de esta adaptación parecía cuanto menos obligado, por ser uno de los géneros más aptos para el desarrollo de los recursos expresivos que ofrece cada medio, el más libre en cuanto a formas expositivas y uno de los más capacitados para estimular la experimentación de técnicas narrativas.

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