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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Jesús TANCO LERGA Manuel Aznar. Periodista y diplomático Planeta, Barcelona, 2004, 501 pp.

La fotografía dedicada lo decía claramente: “inspirador de la chispa que produjo El Sol”. Eran unas palabras de reconocimiento para quien había sido clave en la gestación de uno de los grandes diarios españoles antes de la Guerra Civil. Al conocedor de la historia del periodismo le parecerían adecuadas para mencionar a Nicolás María de Urgoiti, gran empresario de prensa y principal responsable del nacimiento del diario el 1 de diciembre de 1917. También cabría pensar que fueran dirigidas a José Ortega y Gasset, como mentor intelectual y con una resonante trayectoria en el ámbito de la opinión pública. En verdad el propietario de ese recuerdo fotográfico tan valioso era un periodista, al que no se le ha sabido valorar adecuadamente en estos últimos tiempos.


Ha sido labor meritoria de Jesús Tanco poner en un primer plano a Manuel Aznar. La peripecia personal del que es objeto de biografía resulta apasionante, pues fueron múltiples y variados los papeles que desempeñó. No fue la suya una vida habitual para un periodista español del siglo XX, pues encarnó el tipo de aventurero nada común, de personaje imposible de etiquetar, de profesional de reconocido prestigio, plasmado en la referencia común de ser “maestro de periodistas”. Hasta esta obra de Tanco había muchas lagunas en la trayectoria vital y en la labor periodística de Aznar. El autor, como ya lo indica el prólogo de Antonio Fontán, elaboró una rigurosa tesis doctoral para sacar del olvido a un periodista que ahora resulta más famoso por haber sido el abuelo de un Presidente del Gobierno que por la tarea desempeñada a lo largo de más de sesenta décadas. El libro que ahora llega es una adaptación de esa memoria que le sirvió para obtener el grado de doctor.


Esa referencia a los orígenes resulta oportuna porque es un aval de rigor científico; en este caso lo pone especialmente de manifiesto el descubrimiento y uso adecuado de fuentes documentales de enorme valor, el detallismo valorativo para interpretar correctamente los datos, la ordenación cronológica alternada con otra temática para poder ofrecer el contexto clarificador, las citas textuales extraídas muchas de ellas de colecciones de periódicos poco empleados para reconstruir la historia de personas clave. Son muchas, en definitiva, las virtudes de este trabajo llevado a cabo con criterios de carácter científico.


En ocasiones, para un lector no especializado, resultará un tanto molesto el detallismo y el esfuerzo por la precisión. No estamos ante una obra de divulgación, si bien resultará interesante e incluso divertida para los no iniciados. Se aprecia el esfuerzo del autor por hacer compatible el tono académico con la narración chispeante y curiosa de unos acontecimientos muy someramente conocidos. Con todo, a unos les parecerá que sobran elementos para bosquejar el retrato y a otros les sucederá lo contrario y demandarán más, por quedar insatisfechos con lo ofrecido. A los que conocemos el texto de la tesis nos resultan más dolorosas las omisiones, pero sólo cabe, por nuestra parte, un juicio indulgente y sabemos que el que más ha sufrido con las eliminaciones ha sido el propio autor.


El paso de Aznar por El Sol marcó su vida periodística. Él fue quien bosquejó cómo debía ser el nuevo diario que Urgoiti estaba perfilando, al mismo tiempo que elaboraba las crónicas de la Gran Guerra para el bilbaíno Euzkadi. Si bien fue Félix Lorenzo el primer director era Aznar quien ejercía, como secretario de redacción, las tareas directivas y tomaba las decisiones de más entidad. Una vez dejada la dirección del periódico, en circunstancias que tampoco Tanco ha llegado a desvelar, se produjo el primer viaje transtlántico y el inicio de una nueva faceta, lindante con la diplomática, que ayuda a entender el posterior desarrollo del hasta entonces solo periodista. La vuelta de tierras americanas en 1931 fue un buen exponente de la capacidad de adaptación del periodista. Emprendió rumbo a Madrid para dirigir un diario en el que se había expulsado a los elementos republicanos y se encontró con que el cambio de régimen aconsejaba hacer de El Sol un diario que aceptara la nueva situación. No parece que esas circunstancias fueran un obstáculo insalvable para un hombre que logró con ello un prestigio, muy dudoso para algunos.


Menos conocida es la peligrosa trayectoria durante la etapa de la guerra y su posterior adaptación a un régimen. Gracias a su capacidad de adaptación y la fama adquirida, accedió a puestos tan relevantes como la dirección del donostiarra Diario Vasco y del diario barcelonés La Vanguardia (que Aznar redenominó Española, para congraciarse con las nuevas autoridades, al mismo tiempo que intentó no alejarla del catalanismo moderado que la había caracterizado), la presidencia de la Agencia Efe, la fundación de Semana…, además de realizar otras muy variadas tareas, que se pierden en un largo etcétera que no vamos a detallar.


Resulta interesante cómo Tanco va adentrándonos en una personalidad que resulta enigmática. El autor no deja de señalar los aspectos criticados y criticables de la actividad periodista y diplomática de Aznar. Es cierto que se explican muchos porqués de una trayectoria tan dilatada y polifacética y también se agradece el equilibrio de juicio ejercitado. Lo que ocurre es que no todo queda claro. ¿Cuál fue el motivo del abandono de El Sol? ¿Por qué se rompió la que parecía profunda conexión con Urgoiti? ¿Quién lo salvó del fusilamiento cuando se incorporó a la España controlada por Franco? ¿Qué intereses ocultos había en desarrollar una carrera diplomática iniciada de una manera tortuosa?


Si las buenas tesis son las que ayudan a responder a una pregunta de entidad y suscitan dos o tres más de parecido calado, el libro de Tanco cumple la regla. El lector queda en esa ambigua satisfacción del que quiere más cuando ha concluido la lectura que le ha resultado apasionante. Puede que la dificultad que plantea un personaje tan peculiar haga imposible sondear todas las profundidades de una personalidad nada sencilla. El mérito del que traza la biografía está en mostrar todo aquello que se sabe con certeza y evitar conjeturas y especulaciones, muchas veces injustas.

 

José J. SÁNCHEZ ARANDA
se.vanu@adnarasj

 

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