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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Herbert J. GANS Democracy and the News Oxford University Press, New York, 2003, 157 pp.

Ha pasado casi un cuarto de siglo desde que el sociólogo Herbert Gans publicó Deciding What’s News (1979), obra que pronto se convirtió en un clásico dentro de los estudios sobre la actividad periodística, inaugurando todo un campo de trabajo conocido como la “sociología de las redacciones”. En aquel trabajo, Gans analizaba las prácticas informativas que imperaban en publicaciones como Time y Newsweek, y en programas de noticias como CBS Evening News y NBC Nightly News. De alguna forma, aquella obra de Gans, con un claro enfoque crítico, demostraba cómo las decisiones de los periodistas estaban condicionadas por infinidad de factores estructurales, tanto internos como externos al medio, que hacían que al final los profesionales –sin ser muy consicientes de ello– acabaran reflejando las ideas y valores de los poderosos. Frente a ello, Gans planteaba la necesidad de desarrollar un periodismo de múltiples perspectivas, que diera cabida en los medios a un mayor número de voces e intereses, posibilitando así una democracia más participativa.


Con Democracy and the News, este sociólogo de la Universidad de Columbia vuelve a retomar algunos de los temas de aquella obra clásica, pero en este caso desde una óptica más macroscópica. Entre Deciding What’s News y su último trabajo han pasado dos décadas fundamentales en la historia de los medios de comunicación, y esto queda reflejado en el enfoque más genérico que adopta en esta ocasión, distanciándose de las particularidades de determinados medios y alejándose de las prácticas profesionales como eje de estudio. Lo que Gans aborda en este largo ensayo es más bien la función actual de los medios en una sociedad democrática, la estadounidense, caracterizada por una creciente pérdida de poder económico y político por parte de los ciudadanos, en favor de las organizaciones. En este sentido, el autor identifica cuáles son algunos de los problemas estructurales –más económicos que ideológicos– que impiden que los medios ayuden a los ciudadanos a recuperar ese poder. Sin caer en un pesimismo fácil, tan común en obras de este tipo, Gans también trata de proponer medidas y actuaciones concretas que podrían ayudar a solventar esos problemas.


Para afrontar ese análisis, el libro se divide en seis capítulos: el primero y el último dedicados a reflexionar sobre los puntos débiles (y posibles soluciones) de la participación ciudadana en las sociedades democráticas; y los capítulos intermedios a analizar la limitada (y por tanto mejorable) labor de los medios como promotores de una participación más informada.


En los capítulos dedicados al estado actual del periodismo estadounidense, el autor aborda en primer lugar la situación de los profesionales. Retomando algunas ideas de obras anteriores, y apoyándose en encuestas recientes (sobre todo las del Pew Research Center for People and the Press), Gans presenta un panorama un tanto desolador. También los periodistas, como los ciudadanos, pierden poder y control sobre su trabajo en un entorno de estrategias empresariales corporativas, de compañías muy diversificadas, centradas en las reducciones de costes para mejorar la rentabilidad. Según Gans, este “adelgazamiento periodístico” (p. 23) tiene múltiples consecuencias, entre otras, una mayor homogeneización informativa, la expansión de las áreas de “noticias blandas”, la pérdida de credibilidad de los medios, etc. Ante esta situación, en general la reacción de los profesionales ha sido más bien débil, poco autocrítica, casi de aceptación de la fatalidad, y con una añoranza de tiempos pasados más gloriosos. Sólo algunas iniciativas, como las del “periodismo cívico”, han afrontado algunos de esos problemas.


Pero junto a esa difícil situación del profesional, Gans vuelve a destacar en el capítulo tercero (Journalistic Practices and Their Problems) la enorme influencia que tienen, para explicar los problemas del periodismo, la estructura informativa y los procesos de trabajo imperantes en los medios. La producción masiva, la incesante renovación de contenidos, la feroz competencia, la rapidez, etc., son factores del trabajo periodístico que justifican una actividad reactiva, dependiente de las fuentes oficiales, demasiado centrada en un puñado de actores de la vida pública, y poco dada a la profundidad. Esto, señala el autor, se refleja con claridad en la dificultad para abordar temas importantes y complejos, de gran interés público en una democracia, como sucede en el caso de la economía, que en general tiende a desviarse hacia la información sobre negocios y finanzas personales.


Por si los anteriores temas no fuesen suficientes para pensar en cambios de calado en la actividad de los medios, atendiendo a su función como servidores de los ciudadanos en las democracias, Gans añade en el capítulo cuarto un factor más de análisis: los limitados efectos de las noticias. El autor se encuadra para ello entre los investigadores que sostienen la teoría de los efectos limitados de los medios. En concreto, Gans afirma que “los medios periodísticos afectan a menudo con mayor intensidad a instituciones y organizaciones que a los destinatarios de la información” (p. 78). En este sentido, sostiene el autor que se engañarían los periodistas que pensasen que ellos pueden convertir las noticias en poder. Los periodistas, según Gans, sólo son los mensajeros, que dan mayor o menor visibilidad a quienes actúan. Obviamente, ésta no es una función menor, y de ahí la importancia de democratizar esas visibilidades.


Una vez realizado el diagnóstico, en el capítulo quinto el autor propone su programa de reformas. En concreto, Gans plantea una serie de sugerencias que permitirían a los periodistas hacer mejor su trabajo, al servicio de la ciudadanía. En concreto habla de las siguientes: las noticias tendrían que acercarse más a las verdaderas necesidades de los ciudadanos –escuchándolos mucho más–, para lograr que estos se vuelvan a interesar por aquellas; hay que “localizar” las noticias nacionales e internacionales; hay que recuperar el periodismo de participación ciudadana; se debe potenciar la información explicativa y la opinión cualificada; hay que hacer efectiva la información de perspectiva múltiple, que equilibre la actual dependencia de unos pocos actores; es necesario innovar con más formatos (utilizando mejor el humor, la “ficción periodística”, etc.); y se debe avanzar mucho en la cualificación académica de los profesionales. Finalmente, todo ello debe estar respaldado por fuertes inversiones de las empresas en calidad periodística, y por el fomento de nuevas aventuras informativas lideradas por profesionales, enmarcadas en organizaciones sin ánimo de lucro, etc. Para algunos, probablemente este catálogo de reformas sea un tanto decepcionante –una especie de ejercicio de wishful thinking–, pero no cabe duda que, de llevarse a efecto, podría mejorar sustancialmente muchas prácticas periodísticas actuales.


A estas alturas de la reseña, el lector ya se habrá dado cuenta de que, hasta el momento, casi nada de lo dicho suena a nuevo, aunque el conjunto sea una buena síntesis de algunos de los males y muchas de las buenas intenciones que merodean al mundo del periodismo desde hace ya bastantes años. Y es que esa –y no otra– es la principal virtud del nuevo libro de Gans. Mientras en Deciding What’s News había necesitado casi 400 páginas para analizar los recovecos del trabajo redaccional, en este ensayo requiere poco más de un centenar para sintetizar el cuadro clínico de la relación entre el periodismo y la democracia estadounidenses. Eso sí, lo hace con envidiable claridad, con una argumentación bien trabada y sin concesión alguna a una erudición innecesaria. Por eso, el libro se lee de un tirón, se digiere con gran facilidad, y sus tesis quedan fijadas en la memoria casi sin darse cuenta. En este sentido, sin duda es una lectura muy recomendable para quien desee una actualización sobre los problemas estructurales que afectan al periodismo actual, o para quien quiera volver a entrar en contacto con el pensamiento de este clásico de la sociología de la comunicación.

 

Ángel ARRESE
se.vanu@eserraa

 

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