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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Casimiro TORREIRO y Josetxo CERDÁN (eds.) Documental y vanguardia Madrid, Cátedra, 2005, 394 pp.

Documental y vanguardia era un libro necesario. La complejidad y pluralidad de nuevas formas que adopta el género documental determina una de las líneas más relevantes tanto de la última investigación española como de la práctica cinematográfica reciente. En el último decenio, las cuestiones relativas a la no-ficción y sus hibridaciones han captado el interés académico. Así lo confirma la celebración de congresos como el último organizado por la Asociación Española de Historiadores del Cine, bajo la rúbrica de Documental, carcoma de la ficción (Granada, febrero de 2004), o el ciclo “Fronteras del documental”, promovido por el Festival de Las Palmas de 2004, cuyo resultado bibliográfico fue el Desvíos de lo real, de Weinrichter. En esta inquietud fronteriza nace Documental y vanguardia, con la finalidad de poner cierto orden intelectual en este heterogéneo campo fílmico.


El volumen coordinado por Torreiro y Cerdán tiene su génesis en el congreso organizado por el Festival de Málaga en 2004, con el título “Vanguardia y nuevos lenguajes del documental”. En aquel encuentro, diversos académicos sumaron sus investigaciones sobre aspectos relacionados con estos dos términos cuya confluencia parece imposible a primera vista.


El libro cuenta con dos partes. En la primera –“Teoría(s)/Espacios”– se recogen las conexiones entre vanguardia y documental desde una perspectiva más especulativa. Así, Margarita Ledo se remonta a los orígenes del cine y a sus primeras teorías, haciéndolas dialogar con las principales vanguardias procedentes de otras disciplinas artísticas. Antonio Weinrichter continúa la reflexión teórica sugiriendo que los caminos del documental y de la experimentación han vuelto a unirse en el denominado cine de montaje o de compilación. Weinrichter detalla los dispositivos de apropiación y remontaje en el cine de no-ficción, un metraje de archivo que se recontextualiza para generar sentidos inéditos. En el tercer capítulo, Marta Selva perfila las rupturas de los discursos de representación de lo real que se han producido desde una visión feminista, con un énfasis especial en la figura de Chantal Ackerman.


De la perspectiva feminista se pasa a la mirada falsaria, en un zigzagueo propiciado por el carácter colectivo de Documental y Vanguardia. Sánchez-Navarro analiza el fenómeno del falso documental, descubriendo una práctica –con notable auge desde mediados de los setenta– capaz de simular los modos estéticos y las estrategias de construcción del documental, un discurso paradójicamente ficcional que propone una meditación autorreflexiva acerca de los límites de la representación. Josep M. Català cierra la sección teórica profundizando en cómo el cruce entre documental y vanguardia ha desembocado en el film-ensayo. Esta modalidad ensayística resuelve las limitaciones tanto del documental como de la vanguardia, puesto que, por un lado, dialoga con la realidad y, por otro, supera el formalismo vanguardista al integrar la mirada del espectador en una forma que le necesita para completarse. De este modo, el film-ensayo se convierte en “una reflexión mediante las imágenes, realizada a través de una serie de herramientas retóricas que se construyen al mismo tiempo que el proceso de reflexión” (p. 133).


La segunda parte de Documental y vanguardia –“Historia(s)/Recorridos”– se articula inicialmente según un criterio histórico. Por esta razón, las contribuciones de María Luisa Ortega y Efrén Cuevas, dado su alto contenido teórico, habrían tenido mejor acomodo en la primera sección del libro. Ortega centra su artículo “Documental, vanguardia y sociedad. Los límites de la experimentación” en analizar cómo el empleo de nuevas estrategias y recursos audiovisuales ha ido redefiniendo la práctica documental y su afán por conocer y actuar sobre la realidad social. Acudiendo a ejemplos históricos para afianzar su apuesta teórica, Ortega repasa la “domesticación” de la fragmentación, la nueva temporalidad narrativa (episódica y fracturada) surgida del cine directo y el verité, el empleo de actores y guión en la reconstrucción documental o el nuevo impulso de la subjetividad en la no-ficción contemporánea. Cuevas parte precisamente de esa fortaleza de la subjetividad documental para construir un “diálogo entre el documental y la vanguardia en clave autobiográfica”, como titula su capítulo. Ese diálogo arranca de una aproximación teórica al concepto de autobiografía para, después, delimitar los espacios del retrato autobiográfico y el diario fílmico, con una especial atención a la influyente obra de Jonas Mekas.


El resto de textos que recoge la segunda parte de Documental y vanguardia sí son de carácter más específicamente histórico. Manuel Palacio esboza un panorama histórico sobre la utilización e influencia del vídeo en el documental, mientras que tres autores giran su mirada hacia las últimas propuestas de territorios como China, Latinoamérica y España. En primer lugar, Alberto Elena destaca el atractivo de diversos documentales que, desde principios de los noventa, plantean una nueva mirada ética, estética y política que desafía las rígidas estructuras de la República Popular China. A continuación, Jorge Rufinelli propone un exhaustivo recorrido –quizá demasiado largo, pues descompensa al resto de artículos– por el documental político de Latinoamérica, con sus intentos por afrontar el pasado y la memoria tras la re-democratización o el activismo colectivo del denominado “cine piquetero”. A modo de epílogo, Josetxo Cerdán completa el acercamiento histórico centrándose en el marco fílmico más próximo al lector: la no-ficción española. Cerdán emprende una revisión de las recientes propuestas relacionadas con los aspectos abordados en el libro: desde el primer fake realizado en España (el Gaudí de Huerga) hasta el juego metafílmico y performativo que Iván Duque mantiene con el director de Arrebato en Ivan Z (Duque, 2004), pasando por las obras de los directores más creativos en el panorama documental español: Patino, Guerín o Jordà.


Un epílogo que demuestra la extraordinaria salud de los discursos de la no-ficción, un ámbito cambiante, proteico, donde Documental y vanguardia pretende convertirse en un mapa intelectual imprescindible para orientar al espectador.

 

Alberto Nahum GARCÍA MARTÍNEZ
se.vanu@aicragbla

 

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