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Review / Jacqueline SÁNCHEZ CARRERO Pequeños Directores. Niños y adolescentes creadores de cine, vídeo y televisión. Un recorrido por experiencias de alfabetización audiovisual: de la producción a la lectura crítica Aconcagua Libros, Sevilla, 2008, 200 pp.
El libro viene precedido de un breve prólogo firmado por Tomás Bethencourt Machado, quien destaca, sobre todo, el papel otorgado a la creatividad infantil en materia audiovisual y el respeto por el carácter genuino del alma del niño y del adolescente.

La autora del libro, Jacqueline Sánchez Carrero, es profesora en el Departamento de Comunicación Audiovisual, Publicidad y Literatura de la Universidad de Sevilla. Según explica en la parte introductoria del libro: “El punto de partida de esta investigación se situó en la revisión de diferentes rutas que ya han trabajado distintos autores sobre la alfabetización para luego dirigir la mirada hacia los documentos audiovisuales realizados por niños y adolescentes en distintas partes del mundo” (p. 22). Por tanto, la estructura queda dividida en dos partes bien diferenciadas: la primera centrada en los fundamentos de la enseñanza audiovisual y la segunda en el estudio de lo que hasta ahora conocemos como el documento audiovisual producido por la infancia y adolescencia.

En cuanto a los fundamentos, la autora expone primero el concepto de alfabetización audiovisual, pero en seguida se adentra en los problemas que este concepto plantea a los distintos ámbitos educativos: escolar, familiar y social. Básicamente observamos en la escuela dos objetivos educativos complementarios: por un lado, formar el criterio como espectadores; y por el otro, aprender a crear un material audiovisual, en la línea de “aprender haciendo”. La autora recoge en las páginas siguientes unos principios pedagógicos básicos para apoyar su tesis, hace también algunas alusiones a la regulación legislativa del currículo escolar en esta materia y da unas primeras pinceladas acerca de algunas experiencias realizadas en escuelas y sobre el planteamiento de algunos autores destacados. En el libro destaca la profundidad y el realismo con que se aborda el ámbito familiar. Acerca del habitual consejo dado a los padres de acompañar a sus hijos durante el visionado, Sánchez Carrero advierte que “los padres adolecen de una educación para la televisión tanto para ellos como para sus hijos” (p. 47) y concluye que “la realidad supera las recomendaciones basadas en el deber de ser buenos padres” (p. 49). Por tanto, si el control familiar como única medida no parece suficiente para formar el criterio frente a los medios y, por otro lado, la escuela tampoco asume con facilidad un papel subsidiario en esta materia por motivos múltiples, entonces parece necesario y urgente hacer un llamamiento a las instancias sociales: los organismos públicos, la sociedad civil organizada, la iniciativa privada o los propios medios. En concreto, estos últimos son tratados en el epígrafe siguiente, donde se lee: “La televisión debería cuidar la formación de los niños para no generar estereotipos equivocados que afecten la visión que puedan desarrollar del mundo” (p. 58). La autora advierte sobre la falta de coherencia habitual entre las intenciones institucionales de algunos medios sobre la integridad de las programaciones y los contenidos de las emisiones diarias (p. 59).

Los dos últimos epígrafes de esta parte se dedican, por un lado, a los antecedentes más destacados de la alfabetización audiovisual de algunos países, entre los que destacan Gran Bretaña, Canadá o Australia, y, por otro lado, a los contenidos teóricos y las metodologías que más se trabajan en los programas educativos de esta materia.
El subtítulo del libro Un recorrido por experiencias de alfabetización audiovisual: de la producción a la lectura crítica refleja con claridad el contenido de la segunda parte del libro. Diferentes teóricos y profesionales del tema, escuelas, países, experiencias, temáticas y contenidos se suceden en los siguientes epígrafes. La lectura de toda esta parte deja patente que la enseñanza audiovisual se halla en estado inicial pero late con una fuerza que se intuye imparable y que abarca desde experiencias escolares independientes hasta propuestas sociales elaboradas por los profesionales de la comunicación, o incluso por iniciativa particular y espontánea de algunos internautas. Esta miscelánea evidencia la necesidad de incluir en el currículo escolar, ya sea de forma directa o transversal, formal o no formal, el desarrollo de la creatividad audiovisual infantil como un aspecto fundamental del siglo XXI.

El epílogo del libro retoma los temas más polémicos para tratar de plantear conclusiones y de ofrecer algunas recomendaciones orientadas a la práctica de la educación audiovisual. Entre ellas, extraigo a continuación, a modo de síntesis, las ideas más significativas: no reducirla al plano técnico más propio de un manual de instrucciones (aunque la técnica sea considerada prioritaria) sino abordar también el problema de los contenidos (en definitiva, de los valores que transmiten); aprender a discriminar entre calidad y mediocridad; respetar la idea de ‘autoría infantil’; incluir la autoevaluación a la hora de evaluar; comprometer a las instituciones y a los medios; implicar a los padres en medidas selectivas para planificar el visionado, etc.

Cabe mencionar la bibliografía final y los dos breves anexos (pp. 187-190) que aportan información educativa complementaria relacionada, en un caso, con la legislación de Andalucía y, en el otro, con la iniciativa educativa de “La Banda del Sur”. Además, son de gran valor todos los enlaces de sitios de internet relacionados con el tema que aparecen a lo largo del libro. Hubiera sido de gran utilidad haberlos recogido todos en un tercer anexo.

En varias ocasiones a lo largo del libro, se advierte que el concepto que mantiene Sánchez Carrero de ‘alfabetización audiovisual’ (ya el propio término delata este significado) sigue un marcado paralelismo con la educación lingüística y literaria. En este sentido, cabe afirmar que el aspecto poético y artístico de lo audiovisual trasciende a menudo la idea de lenguaje verbal. Aunque se intuye que la autora tiene presentes estos aspectos artísticos, se echa en falta una referencia más expresa a iniciativas provenientes del mundo de las artes plásticas y visuales, tales como el videoarte y otros derivados. Son ejemplos que carecen a menudo de algunos elementos que Sánchez Carreño considera de suma importancia en la enseñanza audiovisual, tales como el guión o el aspecto narrativo.

Por otro lado, existen en las dinámicas de aprendizaje audiovisual de niños y adolescentes algunas cuestiones problemáticas de tipo relacional, psicológico o pedagógico (como puede ser el caso de tener que adaptar el currículo a las necesidades específicas) que no deberían quedar al margen de este tipo de investigaciones, y cuyo tratamiento reclama el apoyo específico de la psicopedagogía. Es de esperar que publicaciones como ésta abran nuevas líneas de investigación interdisciplinar para poder resolver los interrogantes que plantea este nuevo campo de trabajo tanto a comunicadores como a educadores.

 

Carmen URPÍ GUERCIA
se.vanu@ipruc

 

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