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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Bernard L. BROCK, Mark E. HUGLEN, James F. KLUMPP y Shanon HOWELL Making Sense of Political Ideology. The Power of Language in Democracy Rowman & Littlefield, Maryland, Estados Unidos, 2005, 147 pp.

La deriva ideológica y la polarización política que caracterizan la vida de los Estados Unidos en el siglo XXI son el motor de arranque del estudio llevado a cabo por estos cuatro académicos norteamericanos. Partiendo del ejemplo estadounidense y con el rigor científico que le confiere la dilatada trayectoria de sus autores, esta obra analiza las causas de lo que ellos denominan el “atasco” de la vida política en las sociedades modernas. Dividido en cinco capítulos, el libro explora con detenimiento la erosión de los lazos existentes entre la ideología, el lenguaje y la acción política. La tesis que defienden desde las primeras páginas es que la progresiva desvinculación del discurso público de cualquier fundamento ideológico ha producido un descenso en los apoyos y en la movilización ciudadana para llevar a cabo acciones sociales.


En los capítulos I y II se explican los supuestos teóricos que conducen a estos autores a formular la anterior afirmación sobre la “desideologización” de la política. Los dos capítulos siguientes, más centrados en el ejemplo norteamericano, describen las consecuencias que el uso incorrecto del lenguaje y la ambigüedad pueden tener en el desarrollo de una dirección en la política. En el V capítulo, se sugiere una manera de reconectar ideología y acción, así como de devolver estabilidad y coherencia al discurso público. A lo largo de toda esta obra y, de modo más explícito a partir del capítulo II, la presencia de las teorías dramatísticas y la filosofía de la comunicación de Kenneth Burke están presentes, sirviendo a los autores de cristal con el que analizan la realidad política de Estados Unidos.


El capítulo I está dedicado a las estrategias discursivas que se emplean en la actualidad y que, según los autores, no están ceñidas a la ideología, sino a issues, lo que convierte la arena política en un espacio “atractivo pero muy estrecho, reducido, exitoso en el momento” (p. 10) pero con consecuencias negativas. Entre ellas, se cita la pérdida de confianza de la ciudadanía a largo plazo, ya que no ve una base coherente en el argumentario de sus representantes públicos, o el desgaste de las coaliciones políticas, al no compartir los distintos partidos idearios, sino temas.


Para ilustrar esto, recurren al ejemplo del 11S. Sin embargo, a pesar del detalle con el que se analizan aquí los hechos, no se entienden completamente sin la lectura del capítulo II. Centrado en la importancia de la ideología en los sistemas democráticos, este aporta la explicación sobre cómo se alcanza la legitimidad en las democracias, necesaria para comprender la progresiva pérdida de apoyo sufrida por la Administración Bush. La desaparición de un cuerpo de ideas ligadas a un modo de pensamiento tiene sus costes, pues “la ideología provee las estructuras de entendimiento que unen a ciudadanos dispersos en acciones políticas efectivas” (p. 30). “Alcanzar la legitimidad democrática a través de la acción”, explican los autores, “es posible si existe una consistencia (...). La ideología es la fuente de esa consistencia. Es la red de significados que confiere a cualquier acción aislada coherencia y propósito. (...) Los ciudadanos responden mediante la aceptación o el rechazo basándose en su juicio de la alineación de la acción con respecto a esa pantalla de la ideología” (p. 53).


De este modo, George Bush realizó una primera lectura de los atentados empleando un encuadre criminal, pero pronto pasó a interpretarlos como un acto de guerra y dio un giro hacia un encuadre de guerra justa. Este cambio de ideología (de la judicial a la militar) satisfizo las demandas retóricas de la ideología de la guerra defensiva, con lo que las acciones que se realizaron después fueron aceptadas como legítimas. Sin embargo, a principios de 2002, Bush extendió su radio de acción hacia otros países, el llamado “eje del mal”. Pero ninguno de los nuevos objetivos había atacado a Estados Unidos, con lo que las necesidades retóricas de la guerra defensiva no quedaron satisfechas. Al desligarse de los principios de la “guerra justa”, perdió su legitimidad y, por lo tanto, entró en una crisis de credibilidad ante sus ciudadanos. En este sentido, concluyen los autores que “la teoría democrática da mucha importancia a la ideología, porque la participación en el sistema político de Estados Unidos depende de la habilidad de una persona para invocar los motivos políticos que resuenan en la cultura americana y así justificar y legitimar la acción pública” (p. 55).


Los capítulos III y IV están dedicados a ahondar en las cuatro posturas ideológicas que predominan en Estados Unidos: la reaccionaria, la conservadora, la liberal y la radical. En el capítulo III se realiza un repaso histórico de estas cuatro posiciones, subrayando su progresiva desvinculación de un fondo ideológico y su consiguiente deriva y, en el capítulo IV, se explican las estrategias retóricas que caracterizan a cada una de ellas.


Es en estos dos capítulos donde están más presentes las propuestas teóricas de Burke, concretamente las referidas al lenguaje y a la ‘consustancialidad’ de los mensajes. Los autores sostienen que enraizar un discurso en una ideología concreta implica seleccionar el vocabulario que se va a emplear. Esas elecciones no son aleatorias, sino que se insertan en una red de significados, componen una fábrica de entendimiento coherente que da paso a la acción política. Así, la sociedad apoya los discursos si son coherentes con la ideología. Esta coherencia es lo que Burke llama ‘consustancialidad’ y a la que se hace continua referencia en esta obra, puesto que para estos autores la filosofía de la comunicación de Burke es particularmente atinada para entender la relación entre actos de lenguaje y los encuadres que los generan. La propuesta burkeana para el análisis de las motivaciones supone para ellos la herramienta con la que entender “cómo las palabras y los grupos de palabras adquieren una forma característica y una función para crear interpretaciones particulares de una situación ideológica o acción” (p. 83). No obstante, aunque la propuesta metodológica de Burke puede ser aplicada, subrayan que aporta una profundidad de entendimiento poco usual en el discurso político moderno debido a esa desvinculación de toda raíz ideológica.


El V y último capítulo recoge su propuesta de solución. Para conseguir motivar a la acción política, estos autores sugieren el uso de estrategias retóricas que estén ligadas a una ideología. Para lograrlo recomiendan centrar el mensaje en una correcta selección del lenguaje más en que temas concretos porque así se estará construyendo una base discursiva sostenible a largo plazo. A pesar de la solidez teórica con que argumentan su propuesta final, las conclusiones de la obra quizás estén demasiado centradas en los Estados Unidos cuando el conjunto del libro se presenta más bien como una propuesta teórica de carácter universal. En cualquier caso, se trata de un valioso estudio tanto por la novedad de acercarse a la ideología política desde la perspectiva de la filosofía de la comunicación de Burke como por la precisión y el detenimiento con que lo llevan a cabo.

 

Cristina ZURUTUZA MUÑOZ
se.jsu@azuturuzc

 

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