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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Anna NOGUÉ y Carlos BARRERA ‘La Vanguardia’. Del franquismo a la Democracia Madrid, Editorial Fragua, 2006

La historia del periodismo español
está dando ya unos frutos maduros
en el panorama académico. La notable
repercusión mediática de la prensa
escrita, así como su evidente función
mediadora entre los eventos y
la sociedad, no ha pasado despercibida
entre los académicos. Fruto de
esta mayor atención, se han ido
publicando estos últimos años algunos
trabajos sobre revistas y periódicos
españoles, centrados sobre todo
en la época del tardofranquismo y la
transición. En estas mismas páginas
fue comentado el libro de Jordi Virgili
sobre El Alcázar y Nuevo Diario.
Son bien conocidos también los trabajos
monográficos sobre revistas
como Destino o Serra d’Or, que enfatizan
su función cultural y dinamizadora
en un contexto de polarización
política e ideológica. Todos estos trabajos
han sido elaborados después de
una seria investigación, llevada a
cabo de modo sistemático y habitualmente
surgidas a raíz de la presentación
de una tesis doctoral.
El libro de Anna Nogué y Carlos
Barrera se inserta en esta corriente.
El origen del libro es la tesis doctoral
que presentó Anna Nogué en la Universidad
de Navarra en el año 2004,
dirigida precisamente por el profesor
Carlos Barrera. Ahora, ambos investigadores
presentan esa investigación
en forma de monografía. Se trata de
un notable trabajo de investigación,
que combina de modo adecuado el
tratamiento de fuentes primarias
básicas (la más importante de ellas, el
archivo personal de Horacio Sáenz
Guerrero, director del periódico
entre 1969-1983) con la puesta en
escena de abundantes y bien seleccionadas
referencias bibliográficas. El
relato es lineal y coherente, basado
estrictamente en un criterio cronológico
y vertebrado en torno a la figura
de Sáenz Guerrero.
Los dos primeros capítulos son
una lograda síntesis de la evolución
del periódico desde sus orígenes
(1881) hasta finales de los años
sesenta, con la incorporación de
Horacio Sáenz Guerrero como director.
Se incluyen algunas noticias del
contexto y comparaciones con otros
periódicos que pueden ser muy útiles
para la futura construcción de una
obra de síntesis sobre la evolución
del periodismo escrito español de los
dos últimos siglos. Los dos últimos
capítulos están centrados monográficamente
en la figura de Sáenz Guerrero,
y en los avatares por los que
pasó el periódico en las épocas nada
sencillas del tardofranquismo y la
transición.
Hay algunas tesis de fondo del
libro interesantes que, debido la
sobriedad y la concisión de los autores,
pueden pasar por alto en una
lectura apresurada. A lo largo del
relato se realiza un interesante paralelismo entre la transición del periódico
y la transición política surgida
de la caída del franquismo. La Vanguardia
ha tenido siempre una
(merecida) reputación de ser capaz
de mimetizarse con el contexto, con
la sana intención de ofrecer a sus
lectores un producto que representara
una imagen de los valores de la
sociedad en la que ellos mismos
estan insertados. Los autores consiguen
reflejar adecuadamente las
siempre moderadas transformaciones
ideológicas del periódico, asociadas
significativamente a sus modernizaciones
tecnológicas y sus mutaciones
formales. Estas transformaciones
quedan reflejadas en el texto principalmente
en el cambio de las personas
integrantes del equipo directivo
del periódico.
El retrato que surge de Horacio
Sáenz Guerrero, aunque excesivamente
condicionado por unas fuentes
documentales proporcionadas
por él mismo, refleja perfectamente
este talante poliédrico y acomodaticio
–aunque no conformista– de su
persona y del periódico que dirigió
durante los años del tardofranquismo
y la transición española. Son
especialmente interesantes las polarizadas
relaciones entre unos propietarios
–la familia Godo– que intentan
imponer una determinada
tendencia ideológica –este caso,
muchas veces caracterizada por su
falta de ideología propia– y unos profesionales
que intentan aplicar sus
conocimientos técnicos para dar el
mejor servicio posible a sus lectores,
sin dejarse arrastrar por los vaivenes
políticos y las presiones externas. En
este sentido, son muy jugosas las descripciones
de los complicados equilibrios
de poder que se verifican en el
seno del periódico, no sólo por el
clásico contraste propietarios versus
ejecutivos, sino también entre las
diversas posturas que sostienen los
mismos periodistas que trabajan en
el día a día del periódico.
La idea que planea de fondo en el
libro es el carácter acomodaticio del
periódico, que le ha permitido sobrevivir
a lo largo de sus 125 años de
existencia, desde los años de la Restauración
canovista a la actualidad.
A pesar de las dificultades con las
que se ha ido encontrando, resalta
en este relato que La Vanguardia se
ha mantenido siempre en primera
línea, en términos de difusión e
influencia. Quizás el mejor logro del
libro es poner de manifiesto, documentadamente,
la capacidad de
adaptación del periódico, especialmente
necesarias en unas épocas de
radical transformación social, política
e ideológica como las del tardofranquismo
y la transición. Sin
embargo, esta capacidad de adaptación
ha sido criticada por los competidores
o detractores de La Vanguardia
como un signo de su carácter
excesivamente acomodaticio con los
poderes constituidos.
En el marco de las relaciones
entre el periódico y el contexto cultural
en el que se inserta, quizás se echa en falta algún comentario más
profundo de la realidad histórica,
tanto a nivel catalán como español.
Hay preguntas cuyas respuestas quedan
en el aire, que surgen espontáneas
de la lectura del libro. Por
ejemplo, ¿hasta qué punto la identidad
específica de Cataluña ha condicionado
la evolución ideológica y
técnica del periódico?; ¿se podría
realizar un paralelismo entre el conservadurismo
político del periódico y
la (tradicional) tendencia a la ponderación
y al pacto de la sociedad
catalana?; el hecho de que el nacionalismo
catalán haya sido conservador
desde sus orígenes hasta hace
bien poco, ¿puede haber ayudado a
la consolidación de La Vanguardia
como un oficioso portavoz de la
sociedad civil catalana?; ¿es la identidad
del periódico –magníficamente
retratada por los autores en las conclusiones–
un reflejo de la idiosincracia
de la sociedad catalana, o un
efecto, o parte de su causa, o todo a
la vez? En este sentido, se hubiera
enriquecido el texto con la inclusión
de algunas ideas de historiadores
como Jaume Vicens Vives, Vicente
Cacho, Josep Termes o Borja de
Riquer, que han analizado las ideas
de fondo del catalanismo político y
cultural del siglo pasado.
En descargo de los autores, hay
que decir que muchas de estas noticias
contextuales –especialmente las
relacionadas con la época de la Transición–
están todavía disponibles en
la tesis doctoral, que siempre puede
ser consultada por los especialistas.
Además, es cierto que el libro se
mueve siempre a un nivel específicamente
periodístico y quizás estas
explicaciones contextuales hubieran
restado coherencia a su trama argumentativa.
Los autores son coherentes
con su propósito inicial a lo largo
de todo el libro: “escribir la historia
de un diario”, analizando no sólo sus
contenidos informativos y opinativos,
sino también “los periodistas
que los hacen, los empresarios que
los conducen, relaciones personales,
políticas y empresariales, intereses
varios y todas una pléyade de instancias
internas y externas que influyen
de una manera u otra en el producto
final” (p. 9). En este sentido se
puede decir que el trabajo de Nogué
y Barrera es una aportación modélica
al análisis de la evolución de un
periódico y su interacción con la
sociedad que le envuelve. El libro es,
además, una aportación magnífica al
conocimiento de la evolución de la
España de la Transición. La mayor
parte de los trabajos de los que ahora
disponemos sobre esa época están
basados en testimonios de sus protagonistas
y en memorias personales.
En cambio, esta historia de La Vanguardia
nos permite ya adentrarnos
en esta controvertida época con un
rigor heurístico que debería ser la
pauta para futuros estudios sobre la
España de la Transición.

 

Jaume AURELL
se.vanu@lleruas

 

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