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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / David H. WEAVER (et al.) The American Journalist in the 21st Century. U.S. News People at the Dawn of a New Millenium Lawrence Erlbaum Associates, New Jersey, 2007, 291 pp.

Por tercera vez, David H. Weaver
presenta un completísimo perfil de
los periodistas norteamericanos, trabajando
tal como lo hiciera en 1982
y 1992 junto a G. Cleveland Wilhoit,
aunque sumando esta vez a tres
investigadores al equipo.
La investigación sigue haciendo
eco del primer estudio de este tipo
realizado en Estados Unidos en 1971
por John Johnstone y su grupo, aunque
incluye además aspectos nuevos
como son el uso de las nuevas tecnologías
y el cambio del ambiente laboral
a lo largo del país.
Tal como ocurrió con las dos entregas
pasadas, Weaver y los suyos
centraron la preocupación en cuatro
aspectos básicos: los cambios en la
educación y la preparación de quienes
trabajan en los medios de comunicación
de Norteamérica; sus condiciones
de trabajo, particularmente el
impacto que en él tienen las nuevas
tecnologías; los puntos de vista respecto
al rol y valores éticos; y, por último,
las percepciones sobre lo que
constituye el mejor trabajo periodístico.
En esta ocasión, el estudio cuenta
además con un apartado especial sobre
los periodistas que trabajan en internet, lo que en sí ya demuestra un
cambio respecto a las dos décadas anteriores.
Los resultados, que se desprenden
de la realización de una encuesta telefónica
a 1.464 periodistas, son de
una riqueza tal, que hace que en cada
página se pueda extraer al menos un
rasgo que vaya construyendo la imagen
de quien trabaja en los medios de
comunicación de Estados Unidos.
El primer dato que llama fuertemente
la atención de los investigadores
es que la masa laboral total en los
medios se ha contraído en la última
década, lo que, sumado al hecho de
que la edad media ha aumentado,
puede llevar a concluir que muchos
puestos están en manos de periodistas
que están en sus 40s o 50s, por lo
que aún tienen bastantes años de
profesión por delante, lo que perjudica
directamente a las generaciones de
profesionales más jóvenes.
Ahora bien, el porcentaje de mujeres
en el campo profesional no crece
desde la década de los 80, mientras
se ha podido registrar un leve aumento
en la presencia de minorías raciales,
particularmente en la televisión.
Se percibe también una caída notable
en el número de profesionales
de la información que se declaran
protestantes, en favor de quienes dicen
no profesar ninguna religión o,
en algunos casos, se confiesan católicos
o judíos. Los periodistas de Estados
Unidos, concluye el estudio, son
menos llamados a practicar una religión
o abrazar un credo cualquiera
que el norteamericano medio.


Por otra parte, el estudio de 1992
concluía que los periodistas tendían a
ser más bien de izquierdas. Sin embargo,
esta última entrega apunta a
que se ha registrado un leve cambio,
lo que no quiere decir que los profesionales
de la información sean de
derechas; es más, comparado con el
común de los norteamericanos, los
periodistas suelen estar posicionados
más a la izquierda del espectro político.
En cuanto a la formación, sólo
una décima parte de quienes trabajan
en los medios de comunicación no
tienen algún grado académico, lo que
significa un cambio sustancial desde
1971, cuando un 41% no contaba
con estudios.
Lo anterior evidentemente repercute
en que el nivel de profesionalismo
identificado en este estudio es
mayor que en las entregas anteriores,
haciendo del periodista norteamericano
alguien que, entre otras cosas,
hoy por hoy no pagaría por una información
ni usaría documentación
privada sin autorización. Cabe señalar,
además, que salvo algunas excepciones
–como las mujeres jóvenes–
los periodistas suelen estar mucho
más satisfechos que antes con su trabajo
y el sueldo que reciben.
Sin embargo, la sala de prensa
ejerce en el profesional norteamericano
una cada vez mayor influencia
respecto a las decisiones sobre las historias
en las que trabaja, tanto en su
valor ético como en su interés como
noticia. Así, colegas –aunque sobre
todo editores– ejercen una influencia en el día a día que no deja indiferente
al grupo de investigadores.
Respecto al rol que el periodista
de Estados Unidos considera que
ejerce en la sociedad, la rapidez de
antaño se ve relegada a puestos secundarios
–probablemente por la
aparición de la televisión por cable y,
sobre todo, de internet– dejando en
un primer lugar asuntos como la investigación
y la entrega de información
a los ciudadanos. De hecho, la
función interpretativa de los medios
pasa a ser considerada la más importante
según los propios reporteros.
Los periodistas on line, en tanto,
no muestran grandes diferencias
frente a sus colegas de medios más
tradicionales, al menos en lo que a
sexo, edad y procedencias raciales
respecta. Sin embargo, quienes se encargan
de los medios en internet sí
poseen una mayor educación y, conjuntamente,
están más satisfechos
con su trabajo.
Concluye el estudio, tal como lo
hiciera en las ediciones anteriores,
con una mezcla de preocupación y
optimismo. Lo último, por todos los
avances en materia de profesionalización,
pero lo primero tanto por la situación
de algunos profesionales jóvenes
como por la incierta protección
a la autonomía editorial y la libertad
de algunos profesionales frente
a presiones corporativas.
Probablemente, el único punto
negro del libro es la noticia de que
Wilhoit se retiró de la vida académica
el 2004, mientras Weaver lo hará
el 2012, por lo que no estarán prepesentes
en el siguiente estudio. Terminan
así con este libro tres décadas dedicadas
al completo análisis del perfil
del profesional de la información.

 

Alberto P. LÓPEZ-HERMIDA R.
ten.rtv@rhla

 

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