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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Sira HERNÁNDEZ CORCHETE (Editora) La Guerra Civil televisada. La representación de la contienda en la ficción y el documental españoles Comunicación Social, Salamanca, 2012, 219 pp.
Vicente Sánchez Biosca comenzaba su sobresaliente Cine y Guerra Civil española. Del mito a la memoria (Alianza, 2006) rescatando una sentencia de Arcadi Espada: “La Guerra Civil es la principal industria cultural española”. Y, en consecuencia, una de las mayores preocupaciones de las élites culturales y políticas, se podría añadir. Por eso, tras años de polémica mediática con la Ley de Memoria Histórica aprobada por el Parlamento español en 2007, resulta especialmente pertinente el estudio coordinado por Sira Hernández bajo el título La Guerra Civil televisada. La representación de la contienda en la ficción y el documental españoles. Un trabajo que, sin perder la necesaria perspectiva histórica, pone el foco en cómo el más potente medio de comunicación de masas ha encarado la tragedia más decisiva de la Historia de España.

A pesar de articular una metodología diferente, La Guerra Civil televisivada puede ejercer como complemento para aquel trabajo de Sánchez Biosca –y otros como los de Gubern (1986) o Nieto (2008)–. Porque esta colección de artículos no solo recupera, describe y repasa las obras televisivas –tanto de ficción como documentales—que han recontado la Guerra Civil española y sus alrededores (la agitada República, la penosa posguerra, la restañadora Transición), sino que todo el libro ejerce, de hecho, una reflexión sobre la memoria, la historia y, lo más relevante, los modos de contar y encarar el pasado, tanto desde la sociedad civil como desde la esfera política. La imbricación entre la historia y las “políticas de la memoria” alentadas desde los diferentes gobiernos –desde el Franquismo hasta el segundo mandato de Rodriguez Zapatero, límite temporal del libro– acaban conformando uno de los leitmotiv del volumen. Es lógica esta dependencia del poder político, puesto que la casi totalidad de producciones (tanto series como programas de no-ficción) que han encarado la Guerra Civil se han realizado para televisiones públicas, tanto la nacional, como las autonómicas.

En este sentido, resulta esclarecedor el primer capítulo, donde la editora aventura las líneas maestras de las relaciones entre televisión y Guerra Civil durante el final de la dictadura y la restitución de la democracia: “La reconfiguración de la memoria colectiva e histórica (…) que llevó a cabo TVE a través de las series documentales históricas emitidas durante el tardofranquismo y los años ochenta estuvo al servicio de la legitimación de los respectivos sistemas políticos vigentes en España en cada período histórico” (p. 50). Esta constante imbricación entre poder político, producción televisiva y relato de la historia hace que a lo largo de todo el libro se detecte la facilidad con la que la inclinación ideológica se antepone al rigor histórico.

Desde ese capítulo inicial la estructura bimembre del libro resulta nítida y acertada: la primera parte se centra en la televisión de corte documental y la segunda se especializa en las series televisivas (y TV-Movies) que han empleado el sangriento conflicto fratricida como escenario dramático. Así, Juan Carlos Ibáñez recoge el testigo temporal de Sira Hernández para estudiar el documental a partir de los años noventa, dando cuenta de cómo “el modelo de consenso y distanciamiento crítico adoptado en la Transición” se agota entre 1999 y 2004 (pp. 62-63). Este viraje se ejemplifica de manera aún más diáfana en su minucioso análisis de La memoria recobrada (TVE, 2006), una serie documental de cinco episodios dedicados a la represión franquista. Hacia el final de su artículo, al reflexionar sobre el papel de la memoria (“sacar el hueso al aire”, en feliz expresión de Pedro Guerra), Ibáñez se desliza hacia un terreno de denuncia ideológica-política del presente que desentona ligeramente con el equilibrio académico de la mayoría de artículos del libro. Por ejemplo: “Son las presiones de la nueva economía, de hecho, las que amenazan las garantías sociales que establece la Constitución de 1978, y son las propias instituciones del Estado, cada vez más contaminadas por rutinas antidemocráticas, las que vuelven a permitir la emergencia de vínculos de poder y de dominio que creíamos históricamente superados” (p. 77).

Un inconveniente similar se aprecia en la aportación de Enric Castelló. Su recuento de las obras televisivas producidas por la fértil corporación pública catalana es valioso, por supuesto, pero se echa en falta un mayor sentido crítico con TV3, a la que defiende y alaba con determinación (pp. 83-87, 97). Castelló, en una reflexión explícita sobre el debate Historia/Televisión, asume una visión relativista de la Historia, donde los hechos parecen depender del cristal (geográfico) con el que se miren: “Los programas de TV3 han supuesto para la audiencia catalanohablante la disposición de una serie de narrativas históricas propias, autocentradas, en el sentido de que han interpretado la Historia desde la proximidad y la singularidad nacional” (p. 85). El problema, por tanto, no es si las obras se atienen o no a la necesaria precisión histórica (que Castelló da por descontada), sino de una visión centralista que, según el texto, convive sin problemas epistemológicos con una visión regional de la Guerra Civil y sus consecuencias. Un relativismo que sí combate el siguiente artículo del libro: “¿Invasión o conflicto fratricida? El País Vasco y la Guerra Civil en Euskal Telebista”, escrito por Santiago de Pablo. El catedrático de la UPV desentraña con solidez las ambiciones ideológico-narrativas, las omisiones históricas y las estrategias retóricas, poniendo en primer plano las contradicciones entre el imaginario nacionalista y el relato académico de los hechos.

La segunda parte del libro se concentra en la ficción, siguiendo un esquema cronológico similar al de la primera mitad del volumen, aunque en esta ocasión los años noventa quedan algo desasistidos. Francisca López abre con rotundidad el primer artículo de esta parte: la Guerra Civil “fue sin duda el evento histórico de mayor visibilidad en la ficción televisiva de la década de los ochenta” (p. 121). Su ensayo, atinado y revelador, presenta un ligero inconveniente de expectativas. Bajo el título de “Ardor democrático, ficciones bélicas y TVE en la década de los 80”, el texto se afana en analizar solo dos ficciones: La plaza del diamante y Lorca, muerte de un poeta. La autora advierte el porqué (y cita investigaciones suyas anteriores que complementan este texto), pero se echa en falta mayor concreción al titular.

Los otros dos artículos de esta segunda parte abarcan el nuevo milenio. Por un lado, Patricia Diego y Ruth Gutiérrez analizan dos obras que reflejan el ambiente prebélico (La señora y 14 de abril. La república), con la particularidad de insertar en su análisis el contexto de producción de ambas series, así como un acercamiento “poético” que “facilita la comprensión de su influencia en la cultura y explica cómo se dramatizan los acontecimientos y la vida cotidiana configurando mitos sociales” (p. 141). Por otro, José Carlos Rueda y Elena Galán –dos de los mayores expertos en las relaciones entre la ficción televisiva española y la Historia– dibujan un panorama que mezcla características generales de dicho período con el estudio detallado de producciones concretas –hitos como Amar en tiempos revueltos–, edificando su estudio sobre el motivo recurrente de “la dialéctica entre identidad y alteridad histórica” (p. 171).

Una de las ficciones destacadas por Rueda y Galán –la paródica Plaza de España–vertebra el epílogo de Mar Chicharro. Su texto, a modo de ejemplar conclusión, compendia las distintas metodologías empleadas en el resto de artículos y se detiene en los rasgos principales expuestos a lo largo del volumen. Así, por ejemplo, resume Chicharro, “la ‘no ficción’ es la fórmula hegemónica de representación televisiva de la contienda durante los años ochenta y noventa”, mientras que a partir del año 2000 se aprecia “cierto giro hacia el subjetivismo, así como hacia una representación más cotidiana, anecdótica y personalizada del conflicto” (p. 198). La reflexión con la que se clausura este último artículo sirve para remarcar la pertinencia de esta colección de ensayos: la importancia que la Guerra Civil aún mantiene en la vida cultural, política e, incluso, judicial de los españoles se antoja indudable. Algo a lo que la televisión –por su propia naturaleza masiva y su capacidad para modelar los imaginarios colectivos– no puede resultar ajena, como explican estas páginas.

 

Alberto Nahum GARCÍA MARTÍNEZ
se.vanu@aicragbla

 

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