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Review / LUCAS MARÍN, A. Sociología. El estudio de la realidad social Pamplona: Eunsa.
Un libro que se escribe a lo largo de la vida, que va ganando tanto espacios de difusión como de reconocimiento, o como escribe el propio Lucas Marín en la presentación de su libro, “es el resultado de un dilatado itinerario al hilo de mi propia biografía académica” (pág. 13) es una menuda y concienzuda revisión de la sociología, así como una apuesta por la enseñanza de esta disciplina.
Es, sin lugar a dudas, una apología al método científico aplicado a las ciencias sociales, así como, una revisión de la realidad social desde la mirada de quienes han hecho que el estudio social sea una disciplina respetable, orientadora de la vida en sociedad y faro indispensable para el hacer de los mercados, de las normas y de la política profesiones interconectadas con la comprensión del entorno social.
Lucas Marín tiene respeto y admiración por quienes se han acercado y propuesto vías de conocimiento científico de la sociedad. Así, este es como todos los libros de Lucas Marín, un aporte sentido con los aderezos de anécdotas de sus propias vivencias del proceso de socialización desde la mirada de niños que le han acompañado a ver este fenómeno social. Mientras va explicando, va aplicando ejemplos que sin duda, llenan sus ratos como investigador.
Ahora, lejos de las loas, cada capítulo es adentrarse de modo didáctico a los pensadores, investigadores y, por qué no decirlo, escritores de nuestra sociedad. No se escapa nadie. De los padres fundadores: Durkheim, Comte, Saint Simon deja una vistazo inicial para aquellos estudiantes que quieran después profundizar en las lecturas de estos clásicos del pensamiento social.
La lectura que hace de Marx, es suficientemente esclarecedora de los dos pensamientos asociados al controversial alemán: Marxista y Marxiana. La primera como ideología. La segunda como producto del pensamiento decimonónico y convulso de contrastes sociales y políticos. Bajo el título sugerente de un punto de vista radical, Lucas Marín diseca como buen maestro a Marx. Lo lleva al sitial de elemento de estudio y circunstancia social en la que emerge su pensamiento y, como corresponde, le da la distancia de lectura necesaria para comprenderlo como abanderado de un análisis más económico que social, aunque su carga como padre de la sociología queda en entredicho basándose en la posición que Giner apunta del mismo Marx: “la sociología es una reflexión crítica que ha de menester una distanciación metodológica permanente. Tal distanciación […] (es) importante para mantener vivos ciertos procesos de liberación y de lucha contras las alienaciones y los sistemas opresivos que las generan, pero la acción de uncir una disciplina esencialmente intelectual al yugo de las consignas autoritarias de un movimiento político no conduce a la verdad, por mucho que confiera a ciertos individuos una paz y una satisfacción estética muy notables” (pág. 133).
El capítulo del libro dedicado a la comprensión de la sociología como ciencia de estudio de la cultura es encomiable. Va tejiendo su postura sociológica desde la sociología contemporánea, esa a la que él mismo pertenece. Para hacerlo, se pasea por quienes engrosan las bibliotecas universitarias, Luhman, Habermas, Adorno, entre otros, para caer con humildad de investigador en el capítulo el concepto de cultura. En esas páginas, nos deleita con una sistemática forma de expresar lo que es nuestro, lo que es del otro sin que nos sorprenda, sin que nos comparemos, más bien, desde la mirada de quien busca traducciones al acontecer del vecino, ese vecino global, que se mantiene en su localidad. “Quitar totalmente el aspecto emotivo de las cosas y reducirlas a pura racionalidad sería dejarlas en algo carente de interés” (pág. 289), nos apunta en los párrafos introductorios de ese capítulo. Entonces, con orden de docente por definir lo cultural, nos deja plasmado un ejemplo sobre los ademanes que es, sencillamente, esclarecedor de nuestras diferencias, que a la vez, nos igualan. Sigue con lo simbólico, base fundamentada en el lenguaje, para lo cual antes se apoyó en Mead, en los modelos de realidad y sus modos normativos, para dejar en buen remojo el contenido de la cultura, sin olvidar a la cultura estética, por ser, tal vez, la que nos fascine a los ciudadanos contemporáneos mucho más que las demás por tener “sus propios cánones de belleza, que con frecuencia aplica de modo absoluto en la interpretación de las cosas o de los fenómenos […] (colocándonos en un) carácter relativo o cultural; es decir, en lo diferente que son los estándares del gusto de cada sociedad” (pág. 293).
En ese ámbito de la comprensión de la sociedad desde la mirada de la sociología, el libro llena sus páginas de reflexiones sobre los conceptos que todo profesional de las carreras humanísticas debe conocer para tener la sensibilidad necesaria hacia el otro. Dejan las páginas una profunda inquietud para todo aquel que se quiera adentrar en los estudios que se hacen para conocer las opiniones que inquietan a los grupos humanos y entonces, vuelve Lucas Marín al ataque con la importante cualidad de la capacidad investigativa de las ciencias sociales.
Hace una escritura, si se quiere, circular. Va de los estudios de quienes dieron vida a la sociología, explica los principios y conceptos rectores, y, una vez desarrollados, vuelve al método, única vía para conocer el entramado que nos deja la sociedad, “el método, en fin, es importante porque sin rigor metodológico no existe ciencia social” (pág. 15), quedando inquietudes de ir al campo, de desarrollar investigaciones que engrosen el entendimiento del otro, aplicando los métodos que Lucas propone.
En fin, el libro es capaz de sensibilizar al lector novel, al que se aproxima por vez primera a las ciencias sociales, a profundizar en lecturas, a buscar incansablemente las verdades que están en las páginas que la propia sociedad ofrece ocultas tras los fenómenos culturales, sociales, institucionales y grupales. Deja abiertas las puertas a seguir indagando, a buscar luces en las dinámicas sociales y a ver con claridad que la socialización y sus complejidades se encierran en las miradas más sencillas, las de los niños que ante pequeños estímulos son capaces de crear un mundo personal, nuevo e interrelacionado con los otros, con los adultos.

 

Max RÖMER PIERETTI
moc.liamg@xam.remor

 

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