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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Nuria ALMIRON ROIG Journalism in crisis. Corporate media and financialization Hampton Press, Cresskill, NJ, Estados Unidos, 2010, 212 pp.

Esta pequeña gran obra de la profesora e investigadora catalana Núria Almiron tiene el don de la oportunidad y de la profundidad. Oportunidad porque acomete sin tapujos la crisis endémica del periodismo – occidental, si me permite la autora -, agudizada por la crisis económica mundial de los últimos años. Profundidad por abordar e identificar las claves estructurales que dan cuenta del impacto del capitalismo financiero sobre los núcleos de poder y decisión de los grandes grupos mediáticos.


El texto incorpora la dimensión financiera al análisis crítico de la economia política de la comunicación. La autora pretende explicar a lo largo de esta densa obra el porqué de la crisis del rol atribuido a los medios como garantes de valores como la libertad, el pluralismo, la transparencia y la democracia. Para llegar a establecer su diagnóstico, que sintetiza de forma brillante en el último capítulo, Almiron recorre un largo trecho de la mano de los teóricos e investigadores de la economía política de la comunicación. Con esta obra, la autora culmina una primera etapa de su personal línea de investigación crítica, iniciada con su tesis doctoral sobre el Grupo Prisa, y se suma a la ya prestigiosa lista de investigadores europeos (Hamelink, Garnham, Humphreys, Miège, Richeri, Bustamente, Zallo, Pradié, etc.) y americanos (H. y D. Schiller, Mosco, Tremblay, Picard, McChesney, etc.) que se adscriben a esa escuela crítica.


En síntesis, la tesis del libro que sostiene y culmina la argumentación sobre la crisis estructural del periodismo, dice así (véase p. 175s): primero, la convergencia de intereses económicos, financieros y estratégicos entre propietarios de los medios de comunicación y los centros financieros se ha incrementado con la globalización; segundo, los grupos mediáticos se ven forzados a incorporar las lógicas de la llamada financialización; tercero, el proceso de financialización no desintegra el poder de los grupos sino que lo concentra en un núcleo duro cada vez más vinculado a la esferas financieras; y por último y en consecuencia, los grupos periodísticos se han convertido más en un poder en el mercado que en guardianes de la libertad, creadores de consensos o valedores de la democracia. En ese contexto, ¿qué queda de la esencia de la independencia de los medios, es decir, de su autonomía editorial? Para la autora, es pura ilusión.


El capítulo 4, que es algo así como el capítulo conclusivo del recorrido conceptual y analítico del libro, parte de una inquietante pregunta formulada por Christian Pradié sobre si el actual orden informativo no avanza hacia un “espacio público financiado” (p 157). El capítulo resigue de forma muy detallada y convincente los diversos riesgos que se ciernen sobre el periodismo como actividad propia de grupos y conglomerados financializados. En concreto, se identifican y analizan con precisión tales riegos a tres niveles: sobre las empresas periodísticas (tendencias a la concentración y financialización, a una mayor inestabilidad por riesgo financiero, a la desviación de sus actividades específicas y al descuido de los criterios de responsabilidad social); sobre los contenidos de la información (por la defensa de la ortodoxia económico-financiera, por la financialización de los mensajes o por la omisión de la información negativa); y sobre los periodistas (efectos de censura y de autocensura, de mayor presión en sus actividades profesionales o de incapacidad crítica sobre asuntos financieros).


Para llegar a establecer este diagnóstico de la profesión periodística en las actuales condiciones de concentración y de globalización, Almiron discurre con destreza y sagacidad por los intrincados pantanos de la economía de los grandes grupos económicos europeos y americanos para desentrañar sus relaciones con los medios periodísticos. El primer capítulo trata de comprender la evolución del capitalismo, que en la fase actual, en los últimos 30 años, se viene caracterizando por tres fenómenos concurrentes: la globalización, el neoliberalismo y la financialización. Siguiendo a Epstein y a su grupo de col.laboradors (Gerald A. EPSTEIN, ed., Financialization and the World Economy, Nordhampton, MA: Edward Elgar, 2005), describe el fenómeno de la financialización como “el rol creciente de los motivos financieros, de los mercados financieros, de los actores financieros y de las instituciones financieras en la operación de las economías nacionales e internacionales” (p. 3).


Los capítulos 2 y 3 se destinan a análisis conceptuales, históricos y empíricos de las relaciones entre sistemas financieros, información y grandes grupos mediáticos. Entre sus muchos méritos, destaca aquí la propuesta analítica (p. 79) de una lista de seis categorías principales para evaluar el grado de financialización de los grandes grupos relacionados con los medios. Merece la pena enumerarlas: propiedad, capitalización en el mercado, deuda, propósito corporativo, instrumentos financieros y consejo de directores. Ese grado de financialización de los grupos es estudiado con todo detalle en el capítulo siguiente para todos las mayores corporaciones privadas mundiales (con más de 2.000 millones de dólares de ingresos en 2008). Las conclusiones de este capítulo central del libro constituyen una auténtica primicia para los interesados en el mapa de las relaciones de poder entre los actuales amos de la información y de la industria cultural en el mundo. La gran paradoja actual de la industria de la cultura y de la información en la fase del capitalismo financiero reside en que no se trata de una “lógica impuesta”, sino de una “lógica de sinergías” (p. 159) puesto que ambas industrias (información y finanzas) se necesitan mutuamente.


Podrían aducirse algunas observaciones críticas al enfoque central del libro. Por ejemplo, por el hecho de centrarse únicamente en las tendencias de los grandes grupos privados, ignorando el rol ciertamente importante aún de los grupos públicos no sólo en Europa sino también en otros continentes. O por no atender al también poder compensador de los pequeños grupos locales de comunicación en muchos países. O por desmerecer el creciente papel de Internet y de las redes en la misma producción y diseminación de contenidos informativos, como han demostrado Wikileaks o las mismas revueltas de Túnez o Egipto. No obstante, el objeto de atención e investigación crítica de la autora queda bien acotado desde el principio y no hay duda de que consigue el objetivo que se propone: es decir, poner a disposición de la comunidad internacional de investigadores sociales, políticos y profesionales de la comunicación un diagnóstico, ciertamente preocupante, sobre las peligrosas amistades entre los señores de los medios y los cantos de sirena de las finanzas.

 

Josep GIFREU
ude.fpu@uerfig.pesoj

 

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