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Review / Jaume Guillamet Premsa, franquisme i autonomia. Crónica catalana de mig segle llarg (1939-1995) Flor del Vent Edicions, Barcelona, 1996, 242 pp.
El periodismo catalán, y muy especialmente el barcelonés, ha contado desde sus inicios con una fuerza considerable. Durante muchísimas décadas el Diario de Barcelona, fundado en 1792 y ahora desaparecido, fue el decano de la prensa diaria no sólo española sino continental. Y ya en 1641 Jaume Romeu editó una Gazeta en la ciudad condal, que algunos consideran como el primer periódico propiamente dicho de la península, si bien parecía ser en su mayor parte transcripción de gacetas extranjeras. En el básicamente liberal siglo XIX la producción periodística centrada en Barcelona fue abundante y en 1879 se editó el Diari Catalá, primer escrito íntegramente en catalán. Los años de la Restauración y de la Segunda República contemplaron un auge creciente de la prensa editada en Cataluña. Como botón de muestra valga el dato de que, a las puertas de la guerra civil, eran dieciocho los diarios que se editaban en Barcelona: exactamente el mismo número que en Madrid.

Tal florecimiento tropezó con el estallido de la guerra civil y, al finalizar ésta, con las fuertes cortapisas que introdujo la dictadura franquista. Este es el punto cronológico inicial del libro de Jaume Guillamet, que pretende narrar la historia de los medios de comunicación catalanes hasta 1995. y no sólo la historia de los medios (prensa, radio y televisión fundamentalmente) en sí, sino también de sus protagonistas indispensables: los periodistas y los empresarios. Y es que, en efecto, no se puede explicar lo acontecido en cada uno de los periódicos, emisoras o televisiones sin aludir a quiénes están detrás de ellos como sostenedores, impulsores o autores de los mensajes. Sin olvidar tampoco, como también pone de relieve el autor, los inevitables condicionantes políticos y legales de cada época, mucho más acentuados, por supuesto, durante el franquismo.

Resulta así lógico que los tres grandes capítulos en que se divide el libro tengan como líneas cronológicas divisorias los años de 1966 y 1975. Hasta 1966 el régimen de prensa es de una fuerte censura y control por parte del Gobierno. Con la entrada en vigor en la primavera de dicho año, la nueva Ley de Prensa e Imprenta se produce lo que se ha dado en llamar una etapa de “libertad vigilada”. Esta se extiende hasta la muerte de Franco, cuando comienza la tercera etapa de libertad, sancionada constitucionalmente en 1978. A lo largo de estos tres periodos claros, el periodismo catalán va a ir evolucionando hacia unas mayores dosis de libertad, hacia una mayor profesionalidad y hacia una recuperación de su rica tradición periodística anterior.

Muchos de sus rasgos característicos no difieren, en lo esencial, de los que presenta la evolución del periodismo en el resto de España: las dificultades para las empresas privadas en tiempos de censura, la apertura y las contradicciones que supuso la Ley Fraga, la eclosión de nuevos títulos y el gran índice de mortandad en los años de transición… Pero al mismo tiempo Guillamet pone de relieve algunas diferencias, y no sólo de matiz, que se detectan en el periodismo catalán tales como su menor politización con respecto al madrileño, la presencia de un idioma específico y extendido socialmente como el catalán, la relación con un poder autonómico influyente como el de la Generalitat, el mayor corporativismo profesional de que han solido hacer gala los periodistas catalanes, etc.

Ciertamente, a lo largo de los últimos años se lleva haciendo desde Cataluña un gran esfuerzo por sacar a la luz monografías y estudios relativos a la historia de los medios de comunicación catalanes desde el franquismo hasta la transición y la democracia actual. Es mérito principal de este libro haber realizado desde la perspectiva metodológica unificadora de su autor, una síntesis bastante completa de todos esos trabajos con objeto de presentarla al lector y al investigador de forma sencilla y ágil a la vez que con profusión de datos y de protagonistas.

Especial interés cobra el análisis histórico que se realiza de la evolución de los periodistas catalanes a través de su distintas generaciones, mentalidades e ideologías, y la cristalización que supusieron sus tomas de conciencia corporativas en organizaciones como el Grup Democrátic de Periodistes entre los años difíciles de 1966 y el Col-legi de Periodistas de Catalunya a mediados de los años ochenta. Resulta también sugerente el tratamiento dado a los numerosos fracasos periodísticos y empresariales que se suceden a lo largo de los años y que parecen convertir la crónica de este medio siglo largo en un cementerio de títulos y cabeceras, a veces históricas como las del bicentenario Diario de Barcelona y las de El Correo Catalán y El Noticiero Universal, que hundían sus raíces en el siglo pasado. En más de una ocasión, las interferencias políticas en la vida de esas y otras publicaciones, las desacertadas estrategias empresariales y algunos que otros errores periodísticos influyeron en los cierres de múltiples iniciativas de prensa.

Presta el libro una atención notable al fenómeno del uso de la lengua catalana en los medios de comunicación como parte de una reconquista progresiva de la identidad propia: desde los escasísimos o casi nulos márgenes que se le dejaba en las primeras décadas del franquismo a su gradual extensión en nuestros años de democracia pasando por la tímida apertura que a este respecto pusieron los años de vigencia de la Ley Fraga. La aparición del diario Avui en la primavera de 1976, la programación en catalán de Radio 4 en ese mismo año y el comienzo de las emisiones de TV3 en 1983 constituyeron sendos hitos en esa historia, convenientemente resaltada por un autor como Guillamet que se queja, no obstante, de la escasa presencia del idioma autóctono en la gran prensa diaria como La Vanguardia y El Periódico de Catalunya. Este hecho contrasta con su mayor y extendido uso en los medios audiovisuales.

La prensa comarcal es un fenómeno con bastantes años de vigencia en Cataluña, y que ha sido tratado por el autor en otras obras suyas. En este libro vuelve a destacar su creciente importancia en términos de penetración social, de circulación y de vehiculación de la lengua catalana, predominante en casi todos estos periódicos. No olvida mencionar, dentro de este mismo ámbito de la comunicación local, la abundancia de emisoras municipales de radio y de iniciativas de televisiones locales surgidas desde los años ochenta y en situación de alegalidad durante bastante tiempo.

Aunque el peso del libro recae sobre la prensa escrita, también la radio y la televisión merecen una atención especial: no en vano los centros del producción de TVE en Barcelona y los profesionales catalanes del ámbito audiovisual adquieren relevancia durante el tardofranquismo, y luego la creación de la radiotelevisión pública catalana dotó a esta comunidad autónoma de poderosos e influyentes medios de comunicación. No se puede olvidar que el mismo Jordi Pujol, presidente de la Generalitat, declaró públicamente en la inauguración de TV3 en 1983 que “una llengua no pot viure sense el mitjà de comunicación televisiu” (“Una lengua no puede vivir sin el medio de comunicación televisivo”).

Cabe objetar a la notable y utilísima obra de Guillamet un cierto desorden expositivo a la hora de tratar de los distintos medios de comunicación catalanes, lo que dificulta en parte la consulta y localización de las historias particulares de cada medio, a veces en exceso desperdigados entre sus páginas. En parte se debe a la propia estructura interna de los capítulos que, sin embargo, propicia interesantes análisis de la evolución de la profesión periodística, factor a menudo preterido en este tipo de trabajos históricos. También se observa una mayor atención y detenimiento en el análisis de los años del tardofranquismo y de la transición, quizás los más logrados, en detrimento de los últimos dos lustros. La mayor abundancia de fuentes bibliográficas y documentales y la mayor distancia en el tiempo de dichos acontecimientos justifican de algún modo este desequilibrio.

No resulta tampoco muy adecuado el subtítulo por cuanto podría dar a entender que se trata de una crónica de la sociedad o de la historia de Cataluña cuando en realidad se traza una historia de los medios de comunicación en sus distintos contextos políticos, culturales y sociales. Pero el conjunto de la obre supone un logro notable y una aportación importante que viene a cubrir un huevo bibliográfico claro. Se necesitaba una síntesis de la historia del periodismo en la Cataluña de las últimas décadas y Guillamet, con una esfuerzo loable, lo ha ofrecido al público lector, a los historiadores y a los profesionales de la comunicación.

 

Carlos BARRERA
se.vanu@arerrabc

 

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