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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Richard Saul Wurman Information Anxiety New York, Doubleday, 1989, 356 pp., Barcelona, Planeta, 1989, 354 pp.
Richard Saul Wurman
Information Anxiety
New York, Doubleday, 1989, 356 pp.
Jean François Revel
El conocimiento inútil
Barcelona, Planeta, 1989, 354 pp.

Tras exponer los principios verificativo y explicativo de la documentación periodística, suelo realizar con mis alumnos diversas prácticas de análisis de los diferentes textos periodísticos contenidos en las páginas de los diarios y semanarios de información general más conocidos, a la luz de los criterios y pautas que esos principios proporcionan. Junto a artículos que transmiten una información veraz, interesante y comprehensiva, abundan los que carecen de algunos requisitos. Se hace posteriormente una especie de diagnóstico de la información periodística, en el que se observa el ”cuadro de enfermedades” y sus posibles causas. Tras esa labor, se procura pensar en la terapia adecuada.
Una de las conclusiones a las que fácilmente se llega es a la de la existencia de dos grandes categorías en que se agrupan los textos desinformativos. La desinformación ”no intencionada”, producida fundamentalmente por las rutinas profesionales, y la intencionada, que se produce cuando, de algún modo, hay voluntad de engañar. Las obras de Wurman y de Revel tratan respectivamente de una y de otra clase de desinformación.
La tesis central del libro del Presidente de ”The Understanding Business” es clara y rotunda: existe una ”ansiedad informativa” producida por la brecha cada vez mayor entre lo que entendemos y lo que debiéramos entender. Hay un agujero negro entre los datos y el conocimiento, debido a que la información no nos

habla de lo que queremos o necesitamos saber, sino que, al inundarnos cada día con miles de hechos, transmitidos sin relación, jerarquía y sentido, nos deja – paradójicamente – ayunos de verdadero conocimiento.
También el ex-director de L”Express y actual columnista de Le Point pone en duda la utilidad y eficacia de la avalancha informativa que diariamente nos llega. Pero la razón es distinta. Para Revel, una gran parte de esa información no es más que una desinformación sustentada sobre el prejuicio ideológico de los intelectuales y de los informadores. No existe verdadero conocimiento porque, sencillamente, la información no es verdadera.
Ambos autores avalan sus respectivas tesis con profusión de datos, citas y análisis. Pero así como en el libro de Wurman hay una reflexión ponderada, serena y constructiva, realizada con brillantez y rigor científico, en el de Revel, junto a la brillantez del análisis y de la exposición, aflora un cierto sensacionalismo, apasionamiento y pesimismo. La frase que da inicio al libro explicita ya estas características: ”La primera de las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. El resto de sus páginas pretende constituir una antología de la desinformación periodística. Aunque largo y documentado, tal elenco es insatisfactorio e incompleto. Se echa en falta un análisis científico sobre las causas y mecanismos de la desinformación, y se observa que Revel carga excesivamente las tintas sobre la producida por la ideología marxista y el subsiguiente ”progresismo izquierdista”, olvidándose de otras; por ejemplo, de la ideología laicista. No obstante, ahí están, para hacernos pensar, esos cientos de casos reales de información falsa (y unos pocos irreales, productos del prejuicio o la exageración del autor).
A mi entender, la gran virtualidad de ambos libros es la de suscitar una serie de desafíos en los que nos dedicamos a la investigación y la docencia de la comunicación pública. El primero de ellos consiste en la necesidad de realizar una reflexión radical sobre la necesidad de fundamentar una nueva praxis informativa, basada en el conocimiento profundo de los temas y en la satisfacción de las verdaderas necesidades de los destinatarios. Precisamente el estudio que publico en páginas precedentes representa un esfuerzo en este sentido. Aportación que concuerda básicamente, en los núcleos temáticos coincidentes, con las tesis y propuestas de Wurman.
Mas, si estos estudios son necesarios, no parece menos importante y urgente la tarea de replantearse los fines, objetivos y métodos de la formación de los informadores. La denuncia de Wurman y el análisis pormenorizado de los casos de desinformación expuestos por Revel revelan que, si bien bastantes informadores están ciertamente ”cegados por la ideología”, lo que se comprueba con mayor frecuencia es su carencia de sentido crítico movido por la pasión por la verdad y el afán de servicio a los lectores. Ausencia de reflexión que les conduce a transmitir las desinformaciones producidas por las diversas fuentes de poder. El apego a las viejas rutinas profesionales y también la falta de coraje para enfrentarse a las modas y corrientes dominantes son otros tantos factores que se observan al analizar algunos de los casos de desinformación. Dicho de otra manera: no es que la mayor parte de los informadores quieran desinformar (algunos, si) lo que sucede es que no saben informar porque no están preparados para hacerlo. De ahí que, como corolario al primer capítulo de Information Anxiety, entre las cuatro ”necesidades” que proclama Wurman, la

tercera es la de ”reeducar a los informadores para que mejoren sus capacidades”.
La lectura del libro de Revel corrobora, aún más si cabe, la convicción de que la información es un saber prudencial, y que lo verdaderamente decisivo y primario en la formación de los informadores no es el logro de la pericia técnica ni el del conocimiento erudito de determinadas materias, sino el fomento de las capacidades intelectuales y de un sólido talante moral. Son esas virtudes intelectuales y morales las que incluyen y conducen el afán por documentarse y por ”escribir” bien, utilizando adecuadamente las fuentes más veraces y las técnicas más idóneas en cada momento y circunstancia.
Si una nueva teoría y praxis informativa que nos conduzca, en la terminología de Wurman, del ”information business” al ”understanding business”, y el esfuerzo de las instituciones académicas en la formación de informadores que posean, entre otras cualidades, amor a la verdad, sentido crítico e histórico, y afán de servicio a los destinatarios, supondría un avance significativo hacia una sociedad más libre y justa, no es menos cierto que, como también se señala en Information Anxiety hay otro factor digno de consideración: la formación del público.
Parece obvio que, por mucho que mejore la praxis informativa habitual, siempre habrá desinformación. De ahí la necesidad de educar al público en ese sentido crítico, movido por la búsqueda de la verdad, que le lleve a distinguir lo verdadero de lo falso, lo interesante de lo intrascendente, lo perdurable de lo efímero... Ya hace veinte años, un filósofo de la educación español, J.A. Ibánez Martín, escribió un artículo titulado clara y significativamente: ”El sentido crítico, objetivo de la educación contemporánea” (Revista de Filosofía, tomo XXVIII, 1969, pp. 77-93). El mismo autor y otros han incidido posteriormente en esa idea.
Idea que, recientemente, ha vuelto a ser puesta en el candelero tanto en las conclusiones de las jornadas de estudio de los setenta y cinco Premios Nobel reunidos en París en enero de 1988 (”la educación debe ayudar a desarrollar el espíritu crítico ante lo que difunden los medios de comunicación”) como en la exhortación apostólica ”Christifideles Laici” de Juan Pablo II: ”En el uso y recepción de los instrumentos de comunicación urge una labor educativa del sentido crítico animado por la pasión por la verdad” (nº 44).
Este es el tercer y último reto que, a mi parecer, plantea la reflexión sobre las aportaciones de Wurman y de Revel. Ciertamente, tampoco es un desafío pequeño. También merece la pena afrontarlo.


GABRIEL GALDON

 

Gabriel GALDÓN

 

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