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Review / Mark Monmonier Maps With The News. The Development of American Journalistic Cartography Chicago, The University of Chicago Press, 1989, 331pp.
Mark Monmonier
Maps With The News. The Development of American Journalistic Cartography,
Chicago, The University of Chicago Press,
1989, 331 pp.

Mapas con las noticias – que tal sería la traducción literal del título de este nuevo libro de Mark Monmonier – (ha publicado también: Maps distortion, and Meaning; Computerassisted Cartography: Principles and Prospects; y Technologycal Transition in Cartography) es un vivo estudio del papel que le ha tocado a la cartografía en el periodismo norteamericano. En un tiempo en el que se ha ignorado en los colegios de esa nación la enseñanza de la geografía, sostiene el autor, los mapas informativos aparecidos en la prensa – diarios y revistas, y también en la televisión – han sido uno de los más importantes medios de instrucción en esa disciplina.
A través del estudio del uso de los mapas informativos en la prensa de los Estados Unidos, desde el siglo XVIII a la década de los 80, Mark Monmonier examina el porqué y el cómo los mapas han adquirido gran relevancia informativa. Muestra cómo sucesivas tecnologías, tales como el fotograbado, el offset, el facsímil de transmisión electrónica, y los gráficos realizados en las pantallas de los microordenadores, han facilitado el crecimiento acelerado de los mapas que acompañan a las noticias.
Sin embargo, Monmonier sostiene que no es únicamente el notable desarrollo de las tecnologías de confección, transmisión e impresión lo que ha dado impulso al crecimiento de la información gráfica en los periódicos norteamericanos en lo que va de siglo. Demuestra el profesor de Geografía de la Universidad de Siracusa (estado de Nueva York) que lo que ha influido tan positivamente en el mejoramiento y en la abundancia de los gráficos y mapas informativos es la demanda de nuevos relatos, y particularmente la necesidad de mejorar la precisión en la información de las últimas guerras junto con la decisión de convertir a las noticias en artículos comerciales.
También considera Monmonier algunos principios filosóficos o institucionales que han afectado a la industria de las noticias. Se pregunta entonces por el papel – que considera esencial – de los mapas ante las preguntas informativas por el dónde y el porqué. O el papel que juegan en el eterno conflicto sobre lo visual o lo verbal como medios de expresión entre periodistas y diseñadores gráfi-

cos. También sobre cuándo los mapas deben ser utilizados como grafismos, más emparentados por tanto con lo icónico, o como pura decoración de una página, o exclusivamente para mostrar interés en la localidad en que se intentan vender más ejemplares. Qué papel juegan también los servicios de cable y las agencias que distribuyen mapas y gráficos con un precio accesible a pequeños periódicos que jamás hubieran tenido oportunidad de publicar mapas confeccionados por ellos mismos en sus páginas. Qué nuevas cuestiones y problemas se plantean en la cartografía geográfica actual ante los mapas que se publican a diario, por artistas inexpertos, bajo la presión del cierre con escaso conocimiento cartográfico.
Monmonier concluye que el desarrollo de las nuevas tecnologías ha revolucionado ya, y continuará revolucionando, el concepto de la cartografía. Los mapas también están perdiendo su clásico soporte en papel. En el futuro los mapas informativos también serán confeccionados a medida, y distribuidos a los abonados a través de sistemas electrónicos como el videotex. Parece evidente que el fenómeno que el autor llama ”graficalidad” (graphicacy) y que define como ”la habilidad para interpretar y manipular informaciones gráficas”, se ha instalado en gran parte de los lectores de la prensa gráfica. La tendencia es precisamente gráfica, seguramente gracias a los adelantos en estas artes y a la necesidad de competir con las imágenes de la televisión. El concepto de literalidad (literacy: capacidad de leer y escribir) pudo construirse sobre la base de la consideración de que sólo puede llamarse ”literatura” a las palabras que componen un texto. Pero un concepto mucho más amplio de la literalidad incluiría el de la ”literalidad geográfica” y el de la ”literalidad gráfica”, o ”graficalidad”. En cualquier persona con un desarrollo cultural medio se presupone que sabe cómo leer e interpretar gráficos y, en no pocos casos, que sabe diseñarlos, sin mayores problemas.
Dos brechas antiguas se están cerrando: la que separaba y distinguía a los informadores de los artistas gráficos, y la que hacía distinción entre información gráfica e información literal. ¿Es que hay algún mapa que no sea información? Sólo los que se utilizan para pura decoración como las flores, cuyo fin principal no es la decoración misma.
En la integración de textos y gráficos los medios impresos tendrán un papel preponderante. Quizá esa integración deba ocurrir primero en la mente de los editores y redactores, entre sus razonamientos puramente verbales y los que admitan uno o más componentes gráficos. Un comunicador versátil sabrá cómo dar una historia y sabrá qué le conviene para relatar el dónde y el porqué. La tecnología le dará los medios para hacerlo gráficamente, como ahora lo hace para que lo pueda relatar de un modo literal.
En el presente, en cualquier periódico del mundo, el redactor – que nunca es un artista – cuando necesita un mapa o un gráfico para su relato, debe acudir al artista – que no es informador – y éste, una vez leída la narración huérfana de todas las percepciones y experiencias del informador, confecciona el mapa o gráfico que irá en la página. La tecnología puede compensar muchas de las carencias probables en la capacidad de dibujo de los informadores, y el talento artístico se puede pulir, con el trabajo de los editores, del mismo modo que el talento literario de los redactores mejora con el ejercicio y las correcciones.
Las posturas deben cambiar si los periodistas aceptan el reto de combinar las funciones ahora especializadas de redactor de noticias e ilustrador de noticias.


Las redacciones de los periódicos y las facultades de ciencias de la información serán el campo de batalla de la revolución gráfica de las noticias.
El libro puede tener mucho interés tanto para los historiadores de la cartografía y del periodismo como para quienes estudian las nuevas tecnologías. Los editores, periodistas y artistas gráficos de los periódicos lo encontrarán interesante y valioso. También parece una lectura recomendable para los profesores de geografía, y todos los estudiosos de los medios de comunicación gráficos.


GONZALO PELTZER

 

Gonzalo PELTZER

 

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