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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / ROY PETER CLARK Y DON FRY Coaching Writers: The Essential Guide for Editors an Reporters. The Poynter Institute for Media Studies, New York, 1992, 179 pp.
ROY PETER CLARK Y DON FRY

Coaching Writers: The Essential Guide for Editors an Reporters.
The Poynter Institute for Media Studies, New York, 1992, 179 pp.

Los autores de la escuela del Poynter Institute reivindican en este manual el oficio del editor de prensa, ese personaje a menudo vilipendiado por tirano y cascarrabias, al que tanto debemos quienes hemos pasado por una redac- ción. La aportación del libro está precisamente en descubrir ese lado huma- no oculto tras el proceso de edición y que ha ignorado la mayoría de los tí- tulos dedicados al tema, equivalente a la enseñanza, la dedicación, el estímu- lo y el diálogo. Sobre estos principios, Clark y Fry construyen un nuevo perfil del ”editorpreparador” o ”editor-instructor”, seleccionado más por sus cualidades personales y su vocación de maestro, que por sus habilidades y ve- tiranía. Aunque el concepto de ”coach” ya es antiguo – siglo XIX en la universidad victoriana, donde los estudiantes contaban con la ayuda de sus tutores –, fue readaptado por Donald Murray en 1978 en la redacción del Boston Globe, con el fin de describir una nueva criatura en el periodismo americano: un profesor invitado que podría trabajar en una sala de redacción asesorando a los periodistas y creando un ambiente en el cual los buenos trabajos fueran estimulados y reconocidos (p. 5). Este ”instructor” de escritores vino a llenar un vacío dejado por los editores, demasiado ocupados con sus agendas del día para dedicarse a desarrollar el talento del personal. Sin embargo, la figura todavía es un lujo dentro de las redacciones, porque en la mayoría de periódicos pequeños el editor sigue asumiendo la doble función de coordinador y maestro. En cualquier circunstancia, esta obra puede resultar especialmente útil para profesores de periodismo, editores y periodistas, porque a través de una serie de técnicas y estrategias en el difícil arte de entrenar escritores, se propone crear un ambiente más abierto y generoso en las redacciones, caracterizado por un diálogo permanente que elimine las tensiones (en especial ese momento dramático de la hora de cierre). Desde esta perspectiva, el texto periodístico se concibe como el resultado de un trabajo en equipo, de principio a fin, entre el redactor y el editor, en el que interesa más el proceso que el producto. En realidad, se trata de una disciplina que exige pocos esfuerzos y arroja excelentes resultados. El editor, sujeto a la tiranía del tiempo, sólo tiene que dedicar unos cinco minutos de charla con el redactor, para hacerle las indicaciones del caso. Con un tono amable y de confianza puede aplicar el método de preguntas y observaciones para transmitirle seguridad y hacerle comprender que todos los detalles y toda la información es importante en el momento de plantear la historia. El éxito del proceso está cifrado en esta relación estrecha y fluida. Como aclaran Clark y Fry, practicar el lado humano de la edición no requiere de estrategias exó- ticas. La mayoría de los editores ha empleado ya las técnicas básicas: tener una conversación rápida (”Consultive Editing”, en términus de Donald Mu- rray) en la que se hacen las preguntas más concretas sobre el trabajo, hacer buenas observaciones al redactor, ofrecer posibilidades de enfoque, devolver la historia con todas las anotaciones posibles a manera de crítica construc- tiva, etc. Pero se trata de aplicar una psicología especial para que el trabajo del redactor tenga más rendimiento, sobre todo, demostrando interés y res- peto por su trabajo. Una de las principales recomendaciones que los autores hacen al editor es la de compartir el control de la historia con el redactor desde el principio hasta el final, sin atropellar los derechos del redactor, esto es, hacer cortes o cambios radicales no consultados previamente. Pero no se trata sólo de enseñar a corregir los textos, sino de que el periodista se responsabilice de sus errores y de los cambios. Si en realidad quiere trabajar codo a codo con el periodista, el editor debe saber delegar esta responsabilidad. Pero donde mejor se reconocen los principios del ”Coaching” es en el apartado del libro donde los buenos editores estudian a los buenos escritores, y del que extractamos algunos rasgos de interés que ayudan a trazar ambos perfiles (pp. 33-36). Los buenos editores observan a los buenos escritores, estudian sus hábitos y su idiosincracia como cualquier entrenador de boxeo que prepara a su figura para un gran combate. Los buenos editores no editan sólo con sus ojos; ellos escuchan el tono, el sonido de la prosa; cuando hacen algún cambio vigilan que no estropee ese ritmo interno del texto, y revisan que todas las transiciones funcionen. Los buenos editores, aunque no sean conscientes de ello, se mueven por la sala de redacción como por un laboratorio de pruebas, y leen a tiempo los trabajos de los redactores para identificar los puntos fuertes y débiles. Los buenos editores explotan los valores de los buenos escritores e intentan sacarles siempre buenas anécdotas, breves citas, detalles concretos y caracteres humanos interesantes. Los buenos editores trabajan duro para convencer a los periodistas de que las historias cortas son las mejores, para no tener que cortarlas luego arbitrariamente. Los buenos editores consiguen proyectar sus propios valores en el redactor. La voz del editor, mezclada con la voz autocrítica del escritor, puede estimular a éste para conseguir los criterios más exigentes de calidad. Por su parte, los buenos reporteros recolectan información vorazmente y toman notas como locos; están más preocupados por la calidad de la información que por las florituras del estilo. Gastan la mayor parte del tiempo y energía en sus leads; los escriben y reescriben innumerables veces; más que preocuparse por las 5 W”s, buscan los recursos sorpresivos para el arranque y el final. Los buenos reporteros ven el mundo como una gran tienda de ideas para sus historias; tienen una especie de visión con rayos-X que les permite ver las acciones humanas detrás de la
cara gastada de las instituciones. Los buenos reporteros se meten completamente en la historia, la viven, respiran y suenan con ella; a menudo pierden la objetividad, pero jamás el control del material (además, el editor acude en su rescate). Los buenos reporteros dedican gran parte de su tiempo al trabajo mecánico de organizar el material; luego escriben y reescriben el texto. Aman los ordenadores porque les permiten jugar con todas las posibilidades durante el proceso de revisión. Los buenos reporteros aceptan los cambios, adoran los enfoques imprevisibles y las formas no convencio- nales. Los mejores reporteros quieren que sus lectores lean cada palabra. Los mejores editores, también. Los autores no dejan de pensar tampoco en esos periodistas jóvenes que necesitan buenos editores que discutan con ellos sus ideas, les ayuden a enfocar y a organizar las historias, les enseñen a planificar el tiempo y a documentarse, y les hagan ver cuándo funciona un trabajo y cuándo no; que empujen a los escritores a la innovación y a la experimentación, desechando las fórmulas trilladas. Es decir, editores con los que se pueda crecer y madurar en el oficio. El tándem perfecto. Como dije al principio, Coaching Writers también puede tomarse como un homenaje a la figura del editor, y por ello los autores recogen el testimonio de famosos editores, como Maxwell Evarts Perkins, durante treinta años amigo y mentor de algunos de los más grandes escritores norteamericanos del siglo: F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, y el más complicado de todos, Thomas Wolfe, que no veía término a sus novelas-río hasta que su editor le sugería el final. El libro se divide en cuatro partes, teórico-prácticas, en las que el lector puede recoger valores y técnicas del oficio de edición mediante el análisis de modelos. En la primera parte, ”El arte de preparar escritores”, se definen las estrategias básicas para el trabajo conjunto entre el editor y el redactor, con una docena de técnicas novedosas. En ”El lado humano de la edición”, segunda parte, se describe el trabajo de varios editores y escritores selecciona-
dos como modelos. En la tercera parte, ”enseñanza del proceso de escritura”,
se demuestra la relación entre el arte de editar y el arte de escribir y se identifican los pasos del proceso: selección del tema, reporterismo, organización del material, primer borrador y revisión. Además, incluye un capítulo de especial interés sobre el vocabulario del ”Coaching”: un repertorio de términos y procedimientos de escritura tomados indistintamente de la literatura y el periodismo con el cual conviene familiarizarse. Por último, el capítulo ”Trabajando juntos” ofrece ideas para crear un ambiente apropiado en las salas de redacción que posibilite esta tarea de entrenamiento. Al final de cada capítulo encontramos un sumario de rápido acceso y una serie de ejercicios y cuestiones sugerentes para practicar, discutir e investigar sobre este apasionante campo.

MARYLUZ VALLEJO












 

Mary Luz Vallejo

 

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