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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / ROSA MARÍA GARCÍA SANZ El derecho a opinar libremente Eudema, Madrid, 1990, 270 pág
ROSA MARÍA GARCÍA SANZ
El derecho a opinar libremente Eudema, Madrid, 1990, 270 págs.

El libro objeto de esta reseña constituye gran parte de la Memoria de Tesis Doctoral que, laureada con la máxima calificación, se defendió en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. El tema que se aborda en él no es fá- cil, si se tiene en cuenta la perspectiva de su tratamiento. Sabemos que existen cuestiones de diverso calado científico. Lo que es exigible siempre es que se toque fondo en su estudio. Todos los temas susceptibles de ser investigados epistemológicamente lo son de modo indefinido: las ciencias no se detienen nunca en su progreso contínuo. Pero lo que puede en todo caso afirmarse de un trabajo de investigación es que hic et nunc, ha agotado el tema planteado. Y estos son los supuestos del tratamiento jurídico del mensaje de juicios y del trabajo que aquí se enjuicia. Hoy por hoy – y quizá durante mucho tiempo – el libro de la Doctora García Sanz puede considerarse definitivo, con toda la relatividad que hay que atribuir a lo definitivo cuando de la verdad científica se trata. Especialmente en unas materias tan uniformemente acelera- das en el desarrollo de su investigación cuales son las informativas. La profundidad del tema venía da- da por su importancia en el conjunto sistemático del Derecho de la Información. Solamente en su sede, y en ninguna otra disciplina jurídica, se trata el derecho de los mensajes. Entre otras razones porque solamente en su sede es posible tratarlo, dado que, para su estudio, es necesario un equilibrio entre la formación jurídica y la informativa. El desarrollo reciente del Derecho de la Información explica la maduración que, en poco tiempo relativamente, ha experimentado el tratamiento jurídico del mensaje informativo en comparación con el de los sujetos y los medios, que ya contaba con algunas aportaciones aprovechables y adaptables al Derecho informativo desde las disciplinas jurídicas o informativas en que se concibieron. El tratamiento jurídico del mensaje informativo incide, por otra parte, en
el núcleo del derecho humano a la información. Consiste en el estudio del suum que constituye, en la vieja definición de Ulpiano aplicada al acto comunicativo – acto de justicia –, la información misma considerada en su aspecto factible, como un resultado
del operar informativo. En el conjunto sistemático del estudio del mensaje, investigado desde una perspectiva jurídica, se encuadra el argumento de este libro. Y hay que añadir que está junto al núcleo sustantivo de su planteamiento. En efecto, está aceptada por la doctrina, por las normas jurídicas de la más diversa índole y por la jurisprudencia, incluso entre nosotros la constitucional, que existen dos grandes tipos de mensajes. Los mensajes simples – de hechos y de ideas – y los complejos, que son todos los demás. El más simple de los mensajes complejos es el de juicios y opiniones. Todos los demás mensajes complejos, estén o no tipificados científica o normativamente, están compuestos por estos tres, que entran en su composición en diversas dosis y con diferente función. El tratamiento jurídico de las opiniones obtiene así una importancia radical que, si siempre se ha barruntado, nunca se ha sido consecuente con ella de una manera rotunda. La autora ha tenido que aquilatar dos realidades. La primera, que el trata- miento científico-jurídico del mensaje de hechos o noticia y el del mensaje de ideas, especialmente en su manifestación concreta de propaganda, están muy avanzados, más o menos satisfactoriamente. Adoptar el tema del mensaje de juicios y opiniones para su estudio supone completar una trilogía monográfica que, en modo alguno, podía justificar una desigual calidad con respecto a los tratamientos anteriores de los dos tipos de mensajes simples. La segunda realidad, que puede parecer discordante con la anterior, aunque paradójicamente no lo es, que así como los estudios previos al planteamiento jurídico de la comu- nicación de hechos y de la comunicación de ideas fueron escasos, pero de calidad media aceptable, la bibliografía acerca de las opiniones era abundantísima en exceso, pero muy desigual científicamente. Lo que, entre otros esfuerzos, ha requerido un cer- nido crítico para escoger solamente aquella documentación que tuviese un valor científico actual y dejar de lado la inoperante e, incluso, desorientadora. Asumidos y superados todos los obstáculos previos, era necesario un estudio a fondo de la opinión, lo que queda reflejado en las páginas del libro. Naturalmente, no se trata en él de investigar acerca de la opinión o juicio como figura criteriológica, sino, sin perjuicio del conocimiento de este estudio realizado en su propia Ciencia, el objeto sometido a examen era el mensaje de opinión, mensaje – co-
mo todos – difundible o comunicable. Se ha estudiado aquí la opinión comunicada o publicada; en otras palabras, la opinión pública, Y el mérito inicial del trabajo ha consistido en separar, entre los distintos empleos que se ha dado a la expresión ”opinión pública”, dos significaciones que pueden suponer, y de hecho suponen, la más aguda confusión conceptual y analizarlas. De este modo, además de llevar a cabo una clarificación científicamente necesaria, en el conocimiento de la investigadora se advierte que ha adquirido rigor suficiente para filtrar en qué casos, más o menos conscientemente, emplean los autores uno de ellos y en qué casos utilizan el otro. Con lo que, por una parte, la lectura de las fuentes resulta más esclarecedora y fecunda; y, por otra, se delimita perfectamente el área de la investigación a realizar, asegurando la concentración del esfuerzo y un principio crítico de selección documentaria. De ese modo, se evita un doble peligro que acecha a toda producción científica: la ambigüedad y la dispersión. En adelante, cualquier investigación seria que se haga de la llamada opinión pública tendrá que partir de la distinción entre los dos significados aquí analizados: la opinión pública en sentido impropio, subjetivo y equivalente a ”público opinante”; y la opinión pública en sentido propio, objetivo, como mensaje de juicios. Solamente por este logro se podría ya apostar por la vocación clásica de este libro. Sentado el principio diferenciador, un hallazgo importante y generosamente probado en el trabajo comentado es la evolución de los dos significados en la terminología de las normas legales y convencionales. Se advierte una utilización cada vez más correcta de la expresión opinión pública, en los textos normativos nacionales e internacionales, en el sentido de mensaje de juicios. Y, lo que es más interesante, en los textos de inspiración claramente democrática. Puede decirse que el mensaje de juicios y opiniones se ha institucionalizado, en el sentido más estrictamente jurídico del término, en este trabajo. Como ocurre en los demás mensajes, en el de juicios hay que distinguir tres fases: la de su formación o adquisición intelectual, la del juicio terminado y la de su comunicación. La primera, la fase de lo agible, supone en el juicio, opinión, crítica, dictamen o sentencia un esfuerzo de la razón. El que el hombre sea un ser fundamentalmente razonable, en el sentido de razonador, explica que la mayoría de nuestras expresiones sean juicios. Habrá juicios más espontáneos que otros; habrá opiniones, como las que constituyen la crítica, que requerirán más o menos esfuerzo en la deducción. Pero la persona – sustancia individual de naturaleza racional – tiende siempre a calificar lo que co- noce conforme a unos valores o ideas que posee. El juicio ya terminado, o aspecto factible de la opinión, resulta así el producto de un esfuerzo humano y, como tal, un resultado valioso que completa el aspecto fáctico de los actos con su aspecto valorativo, constituyendo un conjunto de superior entidad al simple conocimiento del hecho descarnado. Lo que lo convierte en un objeto apreciable del derecho a la información. No sólo, como en el caso de la noticia, para conocer algo – lo que opina otra persona –, sino también para aceptar o rechazar. De aquí que la comunicación del
juicio, que se tiene como resultado de un proceso racional, sea, como todo acto comunicativo, la satisfacción de un derecho; en otras palabras, como ya se ha afirmado, un acto de justicia. La opinión, como todo mensaje, es algo debido, no solamente en cuanto al qué, sino también en cuanto al cómo. Un cómo que, en cada juicio comunicado, constituye una lección práctica de racionalidad. Como en todo derecho al mensaje, en el de juicios hay que distinguir las facultades de investigación y de difusión y de recepción. Y, como en todo mensaje, cada una de las tres facultades pueden tener excepciones nacidas del principio de congruencia del ordenamiento, conforme al cual el derecho a la información, derecho humano, ha de armonizarse en su ejercicio con otros derechos humanos que, según su naturaleza, prevalecerán frente a él o no. Puede verse, entre las tres fases que hay que distinguir en la opinión pública como mensaje, una continuidad y complementariedad que autoriza a decir que la deficiencia en cualquiera de ellas vicia el conjunto; y que este conjunto merecerá una calificación jurídica global, aun cuando sea hecha previo análisis de cada una de las fases. En todo caso, queda subrayado, desde otro ángulo, el delicado pormenor que constituye el juicio y la necesidad de afinar muy bien los instrumentos jurídico-informativos para su estudio. Mucho más si se tiene en cuenta que el juicio está cualitativamente lejos de la duda y de la certeza y que, en consecuencia, la opinión es libre y puede ser distinta, incluso cuando se parte de las mismas premi- sas. En el fondo de la cuestión está la solución que estriba, precisamente, en que el juicio es libre. Por tanto, si bien no puede dejar de ser libre, tampoco puede dejar de ser juicio, es decir, razonable y razonado. Lo que, en ningún caso, supone privación de libertad en su formulación, como no la supone el que la noticia sea esencial- mente verdadera. En la noticia, su calidad de mensaje se la otorga la adecuación con la realidad; en la opinión, su calidad de mensaje se la da la adecuación en el proceso deductivo y sus elementos. Si el Derecho, en idea de uno de los grandes pensadores contemporáneos, es la realidad hecha norma, el método o camino para establecer el régimen jurídico del mensaje de opinión es el estudio de la naturaleza de tal mensaje. EL estudio al que se refiere esta reseña es un ejemplo elocuente de cómo la naturaleza real de un objeto cualquiera es, desde el momento en que se le contempla con la perspectiva del Derecho, su naturaleza jurídica. Naturaleza que, lejos de cambiar la real, la afianza, fundamenta y legitima para que el objeto en cuestión lo sea de los derechos subjetivos y de las relaciones jurídicas. En el trabajo de García Sanz el doble plano real y jurídico va apareciendo a través de una metodología adecuada que lo ha llevado a la meta final de la confirmación de la hipótesis planteada. El camino recto, en una investigación científica como ésta, produce esa sensación de difícil facilidad que puede observarse al leer el libro. En él se encuentra un esfuerzo de análisis de los diferentes elementos estructurales y funcionales del juicio que, teniendo en cuenta las normas criteriológicas, están contemplados como objeto formal del Derecho y de la Información. Esta es una de las claves del trabajo, no realizado hasta el momento actual bajo esta óptica, que no es bifocal, sino que sabe unificar las
ideas jurídicas y las informativas, una vez comprendido su acoplamiento sistemático en el Derecho de la Información. Al esfuerzo de análisis sigue el de síntesis, que permite la unificación de los elementos disecados en la unidad del juicio, como acto racional y como producto del esfuerzo de la razón, que constituirá el contenido de la comunicación de juicios o de lo que la autora denomina propiamente opinión pública, Las consecuencias de este doble trabajo, deductivo e inductivo, analítico y sintético, fluyen como desembocadura ineludible del esfuerzo mismo, En adelante se puede tener una idea muy clara de lo que es la opinión y de lo que es la opinión publicada u opinión pública en sentido objetivo. En el futuro, próximo o lejano, se podrá fijar conceptos que hasta el momento actual aparecen confusos, incluso en su misma denominación, cual el de ”manipulación” de la opinión pública. Aparte de que la opinión no puede tratarse con las manos, sino que es una mentefactura, la mal llamada manipulación solamente se explica como alteración de alguno de los elementos del mensaje de juicios aquí analizados. Lo que, además de fijarnos el concepto de manipulación, nos da ya trazado el espectro de las posibles alteraciones y
su clasificación. Con ello se facilita la detección de cualquier intento falseador y se hace posible y fácil su cancelación. Este ejemplo de uno de los frutos que, a mayor abundamiento, suministra el trabajo de la Doctora García Sanz pone en evidencia, por generalización, que el mensaje de opinión, como cualquiera otro de los mensajes, tiene un constitutivo esencial que, si adolece, desvirtúa el mensaje mismo. En otras palabras, deja de ser mensaje informativo pasando a un no-ser o a representar un valor informativamente negativo. La opinión irracional de- ja de ser tal opinión porque le falta el constitutivo del juicio, que es su racionalidad. Lo que, teniendo en cuenta que el juicio puede ser vario porque se manifiesta al espíritu con esa certeza imperfecta que llamamos probabilidad, hace que el mensaje de opinión exija un tratamiento delicado que supone embridar el capricho, la ligereza o la falta – intencionada o no – de criterio, para dejar campo libre a la agudeza, a una cierta finura
de ingenio que es perfectible si se ejercita bien o degenerable si se emplea mal. Como consideración final conviene advertir que la ponderación de la importancia de la opinión y su emplazamiento entre la duda y la certeza no puede hacer creer que el pensamiento que late a lo largo de las páginas del libro esté contaminado de escepticismo, ni siquiera de relativismo. Lo que, en dirección opuesta, lo aleja también del dogmatismo. La posibilidad e incluso probabilidad de otra distinta y aun opuesta cuando se fundan en ideas diferentes o cuando, aun subsumiendo los hechos en iguales ideas, el razonamiento ha sido definitivo, siendo en ambos casos correcto. El tema es fecundo y tienta a seguir tratando de él porque explica muchos fenómenos actuales que no se explican con una mente cerrada y dogmatizadora. El campo de lo opinable es muy extenso y en él se transita libremente, siempre que se guarden las normas del tránsito intelectual. Y, en este libre juego de la opinión, pueden darse divergencias y convergencias legítimas. Unas y otras mediante sustracciones y adiciones siempre libres, pueden alejarse paulatinamente de la incertidumbre e ir configurando la certeza. La libre manifestación de este libre tráfico de opiniones es el gran servicio que presta la Información a la comunidad. Y su planteamiento, en términos jurídicos, el que presta este libro a los estudiosos de la Información.


JOSE M” DESANTES GUANTER





 

José María DESANTES

 

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