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Review / DOMINIQUE WOLTON War game. L”information et la guerre Flammarion y L”lnformation en uniforme Ramsay París, 1991, 290 págs./París, 1991, 130 págs.
DOMINIQUE WOLTON
War game. L”information et la guerre Flammarion, París, 1991, 290 págs.

MARC FERRO L”lnformation en uniforme Ramsay, París, 1991, 130 págs.

Dos libros se han publicado recientemente en Francia que contemplan un mismo tema: los aspectos informativos de la llamada ”Guerra del Golfo”. Ambos son una reflexión en voz alta sobre el tratamiento periodístico, especialmente televisivo, de ese conflicto, sus logros y sus carencias, sus aciertos y sus fallos. Resultan sugerentes, amenos, y oportunos. Los dos libros son War Game, de Dominique Wolton y L”Information en uniforme, de Marc Ferro. Su lectura nos permite hilvanar algunos comentarios sobre los mismos y además hacer breves consideraciones acerca de
este tema tan vivo de la información internacional, una de las áreas profesionales más en boga, incluso para el gran público, habida cuenta del creciente interés de las gentes por un mundo sometido a un cambio tan espectacular como veloz. Hay una base de partida común, que ya nadie discute: ”el conocimiento del mundo, de lo que pasa en el
mundo” se tiene por obra de los medios de comunicación; y casi de inmediato, a renglón seguido, Ferro nos dice que esa visión de lo que ocurre es cada vez más uniforme, sobre todo la difundida por las televisiones. Esta afirmación se une a otra que también ha sido muy invocada con ocasión del conflicto del Golfo y otras crisis anteriores y posteriores: la caída del muro de Berlín, el desplome del comunismo, la guerra yugoslava, el golpe de Estado en la URSS...; me refiero al ”aireado éxito” de la información en directo, de asistir ”en vivo” al protagonismo histórico. El ”mito del directo” ha tenido además un doble efecto inesperado: volverse contra los medios que han sido acusados de manipulación y crear en las audiencias una cierta sensación de
aburrimiento por saturación, dato que, si es unido al ya mencionado efecto de la uniformidad, causa un paradójico tedio informativo. ”Nunca en una guerra – escribe Wolton – ha habido tantos medios implicados y nunca la opinión pública ha tenido, en tanto, el sentimiento de no estar informada”. Se ha señalado como principal cul- pable de esta apreciación generalizada de des-información a la censura militar, que tan rotundamente funcionó durante las operaciones bélicas del Golfo, pero los estudiosos, sin negar ese hecho, incluyen la propia manipulación de los responsables de los me- dios que no han sabido ofrecer una información más plural, contrapesada, rigurosa y atractiva. Es curioso analizar estas críticas tan obvias, que mucha gente comparte y estos dos autores han sabido estructurar en una serie de planteamientos coherentes, conexos y consistentes. Aunque los razonamientos que se formulan se hacen preferentemente sobre la información televisiva, muchos de sus argumentos y de sus críticas son perfectamente válidas para las demás modalidades del quehacer periodístico. Tras las experiencias del impacto que el tratamiento informativo de las operaciones bélicas tuvo en la opinión pública en los casos de la guerra de Vietnam, de la invasión de Panamá y del conflicto de las Malvinas, los expertos militares se han puesto de acuerdo en controlar, cuanto más mejor, a los medios y a los periodistas. En efecto, con ocasión del Golfo se volvió a escuchar que la derrota americana en Vietnam fue en gran medida consecuencia de la actitud antibelicista de la sociedad norteamericana e incluso mundial. En las otras intervenciones militares – Panamá añadida a Granada y Malvinas – los mismos expertos se mostraron satisfechos del resultado: no hubo interferencias y las consecuencias quedaron a la vista; se evitó el derrotismo y tampoco hubo filtraciones que pudieran afectar al desarrollo de las operaciones. En el Golfo los problemas tenían que ser lógicamente mayores ante el despliegue militar y la paralela movilización periodística, pero la estrategia adoptada por el mando militar fue la misma: control máximo, Y así se llegó a un paradójico re-sultado: infinidad de informaciones, reportajes, entrevistas, ruedas de prensa y hasta debates con expertos que a la postre venían a dar las mismas imágenes, sobre los mismos temas con las mismas opiniones y prácticamente las mismas reacciones.
Otro aspecto que es destacado por ambos autores y que por otra parte ya se había puesto en cuestión por diversos analistas es la tendencia a la espectacularización, a la teatralización informativa, especialmente en televisión. El añadido colorista que daba al discurso narrativo el paisaje del desierto, los tipos y vestimentas árabes, la semántica legendaria de muchas denominaciones, como Bagdad o Basora, las peripecias de la vida casi aburrida de los soldados en espera de entrar en acción, la reiteración de imágenes de maniobras y más maniobras... fueron elementos que influyeron en esa ”espectacularización”, Junto a este rasgo se plantearon otros temas para hacer entender al público lo que allí ocurría – más en prensa escrita que en la audiovisual –, cuestiones técnicas como las características de los aviones de bombardeo o los cazas, los complejos mecanismos de la dirección de tiro, los tipos de misiles, las clases de carros de combate y helicópteros o las diferencias entre fra- gatas, corbetas y dragaminas. El apoyo iconográfico y cartográfico fue también muy utilizado siendo no sólo un recurso ilustrativo sino a veces auténtico protagonista de suplementos y páginas especiales. En contraste con el exceso de información colateral y documentación, ha habido una ausencia casi absoluta de ideas y testimonios dando cuenta del punto de vista contrario o de comunicaciones del enemigo, Salvo las crónicas enviadas por la CNN con el beneplácito de la censura iraquí, consciente de que este era un sistema útil para mantener abierto un canal expresivo con los países de la coalición, no se han ofrecido crónicas, noticias ni opiniones de la prensa iraquí. Ni por supuesto imágenes de sus tropas en combate. Wolton plantea con habilidad la tesis de que frente a esta hipermediatización, los públicos han reaccionado con inteligencia y han puesto en cuestión lo que se les ofrecía. Y esto ha sido posible básicamente por dos hechos notables: el recelo con que unas audiencias relativamente formadas responden al bombardeo informativo y la ausencia de comunicación, de efecto res- puesta. La información – dice Wolton – no debe confundirse con la comunicación, que exige algún tipo de vinculación y de capacidad de compartir conceptualizaciones. Y expone la acogida discutible, cuando no el rechazo, de ciertos sectores de población a lo que veían o escuchaban. ”La información no se recibe de la misma manera en Argelia que en Washington, en Delhi
que en Londres”. El autor llega a preguntarse incluso si estamos ante una nueva forma de imperialismo occidental al difundir esta versión propia y expansiva de los acontecimientos. La rivalidad entre los medios y la fuerza de la radio que brinda más oportunidades de pluralismo, de inmediatez, de contraste, de cercanía humana es otro tema tratado en el libro War Game. Marc Ferro alerta por su parte ante el mito de la veracidad de las imágenes, citando expresamente que las manifestaciones multitudinarias en Argel que fueron emitidas como protestas contra la intervención militar correspondían en ocasiones a manifestaciones anteriores de sectores fundamentalistas, pero por otros motivos. Y no falta recordar la manipulación gráfica que supuso dar la imagen del cormorán cubierto de petróleo, que según se ha dicho después correspondía a otra marea negra y en otra región del planeta. La fuerza de las rutinas, de recurrir a temas manidos, de no procurar ir a las causas y raíces de las noticias, de monotonía en los planteamientos de debates con expertos que reiteraban lo formativos, son temas denunciados por dicho poco antes por los servicios inambos autores. El protagonismo que cobraron los enviados especiales de televisión o los presentadores de los programas es otra cuestión muy analizada en los dos libros. Ferro escribe con expresiva rotundidad: ”el presentador se ha convertido en el generalísimo de la guerra. El da la palabra a los soviéticos, a Bush, a Joxe, ministro de Defensa. Es él quien hace funcionar los papeles...” Y añade con oportunidad que como dice Serge Daney ”L”écran faisait écran”, La manipulación se da también en el espacio, el tiempo y el ritmo. En un mismo informativo se contacta a la vez con los corresponsales en Washington, Ryad, Moscú, Tokyo o Londres y to- dos contestan y opinan como si no hubiera distancias ni horarios diversos. El lenguaje eufemístico ha sido otro de los rasgos del tratamiento de este conflicto donde se han empleado fra- ses como ”efectos colaterales” para referirse a víctimas causadas por un bombardeo erróneo y ”operación quirúrgica” si se daban imágenes de un ataque que únicamente destruía un puente, sin afectar a las casas vecinas... Este modo de informar ”aséptico” ha llevado a no dar apenas imágenes de muertos o heridos, como si la guerra no causara víctimas ni destrozos. La idea de que estábamos viendo ”una guerra de marcianitos” llena de líneas trazadoras de colorines, estrellitas, muñecos verdes y bólidos autómatas se hizo común al espectador y se denunciaba por ambos autores. Ferro insiste en que la credibilidad de lo audiovisual se ha puesto en en- tredicho, no tanto por la fidelidad de una imagen a lo que representa, admitiéndose generalmente que es así, si- no por descubrirse la manipulación del discurso en el montaje. La estructura de la narración está construida. En el libro L”Information en uniforme se habla también del distinto trata- miento dado a la información por los coaligados y los iraquíes y cómo entre los aliados han tenido acceso a los medios partidarios de evitar la guerra, pacifistas y opositores, mientras en Irak nadie pudo expresar el riesgo y la locura que suponía para este país, por potente que fuera su ejército, el enfrentarse a una coalición militar impresionante manifiestamente superior. Incluso contando con las limitaciones de la censura militar, ”el estatuto de la información no era igual en Irak y en los aliados. El cuadro político tampoco”. Y se pregunta Ferro: ”¿Había periodistas iraquíes en París? ¿Se informaba en Bagdad de lo que ocurría y se decía entre los aliados enemigos?” Hay una serie de conclusiones en Ferro sumamente válidas, como decir que la uniformidad deviene en gran parte ”de la falta de diversificación de las fuentes” o afirmar que ”nuestra sociedad no está preparada para ver las imágenes por no ser capaz de ver su montaje”. Estamos en suma ante todo un reto histórico y sociológico: ”la incapacidad del saber tradicional para tomar en cuenta la existencia – y las características – del saber mediático”. Por su parte, Wolton concluye pidiendo que los medios no se erijan en el cuarto poder, sino en un contra-poder de la sociedad y afirma su esperanza de que el papel creciente y crítico de las audiencias ayudará a controlar y mejorar el tratamiento informativo, Quiero terminar señalando que estamos asistiendo a una auténtica meta-
morfosis del ámbito y el contenido y el tratamiento de la información internacional. De ser algo ajeno, lejano, extranjero, está pasando a convertirse en cosa propia, cercana, casi doméstica. Y esto posiblemente ocurre, no sólo por la acción de los medios, sino
además porque en realidad la sociedad nacional se está haciendo transnacional.

PEDRO LOZANO BARTOLOZZI


 

Pedro LOZANO

 

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