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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Gabriel Galdón Principios Operativos de la Documentación periodística DOSSAT. Madrid, 1989, 86 pp.

La documentación periodística nació de la mano de periodistas intuitivos preocupados por la información que ofrecían a sus lectores y en constante búsqueda de recursos que facilitaran la elaboración de una información verdadera y de calidad. Conscientes de sus limitaciones, crearon archivos personales con recortes de otros periódicos, libros básicos, enciclopedias, atlas, etc. Con el paso del tiempo, se percataron de que ese material podría ser de gran utilidad para el resto de los redactores. Los documentos conservados y los libros de consulta pasaron de sus despachos particulares a un lugar centralizado en la redacción. De este modo aparecen los primeros centros de documentación a mediados del siglo XIX. Surgen como iniciativa de unos pioneros que generosamente ofrecen lo que con tantos años de esfuerzo han conservado y que, en su quehacer informativo, se ha mostrado de gran utilidad. Al menos esto es cierto en el caso del periodismo norteamericano, primero en el que aparece la idea de la documentación. La primera guerra mundial y la crisis del 29 son factores históricos que hacen patente la necesidad de un buen servicio de documentación. Pero la actividad documental recibe el impulso decisivo con la aparición en torno a los años treinta del periodismo explicativo o interpretativo y su posterior consolidación. La crítica arrecia y el público no se conforma con la transmisión escueta de unos hechos o las declaraciones de un personaje oficial. No basta con relatar como bien dice Emery ”quién hizo qué”. La información mosaico, que proporciona un mero barniz, un saber acerca de lo acontecido desconociendo su porqué, sus consecuencias y sus relaciones, se muestra insuficiente. El lector quiere dejar de ser el niño que juega con el rompecabezas informativo sin claves para componerlo, quiere salirse del mundo de acontecimientos sin sentido que le presenta la prensa, en el que se encuentra desorientado y se siente extraño. Rechaza una información vacía de significado y que no explica lo que acontece. Es precisamente en ese momento cuando la documentación aparece como imprescindible. Como memoria del pasado, del pasado significativo, ofrece al informador el contexto en el que situar los acontecimientos y permite así informar desde una perspectiva procesual que muestre los acontecimientos, si este es el caso en una sucesión plena de sentido, y permita avizorar y prever en la medida de lo posible el futuro. Coincidiendo con este replanteamiento doctrinal y pragmático se produce la gran explosión de centros documentales en el ámbito de la prensa anglosajona especialmente, en los Estados Unidos y, en menor medida, en el continente europeo. Esta expansión en el quehacer profesional no va acompañada de la necesaria atención en el plano académico. En Estados Unidos se reduce a la publicación de manuales de experiencias sin un cuerpo teórico ni criteriología de validez universal. En nuestro país, se han publicado estudios de carácter general, con consideraciones valiosas referidas al campo informativo. Galdón ocupa, en la parcela específica de la documentación periodística, un lugar destacado y pionero. Es deudor de Desantes, Yepes y Sagredo, entre otros, en lo que se refiere a los aspectos generales de la teoría de la documentación y buen conocedor de otros estudiosos de esta disciplina en el campo periodístico: Coll Vinent, García Gutiérrez y Fuentes. No obstante, es el primero en cuestionarse la naturaleza y principios operativos de la actividad documental periodística. Precisamente estos constituyen el objeto de los dos primeros capítulos de su libro. Para ello acuña una terminología propia – principios verificativo, explicativo, editorial, de perdurabilidad, adecuación y limitativo – claramente definida. Desde esa atalaya propone soluciones a los problemas más frecuentes de los centros de documentación: ausencia de criterios de selección y falta de consenso metodológico en la clasificación. A finales de los setenta y en los ochenta, la revolución tecnológica llega al campo documental con la aparición de los bancos de datos. Son muchas las aplicaciones prácticas de este nuevo recurso electrónico. Duplican la memoria y permiten la conservación de una cantidad ingente de información que excede las posibilidades de los tradicionales centros de documentación. Sus infinitas posibilidades han ocultado los indudables riesgos que comportan. Acertadamente muestra Galdón, en el último capítulo, la cara oscura de los nuevos ”supermercados informativos”: empobrecen el concepto de información, al reducirlo a puro dato; acentúan la redundancia característica de la información y promueven la centralización. La conexión acrítica con ellos pone en peligro ”la contribución de la documentación a la elaboración de una información periodística veraz, completa, equilibrada, enraizada en los valores de la propia comunidad y abierta a lo universal” (pág. 74). No es un manual de experiencias, ni como el título parece sugerir, un estudio teórico, abstracto y con escasas implicaciones prácticas. Problemas del quehacer ordinario en los centros de documentación se resuelven a la luz de unos principios operativos claramente formulados. Quizá extrañe la excesiva dependencia del autor de una serie de términos, que formando parte del vocabulario de los estudios sobre la información, no están aceptados por toda la comunidad científica con el mismo contenido: objetividad; verificación; hechos, ideas y opiniones como objeto exclusivo de la información... El libro supone una constante llamada a la reflexión, al juicio y a la personal responsabilidad del informador. Postula una ruptura con la idea del periodista como ”paloma mensajera” o simple ”correa transmisora” que acríticamente se enfrenta con la materia informativa y sin manipulación ni mediación la entrega impresa al público. Existe, se quiera no, un proceso de mediación que no se debe ocultar y Galdón apela al informador para que lo asuma y le proporciona un instrumento de gran utilidad: la documentación periodística.

 

Fernando LÓPEZ PAN

 

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