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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Marisa Aguirre El deber de formación en el informador EUNSA.Pamplona 1988,426 pp,
”Si la información es un quehacer complejo, progresivamente unificado, exige una formación previa a su ejercicio que, si en algún momento bastó que fue- se meramente técnica, en el actual ha de ser rigurosamente científica. En el momento de informar, el profesional de la información no podrá cumplir su deber troncal de informar si no ha cumplido – previa y coetáneamente – el deber de
formarse. Y una información torcida o deficiente, aunque se lleve a cabo con toda buena intención, no satisface el derecho a la información. En otras palabras, más tajantes y claras, es una información injusta”.
La doctora Aguirre llega a esta conclusión a través del camino del Derecho de la Información, según las bases científicas establecidas principalmente por Desantes Guanter y Soria Saiz. De ahí que el primer capítulo sea una síntesis – clara y precisa – de la doctrina en la escuela iusinformativa que estos presti-
giosos autores han creado. En el segundo capítulo la autora parte de la asunción de tales presupuestos para avanzar y desarrollar nuevos conceptos: que existen unos deberes previos al acto informativo y que éstos se resumen en el deber de formación. Formación que es ”la única garantía de la eficacia futura
del derecho a la información”; que se entiende básicamente como ”formación de la personalidad del comunicador” y que, por tanto, ”es una formación cien tífica que requiere del paso por la Uni-
versidad como ruta cierta para proporcionar un saber riguroso y metódico. No es simplemente una puesta en práctica de un conjunto de adiestramientos técnicos en cuyo caso la formación estaría en
el terreno de las destrezas únicamente, dejando de lado lo medular que es la formación enteriza de la persona. El hombre necesita una formación lo más completa posible, porque gracias a ella,
adquiere su autonomía. Nadie da lo que no tiene. Para que la información sea formativa es imprescindible que el informador esté formado”. En todo este proceso formativo – concluye la autora – es
necesario tener presente el acoplamiento derecho-deber. ”El derecho a la formación implica el deber de formar. El deber de formar exige el derecho a formar. El derecho a formar entraña el deber de formarse”.
Una vez realizada esa fundamentación, la doctora Aguirre estudia, en el capítulo III, las líneas fundamentales que ha seguido, a lo largo de la historia, el proceso de formación de los informado-
res. No se trata de un análisis exhaustivo de la historia de la enseñanza de la información, sino de reflejar las tendencias que se han producido y, en el entramado esquemático de tal evolución, insertar las
justificaciones teóricas que han acompañado a su fenomenología. Tras distinguir tres etapas – la pre-profesional, la profesional y la universitaria – la autora describe el panorama actual de la formación del informador en el mundo y concluye que si bien es cierto que es un hecho el mayor acceso de la formación a las Universidades, la sistematización formal de la enseñanza universitaria es escasa: ”cada planteamiento es tan distinto y está enfocado con objetivos tan dispares que hacen imposible poder hablar de líneas generales en la estructura de los estudios, en el énfasis del objeto de estudio o en el nivel que se pretende lograr”.
Siendo esto así, parece claro que, dada la importancia de la formación de los informadores, es menester reflexionar sobre cuales sean sus características propias y esenciales, Tal análisis es realizado por la autora en el capítulo V, que constituye el núcleo fundamental del libro. Pero antes considera conveniente realizar ”el encuadramiento cultural de la enseñanza universitaria de la información” (capítulo IV). En este punto, Aguirre, tras afirmar que a las Facultades de Ciencias de la Información les ha tocado
crecer y desarrollarse en un tiempo y coyuntura histórica especialmente difícil, ya que coincide con lo que se ha dado en llamar crisis de la cultura de la Modernidad, analiza las deficiencias epistimológi-
cas y antropológicas de este sistema de referencias. Para la autora, las raíces culturales del positivismo y las características de la crisis de la Modernidad afectan decisivamente tanto a la Universidad
– y en sentido negativo – como al ámbito de la Información. Teniendo como implícito fundamental
de su discurso la concepción antropológica de la filosofía clásica y partiendo de que, en definitiva, la información es como el que informa, Aguirre señala que ”las características de la formación que
van directamente a colaborar en la configuración de la visión del mundo y de la vida del informador son esencialmente actitudes que aluden a valores del espíritu”. De ahí que toda la formación de los
futuros informadores ha de estar encaminada a conseguir que el alumno asuma la propia realización personal a través del hacer profesional Como el hacer es conveniente cuando concuerda con la natu-
raleza del ser, la tarea formativa consistirá en forjar fuertes personalidades. Y ”si la personalidad se fragua en las distintas circunstancias que ofrece la vida, es lógico que la libertad con la que se decide la
actuación en cada caso, la responsabilidad que actúa para afrontar las consecuencias de lo decidido y el criterio para discernir qué conviene hacer en cada caso, sean los elementos más relevantes de
los que conforman la personalidad”. La explanación de los conceptos de
criterio, libertad y responsabilidad y del por qué los informadores tienen que ser
hombres de criterio con verdadero sentido de la libertad y la responsabilidad conforman el núcleo de este capítulo central del libro. También, y debido a la finalidad de la información y a las características del trabajo informativo, se hace hincapié en la actitud de servicio y en la necesaria formación técnica.
A partir de esas premisas, la autora propone, en el capitulo VII, unas líneas generales del plan de estudios de las Facultades de Ciencias de la Información y clasifica las disciplinas en fundamentales,
comunicativas, valorativas y técnicas. En el capítulo VII analiza los requisitos de la formación para la investigación. En el VIII trata del aprovechamiento de la formación por el informador. capitulo final
que consiste en contemplar cada actitud como un deber que tiene el alumno – y también el profesional, pues la formación no acaba nunca – de conseguirla: Deber de formación de la personalidad; deber
de formación del criterio...
El libro de Marisa Aguirre, Decana de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Piura, constituye, a mi entender, una aportación original, razonada y documentada sobre un tema de indudable interés para la sociedad y, de modo especial, para todos los que nos dedicamos a la tarea apasionante de formar a los futuros profesionales de la Información. Como parece ocioso abundar en su utilidad para los destinatarios concretos del libro, cabe centrarse ya en la realización de una valoración
crítica concreta de sus aspectos más significativos. En mi opinión, ”El deber de formación en el informador” suscita un interrogante de fondo y representa un marco de referencia fundamental para
investigaciones posteriores. El interrogante se plantea fundamentalmente en torno al camino elegido pa-
ra la fundamentación del tema. No parece estar suficientemente demostrado en el texto que tal vía sea la nuclear; la propia autora admite que hay otros caminos; además, en los capítulos centrales, esa perspectiva ius-informativa desaparece para dejar paso a la confluencia de la Antropología y su Etica consiguiente con la Filosofía de la Comunicación y la Filosofía de la Educación. Cabe, por tanto,
dudar de la necesidad de los dos primeros capítulos ya que, según se desprende de los propios contenidos del libro, el tema de la formación de los informadores tiene una consistencia propia, aunque
lógicamente tenga también una dimensión ius-informativa. Sea como fuere, junto a la utilidad de la síntesis histórica y la validez del encuadramiento cultural, parece claro que la aportación funda-
mental, y a mi juicio trascendental de la obra de Aguirre es la de suministrar el cuadro de objetivos que es necesario conseguir en la tarea de formación de los informadores. Con ese espléndido bajaje, corresponde ahora a cada profesor reflexionar sobre las actitudes que debe tener y los modos y los métodos que debe emplear, teniendo en cuenta las peculiaridades de su materia especifica.

GABRIEL GALDON

 

Gabriel GALDÓN

 

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