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Review / Carlos Barrera Historia de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Medio siglo de enseñanza e investigación (1958-2008) Eunsa, Pamplona, 2009, 445 pp.

Antonio Fontán, primer director del Instituto de Periodismo, explica de forma clara en el prólogo de ese libro el panorama que se abría ante el nuevo centro universitario a comienzos del curso 1958-59. “Lo importante era empezar. Para ello hacían falta tres cosas: dar a conocer nuestros planes en los medios universitarios y escolares de que podían proceder los alumnos, así como en el conjunto de la profesión a escala nacional; teníamos que elaborar además un primer plan de estudios que inicialmente pensábamos que se distribuyera en tres años, igual que en la Escuela Oficial, para que luego se pudieran reconocer nuestros diplomas; y finalmente animar a unos primeros grupos de universitarios o recientes bachilleres a los que pudiera interesar este trabajo de la prensa”. Este era el horizonte académico español en aquellos años. Pero el horizonte de Europa no era precisamente más alentador: al contrario de lo que sucedía en Norteamérica –donde numerosas universidades, grandes y medianas, tenían facultades o escuelas de Periodismo y Comunicación–, en las universidades europeas no era corriente que existieran centros específicos para el estudio del periodismo (con la única excepción de tres o cuatro centros universitarios ubicados en Alemania y Holanda). Y sobre aquellos poco estimulantes precedentes académicos, tanto domésticos como supranacionales, se iniciaron en 1958 los trabajos y gestiones pertinentes para hacer una espléndida realidad lo que entonces era sólo un sueño: una realidad admirable que hoy se llama Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Si damos un salto hacia atrás de medio siglo, como propone Carlos Barrera en el epílogo, vemos que “en apenas cincuenta años se ha pasado de la entrañable y familiar Cámara de Comptos al vanguardista y voluminoso Edificio de Ciencias Sociales después de más de tres décadas instalados en el emblemático Edificio Central. De la enseñanzas e investigación del periodismo como núcleo básico se ha pasado a la comunicación en todas sus amplias y diversas facetas contemporáneas”. Pero a lo largo de todo este tiempo, el centro ha mantenido viva su preocupación por estar siempre al servicio de las profesiones de la comunicación y ha sido constante su esfuerzo por conseguir una creciente dignificación social y académica de estas tareas, mediante una responsable y exigente formación de los periodistas y demás comunicadores públicos. Dice Carlos Barrera que en este espíritu de servicio a los profesionales se encuentra una de las señas de identidad de lo que empezó en 1958 como el Instituto de Periodismo y hoy es Facultad de Comunicación. En la medida en que yo he sido protagonista más o menos destacado en algunas fases de esta historia académica de los últimos 50 años, me puedo permitir la licencia de respaldar con mi testimonio lo acertado de esta declaración. El autor de Historia de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Carlos Barrera, es ya un clásico en el campo de la historia del periodismo español. Cuenta en su DNI con algunos años menos que la Facultad que tan minuciosamente ha documentado en su medio siglo de existencia. Pero desde hace ya más de tres lustros, desde su tesis doctoral en 1991, está presente con voz propia por sus trabajos de investigación en la historia de los medios y su relación con la política en la España contemporánea, especialmente desde el tardofranquismo y la transición hasta el día de hoy, y en la historia de la enseñanza del periodismo. En 1992, juntamente con José Javier Sánchez Aranda, publicó Historia del Periodismo Español. Desde sus orígenes hasta 1975. De 1995 es Periodismo y franquismo. De la censura a la apertura. Y en ese mismo año alumbró también el trabajo por el que actualmente su nombre es más conocido y respetado en los ámbitos científicos especializados dentro y fuera de España: El diario Madrid: realidad y símbolo de una época. Esta misma línea investigadora ha inspirado uno de sus últimos trabajos hechos públicos hasta ahora, La Vanguardia, del franquismo a la democracia (2006) del que es coautor con Anna Nogué. Sus trabajos en revistas especializadas son muy numerosos (más de medio centenar) y su nombre figura en los cuadros de varios consejos de redacción de publicaciones dedicadas a la historia de la Comunicación. Desde julio de 2004 es chair de la History Section de la AIERI-IAMCR (Asociacion internacional para la investigación sobre los medios y la Información), la más veterana asociación internacional dedicada al estudio de los temas relacionados con la Comunicación. Una de las constantes más destacables del talante investigador de Carlos Barrera es, sin duda alguna, la meticulosidad y rigor documental de sus trabajos, una meticulosidad que a veces llega hasta puntos verdaderamente sorprendentes. Y de todos sus títulos por mí conocidos, tal vez sea en esta Historia del Instituto/Facultad de Navarra donde este rasgo se manifiesta de manera más destacada. Evidentemente, esta característica debe ser valorada como una arma de doble filo. Para quienes hemos participado más o menos tiempo en la aventura humana y académica de este centro, la sobredosis de datos es siempre bien recibida, ni cansa ni resulta reiterativa. Pero, tal vez, aquellos que desde fuera se acerquen al texto con objeto de conocer en profundidad el devenir histórico y los avatares humanos (especialmente los de carácter colectivo) de esta institución universitaria, es posible que echen en falta un mayor esfuerzo de síntesis por parte del autor; no hay que descartar, en efecto, que ciertos lectores puedan experimentar un rechazo intelectual ante la avalancha de datos de todos los calibres que van surgiendo torrencialmente a lo largo de las páginas de este libro. Peccata minuta, podemos replicar, si se sopesa objetivamente todo el mérito documental que atesora este volumen. Un libro excelentemente trabajado y riguroso que trata de explicar con toda minuciosidad una historia, que estaba todavía pendiente de ser escrita, “acerca de cómo se abrieron los caminos universitarios de la enseñanza y de la investigación en España, y cómo se ha mantenido el espíritu de innovación docente e investigadora y de servicio a las profesiones de la comunicación y a la sociedad”. Como pequeño desahogo personal, quiero decir que me siento muy agradablemente sorprendido por la enorme cantidad de material bibliográfico que el autor ha extraído del periódico Redacción, una publicación inicialmente concebida como un humilde instrumento para dar salida a los trabajos de prácticas de los alumnos de “Redacción Periodística II”, y que al poco tiempo se convirtió en un utilísimo house organ para toda la Universidad. María Antonia Estévez, ayudante conmigo en esta asignatura, dedicó muchos esfuerzos como animadora y supervisora de aquel modesto papel impreso. En las líneas preliminares del texto, el profesor Fontán rinde homenaje de reconocimiento a los primeros docentes del Instituto, los que fueron capaces de imprimir un nuevo estilo al plan de estudios inspirado, más en la letra que en el contenido, en el de la Escuela Oficial: un estilo interdisciplinar cuya aplicación se encomendó a profesores con una formación previa de economistas, juristas, sociólogos, historiadores, periodistas profesionales, etc. Estos son sus nombres: José Javier Uranga, Ángel Benito, José Luis Martínez Albertos, Pablo J. de Irazazábal, Manuel Martín Ferrand, Jean Roger Riviere, Anton Wurster y Luka Brajnovic. Y a lo largo de los primeros capítulos del libro se van abriendo ante el lector pistas documentales para entender la prodigiosa labor que tuvieron que hacer Antonio Fontán (1958-1962) y Ángel Benito (1962-1967) en sus delicadas relaciones con las autoridades oficiales del Ministerio de Información y Turismo en Madrid. Una labor de encaje de bolillos encaminada a apuntalar fáctica y legalmente la presencia y continuidad del Instituto ante los organismos públicos estatales que en aquel momento controlaban todos los aspectos relacionados con la enseñanza del Periodismo. Algunos años después, en 1967, Alfonso Nieto se hizo cargo de la dirección del centro y consiguió llevar hasta buen puerto la conversión del Instituto en Facultad: primero fue el Decreto 2070/1971 del Ministerio de Educación y Ciencia, del 13 de agosto, que regula el pase de los estudios de periodismo a la Universidad española; posteriormente, hay que anotar el decreto del Gran Canciller, Josemaría Escrivá de Balaguer, por el que dispuso que el Instituto de Pamplona “tendrá en lo sucesivo la denominación de Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Navarra” (Roma, 8-XI-1971). A partir de esta fecha se empezó a escribir una nueva página de esta historia. El libro de Carlos Barrera es una herramienta excepcionalmente útil para el trabajo de los investigadores, desde una doble perspectiva: 1) puede ser consultado como registro rigurosamente descriptivo, donde aparecen inventariados los datos significativos del medio siglo de historia de la Facultad de Pamplona, y 2) también puede servir para documentar las nada fáciles relaciones entre las instituciones periodísticas –en este caso, un centro docente universitario– y los responsables políticos de cada tiempo, desde el tardofranquismo de los años 60 hasta el actual momento de esplendor democrático.

 

José Luis M.ALBERTOS
se.mcu.fnicc@sotrebla

 

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