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Calidad Revistas Científicas Españolas
Review / Antonio LÓPEZ EIRE Retórica y Comunicación política Cátedra, Madrid, 2000, 158 pp.
Antonio López Eire, catedrático en la Universidad de Salamanca, presenta en su currículum un abundante listado de estudios sobre la retórica. En él encontramos obras específicas sobre retóricos clásicos (por ejemplo, “Demóstenes”, Gredos, 1981-1985), relaciones entre la retórica y la literatura (“Retórica clásica y teoría literaria moderna”, Arco Libros, 1997), y estudios analíticos sobre el arte de la persuasión (“Esencia y objeto de la retórica”, UNAM, 1996). En todos estos trabajos ha presentado varias constantes: contextualización histórica y lingüística de la Grecia clásica, interés por mostrar la vigencia de la retórica clásica en los tiempos modernos, ejemplificación de los casos mostrados (como buen conocedor de la retórica clásica). En “Retórica y comunicación política” volvemos a encontrar estas preocupaciones como expondré a continuación.

El autor ha estructurado esta obra en 39 epígrafes, que podemos agrupar en tres partes. Una primera en la que establece las relaciones entre retórica, política, psicología social, pragmática y otras ciencias. Con ello quiere demostrar que la retórica es disciplina, gracias al lenguaje, esencialmente política y viceversa, a la vez que demuestra cómo todo discurso retórico es un discurso persuasivo. “La Retórica actualizada es, pues, el arte de manejar, en el dominio de la comunicación, encrucijada de Retórica, Política y Sociología, un arma de acción político-social, el lenguaje, de innegable esencia pragmática y de clara vocación sociopolítica, un arma importante en cuanto capaz de producir transformaciones en lo político y en lo social” (p. 23).

Una segunda parte, desarrolla el nacimiento y evolución de la retórica clásica. Como el objeto de este libro no es histórico, esta parte está planteada para ejemplificar esas relaciones entre política y retórica. Tanto es así, que el interés de los autores radica más en la dimensión deliberativa de la retórica que en la judicial y en la evolución de las relaciones del régimen político y el discurso público. Esta segunda parte está inserta dentro de la primera, porque su función es actuar como ejemplo y fundamento de la tesis principal del libro, a saber que la retórica moderna “no es ya una oratoria para reflexionar sobre acciones que emprender o decisiones que tomar en el futuro, sino una oratoria para obtener un consenso social y político sobre decisiones ya previamente tomadas” (p. 20).

El tercer bloque, a partir del epígrafe 22 (“El discurso político a la luz de la retórica política y pragmática”), se centra en analizar el discurso político con las herramientas de la retórica expuestas anteriormente. Para ello, se detiene en la autoridad del orador como elemento persuasivo, en las estrategias empleadas para la persuasión: fundamentalmente tecnicismo, eufemismo y neologismo, la presencia de los medios de comunicación en el discurso político, y las semejanzas entre el discurso político y el publicitario. Todo está acompañado de ejemplos tomados de discursos, de propaganda electoral, de entrevistas en prensa. Estos casos, aportan amenidad, claridad, y justificación a lo que está presentando a lo largo de toda la obra.

El carácter introductorio de ella la hace especialmente interesante para los estudiantes de Comunicación, Sociología o Ciencias Políticas, y si el lector desea profundizar más, sobre todo en las dos primeras partes señaladas, puede acudir a otro libro de Antonio López Eire: “Actualidad de la Retórica” (Hespérides, 1995). Especial interés tiene para el lector el gran acento que pone en los contextos para la construcción de discursos (“el ineludible contexto que necesariamente acompaña a todo intercambio verbal”, p. 76) para acercar de esta manera la retórica a la Lingüística Pragmática Interaccionista. El contexto como elemento de primera línea para el análisis y la enseñanza de la retórica es una pieza fundamental y bueno es recordarlo. Junto al contexto, la audiencia y la interacción: “El receptor de un mensaje lingüístico o de un discurso retórico, siempre más o menos político, no es una figura meramente pasiva o decorativa, pues, aunque escuche en silencio, está trabajando…, p. 91). Así, esta pequeña obra, no deja escapar detalle sobre los elementos del discurso por lo que su carácter introductorio está conseguido con creces.

El único reproche que cabe hacerle a los autores es la falta de profundidad de los aspectos relacionados con los medios de comunicación. Fundamentalmente se puede comprobar en dos aspectos. Por un lado, pasa de puntillas a la hora de referirse a los diferentes tipos de dicurso comunicativo (epígrafe 1: “Comunicación, publicidad, información y propaganda); por otro, no profundiza en el papel de los medios en la construcción del discurso político (epígrafe 24: “El discurso político y los medios de comunicación”). La comunicación política como parte de la ciencia que estudia y analiza los medios de comunicación ha tenido recientes aportaciones que deben ser tenidas en cuenta en una obra que quiere tratar del discurso político y se adentra en los medios de comunicación (vease el Manual de Comunicación Política, de José Luis Dader, por ejemplo).

 

Fernando MARTÍNEZ VALLVEY
se.aspu@avzenitramf

 

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