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Review / Juan José GARCÍA-NOBLEJAS Comunicación borrosa. Sentido práctico del periodismo y de la ficción cinematográfica Eunsa, Pamplona, 2000, 206 pp.
El estudio de realidades complejas no resiste esquemas conceptuales rígidos y estereotipados: necesita de modelos de análisis que sean capaces de dar cuenta de lo variado y polivalente. Éste es el punto de partida del profesor García-Noblejas.

Las acciones comunicativas –sean las tradicionales periodísticas o las ficcionales- cuentan con un común denominador que les otorga una peculiar complejidad: todas ellas tienen como origen y como fin (en sentido teleológico) la libertad de las personas. Y en eso consiste su borrosidad: en que son imprevisibles y, una vez sucedidas, pueden ser explicadas sólo de manera parcial. Ésta es, quizá, una de las ideas más sugerentes que subyacen en Comunicación borrosa: la “verdad hecha” o “producida” –el mensaje periodístico o ficcional, por ejemplo- es cognoscible, pero la complejidad que le otorga la libertad humana aconseja acercarse a ella desde una visión más antropológica, histórica y sapiencial que la que puede hacerse desde la ciencia y la técnica. Parece ser éste el hilo que enlaza los tres capítulos en que está dividido este libro.

El profesor García-Noblejas recopila tres textos que, con mayor aparato crítico, había publicado ya con anterioridad. El primero apareció con el título “Información y conocimiento”, en Jorge Yarce (ed.), Filosofía de la comunicación, Eunsa, Pamplona, 1987, pp. 111-149. El segundo se publicó en italiano, bajo el título “I codici simbolici nella comunicatione”, en Fausto Colombo (ed.), I nuovi miti dell´informazione, Gutemberg 2000, Roma, 1988, pp. 104-122. Y el tercero, más reciente, se publicó como “Identidad e interpretación cinematográfica: umbrales para una lectura humanista de Brazil”, en Comunicación y Sociedad, Vol. XI, 2, 1998, pp. 7-52.

Resulta inevitable que tres textos escritos con esta diferencia temporal, y bajo el influjo de intereses diversos, no sean perfecta continuación uno de otro. Esta relativa falta de ilación viene compensada, en cualquier caso, por el servicio que significa para el lector encontrar estos tres textos, originalmente independientes, en un mismo libro.

La borrosidad de las realidades comunicativas se hace manifiesta, en el primer capítulo, sobre todo en la peculiar naturaleza de la “información noticiosa”, distinguible de la “información cognoscitiva”. En los capítulos segundo y tercero, en cambio, en el sugerente concepto de iconología.

El profesor García-Noblejas, consciente de las dificultades de asimilación que suelen acompañar a lo novedoso, resume en más de un pasaje el significado de la iconología (pp. 82, 105, 119): siguiendo a Panofsky, explica que se trata de la disciplina que “se ocupa de sintetizar las descripciones iconográficas, poniendo de manifiesto su razón de ser y su significado último, en términos de representaciones de virtudes, vicios y otros valores morales o naturales, bajo figuras con atributos o apariencias de personas” (p. 82).

La iconología se utiliza, a modo de ejemplo, con dos películas: Thelma and Louise, de Ridley Scott y Brazil, de Terry Gilliam. El autor no pretende agotar este recurso hermenéutico en esos ensayos, sino orientar al lector sobre el modo en que puede hacerse un análisis humanista –basado, sobre todo en la gnoseología y la filosofía práctica- de un texto fílmico. El objetivo queda plenamente conseguido.

En la mayoría de los textos teóricos, las digresiones, cuando no estorban, cumplen un papel meramente contextual. No es el caso de Comunicación borrosa: son numerosos los pasajes en los que el profesor García-Noblejas se interna en temas lindantes con el principal, con la inusual virtud de mantener el interés del lector, e incluso acrecentarlo. Las alusiones a la necesidad de contar con una epistemología de la comunicación adecuada, o las reflexiones sobre el “alma de una nación” son principios de temas, que quedan apenas incoados, y que abren perspectivas de investigación de indudable interés. Otro tanto sucede con la noción de “historias interminables” presentadas por el cine y la televisión, que no sólo son tales por “su capacidad de generar secuelas y precuelas, sino en la medida en que su formalización cognoscitiva estética se prolonga, a través de diversos mundos posibles generados por un mismo mito, en distintas personas” (p. 129).

Aunque a veces desplazado por disputas teóricas más vistosas, conserva su plena vigencia el debate entre positivistas y escépticos en el campo de la teoría de la comunicación (y, antes, en la filosofía). La propuesta de un conocimiento borroso, de corte hermenéutico, constituye una superación de ambas posturas, por elevación. Ni justo medio, ni síntesis derivada de la oposición dialéctica: más bien un cambio de enfoque –sustitución del técnico por el humanista- en atención a que el objeto de estudio son las acciones humanas libres, mucho más cercanas a los saberes sapienciales que a los de corte cuantitativo. Comunicación borrosa, en ese sentido, incoa una propuesta metodológica y disciplinar que se adivina fecunda.

 

Juan Luis IRAMAIN
ra.ude.lartsua@niamarij

 

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