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Review / Enrique BORDERÍA ORTIZ La prensa durante el franquismo: represión, censura y negocio. Valencia 1939-1975 Fundación Universitaria San Pablo C.E.U., Valencia, 2000, 313 pp.
Las investigaciones sobre la comunicación durante el régimen de Franco, en especial sobre la prensa, han alcanzando un grado de madurez que permite iniciar el diálogo académico sobre múltiples aspectos del fenómeno comunicativo en este periodo de nuestra historia. Así se demostró en el IV Encuentro de la Asociación de Historiadores de la Comunicación, que, bajo el título La comunicación social durante el franquismo, se celebró en abril de 2000 en la Universidad de Málaga. El acceso a distintos archivos públicos y privados -que albergan importantes fondos documentales inéditos-, el análisis de contenido de los medios y la bibliografía existente permiten avanzar en la comprensión y conocimiento de la realidad informativa de la época. La obra que ahora reseñamos es un claro ejemplo de todo esto.

El autor, Enrique Bordería Ortiz, es profesor del Historia Contemporánea e Historia de los Medios Audiovisuales en el Centro Universitario del CEU San Pablo de Valencia, y miembro del activo grupo de investigación del Departamento de Historia de su Facultad de Ciencias de la Información compuesto, entre otros, por Fransec Andreu Martínez, Antonio Laguna -que prologa el libro- e Inmaculada Rius.

En esta obra, Enrique Bordería pretende aportar desde el estudio de los periódicos valencianos una explicación global del modelo periodístico del franquismo; es decir, analizando el caso particular de Valencia intenta ofrecer una explicación del fenómeno periodístico a escala nacional. Para ello, ha acudido a la documentación que se encuentra en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares y en el Archivo del Reino de Valencia. El exhaustivo vaciado y el estudio del fondo del Ministerio de Información y Turismo del archivo valenciano, que incluye también los archivos de los diarios del Movimiento Levante y Jornada, supone el gran valor añadido de esta investigación.

Resulta lógico que los tres grandes capítulos en que se divide el libro tengan como líneas cronológicas divisorias las fechas 1951 y 1966, dejando en un epígrafe, que el autor denomina “La etapa de la distensión”, el periodo comprendido entre 1962 y 1966. La estructura de cada capítulo es consistente: tras explicar el marco jurídico-político de cada fase, se adentra en el desarrollo de la prensa valenciana y sus relaciones con el poder político (con particular incidencia en la acción de la censura y las consignas), para concluir con el análisis de los resultados económicos de los tres diarios, en especial, los de los dos oficiales.

En 1936, Valencia contaba con seis diarios, cuatro matutinos y dos vespertinos; una oferta periodística abundante y relativamente plural. Con el estallido de la guerra se produjo, como en otras tantas capitales republicanas, un vaivén de cabeceras, eliminadas unas y reconvertidas otras, además de la depuración de los periodistas sospechosos de afinidad a la causa franquista. Con la entrada en la capital del Turia de las tropas franquistas, la Tercera Compañía de Radiodifusión y Propaganda en los Frentes ocupó las redacciones y los talleres de las publicaciones de la ciudad y se incautó de las emisoras radiofónicas. En los primeros días el único periódico autorizado fue Avance, órgano de la Compañía, que semanas más tarde fue sustituido por Levante, portavoz oficial de la Falange. También se permitió la edición de Las Provincias, recuperado por la familia Reina, y en 1941 apareció Jornada, hermano vespertino de Levante. Estos tres diarios, junto con La Hoja del Lunes, conformarían la limitada oferta periodística de Valencia durante todo el régimen.

Una de las singularidades del libro reside en detallar el funcionamiento del régimen de censura durante los años cincuenta. Los anteriores estudios sobre este periodo se detenían más en examinar “la doctrina española de la información”, así como la figura de su autor, el ministro Rafael Arias Salgado. En esta obra, Bordería afirma que la censura no cede en absoluto en los años cincuenta y mantiene los niveles, el tono y los temas de la posguerra. Sin embargo, esta aseveración se podría matizar a la luz de otras investigaciones. Como expuso en el Encuentro de Málaga José Javier Sánchez Aranda, con el apoyo de la documentación del Diario de Navarra, dentro de la dureza de la censura, y quizá por la misma arbitrariedad -que Bordería también destaca en el libro- de su aplicación, en otras regiones fue menos exigente, al menos en algunos temas como la crítica municipal. En todo caso, este debate anima a seguir estudiando casos concretos e incluso sería interesante una aproximación estadística para ver si las cifras aclaran algo más esta cuestión.

Con la Ley de 1966 se produce un cambio importante al desaparecer la censura, si bien no sustancial porque, como afirma el autor, “todo el franquismo queda atravesado por la misma obsesión por el control de la comunicación colectiva” (p. 17). Durante esta etapa de “libertad condicionada”, en la prensa valenciana, al contrario que en Madrid o Barcelona, primaron “los comportamientos prudentes y las conductas acomodaticias, sin que fuese necesario en la iniciativa privada llegar al grado de colaboracionismo normal en etapas anteriores” (p. 256). La única excepción fue el efímero Al Día, diario económico al que el autor dedica un epígrafe completo, que mantuvo una dinámica de confrontación en su trato con las autoridades.

Otra de las tesis principales del trabajo sostiene que la prensa durante el franquismo fue un gran negocio. Aquí son necesarias más investigaciones, porque si bien en Valencia esto ha quedado claramente demostrado por Bordería, no parece que fuese regla general en el resto del país. En el caso de la prensa oficial suponía una clara excepción: Levante era el diario más rentable de la cadena del Movimiento, pero en su conjunto los beneficios de unos compensaban las pérdidas de los otros logrando un cierto equilibro en la cadena. Sin duda, como ha puesto de manifiesto Ricardo Martín de la Guardia, la amplia red de periódicos en manos del aparato estatal distaba de ser rentable económicamente, aunque no fuera esa la rentabilidad que buscaba (Cfr. Ricardo MARTÍN DE LA GUARDIA, Información y propaganda en la Prensa del Movimiento. Libertad de Valladolid, 1931-1979, Universidad de Valladolid, 1994). En la prensa privada se necesitan aún más estudios, porque, según Alfonso Nieto, no abundaban en España los diarios que alcanzasen unos beneficios similares a los de otras explotaciones industriales o comerciales en los que se invertían unas cifras de recursos parecidas a las que necesitaban las empresas de prensa (Cfr. Alfonso NIETO, La empresa periodística en España, EUNSA, Pamplona, 1973, p. 202).

Por lo visto hasta ahora, además de la necesaria distinción entre los grandes núcleos periodísticos –Madrid y Barcelona– y las provincias, quizá sería interesante establecer diferentes modelos provinciales y locales de prensa, en función de la estructura informativa de cada lugar, la presencia exclusiva o no de prensa del movimiento, la tradición periodística heredada, etc. De esta forma, las diferencias y similitudes informativas y económicas tendrían mayor sentido y se establecerían bases más sólidas para la completa explicación del modelo periodístico franquista en todas sus facetas: ideológico-política, profesional y empresarial.

También es un aspecto destacable del trabajo la atención prestada a los periodistas desde la primera etapa de la represión hasta la renovación generacional de los primeros años setenta. El autor concede un necesario tratamiento especial a la figura y obra de Martín Domínguez por su singularidad en la prensa valenciana. Y es que, en efecto, no se puede explicar lo acontecido en cada uno de los periódicos sin aludir a sus protagonistas, entre otros, los autores de los mensajes. Seguramente, por este motivo, se echa en falta un mayor detenimiento en otros protagonistas, los empresarios, los impulsores de los diarios, al menos en el caso del periódico privado, Las Provincias.

En definitiva, este estudio supone un avance para el conocimiento de la prensa durante el franquismo que sin duda animará a seguir investigando para comprobar si las tesis demostradas por Bordería en el caso valenciano son aplicables a otras regiones, a otros modelos provinciales; y si, por tanto, pueden extenderse a escala nacional.

 

Jordi RODRÍGUEZ VIRGILI
se.vanu@iligrivrj

 

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