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Calidad Revistas Científicas Españolas
VOL.
23(2)/
2010
Author / Jorge Miguel RODRIGUEZ RODRIGUEZ Profesor de Redacción Periodística. Universidad San Jorge. Facultad de Comunicación.
Article / The origin of modern studies about Journalism and Literature in Spain: the institutional contribution of the Gaceta de la Prensa Española (1942-1972).
Contents /

Una antigua tradición especulativa  /

España atesora una antigua tradición de reflexiones sobre los nexos entre el Periodismo y la Literatura, desde que ambas actividades fraguaron su identidad cultural. Un breve repaso histórico[1] permite describir unas etapas que se superponen y entremezclan en los inicios (siglos XVIII y XIX), y que se empiezan a distanciar y oscurecer en el siglo XX:

Una primera, germinal, en la que los miembros de la República de las letras vieron en la prensa un excelente vehículo para expandir la Ilustración y educar al pueblo. Entonces (último cuarto del siglo XVIII) la palabra literatura acogía todas las manifestaciones culturales plasmadas mediante la palabra escrita. La prensa (un embrionario periodismo) era un género, un tipo de literatura, como lo eran también los libros de botánica o astronomía. De este período interesa saber que el Periodismo y la Literatura tienen un común origen semántico que los hermana culturalmente desde la raíz.

Una segunda (desde finales del XVIII hasta mediados del XIX), de distinción conceptual, en la que los intelectuales dedicados a la escritura con intencionalidad estética emprendieron la labor de acotar su ámbito de trabajo, frente a otro tipo de actividades culturales que compartían con ellos el uso de la palabra escrita  como herramienta básica de comunicación. Fue entonces cuando el vocablo literatura se estrechó hasta lograr su significado moderno como el “arte que emplea como medio de expresión una lengua”[2]. Los literatos pretendían diferenciar los textos poéticos (artísticos) de los que tenían otras finalidades: didáctica, política, etc. Pero, sobre todo, se distanciaron de una nueva casta de escritores a los que consideraban  vulgares y difusores de la mediocridad intelectual: los periodistas. Se consideraba literato al hombre culto y adornado de letras, y periodista al ramplón oportunista, movido por intereses mercantiles cuando menos. La literatura era manifestación del arte y la cultura; el periodismo, de la bastardía y la ignorancia.

Una tercera, a la que podríamos denominar preceptiva (dura todo el período decimonónico), en la que los tratados de retórica y poética compilaron las normas de todas las modalidades de escritura. Los preceptistas actuaron como guardianes de una literatura canónica y elevada que sirviera de modelo para la enseñanza oficial. Esas obras, creadas por la elite docta de la época, proyectaron una actitud desdeñosa y perpleja ante los textos periodísticos: o bien los ignoraron por completo, o bien, cuando los incluyeron en sus compilaciones, los consideraron espurios, extraños, superficiales y transgresores del buen decir. En definitiva, para los preceptistas el periodismo era literatura (entendida esta como modalidad de escritura), pero pésima literatura. No se le podía obviar, dado su auge cada vez mayor, sobre todo en la política, pero no resultaba ejemplar para quienes desearan perfeccionarse en la escritura estética.

Una cuarta, de defensa del periodismo como género literario; es decir, de la capacidad de los textos periodísticos de convertirse en escritura artística. Esta etapa tiene una fecha exacta de nacimiento: 1 de junio de 1845, cuando el periodista, abogado y literato Joaquín Francisco Pacheco pronunció su discurso de ingreso en la Real Academia Española, inaugurando en España un largo debate sobre si el Periodismo puede alcanzar el rango de Literatura. Durante el siglo XIX, fueron cuatro los autores (todos en el seno de la RAE) que reflexionaron sobre el tema: además de Pacheco, intervinieron Sellés (1895), Fernández Flórez y Valera (ambos en 1898). Con sus matices, todos coincidieron en que el Periodismo podía ser Literatura, pero una literatura de segundo orden, jamás comparable con las creaciones clásicas: la oda, la tragedia o el poema épico. Conviene señalar también que, aunque los cuatro autores no lo explicitaron en sus alocuciones, cuando se refirieron al periodismo como género literario siempre estaban hablando del periodismo ejercido por las plumas más insignes. La falta de esa distinción esencial es la que ha motivado las polémicas más arduas, porque no todo el Periodismo es Literatura (en el sentido de expresión poética), sino sólo aquel ejercido por los escritores (periodistas literarios) más talentosos.

Una quinta etapa, de definición genérica, que empieza con el Manual del perfecto periodista (1891), de los hermanos Ossorio y Gallardo[3], en la que los propios profesionales del periodismo se vuelven sobre sí mismos para describir y explicar a través de los primeros tratados en qué consiste la profesión, quiénes son ellos y qué caracteriza las composiciones publicadas por la prensa. A esa obra le siguen el Tratado de periodismo, de Augusto Jerez Perchet (1901); El periodismo, de Modesto Sánchez Ortiz (1906); El arte del periodista, de Rafael Mainar (1906); Las luchas del periodismo, de Salvador Minguijón (1908), y El libro del periodista, de Basilio Álvarez (1912)[4]. Ninguno de esos libros alude explícitamente los nexos entre Periodismo y Literatura, pero en su intento de definir la profesión y al profesional proponen distinciones fundamentales. Por ejemplo, destierran la ficción de los fueros periodísticos, asunto clave porque a lo largo del siglo XIX no hubo diferencia entre información y fabulación.

Una sexta, la de los primeros manuales de Redacción Periodística. Empieza con La Escuela de periodismo. Programas y métodos (1930), de Manuel Graña, y culmina justo antes de la publicación de las obras de Vivaldi y Martínez Albertos (en los años setenta del siglo XX), que inician la etapa de la manualística del periodismo incardinado en la universidad. Los primeros dos tercios del siglo XX supusieron una etapa oscura en las reflexiones sobre el Periodismo y la Literatura en España. Se puede decir que sólo los manuales de Graña en 1930[5] y González Ruiz en 1940 y 1953[6] se ocuparon, pasajeramente, de la confluencia entre esas dos instituciones culturales, en su intento de describir y clasificar los géneros periodísticos. Esos dos autores distinguieron las composiciones que reclaman el uso de la literatura (los recursos estéticos del lenguaje), y aquellas que se prestan para la cobertura de temas de interés humano, categoría envolvente de lo literario, en cuanto permite profundizar en la condición humana.

Pero, excepto por los mencionados Graña y González Ruiz, se produjo un “apagón especulativo” sobre esa hibridación. Los manuales de periodismo más ponderados ignoraron el tema[7]. Por ese motivo, la Periodística sólo ha documentado las reflexiones plasmadas a partir de los años setenta. Pero, ¿realmente se dejó de lado ese campo de estudio en esos años? Este trabajo demostrará que no. Muy por el contrario, hubo una revista corporativa que en ese período publicó los primeros estudios modernos sobre las relaciones entre Periodismo y Literatura en España.

En efecto, la revisión de los ejemplares de Gaceta de la Prensa Española ha permitido hallar una veta inexplorada, porque esa revista acogió los aportes y reflexiones de lo más granado del periodismo español de su época (teóricos y profesionales). Desde el inicio, sus editores pusieron especial interés en estudiar la aleación entre el Periodismo y la Literatura, tema que empieza a tratarse recurrentemente en la publicación a partir de julio de 1944 (número 26). Este hecho demuestra que, siendo un medio de difusión corporativo, existía una latente curiosidad en el mundo del periodismo profesional por conocer qué se decía sobre el asunto entre los hombres especializados; una necesidad que no habían satisfecho las preceptivas periodísticas.

La Gaceta de la Prensa Española trató sobre el nexo entre el Periodismo y la Literatura mediante cinco vías de aproximación:

a) Entrevistas a escritores que ejercieron el doble oficio (el periodístico y el literario), a quienes se les preguntaba con frecuencia su opinión sobre el maridaje de ambas actividades.

b) Artículos tipo ensayo que trataron este objeto de estudio desde dos puntos de vista: el de la experiencia profesional de sus autores, en los inicios de la revista (los años cuarenta y cincuenta) y desde un enfoque teórico, a partir de los años sesenta, cuando la Gaceta se volvió más académica.

c) Reproducciones de textos periodísticos de escritores que marcaron época en el periodismo español, con la finalidad de que sirvieran de modelo para la buena escritura. La Gaceta publicaba una sección titulada: “Galería de artículos famosos”, en la que transcribía –con una introducción previa– composiciones de autores prestigiosos del siglo XIX y del siglo XX, por ejemplo: “El incendio del Museo del Prado”, de Mariano de Cavia; “El atentado”, de Azorín”, y otros de personajes como Unamuno, Ortega y Gasset, Maeztu, Camba, Fernández Flórez, etc.

d) Perfiles biográficos de los más afamados escritores españoles. Juan del Sarto escribía sobre la producción periodístico-literaria de las plumas más reconocidas en la sección titulada: “Periodistas de antaño”[8]. Entre los ‘perfilados’ se podían contar: Luis López Ballesteros, José Echegaray, Emilia Pardo Bazán, Jacinto Benavente, Juan Valera, Miguel de Unamuno, Ramón de Campoamor, Valle Inclán, Pérez de Ayala, Baroja, Maeztu, Manuel Bueno, etc.

Breve perfil de la Gaceta de la Prensa Española /

 

La Gaceta de la Prensa Española se convirtió en la primera publicación especializada en periodismo de España y tuvo como primer director a Juan Aparicio López[1], entonces delegado de Prensa. En esta revista publicaron conocidos personajes de la Literatura y el Periodismo como Azorín y Nicolás González Ruiz; asimismo, profesionales que, años después, se harían un nombre en el ámbito académico: José Altabella Hernández, Gonzalo Martín Vivaldi, Ángel Benito, Juan Beneyto, Pedro Gómez Aparicio, entre otros. Varios de ellos fueron profesores de la Escuela Oficial de Periodismo.

Durante las tres décadas que se mantuvo en circulación (de 1942 a 1972), se encargó de difundir todo tipo de contenidos sobre la actividad informativa, desde cuestiones referidas a didáctica sobre géneros periodísticos (incluía ejercicios) hasta técnicas de diseño, noticias sobre legislación de prensa española y extranjera, historia del periodismo, bibliografía sobre la profesión a nivel mundial, artes gráficas, el Sindicato de Prensa, el trabajo de los corresponsales extranjeros en España, investigaciones académicas, etc. Su finalidad era ayudar a la formación de los periodistas españoles, pues la mayoría sólo contaba con un aprendizaje empírico. Así lo explicaba el director en el primer número:

 

La Delegación Nacional de Prensa, que ha dado carácter de oficialidad a los estudios de periodismo, inicia con este número LA GACETA DE LA PRENSA ESPAÑOLA, la primera publicación de periodismo que aparece en España. Autodidactos [sic] en la técnica de su profesión la mayoría de periodistas españoles, a ellos se destina esta publicación, cuyo contenido cuida lo mismo cuestiones teóricas que prácticas […]. Ello constituirá un acervo de conocimientos en la especialidad y un archivo de orden doctrinal y práctico que hagan de la nueva publicación (única en su género en nuestra Patria) una revista necesaria para la gran comunidad española de periodistas nacionales[2].

 

La Gaceta de la Prensa Española tuvo tres etapas, la primera de junio de 1942 a enero de 1946 (comprende 44 números); la segunda de noviembre de 1951 a 1957, y la tercera de 1957 a 1972. En total se publicaron 238 números (el último en julio de 1972). Hubo veces que en un sólo número aparecía lo correspondiente a la edición de dos y hasta tres meses. La publicación se interrumpió en 1946, pero se reanudó en 1951. En los últimos años, eliminó de su cabecera el adjetivo Española, y pasó a llamarse sólo Gaceta de la Prensa.

En sus últimas ediciones, la Gaceta renovó notablemente sus contenidos, se imprimía en papel couché, y daba más espacio a los artículos académicos, dado que el periodismo en España ya se impartía en la universidad. La Gaceta de la Prensa pasó el testigo a nuevas publicaciones, pero, para entonces, la revista había trazado el camino con extraordinaria visión de futuro.

 


[1] Político y periodista español (1906-1996), nacido en Guadix (Granada). Fue uno de los hombres claves del periodismo de la postguerra. En 1927 publica sus primeras colaboraciones de crítica literaria en la revista de Jiménez Caballero, Gaceta Literaria. En 1931 funda con Ramiro Ledesma Ramos La Conquista del Estado, órgano ideológico del jonsismo, del que fue uno de los principales teóricos. Durante la II República colabora, también, en los diarios El Sol, Informaciones. Perteneció a la redacción de Ya en 1935, como editorialista de política internacional. Durante la Guerra Civil dirigió en Salamanca La Gaceta Regional hasta 1941, año en que es nombrado Delegado Nacional de Prensa. Ocupa este cargo cinco años. De 1951 a 1957 fue Director General de Prensa y fundó las Escuelas Oficiales de Periodismo de Madrid (1941) y Barcelona (1952). Cfr. Diccionario Biográfico Español Contemporáneo, vol. 1, Círculo de Amigos de la Historia, Madrid, 1970, pp. 146-147.

[2] APARICIO, Juan, “La unánime voz de la revolución nacional”, Gaceta de la Prensa Española, nº 1, año 1, 1-6-1942, p. 2.

Los escritores opinan sobre periodismo y literatura /

La Gaceta de la Prensa Española preguntaba de manera directa a prestigiosos escritores contemporáneos que escribían periodismo y literatura qué pensaban sobre este maridaje, para lo cual se utilizaba un cuestionario estándar, tipo encuesta, que, número a número, publicaba con las contestaciones contrapuestas de dos autores del momento. Este método tenía la virtud de recoger las opiniones de los profesionales más autorizados, sin mediar especulaciones académicas. Ello permitía una interesante variedad de matices, incluso abiertas discrepancias que, quizá, podían propiciar debates entre los suscriptores de la revista que estuviesen a favor o en contra de las posturas de los encuestados.

La desventaja de este sistema radicaba en que la frescura y brevedad del formato no permitían que los escritores ahondaran y explicaran sus hipótesis, si llegaban a plantearlas, porque a veces las respuestas eran tan concisas que no desarrollaban bien la idea. Las preguntas recurrentes del cuestionario solían ser trece, y éstas inquirían a los escritores sobre las dudas esenciales que surgen siempre en torno a la mixtura periodístico-literaria. No existe un antecedente de este tipo en la historia del periodismo español, por lo que estamos ante el primer esfuerzo corporativo por ilustrar al gremio sobre un tema recurrente desde que el periodismo actual empezó a configurarse en el siglo XVIII.

El cuestionario incluía las siguientes preguntas: 1) ¿Su comienzo en las letras fue periodístico o literario? 2) ¿Razones, si las hay, de su asiduidad periodística? 3) La dedicación, en parte, al periodismo ¿ha mermado su producción literaria? 4) ¿Clase de periodismo que ejerce? 5) ¿Es el periodismo un género literario? 5) ¿Usted escribe lo mismo para el periódico que para el libro, o tiene dos estilos: uno periodístico y otro literario? 6) ¿Le han movido razones económicas a cultivar el periodismo, o simple vocación o alguna otra necesidad de índole cualquiera? 7) ¿Por dónde cree usted haber llegado más al público, por sus libros o por su producción periodística? 8) ¿Hizo libros con sus trabajos periodísticos? 9) ¿Cuál es mayor, su labor literaria o la periodística? 10) ¿Obras publicadas? 11) ¿Periódicos en los que ha publicado sus trabajos? 12) ¿Labor actual periodística? 13) ¿Labor actual literaria?

Este rígido método de encuesta se utilizó durante el último año de la primera época de la Gaceta de la Prensa Española, desde el número 32, publicado el 1 de enero de 1945, hasta el número 44, publicado el 1 de enero de 1946. En esta fecha, la difusión de la revista se suspendió hasta 1951.

A partir de 1951, la Gaceta cambió el modo de plantear la entrevista a los escritores, dando paso a un diálogo más personalizado, y a una redacción más creativa de la pieza, que se amoldaba al tono de la conversación entre entrevistado y entrevistador. La sección pasó a llamarse a secas: “Periodismo y literatura”, y por ella desfilaron escritores de todas las tendencias artísticas. Los entrevistadores fueron varios, algunos de ellos también periodistas y literatos que colaboraban con la Gaceta de la Prensa Española, como José Ramón Aparicio y Segismundo Luengo.

A continuación se reproducen dos entrevistas tipo encuesta realizadas a dos escritores periodistas que tuvieron opiniones divergentes –incluso contradictorias– en las contestaciones. He seleccionado las respuestas de Emilio Carrére[1] y Melchor de Almagro San Martín[2], porque reflejan el talante espontáneo de las afirmaciones que solían tener los autores. En ellas es posible advertir el carácter de los personajes, que van de lo humorístico a lo serio; y del tono humilde hasta el ego descarado. Pero lo que a este estudio interesa es lo que dicen, brevemente, sobre las relaciones entre Periodismo y Literatura:

 

-¿Su comienzo en las letras fue periodístico o literario?

-Carrére: Comencé escribiendo cuentos en un Negociado del Tribunal de Cuentas, al que (cualquiera tiene una equivocación en la vida) había hecho unas oposiciones. El Tribunal examinador me aprobó (también por equivocación), porque en realidad yo no sabía hacer cuentas ni cuentos.

-De Almagro: Comencé muy niño en Granada mis actividades periodísticas. Tenía yo apenas catorce años cuando con mis compañeros del colegio de Escolapios fundé un periodiquito que se llama “Nuestros días festivos” […].

 

 

-La dedicación, en parte, al periodismo ¿ha mermado su producción literaria?

-Carrére: Sólo escribo artículos periodísticos –cuanto más cortos mejor–. No lo digo por mí, sino por los lectores. No conviene agotar su paciencia. No creo que en lo espiritual el periodismo cotidiano haya perjudicado mi labor literaria.

-De Almagro: Desde luego, pero como el periódico, una vez que se ha comprometido uno en colaboraciones, no da espera, sino que es preciso mandar las cuartillas en las fechas previstas a las cajas, he ido dejando otra labor de mayor enjundia y reposo, que sin duda me habría dado más nombre y mejor provecho.

 

 

-¿Clase de periodismo que ejerce?

-Carrére: Crónica de actualidad, artículos retrospectivos y alguna que otra nota sentimental.

 

-De Almagro: Yo he ejercido siempre el periodismo literario, sin mezcla.

 

-¿Es el periodismo un género literario?

-Carrére: Cuando el que escribe es un escritor, el periodismo es un género literario.

 

-De Almagro: Creo, desde luego, que el periodismo tiene características propias que lo distinguen de los demás géneros literarios.

 

-¿Usted escribe lo mismo para el periódico que para el libro, o tiene dos estilos distintos?

-Carrére: El estilo es la personalidad, y no es posible cambiar de personalidad por escribir para un periódico o para un libro.

 

-De Almagro: Como en mí el escribir es una consecuencia de mi vocación acendrada, las cuartillas salen de mis manos sin preocupación de estilo anteriormente concebido, sino movidas por el asunto que trato, el momento y la emoción, de suerte que en realidad no varío de estilos, aunque sí de maneras dentro de mi especial modo de pensar y sentir.

 

-¿Le han movido razones económicas a cultivar el periodismo, o alguna otra necesidad?

-Carrére: Mientras escribo no pienso en que voy a cobrar por un artículo. Esto es lo decente. Lo contrario sería obrar como un mercachifle. No niego que algunas veces pienso en el dinero de la literatura cuando me entero de que a mí me dan menos dinero que a los demás. Lo mismo en los periódicos que en la radio. O que por lo menos me aplican la tarifa más modesta […].

 

-De Almagro: En mí el cultivo del periodismo fue siempre efecto de una vocación clara que se reveló desde la infancia. Mi manera de ser, nerviosa, impresionable, afectiva, curiosa y amiga de comunicar mis impresiones a los demás, hicieron de mi persona un periodista nato.

 

-¿Por dónde cree usted haber llegado más al público, por sus libros o por su producción periodística?

-Carrére: Creo que lo primero que llegaron al público fueron mis versos. Ahora, por alguno de mis artículos diarios. Siempre, por lo que escribo poniendo alguna sensibilidad espiritual…

 

-De Almagro: Me es difícil responder a esta pregunta, porque la popularidad, que es una especie de gloria en calderilla, nos va llegando sin que podamos discernir cuáles fueron los cauces que hasta nosotros la trajeron, si el libro o los múltiples artículos en la prensa; acaso éstos por su mayor extensión en los públicos, quiero decir por sus grandes tiradas.

 

-¿Hace libros con sus trabajos periodísticos?

-Carrére: Unos treinta y seis aproximadamente. ¿Por qué? Pues sencillamente, por ganar algún dinero. Aunque mucho menos que el mercader de libros –una cofradía por la que no sentiré nunca el más mínimo afecto mientras ganen por un libro el doscientos cincuenta más que el iluso que escribió–.

 

-De Almagro: He publicado a instancias de los editores muchos de mis trabajos periodísticos, porque, como he dicho antes, siempre cultivé el periodismo literario, de suerte que los libros iban saliendo naturalmente por yuxta posición de los artículos.

 

-Proporcionalmente, ¿cuál es mayor, su labor literaria o la periodística?

-Carrére: La literaria, a pesar de que llevo escritos de un tirón 1.500 artículos en el diario “Madrid”.

 

-De Almagro: Ya he dicho que para mí ambas tienen la misma solera.

 

-¿Labor actual literaria; labor actual periodística?

-Carrére: “Madrid”, “ABC”, “El Diario de Barcelona” y alguna que otra vez “El Español” y en “La Estafeta Literaria”. Libros, ninguno. He perdido el entusiasmo que hace falta para tardar seis meses en escribir una novela y que un editor me dé dos o tres mil pesetas pagadas a plazos.

 

-De Almagro: En los momentos presentes estoy escribiendo mis memorias, encargadas por la casa Afrodisio Aguado, que quiere darlas a la estampa en dos tomos ligados con profusión de ilustraciones. Al mismo tiempo, preparo un libro de cuentos y novelas cortas, otro de viajes […][3].

 

En síntesis, las respuestas de los escritores dan un extraordinario valor agregado porque atisban, de algún modo, la cocina de la escritura de estos personajes (lo concerniente a su formación literaria profesional o al estilo). A su vez, dan su visión descarnada sobre, por ejemplo, otros temas como la realidad económica de los hombres de letras, asunto de capital importancia, pues es sabido que, desde la época de la Ilustración, muchos escritores entraron al periodismo por razones económicas. Y, por otro lado, los periodistas sabían muy bien que si ellos lograban tener una buena pluma y hacerse un nombre, su estatus financiero y profesional tenía la posibilidad mejorar notablemente.

 Aproximaciones teóricas sobre la fusión periodístico-literaria /

Como se ha adelantado, la Gaceta publicaba artículos tipo ensayo en los que se especulaba sobre la hibridación entre Periodismo y Literatura, bien directamente o de pasada. Este método, de corte más académico, demuestra que los editores de la Gaceta de la Prensa Española no sólo querían brindar un conjunto de opiniones sobre la práctica de la profesión, sino que también se esforzaban por ofrecer un producto intelectual, aunque con las limitaciones del caso, ya que la carrera todavía no estaba adscrita a la universidad, y, por tanto, no existía una plataforma cultural adecuada para coronar con mayor éxito este proyecto. Quizá la falta de ese sustento científico determinó que las contribuciones con este perfil fuesen escasas y dispersas (incluso paradójicas). Sin embargo, son los primeros peldaños de las teorías que se desarrollaron con más rigor cuando la Periodística alcanzó el rango de disciplina científica.

A continuación, revisaré las tesis de los artículos que me parecen más valiosos y que he mencionado en la introducción de este artículo. He preferido optar por un orden cronológico (según la fecha de publicación), y reseñar qué temas iban tocando los autores con el transcurrir del tiempo.

 

 

 

4.1. Eusebio García Luengo: “Todo el periodismo es literatura” (1944)

 

El escritor Eusebio García Luengo[4], en su artículo “Literatos que fueron periodistas”[5], critica la rigidez de las preceptivas literarias que se oponen a la inclusión del periodismo como género literario, lo cual, a su juicio, va contra el sentido común de la historia de la literatura, que termina convirtiendo en canon los hechos literarios consumados, y el periodismo es uno de ellos, más allá de lo que digan los preceptistas, quienes –la historia lo demuestra– deben aceptar los nuevos géneros que entronizan la práctica literaria y el beneplácito de los lectores. En sus palabras:

 

La teoría literaria, la poética, la retórica, las leyes de la elocuencia, sean de Aristóteles, de Cicerón, de Boileau, de Luzán o de Capmany, arrancan de una literatura ya vigente sobre la cual asientan sus preceptos, como Platón teoriza sobre el Estado cuando lo tiene delante de sí. La regla, por decirlo así, legaliza el hecho literario consumado. Haced obra –podríamos parodiar al rey prusiano– que ya se encargarán nuestros profesores de hallar razones preceptistas que la justifiquen. Esta es la posición de muchos de ellos frente a la irrupción del periodismo en el ámbito de la cultura y de las creaciones del espíritu[6].

 

El periodismo, explica García Luengo, es una entidad literaria con todos los derechos que le da la fuerza de su propia existencia:

 

Los géneros evolucionaban constantemente, según el compás de la propia vida, y a la preceptiva no le quedaba sino recoger y estudiar tales creaciones, o, en todo caso, edificar sobre ellas sus doctrinas. Si la creación literaria no puede escapar a lo que lleva y arrastra consigo el curso de los hechos, siendo como es su mismo resultado y, aún más, su verbo, las normas se renovarán forzosamente a la par que este fluir de cosas exige nuevos medios de expresión, nuevo vehículo de la palabra del hombre. Ante el periodismo, la preceptiva, más ya como Historia que como teoría, acotará su fenómeno como creación literaria que está ahí, sin más. El periodismo está plantado ante el preceptista y ante nosotros –que estamos bien lejos de serlo–, ante todos, como un decisivo hecho literario de la Historia[7].

 

Una vez que García Luengo considera indiscutible el hecho de que el periodismo es un género literario, plantea un interrogante: ¿El periodismo es un macrogénero o una síntesis de géneros?: “¿Se trata de trata de un género autónomo e independiente, sin cordón umbilical con las anteriores creaciones literarias, o se trata de todos los géneros en uno, de una adaptación o reducción periodística de una buena porción cuando menos de los demás géneros?”[8].

 

García admite que en la respuesta a esta incógnita se enfrentan dos posturas extremas:

 

a) La que niega al periodismo, con aspavientos de escándalo, su categoría literaria; a lo sumo lo consideran “hijo espurio de una bastardía de la Literatura, de su vicio y degeneración”; y

b) la que ignora atropelladamente todo cuanto antecede y motiva cualquier manifestación de la cultura, y, en consecuencia, considera que el periodismo es “el género literario” por antonomasia, que ha absorbido a todos los demás.

Entre esos dos polos, prefiere ubicarse en la segunda posición, y califica a sus defensores como “realistas de la literatura, en el sentido que se aplica a la política, y aplicar de igual manera al periodismo respecto de la literatura la teoría del hecho consumado”[9].

Afirma que uno de los problemas de fondo para definir con precisión por qué el periodismo es un género literario reside en la enorme complejidad  de las nociones mismas de Periodismo y Literatura, dos realidades inabarcables[10]. ¿Qué es lo esencialmente “periodístico”, qué es específicamente “lo literario”? García Luengo se reconoce incapaz de responder a la interrogante, y manifiesta que los preceptistas, en vez de contribuir a iluminar este terreno oscuro, han llenado el debate de telarañas, atribuyendo

 

a la literatura como al periodismo, todo lo que es su contrafigura grotesca, su revés abultado […]. Todo han de verlo en sus manifestaciones más impuras, que confunden con las prístinas. De suerte que literatura y periodismo, su más certero trasunto de hoy, es víctima del mismo tópico. No comprenden que sean conceptos totales en los que resulta arduo fijar límites[11].

 

Con todo, y a pesar de admitir la complejidad de la cuestión, García Luengo prefiere opinar y sostiene, “sin ánimo doctoral”, que el periodismo acoge a todos los géneros literarios, afirmación que, por lo demás, no es nueva y se remonta al discurso académico de Eugenio Sellés, pronunciado en 1898[12]. García Luengo explica que “así como todo es literatura, también todo es periodismo”, y añade que ningún género literario es ajeno al periodismo. Todos entran a componerle, y, de este modo, se logra una síntesis, que, además, es susceptible de ser apreciada como un género independiente, distinto, con leyes propias, con tal de que aquella heterogeneidad, aquella amalgama, posea precisamente el quid periodístico[13].

Para García Luengo todo el periodismo es literatura, tanto cuanto toda la literatura es o puede ser periodismo. Sin embargo, matiza que lo periodístico (y esta vez se refiere al estilo, que sobre todo es breve y claro) tiene unas cualidades específicas que le distinguen de otras expresiones literarias, aunque no son diferencias esenciales: Lo periodístico –expresa– sería una virtud nueva, hecha con apariencia de ligereza, pero con obligatoria gravedad, que toca a cualquier trozo de literatura sin que esta pierda su esencia[14].

La última parte de su ensayo la dedica a las figuras del escritor y del periodista. No encuentra sustanciales diferencias entre ellos, porque, según García Luengo, el periodista ha de ser un escritor con una misión social más completa y urgente que la del literato, quien se recrea en la estética del lenguaje.

 

El más puro creador de belleza, el sumido en el aire más sutil de la música de las palabras, el cantor de los vientos, los mares, las raíces; el que escucha el latido telúrico del hombre y el latido humano de la tierra; el que armoniza sus sentimientos con lo divino; este escritor realiza su obra con sentido y misión sociales. El periodista es este mismo escritor acuciado además por la apetencia de otro destinatario sencillo y complejo, vario, extensísimo, desparramado por toda la anchura de la Patria cuyas lindes traspasa con frecuencia[15].

 

Y el reportero debe hacer todo ello con urgencia, en un estilo sintético acorde con el ritmo apresurado de la vida. Esta dificultad añadida le lleva a concluir a García que “el periodista es el cabal escritor de hoy”.

Respecto a la idea generalizada (recuérdese que era una de las preguntas del cuestionario a los escritores) de que la práctica del periodismo corrompe la pluma del literato, sostiene que es una falacia, pues el ritmo trepidante del periódico es un catalizador natural  que mejora el estilo del escritor, “añadiéndole algunas virtudes como la agilidad, la claridad y la cotidianidad, que ejercerán en ocasiones una dulce coacción”. Por lo demás, “el periodismo no pone trabas al ingenio, el cual puede realizarse con toda plenitud en el periódico”, de manera que un escritor que componga una buena pieza periodística, como una crónica del día, “puede tener trascendencia [literaria] de años”[16].

García Luengo concluye que, pasado el tiempo, será necesario computar lo que la literatura debe al periodismo. Según él, se comprobará que entre ambos existe una simbiosis o asociación biológica, pues si el periódico recoge las manifestaciones vitales de su época, no otra cosa hacen los géneros literarios; y si estos expresan, comunican y revelan, no otra cosa hace el periodismo. “Siendo escritor y periodista la misma raíz y esencia, el periodismo no puede destruir al escritor”[17], enfatiza.

 

 
 
4.2. Gerardo Diego: Periodismo y poesía (1945)

 

“Periodismo y poesía” es un artículo escrito por Gerardo Diego[18] en marzo de 1945, en el mismo número (34)[19] que aparecieron las entrevistas a Carrére y de Almagro San Martín. En este ensayo, Gerardo Diego admite la convivencia en el periódico de dos entidades culturales “la poesía periodística” y “el periodismo poético”.

La primera comprende las creaciones poéticas, predominantemente en verso, que aparecen publicadas en los diarios, de una gran calidad estético-lírica, pero no tanto (y he ahí la condición esencial), pues “para que la Poesía pueda hacerse periodística debe renunciar a alguna de sus más aristocráticas excelencias y resignarse a la levedad de un trazo menos profundo y sin ambición de indeleble perennidad”. Además, debe tratar sobre temas urgentes y actuales.

Pone como ejemplo de esta modalidad literaria las “Canciones del momento” (1910), publicadas por Eduardo Marquina en un diario de Madrid (y luego recopiladas en libro), y cuyo valor radica –según el prologuista Gómez Carrillo– en que comenta los veredictos del Jurado sin bromas y puede “celebrar la alianza anglo-rusa sin cuchufletas, defender a Dreyfus en estrofas iguales a las que otros emplean para decir amores ideales”[20].

El “periodismo poético”, en cambio, incluye aquellos textos en prosa del periódico –se deduce que crónicas, reportajes, artículos, etc.– iluminados por “la luz altísima de la Poesía”. Es decir, deben cumplir con el ideal de perfección estética, elegancia moral, limpieza y esplendor. Y remata: “Si para la Santa, Dios andaba entre los pucheros, la Poesía, que es la suprema vocación de santidad entre las vocaciones de los productores o creadores de la palabra, no se desdeña de manchar su túnica en los obligados roces de la maquinaria entintada”[21].

 
 
 
4.3. José Manuel García Roca: fabulación y periodismo (1945)

 

En cuanto al dilema ficción-realidad, José Manuel García Roca[22], en el artículo titulado “El periodista”, describe las competencias del reportero: saber observar, escuchar y escribir, tener olfato para las noticias, poseer una amplia cultura, etc. Pero recomendaba una práctica proscrita en los manuales de periodismo de esos años, que defendían la objetividad y el apego a la veracidad de los acontecimientos[23]: “Ver los hechos a través de la realidad es la condición más primordial del conocimiento periodístico”[24], proclama un solemne García Roca. Pero, en seguida, el autor estrella una piedra contra los cristales de ese ideal al afirmar: “Esto no quiere decir que se destierre la imaginación, pero ésta se subordinará siempre a la realidad, y nunca se hará lo contrario”[25].

Luego, en una pirueta mental, concede:

 

La fantasía, por otra parte, se puede usar en detalles accesorios, que contribuirán siempre a aumentar la amenidad del suceso que se relata, e incluso la invención de circunstancias de pequeño valor puede admitirse, siempre que no afecte al hecho que se relata y contribuyan a aumentar su valor[26].

 

Finalmente, García da otro salto, recupera el decoro, y remata con un toque moral que causa perplejidad:

 

Como hemos dicho antes, la imaginación tiene que subordinarse siempre a la realidad, pues si no, el periodista incurre en seguida en uno de sus defectos más llamativos, es decir, la falsedad […]. La mentira sólo muestra la incapacidad del periodista para conocer la verdad, y si en algunos casos se impone al principio, luego el tiempo, generalmente con una rapidez vertiginosa, viene a desmentir lo que tan fácilmente se inventó, y con ello el prestigio del periodista se hace extraordinario […][27].

 

El mismo autor, en un artículo posterior titulado “El estilo informativo”[28], aplica las rígidas enseñanzas del periodismo estadounidense para la redacción de noticias y daba seis recomendaciones que rechazaban de plano los recursos literarios, y, como se verá, rechazaba no ya la fabulación, sino la subjetividad del escritor. Estos son sus consejos: Escribir de manera impersonal, someter los textos a una rigurosa objetividad (la subjetividad de las novelas y otras composiciones literarias es inadmisible en la información, sostenía), abstenerse de opinar, utilizar pocos adjetivos, hacer poco uso de imágenes y metáforas, y renunciar al lenguaje florido.

Un séptimo consejo se podía aplicar a los textos literarios y periodísticos, pues exhortaba a los informadores a mantener el interés del relato; sin embargo, terminaba advirtiendo a los reporteros sobre la inconveniencia de recurrir a la literatura en las noticias

 

Muchos periodistas conceden extraordinaria importancia al estilo literario de la historia que cuentan y se esfuerzan en buscar palabras rebuscadas que quitan soltura al relato. El reportero no debe nunca olvidarse de que no tiene que hacer una pieza literaria, sino simplemente una información, y que, precisamente, o que más destaca en el estilo periodístico es el hecho que se cuenta, siempre que éste se encuentre descrito dentro de las normas que antes hemos señalado[29].

 

¿Hay una contradicción en lo que acepta al principio (la fabulación) y lo que recomienda al final (ceñirse a la realidad)? En efecto, sí, pero puede que García Roca estuviese describiendo lo que en la práctica profesional del periodismo ha ocurrido durante toda la historia: algunos periodistas suelen acomodar sus relatos para darles más relevancia estética, sin –suelen decir– afectar la veracidad esencial del acontecimiento en cuanto a verdad humana[30].

 

 

 

4.4. Manuel González Hoyos: Periodismo, literatura que trasciende (1955)

 

Manuel González Hoyos, director de El Diario de la Montaña, Santander, enfoca las relaciones entre Periodismo y Literatura desde el punto de vista de la finalidad de los textos. Si bien, afirma, hay una condición nítida de partida, porque el periodismo refleja la realidad, y la literatura crea sus propios mundos, ambos estilos (el periodístico y el literario) se buscan y complementan.

Sostiene que en la literatura (en la novela, por ejemplo) hay un esfuerzo por reflejar los hechos como si hubiesen ocurrido, mientras que en el periodismo, siendo los acontecimientos reales, lo que se hace es enfatizarlos con el ropaje de las formas literarias.

¿Dónde está entonces la diferencia esencial para González Hoyos? En que la literatura es un fin en sí misma, que sólo busca un goce estético; en cambio, la literatura en el periodismo es, simplemente, un instrumento de la profesión, que sirve para que se concreten de manera más eficaz los fines informativos, ya que las noticias pueden afectar a la vida de los lectores, y a estos hay que entregarles los contenidos con la mayor sencillez posible. La literatura –los recursos estéticos–, ayuda a que el mensaje noticioso, la verdad de los acontecimientos, se transmita de forma más vigorosa y vistosa.

 

En el periodismo, la literatura no se queda en sí, sino que trasciende a los hechos y se pone a su servicio sin oscurecerlos ni deformarlos, porque sus fines son distintos. Y no ya tan sólo en lo puramente narrativo del personaje o de la información especial, sino también en el comentario editorial, formativo, cuya eficacia, muchas veces, se acentúa por el arte con que el periodista le presenta, por la elegancia de una selecta redacción, por el lenguaje no falto de ingenio, ornado de filigranas de la mejor literatura. La verdad y el raciocinio no se pierden en las envolturas amplias del arte literario, más bien se dignifican y ennoblecen por la majestad de la forma con que son presentados[31].

 

Explica, sin embargo, lo comúnmente aceptado por la mayoría autores: que la libertad de estilo que tienen todos los géneros literarios,

 

pierde sus movimientos cuando se llega al campo del periodismo, en donde la estilística se convierte en elemento secundario ante la misión viva de informar con rapidez, con claridad, con garbo y con exactitud. El periodismo está regido por una ley de necesidad y por un imperativo de urgencia. Hay que vencer al tiempo para recoger el último latido de la actualidad, para que aparezca en su última línea el último detalle del último acontecimiento recientemente[32].

 

Y el vértigo del periodismo pone trabas a la perfección literaria, porque, según sostiene, la velocidad es incompatible con la parsimonia que requiere el arte del bien escribir, cuanto el escritor se siente obsesionado por la elegancia y la belleza de la forma, por el manejo ingenioso del lenguaje, por la tendencia a conservar y fomentar la armonía de las palabras en el concierto difícil de la buena literatura.

 

Y aun siendo verdad  que un buen escritor siempre escribirá con elegancia –y de ordinario no abandona su manera de escribir, su estilo–, necesariamente [cuando escribe para el periódico] habrá de prescindir muchas veces y, por estricta necesidad, de muchas florituras que embarazarán su tarea[33].

 

En conclusión, González defiende la tesis de que el estilo periodístico es el mismo estilo literario (con limitaciones) adaptado a las finalidades sociales del periodismo. Por tanto, el periodismo es un género literario que engloba a otros subgéneros, porque en el periódico tienen cabida cuantas formas literarias existen.

 

 

 

4.5. Antonio Gómez Alfaro (1960), un adelantado en los estudios comparativos y multidisciplinares

 

En un trabajo de reciente publicación[34] he dedicado un estudio detallado e individual del artículo de Antonio Gómez Alfaro “Comunicación, periodismo y literatura”[35], por su potencia intelectual, ya que ese autor explicó las relaciones entre Periodismo y Literatura utilizando una aproximación multidisciplinar sorprendente para su época, porque los enfoques interdisciplinares empezaron a aplicarse en España a partir de 1999, cuando el profesor catalán Albert Chillón propuso a la comunidad académica una disciplina denominada Comparatismo Periodístico-Literario. Es decir, planteó investigar esta realidad con el auxilio de áreas del saber afines: la Lingüística, la Historia, la Filosofía, la Estilística, la Antropología, la Sociología, etc.

Sin embargo, Gómez Alfaro trabajó sobre la hibridación periodístico-literaria cuarenta años antes de la propuesta multidisciplinar de Chillón y de otros autores hispanos como López Pan[36]. A diferencia de las reflexiones de sus contemporáneos, basadas sólo en la experiencia profesional que, en algunos casos y como hemos visto, podían resultar reiterativas y paradójicas, el artículo “Comunicación, periodismo y literatura” mantiene una sólida línea argumental y se auxilia de distintos ámbitos académicos: la Teoría de la literatura (se sirve, entre otros, de Aristóteles, Wellek y Warren, Levin), la Antropología (Lewis Morgan), la Lingüística, la Filosofía (Figueiredo, Spengler, Unamuno, Ortega y Gasset, Jaspers), la Teoría de la comunicación (Beneyto, Jacques Kaiser), la Estilística (Middleton, Martín Alonso, Palacio Valdés, Bruneau) y la Historia (George Weill).

Gómez Alfaro utiliza el método deductivo y empieza planteando la conveniencia de sustituir (influido por las teorías vigentes de los mass communication) los términos información y periodismo por el de comunicación, vocablo que se entronca, según el autor, con el contenido sociológico del fenómeno informativo; es decir, la comunicación comprende el concepto previo de sociedad humana, la cual, a su vez, determina la nacimiento del lenguaje como medio de expresión entre los individuos que la integran. A partir de allí expone el progreso del lenguaje primitivo hacia el idioma verbal, que desemboca en el surgimiento de la gramática: un sistema preceptivo que constituye el fundamento del arte de escribir: de la literatura.

 

 

4.5.1. Periodismo, catalizador de nuevos géneros literarios

 

Explica así, luego de una detallada sustentación que la mixtura entre Periodismo y Literatura se entiende mejor por su común origen. Y concluye: “En cuanto la comunicación puede ser literaria, hay un periodismo [este, al fin y al cabo, es “comunicación periodizada”] que hace suyas las reglas expresivas [la preceptiva] de toda literatura, aunque con matices nuevos”[37].

Con este postulado como telón de fondo de su razonamiento, el autor se propone responder a la pregunta de si el periodismo es un género literario, y para tal fin se ayuda de la moderna genealogía, que fundamenta sus teorías en la convergencia de fondo (la dualidad realidad-ficción, por ejemplo) y forma (el estilo, la finalidad del mensaje), entidades que contribuyen a determinar la identidad de cada género. Incide, por supuesto, en el tópico del desprecio hacia el periodismo por parte de los literatos. Pero lo más novedoso es el planteamiento que se hace respecto a si es posible un periodismo literario; es decir un periodismo que al mismo tiempo sea literatura. Y se pregunta, además: ¿Es el periodismo literario un especial género de la literatura? Interrogantes similares a las que, en otro contexto sociocultural, harán los mencionados Chillón (en 1999) y López Pan (en 2005) casi medio siglo después.

Según Gómez Alfaro, es posible reformar los géneros literarios y dar nacimiento a otros, como lo demuestra la historia de la literatura. En ese sentido, el periodismo, debido a su naturaleza verbal y multiforme, es una actividad que propicia la evolución de las manifestaciones culturales, sobre todo de los formatos escritos. Ese fenómeno creativo queda refrendado por la historia del Periodismo y de la Literatura, pues en el siglo XIX la prensa impulsó el surgimiento de nuevas manifestaciones literarias como el cuento, la novela por entregas, el artículo de costumbres, entre otros. Más tarde, durante el siglo XX, vieron la luz géneros híbridos como la novela-reportaje, el reportaje novelado, la columna literaria, etc.

También –señala el autor– el periodismo ha dado nacimiento a una especial literatura (estamos en 1960) de gran auge: la literatura de viajes, de “innegable origen periodístico”. Asimismo, los géneros periodísticos que han acogido con mayor éxito las modalidades literarias son cuatro: la crónica (“una estructura mayor que engloba estructuras menores”), el reportaje (que utiliza los elementos clásicos de la novela, como el argumento, el carácter, la composición, el marco escénico, etc.) y la entrevista-reportaje (enfocada en el diálogo; es decir, en el drama). El cuarto, ya lo he dicho líneas arriba, es el artículo, pariente del ensayo, que oscila entre la literatura de ficción pura (pensemos, si no en ciertas columnas de hoy) y el análisis de la realidad, pero con una “depuración literaria sin parangón en las manifestaciones literarias actuales”[38]. El periodismo es, pues, un catalizador de todo tipo de creaciones literarias, realidad comprobada por filólogos, literatos, y comunicadores de hoy en día.

Por último, Gómez Alfaro defiende la existencia de un género literario-periodístico, que si bien está ligado a las restantes manifestaciones literarias en razón de su primer calificativo, en orden al segundo está también atado a las demás comunicaciones periodísticas. Es decir, es posible descubrir algunos rasgos propios del periodismo literario, como especial género. No obstante, reconoce que llegar hasta las últimas consecuencias de esta tesis no es sencillo, pues no hay soluciones únicas establecidas a priori. Ello no impide tampoco concluir que

 

lo periodístico, al incidir en cada comunicación (auditiva, visual), concede contornos propios al fenómeno. Cuando incide en la comunicación literaria, ésta recibe un especial contenido diferenciador que no sólo abarca el dato estilístico, sino que alcanza hasta el concepto mismo de género literario[39].

 

 

 

4.5.2. Periodismo, género literario en sí mismo. Literatura, forma de comunicación periodística

 

Cuando Gómez Alfaro se plantea la vieja cuestión de si el periodismo es un género literario, identifica dos posturas tradicionales: a) La de quienes consideran al periodismo como un nuevo género literario distinto de otros, con características propias, y b) la de quienes, en contraposición, proponen desglosar el contenido periodístico, aplicando a cada contenido parcial las cualidades específicas de los géneros clásicos. Aquí también el autor de adelantó a las propuestas venideras de los años setenta, ochenta y noventa en la Periodística española que pendularon entre esas dos tendencias especulativas: los normativos, que diferenciaron con rotundidad el Periodismo de la Literatura (Martínez Albertos[40], Aguilera[41] y otros académicos de la ‘Escuela de la Complutense’) hasta los filólogos que distinguieron ambas entidades atendiendo a su características externas, como el contenido y el estilo (Lázaro Carreter[42] y Coseriu[43]).

Sin embargo, para Gómez Alfaro, lo periodístico es un “punto nodal” donde convergen todas las teorías y, paradójicamente, es allí mismo donde se originan las posturas más contrapuestas: “Para unos lo periodístico es un dato preciso, capaz de determinar la existencia de un género literario concreto; para otros, no existen sino los géneros considerados como tradicionales, a los que el periodismo matiza específicamente”[44].

De ese modo, la literatura también es envolvente del periodismo, una realidad muy distinta de aquella en que la literatura (la historia literaria) se convierte en contenido del periódico (periódicos literarios y secciones dedicadas a la literatura en los diarios). Gómez Alfaro pone el acento en lo literario como forma de comunicación periodística.

Con respecto a la creatividad en el estilo periodístico, Gómez Alfaro sostiene que la versatilidad de la escritura publicada en los periódicos es propicia para la vigorización del lenguaje, y este fenómeno ha influido, a su vez, en lenguaje de la comunicación literaria, que, en la búsqueda de una mayor verosimilitud, le presta elementos al estilo periodístico. Además, el auge del periodismo impreso ha obligado a la literatura a pretender “la consecución de un clima de trascendencia histórica, documental, a sus tramas ficcionales”. Un ejemplo de lo primero lo constituye el hecho de que el lenguaje literario hoy debe tener una mayor fuerza visual: “No basta contar escenas, hay que hacerlas ver”[45].

En esa misma línea de lo visual, Gómez Alfaro sostiene que un aspecto no tenido en cuenta al analizar la comunicación periodística es que no basta el hecho de que esté bien escrita: debe también presentar un buena confección (tipografía, titulación, diseño en general), lo cual nos lleva a un asunto de capital importancia: la proyección visual de la literatura. De nuevo, ese autor sorprende por su análisis visionario, pues las investigaciones sobre el maridaje entre Periodismo y Literatura han dejado de lado el aspecto gráfico e iconográfico de las piezas narrativas, que necesitan de un gran despliegue visual para que los textos alcancen toda su eficacia periodística y estética. Éste es un tema trabajado por Rodríguez e Irala en 2010, quienes han propuesto a la comunidad académica la tipificación de un nuevo género: el Fotoperiodismo literario[46].

Por todo lo expuesto, se puede deducir que Antonio Gómez Alfaro es el primer teórico en España que, a falta de otras pruebas documentales, inauguró los estudios modernos sobre Periodismo y Literatura, aunando el rigor científico, el análisis metodológico y la perspectiva multidisciplinar, realidad que echa por tierra las afirmaciones de que en el ámbito hispano no se emprendieron reflexiones de hondo calado intelectual sobre el macrogénero del Periodismo literario. Su trabajo “Comunicación, periodismo y literatura” constituye un verdadero adelanto para su época y como tal debe reconocerse en los fueros de la Periodística.

 

 

 

4.6. Manuel Calvo Hernando: la importancia de la novela-reportaje (1971)

 

Interesa el artículo de Manuel Calvo Hernando, escrito en 1971[47], porque, además de ser el último de la saga de la Gaceta sobre Periodismo y Literatura, documenta la llegada a España de las corrientes de la no ficción y el Nuevo Periodismo estadounidenses. En este sentido, el texto de este autor no aporta novedades teóricas, sino que sólo describe la existencia de un fenómeno.

Calvo menciona como revistas de referencia que exportaron al mundo la técnica de la no ficción: Time, Newsweek, US News World Report, Look, L’Express, entre otras, y admite que el género de la novela-reportaje lo inició Truman Capote con A sangre fría. Sin embargo, y aunque no ofrece pruebas, afirma que existen antecedentes de que algunos autores españoles se valieron de la técnica del reportaje, en concreto en las obras de Baroja, en las crónicas burlescas de Valle Inclán, en los textos de Azorín y en Los episodios nacionales, de Pérez Galdós.

Luego, apoyándose en las ideas del peruano Mario Castro Arenas[48], dice que es innegable la influencia del estilo periodístico en la prosa narrativa contemporánea, y que la literatura no sólo emula las formas expresivas del lenguaje de los periódicos, sino que también incorpora las técnicas de acopio de documentación, con el afán de lograr el máximo realismo, lo cual ha dado paso a la novela testimonial.

Como se ve, es poco lo que contiene el texto de Calvo, pero demuestra la evolución de los enfoques de la Gaceta respecto al Periodismo y a la Literatura: desde aquella etapa en que se acercaba con entusiasmo a este objeto de estudio a través de la voz de los protagonistas, pasando por los ensayos empíricos que fueron ganando solidez académica, hasta los últimos textos que demuestran que fue en esa revista corporativa donde se inauguraron los estudios modernos sobre el Periodismo literario.

 Conclusiones /

 

El análisis de la Gaceta de la Prensa Española ha permitido sacar a la luz documentos todavía no estudiados en el ámbito de la Periodística que reflexionan, entre 1942 y 1972, sobre el Periodismo y la Literatura. Hasta ahora, se creía que las teorías sobre el tema habían sido más escasas de lo que son en realidad, y que sólo aparecían directa o tangencialmente en los manuales de Redacción Periodística publicados a partir de los años 70 del siglo XX. La exploración de la revista ha dado la oportunidad de demostrar que:

a) Existía un enorme interés entre los reporteros de esos años por saber qué opinaban las voces más autorizadas del gremio, respecto a la síntesis de las dos entidades culturales. La Gaceta, la primera publicación especializada en periodismo de España, trató de satisfacer las inquietudes de sus asociados. Y emprendió esa labor con profesionalismo mediante las vías que se han descrito en la introducción de este trabajo.

b) Los artículos publicados en ese medio corporativo evidencian la progresión del pensamiento de sus autores, quienes, en un inicio (entre los cuarenta y cincuenta), se aproximaron al objeto de estudio de manera intuitiva, respaldados sólo por su experiencia profesional. Pasados los años, los argumentos fueron ganando madurez, hasta alcanzar una fuerza conceptual sorprendente en el caso de Antonio Gómez Alfaro (1960), a quien se puede considerar el pionero de los estudios interdisciplinarios sobre Periodismo y Literatura. Y, como su texto forma parte de una línea temática y de investigación promovida por un medio, se debe considerar a la Gaceta de la Prensa Española como la revista profesional que más contribuyó a los avances sobre ese campo de estudio en España durante el siglo pasado.

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Notas el pie /


[1] Emilio Carrére Moreno (1881-1947), poeta, periodista y narrador español, perteneciente a la corriente poética del Decadentismo modernista.

[2] Melchor de Almagro San Martín (1882-1947), novelista, periodista e historiador literario.

[3] Cfr. “Los escritores ante el periodismo: Responde Emilio Carrére. Responde Melchor Almagro San Martín”, Gaceta de la Prensa Española, número 34, Madrid, 1-3-1945, pp. 1347-1351.

[4] Escritor y periodista extremeño, nació en Puebla de Alcocer (Badajoz) en 1909. Desde los trece años vivió en Madrid, en cuya universidad se matriculó en algunos cursos de Derecho y Filosofía y Letras. Colaboró en numerosas publicaciones, como Proel, Corcel, La Estafeta Literaria, Almotamid, Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos. Es autor de diversos cuentos y novelas. Murió el 21 de diciembre de 2003, a los 94 años.

[5] Cfr. GARCÍA LUENGO, Eusebio, “Literatos que fueron periodistas”, Gaceta de la Prensa Española, nº 26, Madrid, 26-7-1944, pp. 863-869. Este autor ya había expresado similares ideas en el artículo “El periodismo como creación literaria”, Haz, Madrid, mayo de 1943, p. 24.

[6] GARCÍA LUENGO, Eusebio, op. cit., p. 863.

[7] Ibíd., pp. 863-864.

[8] Ibíd., p. 864.

[9] Ibíd., p. 864.

[10] GARCÍA LUENGO, Eusebio, op. cit., p. 865.

[11] Ibíd., p. 865.

[12] Cfr. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, J.M., “Literatos y periodistas: los orígenes de una tradición de encuentros y desencuentros”, en LEÓN GROOS, B. (dir.) y GÓMEZ, B. (edit.), El artículo literario, Manuel Alcántara, Málaga, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, Fundación Manuel Alcántara, 2008, pp. 37-53.

[13] Cfr. GARCÍA LUENGO, Eusebio, op. cit., p. 865.

[14] Ibíd., p. 865

[15] Ibíd., p. 865.

[16] Cfr. GARCÍA LUENGO, Eusebio, op. cit., pp. 866-867.

[17] Ibíd., p. 866.

[18] Gerardo Diego Cendoya, prolífico poeta español perteneciente a la llamada Generación del 27. Nació el 3 de octubre de 1896 en Santander. En 1925 obtuvo el Premio Nacional de Literatura, ex aequo con Rafael Alberti. Como profesor impartió cursos y conferencias por todo el mundo. Fue además crítico literario, musical y taurino, además de columnista en varios periódicos. Desde 1947 fue miembro de la Real Academia Española. En 1979, se le concedió el Premio Cervantes. Murió el 8 de julio de 1987.

[19] DIEGO, Gerardo, “Periodismo y Poesía”, Gaceta de la Prensa Española, nº 34, 1-3-1945, pp. 1345-1346.

[20] Citado por DIEGO, Gerardo, op. cit., p. 1346. Gerardo Diego enfatiza que las dotes que debía reunir el “poeta periodístico” eran “gracia y calor humano, transparencia y vigor, retina analítica y recámara sintética”. Señala que un autor que tuvo esas virtudes fue José del Río Sáliz, quien “día a día pudo anotar en admirables versos vicisitudes heroicas o pintorescas de la guerra del 14, que luego formaron el precioso libro La belleza y el dolor de la guerra”. Esto, puntualizaba Gerardo Diego, era “periodismo en verso”, al tiempo que el escritor sostenía que el origen del periodismo fue la “poesía de la actualidad” que practicaron Lope de Vega, Quevedo, Góngora y Alarcón.

[21] Ibíd., p. 1346.

[22] Fue periodista del semanario La Hora.

[23] Los más relevantes eran las obras ya citadas: La Escuela de Periodismo. Programas y métodos, de Manuel Graña (1930), así como Normas generales de redacción (1940), de Nicolás González Ruiz.

[24] GARCÍA ROCA, José Manuel: “El periodista”, Gaceta de la Prensa Española, nº 34, 1-3-1945, p. 1384.

[25] Ibíd., p. 1384.

[26] Ibíd., p. 1384.

[27] Ibíd., p. 1384.

[28] Cfr. GARCÍA ROCA, José Manuel, “El estilo informativo”, Gaceta de la Prensa Española, nº 41, 1-10-1945, pp. 1850-1853.

[29] Cfr. GARCÍA ROCA, José Manuel, op. cit., p. 1852.

[30] Pero traicionando el pacto de lectura entre el periódico y los lectores.

[31] GONZÁLEZ HOYOS, Manuel, “Periodismo y literatura”, Gaceta de la Prensa Española, nº 85, 2ª época, marzo de 1955, p. 3.

[32] Ibíd., pp. 3-4.

[33] Ibíd., p. 4. Gonzáles Hoyos dice que sólo el artículo, (al que considera el “género menos periodístico”) admite sin reservas el empleo de los elementos puramente literarios.

[34] RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, J.M., “Gómez Alfaro: pionero de los estudios interdisciplinarios sobre las relaciones entre Periodismo y Literatura en España”, Revista Latina de Comunicación Social, 65, febrero 2010, pp. 89-98, http://www.revistalatinacs.org/10/art/885_USJ/07_Jorge_Rodriguez.html, 8-3-2010. DOI: 10.4185/RLCS-65-2010-885-089-098. Dado que esta publicación ahonda en el trabajo de Gómez Alfaro, me limitaré en el presente artículo a destacar los aportes medulares. La síntesis de las reflexiones de Gómez Alfaro son imprescindible en este texto para hacer más patente la contribución global de la Gaceta de la Prensa Española a los estudios de Periodismo y Literatura en España, durante el período analizado.

[35] Gaceta de la Prensa Española, nº 126, 3ª época, enero-febrero de 1960, pp. 3-24.

[36] LÓPEZ PAN, F., “¿Es posible el Periodismo literario? Una aproximación conceptual a partir de los estudios de Redacción Periodística en España en el período 1974-1990”, Doxa Comunicación, vol. 3, mayo 2005, pp. 11-31.

[37] GÓMEZ ALFARO, A., op. cit., p. 3.

[38] Cfr. GÓMEZ ALFARO, A., op. cit., pp. 19-20.

[39] Cfr. GÓMEZ ALFARO, A., op. cit., p. 16.

[40] MARTÍNEZ ALBERTOS, J.L., Curso general de redacción periodística: lenguaje, estilos y géneros periodísticos en prensa, radio, televisión y cine, Paraninfo, Madrid, 1992.

[41] AGUILERA, O., La literatura en el periodismo y otros estudios en torno a la libertad y el mensaje informativo, Madrid, Paraninfo, 1992.

[42] LÁZARO CARRETER, F., “El lenguaje periodístico, entre el literario, el administrativo y el vulgar”, en Lázaro Carreter y otros, Lenguaje en periodismo escrito, Fundación Juan March, Madrid, 1977, pp. 9-32.

[43] COSERIU, E., “Información y literatura”, Comunicación y Sociedad, vol. III, nos 1 y 2, 1990, pp. 185-200.

[44] GÓMEZ ALFARO, A., op. cit., p. 15.

[45] GÓMEZ ALFARO, A., op. cit., p. 21.

[46] RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ J.M., e IRALA HORTAL, P., “¿Fotoperiodismo literario? Apuntes para una propuesta”, en RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ J.M y ANGULO EGEA, M. (coord.), Periodismo literario: naturaleza, antecedentes, paradigmas y perspectivas, Madrid, Fragua, 2010, pp. 185-208.

[47] CALVO HERNANDO, Manuel, “Periodismo y literatura: importancia creciente de la novela-reportaje”, Gaceta de la Prensa, nº 222, enero-febrero de 1971, pp. 35-40. Jubilado, actualmente se dedica a escribir sobre periodismo científico, tema al que se ha dedicado con ahínco desde 1965, http://www.manuelcalvohernando.es/, 12-3-2009.

[48] Cfr. Castro Arenas, Mario, El periodismo y la novela contemporánea, Monte Ávila, Caracas, 1969, libro citado constantemente por Calvo.

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