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Estiletes y tiralíneas

Durante la Antigüedad hasta aproximadamente el siglo XVI se escribía y se trazaba con un instrumento común llamado estilete, palabra que proviene del latín stilus y que significa punzón. Este instrumento se empleaba sobre tabletas enceradas o sobre pergaminos. Una pequeña paleta incorporada al estilete permitía borrar los surcos sobre la película de cera dejando la tabula rasa lista para recibir nuevos trazos.

En líneas generales, este sistema persistiría durante la Edad Media: los dibujos de arquitectura medievales eran delineados primero con un estilete que marcaba la superficie de los pergaminos o vitelas, para posteriormente rellenar los surcos con tinta aplicada con una pluma de ganso.  

La introducción del papel en Europa en el siglo XIV no desplazaría el empleo del estilete; las cajas de instrumentos del siglo XVI, y aun las del siglo XVII, incluyen estiletes. Los trazadores de punta roma incorporados un siglo más tarde y el punzón, como accesorio, se empleaban para marcar, copiar o dimensionar.

Los romanos también emplearon en el primer siglo de nuestra era un tipo de pluma para dibujar, una especie de tiralíneas primitivo. Unas plumas muy similares fueron empleadas durante el Renacimiento para trazar líneas con tinta sobre papel. Constituidas por dos láminas, a modo de larga pinza, algunas veces se podía ajustar la distancia entre ellas para obtener un grosor determinado de línea, por medio de un anillo que deslizaba a lo largo de las láminas permitiendo dejar una separación mayor o menor. Se puede ver un sistema similar en la Lámina 1 de Architectvra recta y obliqva (1678) de Juan Caramuel (en el último apartado "Utensilios de dibujo y de construcción del libro antiguo").

Los tiralíneas derivados de los modelos del Renacimiento evolucionaron en su forma durante los siglos XVI y XVII: generalmente constaban de dos hojas en forma de lanza, pero se presentaban despojados de la fijación antigua del anillo deslizante. La rigidez del metal permitía conservar una abertura constante y consecuentemente, un grosor de la línea regular. Había una variedad de tamaños de tiralíneas para conseguir distintos grosores.

Con el siglo XVIII llega un avance en el diseño de este instrumento, los láminas dobles de acero se podían ajustar a un grosor de línea deseado por medio de un pequeño tornillo mariposa: pieza singular que permite identificar fácilmente la época de fabricación de este instrumento, tal y como se puede distinguir en los que incluye esta muestra. El mango era generalmente de latón o plata y podía contener como accesorio, guardado en su extremo, un punzón para marcar los dibujos, y copiar o medir. Un cuentagotas, o una pluma de ganso, servían para aplicar la tinta entre las láminas.

Hacia 1800, los tiralíneas incorporaron un tornillo fino de cabeza moleteada para mayor comodidad y exactitud en su graduación. Hacia 1840, se fabricaron modelos adecuados para el dibujo técnico de especialistas como ingenieros de ferrocarriles e ingenieros mecánicos. Las plumas dobles servían para dibujar líneas paralelas, y las plumas oblicuas, para trazar las curvas de diseños especiales. Las plumas con una lámina intermedia podían contener mayor cantidad de tinta y servían para trazar líneas gruesas. Las plumas para trazar líneas punteadas constaban de pequeñas ruedas dentadas e intercambiables que se guardaban en un compartimiento en el extremo del mango de marfil.

A mediados del siglo XIX, los materiales para la fabricación de los tiralíneas eran el acero para la pluma y el marfil o hueso para el mango, tal y como se aprecia en la muestra. Hacia 1860, se reemplaza el marfil por la ivorina, un producto artificial semejante, y más tarde, se incorporaron las plumas de acero cromado que evitaban la oxidación y las manchas.

Las plumas técnicas del siglo XX representan la culminación en la evolución de este instrumento. Los tiralíneas con un depósito de reserva figuran en láminas desde el siglo XVII, pero su diseño no se perfeccionaría sino hasta el siglo XX, cuando irrumpen las plumas técnicas: estilógrafos y rapidógrafos. El estilógrafo o pluma estilográfica se comenzó a usar en la década de 1930. La pluma Graphos original fue inventada por Theodor Kovacs y fabricada por Günther Wagner en Hannover, uno de los fundadores de la marca Pelikan. El mango contenía un depósito de tinta con un sistema de alimentación continuo en la cabeza de la pluma que podía intercambiar sus cabezales y permitía dibujar con un espesor continuo en doce diferentes puntos. El rapidógrafo, con una punta tubular, basa su mecanismo en el mismo principio. Fue introducido por Wilhelm Riepe de Hamburgo en 1952, y perfeccionado y lanzado al mercado bajo la marca Rotring.


 

Imagen vitrina de exposición
Vitrinas de exposición
Imagen vitrina de exposición

Imagen de tiralíneas
Imagen de tiralíneas
Imagen de tiralíneas
Imagen de tiralíneas
Selección de tiralíneas de distintos fabricantes de los siglos XVIII y XIX

Imagen de tiralíneas
Imagen de tiralíneas
Imagen de tiralíneas
Imagen de tiralíneas

Imagen de tiralíneas
Imagen de tiralíneas

Biblioteca Universidad de Navarra

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Colaboración: María Antonia Frías y Pablo Arza
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