Publicaciones de Biología de la Universidad de Navarra, Serie Zoológica, 26: 129-135, 2000

 

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LA CONSERVACIÓN DEL OSO PARDO EN LA CORDILLERA CANTÁBRICA: LOS PLANES DE RECUPERACIÓN

 

Guillermo Palomero

 

Fundación Oso Pardo. Isabel la Católica 7, 4º. 39007 Santander. Cantabria. E-mail: osopardo@grn.es

 

 

1. Situación de las poblaciones cantábricas de oso

 

La situación actual del oso cantábrico es el resultado de un proceso de regresión demográfico y areal que se ha venido produciendo desde tiempos históricos. Es difícil definir el área de distribución de los osos cantábricos; su baja densidad y su gran movilidad hacen complicado trazar la frontera entre la presencia esporádica y la puramente errática. A pesar de las dificultades, se ha definido un área de distribución diferenciada en dos poblaciones separadas en la primera mitad del siglo XX por poco más de 30 km, pero que presentan entre ellas barreras considerables, acumulándose importantes infraestructuras y actividades humanas (minería, autopistas, carreteras, ferrocarril, pistas de esquí, gaseoductos, etc.). Recientes trabajos genéticos parecen confirmar la incomunicación, desde este punto de vista, de ambos núcleos de osos. Las poblaciones cantábricas de osos ocupan un área de cerca de 5.000 km2, aunque localizaciones de ejemplares erráticos ampliarían el área hasta cerca de 7.000 km2. El área de distribución del oso cantábrico se reparte en cuatro Comunidades Autónomas: Asturias, Cantabria, Castilla-León y Galicia (Figura 1).

 

La Población Occidental se extiende por Asturias, Castilla-León y Galicia, desde los Ancares de Lugo, por el oeste, hasta el Puerto de Pajares, por el este. Abarca unos 2.600 km2, sobre todo en Asturias con cerca del 70% de la superficie.

 

 

 

La Población Oriental se extiende por unos 2.480 km2, desde Campoo de Suso (Cantabria), al este, hasta el Puerto de Vegarada (Asturias) por el oeste. Afecta a Castilla-León, Cantabria y Asturias. En torno al 85% de la superficie ocupada pertenece a Castilla-León.

 

La Población Occidental mantiene un censo estimado en 50-65 osos, que aportan una media anual de cinco nuevas camadas, con un tamaño medio de camada próximo a dos oseznos. En 1999 se han contabilizado un mínimo de ocho nuevas camadas, lo que supone el récord de osas con crías de la década. Un reciente estudio basado en un modelo teórico de población concluye que la tendencia poblacional es regresiva y la estima en un 4 ó 5% anual, aunque otros autores discuten esos resultados y sugieren incluso una ligera tendencia ascendente.

 

La Población Oriental tiene un censo estimado, mediante técnicas moleculares, en 20-25 ejemplares, una relación de sexos desequilibrada (más del doble de machos que de hembras) y una tendencia poblacional que parece estacionaria. En los últimos años el número de camadas, cuyo tamaño medio es 1,5 oseznos, es muy bajo: ninguna en 1994, una por año entre 1995 y 1997, y de nuevo ninguna en 1998. También 1999 aporta buenas noticias a este núcleo de osos, con la localización de dos nuevas familias.

 

El pequeño tamaño de estas poblaciones es de por sí un peligro y la extinción puede ocurrir como resultado del azar. Hay que tener en cuenta que a nivel mundial se asocia la viabilidad de una población de osos a cifras de varios cientos de ejemplares y a superficies de varios miles de kilómetros cuadrados.

 

2. LA COHABITACIÓN ENTRE HOMBRES Y OSOS

 

La Cordillera Cantábrica es una cadena montañosa de moderada extensión, poblada desde muy antiguo y en la que el desarrollo secular de las distintas actividades ha modificado intensamente el paisaje. El oso cantábrico vive en un complejo mosaico de bosques caducifolios, roquedos, praderas y pastizales y pueblos de montaña. Viven en áreas poco habitadas, con densidades de población de 6 a 12 personas/km2, es decir, unas 10 veces inferior a la media española: la tranquilidad y la escasa presencia humana son características fundamentales del hábitat osero. No obstante, es cierto que el plantígrado puede adaptarse a la proximidad del hombre, y existen núcleos reproductores en las áreas ganaderas de media y alta montaña caracterizadas por una importante actividad estival del hombre y sus rebaños. Y lo mismo ocurre en los sectores mineros, donde la actividad se concentra en explotaciones con un entorno muy degradado, pero situado junto a espléndidos montes donde los usos ganaderos o forestales no pasan de ser anecdóticos.

 

Dentro del área de distribución cantábrica hay un fuerte contraste, tanto desde el punto de vista demográfico, como económico (actividades, renta per capita...) y territorial (uso del suelo, tipos y formas de poblamiento...). Los osos son capaces de habitar en sectores cantábricos de muy contrastadas características socioeconómicas. Se prueba así su capacidad de adaptación, seguramente en tanto se mantengan las condiciones básicas de alimentación y refugio.

 

Los osos han aprendido a convivir con las actividades rurales tradicionales y pueden tolerar muy bien los usos y los asentamientos humanos que conocen a la perfección. El contacto permanente entre los osos y las haciendas supone daños ocasionales. Tras analizar 1500 expedientes de daños correspondientes a toda la Cordillera Cantábrica y al periodo 1973-1990, se comprobó que el 58% correspondían a daños sobre el ganado, el 26% a colmenas y el 16% a distintos cultivos.

 

Un estudio centrado en 64 expedientes de daños ocasionados en Castilla-León entre 1983 y 1991, encontró que el 86% eran ataques al ganado, el 11% a colmenas y el 3% a cultivos. Los animales muertos son vacas (61%), seguidas de caballos (18%), ovejas (11%) y cabras (10%). En los Pirineos casi todos los ataques (91,5%) se producen sobre las ovejas. En el estudio de Castilla-León se intentó analizar la fiabilidad de los expedientes. Resultaron muy fiables (89%) los relativos a colmenas y cultivos, mientras que con los daños a la ganadería las cosas no estaban tan claras, y resultó que en más de la mitad de los expedientes (58%) la intervención del oso en la muerte de los animales era dudosa o muy dudosa. Esos resultados decían lo que en el campo se conoce bien: a veces, y especialmente en las zonas más conflictivas, se juzgan con excesiva benevolencia las reclamaciones de daños de oso. De hecho, es muy probable que los porcentajes de daños al ganado en la Cordillera Cantábrica estén sobreestimados, y bastantes expedientes atribuidos al oso tengan más que ver con animales muertos por otras causas y luego consumidos por el oso como carroña, o bien sean ataques de lobo.

 

En la Cordillera Cantábrica, las indemnizaciones por los daños atribuidos a los osos suponen al erario público aproximadamente 100.000 pesetas por oso y año. El 66% de los fondos pagan daños al ganado, el 20% a las colmenas y el 14% restante indemniza ataques a los cultivos. Las indemnizaciones se pagan con relativa rapidez y con cierta generosidad, y hoy día los daños del oso no parecen ser un problema de conservación, y no generan respuestas airadas o venganzas fatales.

 

La cohabitación entre humanos y osos genera algunas situaciones tensas con respuestas agresivas por parte de los osos. En Norteamérica y el norte de Eurasia, donde los osos pardos son más agresivos y de mayor tamaño, no es excepcional que los encuentros con personas terminen con serias heridas o con la pérdida de vidas humanas.

 

El comportamiento de los osos europeos se considera menos agresivo. Se argumenta para explicarlo que sus hábitos forestales le permiten ocultarse con mayor facilidad ante un peligro potencial que los osos norteamericanos, los cuales viven en medios abiertos. También se dice que en Europa, donde la fuerte incidencia del hombre sobre el medio es muy antigua, el oso se ha podido ir adaptando a un hábitat progresivamente transformado y a una presencia humana cada vez más próxima, gracias a que la supervivencia de los osos de menor tamaño y de actitud más temerosa sería más fácil que la de los osos más agresivos, que corrían mayores riesgos. Aún así, también en Europa se han registrado ataques mortales.

 

La variada casuística de las reacciones agresivas de osos contra humanos puede sintetizarse en cinco tipos de casos:  a) protección de los oseznos por parte de su madre, b) defensa de presa o carroña que consume el oso, c) encuentro fortuito a corta distancia, d) osos heridos o muy excitados por el hombre y e) ser tomado por una presa. Esta última causa es realmente excepcional. La auténtica depredación del oso sobre el hombre ha sido registrada en contadas ocasiones y parece que los protagonistas eran osos habituados a consumir alimento ligado a la presencia humana.

 

En el contexto de la Cordillera Cantábrica, lo  común es que los osos cantábricos salden sus encuentros con los hombres huyendo o alejándose sin mostrar comportamientos agresivos; y de hecho, los osos no despiertan ningún temor entre los habitantes de la cordillera. En los encuentros fortuitos a corta distancia pueden llegar a desencadenarse respuestas agresivas que serán habitualmente intimidatorias (cargas violentas que se detienen a corta distancia del intruso), pero suficientes para provocar un buen susto. Más rara vez la cosa llegará al contacto físico, con heridas que pueden llegar a ser severas, aunque no conocemos (en la memoria reciente) que el oso llegara a causar la muerte del hombre.

 

En los últimos diez años (1989-1999) se han confirmado diez casos de actitudes agresivas hacia personas, sin que ocurriera contacto físico en nueve de ellos, y saldándose con un hombre herido grave en el restante. En todas las ocasiones el detonante del comportamiento agresivo fue la excesiva proximidad de los humanos a los plantígrados, que resolvieron la situación cargando por espacio de algunos metros contra el intruso. Siete de las cargas fueron protagonizadas por osas con crías, que sin duda buscaban proteger a su camada, y en las tres restantes los responsables fueron ejemplares solitarios sorprendidos a corta distancia, en dos de los casos cuando se alimentaban en carroñas de ciervos, y en el tercero cuando reposaba en su encame.

 

Las reacciones agresivas ante el hombre suceden de forma tan esporádica, que a los habitantes de la Cordillera Cantábrica el oso no les despierta un temor o un odio especial. Los paisanos conocen perfectamente que el oso está en sus montes, encuentran sus huellas, rara vez tienen la oportunidad de verle y sufren de cuando en cuando los daños que provoca en sus propiedades, pero no le temen ni adoptan precauciones especiales cuando recorren la montaña.

 

3. Problemas y estrategias de conservación

 

A nivel mundial muchas poblaciones de oso pardo se enfrentan a crecientes amenazas de pérdida y fragmentación del hábitat, limitaciones demográficas y pérdida de diversidad genética. En España, junto a Italia, Francia y algunos países asiáticos, viven las poblaciones de osos pardos más amenazadas del mundo. La trascendencia que tendría la extinción de los osos españoles se agrava si consideramos que son los únicos representantes puros de una de las tres líneas evolutivas del oso pardo en Europa y de las cinco que parecen existir en el mundo.

 

Los factores de amenaza más importantes son la muerte de osos causada por personas, la pérdida y fragmentación del hábitat y el escaso número de ejemplares que facilita que ocurra la extinción como resultado del azar.     

 

En la Cordillera Cantábrica, las acciones para la conservación de los osos se enmarcan en los Planes de Recuperación. La ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres, exige la redacción de Planes de Recuperación para especies catalogadas como En peligro de extinción, categoría en la que el Real Decreto 439/1990, de 30 de marzo, por el que se regula el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, incluye al oso pardo. La elaboración y aprobación de dichos planes corresponde a las Comunidades Autónomas.

 

Disponiendo de información básica sobre la ecología y la problemática del oso, y con la base legal  que proporciona la Ley 4/1989, se inició el proceso de elaboración de los Planes de Recuperación por parte de las Comunidades Autónomas cantábricas. Actualmente las cuatro comunidades oseras tienen Planes vigentes. Su orden de aprobación fue: en Cantabria, por Decreto 34/1989, de 18 de mayo; en Castilla-León, Decreto 108/1990, de 21 de junio; en Asturias, Decreto 13/91, de 24 de enero; y en Galicia, Decreto 149/1992, de 5 de junio. 

 

Sin embargo, tras una década de aplicación de los Planes, no han sido resueltos satisfactoriamente objetivos estratégicos como son eliminar la muerte de osos causada por personas, o garantizar la conectividad entre los núcleos reproductores, o evitar la pérdida de hábitat de calidad.

 

Probablemente los Planes pecan de ser demasiado orientadores, predominando las directrices sobre las actuaciones concretas. No siempre las directrices han sido desarrolladas con planes específicos o con las normativas necesarias. En alguno de los casos en que esto ha ocurrido, luego ha faltado interés o voluntad política para actuar.

 

Esto no quiere decir que los Planes sean instrumentos poco útiles y su existencia seguro que ha contribuido a evitar impactos en el hábitat osero, ha mejorado la preparación y equipamiento de las guarderías, ha promovido la imprescindible coordinación entre todas las administraciones concernidas, ha facilitado el desarrollo de programas de sensibilización e investigación y ha estimulado otras acciones de conservación.

 

Probablemente sea un buen momento para revisar global y colectivamente el nivel de aplicación de los planes, así como sus objetivos principales y secundarios, a la luz de la experiencia adquirida y de los conocimientos incorporados, y considerando que la percepción social del oso y el conocimiento de su problemática ha mejorado incluso en el medio rural.

 

La aprobación de la Estrategia para la Conservación del Oso Pardo Cantábrico por la Comisión Nacional de Protección de la Naturaleza el pasado 19 de octubre, inicia el proceso de renovación de los Planes, estableciendo para todos ellos una estructura común. En la Estrategia se indican directrices y medidas para orientar las revisiones de los Planes de Recuperación que tendrán que ser más concretos en sus actuaciones de conservación que los anteriores, e incorporar un sistema de prioridades para abordar en primer lugar las amenazas principales. Los nuevos Planes deberían de organizarse identificando la situación deseable con respecto a cada factor que afecte a la recuperación de los osos (eliminar la caza furtiva, mantener o mejorar la calidad de hábitat, conseguir el apoyo social, asegurar la conectividad entre núcleos y establecer métodos de seguimiento correctos), diseñando las acciones priorizadas necesarias, estableciendo plazos e identificando a los responsables (organismos públicos, ONGs) de abordar las actuaciones. 

 

La finalidad de esta Estrategia es asegurar la viabilidad a largo plazo de las poblaciones cantábricas de oso, incrementando su número poblacional y su distribución, con las limitaciones inherentes a la coexistencia con las comunidades rurales y su desarrollo socio-económico, y sólo será alcanzada si se cumplen los siguientes objetivos principales:

 

1.      reducir el número de osos matados por personas,

2.      conservar y mejorar el hábitat,

3.      asegurar la conectividad entre poblaciones y núcleos de población, y

4.      garantizar el apoyo público a la conservación del oso.

 

El cumplimiento eficaz de esta Estrategia pasa necesariamente por una coordinación entre todos los sectores involucrados y por la voluntad de los diferentes responsables de su aplicación de trabajar por un objetivo común, asumiendo y cumpliendo cada uno de sus compromisos. Sólo así este documento contribuirá verdaderamente a garantizar la conservación del oso cantábrico.