Publicaciones de Biología de la Universidad de Navarra, Serie Zoológica, 26: 101-127, 2000

 

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EL LOBO EN SIERRA MORENA: ESTADO ACTUAL, AMENAZAS Y MEDIDAS DE CONSERVACION

 

Joaquín Muñoz-Cobo, Concepción Azorit, José Antonio Calvo & Rafael Carrasco

 

Departamento de Biología Animal, Vegetal y Ecología, Facultad de Ciencias Experimentales, Paraje Las Lagunillas s/n, 23071 Jaén. E-mail: jmcobo@ujaen.es

 

 

1. INTRODUCCION

 

            El lobo (Canis lupus) se ha distribuido por casi toda la Península Ibérica hasta principios del siglo XX (Madoz, 1845-1850; Martínez Reguera, 1881; Delibes, 1990). Esto se explica por la presencia de un hábitat poco alterado y la utilización de técnicas rudimentarias para su captura.     Las condiciones del hábitat fueron cambiando en el transcurso del siglo XX hasta nuestros días. En Andalucía, además de las áreas transformadas, se han mantenido otras casi inalteradas. Normalmente son zonas marginales donde tradicionalmente la accesibilidad para el hombre ha sido difícil y de bajo interés para la agricultura. La Desamortización propició la existencia de grandes extensiones de propiedad privada en determinadas sierras, como Sierra Morena, dedicadas a la caza mayor.

 

El grado de desarrollo desigual en la geografía del sur de España ha permitido que aún permanezca un alto porcentaje del territorio más agreste, en condiciones generalmente bien conservadas. No obstante, la política forestal, poco acertada de las décadas pasadas, dejó su huella.

 

            El lobo ha sido considerado a lo largo de la historia de forma diferente por la legislación española, desde un periodo en el que se buscaba su exterminio, hasta la actualidad en que es una especie protegida por el Convenio Internacional relativo a la Conservación de la Vida Silvestre y del Medio Natural (Convenio de Berna). La Directiva de Hábitat de la Unión Europea declara estrictamente protegidas en la Península Ibérica las poblaciones de lobo existentes al sur del Duero. Para nuestro país, la especie se encuentra en el Anexo II del Real Decreto 1997/1995, que establece medidas para contribuir a garantizar la biodiversidad mediante la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres. De acuerdo con este Real Decreto, las Comunidades Autónomas deben declarar zonas especiales de conservación para todas las especies incluidas en el Anexo II. En Andalucía el lobo se encuentra protegido en virtud de lo dispuesto en el Artículo 2 del Decreto 4/1986 de 22 de Enero, por el que se amplía la lista de especies protegidas y se dictan normas para su protección.

 

Los estudios científicos sobre el lobo en esta región proceden, por regla general, de investigaciones para toda España (Cabrera, 1914; Valverde, 1971; Delibes, 1990; etc.), en las que no es analizada con detalle la situación de la especie en Sierra Morena. Podemos decir que los datos más fiables sobre la distribución y población de Sierra Morena corresponden a 1988 (Blanco et al., 1990). Hay que citar también el trabajo inédito de Morillo en 1973, y el realizado en Sierra Morena Oriental de Jaén por Ruiz (1987).

 

            La población actual de lobos en Andalucía se encuentra en núcleos reducidos, lo que junto al desconocimiento de la zona y la dificultad de prospectarla usando métodos apropiados, han inducido en los últimos años a distintos autores a publicar en artículos divulgativos (como Montero, 1997; Anónimo, 1998; Van Der Berg, 1998) o comunicaciones (Abad et al., 1997, 1998; Llaneza et al., 1997; Alonso et al., 1999; Palacios, 1999; Barea et al., 1999) que el lobo ha desaparecido de Sierra Morena, o no se conoce su reproducción. Según Blas et al. (1999) la extinción ocurrió en 1983, en función del análisis de los trofeos de lobos abatidos y homologados.

 

            Ante la necesidad de esclarecer el estado real de la población del lobo en Andalucía para elaborar el Plan de Conservación, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y la Universidad de Jaén firmaron en 1998 un acuerdo específico, dentro del Convenio Marco de Cooperación suscrito entre ambas partes, para realizar el proyecto "Bases para la elaboración del plan de conservación del lobo (Canis lupus) en Andalucía".

 

 

Figura 1. Ubicación de Sierra Morena (zona sombreada) en la Península Ibérica.


En el periodo de investigación transcurrido se ha constatado la presencia del lobo en Sierra Morena, como queda reflejado en Muñoz-Cobo et al. (1999), Boitani (1999), en la comunicación presentada por uno de los firmantes en el Seminario Sobre Gestión y Conservación del Lobo en España (organizado por el Ministerio de Medio Ambiente en junio de 1999) y en artículos divulgativos (Muñoz-Cobo, 1999; Arberas et al., 1999; Blanco, 2000; Muñoz-Cobo, 2000). Además, un ejemplar de lobo (una hembra preñada con siete cachorros) fue encontrado muerto en febrero de 1998. Sus características biométricas y el análisis genético mediante ADN mitocondrial indica la pureza de lobo, al menos por vía materna.

 

2. ÁREA DE ESTUDIO

 

            La distribución del lobo conocida hasta el momento en el sur de España abarca Sierra Morena. Esta sierra se encuentra al norte del río Guadalquivir, en la zona septentrional de la Comunidad Autónoma de Andalucía, continuándose por el sur de la provincia de Ciudad Real (Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha) y la zona más meridional de la Comunidad Autónoma de Extremadura, llegando a penetrar en Portugal (Figura 1). Constituye una auténtica frontera natural entre la meseta y el valle del Guadalquivir.

 

 

En Sierra Morena domina el sustrato silíceo, con suelos pizarrosos y graníticos, y en ciertas zonas afloramientos de cuarcitas. La orografía montañosa denota su antigüedad por las bajas cotas y cumbres suaves. No obstante son característicos los profundos barrancos por los que discurre una importante red fluvial.

 

 

 

Desde el punto de vista biogeográfico, la zona de estudio queda enmarcada en la región Mediterránea, dentro de la provincia Corológica Luso-Extremadurense, sector Mariánico-Monchiquense, subsector Marianense (Rivas Martínez, 1982). El estrato arbóreo está constituido esencialmente por encinas (Quercus rotundifolia), alcornoques (Quercus suber), quejigos (Quercus faginea), y en algunas zonas melojos (Quercus pyrenaica). El matorral mejor conservado lo integran madroños (Arbutus unedo), lentiscos (Pistacea lentiscus), acebuches (Olea europeae silvestris), y son característicos los extensos jarales de Cistus ladanifer, con coberturas de más del 90%. También se encuentran masas forestales de coníferas, resultado de repoblaciones con pino resinero (Pinus pinaster) y pino piñonero (Pinus pinea). Las riberas están constituidas por sauces (Salix sp.), alisos (Alnus sp.) y fresnos (Fraxinus sp.), acompañados por una orla arbustiva de zarzas y lianas (Smilax sp.). En los márgenes de los cauces con fuerte estiaje aparecen formaciones de adelfas (Nerium oleander) y tamujos (Securinega tinctoria).

 

            En cuanto a la fauna, Sierra Morena constituye aún uno de los enclaves con mayor diversidad faunística, entre la que destacan especies tan emblemáticas como el águila imperial (Aquila adalberti), la cigüeña negra (Ciconia nigra), el buitre negro (Aegypius monachus), el lince (Lynx pardina), la cabra montés (Capra pyrenaica), el meloncillo (Herpestes  ichneumon), la nutria (Lutra lutra), y una larga lista de especies, que hacen de este entorno natural una de las regiones de España con mayor valor ecológico.

 

La zona se ha caracterizado siempre por un vacío demográfico, debido en parte a las características del suelo, que le confiere una pobre capacidad agrícola. Esto determinó su tradicional uso ganadero y cinegético, con escasa modificación de la cobertura vegetal. Además, en las últimas décadas ha existido un declive de la densidad de población muy acusado. La densidad media de población en la actualidad es 1,2 personas por cada 1000 hectáreas.

 

            Las fincas de Sierra Morena se dedican fundamentalmente a la actividad cinegética sobre ungulados silvestres, aunque en algunas de ellas los alcornoques (Quercus suber) alcanzan cierta densidad, y suponen un ingreso económico importante. Por tanto, la explotación de las fincas se basa en la caza (mayor y menor), los recursos forestales (corcho, madera, carbón, piñón, setas, etc.) y la ganadería. La caza mayor es el uso más extendido y el principal, siendo la montería la modalidad de caza tradicional, en la que se pueden cazar especies como ciervo, jabalí, gamo y muflón.

 

            El análisis sobre la propiedad de la tierra, que hemos efectuado para el área de distribución conocida actualmente del lobo en Sierra Morena, refleja que la mayor parte (82,5% de la superficie) de la propiedad es privada. La Administración es dueña del restante 17,5%, por lo que es lógico pensar que para la conservación del lobo y de cualquier otra especie de la fauna existente, hay que contar con el apoyo de los propietarios de las fincas privadas. Por todo ello, realizar trabajos de investigación en Sierra Morena supone un proceso lento y complejo, en el que se han de tramitar los permisos correspondientes para entrar en las fincas. Si no se conoce la zona y la mentalidad de cada uno de los sectores implicados en la gestión de las fincas (propietarios, arrendatarios de la caza, guardas, etc.), es realmente muy complicado realizar cualquier trabajo de investigación sobre el medio natural, y más aún sobre el lobo.

 

3. MATERIAL Y METODOS

 

            En la primera fase del trabajo se realizó una revisión bibliográfica de toda la información existente sobre el lobo en la zona de estudio, consultando libros de caza (Morales, 1904; Chapman & Buck, 1910; Muñoz-Cobo Ayala, 1913; Aguayo, 1986, 1993; Urquijo, 1987, 1988; Benavente, 1994; etc.), artículos divulgativos de revistas de caza (López Ontiveros et al., 1990), artículos y libros científicos (Cabrera, 1914; Ruiz 1986, 1987; Reig et al., 1992; Delibes, 1990; Blanco, 1990; Muñoz-Cobo, 1991; Blanco et al., 1992; Muñoz-Cobo, 1994; etc.), informes de la Administración inéditos (Morillo, 1973) y otros libros relacionados (Madoz, 1845; Martínez de la Reguera, 1881; Ministerio de Agricultura, 1963; Araque & Gallego, 1995; Gragera, 1996; etc.). Estos datos, junto a las citas existentes en cuadernos de campo de miembros del equipo de investigación de 1970 a 1997, nos aproximan a la distribución del lobo en buena parte de Sierra Morena en los últimos 150 años.

 

            Con estos conocimientos ya se pudo planificar el muestreo de campo y priorizar las zonas en las que debían iniciarse el trabajo de campo, que se dividió en muestreos y entrevistas.

 

1.       Los muestreos se realizaron en las fincas de Sierra Morena en las que previamente se había solicitado y concedido permiso de acceso. Los muestreos fueron de dos tipos:

 

a)       Muestreos al azar. En ellos incluimos los itinerarios realizados a pie, las escuchas de aullidos y las reproducciones de aullidos.

 

b) Muestreos en zonas con presencia. Son realizados en puntos en los que se tenía conocimiento de la presencia muy reciente del lobo por entrevistas (ataque a ovejas, visualizaciones de lobos o de rastros, escuchas, etc.). De igual modo se realizaron itinerarios a pie, escuchas y reproducciones de aullidos.

 

En los muestreos se recopiló gran cantidad de información por parte de los componentes del equipo investigador. Además de la fecha, localización y distancia recorrida, se anotó un alto número de variables relacionadas con el lobo: huellas, excrementos, ungulados salvajes y ganado doméstico abatidos o atacados por él, aullidos, mallas cinegéticas y pelos encontrados. Todo ellos nos da una idea del área de distribución, de los grupos, las zonas de cría y la problemática que rodea a la especie.

 

2. Las entrevistas se realizaron a personas relacionadas con la especie (guardas privados de caza, guardas forestales, propietarios de fincas, arrendatarios, pastores, cazadores, etc.), que aportaron citas de presencia de lobo, tanto de épocas anteriores como recientes. No todas son válidas, y hay que ser riguroso a la hora de escoger y almacenar la información. La selección se realizó en función del grado de veracidad. Los datos procedentes de entrevistas siempre se contrastaron con diferentes fuentes de información, para confirmarlos.

 

Los datos obtenidos de la revisión bibliográfica, muestreos de campo y entrevistas, fueron clasificados e incluidos en soportes informáticos (bases de datos y hojas de cálculo). A continuación, con los distintos bloques de información, se realizó un estudio por separado, seguido de un análisis integrado de los resultados.

 

Hasta ahora se ha solicitado permiso para entrar en 159 fincas, que suman una superficie de 252.879 hectáreas. Hasta ahora se han obtenido 60 permisos, que equivalen a 137.018 hectáreas, es decir, en la actualidad se puede entrar en más de la mitad (54,2%) de la superficie solicitada. En la actualidad se ha prospectado el 80,1% de esta superficie, lo que supone una extensión de 109.792 hectáreas, correspondiendo el mayor esfuerzo de muestreo a la provincia de Jaén (Tabla 1).

 

 

jaen

cordoba

total

Fincas a las que se ha solicitado permiso

59

123.712 Ha

100

129.167 Ha

159

252.879 Ha

Fincas que han concedido permiso

30 (50,8%)

79.900 Ha (64,6%)

30 (30,0%)

57.118 Ha (44,2%)

60 (37,7%)

137.018 Ha (54,2%)

Fincas muestreadas

27 (45,8%)

74.930 (60,6%)

20 (20,0%)

34.862 Has (26,9 %)

47 (29,6%)

109.792 Has (43,4%)

 

Tabla 1. Datos numéricos (y porcentajes) relacionados con la petición de permisos para entrar en fincas de Sierra Morena (provincias de Jaén y Córdoba).

 

 

Para la recogida de datos hemos tenido que desplazarnos a la zona objeto de estudio en automóvil, recorriendo un total de 36.581 km desde el 22.12.97 hasta 10.2.2000. Se han realizado un total de 361 entrevistas a personas relacionadas con la especie (Tabla 2), que han aportado citas de presencia de lobo.

 

 

entrevistados

numero

Guardería de fincas públicas

61

Guardería de fincas privadas y caseros

78

Dueños de fincas y arrendatarios

54

Pastores

21

Cazadores legales e ilegales

38

Funcionarios de Ayuntamientos e historiadores

16

Otros (veterinarios, taxidermistas, Guardia Civil, etc.)

93

Total

361

Tabla 2. Personas entrevistadas relacionadas con el lobo en Sierra Morena.

 

 

La distancia total recorrida por nuestro equipo investigador en itinerarios a pie es de 1581 km. Las audiciones en puntos fijos, así como la reproducción con señuelos auditivos, se han llevado a cabo, hasta la fecha, en diferentes puntos en 52 ocasiones, con un tiempo total invertido de 213 horas.

 

4. RESULTADOS

 

El proyecto concluye en Diciembre de 2000, por lo que el trabajo aún está incompleto, aunque ya se tiene una idea muy aproximada de la distribución, problemática y las posibles medidas de conservación.

 

Desde diciembre de 1997 se han visto lobos en 71 ocasiones (con una media de 2,14 individuos por observación), y se han escuchado aullar en otras 66. Las citas de presencia (contrastadas) procedentes de entrevistas que hacen mención a los dos últimos años suman un total de 357 datos.

 

Se ha calculado un índice de abundancia para todos los itinerarios. El índice de abundancia indica la relación de proporcionalidad entre los rastros dejados por una población en sus actividades naturales y la densidad de población que las ha producido (Tellería, 1986). Diferenciaremos dos zonas por el desigual esfuerzo de muestreo realizado en ambas. La primera, en Sierra Morena Oriental de Andalucía (N-O Jaén y E de Córdoba), donde se han recorrido 1.490 km, proporcionó un índice kilométrico de abundancia (IKA) de 0.05235, quedando aún zonas sin prospectar. La segunda, estudiada de forma muy preliminar, es Sierra Morena Central (O Córdoba, E Sevilla), donde se han realizado numerosas entrevistas a guardas privados, forestales, dueños de fincas, etc. Pero el trabajo de campo es inicial (se han recorrido sólo 91,5 km en itinerarios distintos), y el valor del índice kilométrico de abundancia en esta zona es 0.02186.

 

Se han escuchado aullar lobos en 2 ocasiones de forma nítida. En 19 prospecciones en zonas donde tuvo lugar un ataque a ganado doméstico, se encontraron 33 rastros, principalmente huellas. Tras un ataque son muchos los datos que se pueden obtener al visitar la zona del suceso con rapidez, como la estrategia de captura utilizada, número de individuos que participó, tamaños de los componentes del grupo, etc.

 

Los resultados se han dividido en tres apartados que están en estrecha relación unos con otros: a) distribución actual, b) amenazas para la conservación, y c) medidas de conservación.

 

4.1. Distribución actual

 

Nuestro estudio, a través de muestreos de campo, entrevistas personales, daños a ganaderos, etc., confirma la presencia del lobo en Andalucía. Basándonos en los datos obtenidos en los últimos años, diferenciamos dos zonas con ocupación estable. La primera, entre Sierra Morena de Sevilla y el área Occidental de Córdoba, y la segunda entre Sierra Morena Oriental de Córdoba y porción Occidental de Jaén. En Huelva no existen citas recientes de poblaciones estables, aunque esto no quiere decir que haya dejado de habitar la especie (Figura 2).

 

 

Los resultados obtenidos indican que en los últimos años se ha producido un leve incremento del área de distribución propuesta por Blanco et al. (1990), y del número de individuos de esta escasa población. Así, se puede observar este leve incremento en Sierra Morena Oriental de Andalucía al representar la evolución de las observaciones directas (contrastadas) de lobo y de los ataques al ganado doméstico denunciados al AMA desde que en 1986 fue declarada especie protegida (Figura 3).

 

El último estudio realizado (Blanco et al., 1990) estimaba que en Sierra Morena Oriental (provincias de Ciudad Real, Jaén y Córdoba) había entre 6 y 10 grupos, y que el número de lobos era el doble en Ciudad Real que en Jaén, es decir, las provincias de Jaén y Córdoba podrían albergar de 2 a 4 grupos. Si consideramos acertada esta estimación, la población ha experimentado desde 1990 un incremento hasta los 6-7 grupos estimados por nosotros en la actualidad. En el núcleo de población del oeste de Sierra Morena cordobesa hemos estimado la presencia de 2-3 grupos, cifra ligeramente mayor que la publicada por Blanco et al. (1990).


 

Figura 3. Número de ataques al ganado doméstico en Sierra Morena Oriental comparado con las veces que se han observado los lobos.

 

 

La distribución del lobo está sufriendo continuos cambios. El número de ejemplares, las fluctuaciones locales y la gran capacidad de desplazamiento de la especie pueden provocar que zonas fuera del área de distribución definida sean recorridas por algún ejemplar en un momento dado, y zonas consideradas dentro del área de distribución no sean pisadas por los lobos en años.

 

La zona de Sierra Morena estudiada por nosotros mantiene, en su mayor parte, unas características muy favorables para la presencia de lobos y, por tanto, para la conservación de la especie, de modo que posiblemente sea la región más adecuada para este cánido (en cuanto a sus requerimientos ecológicos) de toda la Península Ibérica. Entre los factores positivos que se pueden indicar, destacan la elevada cobertura vegetal, ausencia de núcleos de población, baja densidad de población rural (0,1135 habitantes/km2), elevada disponibilidad de alimento (densidades de ciervos de las mayores de Europa, con valores medios entre 36,2 y 60,9 ciervos/100 Ha, con máximas de 98,3 ciervos/100 Ha, Azorit et al., 1998), y escasa red de carreteras asfaltadas (el Indice de Carreteras Asfaltadas alcanza el valor de Ic=0,16, resultado del cociente entre los kilómetros de carreteras asfaltadas y los kmde superficie total considerada).

 

Estos datos revelan la alta potencialidad de esta zona para el lobo, lo que puede suponer la existencia de áreas de campeo menores de las que se observan en otras regiones.

 

4.2. Amenazas para la conservación de la especie

 

La animadversión que el hombre ha tenido al lobo desde tiempo inmemorial se mantiene aún en la mayoría de las regiones españolas por las que se distribuye la especie. Esta actitud negativa se incrementa en las personas que conviven con el lobo en zonas alejadas de núcleos de población. El resto de los ciudadanos, urbanos, no relacionados directamente con el lobo, lo suelen considerar hoy en día un animal atractivo, salvaje y mítico, que habrá que mantener, al igual que otros animales, en grandes Reservas y Parques gestionados por la Administración.

 

A lo largo de este siglo se ha provocado una auténtica revolución en los usos de la tierra de varias regiones montañosas españolas. Los Montes de Toledo, las sierras extremeñas y Sierra Morena pasaron de tener como aprovechamiento tradicional y principal, el forestal (leña y carbón), el ganadero y la caza (mayoritariamente la menor), a un aprovechamiento dirigido fundamentalmente a la explotación de la caza mayor, con la creación de un gran número de cotos con guardería privada. Junto a este uso predominante, se dieron tres circunstancias que han marcado una profunda huella en estas regiones y que tienen relación con la conservación del lobo: la repoblación forestal con coníferas y eucaliptos, la aparición de la mixomatosis (que diezmó las poblaciones de conejos, un recurso alimenticio importante para los lobos), y la creación de las Juntas Nacionales de Extinción de animales dañinos (que fomentó la persecución de los lobos, debido a las altas primas que se obtenían de los Ayuntamientos y ganaderos).

 

A partir de los años 70 se intensificaron los cotos de caza mayor, se aumentó la vigilancia mediante guardería privada, se mimaron los ciervos, instalándose cercas para impedir que salieran de los cotos. En esa década se comenzaron a introducir muflones y gamos (en algunas fincas ya se habían introducido en la década anterior). La consecuencia fue el incremento en la persecución del lobo en estos cotos, debido a los daños directos o indirectos que causaban en los ungulados cinegéticos. En esos años desapareció el lobo de los Montes de Toledo y se hizo muy raro en las otras regiones, desapareciendo de amplias zonas de Sierra Morena. Aunque el lobo estaba considerado como especie de caza mayor y era pieza codiciada por los cazadores, no compensaba mantenerlo en las fincas, bajo el punto de vista coste-beneficio, con lo que la especie quedó con un número de individuos muy reducido y con poblaciones aisladas.

 

            Ante esta dramática situación del lobo, el Gobierno andaluz le concedió el status de especie protegida en 1986. Sin embargo, esta protección no hizo cambiar la actitud de arraigada animadversión hacia él en muchas personas. Además, los núcleos de Sierra Morena tenían áreas de campeo en otra Comunidad Autónoma (Castilla-La Mancha) en la que la especie no ha sido considerada como protegida hasta 1998.

 

Amenazas en la actualidad

 

La mayoría de los problemas de conservación del lobo derivan de su competencia por los recursos del hombre, ya sean ganaderos o cinegéticos, lo que conlleva una persecución directa. No obstante, existen otros problemas derivados del uso de las fincas, como la caza, la guardería, las cercas, etc. O de tipo biológico, como son la escasa población de lobos y las amplias áreas de campeo, que provoca el paso de lobos por zonas sumidero. Otro factor negativo de suma importancia es el aislamiento de esta población (junto con la de Ciudad Real) frente a otras situadas muy al norte. Otros factores pueden tener mayor incidencia en un futuro próximo, como aumento de los núcleos de población humana de segunda residencia, aumento del turismo de interior e incremento de las vías de comunicación.

 

1.       Competencia con el hombre por intereses ganaderos.

 

En el área ocupada por el lobo en Sierra Morena la cabaña ganadera de ovino y caprino ha disminuido en las últimas décadas hasta convertirse en casi insignificante. La mayoría de las fincas carecen de ganado doméstico. A lo sumo se le permite al guarda de la finca tener cierto número de cabezas, que no suele llegar al centenar, y que ayudan en la economía familiar.

 

La mayoría del ganado ovino se concentra en un reducido número de fincas, con superficies de 30 a 200 Ha, que tienen como explotación principal la cría de ovejas, con un número de cabezas variable en función de la extensión. Estas explotaciones se encuentran en aumento, debido a la rentabilidad proporcionada por la venta de corderos y por las subvenciones que ofrece la Unión Europea.

 

Los ataques de lobos al ganado muestran un desigual reparto, en función de determinados factores, entre los que destaca la situación del ganado y su vigilancia. En algunos casos las muertes superan el 50% del ganado en un año. En otras fincas mataron entre el 15% y el 40%, valores muy altos para lo que suele ser habitual. En fincas con elevado número de ovejas, las muertes por lobos supusieron el 2,6%, valor que, aunque alto, está más próximo a los habituales, como ocurre en Asturias (1,8%, García-Gaona et al., 1990), Cantabria (1,2% para ovino y 0,7% para caprino, Fernández et al., 1990) y Burgos (0,3%, Blanco et al., 1990).

 

El ganadero se ve dañado no sólo por la pérdida de individuos, sino también por el trabajo de buscar los despojos, y reunir y contar el resto de las ovejas. Posteriormente ha de dar parte del daño ocasionado a la guardería de la Consejería de Medio Ambiente, y acompañar e informar a los Agentes de las características del ataque, para rellenar el parte de indemnizaciones, lo que le acarrea problemas añadidos. Además, suelen quejarse de la gran tardanza en ser indemnizados (generalmente un año o más), y de no ser compensados por el ganado desaparecido, ni por desequilibrio que sufren en su cabaña de ganado, que tarda un tiempo en recomponer. Aún sabiendo que cobrarán las indemnizaciones de la Consejería de Medio Ambiente de Andalucía, estos daños hacen que afloren sentimientos de represalia contra los lobos.

 

En ocasiones, dadas las circunstancias en que se han producido, su localización, etc., los ataques son achacados a perros. Se ha de extremar la precaución en dicho diagnóstico, ya que si realmente los causantes de la agresión hubiesen sido los lobos, los ganaderos tratarían de eliminarlos, al no verse  respaldados por el informe negativo del Guarda forestal. A este respecto es necesaria una gran cautela, porque se observan ataques en zonas que hace tiempo no se conocía la presencia de lobos y es fácil que exista la tendencia a confundirlos con perros. Esta circunstancia se viene repitiendo en algunas zonas del área de estudio, en las que conocemos la existencia de ataques no denunciados porque los ganaderos desconocen las indemnizaciones que la Consejería de Medio Ambiente tiene establecidas, o por la tendencia de la guardería forestal de achacarlos a perros.

 

2. Competencia con el hombre por intereses cinegéticos.

 

Consideraremos en este apartado las personas más directamente relacionadas con las fincas, porque tienen intereses económicos directos y/o poseen un mayor conocimiento de ellas. Son, por tanto, los guardas privados, los dueños de las fincas y los arrendatarios de la caza.

 

2.1. Guardería privada. En la actualidad, al igual que hace unos años, la gestión del lobo la llevan a cabo los guardas particulares de los cotos. De hecho hay rumores de lobos matados recientemente por ellos. Son quizá la clave para la conservación de la especie en Sierra Morena. Buena parte de los guardas han nacido y se han criado en la zona, desde pequeños han vivido la persecución del lobo, y conocen los métodos de captura, por haberlos usado. El conocimiento muy exacto de las fincas que guardan, así como de las querencias de la especie, hace que sean muy eficaces a la hora de perseguirlos (Urquijo, 1987). Por tanto, hacia ellos deben ir dirigidas en buena parte las medidas de conservación del lobo en Sierra Morena. Por otra parte, esta guardería se encuentra totalmente impune, ya que rara vez son vigilados por la Guardia Civil o por la guardería de la Administración, haciendo cuanto quieren dentro de la finca.

 

El interés que tiene la guardería en eliminar a los lobos viene derivado de los daños que les ocasionan al ganado propio, y de las molestias que ocasionan a las especies cinegéticas. Ante el temor de que la montería no tenga el éxito deseado, emplean los medios a su alcance contra los lobos para garantizar buenos resultados. En ocasiones son los organizadores de la montería, los dueños de las fincas, o los arrendatarios, quienes transmiten esa preocupación.

 

2.2. Los dueños de los cotos. Su actitud con respecto al lobo es variable, pero no excesivamente contraria a su presencia. Muchos de ellos añoran los tiempos en que era especie cinegética. Algunos la tienen como una especie cuya presencia denota el buen estado natural y primitivo de la finca y, por tanto, se enorgullecen de mantenerla. Otros manifiestan su malestar por los daños que causan sobre las crías y adultos de ciervo, jabalí, gamo y muflón, y por no existir indemnizaciones para este tipo de daños. El descubrimiento por la guardería particular de especies cinegéticas matadas por lobos es un hecho frecuente, pero difícil de demostrar. Esto es debido a que en pocas horas el cadáver es acabado de consumir y disgregados los restos por buitres, zorros y jabalíes, haciendo sumamente difícil reconocer que los causantes de la muerte fueron los lobos.

 

No obstante en muchos casos los propietarios no se quejan tanto de las pérdidas producidas por los lobos en número de ungulados cinegéticos, sino más bien por el hecho -o la creencia- de que al encontrarse el lobo en una mancha, las piezas de caza se concentran en unas zonas de la finca, quedando otras desprovistas de individuos. La consecuencia, en el momento de la montería, es que o bien se matan "demasiadas" piezas o, por el contrario, "muy pocas", con lo que la montería resulta un fracaso. En este punto es conveniente aclarar la utilización del lobo como excusa que hacen los organizadores de cacerías ante monterías de resultados mediocres.

 

La extensión de las fincas de caza mayor no suele superar las 2000 Ha, habiendo un número bajo de fincas con superficie mayor de 5000 Ha. Si consideramos que el área de campeo de un grupo familiar de lobos suele superar las 10000 Ha (Vilá, 1993), puede decirse que la presencia en una determinada finca no es constante, sino esporádica.

 

Pero otra de las preocupaciones de los dueños de cotos de caza mayor es la curiosidad que despierta el lobo en los grupos conservacionistas, periodistas y amplios sectores de la sociedad. Los dueños huyen de esa notoriedad para su finca por las molestias que esto les acarrea y, en definitiva, por la pérdida de intimidad en su propiedad. Esta situación genera una impermeabilidad de la finca a la entrada de otro tipo de guardería que no sea la propia. Por tanto, es sumamente difícil impedir acciones ilegales. La lógica preocupación de los grupos conservacionistas por conocer el estado de conservación de determinadas especies, hace que entren en las fincas sin contar con el correspondiente permiso. El resultado, por lo general, es enojar a la guardería y crear recelo y animadversión por el colectivo de conservacionistas y por las causas que hicieron que estos se interesasen por la finca, que en definitiva era la posible presencia de determinadas especies de fauna, normalmente emblemáticas.

 

Un caso especial es el de los nuevos dueños de fincas, sin arraigo familiar hacia ellas y, por tanto, más propensos a alterar las condiciones encontradas en éstas, con afán de sacar mayor rentabilidad, desconociendo las limitaciones de las fincas.

 

En líneas generales los dueños de las fincas privadas se sienten perjudicados sin percibir ningún incentivo para conservar el lobo.

 

2.3. Arrendatarios de la caza. En ocasiones la gestión de las fincas y su aprovechamiento cinegético están arrendados a segundas personas, por un tiempo determinado de años o sólo para dar la montería. En el primer caso, toda la gestión la lleva a cabo el arrendatario y la guardería de la finca, quedando al margen el dueño. Es una situación en la que a toda costa se han de rentabilizar los gastos, y por tanto, ante posibles molestias de lobos y ante un posible fracaso de las monterías, tratarán de eliminarlos. La otra situación suele acarrear menos problemas en la conservación del lobo, ya que se contrata una determinada montería, pero toda la gestión previa corre a cargo del dueño, auxiliado por la guardería.

 

Otros factores que inciden en la conservación del lobo en Sierra Morena están relacionados con la presencia de especies cinegéticas introducidas, cercados cinegéticos, sistemas de caza, control de depredadores etc.

 

3. Especies introducidas.

 

Dentro de las especies cinegéticas, en Sierra Morena los lobos tienen preferencias hacia la depredación de muflones, ya que esta presa es más fácil de cazar por su tamaño y etología. Esto origina actitudes negativas hacia el lobo por parte de los dueños, arrendatarios y guardas de fincas en las que se encuentra esta especie, aduciendo que han invertido importantes sumas de dinero para su introducción en los cotos. Parece claro, pues, que antes de introducir muflones en dichas fincas existió una labor de exterminio de lobos, habitual en la época (Arenzana et al., 1965), y que en la actualidad puede continuar.

 

4. Cercas cinegéticas.

 

Aunque científicamente no parece estar comprobada la incidencia directa de las cercas cinegéticas sobre la movilidad del lobo (Urquijo, 1987), sí ha podido ser un factor decisivo en el declive de su población en Sierra Morena. Cuando se instalaron en la mayoría de las fincas, la guardería privada tuvo más indicios de su presencia y pudo controlar sus pasos, facilitándoles la captura.

 

En la actualidad, en la mayoría de las fincas cercadas existen abundantes pasos (gateras) abiertos por los jabalíes, que pueden ser aprovechadas por los lobos. El problema radica en que las alambradas son revisadas con cierta frecuencia por la guardería, como es el caso de algunas fincas con presencia de muflones, que pueden fácilmente pasar por las gateras de los jabalíes. Las alambradas con retículo pequeño y dispuestas sobre un pequeño muro de hormigón claramente son una amenaza. Las de nueva instalación suelen ser bastante impermeables, aparte de su dudosa legalidad. El tema de las mallas cinegéticas es controvertido, pero de indudable incidencia medioambiental y para la fauna (Muñoz-Cobo & Azorit, 1996).

 

Un caso especial lo constituyen las fincas con cerca eléctrica junto a la malla cinegética convencional que, a priori, parece muy impermeable al paso de mamíferos medianos y grandes. Son instaladas para evitar el paso de jabalíes, y su proliferación supone una gran amenaza para la fauna.

 

5. Monterías.

 

La muerte de lobos en monterías debe ser un hecho frecuente, aunque no parece ser la principal causa del declive de la especie, debido a que: 1) los lobos suelen huir de las manchas antes de iniciarse la montería; 2) pasan muy sigilosos por los puestos, y salvo excepciones, el montero no se percata de su presencia; 3) suelen ser confundidos con perros, sobre todo los cazadores no veteranos que no conocen la especie.

 

            No obstante, si un lobo es matado en el puesto de montería, el montero rara vez lo indicará, salvo a amigos de plena confianza. En alguna ocasión los alardes del cazador hacen llegar rumores a las autoridades competentes en el tema (SEPRONA y Guardería Forestal), y al posterior descubrimiento de la infracción, con la consiguiente multa. Un ejemplo lo tenemos en la loba abatida en 1995 en una finca de caza de Cardeña (Córdoba).

 

6. Control de depredadores sobre la caza menor.

 

En numerosos cotos de caza mayor se practica también la caza menor, sobre todo en la modalidad de perdiz con reclamo. Aunque en sí misma esta actividad no tiene por qué atentar contra la supervivencia del lobo, la explotación de la perdiz hace que numerosos guardas tengan interés en el control de depredadores, usando métodos muy variados y en ocasiones ilegales, como venenos, lazos y cepos, que afectan al lobo del mismo modo.

 

La prohibición de la estricnina, que era la sustancia habitual de envenenamiento, no ha acabado con el problema, pues ha sido sustituida, en parte, por otros productos fitosanitarios de fácil adquisición en cualquier establecimiento especializado, cuya ingestión por la fauna, a determinadas concentraciones, tiene efectos letales. El asunto se complica porque todavía hay guardas con algunas dosis de estricnina conservadas desde la época en que su posesión era permitida.

 

7. Falta de vigilancia de la guardería autonómica y de la Guardia Civil.

 

El número de guardas de la Consejería de Medio Ambiente es bajo para la gran extensión de terrenos que tienen encomendados, dentro o fuera de los Espacios Naturales Protegidos de Sierra Morena. De igual modo, la Guardia Civil y SEPRONA disponen de un número pequeño de agentes. Pero además, dado el hermetismo de las fincas y de la guardería particular, la vigilancia dirigida hacia la conservación del lobo es delicada y difícil. En todo caso las labores de vigilancia deben extremarse en los días de montería.

 

8. Proximidad a la Comunidad de Castilla-La Mancha.

 

El lobo se distribuye de igual forma en el área de Sierra Morena que pertenece a la Comunidad de Castilla-La Mancha. En ésta, la especie no ha estado protegida hasta fechas muy recientes, teniendo a su vez los problemas de conservación propios de las fincas particulares del resto de Sierra Morena. Bastantes fincas de Sierra Madrona y Sierras del Viso (ambas en la provincia de Ciudad Real) han sido -y pueden seguir siendo- sumideros de lobos, cuyas áreas de campeo se encuentran entre las Comunidades de Castilla-La Mancha y de Andalucía.

 

9. Escasez de terrenos de propiedad pública.

 

Como ya hemos comentado, el lobo en Sierra Morena se reparte fundamentalmente por fincas de propiedad privada. Este factor lo diferencia de otras zonas españolas donde la especie habita en zonas de propiedad municipal o estatal. En Sierra Morena los problemas de conservación disminuyen, en buena medida, en los terrenos estatales. Se puede decir que en ellos la especie está a salvo. No obstante, el área de campeo de los grupos que frecuentan estas fincas es mucho mayor, viéndose obligados a salir de ellas hacia otras particulares, donde el riesgo de muerte es más alto.

 

10. Turismo de interior y molestias.

 

En la zona de distribución del lobo, el turismo de interior queda recluido a carreteras, zonas de acampada, márgenes fluviales y senderos de fácil accesibilidad. Las zonas propensas al turismo son pocas, dada la escasez de terrenos públicos. Sin embargo, existen algunos puntos en el Parque de Sierra de Andújar (proximidad del Santuario y parte de la ribera del Jándula), con afluencia de turismo, o algunas zonas del Parque Natural de Despeñaperros. El turismo de interior tiende a desarrollarse en Sierra Morena, y puede llegar a convertirse en uno de los principales problemas de la conservación de la fauna en terrenos de la Administración.

 

Una actividad que ha tomado auge en la última década, y que tiene consecuencias negativas para el lobo y otras especies amenazadas, es la búsqueda de cuernas de ciervo tras el desmogue. En efecto, a partir de los últimos días de febrero, y hasta mediados de abril, gran número de personas buscan en cada rincón de la sierra las cuernas recién caídas, para su posterior venta a buen precio. Generalmente esta actividad es ilegal por carecer de permiso, pero a pesar de ello los recolectores se adentran en las fincas, sobre todo en las de la Administración. La época es muy delicada, por estar pariendo las lobas, con las consecuentes molestias.

 

11. Alteración del hábitat.

 

La alteración del hábitat a gran escala supone una amenaza para la supervivencia del lobo. En otras épocas se llevaron a cabo en Sierra Morena labores que pudieron incidir en la presencia del lobo (como minería, construcción de pantanos, desmontes para la plantación de coníferas, incendios forestales, red viaria, núcleos urbanos, etc.), ya que supusieron una alteración de las condiciones naturales y, por tanto, un riesgo para la especie.

 

La construcción de viviendas en estas zonas se va incrementando. Así, por ejemplo, recientemente en los aledaños del Santuario de la Virgen de la Cabeza se han construido apartamentos, lo cual es negativo por las siguientes razones:

 

-          Supone un mayor número de personas residiendo durante todo el año, lo que requiere servicios complementarios (infraestructuras, comercios, líneas de luz, de teléfono, tuberías para el agua, generación de residuos, etc.).

 

-          Crea un precedente que anima a la construcción de otras urbanizaciones que, al buscar como reclamo de venta la tranquilidad y el "salvajismo" de la zona, tenderían a ubicarse en los lugares más recónditos, que son precisamente los utilizados por el lobo.

 

-          A las personas que se instalan allí se les crea expectativas en cuanto al disfrute de un paraje natural, lo que podría utilizarse para justificar la creación de rutas por senderos.

 

Además de estas alteraciones urbanísticas, las alteraciones del hábitat que consideramos de mayor impacto han sido la construcción de la autovía Madrid-Cádiz, a su paso por Despeñaperros y zona próxima, y la construcción de la vía del tren de alta velocidad (AVE). En ambos casos se dificulta el tránsito de los lobos y aumenta la probabilidad de aislamiento de los grupos. También supone una amenaza la proliferación de viviendas en zonas de posible expansión de las poblaciones y de conexión entre ellas.

 

12. Factores biológicos.

 

Entre los problemas de conservación de la especie, existen algunos de tipo biológico, destacando el aislamiento de núcleos, la escasa población, la posible incidencia de enfermedades caninas y la hibridación con perros.

 

12.1. Aislamiento de la población. La población de lobos de Sierra Morena dista aproximadamente 350 km en línea recta de los núcleos estables del norte (Valladolid-Segovia), y 250 km de la Sierra de San Pedro (Cáceres). Por tanto, podría estar totalmente aislada, al menos con los datos conocidos hasta el momento.

 

12.2. Escasez de población. Este hecho plantea varios problemas (Ferreras, 1997):

 

-          Problemas genéticos, debidos a la pérdida de variabilidad genética, endogamia, pérdida de heterocigosidad y deriva genética.

-          Fluctuaciones demográficas debido a variaciones aleatorias en las tasas de nacimiento y supervivencia.

-          Fluctuaciones ambientales, debido a variación de la depredación, competencia, enfermedades y alimento; y catástrofes naturales resultantes de sucesos puntuales que ocurren a intervalos irregulares, tales como incendios, inundaciones, tormentas o sequías. Mientras que los problemas genéticos y las fluctuaciones demográficas afectan sólo a pequeñas poblaciones, las fluctuaciones ambientales y las catástrofes afectan también a la viabilidad de poblaciones más grandes.

 

12.3. Enfermedades. Entre la gente de la sierra se ha comentado ampliamente la presencia de algún tipo de enfermedad en los cachorros de lobo, que hacía que estos muriesen. Este aspecto también fue comentado también por Blanco et al. (1990). Aunque no contamos con datos concretos al respecto, sí se ha datado la existencia de enfermedades caninas que afectan al lobo en otras zonas. El sistema de caza hace que gran número de perros entren en las zonas donde viven, pudiendo ser algunos de ellos portadores de enfermedades.

 

12.4. Hibridación. Hoy en día se sabe que las especies del género Canis forman un grupo homogéneo, presentando el mismo número de cromosomas (78) y posibilidad de hibridación con descendencia fértil (Vilá, 1997). En ese mismo trabajo, Vilá expresa que, de acuerdo con la comparación de las secuencias de ADN, el lobo es el ancestro (y además único) del perro. Parece que en las poblaciones reducidas es más probable la hibridación con perros.

 

4.3. Medidas de conservación

 

            En función de los factores negativos que actúan sobre el lobo -sobre todo la persecución directa- se recomiendan una serie de medidas para consolidar los núcleos actuales y posibilitar su expansión, de modo que se establezca conexión entre ellos, paliando los factores negativos que limitan el contacto. Es necesario potenciar los núcleos de las zonas fuente, y disminuir los riesgos de los sumideros.

 

            Por otra parte se realizan advertencias para que no se deterioren las condiciones actuales de los hábitats donde aún se mantiene el lobo, de forma que estos territorios deben poseer un escrupuloso plan que evite actuaciones urbanísticas o de infraestructuras viales, hidrológicas, forestales, etc., más allá de las existentes.

 

a) Medidas para evitar la persecución directa.

 

Todos los datos recogidos hasta ahora indican que la persecución directa es la principal responsable de la situación en la que se encuentra el lobo en Sierra Morena. Los sectores más afectados económicamente por la especie son los ganaderos, dueños de fincas, guardas particulares y arrendatarios de la caza.

 

a.1. Ganaderos. Una de las principales medidas dirigida a este sector es la indemnización justa y rápida de los daños ocasionados por el lobo en el ganado. La Administración debe agilizar los trámites para que los pagos sean inmediatos. Es necesario también considerar los daños difíciles de cuantificar, como animales perdidos y/o heridos, y el trastorno económico que suponen los ataques para el ganadero. A su vez, es necesaria la colaboración de los ganaderos en el área de distribución del lobo para evitar ataques, tomando las siguientes precauciones: a) tener un lugar donde ovejas y cabras puedan pasar la noche encerradas; b) vigilancia continuada del ganado, con ayuda de perros guardianes adecuados; c) declaración rápida de los daños, cuando éstos ocurran.

 

a.2. Dueños de fincas. Para la conservación del lobo en Sierra Morena es imprescindible la colaboración de los propietarios de fincas privadas. Esta colaboración ha de surgir del sentido de responsabilidad de estar contribuyendo en el mantenimiento de una especie que se encuentra al borde de la extinción y que, además, tiene un importante papel en la regulación de las poblaciones de ungulados silvestres. Debe tenerse en cuenta que en Sierra Morena el lobo mantiene el buen estado sanitario de los ungulados frente a la grave amenaza que supone la fuerte incidencia de la tuberculosis en especies de caza mayor (hasta el 12,5% de los ciervos cazados en alguna finca, García Abasolo, com. pers.).

 

Por parte de la Administración, es necesario un reconocimiento del importante papel que juegan o pueden jugar los propietarios de las fincas en la conservación de ésta y otras especies. Ese reconocimiento ha de ser público, y debe llevar añadida una compensación económica, en forma de pago directo, exención fiscal, o ayudas en la infraestructura de la finca.

 

En fincas incluidas dentro del área de distribución del lobo, los dueños deben conocer su existencia, para que tengan constancia (y así lo transmitan a su guardería) de la necesidad de mantenerlos, y de que no se cometan alteraciones que supongan un peligro para la especie. En las monterías, los organizadores (o, en su defecto, la guardería forestal) deben avisar de la posible presencia del lobo en esa finca al estar incluida dentro del área de distribución, y de su situación de especie protegida.

 

a.3. Guardas privados.  Es necesario un cambio de mentalidad de la guardería privada que es, al fin y al cabo, de quien depende la conservación del lobo en Sierra Morena. Es fundamental mejorar la formación de los guardas particulares, ya que a veces ciertas dosis de ignorancia, real o fingida, les ayuda a justificar acciones ilegales. Además de las indicaciones que deben hacer los dueños de las fincas a sus guardas, la Administración debe establecer algunos reconocimientos públicos e incentivos para aquellos guardas privados que destaquen en su labor en pro de la conservación.

 

Una medida paralela es la educación ambiental que debe existir en los colegios de los municipios del entorno, sobre la especie y su conservación. Esta es una medida fácil de llevar a cabo e importante, ya que algunos de estos niños, hijos de guardas, también serán guardas el día de mañana. Además influirán en sus padres para que sean más respetuosos con la conservación.

 

La situación familiar y social de la guardería privada suele ser anómala e incómoda, pues  generalmente se encuentran separados de la mujer e hijos durante la semana, al estar estos últimos en el colegio del pueblo más próximo. La soledad y la demanda de mejoras laborales hacen que muchos guardas privados no se sientan cómodos, y cada vez sea más difícil encontrar jóvenes dispuestos a ocupar el puesto de guarda. En algunas fincas se está imponiendo el modelo de contratar empresas de vigilancia privada. Esta guardería es eficaz, no conlleva los problemas de vivienda y familiares asociados a la guardería privada, y además tienen otro nivel cultural, que los hace más respetuosos con el lobo y otras especies protegidas. Desde la Administración se debe ayudar y potenciar en las fincas privadas la contratación de estas empresas de vigilancia.

 

a.4. Arrendatarios de caza. En ocasiones promueven la mejora de la finca y la caza, mediante el control de depredadores. Cuando la finca se encuentra dentro del área de distribución del lobo, los arrendatarios de la caza deben estar informados por la Administración y, por tanto, deben cumplir y hacer cumplir a la guardería la legislación. Dado que en algunas temporadas de caza existen monterías donde se mata algún lobo, se hace necesaria una mayor presencia de la guardería forestal y de la Guardia Civil para impedir estas muertes. Es imprescindible informar, antes de la montería, de la posible presencia de lobos en la finca. Esta función debe ser desempeñada preferentemente por los organizadores de la montería, o bien por la guardería privada, y en última instancia por la guardería forestal. La información también debe incluir la advertencia de las consecuencias sancionadoras en caso de abatir un lobo.

 

A pesar de que se creía un problema desterrado, continúa la utilización de venenos en algunas fincas. En muchos casos estos venenos tienen como pretensión la eliminación de zorros, pero debido a su nula selectividad, les puede afectar a los lobos (y de hecho les afecta), amén de a otras especies protegidas.

 

b) Medidas dirigidas a paliar los efectos de las barreras artificiales.

 

b.1. Urbanizaciones. La concesión de licencias de obras en las Zonas de Especial Conservación debería ser mínima. Por lo que respecta a las construcciones ya existentes, tienen que ser sometidas a una serie de actuaciones con el fin de suavizar el impacto que crean. En concreto, supone un factor limitante la aglomeración de cercados en ciertas zonas urbanizadas como, por ejemplo, Viñas de Peñallana (Andújar), Miranda del Rey (Santa Elena), urbanizaciones alrededor de Cerro Muriano (Córdoba), urbanizaciones en torno a Santa María de Trasierra (Córdoba) y al Santuario de la Virgen de la Cabeza (Andújar).

 

b.2. Infraestructuras públicas. No se deberían realizar alteraciones a gran escala en Sierra Morena, como pantanos, desmontes, carreteras, construcciones, etc., que puedan producir una mayor alteración de las condiciones naturales. De este modo se preservarán las zonas de hábitat potencial que aún quedan, y sus zonas de conexión. En las existentes, habrá que minimizar los efectos de estas obras, diseñando zonas de paso a un lado y a otro de la infraestructura en cuestión.

 

Para suavizar el impacto realizado por las vías de comunicación ya existentes, se ha de estudiar el área de influencia de toda la vía con el fin de establecer los lugares donde se deben realizar obras que faciliten el tránsito de la fauna, y el tipo (viaductos, túneles, etc.) más recomendable en cada caso.

 

A lo largo de las vías de comunicación que transcurran por el área de distribución del lobo debe haber el menor número posible de áreas de descanso, de parada, etc., y excluir cualquier posibilidad de circular fuera de la vía principal, máxime en lugares potenciales de tránsito para la fauna.

 

b.3. Vallas cinegéticas. Se deberían estudiar las dimensiones de la luz de malla adecuadas para el paso de la fauna. Deben tomarse medidas correctoras para hacer que los mallados cinegéticos cumplan la ley vigente. En todo caso no se deben de dar nuevos permisos para cercar fincas sin estudios del impacto que produciría.

 

c) Medidas de carácter administrativo o legislativo.

 

c.1. Declaración de las Zonas de Especial Conservación para el lobo, con normativa específica para ellas. Zonificación de 1) la superficie ocupada por el lobo, 2) las áreas contiguas al área de distribución que por sus características pueden ser de suma importancia para su expansión y posible conexión entre los grupos, y 3) las zonas potenciales para su expansión a largo plazo.

 

c.2. Declaración de toda la cabaña ganadera existente en el área de distribución del lobo, e indemnizaciones. Se debería tener numerada cada cabeza de ganado de cada dueño y dar cuenta a la Administración de la compra y venta de ganado. Así podrían indemnizarse las ovejas desaparecidas. Las indemnizaciones deben ser más rápidas y generosas. Deberían indemnizarse los daños secundarios (heridas, abortos, etc.) cuando se comprueben que han sido producidos por los lobos. Los daños deberían ser pagados directamente por la guardería forestal, para de esta forma mejorar las relaciones con los afectados.

 

La Administración debe ser muy cauta a la hora de rechazar un expediente de ataque a ganado doméstico por no tener todas las pruebas de que el ataque fue por lobos. En esos casos es preferible tramitarlo como daños de lobos, puesto que los ganaderos podrían sentirse engañados, con el peligro de inducir a tomarse la justicia por su mano. El coste económico para la Administración sería insignificante, mientras que el beneficio para la especie sería elevado.

 

c.3. Otras medidas. La Administración debe aumentar las sanciones económicas y penales, no sólo por matar un lobo, sino también por causarle molestias intencionadas, alterar su hábitat, y por el uso de venenos, lazos y cepos. Pero deben ponerse en marcha incentivos para los propietarios de fincas, como concesión de distinciones en su labor de conservación, o reconocimiento por parte de la Sociedad, o ayudas económicas, casos que ya se encuentran legislados. En las disposiciones adicionales de la Ley 4/89, en la sexta-2, se indica: "Asimismo, se podrán conceder ayudas a los titulares de terrenos o derechos reales para la realización de programas de conservación cuando dichos terrenos se hallen ubicados en espacios declarados protegidos, o para llevar a cabo los planes de recuperación y manejo de especies, o de conservación y protección de hábitat previstos en el artículo 31 de esta Ley".

 

Es recomendable que se faciliten los trámites burocráticos y administrativos a los propietarios y arrendatarios de fincas en el área de distribución del lobo. Estas facilidades (como puede ser la elaboración de los obligatorios planes técnicos de caza, la reducción o, en su caso, la agilización de los permisos para realizar ciertas actividades, etc.) deben ser anunciadas como compensación por ser partícipes de la protección de la especie. Los propietarios deben tener conocimiento de las ventajas (posibles subvenciones, facilidades administrativas, etc.) que les supone albergar lobos en su finca, con lo que se sentirán en parte compensados por los inconvenientes que les producen.

 

Se debe contemplar la posibilidad de indemnizaciones a propietarios de las reses cinegéticas matadas por lobos. Estas indemnizaciones no serían numerosas, dada la dificultad de encontrar el animal muerto poco después de morir, y con signos de haber sido atacado por lobos.

 

Asimismo, la Administración debería intentar comprar fincas que estén en el área de distribución del lobo. En este caso, se debe procurar que tengan la máxima superficie posible y sean colindantes con las ya existentes, para lograr una gran área de protección especial, no sólo para el lobo, sino también para otras especies protegidas.

 

d) Medidas para manejar una población compartida con la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.

 

Es necesario una coordinación entre los responsables de las especies protegidas de las  Comunidades andaluza y castellano-manchega para que, de forma conjunta, se arbitren las medidas necesarias para asegurar la conservación del lobo.

 

e) Medidas para favorecer la conexión con otras poblaciones.

 

La conexión con otras poblaciones de lobos es urgente. Las distintas posibilidades que se pueden barajar indican que esa conexión debería realizarse con la población de lobos de la Sierra de San Pedro (si aún existen) y estos, a su vez, con las poblaciones de Castilla-León. No obstante, previamente se deberían establecer los límites de las poblaciones de Cáceres, Toledo y Ciudad Real.

 

f) Medidas para evitar fragmentación de las poblaciones de Sierra Morena.

 

En la actualidad es posible que haya conexión entre las dos zonas con presencia estable de lobo en Sierra Morena, considerando la amplia capacidad de desplazamiento de la especie. Esta idea se ve apoyada por la situación de las zonas intermedias entre los núcleos más o menos estables, ya que esos territorios puente presentan condiciones todavía poco alteradas con respecto a lo que fue el hábitat primitivo. Es fundamental evitar que las poblaciones se fragmenten por cualquier tipo de infraestructura, y atenuar en lo posible (con medidas correctoras de impacto ambiental) aquellos elementos introducidos por el hombre que han provocado algún tipo de división.

 

g) Discreción con la información sobre la especie.

 

Dadas las características del lobo, es necesaria una gran cautela a la hora de dar información, seleccionando a qué colectivos va dirigida.

 

h) Medidas para mantener la tranquilidad.

 

En las zonas donde vive el lobo se tiene que impedir toda actividad que implique un aumento de visitas y turistas. Ya de por sí es absurdo que desde las administraciones públicas se promocionen turísticamente zonas que en su amplia mayoría pertenecen a particulares, y que no tienen accesos, con la consiguiente frustración del excursionista. Para evitar estas situaciones desagradables es recomendable no iniciar la carrera del turismo en estas zonas.

 

i) Seguimiento de la población de lobos.

 

Es conveniente utilizar radiomarcaje para seguir a algunos individuos de la población. La información de este seguimiento sería muy valiosa, facilitando datos de su ecología, etología, causas de mortalidad, etc., que pueden ser utilizados para tomar otras medidas de conservación complementarias.

 

j) Estudios complementarios.

 

Se debería realizar un estudio para determinar si las poblaciones de lobo de Sierra Morena presentan (o han presentado) algún tipo de enfermedad. En la loba encontrada muerta el 4.2.1998 en el Parque Natural de Andújar pudimos realizar la prueba del moquillo, que dio resultado negativo. La prueba sobre parvovirosis no se pudo realizar por la imposibilidad de obtener suero.

 

agradecimientos. Agradecemos a la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y a la Universidad de Jaén el apoyo económico y la colaboración prestada. Asimismo, agradecemos a las Delegaciones provinciales de la Consejería de Medio Ambiente de Jaén y Córdoba, y a la guardería forestal, su apoyo en el trabajo. D. Antonio Franco, como director técnico del proyecto por parte de la Consejería de Medio Ambiente, nos viene ayudando en todo desde el inicio. Agradecemos las facilidades prestadas a los Directores de los Parques de Hornachuelos, Cardeña-Montoro, Andújar y Despeñaperros, y al Director del Centro Lugar Nuevo y Selladores-Contadero, del Ministerio de Medio Ambiente. No podemos olvidarnos de tantos dueños, arrendatarios, guardas y pastores que, con su colaboración, hacen que esta difícil investigación sea posible.

 

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