Publicaciones de Biología de la Universidad de Navarra, Serie Zoológica, 26: 73-99, 2000

 

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EL PROGRAMA DE CONSERVACION DEL AGUILA IMPERIAL IBERICA

 

Luis Mariano Gonzalez

 

Dirección General de Conservación de la Naturaleza. Ministerio de Medio Ambiente. Gran Vía de San Francisco, 4. 28005 Madrid. E-mail: luismariano.gonzalez@gvsf.mma.es

 

1. INTRODUCCION      

 

El águila imperial ibérica (Aquila adalberti) es un ave de presa exclusiva del Mediterráneo occidental y una de las aves más escasas del mundo (Collar et al., 1994). Estudios morfológicos y de plumaje (Hiraldo et al., 1976), zoogeográficos (González et al., 1991) y genéticos (Wink & Seibold, 1995) han establecido definitivamente que es una especie distinta del águila imperial oriental (Aquila heliaca).

 

            El águila imperial ibérica está considerada vulnerable a nivel mundial (Collar et al.,1994) y globalmente amenazada (Tucker & Heath, 1994). Figura en la categoría En peligro del Libro Rojo de Animales Amenazados de la UICN (IUCN 1996) y, a nivel nacional, en la categoría En peligro de extinción (Catálogo Nacional de Especies Amenaza­das, R.D. 439/90) del Libro Rojo Nacional (Blanco & González, 1992). Además figura en el Anexo I de la Directiva 79/409/CEE (especies sensibles a la alteración de su hábitat) y su hábitat en la Directiva Hábitats de la UE relativa a la conservación de los hábitats naturales y seminatu­rales en el territorio de la Comunidad, así como en el Anexo II del Convenio de Berna (especies que requieren medidas especiales de protec­ción). Además está incluida en el Anexo II del Convenio CITES y C1 en el Reglamento de su aplicación en la UE, así como en el Anexo II del Convenio de Bonn.

 

            Su población más importante, la única viable a largo plazo, se halla establecida en España. En Marruecos ocasionalmente se observan adultos y hubo un intento reciente de nidificación (B. Heredia, com. pers.), mientras que en Portugal no se conoce su nidificación desde la década de los 70 (Rufino, 1989).

 

            Desde 1986 viene desarrollándose en España un vasto programa de actuaciones para la recuperación de la especie, denominado Plan Coordinado de Actuaciones para la Conservación del Aguila Imperial Ibérica. Es ejecutado por el Ministerio de Medio Ambiente y las Administraciones autonómicas donde habita la especie (Comunidades Autónomas de Castilla-León, Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía).

 

            Periódicamente se celebran reuniones técnicas y anualmente una reunión de coordinación. De este modo se actualiza periódicamente el status de la especie y se analiza el grado de cumplimiento del Plan. Desde 1991 y gracias, entre otras cosas, al apoyo financiero de la UE mediante una subvención LIFE, el grado y eficacia del cumplimiento de las medidas contempladas en el Plan han experimentado un avance sustancial que permite abordar su recuperación con ciertas expectativas. Sin embargo, esta tendencia no ha repercutido en cambiar el status de extinguida en los otros dos países (Portugal y Marruecos) de su antigua área de distribución natural.

 

            En esta línea se han venido identificando los factores limitantes más importantes de la población, se han realizado investigaciones básicas sobre la biología de la especie y se ha evaluado la eficacia y rentabilidad de algunas acciones realizadas. Todo ello se ha reflejado en las Memorias anuales del mencionado Plan Coordinado de Actuaciones y en el Plan de Manejo del Aguila Imperial en el Parque Nacional de Doñana, su entorno y áreas de dispersión.

 

            A continuación se exponen los avances más relevantes obtenidos en el conocimiento de su biología y problemática, así como en las actuaciones de conservación.

 

2. ASPECTOS BÁSICOS DE SU BIOLOGÍA

 

            El águila imperial ibérica forma, junto a su congénere el águila imperial oriental, el grupo de las águilas imperiales, dentro del género Aquila. Se caracterizan, con respecto al resto de águilas, por su robusto pico, tamaño grande, plumaje juvenil diferente al adulto, elevada fertilidad, habitar terrenos llanos y esteparios y vivir en zonas cálidas y templadas del Paleártico meridional.

 

            El águila imperial ibérica es una ave de presa grande, mide entre 72 y 83 cm de longitud. Su plumaje varía con la edad, atravesando sucesivas fases de coloración, hasta la adquisición del plumaje definitivo de adulto a los 4 ó 5 años. Alcanza la madurez sexual normalmente a los 4 años, pero en algunos casos al tercer año. La media de edad de la población no es conocida, pero se han registrado casos de adultos reproduciéndose con 23 años. La mortalidad es muy elevada en los primeros años de edad, y relativamente baja en los adultos. Probablemente muy pocos ejemplares alcancen los 30 años.

 

2.1. El hábitat

 

            A grandes rasgos se pueden diferenciar los siguientes tipos de hábitats donde las parejas reproductoras nidifican:

 

            A) Llanuras aluviales y dunas al nivel del mar en las Marismas del Guadalquivir. Es el biotopo del Parque Nacional de Doñana. Las águilas imperiales anidan en alcornoques aislados entre el matorral, o en pinares de pino piñonero, así como sobre grandes eucaliptos y, ocasionalmente, sobre álamos entre las dunas.

 

            B) Penillanuras y colinas suaves de Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura. Entre 200 y 700 m de altitud. Nidos en pinares de pinos piñoneros y negrales, o bien en alcornoques y encinas, más raramente en enebros, olmos, fresnos, álamos y eucaliptos, con vegetación arbustiva nula o muy escasa de jaras, labiérnagos, etc. De este biotopo, que debía ser muy  frecuentado por el águila en tiempos históricos, hoy día queda comparativamente muy poca  superficie disponible, al haber sido alterado para su transformación en cultivos cerealistas. En Portugal este biotopo debió ser el más utilizado por el águila imperial ibérica, habiendo estado los nidos sobre pinos piñoneros y negrales. 

 

            C) Sierras de Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Nidos entre 300 y 1000 m  de altitud. Se  trata de  montañas suaves, cubiertas por denso matorral de brezos, jaras, madroños, etc., con bosquetes de alcornoques y encinas, o más raramente pinos piñoneros. Este es en la actualidad el biotopo más utilizado por el águila. Los árboles frecuentemente elegidos están a media ladera, bien protegidos por la vegetación circundante. La gran mayoría de los nidos se encuentran sobre alcornoques, utilizando también quejigos, pinos piñoneros y negrales, castaños y eucaliptos.

 

            D) Montañas de España Central. Nidos entre 700 y 1600 m de altitud. Las águilas imperiales anidan aquí en pleno bosque de pino silvestre y negral. A principios de los años 70 algunas parejas nidificaban sobre roble melojo y hayas de la sierra de Somosierra.

 

2.2. Reproducción

 

            Como la mayoría de las aves de presa, el águila imperial elige para nidificar lugares con características que le proporcionan ventajas a la hora de reproducirse. Nidifica siempre en árboles, y los usados tradicionalmente le resultan ventajosos sobre el resto, por la protección y seguridad frente a predadores o el hombre, por la buena visibilidad de los alrededores, por su cercanía al cazadero, etc. El que dispongan de varios nidos, usados alternativamente, parece estar relacionado con la limpieza de parásitos del nido, y como respuesta a molestias humanas. Las parejas nidificantes en áreas con mayor grado de humanización cambian con mayor frecuencia el emplazamiento del nido. Asimismo, estos nidos alternativos pueden actuar como recurso ante la puesta de reemplazo, al haber fallado el primer intento de nidificación.

 

            Se han registrado hasta 16 especies de árboles utilizados al menos en una ocasión, destacando entre ellos el alcornoque y el pino piñonero y, en menor frecuencia, la encina, pino resinero, eucalipto y pino silvestre. Los nidos están emplazados casi siempre en el extremo de las ramas, tanto en la copa como en otra parte alta del árbol, ya que es fundamental una total exposición al cielo que facilite las entradas y salidas y permita vigilar el entorno. Casi siempre el águila construye sus propios nidos, pero en alguna rara ocasión ocuparon los de otras especies como buitre negro, azor, milano negro, cigüeña común y cuervo.

           

            Los territorios de cría de esta especie se distribuyen de forma regular en el espacio, lo que denota la existencia de un recurso trófico y un sustrato de nidificación no limitante. La densidad media conocida es de una pareja cada 51,7 km², registrándose las densidades más altas en las marismas del Guadalquivir y las más bajas en el valle del Tajo. Asimismo, la densidad de territorios de cría en los Espacios Naturales Protegidos es cuatro veces superior a la existente en los terrenos no protegidos. Los núcleos de población más destacables son los Espacios Naturales Protegidos de Monfragüe, Doñana y el Monte del Pardo (González, 1991).

 

            En el 10% de las parejas reproductoras había al menos un subadulto, aumentando este porcentaje en hábitats con mayor abundancia de conejos y en las parejas de nueva instalación. El 86% de las parejas se reproducen anualmente. El comienzo de la puesta se realiza en un período de 70 días, concentrándose la mayoría entre el 21 de febrero y el 20 de marzo, siendo la fecha más temprana registrada el 15 de febrero, y la más tardía el 28 de abril. El número medio de huevos por puesta es de 2,47, siendo las más numerosas las puestas dobles, seguidas de las triples. Las puestas son mayores en las parejas de adultos frente a las de subadultos, y en los hábitats con mayor abundancia de conejos. La tasa de eclosión es del 71,7%, mayor cuanto más temprana es la puesta y cuanto mayor es su tamaño. La tasa de eclosión es mayor en las parejas con menores molestias humanas y en los hábitats con mayor abundancia de conejo. El éxito reproductor (número de pollos que vuelan por nido ocupado) es de 1,36, la tasa de vuelo (número de pollos volados por nido con éxito) es de 1,7, y el porcentaje de parejas productivas (número de parejas que crían con éxito sobre el número total de parejas que lo intentan) es del 80%. Un aumento de la cantidad de lluvia caída en el mes anterior a la puesta, provoca que se retrase y disminuya su tamaño.

 

            En esta especie la fecha de puesta determina en gran medida el éxito en la reproducción. El que las parejas reproductoras estén instala­das en hábitats con mayor o menor abundancia de conejos, y la presencia de individuos subadultos o adultos en la composi­ción de la pareja, son los factores que más influyen sobre los parámetros reproductores. Con respecto a las parejas de  subadultos, las parejas de adultos presentan una fecha de puesta más temprana, y mayor tamaño de puesta, éxito de eclosión y éxito reproductor.

 

          El hecho de haberse instalado en los últimos años una serie de parejas reproductoras denominadas nuevas, frente a las ya existentes desde una década antes (denominadas tradicionales), parece ser otro factor que influye en los parámetros reproductores. De esta forma, resultaron  mayores el éxito reproductor y el porcentaje de parejas con éxito en las tradicionales que en las nuevas. El grado de humanización de los territorios de nidificación, y las molestias derivadas de ello, afectan a dichos parámetros, pues existe una disminución del éxito reproductor al aumentar el número de kilómetros de carreteras y el número de habitantes.

 

            La agresión entre pollos hermanos es común entre las águilas imperiales, y frecuentemente ocasiona la muerte del pollo más joven. Este fenómeno se denomina cainismo.  Se contempla como una adaptación para permitir reducir el tamaño de la pollada en períodos de escasez de alimento, incrementándose así la super­vivencia del pollo de más edad.

 

            Los pollos abandonan el nido a los 65‑78 días de edad, tras lo cual permanecen de 3 a 6 semanas en un área muy reducida próxima al nido. Durante este período de transición a la independencia, aumentan exponencialmente con la edad de los jóvenes la distancia media de vuelo, el porcentaje de tiempo que permanecen volando, y su área de campeo. Las jóvenes águilas no cazan, por lo que dependen siempre de sus padres para procurarse el alimento, pidiendo y persiguiéndoles constantemente durante todo este período. Sin embargo, al final los adultos se vuelven progresivamente más reacios a cebarles y a aproximarse a ellos, realizando vuelos de cortejo y hostigándolos frecuentemente. La desatención parental y el comportamiento agresivo de los padres son los factores determinantes  del  paso a la independencia y comienzo de la dispersión de los jóvenes.

 

            Los jóvenes, una vez independizados de sus padres, abandonan el área natal, realizando movimientos dispersivos de relativa magnitud. Hay tres fases en este proceso: una temprana de vuelos exploratorios, otra segunda en que se desplazan a largas distancias, y una tercera de retorno a la vecindad del área natal.

 

            Según la información proporcionada por ejemplares marcados, se ha observado una fuerte tendencia filopátrica, es decir, vuelven a criar a las áreas donde han nacido. La dispersión a larga distancia de los jóvenes y el establecimiento de  territorios temporales alejados de sus áreas natales, podría facilitar el intercambio genético entre sub­poblaciones aisladas y prevenir los efectos negativos de la endogamia. Los jóvenes alcanzan áreas donde existen otros núcleos reproductores, aunque hay recientes casos que sugieren la existencia de algún tipo de  intercambio intrapoblacional.

 

2.3. Alimentación

 

            El régimen trófico del águila imperial se basa fundamental­mente en el conejo (Oryctolagus cuniculus), que suele constituir la mitad de las presas capturadas, llegando en algunos casos hasta el 70%. El régimen alimenticio varía según la localidad y época considerada. Así, en una zona húmeda como Doñana, además del conejo, en primavera las presas más importantes son las aves acuáticas (principalmen­te anátidas, fochas, ardeidas y limícolos), y en otoño‑invierno es el ánsar común y la carroña de ungulados (ciervo y gamo). Resulta destacable el papel de las jóvenes fochas en la composición de la dieta, ya que pueden llegar a alcanzar hasta el 70% del total de presas. Por otra parte, en las parejas del centro-oeste peninsular no existen diferencias estacionales acusadas, siendo las presas más importantes, además del conejo, las liebres, perdices, córvidos, columbrados y reptiles. El águila imperial ibérica actúa también como superdepredador en los ecosistemas ibéricos, pues captura diversos carnívoros y rapaces pequeñas.

 

            Las presas que el águila selecciona activamente, es decir, aquéllas que su captura le resulta más rentable energéticamente, son el conejo (en el centro-oeste durante todo el año y Doñana en la estación reproductora) y el ánsar común (en la época invernal en Doñana). A su vez las presas de sustitución son, en el centro-oeste, liebres, palomas torcaces, perdices, córvidos y reptiles, y en Doñana liebres, reptiles, carroña y limícolos.

 

            La extraordinaria abundancia del conejo en los ecosistemas mediterráneos parece condicionar la estrategia alimenticia de los predadores de una cierta talla. El águila imperial, como otras águilas de similares características, centra su depredación en el conejo cuando coinciden sus distribuciones. Esto sugiere que la relación en tamaño entre la presa y el depredador se acerca al óptimo, idea apoyada por la significativa reducción de la diversidad trófica al aumentar el porcentaje de conejo en su dieta.

 

3. STATUS DE CONSERVACIÓN Y MEDIDAS  EFECTUADAS

 

3.1. Status poblacional

 

            El águila imperial ibérica parece haber estado siempre relegada al Mediterráneo occidental. A comienzos del siglo XX se extinguieron sus poblaciones más meridionales (Marruecos, Cordillera Penibética), occidentales (Portugal), septentrionales (norte de Guadarrama) y orientales (Levante). La primera estimación publicada sobre el tamaño de su  población en España fue realizada en los años 70 por Valverde, cifrándose entonces en 50 parejas reproductoras. En esos años este autor citaba su presencia tan sólo en cuatro enclaves: Sierra de Guadarrama, Monte del Pardo, Valle del Tajo y área de Doñana. El primer censo nacional preciso fue el realizado en 1971-73 por J. Garzón, quien confirmó la cifra de 50 parejas. Más de una década después se realizó el segundo censo nacional, que registró la cifra de 104 parejas. El tercer censo nacional tuvo lugar en 1989, y proporcionó un total de 126 parejas.

 

            Sus efectivos han quedado hoy día reducidos al cuadrante suroccidental de la Península Ibérica. Dentro de este área  las poblaciones más densas se ubican en tres zonas muy concretas: Monte del Pardo (Madrid), Parque Natural de Monfragüe y Sierra de San Pedro (Extremadura), y Parque Nacional de Doñana y su entorno (Huelva-Sevilla). Estas tres zonas, por su grado de protección, densidad de parejas y producción anual de jóvenes, actúan como áreas madre para la creación de nuevos núcleos y, por tanto, para la expansión del área de distribución.

 

            La población mundial reproductora, estimada en 131 parejas nidificantes en 1999, se halla establecida sólo en España, ocupando las provincias de Avila, Segovia, Madrid, Toledo,  Ciudad Real, Cáceres, Badajoz, Huelva, Sevilla, Córdoba y Jaén.

 

            Aunque la población ha ido aumentando progresivamente desde 1970 hasta 1999, el porcentaje de territorios activos (es decir con nidificación) y la tasa de vuelo no han aumentado en la misma proporción. Ambas variables sufrieron un descenso en 1989, pero se recuperaron en 1994. La importante disminu­ción de las poblaciones de su presa básica, el conejo, por la aparición de una epizootia de origen vírico (Villafuerte et al., 1994) parece ser la razón.

 

3.1.1. Cambios en la distribución geográfica.

 

            Desde el primer censo, no ha habido cambios importantes en la configuración externa de su área de distribución en España. Sin embargo, sí ha habido cambios notables dentro de ella. El más importante ha sido que los nueve núcleos geográficos existentes en 1986 se han reducido a cuatro en 1994. De esta forma la población septentrional forma ahora un frente continuo (Guadarrama-Gredos-Monfragüe-Sierras centrales de Extremadura), y los núcleos de Sierra Morena Oriental (Jaén) y Sierras del valle de Alcudia se han conectado con los de Sierra Morena occidental (Córdoba y Sevilla). Por el contrario, permanecen sin conexión los núcleos de Montes de Toledo y Doñana, y están vacíos potenciales territorios en parte de Sierra Morena occidental.

 

            Las provincias de Madrid y Cáceres son las que han registrado un mayor aumento de territorios. Los incipientes núcleos instalados en Córdoba, Jaén y Sevilla parecen haberse estabilizado. En las provincias de Huelva y Toledo el número de territorios desciende ligeramente en el último censo. De Salamanca y Guadalajara parecen haber desaparecido.

 

3.1.2. Cambios en el estado de conservación.

 

a) Parámetros reproductores.

 

            Los cambios más notables en este contexto han sido el descenso del porcentaje de territorios con éxito reproductor y el aumento del número de ejemplares no adultos en la reproducción. Una explicación parece apuntar a la estrategia de crecimiento de la población. Por una parte, ésta podría estar basada en un aumento de la incorporación de ejemplares inmaduros y subadultos­ a la reproducción y, por otra, debido a su modelo de expansión geográfica filopát­ri­co (González, 1991; Ferrer, 1993), las parejas nuevas se instalan en la periferia de núcleos ya es­tablecidos, ocupando ter­ritorios de peor calidad. El éxito reproductor es menor tanto en las parejas de no adultos como en los territorios de peor calidad (González, 1991).

 

            En la década de los 70 los huevos inférti­les de algunas parejas de Doñana, Extremadura y Guadarrama registraron niveles de contaminantes organoclorados lo suficiente altos como para provocar fracasos reproductores (González & Hiraldo, 1988). En los últimos años esos niveles han mostrado una reducción significativa en los mismos núcleos (Hernández, com. pers.).

 

b) Cambios en la tasa de mortalidad.

 

Al comparar la mortalidad entre 1981-88 y 1991-94 se ha registrado:

 

a) Aumento en la tasa anual de muertes, 19 casos por año en 1991-94 (n=76) frente a 5 en 1981-88 (n=39). En este aumento hay que valorar la mayor facilidad de localización de ejemplares muertos cuando van provistos con emisores de VHF. Los resultados para los ejemplares radiomarcados, en los que se conoció la causa de muerte (9 por electrocución, 5 por veneno y uno por cepo, disparo, inanición y enfermedad), resultaron similares a los obtenidos para los no marcados.

b) Mantenimiento de la electrocución como principal causa de mortalidad.

c) Aumento de muertes por veneno y disminución de muertes por disparo en el último período.

d) Aumento importante de casos en el segundo período en Madrid y Ciudad Real y disminución en Huelva, debido a la modificación de los tendidos eléctricos en Doñana (Cadenas, 1995).

e) Reducción en la clase adulta y aumento en la de subadultos-inmaduros en el segundo período. El hecho de que la mortalidad adulta registrada en los últimos años haya aumentado, podría influir en la incorporación de inmaduros como sustitución de los ejemplares desaparecidos en parejas ya formadas.          

 

3.2. Factores de amenaza

 

3.2.1. Alteración del hábitat

 

            En la evolución histórica de la cubierta forestal de España están algunas de las claves de la actual escasez del águila imperial. Este águila necesita para reproducirse un hábitat con una importante cobertura arbórea. Por ello su abundancia ha estado ligada a la superficie forestal española. La potencialidad vegetal de la inmensa mayoría del territorio peninsular cor­responde a formaciones forestales. Se calcula en poco más del 5% la extensión de las formaciones forestales peninsulares de carácter potencial que actualmente conservamos.

 

            Los encinares constituyen los bosques potencialmente más extensos y representativos de España. Desde que las primeras civilizaciones se asentaron en nuestro país, estos bosques han sido víctimas de una intensa explotación agrícola, de la con­centración de población y del aprovechamiento maderero. Por ello han sufrido una extraordinaria regresión, de tal forma que sólo quedan núcleos bien conservados en algunos territorios de mínima densidad demográfica, de relieve anfrac­tuoso, o de secular vocación ganadera o cinegética. Así, el encinar de llanura que en siglos pasados, y de forma casi ininterrumpida, formaba un corredor natural en las depresiones de los ríos Tajo y Tiétar, ha quedado fragmentado y reducido a unos pocos enclaves aislados y amenazados. En ellos es donde actualmente se asientan algunas de las poblaciones más densas de águila imperial. En igual situación se hallan los encinares y alcornocales de las llanuras de las cuencas del Guadiana y Guadalquivir.

 

            Sin embargo, las prácticas ganaderas han favorecido tradicionalmente el mantenimiento del arbolado, a través de un sabio y secular sistema de explotación silvopastoral genuinamente mediterráneo: el adehesamiento. Las dehesas son formaciones arboladas en las que la distancia entre los troncos permite el desarrollo y la utilización ganadera de los pastizales subyacen­tes. La conservación del arbolado -previamente aclarado con la finalidad de satisfacer las exigencias lumínicas del pastizal y permitir la circulación de los animales- desempeña funciones decisivas para la estabilidad y la rentabilidad del ecosistema.

 

            Las transformaciones del hábitat del águila imperial que producen los regadíos, aunque relativamente similares a las producidas por otras transformaciones agrícolas (como las labores sin arbolado), tienen mayor importancia. La creación de regadíos se ha llevado a cabo en buena parte  sobre penillanuras de clima mediterráneo ocupadas por bosques de quercíneas, hábitats donde se alcanzan las mayores densidades de águila imperial. Los regadíos son transformaciones del medio más recientes que otras labores agrícolas, realizados en su mayor parte en los últimos 30 años. Entre 1970‑85, en el área de dis­tribución del águila imperial, las superficies ocupadas por los regadíos en las vegas de los ríos Guadiana y Guadalqu­ivir aumentaron de 316 a 507.000 hectáreas, provocando una reducción importante en la superficie arbolada de la región. En Extremadura, entre 1957 y 1982 el número de ejemplares de quercíneas taladas fue 5.778.588, suponiendo una reducción del 9,6% de la superficie arbolada con  respecto a períodos anteriores. Por otra parte, a diferencia de lo que ocurre con otros usos agrícolas del suelo, los regadíos han ido acompañados en el suroeste de España de la creación de 29 nuevos núcleos de población, provocando un aumento de la densidad de población humana en el área y una mayor y más continuada presencia del hombre en el campo. Donde aquellos coinciden con las áreas de nidificación del águila, se ha comprobado que las molestias humanas provocan una disminución significativa de su éxito reproductivo.

 

3.2.2. Disminución del conejo

 

            La mixomatosis diezmó de forma espectacular las poblaciones de conejos en toda España a partir de 1957, y tuvo consecuencias catastrófic­as para el águila imperial. Por una parte le obligó a cambiar su régimen alimenticio. Donde había presas de sustitución (por ejemplo, Doñana), las águilas sustituyeron el conejo por aves acuáticas. Del resto de España no se tienen datos al respecto, pero según J. Garzón, muchas parejas dejaron de reproducirse. Un buen número de parejas pudieron disolverse, perviviendo sólo aquéllas que habitaban zonas menos afectadas.

 

            En los últimos años se ha detectado una nueva enfermedad de origen vírico (neumonía hemorrágica) en las poblaciones de conejos silvestres, que está causando una elevada mortalidad. Esto, sumado a la ya existente mixomatosis, ha provocado un descenso muy importante de las poblaciones de conejo de amplias áreas habitadas por el águila imperial. Aunque no se tienen todavía datos cuantificables sobre la magnitud de esta reducción, los estudios realizados localmente indican que se acerca al 80%. La disminución del porcentaje de parejas productivas de águilas imperiales detectado en el censo de 1989 parece tener este origen.

 

3.2.3. Fallos en la reproducción

 

            Algunas parejas, buscando los soportes-nido más altos o simplemente por ser los únicos en la zona, eligen árboles endebles como eucaliptos y chopos, cuya condición de soporte muy inestable favorece el vuelco o derrumbe de los nidos bajo la acción de vientos fuertes o tormentas, malográndose la reproducción. La caída de toda (o parte) de la estructura de los nidos llegó a ser en algunos años el causante del 45% de las muertes de pollos en nido (Cadenas, 1995; García y Oria, com. pers.)

 

            Las pérdidas de pollos en nido pueden ser totales (pérdida de toda la pollada) o parciales  (reducción del tamaño de pollada). El primer caso se ha registrado sólo en el 4,9% de las ocasiones, y sus causas han sido el expolio por parte del hombre y la caída del nido. No obstante, en Doñana la caída de nidos ha llegado a suponer hasta el 45% de pérdidas. El segundo caso es más frecuente, ocurriendo en el 55,7% de las reproducciones controladas, suponiendo la pérdida del 26,2% de los pollos que nacen en polladas con más de uno (González, 1991).

 

            El número de casos en que hubo reducción del tamaño de la pollada fue mayor en los hábitats con escasez de conejo que en los hábitats con abundancia. En el 19,5% de las veces se registró la pérdida en el mismo nido de 2 pollos hermanos por cainismo, correspondiendo el 80% de estos casos a los hábitats con bajas densidades de conejo. Es previsible, a la vista de la disminución reciente de las poblaciones de conejos, que en el futuro aumente la incidencia de este factor.

 

            En los últimos años se han encontrado jóvenes volantones muertos o moribundos. Su análisis reveló la existencia de un avanzado proceso de desnutrición asociado a diversas enfermedades infecciosas. En algunos casos se comprobó la presencia de adultos en el territorio y la ausencia de cebas a aves jóvenes, provocando un adelanto del proceso de independencia de los jóvenes. En este comportamiento no se descarta una posible influencia de la disminución del conejo por la neumonía vírica.

 

3.2.4. Mortalidad no natural

 

            La información proporcionada por varios estudios ha permitido conocer las causas de mortalidad de 112 ejemplares encontrados en los últimos 30 años. El 61,6% de los casos correspondió a muerte por electrocución, el 34,8% a muerte por disparo de arma de fuego, el 10,7% a muerte por inanición (sólo en jóvenes volanderos), el 7,1% a cepos y venenos y el 8,9% restante a otras causas.

 

            Desde 1986 los estudios de radio-seguimiento de jóvenes en Doñana y la Sierra de Guadarrama han permitido constatar la muerte de 26 ejemplares de los 47 equipados con emisores, repitiéndose más o menos los mismos porcentajes anteriores. Es decir, más de la mitad de las muertes fueron por electrocución.

 

            Cuando se diseñó el Plan Coordinado de Actuaciones, el principal factor limitante de la recuperación de la población era la mortalidad por electrocución en torretas de líneas de conducción eléctrica, que debido a su gran altura son usadas por el águila como posaderos o atalayas de caza. Por ello la mayor parte del dinero y esfuerzo de conservación se dedicó a paliar este factor. Ello produjo una inmediata respuesta de la población, recuperándose hasta su máximo en 1994.

 

            La electrocución del águila imperial se produce de dos formas: por contacto con dos conductores, o por contacto con un conductor y derivación a tierra a través del poste metálico. Dadas las dimensiones de los apoyos, la separación de los conductores y la longitud de los aisladores, las electrocuciones sólo son frecuentes en líneas de distribución de segunda y tercera categoría con una tensión entre 15 y 45 Kv.

 

            En diferentes estudios se ha puesto de manifiesto la peligrosidad del apoyo dependiendo de su diseño, siendo la disposición de los aisladores la característica más importante. Apoyos rígidos en tresbolillo producen una mortalidad veinte veces superior a los apoyos con aisladores suspendidos. En general, los apoyos de alineación suelen ser menos peligrosos que los interruptores, transformadores, postes de derivación, etc. Esto se debe a que en los últimos es frecuente que haya cables desnudos por encima de los travesaños superiores, precisamente los que utilizan las aves para posarse, lo cual facilita la posibilidad de contacto con la corriente. La existencia de puentes flojos por encima de los travesaños aumenta enormemente la peligrosidad del apoyo. Los postes que presentan aisladores rígidos, puentes flojos superiores y con funciones diferentes de la de alineación (apoyos de anclaje en cruceta, transformadores, seccionadores en pórtico y con puentes superiores en disposición horizontal) son los más peligrosos. Por el contrario, los menos peligrosos son los apoyos de alineación al tresbolillo con aisladores suspendidos, apoyos en bóveda con aisladores suspendidos y los postes de madera al tresbolillo con aisladores rígidos.

 

            Otros factores distintos de los técnicos también influyen. Así, las líneas instaladas cerca de carreteras y caminos tran­sitados producen una mortalidad mucho menor. Las plumas deben estar húmedas, pues en el águila las plumas secas son aislantes, aumentando su conductividad diez veces en el caso de estar húmedas. Otro factor es la abundancia de presas, pues se ha encontrado un fuerte relación entre el número de conejos bajo la línea y el de rapaces electrocutadas.

 

            La mayor incidencia de casos de electrocución ocurre en ejemplares inmaduros. Tres razones han sido aducidas: 1) mayores dificultades al posarse debido a su inexperiencia en el control de vuelo, 2) falta de exigencia en la selección de posaderos, y 3) utilización de áreas más humaniza­das.

 

            Sin embargo hoy día la principal causa de mortalidad es la muerte por intoxicación. En los últimos años se ha comprobado un aumento notable en el número de casos de muertes por envenenamiento, lo que indica una generalización del uso de venenos y tóxicos en la naturaleza para control de depredadores. Así, desde 1990 la cifra de aves envenenadas en España central asciende a 32, además de otras 3 que están pendientes de análisis. En el Parque Nacional de Doñana hubo 8 casos en 1994 y uno en febrero de 1997. Así, pues, el veneno está afectando a toda el área de distribución del águila imperial, especialmente el centro y sudoeste de España, habiéndose registrado casos de poblaciones importantes que han sido prácticamente eliminadas por este factor, como son las del valle del Tiétar (Toledo), con ocho parejas en 1989 y sólo dos en la actualidad, o la población de Almadén (Ciudad Real), con seis parejas en 1989 y también sólo dos en 1999.

 

            Los meses de mayor incidencia del uso del veneno son marzo, mayo, junio y abril, por ese orden. Generalmente, se envenena antes de los períodos hábiles de caza y antes de realizar las repoblaciones de perdiz y conejo.

 

            La tendencia a la recuperación de la especie se ha visto frenada en los últimos años por el veneno. De ahí que pueda afirmarse que, en la actualidad, posiblemente sea el principal problema de conservación de la especie.

 

3.2.5. Molestias humanas

 

            A causa del trasiego de público en las cercanías de los nidos durante la incubación, se registran anualmente un cierto número de fallos en la reproducción, siendo probable que otros fallos no iden­tificados en su momento se hayan debido a esta causa. A nuestro entender este factor es probable­mente uno de los principales responsables del bajo éxito reproductor de núcleos como el de Sierra de Guadar­rama, encinares de Madrid y Doñana.                   

 

3.2.6. Contaminación química

 

            El águila imperial presenta en el contenido de sus huevos infértiles una amplia gama de contaminantes químicos, con altos niveles de metales pesados (cobre, zinc, mercurio, plomo y cadmio) y compuestos organoclorados (DDT, DDE, aldrín, dieldrín, HCHs y PCBs). Al comparar las cáscaras de huevos de los siglos XIX y XX, se aprecia un descenso en el grosor (12,6%) y en su grado de cristalización, ambos asociados a la aparición anormal de cantidades de cloro, potasio, magnesio y cobre, al aumento del porcentaje de fósforo y azufre en las cáscaras de huevos recientes, y al gran aumento en el contenido de fósforo y peor grado de cristalización en los huevos infértiles. Esto implica que la cáscara es más frágil y quebradiza, siendo fácil su rotura o la aparición de defor­midades que hacen inviable el huevo.

 

            Es probable que estos compuestos estén incidiendo negativamente en la fertilidad de la especie, aunque sus niveles no son tan elevados como para jugar un papel importante, registrándose incluso una reducción, es un factor que hay que seguir teniendo en cuenta, sobre todo en la población de Doñana.

 

3.3. Actuaciones de conservación

 

            En los últimos años se han acumulado abundantes conocimien­tos sobre su biología, ecología y problemática de conservación, que han permitido ir abordando paulatinamente y con suficientes garantías una adecuada estrategia de actuación. A continuación se resumen brevemente las principales actuaciones realizadas.

 

Control y seguimiento.  En la década de los 70 la realización de un proyecto del WWF llevado a cabo por J. Garzón, sirvió para conocer e identificar por primera vez y a nivel nacional el verdadero tamaño de la población reproductora y su problemática de conservación. En la década de los 80, se continuó esta labor con la realización de censos nacionales. El primero, realizado entre 1971 y 1974 (Garzón, 1972, 1974), el segundo finalizado en 1986 (González et al., 1987), el tercero en 1989 (González, 1991), el cuarto en 1994 (ICONA, 1994) y el quinto en 1999. Algunos núcleos como los encinares de Madrid, Parques de Monfragüe y Doñana, han sido controla­dos anualmente. En los primeros años los esfuerzos en este sentido se hicieron de forma privada; actualmente son las administraciones central y autonómi­cas las encargadas de coordinar y ejecutar estos censos y controles anuales.

 

Protección del hábitat. Existen 10 Espacios Naturales Protegidos y dos espacios más del Patrimonio Nacional y Organismo Autónomo Parques Nacionales, que albergan aproximadamente el 33% de la población total nidificante. Todos estos espacios han sido declarados oficialmente como Zonas de Especial Importancia para las Aves, en virtud del Artículo 4.1 de la Directiva 79/409/CEE. Además han sido designadas otras 8 áreas más como ZEPAS. En total existen 17 áreas cuyo hábitat está protegido, que albergan 78 parejas nidificantes.

 

Actuaciones para reducir la mortalidad por electrocución.

 

Medidas legislativas. La Junta de Andalucía promulgó un Decreto (194/90) por el que se establecieron normas de protección de la avifauna para instalaciones eléctricas de alta tensión con conductores no aislados en los Espacios Naturales Protegidos de su territorio. Posteriormente las Comunidades Autónomas de Extremadura, Castilla-La Mancha y Madrid han promulgado decretos regulando la instalación de tendidos eléctricos para evitar la electrocución. Además el MIMAM tiene en fase de aprobación un Real Decreto que incluye las novedades de modificación de los tendidos ya existentes, abarcando todo el territorio nacional.

 

Localización y modificación de tendidos eléctricos. Se están localizando y cartografiando los tendidos eléctri­cos causantes de mortalidad, o los potencialmente peligrosos que atraviesan áreas de campeo y dispersión. Esta tarea se ha llevado a cabo ya en las provincias de Madrid, Avila, Segovia, Cáceres, Badajoz, Ciudad Real, Toledo, Cádiz y Sevilla. Al tiempo que se localizan los tramos peligrosos, se han modificado los causantes de mortalidad, colocando apoyos en bóveda o aislando los cables (Sánchez & Rodríguez, 1992; Cadenas, 1995).

 

Reparación de nidos e instalación de plataformas artificiales. Siempre que se detectan problemas de estabilidad o caída en un nido, se ha procedido a reforzarlo o a instalar una plataforma artificial. En estos casos se han obtenido altos índices de ocupación en Ex­tremadura y Guadarrama (V. García, com. pers.) y Doñana (Cadenas, 1994).

 

Vigilancia de nidos. Desde 1989 anualmente se vigilan, por personal seleccionado al efecto, diversos nidos de Doñana y Guadarrama que, por estar en zonas muy transitadas o visibles, fracasaban por molestias humanas o expolio. Desde entonces no se ha perdido ninguna puesta o pollada. En los últimos años se ha extendido esta práctica a Extremadura y Castilla-La Mancha.

 

Reducción de la mortalidad de pollos en nido. Entre 1971 y 1975 Garzón y Meyburg pusieron a punto una técnica para evitar la pérdida de pollos por cainismo, consis­tente en retirarle del nido, fortalecerle unos días en cautividad y reintroducirle en otro nido con un hermano de similar edad y desarrollo. Este esquema básico, aunque con variaciones, se continuó desde 1983 a mayor escala, introduciéndose novedades como el marcaje y seguimiento radiotelemétrico, o la reintroducción de jóvenes volantones en núcleos familiares. Desde entonces se ha conseguido evitar la muerte de al menos 25 pollos (González et al., 1989; J. Oria com. pers.).

 

Programa de alimentación suplementaria. Anualmente se vienen suministrando presas vivas o muertas (fundamentalmente conejos y anátidas) en los posaderos y cazaderos de aquellas parejas en que se produce con frecuencia agresiones entre pollos, o los jóvenes presentan problemas de deficiencias alimenticias. De esta forma se ha evitado la muerte de numerosos pollos y jóvenes en Doñana (Cadenas, 1994) y Extremadura, Madrid y Castilla-La Mancha (J. Oria com. pers.).

 

            Por otra parte, para mejorar las disponibilidades alimenticias naturales de algunas parejas reproductoras se han realizado repoblaciones experimentales de conejos en sus áreas de campeo, mediante la in­stalación de vivares y defensas, o creando corrales de suelta (F. Aparicio, com. pers.).

 

Control y seguimiento radiotelemétrico de jóvenes. Desde 1984 en Doñana (González et al., 1985; Ferrer, 1992; Cadenas, 1994) y desde 1990 en el centro de España (J. Oria com. pers.), se viene procediendo al control y seguimiento de jóvenes equipados con radioemisores, al objeto de estudiar y conocer el proceso de transición a la independencia, sus movimientos dispersivos y áreas temporales de dispersión, supervivencia y causas de mortalidad.

 

Programa de cría en cautividad. Desde 1991 está en funcionamiento un programa de cría en cautividad del águila imperial en las instalaciones de "Quintos de Mora" (MIMAM) y Sevilleja de la Jara (Junta de Castilla-La Mancha), ambos en Toledo. En el momento actual los centros cuentan con 31 ejemplar­es.

 

Contaminación química. La promulgación de diversas disposiciones legales prohibien­do o regulando el uso de determinados productos organoclorados y organofosforados en los tratamientos agrícolas (O.M. 9.12.1975 y Directiva CEE) ha supuesto una importante mejora en la reducción del uso de estos contaminantes. Por otra parte, los huevos infértiles analizados están mostrando valores bajos de organoclorados y metales pesados con respecto a los encontrados 10 años antes.

 

Sensibilización y divulgación.           Teniendo como motivo el águila imperial, se han publicado numerosos artículos dilvulgativos y fotográficos en revistas, un tríptico, algunos posters, calendarios, etc.

 

            A la vista de todo lo anterior, la situación de la especie ha mostrado en los últimos 20 años:

 

1. Un aumento del número de territorios regentados y de la superficie ocupada por el águila. El que este aumento haya sido más notorio en las provincias de Cáceres y Madrid podría estar relacionado con la permanencia de los núcleos importantes. Sin embargo, no sucedió lo mismo para Huelva, a pesar de contar con el núcleo de Doñana.

2. Una tendencia a conectarse los núcleos de población. Podría vaticinarse que las nuevas parejas ocuparán los hábitats potenciales libres entre los núcleos actuales, como por ejemplo, la zona oriental de los Montes de Toledo, que conectaría con las sierras de Las Villuercas y del Valle de Alcudia, o la Sierra de San Pedro que conectaría con Sierra Morena.

3. Un mayor cumplimiento en el número y contenido de disposiciones legales que protegen o favorecen la supervivencia de la especie y su hábitat.

4. Un cambio favorable de actitud y mentalidad del público hacia la conservación de las especies amenazadas.

5. Una mejora en el diseño y un aumento en la experimentación de técnicas de manejo y gestión de la especie.

6. Un aumento significativo de la dotación presupuestaria, oficial y comunitaria, destinada a actuar en beneficio de la recuperación y conservación de la especie.

 

            Con la experiencia del Plan Coordinado de Actuaciones, una evaluación del status de conservación del águila imperial sería la siguiente:

 

1) Una de las mejores herramientas para conservar su hábitat es su declaración como espacio natural protegido, incluyendo las necesidades del águila en los planes de uso y gestión. Sin embargo, falta asegurar la protección en los terrenos privados, siendo necesario establecer acuerdos y convenios con los propietarios par­ticulares. Por su parte, las áreas de dispersión juvenil y de recolonización deberían ser manejadas con otro enfoque.

 

2) Parece existir todavía hábitat potencial en cantidad para ser colonizado por un buen número de parejas. La tasa de crecimiento de la población experimentada hace años (5 parejas por año) fue demasiado lenta para conseguir una expansión rápida de la población. Todo apunta a que la alta tasa de mortalidad preadulta y adulta que sufre la especie impide que un elevado porcentaje de jóvenes lleguen a la edad reproductora, y que gran parte de los que llegan sean reclutados por los adultos ter­ritoriales que han perdido su pareja al haber también una excesiva mortalidad adulta. De esta forma, la fracción subadulta no se emplea para recolonizar nuevas áreas, sino para sustituir bajas de la población que ya existe. Aunque todavía no parece ser obstáculo insalvable para la renovación de la población reproductora, en los últimos años se ha detectado un aumento del número de parejas con individuos en plumaje no adulto.

 

3) Sobre la base de los conocimientos disponibles del área de distribución histórica y de sus requerimientos de hábitat, pueden delimitarse áreas en las que sería factible la recolonización, bien de forma natural o de forma artificial, que actuarían como áreas puente para enlazar núcleos aislados. La creación de nuevos núcleos reproductores ampliaría el área de distribución, conectándose las poblaciones más cercanas, lo que facilitaría el intercambio genético. Actualmente existen técnicas de reintroducción de rapaces (ya ensayadas con éxito en el águila imperial) que permiten fijar a las aves en el lugar de suelta, de manera que aunque se dispersen de allí, regresan a la localidad de origen para reproducirse.

 

4) El hábitat de nidificación elegido por las parejas de reciente instalación indica que la especie es sólo exigente con la disponibilidad de su alimento (el conejo) a la hora de seleccionar una área para instalar su territorio de cría. Esto sugiere que las nuevas generaciones de águilas se pueden estar adaptando a los cambios de hábitat provocados por el hombre, aunque suponga una merma en su productividad.

 

5) El principal factor limitante de la población es la elevada tasa de mortalidad causada por la electrocución en torretas de conducción eléctrica menores de 45 Kv y la intoxicación por envenenamiento en el campo. La eliminación de los riesgos de mortalidad por electrocución y la vigilancia eficaz, así como las campañas de sensibilización y divulgación en los medios cinegéticos, son las medidas más provechosas y eficaces para disminuir la mortalidad.

 

6) El control y seguimiento anual de la población nidificante proporciona una información muy valiosa para evitar fallos en la reproducción (caídas de nidos o pollos, muerte de pollos por alimentación deficiente, etc.). La correcta vigilancia de nidos activos situados en ter­ritorios conflictivos evita la pérdida de puestas y pollos.

 

7) Aunque en comparación con otras especies, el nivel de conocimientos sobre el status, dis­tribución y problemática de conservación es aceptable, faltan estudios sobre aspectos tan importantes como el uso del espacio, la ecología energética de adultos reproduc­tores, o los mecanismos de regulación poblacional. Asimismo, debería profundizarse en la selección del hábitat y su influencia en la instalación de territorios.

 

4. EL PLAN DE ACCIÓN

 

            En los libros rojos internacionales y nacionales el águila imperial ibérica figura en la categoría En peligro de extinción. El Plan estableció como objetivo inmediato promover acciones necesarias eliminar este peligro que permitan cumplir los criterios para reclasificar a la especie en una categoría de menor amenaza. Según la UICN estos criterios son: mantenimiento de la población en crecimiento, con un área de ocupación superior a 2.000 km², no fragmentada y con una población superior a 1000 individuos maduros, o cercana a los 500 territorios ocupados. Por ello, el Plan está trabajando en favorecer un aumento de la actual tasa de crecimiento de territorios. En este sentido, se ha trabaja en las siguientes líneas prioritarias de actuación:

 

·         Duplicar, como mínimo, el porcentaje actual de superficie protegida con territorios ocupados por las águilas. De cuerdo a las Directivas de Aves y de Hábitats, está previsto un aumento en  la designación de ZEPAS y establecer una red de zonas especiales de conservación, la futura Red Natura 2000, para varios tipos de hábitats (en cinco de ellos habita el águila) y para especies designadas como prioritarias (caso del águila imperial ibérica). De este modo se deberá garantizar el mantenimiento o restablecimiento de los hábitats de la especie. Con esta previsión se aseguraría la conservación de una parte importante del hábitat actual ocupado, y de gran parte del potencial que podría ser objeto de recolonización.

·         Reducir a niveles insignificantes la mortalidad por electrocu­ción, mediante la modificación de torretas de conducción eléctrica.

·         Activar y potenciar la erradicación del uso de venenos y tóxicos en el campo (por ejemplo, mediante una mejor dotación de material y medios, y potenciando la labor de los agentes de la autoridad).

·         Fomentar la recolonización por parte de las águilas imperiales en los hábitats potenciales disponibles.

·         Implicar en mayor medida en la conservación de la especie al sector privado, sobre todo a las propiedades de terrenos donde habita el águila.

 

4.1. Ambito de aplicación

 

            El Plan se aplica a la totalidad del área de distribución actual de la especie: áreas de nidificación, de dispersión juvenil, de recolonización y hábitat crítico. A tal efecto se definieron:

 

1. Area de nidificación: aquel territorio donde se ha comprobado en los últimos cinco años la presencia de al menos una pareja nidificante, o regentando territorio. Este área incluye también el cazadero de la pareja.

 

2. Area de dispersión: la zona temporal de asentamiento de jóvenes e inmaduros, es decir donde se detecte la presencia de ejemplares no adultos con una cierta regularidad y querencia.

 

3. Area de recolonización: aquel territorio que reúne las suficientes condiciones de hábitat para ser ocupado por la especie, pero que en la actualidad y por diversas causas, no lo está. En principio se considerarán de mayor interés las zonas: a) donde la especie ha desaparecido como nidificante en los últimos 30 años, b) que se sitúan en los bordes del área de distribución actual, y c) que unen geográficamente núcleos separados de similares características ecológicas.

 

            Dentro de las áreas anteriormente definidas, se consideran hábitats criticos las esenciales para la supervivencia y recupera­ción de la especie (por la existencia de un hábitat con características óptimas para el águila, por estar en un estado de conservación aceptable, por tener una cierta extensión y registrar una alta densidad de parejas nidificantes con una buena productividad), requiriendo medidas especiales de protección para asegurar su conservación y mejora.

 

4.2. Objetivos

 

4.2.1. Medidas legislativas.

 

            Se trabaja en las siguientes medidas legislativas, encaminadas a mejorar el hábitat donde viven las águilas imperiales y disminuir la mortalidad de aves:

 

a. Mantener como protegida una superficie adecuada de hábitat ocupado por la especie (áreas de nidificación, dispersión y recolonizaci­ón), así como mejorar su calidad y gestión.

 

-          Inclusión en la red de Espacios Naturales Protegidos de las áreas de nidificación conocidas, y realización de Planes de Ordenación de Recursos Naturales (Ley 4/89).

-          Establecimiento de regímenes de conservación adecuados y realización de Planes de Ordenación de Recursos Naturales (Ley 4/89) en las áreas de dispersión juvenil y  recolonización de la especie.

-          Gestión y arrenda­mien­to de los terrenos incluidos en los Hábitats Críticos.

-          Establecimiento de acuerdos o convenios con propietarios de fincas particulares donde habite el águila imperial, para asesorar en la gestión y manejo del hábitat. Incluir compensaciones y mejoras en las propiedades que colaboren en la aplicación del Plan.

 

b. Reducir al mínimo la mortalidad de águilas imperiales ocasionada por la práctica de actividades cinegéticas.

 

Mortalidad por armas de fuego. En este apartado las acciones se centrarían en reducir la mortalidad por armas de fuego que, todavía en elevado número, causan bajas en la población. Es importante en las provincias de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Huelva, Sevilla y Cádiz y, en concreto, en las comarcas donde abundan los cotos de caza menor.

 

Mortalidad por venenos. Se trabaja sobre todo en los terrenos donde se sospecha o comprueba la colocación de venenos o tóxicos para el control de predadores, a través del programa Antídoto. Además, si se comprueba la utilización de venenos, en algunos casos se aplica la legis­lación sanitaria que permite suspender el aprovechamiento alimenticio y comercial  de la caza obtenida en ese terreno.

 

Mortalidad por cepos. En los terrenos donde se comprueba la colocación ilegal de cepos se toman las mismas medidas que en los puntos anteriores, evitando excepciones (a pesar de estar contempladas en el artículo 28 de la Ley 4/89) en las áreas de nidificación y dispersión de jóvenes.

 

c. Vigilancia de los cotos de caza.

 

La mayoría de las muertes por disparo o envenenamiento de águilas imperiales jóvenes ocurren en sus áreas de dispersión. En zonas de caza menor, las fechas de estas infracciones suelen ser coincidentes con la época de veda, por lo que se considera indispensable, como complemento a lo anterior, aumentar la vigilancia en esos cotos, especialmente en las épocas que tiene lugar el uso de estas zonas por las aves jóvenes.

 

4.2.2. Protección de la especie.

 

            Cinco aspectos principales se tienen en cuenta en este apartado:

 

1. Mejorar la disponibilidad de alimento durante todo el año.

2. Incrementar la productividad anual.

3. Incrementar la supervivencia de ejemplares preadultos y adultos.

4. Ampliar el área de distribución actual.

5. Desarrollar el programa de reproducción en cautividad.

 

1. Mejora de la disponibilidad de alimento.

 

            Teniendo en cuenta la relación entre el estado nutricional de los individuos y su éxito reproductor, y la relativamente escasa disponibilidad local y/o estacional de presas en algunas zonas, las actuaciones previstas en este objetivo tienen un efecto positivo sobre la población de águilas imperiales a medio y largo plazo. Un aumento de las dis­ponibilidades alimenticias favorecería la recolonización de áreas potenciales y aumentaría las posibilidades de supervivencia de la población preadulta. Por todo ello, se trabaja en incrementar las poblaciones de conejos de manera eficaz y rápida, al menos hasta un nivel que sirva para sustentar una importante población de águilas. Para ello se está trabajando en:

 

-          Realización de repoblaciones de conejos en aquellas áreas donde se detecte su disminución y se tiene evidencia de un descenso del éxito reproductor del águila o paralización de la reproducción.

-          Establecimiento, cuando se estima conveniente, de restric­ciones de carácter espacial y/o temporal en los aprovecha­mientos cinegéticos de conejo, para facilitar la recuperación de las poblaciones más afectadas por enfermedades y favorecer la expansión de ejemplares inmunes.

 

2. Incremento de la productividad anual de la población.

 

             Con las acciones desarrolladas en este punto se pretende invertir la tendencia regresiva de la productividad, volviendo a alcanzar los parámetros reproductores poblacionales normales, como son: alrededor del 80% de parejas produc­tivas, tasa de eclosión del 70 %, éxito reproductor de 1,3 y tasa de vuelo de 1,7. En este sentido, las actuaciones sobre las que más se incide son:

 

- Evitar la pérdida de nidos, puestas, pollos y jóvenes durante la fase de reproducción. Las fases de incubación y crianza de los pollos y jóvenes son críticas para el éxito reproductor del águila imperial, ya que durante ellas se pueden producir fenómenos naturales o accidentes inducidos que interfieren un su potencial reproductor y actúan negativamente sobre su tasa de crecimiento. La corrección de tales factores se convierte, pues, en un buen instrumento para incrementar la productividad anual de la población.

 

- Manejo de los soportes de nidificación. Tras una revisión anual (antes del 15 de enero) de todos los nidos existentes, se procede a:

 

a) Refuerzo y apuntalamiento de nidos precarios. En circunstancias similares, pero sin posibilidades de emplazamientos alternativos, se procede a asegurar los nidos mediante refuerzos y apuntalamientos, tanto del propio nido, como del árbol que lo sustente. Excepcionalmente se actúa en nidos de nueva construcción, y siempre antes de que el nido esté totalmente terminado.

 

b) Instalación de nidos artificiales. En zonas de nidificación de parejas ya establecidas, donde no existan soportes idóneos, o para sustituir nidos inseguros en áreas desfavorables, se instalan nidos artificiales en soportes adecuados y sin riesgos de caída.

 

- Reducir la mortalidad de los pollos en nido. Cuando se detectan pollos en nido con un notorio desfase de edades y tamaños, y se sospecha que alguno de ellos puede morir por agresión de su hermano, se actúa de la siguiente forma. Cuando se llega a tiempo se aplica un Programa de Alimenta­ción Suplementaria. En caso de que esto no sea posible, se procede a su retirada del nido, para tratamiento y fortalecimiento bajo cuidados veterinarios, con el fin de, una vez recuperado, reintroducirlo en la naturaleza donde se estime más conveniente.

 

- Reintroducción de pollos. Los pollos son reintroducidos preferiblemente en el mismo nido de origen, o en otro del entorno próximo. Cuando ello no es posible:

 

 a) En el caso de pollos totalmente emplumados y en perfectas condiciones de vuelo, se reinsertan en grupos familiar­es durante el inicio de su período de emancipación.

 

 b) En otros casos, mediante la técnica de hacking, en zonas controladas y aptas para aceptar una posterior instalación como reproductores, tras su período de dispersión.

 

- Reducción de la mortalidad de pollos por alimentación insufi­ciente, mediante la puesta en marcha del Programa de Alimentación Suplementaria. Este programa sólo se lleva a cabo cuando se comprueba (por análisis hematológicos, retrasos en el crecimiento, riesgo de cainismo, etc.) que los pollos tienen problemas derivados de una alimentación deficiente. En su caso, la metodología básica consiste en suministrar alimento (vivo o muerto) en los nidos, o posaderos próximos, o en los cazaderos.

 

- Eliminación de las molestias humanas durante la reproducción. Dado que el tránsito de personas y vehículos por las inmediaciones de los nidos es uno de los factores de riesgo más significativos, una vez localizadas las áreas de cría de cada año se establece la norma general de impedir todo tipo de acceso (incluso cerrando pistas y caminos, si fuese necesario) en un radio apropiado, denominado zona de seguridad, según las características del terreno. Con referencia a este punto en particular se procede a establecer:

 

a) Restricción de actividades extractivas y aprovechamientos. En las concesiones o autorizaciones para trabajos fores­tales, carboneo, recogida de leña, corcho o piñas, apicultura, etc., se incluyen cláusulas que faculten expresamente a los responsables de la aplicación del Plan para excluir de aquéllas las zonas de seguridad antes mencionadas, exclusión que es obligada de febrero a julio, contemplándose compensaciones a los afectados.

 

b) Restricciones de tránsito. En las mismas zonas y época, todos los caminos abiertos a la circulación de vehículos y personas (cualquiera que sea su fin o actividad) son interrumpidos y debidamente señalizados, controlando estrechamente su posible utilización. Las investigaciones, actividades de manejo o cualquier otra propia de la Administración, son igualmente suspendidas.

 

c) Vigilancia de nidos. La vigilancia de nidos se lleva a cabo mediante vigilancia genérica (por parte de la guardería de cada zona) y vigilancia específica (para los casos que es necesaria, por la ubicación problemática del nido).

 

- Aumento artificial del éxito reproductor. Cuando se disponga de pollos nacidos en un centro de cría en cautividad, que no vayan a ser destinados a proyectos de recolonización, está en estudio su utilización para reforzar la produc­tividad de parejas.

 

3. Incremento de las posibilidades de supervivencia de los ejempla­res preadultos y adultos.

 

            En este apartado se incluyen las medidas que se realizan para minimizar, o en su caso eliminar, la mortalidad que sufre la especie por culpa del hombre o sus actividades.

 

- Reducción de la mortalidad por electrocución. Como se ha visto anteriormente, los accidentes mortales de jóvenes  e inmaduros por electrocución son frecuen­tes. No todos los tipos de tendidos son igualmente perjudiciales, siendo más mortales los que llevan un particular diseño en las torretas. Existe abundante información publicada sobre medidas y modificaciones que hay que realizar para hacer inofensivas las torretas, siendo algunas de fácil aplicación y poco costosas.

 

a) Localización, descripción y actualización de las líneas causantes de mortalidad o potencialmente peligrosas, mediante prospecciones periódicas de las líneas que atraviesan el área de distribución del águila, especialmente las áreas de dispersión de jóvenes. Con esta información se está elaborando un inventario de accidentes de electrocución, en el que figuran los detalles del accidente, tipo de torreta, características del terreno, propiedad de la línea, etc.

 

b) Medidas correctoras en las torretas. En las líneas ya existentes y en las de futura construcción incluidas en el ámbito geográfico del Plan, se aplican las medidas correc­toras aprobadas, en tanto no se identifiquen otras mejores.

 

4. Ampliación del área de distribución actual de la especie.

 

            Una vez conocidos el área de distribución histórica de la especie y sus requerimientos de hábitat, se están delimitando ciertas áreas en las que sea posible su recolonización. La formación de nuevos núcleos de cría ampliaría el área de distribución actual y facilitaría el intercambio genético entre subpoblaciones.

 

            La ampliación del área de distribución de la especie se puede realizar uniéndose los núcleos existentes aislados, o por extensión periférica sin conexión con otros núcleos. De una u otra forma, el cumplimiento de este subobjetivo pasa por el asentamiento de nuevas parejas reproductoras. Para ello se tiende a actuar favoreciendo el asentamiento de individuos con una adecuada mejora y protección del hábitat.

 

            Si se consigue un aceptable grado de cumplimiento de los Planes, la recolonización de las áreas próximas a los núcleos de nidificación sería posible a corto o medio plazo. Sin embargo, en las áreas más alejadas esta recolonización probablemente ocurrirá a largo plazo. Por tanto, es necesario acelerar este proceso mediante la creación artificial de núcleos reproductores. Para ello se está estudiando recurrir a las técnicas de reintroducción de rapaces, como el hacking. Previamente se deben haber eliminado los factores que provocaron su desaparición de la zona a recolonizar.

 

            Mediante un estudio previo, deberían iden­tificarse las áreas potenciales de recolonización y evaluarse las posibilidades de éxito, como paso previo a la suelta de aves jóvenes. La información se cotejaría o complementaría con prospecciones sobre el terreno para comprobar el estado actual de conservación de estos enclaves y elaborar una lista de áreas potenciales y su estado.

 

5. Programa de Reproducción en Cautividad.

 

            En previsión de que una catástrofe natural, epizootia u otros imprevistos, reduzcan o extingan la población de águila imperial, parece preciso crear un stock cautivo que asegure su supervivencia. La realización de un Programa de Cría en Cautividad servirá para proporcionar los ejemplares necesarios en los proyectos de recolonización o reforzamiento de poblaciones. El stock cautivo ya existe con las aves de los centros de Sevilleja de la Jara y Quintos de Mora.

 

            Para ello se han fijado los siguientes objetivos:

 

-          Creación de una fracción cautiva de la población de águila imperial ibérica suficientemente amplia y diversa como para asegurar la preservación de la diversidad genética actual de la especie. Esta fracción tendrá que ser capaz de autoabastecerse, y se repartirá entre varios Centros colaboradores.

-          Desarrollo y puesta a punto de la metodología precisa para obtener la reproducción en cautividad de la especie, de forma natural o manejada.

-          Desarrollo y puesta a punto de los métodos de crianza de pollos, tanto para obtener animales mansos destinados a permanecer en cautividad, como para la obtención de ejemplares que puedan ser liberados con garantías de éxito.

-          Desarrollo de técnicas de reproducción asistida, que eventualmente puedan ser incorporadas a la metodología del Centro para aumentar su eficacia, y para obtener rendimiento de ejemplares poco aptos para la reproducción natural.

-          Desarrollo de las técnicas de reintroducción en el medio natural de pollos criados en cautividad.

 

4.2.3. Investigación y seguimiento

 

            Actividades de control, seguimiento y evaluación del Plan Coordinado de Actuaciones. Disponer de información actualizada y continua sobre la evolución de la población del águila imperial y su problemática de conservación. Esto permite conocer la respuesta del águila a su aplicación. En él se aglutinan tanto el control y seguimiento de la población salvaje, como el conocimiento de los resultados de aplicación de las medidas.

 

- Control anual de la población reproductora. Para conocer la evolución de la población es fundamental monitorizar de forma continuada su tamaño y distribución. Se realizan cada año un control del mayor número posible de territorios ocupados, con el fin de identificar las parejas reproductoras antes y durante la reproducción.

- Controles de la reproducción. Se controlan las parejas reproductoras para comprobar el buen desarrollo de la nidificación y detectar cualquier amenaza o anomalía imprevista que suponga un riesgo para el éxito reproductor.

- Evaluación y comparación de resultados. Posteriormente al control de la reproduc­ción, se realizan informes parciales sobre el desarrollo e incidencias de la campaña anual, evaluando las medidas del Plan que se hayan aplicado. Según las recomendaciones de estos informes, se revisan regularmente los objetivos y actuaciones del Plan, introduciendo las variaciones que se juzgan necesarias.

- Marcaje de jóvenes. Se trabaja en el seguimiento con radioemisor en aquellos pollos que -por razones de manejo o investigación- se estima conveniente, además de algunos que son sometidos al programa de alimentación suplementaria y de los jóvenes que son reinsertados en la naturale­za.

- Seguimiento de individuos marcados. Hasta ahora, la información que se posee sobre este aspecto está proporcionando datos útiles sobre la mortalidad y problemát­ica de conservación de jóvenes y adultos. Por tanto, se sigue controlando la dispersión de águilas imperiales y su mortalidad, tomando información en las áreas ya conocidas y buscando otras desconocidas. 

- Control de los niveles de contaminantes químicos en el contenido de los huevos. Durante los controles de la reproducción, se retiran aquellos huevos que son infértiles, para su posterior análisis de contaminantes organoclorados y metales pesados.

- Control y seguimiento de los nidos sometidos al programa de alimentación suplementaria. Aquellos nidos en los que se aplica dicho programa son sometidos a control constante y riguroso para comprobar la validez de la actuación, y obtener información para una eventual mejora.

- Seguimiento de la mortalidad en los tendidos eléctri­cos. Se continúa efectuando recorridos periódicos de los tendidos eléctricos modificados, con especial referencia en las áreas de nidificación, dispersión y recolonización.

- Detección y seguimiento de la utilización en el campo de venenos tóxicos para las águilas. Para ello, cualquier ejemplar de águila que aparece con síntomas de intoxicación es objeto de análisis toxicológico, así como de un seguimiento del origen y causas de la intoxicación.

- Realización de estudios e investigaciones que favorezcan una mejor aplicación del Plan. Como norma general, todas las investigaciones científicas sobre el águila imperial se intenta que estén supeditadas a aportar información necesaria y beneficiosa para el cumplimiento de los objetivos propuestos.

 

4.2.4. Sensibilización pública

 

            Las actuaciones anteriormente mencionadas sólo alcanzan la máxima eficacia cuando existe un grado de sensibilización suficiente en todos los estamentos sociales implicados. Para cumplir el objetivo principal, se está trabajando en varias campañas de sensibilización y concienciación.

 

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