FRANCISCO DE VITORIA
(1483-1546)
RESUMEN DE
María Idoya Zorroza y Bárbara Díaz
FUENTEs PARA EL RESUMEN
EL INTERNACIONALISMO DE VITORIA EN LA ERA
DE LA GLOBALIZACIÓN
BÁrBARA DÍAZ
CONTRATOS Y USURA
maRÍA IDOYA ZORROZA
Vida de Francisco de Vitoria
Francisco de Vitoria nació en Burgos, en 1483. En 1505, ingresa en el convento de los dominicos de San Pablo de Burgos, fundado en vida de Santo Domingo de Guzmán, y en ese momento plenamente embarcado en la importante reforma de las órdenes religiosas encarada por el Cardenal Cisneros a instancias de la Reina Isabel. En una orden como la dominicana, dedicada al estudio y a la predicación, la preocupación por la formación intelectual era prioritaria: se cuidaba el estudio de la teología, sin desdeñar la filosofía ni las humanidades. Vitoria permanecerá en el Convento de Burgos hasta 1508, en que sus superiores deciden su traslado a París.
Reside en París entre 1508 y 1522. Son años claves para su formación y las primeras etapas de su vida docente. París seguía siendo un lugar privilegiado para los estudios universitarios. Hacia comienzos del siglo XV empieza a observarse una reacción por parte de ciertos profesores de algunos de los colegios más importantes. En la teología se vuelve a las fuentes escriturísticas y patrísticas, lo cual acusa la influencia del Humanismo que ya se hacía llegar desde Italia. Allí se había comenzado a redescubrir la literatura clásica, “sacándola del destierro” a que había estado condenada en siglos anteriores. Los humanistas redescubren a Platón, leen las Sagradas Escrituras con mejores herramientas filológicas, devoran los autores grecolatinos en busca de nuevas fuentes de conocimiento, renuevan la importancia de la elocuencia como compañera de la sabiduría. Desde el campo teológico, el consejo de volver a los Padres de la Iglesia significaba asimismo revalorar la cultura clásica en la que éstos estaban inmersos. Este espíritu humanista llegará a París, contribuyendo al desarrollo de nuevos métodos y modos de pensar.
Los dominicos poseían, adscrito a la Sorbona, el Colegio de Saint-Jacques, al que solían enviar a los jóvenes que veían con mayor futuro para las tareas docentes y de investigación teológica. Allí, Vitoria, a la vez que se forma en la doctrina del Aquinate, entra en contacto con el espíritu humanista y conoce las obras de sus principales representantes. Comienza su actividad docente en 1513, enseñando Artes en el Colegio de Saint-Jacques en las llamadas magnis scholis y, a partir de 1516, Teología. Recibe los grados académicos de Licenciado y Doctor poco antes de dejar París, en 1522.
Vuelto a España, se incoropora al Colegio de San Gregorio de Valladolid, que se había fundado en 1496 como pilar de la reforma de la orden dominicana. A partir de 1504, constituye una verdadera Facultad de Teología, de suma importancia para la renovación de la espiritualidad y de los estudios teológicos en el seno de la Orden. En en San Gregorio se logró compaginar
“el rigor de la observancia con el cuidado de los estudios académicos universitarios como medio indispensable para la perfección y el apostolado, según el carisma dominicano”.
La ciudad de Vallaldolid era en esta época la sede del gobierno. En ella tendrían lugar unas famosas juntas de expertos para tratar problemas cruciales: asuntos concernientes a América, el examen de las obras de Erasmo. En ella comenzaría a sesionar asimismo el Consejo de Indias, que tenía a su cargo todo el peso del gobierno americano. Todo ello es importante a la hora de valorar la estancia de Vitoria en esta ciudad. Los temas americanos tendrían inmediata repercusión en Valladolid y, por ende, en el Colegio, donde serían objeto de discusión y examen.
En 1526, Vitoria se presenta a las oposiciones para obtener la Cátedra de Prima de Teología en la Universidad de Salamanca y tiene éxito. Se traslada entonces a la ciudad salmantina, donde permanecerá hasta su muerte. Allí desarrolla ampliamente su actividad docente, renovando métodos y temáticas, y originando una verdadera escuela de pensamiento teológico-jurídico destinada a tener enorme repercusión.
Sus lecciones y relecciones no fueron dadas a la imprenta durante su vida, pero sí fueron piadosamente conservadas por sus alumnos, para quien Vitoria era sobre todo “el maestro”. En efecto, su capacidad docente era extraordinaria, y asistían a sus conferencias no sólo los estudiantes, sino también afamados profesores de esta universidad, que era una de las dos principales del reino. El también dominico Domingo Báñez, que ocuparía más tarde la cátedra de Vitoria, dice de él que
“enseñó de viva voz como otro Sócrates la doctrina escolástica”.
Vitoria opinaba que la teología era una ciencia prácticamente omnicomprensiva, pues a su luz podían estudiarse todas las cuestiones:
“El oficio de teólogo es tan extenso que ningún argumento, ninguna disputa, ningún asunto puede considerarse completamente ajeno a la profesión e instituto teológico”.
Fiel a este principio, incluyó en sus clases los temas de mayor actualidad, que encaraba con un enfoque teológico, pero sin desdeñar lo filosófico y jurídico, en la mejor tradición de Santo Tomás. Fe y razón eran dos vías complementarias para el acceso a la verdad, y Vitoria procuraba integrarlas en sus enseñanzas. Entre esos temas, podemos señalar especialmente los referentes a la justicia, a las potestades de la Iglesia y del Estado y a la colonización de América. Acerca de esto último, es importante recordar que el convento de San Esteban de Salamanca, donde residió Vitoria, fue una verdadera cantera de misioneros y que, por tanto, los temas referentes a la relación con los indios, a sus pautas culturales, a su conversión, eran habituales entre los religiosos. De las informaciones brindadas por quienes retornaban de las Indias Vitoria obtendría material para su reflexión y elaboración conceptual. Vitoria se encontró en San Esteban –afirma Alonso Getino–
“una tradición clara y firme sobre la libertad de los indios y sobre la obligación de restituirles cuanto tiránicamente se les hubiera sustraído”.
Dentro de su labor docente, se distinguen las Lecciones ordinarias, en las que Vitoria comentaba la Suma Teológica de Santo Tomás, y las llamadas Relecciones. Éstas eran lecciones extraordinarias –como conferencias– que los profesores debían pronunciar en ciertas fechas del año lectivo, generalmente en días festivos, para favorecer la asistencia de alumnos y profesores. Vitoria aprovechó esta costumbre para exponer el fruto de sus investigaciones haciendo estos actos acontecimientos de especial relieve en la vida académica. De hecho, lo que más conocemos de las ideas de Vitoria procede de sus relecciones.
En la mayor parte de éstas trató de los temas que eran objeto de sus cursos regulares, profundizando en aquéllos que ofrecían mayor interés. Tienen especial trascendencia las referidas a los poderes temporal y espiritual, y las dos sobre los indios. Son ellas: De potestate civili (1528), De potestate Ecclesiae (1532), De Indis prior y De Indis posterior sive de Iure belli (1539). Según la opinión de muchos autores, estas relecciones forman parte de un proyecto unitario de exposición de los temas ético-jurídicos candentes en el momento, cuya base es la relección De Potestate civili: en ésta se anuncian los temas fundamentales acerca de los poderes del Papa y el Concilio, objeto de sus relecciones De Ecclesiae (1532 y 1533) y De Potestate Papae et Concilii (1534), y se define al orbe como una república, idea que será la base de la argumentación en De Indis y De Iure Belli.
Estudiando las fechas con detenimiento, los investigadores han llegado a la conclusión de que los temas referentes a los indios ya eran objeto de comentarios en los cursos ordinarios a partir de 1534. En 1537 pronuncia la relección De Temperantia, que podría considerarse una “preparación próxima” para sus discursos sobre los indios, ya que en ella vierte claramente sus opiniones acerca de la legitimidad de una acción bélica contra ellos.
De Matrimonio (1531) es una relección menos conocida, que fue motivada por la cuestión del “divorcio” de Enrique VIII de su esposa española Catalina de Aragón, tía de Carlos V, asunto que tendría, lógicamente, amplia repercusión en España. De Homicidio (1530) y De quod tenetur homo cum primum venit ad usum rationis (1534 o 1535) contienen ideas fundamentales para comprender la antropología vitoriana.
Las influencias intelectuales que recibió Vitoria y que plasmó en sus enseñanzas han sido objeto de polémica entre los estudiosos.
Frente a los que sostienen su absoluta fidelidad a Santo Tomás, hay quienes descubren en él influencias escotistas o nominalistas, por ejemplo, en lo referente a la noción de derecho subjetivo.
Otros autores consideran importante la influencia humanista, y en concreto erasmiana, que tan importante fue en España por esa época. Mesnard, por ejemplo, afirma que la idea de comunidad universal que Vitoria plantea, tiene su origen en Erasmo, quien la había concebido para el marco de la Cristiandad.
Pagden, sin embargo, sostiene que es un error atribuir la originalidad de Vitoria a un “feliz matrimonio entre tomismo y humanismo cristiano”. Afirma que en sus lecciones solía criticar a muchos humanistas: Budé, Valla, Lefèvre d’Étaples, aunque reconoce como influencia humanista su referencia constante a textos clásicos, especialmente de Cicerón y Séneca.
Por su parte, Skinner advierte un progresivo endurecimiento de Vitoria frente a Erasmo y otros humanistas que atribuye a la necesidad de luchar contra la herejía luterana y a rechazar, por tanto, cualquier doctrina que pudiera constituir un asomo de heterodoxia.
Legaz y Lecambra, frente a la disyuntiva que muchos plantean entre escolástica, como resabio medieval, y humanismo renacentista, como símbolo de lo nuevo, sostiene que en España hubo una verdadera “escolástica del Renacimiento”, representada, justamente por Vitoria y sus seguidores.
Por mi parte, considero que un espíritu abierto como el de Vitoria, difícilmente podría haberse reducido a la influencia de un solo autor. Es, creo, muy evidente la admiración de Vitoria por la figura de Santo Tomás, prueba de ello es el haber logrado imponer –no sin gran esfuerzo– su Summa Theologiae como base para las clases de teología en lugar de las Sentencias de Pedro Lombardo. No obstante, su recurso a los autores greco-latinos, sus referencias a profesores de tendencia escotista o nominalista son también muy evidentes en su obra. En una España abierta a las influencias humanistas desde el tiempo de los Reyes Católicos y más aún con Carlos V, esas ideas también deben de haber contribuido a forjar su obra, más aún teniendo en cuenta que en París tuvo contacto directo con algunos de estos autores. Su concepción orgánica de la comunidad política seguramente debe mucho a Erasmo, así como también su insistencia en la preservación de la paz como bien común fundamental en la comunidad universal, que fue la prédica constante de los humanistas, en especial de Erasmo, Moro y Vives, en un siglo especialmente turbulento y belicoso. En definitiva, como afirma Castilla Urbano,
“en esta capacidad para innovar, dentro de los cánones de la tradicion, para sacar a la luz nuevos ideales desde las grutas del pasado consiste el gran mérito y a la vez lo más característico del pensamiento vitoriano”.
Estudiando lo que fue su labor docente en Salamanca, inmediatamente salta a la vista la libertad intelectual con que Vitoria encaraba su labor docente, en especial frente al poder político. Debemos tener en cuenta que es un momento de afirmación monárquica, y que al frente de la monarquía española se encuentra nada menos que Carlos V, Emperador, dueño de buena parte del mundo conocido. Pues bien, nada de ello parece arredrar a nuestro profesor cuando se trata de exponer y defender sus opiniones.
Frente a quienes comienzan a considerar el poder de los reyes como cuasi-divino, afirma con ironía:
“Al Rey Don Hernando solamente le llamaban ‘Vuestra Merced’; ahora llaman ‘vuestra Majestad’ y ‘divino César’; no falta decir sino que es Dios”.
No duda en oponerse a la política de Carlos frente a Francia, que juzga nefasta para la Cristiandad, por favorecer la expansión del Imperio turco, ni vacila en dejar constancia de esta opinión en sus relecciones. Pero además, convence de esta posición al Condestable de Castilla, Don Pedro Fernández de Velasco. En 1536 le escribe afirmando que si Carlos y Francisco dejasen de guerrear, no habría más herejes en la Iglesia, ni más moros, y la Iglesia se reformaría. En 1538, este influyente personaje se opone enérgicamente a las pretensiones de Carlos de obtener tributos para la guerra, y pide al Emperador
“trabaje de tener paz universal con todos por algún tiempo”.
Haciéndose eco de las ideas políticas vitorianas, considera principal deber de su cargo suplicar en favor de los pobres que son los que más sufren con el aumento de las imposiciones y de las guerras.
Ante las noticias de las opiniones vertidas por Vitoria en la Universidad acerca de la justicia de la conquista de América, la primera reacción del Emperador es escribir una dura carta al prior de San Esteban:
“He sido informado que algunos maestros religiosos de esa casa han puesto en plática y tratado en sus sermones y en repeticiones, del derecho que nos tenemos a las Indias, Islas y tierra firme del mar Océano”
y, debido al perjuicio que de ello pudiera resultar,
“encarga y manda que luego, sin dilación alguna, llaméis ante vos a los dichos maestros y religiosos [...] y recibáis dellos juramento para que declaren en qué tiempos y lugares y ante qué personas han tratado y afirmado lo susodicho, así en limpio como en minutas y memoriales”.
Finalmente, ordena recoger todos los manuscritos que se refieran a dichos asuntos y enviarlos a la Corte.
Sin embargo, y paradójicamente, el propio Emperador, sometió a su examen y opinión complejos asuntos, entre los cuales, se destacan los referentes al trato con los indios. En 1539 y 1541 le son remitidos, para su dictamen, dos cuestiones. Carlos V le escribe en 1539 solicitándole la selección de doce clérigos para enviar a Nueva España, a pedido del obispo Juan de Zumárraga. En 1541 hay una nueva carta de Carlos V solicitándole su parecer sobre el modo de bautizar a los indios. Se trata de un informe que trae Las Casas de México y que
“por ser cosa teologal ha parecido que conviene que sea visto y examinado por personas teólogas, y yo, por la buena relación que de vuestra persona, letras y vida tengo, he acordado de os lo remitir, para que, como celoso de Dios Nuestro Señor e vuestro, como cosa que tanto importa a nuestra santa fe católica, lo veáis y deis en ello vuestro parecer”.
La Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca emitió finalmente un informe teológico sobre el método misional en la instrucción, formación y educación de la fe, aconsejando una diligente enseñanza previa al bautismo de los indios adultos.
Los abusos ocurridos durante la conquista de Perú y las guerras llevadas a cabo en la zona denominada Nueva Galicia, en el Virreinato de México, dieron lugar a amplias discusiones concernientes a la justicia de la guerra y a los métodos misionales a emplear. Algunos defensores de la conversión forzada de los indios –Juan de Zumáraga, obispo de México, y Vasco de Quiroga, oidor de la Audiencia–, cambian de opinión y denuncian ante el Emperador los graves abusos de los conquistadores. A su vez, y sobre todo por influencia de la Bula Subblimis Deus y el Breve Pastorale Officium, del Papa Paulo III, dictados en 1537, que reconocían la naturaleza humana del indio, prohibían su esclavitud y subrayaban el carácter eminentemente voluntario que había de tener la conversión, proponen nuevos métodos de penetración y de evangelización.
Éste era el clima que se vivía en España cuando Vitoria pronuncia sus relecciones. La De Temperantia es de 1537, el mismo año de la bula Subblimis Deus; las dos De Indis, de 1539.
Pereña ha visto con claridad la relación entre las circunstancias que se vivían en esos años en México y la Relectio De Indis, en la que Vitoria cita expresamente algunos de los abusos referidos por misioneros y autoridades; asimismo, considera la influencia vitoriana en la redacción de las Leyes Nuevas de 1542. En efecto, las dudas planteadas por las autoridades residentes en México, las múltiples denuncias de abusos cometidos por los conquistadores, las propuestas de cambios en la política española en las Indias, las opiniones de Vitoria, hicieron necesaria la convocatoria, por parte de Carlos V, de una junta que desembocará en la promulgación de las Leyes Nuevas de 1542. Éstas procuran la corrección de los innumerables abusos denunciados. Se propone la supresión de la conquista armada y su sustitución por entradas o penetración pacífica “en dos tiempos”: primero evangelización sin armas, y segundo trato humano, amistoso, social y comercial, sin armas, por los seglares, en orden a la incoporación libre de los reinos de las Indias a la Corona de Castilla. Afirma Pereña que entre las instrucciones de Carlos V a Pizarro en 1533, que le ordenaban proseguir las conquistas y utilizar el “Requerimiento”, y las Leyes Nuevas, hay un cambio profundo de enfoque, que mucho debe a la influencia vitoriana.
Durante los últimos años de su vida, Vitoria estuvo gravemente aquejado de gota, y ello le impedía caminar y dictar sus clases. En algunas oportunidades, sus alumnos lo llevaron en andas, pero los dos últimos años los pasó postrado. Ya gravemente enfermo de gota, es invitado por Carlos V a asistir al Concilio de Trento como teólogo imperial, pero su estado le impide asistir. Lo hace, en su lugar, su colega Domingo de Soto. Vitoria murió el 12 de agosto de 1546 y fue enterrado en la sala capitular del Convento de San Esteban, hoy conocido como Panteón de teólogos.
Docencia de Vitoria en Salamanca
Además de los cursos que Vitoria impartió en San Gregorio de Valladolid (de 1523-26) en donde comentó la Prima y la Prima Secunda de Tomás de Aquino, durante su larga docencia en Salamanca Francisco de Vitoria comentó toda la Suma y parte de las Sentencias según la siguiente seriación de cursos y lecciones; como puede advertirse, Francisco de Vitoria dedicaba entre dos y tres cursos para completar cada Parte de la Suma teológica:
Cursos 1526-29: Comentario a Summa Theologiae, II-II
Cursos 1529-31: In IV Sententiarum, materia De sacramentis
Cursos 1531-33: Comentario a Summa Theologiae, I
Curso 1533-34: Comentario a Summa Theologiae, I-II
Cursos 1534-37: Comentarios a Summa Theologiae II-II
Curso 1537-38: Comentario a Summa Theologiae, III, q1-q59
Curso 1538-39: In IV Sententiarum
Curso 1539-40: Comentario a Summa Theologiae, I, q1-48
Los siguientes cursos en los que la docencia se ve gravemente afectada por las ausencia por enfermedad de Vitoria, fueron impartidos en su mayor parte por sus suplentes:
Curso 1540-41: Comentario a Summa Theologiae, I, q50, por el maestro Juan Gil de Nava
Curso 1541-42: Comentario a Summa Theologiae, I-II, por los maestros Juan de Córdoba y Manrique
Cursos 1542-44: Comentario a Summa Theologiae, II-II;
Cursos 1544-46: Comentario a Summa Theologiae, III.
PUBLICACIONES DEL PROYECTO DE PENSAMIENTO CLÁSICO ESPAÑOL
56. Santiago Orrego Sánchez, La actualidad del ser en la “Primera Escuela” de Salamanca. Con lecciones inéditas de Vitoria, Soto y Cano. Colección de Pensamiento Medieval y Renacentista 56, Eunsa, Pamplona, 2004, 513 pp.
76. Francisco de Vitoria, Contratos y usura. Introducción, traducción, verificación de fuentes y notas de María Idoya Zorroza. Colección de Pensamiento Medieval y Renacentista 76, Eunsa, Pamplona, 2006, 326 pp.
100. Juan Cruz Cruz (ed.), Ley y dominio en Francisco de Vitoria. Colección de Pensamiento Medieval y Renacentista 100, Eunsa, Pamplona, 2008, 331 pp.
27. Bárbara Díaz, El internacionalismo de Vitoria en la era de la globalización. Cuadernos de Pensamiento Español 27, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 2005, 112 pp.
Relecciones (versión electrónica preparada bajo la dirección de Juan Cruz)
1. Relección de la potestad civil (1528) PDF
2. Relección de la potestad de la Iglesia (1532) PDF
3. Relección Sobre los indios (1a. parte) (1539) PDF
4. Relección Sobre el derecho de guerra (1539) PDF
OBRAS DE FRANCISCO DE VITORIA
LAS RELECCIONES DE FRANCISCO DE VITORIA EN SALAMANCA
1) De silenti obligatione, curso 1526-27, leída hacia Navidad de 1527.
2) De potestate civili, curso 1527-28, leída hacia Navidad de 1528.
3) De homicidio, curso 1528-29, leída el 11 de junio de 1530.
4) De matrimonio, curso 1529-30, leída el 25 de enero de 1531.
5) De potestate Ecclesiae prior, curso 1530-31, leída en los primeros meses de 1532.
6) De potestate Ecclesiae posterior, curso 1531-32, leída en mayo o junio de 1533.
7) De potestate Papae et Concilii, curso 1532-33, leída entre abril y junio de 1534.
8) De augmento charitatis, curso 1533-34, leída el 11 de abril de 1535.
9) De eo ad quod tenetur veniens ad usum rationis, curso 1534-35, leída hacia junio de 1535.
10) De simonia, curso 1535-36, leída a fines de mayo o principios de junio de 1536.
11) De temperantia, curso 1536-37, impartida en el curso siguiente.
12) De indis, curso 1537-38, leída hacia el 1 de enero de 1539.
13) De jure belli, curso 1538-39, leída el 19 de junio de 1539.
14) De magia, curso 1539-40, leída el 18 de julio de 1540.
15) De magia posterior (?), curso 1540-41, leída en primavera de 1543.
EDICIONES
Edición de Jacobo Boyer: Relectiones Theologicae XII, Lyon, 1557. Reverendi Patris F. Francisci de Victoria ordinis Praedicatorum Sacrae Theologiae in Salmanticensi Academia quondam primarii Professoris Relectiones Theologicae XII in duos tomos divisae, Lugduni apud Iacobum Boyerium, MDLVII.
Edición de Salamanca: Relectiones undecim / per R.P. praesentatum F. Alfonsum Muñoz eiusdem ordi. á prodigiosis innumerabilibusq[ue] vitiis quibus Boyeri, hoc est prima aeditio, plena erat summa cura repurgatae...: Salmanticae : apud Ioannem a Canoua, 1565.
J. Torrubiano Ripoll, Relecciones teológicas del P. Fray Francisco de Vitoria, de la Orden de Predicadores, 3 vols., Librería Religiosa Hernández, Madrid, 1917.
L. G. Alonso Getino (ed.), Relecciones teológicas del Maestro fray Francisco de Vitoria, edición crítica con facsímile de códices y ediciones príncipes, variantes, versión castellana, notas e introducción, t. I, Imprenta La Rafa, Madrid, 1933.
T. Urdánoz, Obras de Francisco de Vitoria. Relecciones Teológicas, BAC, Madrid, 1960.
LA DOCENCIA DE VITORIA RECOGIDA EN MANUSCRITOS
Francisco de Vitoria no logró llevar sus lecciones a la imprenta, fundamentalmente por motivos de salud; así, en el curso de 1538 intentó redactar sus comentarios teológicos para hacer más accesibles los contenidos a los alumnos, preparando a la imprenta el primer volumen (comentarios a las Sentencias); en el curso siguiente, 1539-40 emprendería la labor con los comentarios a la Summa, pero la enfermedad impidió que pudiera terminar esta labor durante éste y los cursos sucesivos hasta, finalmente, su muerte en 1546. Por eso Vitoria debió dejar al morir una serie de materiales escritos, además de los ya mencionados de las relecciones: unos, aquellos con los que preparaba sus lecturas; otros, fruto de sus esfuerzos por llevar a imprenta sus lecciones salmantinas sobre la Summa y las Sentencias.
En 1548 consta la celebración de una reunión en la Universidad de Salamanca para tratar "sobre los escritos que dejó el maestro Vitoria" y "si conviene a la Universidad imprimir los tratados del maestro Vitoria que dejó hechos".
Los apuntes autógrafos que hubiera del propio Vitoria con los que debía preparar sus lecciones académicas (e incluso, muchos apuntes de sus alumnos), acabaron perdiéndose, a pesar de que algunos años después de la muerte de este maestro la propia Universidad intentó conservarlos e imprimirlos. Hoy en día tan sólo quedan de sus lecturas varios manuscritos tomados por sus alumnos. Todos estos textos quedaron inéditos.
Algunas lecciones tuvieron la posibilidad de ser extractadas y publicadas. Podemos destacar, por ejemplo, la obra de Tomás de Chaves, Summa sacramentorum ecclesiae, que recoge, si bien a modo de extracto o resumen, las lecciones de Francisco de Vitoria sobre la Summa Theologiae, Tertia Pars. De modo semejante, Martín de Ledesma (que fue alumno de Vitoria y luego obtuvo Cátedra universitaria en Coimbra, Portugal), publicaba en Coimbra en 1560 largos fragmentos de las lecciones de Vitoria junto con fragmentos de las relecciones incluidos en su Secunda quartae.
La información y el estudio más completo de los manuscritos de Vitoria la realizó el dominico Beltrán de Heredia, quien dedicó un gran esfuerzo para dar a conocer y hacer accesible el pensamiento de este maestro salmantino. Su obra Los manuscritos del maestro fr. Francisco de Vitoria es el punto de referencia obligado. Aquí vamos a limitarnos a la información obtenida de los manuscritos que hacen referencia a los comentarios de Vitoria a la Secunda Secundae.
De la docencia impartida en los cursos 1526-29 podrían haber surgido las lecciones manuscritas recogidas en el códice Ottoboniano Latino, de la Biblioteca Vaticana (Roma), 1015 (a y b). Esta hipótesis la plantea como probable Beltrán de Heredia, apoyada en las diferencias que encuentra entre éste y los manuscritos de los cursos 1534-37. Sin embargo, podría haber sido completado con textos de lecciones posteriores, por la rúbrica que se encuentra en el folio 226r, q57:
"Incipit materia de justitia secundum magistrum fratrem Franciscum a Victoria, quam incepit 19 octobris de 1535 annis".
Este manuscrito abarca de la q1 a q189 a10. Los datos ofrecidos por Beltrán de Heredia para este manuscrito son:
"Roma. Biblioteca Vaticana. Cod. Ottob. 1015 a y b; dos vols.; en 4º, 455 folios. Proceden de la biblioteca del duque de Altemps, según se indica en la primera guarda. El tomo primero contiene la exposición de la secunda secundae hasta la q89 inclusive y el segundo que comienza en el folio 249 lo restante".
Del curso de 1534-37 se datan los siguientes manuscritos sobre la misma materia:
El códice 43 (antiguo 4-6-15) de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, 696 folios, explicaciones a toda la Secunda Secundae dadas en tres cursos (de la cuestión 1 al artículo 8 de la cuestión 118 y de la cuestión 123 al artículo 10 de la cuestión 189), copiadas por el bachiller Francisco Trigo. Sobre este manuscrito descansa la publicación de Vicente Beltrán de Heredia, los Comentarios a la Secunda Secundae de Santo Tomás, pues es el manuscrito que transcribe para su edición. El propio Beltrán de Heredia describe así este manuscrito: "Salamanca, Biblioteca de la Universidad. Cód. 4-6-15, Papel, 300x210 mm, s. XVI, 696 folios numerados, encuadernado. En pasta recubierta de pergamino. […] El texto del presente manuscrito está redactado con esmero y parece reproducir bastante fielmente las mismas palabras del maestro. Es claro, ordenado, extenso y tiene otras cualidades que le hacen ser el mejor que de las lecciones de Vitoria se han conservado".
Manuscrito de la Biblioteca Real de Madrid, 566 folios, con las explicaciones de los mismos cursos (de la cuestión 1 al artículo 10 de la cuestión 189). Según Beltrán de Heredia es un manuscrito extraacadémico. Este estudioso lo describe así: "Manuscrito designado en el tejuelo con este título: Vitoria: Scholia in 2am 2ae D. Thomae, Papel, 208x150 mm., s. XVI, 566 folios sin numerar, algunos en blanco, escritura de una sola mano salvo en media docena de folios, el fol. 16 está después del 19. Encuadernación moderna en piel valenciana. Comprende la exposición de las 189 cuestiones de la secunda secundae. El comentario es unas veces extenso y otras se reduce a breves referencias a la letra de la Suma o a Cayetano. Lo primero, si nos atenemos a la rúbrica que precede al texto, es del curso de 1542-43. Pero comparado con otros manuscritos, salvo en algunas cuestiones, la exposición sigue la misma marcha que en el curso de 1534-35, por lo cual no dudamos en asignarle esa fecha".
Códice de la Biblioteca del P. L. Urbano de Valencia, 342 folios, con las explicaciones de los mismos cursos recogidas por el P. Solano (faltando del final de la 62 al comienzo de la 64 y las cuestiones 141-170). Según descripción de Beltrán de Heredia: "Biblioteca particular del padre Urbano, cod. en papel, 232x170 mm., s. XVI, 342 fols., numerados hasta el 209, encuadernado en media pasta. En la primera guarda lleva esta nota en letra del s. XVI: Scripta propria manu Rmi. D. Joannis Solani, episcopi Cuzdensis, discípulos illius eximii magistri Francisci de Victoria. […] Contiene las lecciones del curso de 1534-35 y siguientes sobre la secunda secundae. Falta la cuestión 141-170".
Códice 49 (antes 2-3-6) de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, 339 folios, con la exposición de la cuestión 1 al artículo 5 de la cuestión 44. Según Beltrán de Heredia es un manuscrito extraacadémico y de poca confianza. En la descripción que hace de él este mismo investigador se puede leer: "Salamanca. Biblioteca de la Universidad. Cod. 2-3-6. Papel, 239x210mm., s. XVI, 339 folios sin numerar, con algunos blancos y otros arrancados, encuadernado en pasta labrada. […] En la portada, dibujada a pluma, de gusto renacentista, se lee: Frater Franciscus de Victoria: super secunda secundae sancti thomae, […] contiene la exposición de las primeras 44 cuestiones de la secunda secundae […]. Sigue una marcha paralela al otro códice de Salamanca, con lo cual se pueden clasificar del mismo año".
Códice Ottoboniano Latino 382, de la Biblioteca Apostólica Vaticana de Roma, 216 folios, con las exposiciones de las cuestiones 1 al artículo 2 de la cuestión 56. Beltrán de Heredia lo describe del siguiente modo: "Roma. Biblioteca Vaticana. Cod. Ottob. 382, en 4º, s. XVI, 216 folios. La redacción es frecuentemente defectuosa y la lectura difícil. Procede de la biblioteca del duque de Altemps. Contiene la exposición de las primeras 57 cuestiones de la secunda secundae, en las últimas es muy sumaria".
Códice 64 del Monasterio de Montserrat con las cuestiones 57 al artículo 2 de la cuestión 153.
Manuscrito 303, tratado 11, de la Biblioteca Universitaria de Valencia; se trata tan sólo de un fragmento de una lección sobre los cambios y la usura; el texto latino fue publicado por Beltrán de Heredia.
OTROS ESCRITOS DE FRANCISCO DE VITORIA
Prólogo a: Tomás de Aquino, Sancti doctoris divi Thome Aquinatis… Secunda secunde [Summae Theologiae], París, 1512; en la edición preparada de Pedro Crockaert (este prólogo desaparece en las reediciones posteriores).
Prólogo a: Pedro de Covarrubias, Pars estivalis Sermonum dominicalium, París, 1520.
Prólogo a: Antonino de Florencia, Summa aurea, edición de Juan Petit, París, 1521.
Prólogo a: Pedro Bersuire, Dictionarium seu Repertorium morale, 3 vols., París, 1521-22.
Summa sacramentorum Ecclesiae, ex doctrina Fratris Francisci a Victoria, Pinciae, 1560; es un extracto o suma de las lecciones de Vitoria sobre los Sacramentos, recogidas por Tomás de Chaves.
Confesionario útil y provechoso compuesto por fray Francisco de Victoria, Amberes, 1558. Si bien parece seguro que Vitoria no es el autor de la obra, sino solamente de la Introducción que reproduce una carta de Vitoria ("Carta a una señora devota"), puede ser un extracto de sus enseñanzas.
Un parecer que dio el padre maestro Fray Francisco de Vitoria sobre si los señores pueden vender o arrendar los oficios, como escribanías y alguazilazgos, etc., fue publicado por Diego de Zúñiga junto con su Instrucción y refugio del ánima y conciencia escrupulosa y temerosa de Dios.
Carta a una señora devota, publicada como Introducción a Confesionario útil y provechoso.
Pareceres sobre las tesis de Erasmo de Rótterdam, que se encuentran en el Memorial de las Juntas de Teólogos de Valladolid (del 27 de junio al 13 de agosto de 1527).
Carta al P. Miguel de Arcos, del 8 de noviembre de 1534, es una carta que lleva por título Del Perú, y en la que hace una breve consideración respecto a las noticias que le llegan desde las Indias en distintas cuestiones sobre beneficios, el tratamiento de los indios y la guerra.
Cartas a Don Pedro Fernández de Velasco. En la primera, reflexiona sobre la función pública del Condestable. En la segunda reflexiona sobre los consejos que como filósofo y teólogo puede dar en asuntos políticos, citando distintos hechos históricos, como los problemas entre el rey español y el francés.
Carta al Doctor Luis González del 21 de noviembre de 1535 ó 1536, sobre la pluralidad de beneficios, en la que plantea que, como cuestión discutida se tienen en cuenta no sólo lo afirmado por el Evangelio y los Doctores, sino también lo establecido por costumbre, por ello debe resolverse en junta de autoridades que dictaminaran el tema atendiendo a si contraría el derecho natural.
Fragmento de una carta sobre la composición.
Carta al Príncipe Don Felipe contestando a la invitación de acudir al Concilio de Trento como teólogo, de marzo o abril de 1545.
Al P. Miguel de Arcos, del 27 de agosto de 1545; en esta carta Vitoria trata tres temas: el testamento del conde de Ureña, en donde se plantea la necesidad de dar respuesta, por parte de los herederos (quien recibió la herencia del conde y quien toma posesión de su título), de dar satisfacción de las deudas contraídas por aquél; en la misma carta tiene una breve conclusión sobre el matrimonio clandestino, terminando con una conclusión sobre la venta al fiado.
Al P. Bernardino de Vique, del 18 de marzo de 1546 (como fecha probable), en ella Vitoria plantea el problema de los esclavos con que negocian los portugueses.
Al P. Miguel de Arcos, del 28 de abril de 1546; en esta carta, ya muy al final de su vida, Vitoria plantea con mucha dureza a quienes se aprovechan de la extrema necesidad para encarecer el trigo y enriquecerse con ello.
Parecer del padre fray Francisco de Vitoria de pluralitate beneficiorum.
An beneficia eclesiástica uniantur licite monasteriis.
De los que se retraen por delitos a las iglesias en este parecer que según Beltrán de Heredia se planteó a varios maestros salmantinos.
Preceptos de que se debe ayudar un buen predicador, auctore R. P. Francisco a Vitoria.