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El sistema español: los delitos

Crimina 3.4

Área de Derecho penal

Cuerpo

 

Ensañamiento


El art. 139.3º del CP se refiere al ensañamiento como agravante especifica del asesinato con la expresión "aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido", y por su parte, el art. 22.5ª, sin utilizar el término, considera circunstancia agravante genérica "aumentar deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima, causando a ésta padecimientos innecesarios para la ejecución del delito" (en este sentido consúltense las SSTS de 29 de febrero de 2000; de 12 de abril de 2005; de 23 de enero de 2004, entre otras). En ambos casos se hace referencia a una forma de actuar en la que el autor, en el curso de la ejecución del hecho, además de perseguir el resultado propio del delito, busca de forma deliberada (SSTS de 20 de diciembre de 2001; de 29 de septiembre de 2005) otros males que exceden a los necesariamente unidos a la acción típica, y, por lo tanto, innecesarios objetivamente para alcanzar el resultado, ocasionando un sufrimiento añadido a la víctima, una maldad brutal sin finalidad, en clásica definición de la doctrina penalista. Se requiere, pues, la concurrencia de dos elementos: uno objetivo, constituido por la causación de males objetivamente innecesarios para alcanzar el resultado típico, que aumentan el dolor o sufrimiento de la víctima; y otro subjetivo, consistente en que el autor debe ejecutar, de modo consciente y deliberado, unos actos que ya no están dirigidos de modo directo a la consumación del delito, sino al aumento del sufrimiento de la víctima (STS de 19 de noviembre de 2003).

En ocasiones, el TS habla de la necesidad de un ánimo frío, reflexivo y sereno en el autor, como una proyección concreta de este doble elemento subjetivo (deliberación e inhumanidad), asegurando en su sentencia de 26 de septiembre de 1988 (seguida por la de 17 de marzo de 1989), que "el ensañamiento ha de ser necesariamente frío, refinado y reflexivo, no encontrándose en la cólera que hiere o golpea ciegamente y sin cesar". No obstante, la jurisprudencia posterior no viene exigiendo dicha frialdad de ánimo (SSTS de 27 de febrero y de 12 de diciembre 2001), pues el desvalor de la acción y del resultado que constituye el fundamento de este elemento del delito de asesinato, cuando va acompañado del otro requisito subjetivo, no puede quedar subordinado al temperamento o modo de ser especifico del autor del delito, que es el que determina un comportamiento más o menos frío o reflexivo o más o menos apasionado o acalorado. La mayor antijuricidad del hecho y la mayor reprochabilidad del autor, que habrían de derivar en ese aumento deliberado e inhumano del dolor del ofendido, nada tienen que ver con esa frialdad de ánimo o ese acaloramiento que la realización del hecho puede producir en el autor del delito. Hay quien deja que, ante un acontecimiento, los sentimientos afloren y puedan ser observados por otros. Y hay quien los mantiene en su interior. Y de esto no puede hacerse depender la existencia o no de ensañamiento.

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