Joseluís González

Dos veces cuento

Siete segundos

Si me permite usted recurrir a un truco antiguo y fácil, podré decirle que desde que ha comenzado a leer estas palabras habrán pasado, irreparables, como poco, “Siete segundos”. Es una cifra valiosa y a la vez fatídicamente inquietante. Cada siete segundos se registra un caso de Alzheimer. También cada siete segundos muere de hambre en el Planeta un niño de menos de diez años. Cada siete segundos, sumando todos los países, se cobra una vida el tabaquismo. Cuentan, encima, que, durante la Segunda Guerra Mundial, el Servicio Exterior de la BBC radiaba para Alemania este mensaje terrible en cualquier idioma: “Cada siete segundos muere un alemán en Rusia. ¿Es su esposo? ¿Es su hijo? ¿Es su hermano?”. La muerte es calculadora y cronometra sus pasos meticulosos y sus guadañazos. Seguro también que, a cada instante en la Tierra, a cada parpadeo de la vida, cuando sale la luz retrocede la oscuridad. Por eso resisten tantas cosas hermosas y por eso el coraje —un pariente de la esperanza— consigue sostener los andamios del corazón. Y los del mundo.
Un corazón resistente tiene este microrrelato de la joven periodista Carlota Escandón (Gijón, 1984), “Siete segundos”. Una versión anterior apareció en la edición digital de un diario de la ciudad en que nació. Carlota Escandón se licenció en Comunicación Audiovisual, por la Universidad de Navarra, en 2006. Ha trabajado hasta la fecha en un par de periódicos y en una tele local. Está culminando en Madrid un máster de producción de televisión. Leyendo narraciones como esta, comprendemos que sabe de qué habla. Y a quién.

SIETE DÍAS

Hoy hace dos años que te fuiste y parece que fue ayer. A estas alturas debería hacerse más fácil de llevar. Te veo con frecuencia, pero no en sueños ni con la imaginación tampoco, no creas que me he vuelto loca. La primera vez casi me dio un ataque al corazón. Estaba puesta la tele, pero no le hacía demasiado caso: por aquel entonces mi ocupación principal era añorarte. Y de pronto apareciste. Sólo fueron dos planos, apenas siete segundos. Lo suficiente para derrumbarme. Unas semanas después volví a verte. Siempre que había una noticia sobre el paro o el IPC repetían las mismas imágenes: unos albañiles en un andamio, unas chicas con gorros y guantes manipulando fruta, unos obreros en una fábrica de automóviles y tú trabajando en la carnicería. Yo ya no me perdía nunca el telediario. Ni el de la tarde ni el de la noche. A veces pasaba mucho tiempo sin verte, y eso me entristecía. Revisaba mis álbumes de fotos, pero no había comparación. No sentía cómo respirabas, cómo pestañeabas, cómo se te ondulaba la frente al fruncir el ceño. Pensaba que esas breves imágenes me ayudarían a superarlo, pero sólo hacen más presente tu ausencia. Hoy, miércoles, se cumplen dos años exactos de tu muerte. Creo que ya va siendo hora de llamar a la televisión y acabar con esta tortura que me está consumiendo.

Carlota Escandón