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  • Sobre el último disco de Natalie Merchant

    Eduardo Terrasa [Capellán de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra]

    Cómo hacer pensar a los mayores dirigiéndose a los niños. La eficacia de un tipo especial de discurso indirecto


    Uno de los problemas con que se encuentran muchos pensadores y escritores –al menos aquellos que intentan hacer reflexionar a su público– es la sobrecarga a la que están sometidos la mayor parte de los razonamientos que pretenden ser constructivos. Todo argumento lleva consigo, en la cultura actual, un contraargumento, como si se tratara de un fantasma que le persiguiera y que anulara su eficacia y su credibilidad. Esta dificultad, que muchas veces parece insuperable, ha llevado a algunos autores a buscar otras vías de acceso a la mente de las personas, otras estrategias discursivas y poéticas que, de una manera indirecta –es decir, esquivando las diversas trampas con las que se encuentran los argumentos–, consigan transmitir el mensaje o la experiencia de valor que se desea comunicar. Una de estas estrategias, tal vez la más interesante, es recurrir a la perspectiva infantil, con la que, por su ingenuidad y sencillez, al adulto le resulta más fácil conectar, porque se encuentra libre de todo contagio ideológico. Un ejemplo reciente de estos intentos llega del mundo de la música y de la poesía infantil. 

    Natalie Merchant, compositora y cantante cuya obra ha experimentado una evolución particularmente significativa a lo largo de las últimas tres décadas (desde sus comienzos punk al frente de 10.000 Maniacs, hasta su actual etapa de madurez y al mismo tiempo de exploración de géneros aparentemente muy alejados del pop-rock), ha concluido con éxito el proyecto más ambicioso de su larga carrera musical. En el año 2003 decidió grabar un disco para su hija recién nacida, en el que recogería una serie de poemas infantiles para los que procuraría componer la música apropiada. Después de más de seis años de trabajo intenso y de contar con la colaboración de 130 músicos, el doble Leave Your Sleep (Deja de dormir) ha visto la luz. Y no se puede negar que el resultado de este largo trabajo (y de toda una vida de experiencia acumulada) es asombroso. El disco recoge un total de veintiséis poemas-canciones, ordenados con el característico e inteligente gusto de la compositora.

    Los poemas provienen de autores de habla inglesa (tanto británicos como norteamericanos) de los siglos xix y xx: desde G.M. Hopkins y E.E. Cummings, pasando por Robert Graves y Robert-Louis Stevenson, hasta los más recientes Ogden Nash y Jack Prelutsky. La selección requirió un minucioso rastreo de la literatura infantil. Pero el estudio de los poemas se extendió también a la vida y a la personalidad de sus autores. Merchant quería que esos textos fueran la expresión del alma del poeta, de una característica esencial de su personalidad. Así, el poema “If No One Ever Marries Me”, de la escritora Lawrence Alma-Tadena, fue elegido porque ofrecía una perspectiva serena y esperanzada de la soledad de la autora: se trataba de un poema autobiográfico. Y algo parecido sucede –de una manera u otra– con todas las piezas que componen el disco. 

    Cuando una primera selección ya estaba perfilada, el crecimiento de su hija (que ahora tiene siete años y se llama Lucía) y la hondura que fueron alcanzando las preguntas que empezó a formular a su madre, llevó a la compositora a aumentar el espectro de los temas y las firmas, y abrió las puertas a poetas que –en una primera instancia– no se clasificarían entre los autores infantiles. Así, terminó descubriendo poemas como “Spring and Fall”, de Gerard Manley Hopkins, en el que este sacerdote entregado a las almas y gran poeta inglés intenta explicar la realidad de la muerte a una niña.

    Ponerse en el lugar de los niños. En esta exploración de textos y de temas, Merchant fue comprobando que las explicaciones dirigidas a los niños sobre las cuestiones que plantean en su ingenua curiosidad hacen referencia a las grandes cuestiones de la vida, y que estas explicaciones, en su sencillez, tienen una eficacia sorprendente sobre los adultos. En un mundo tan escéptico y tan sofisticado, donde las explicaciones dirigidas a los adultos se han ido cargando de sospechas y adulterando por disputas ideológicas, ponerse en el lugar de los niños al escuchar esos poemas –que es lo que hace un adulto casi inconscientemente cuando escucha o mira con sus hijos– puede abrir a los padres un mundo de significados hasta entonces inaccesible. La literatura infantil no sólo es un lugar de encuentro entre padres e hijos, sino también el espacio adecuado en el que los mayores pueden plantearse con nitidez y sinceridad las grandes preguntas y las grandes contradicciones que están implícitas en sus vidas. Esta conclusión a la que llegó Merchant al emprender su tarea de analizar poemas infantiles para trasladarlos al mundo de la música es la misma a la que han llegado otros autores que dirigen su atención a un público infantil o que exploran el mundo infantil. Dos casos recientes son las últimas películas de los directores Spike Jonze y Tim Burton. Jonze, en Donde viven los monstruos, se adentra en la interioridad del niño, con todos sus miedos, sus inseguridades, sus fobias, su rebeldía… con todos sus monstruos particulares. El niño debe conseguir reinar sobre toda esa fauna interior, dirigiendo a esas simpáticas y a la vez temibles bestias hacia una meta común, un proyecto, una ilusión. Pero el niño descubre que la inconstancia es una enfermedad endémica en él, y que sus monstruos tienden a disgregarse. El descontrol es su fatídico destino. Así, el niño cae en la cuenta de que para integrar su intimidad necesita una fuerza unificadora que sólo puede venir de fuera, en este caso del cariño de su madre. Con esta versión cinematográfica de un clásico infantil, Spike Jonze plantea una verdad que resulta aplicable de manera especial al mundo de los adultos: las fuerzas internas disgregadoras se encuentran presentes y son particularmente peligrosas en los mayores. En realidad, la película va dirigida a ellos, aunque los adultos sólo entenderán el mensaje si son capaces de ver la historia con una atención infantil, es decir, enfocando su mirada a través de los ojos de los niños.

    Como plantea el guionista de Descubriendo Nunca Jamás, hay que colocar a niños en la platea para que los mayores consigan conectar con una historia que realmente está dirigida a ellos. Tim Burton consigue algo parecido con su peculiar versión de Alicia en el País de las Maravillas. El viaje de Alicia es un viaje al interior de sí misma, donde tiene que recorrer y sopesar las potencias de su alma, sus virtudes y sus defectos, su lado racional y su locura, su bondad y su malicia, su destino y su libertad, su astucia y su ingenuidad. Y de esta manera llegar a ser ella misma, decidir sobre su vida, rescatar su personalidad de las corrientes de la existencia. Un cuento infantil con el que los niños conectan, pero que habla a los mayores sobre lo que significa tomar las decisiones acertadas en la vida, coherentes con la propia personalidad. Junto a estos ejemplos del mundo del cine, se encuentran también gran parte de las películas de animación. Qué duda cabe de que la película Up hace revivir y pensar a los adultos más que a los niños.

    Una perfección clásica y desenfadada. Pero volviendo al disco, Merchant ha captado, con esa sensibilidad tan especial que posee, el tono y el estado de ánimo que envuelve cada poema, que es como el alma que da vida a las palabras, y la ha sabido traducir a la música. Para esto ha recurrido a géneros muy distintos, realizando así un recorrido muy atinado por las distintas tradiciones de la música norteamericana. Va alternando el folk americano con el rhythm&blues, el folklore celta, música de cámara, melodías balcánicas, música china, bluegrass, jazz, reggae, cajún, música india, nanas, etcétera. Las composiciones poseen una perfección clásica y a la vez desenfadada, fácilmente identificables para los niños, pero también cargadas de matices emotivos y de pinceladas de genio que sólo el adulto puede captar. Y lo que resulta más sorprendente: esta enorme variedad –que ella describe como emprender un largo viaje– se encuentra magistralmente integrada y entonada. Después de escuchar varias veces el disco, uno descubre que no falta ni sobra nada, que todo está donde tiene que estar.

    Los temas que los poemas van presentando a la conciencia del niño están cargados de profundidad y de evocación, porque llevan implícita una forma coherente de ver el mundo, de entender la vida humana, y muestran una manera de enfrentarse con los problemas del crecimiento y de la adaptación. Son poemas que ensanchan la mirada y descubren, en los detalles ordinarios de la vida y de la experiencia, una trascendencia sobrecogedora, una conciencia viva de la hondura de la propia personalidad.El disco comienza con “Nursery Rhyme of Innocence and Experience”, de Charles Causley, un importante poeta británico, que dedicó buena parte de su obra a los niños. El poema presenta el despertar de la infancia, el momento en el que el niño se encuentra con sus primeras experiencias de mayor y descubre que lo que hasta ahora era su mundo ha quedado atrás, como un montón de juguetes sin vida. Pero la metáfora que emplea es muy interesante. El niño pide a un marinero que le traiga unos regalos de alta mar; el marinero le promete que volverá con ellos y gasta su vida en conseguirlos; de hecho, es otro el que por fin llega a puerto con los presentes. Pero es tarde: la infancia ya ha terminado, el niño ya se ha hecho mayor. El papel del adulto frente a la infancia, su deseo apasionado de proteger y hacer feliz al niño, debe ser un afán desinteresado, pues justo cuando parece que ha conseguido su objetivo, el niño escapa hacia otros gustos e intereses. Merchant ha captado muy bien –a través de resonancias celtas– la nostalgia, la fina ironía, la tierna comprensión y la alegría de ese cariño generoso y resignado que impregna el poema. En el ya citado poema de Hopkins (un poeta que bien podría llegar a los altares), “Spring and Fall”, que se encuentra entre sus más conmovedores logros, se le desvela a una niña el sentido de la tristeza, de esa percepción de la pérdida que está en el trasfondo de toda experiencia. El esfuerzo del poeta por hacerse comprender y toda la melancolía que destila han sido brillantemente subrayados por la balada, que al mismo tiempo consigue transmitir la esperanza que siempre estuvo presente en el poeta, aunque en este poema concreto no resulte tan explícita. El “by and by…” (“paso a paso”) con el que Hopkins marca el ritmo del envejecer es captado por el ritmo de la canción, y la sobrecogedora conclusión, “es la ruina aquello para lo que ha nacido el ser humano; es por ti, Margarita, por quien lloras”, queda vibrando en las notas finales como palabras que desean enseñar y consolar al mismo tiempo.

    La naturaleza humana desde una perspectiva infantil. Otra joya –poética y musical– del disco es la canción “Maggie and Milly and Molly and May”, en el que el genial E.E. Cummings presenta a cuatro niñas que van a jugar a la playa, donde cada una descubre un pequeño misterio oculto en la arena, que les abre una ventana a la existencia, algo que su mente infantil no es capaz de comprender, pero que guardan como un germen en sus almas: el sonido de una caracola que es como el eco de un mundo maravilloso; la visión de otro mundo doliente y necesitado, que se materializa en una estrella de mar que parece una pálida mano tendida; un peligro incomprensible, encarnado en los extraños movimientos de un cangrejo; o una piedra misteriosa, “tan pequeña como un mundo y tan grande como solitaria”. El poeta termina por dirigirse a los adultos: cada vez que perdemos algo importante –“como un tú o un yo”–, lo encontramos a orillas del mar. La sutileza del poema y toda la inteligencia y la nostalgia –la nostalgia ante los misterios de la vida– que atesora quedan perfectamente recogidas en la sencillez de la melodía y en los requiebros de la voz.

    Del conocido novelista y poeta escocés Robert-Louis Stevenson se recoge el poema “The Land of Nod”, que habla del mundo imaginario de los niños, del sabor que queda cuando uno regresa de él, de lo complejo que resulta volver a él, del color que adquieren las cosas imaginadas. Una vez leído el poema, uno aprende a respetar las distracciones infantiles, porque en esos momentos ellos se encuentran de viaje por sus mundos imaginados. Y uno descubre que esa imaginación posee una riqueza y una verdad a las que uno desearía volver para experimentarlas una vez más, tal como lo plantea C. S. Lewis en sus viajes a Narnia. De nuevo aquí la canción, una nana brillantemente desarrollada y orquestada, refuerza todo el poder evocador del poema. Puestos a comentar un poema divertido, el de Ogden Nash, “Adventures of Isabel”, posee una virtud delirante y animante que bien puede cumplir un papel terapéutico en momentos de agobio o ansiedad. Nash es un poeta americano, conocido por la originalidad de su rima y por la carga humorística de su obra. En este poema, se ríe con la niña de sus propios miedos, y muestra cómo en el mismo miedo se encuentra la cura de todas las ansiedades, que hay que enfrentarse a esos miedos para darles la vuelta. Merchant resalta el tono alegre y despreocupado del poema con una melodía y un ritmo vivo y pausado a la vez, que resulta irresistible. Ideal para una mañana gris cargada de problemas.

    Y así hasta los 26 de la lista. En ellos se habla también de la experiencia infantil e ingenua de la belleza, de cómo ciertos momentos no regresan nunca, de la pérdida de la inocencia, de la gracia de lo absurdo (algo que tan bien entienden los niños), de cómo la codicia termina por destruir, de la rebeldía, del enamoramiento de una niña que comienza a dejar de serlo, de la soledad y del rechazo, de las delicias del hogar, de los deseos de fuga, de la brutalidad y de la ternura, del capricho y de la insatisfacción, de la vanidad y del descuido de las cosas, de la pereza, del sentirse un patito feo, y de un montón de cosas más. Es decir, los temas de los que tratan los buenos cuentos infantiles. Los poemas ofrecen una perspectiva fresca y original de la naturaleza humana, impregnada de esa comprensión que sólo es atributo de la altura moral. Todo ello interpretado con una maestría clásica, y cantado por una de las voces más inteligentes y ponderadamente emotivas de la actualidad.

    El proyecto, que ha absorbido incontables horas de trabajo y mucho dinero, fue producido por ella misma, y difícilmente resultará rentable. Pero a fin de cuentas se trataba de un regalo para su hija, y de un reto personal. Se puede decir que se trata de una obra de plenitud: la artista ha tocado techo. “Sé que podré defender estas canciones hasta el día en que me muera”, fueron sus palabras. Y realmente resulta reconfortante encontrarse con una obra de estas características, que hace una apuesta tan arriesgada a favor de la poesía y de la infancia, y a favor de la sabiduría, de la sensibilidad y de las riquezas del ser humano. Después de escuchar este disco queda la sensación de que se ha aprendido algo nuevo, aunque uno no sepa precisar exactamente qué.


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    Categorías: Música, Ensayo