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  • Samuel Aranda: "Cualquier madre puede sentirse identificada con la foto del premio"

    Texto entrevista Ujué Lorente [Com 12]  Comentarios Juan Cañada [ArtL 01] y Jorge Latorre [His 92, PhD 98]

    World Press Photo, que promueve la calidad de la fotografía en prensa internacional, ha premiado en su edición de 2012 una imagen de la revolución árabe que se ha popularizado con el nombre de “La Pietá islámica”. Su autor, el español Samuel Aranda, ofrece una entrevista que ayuda a entender la importancia del fotoperiodismo. Dos profesores especialistas en esta materia aportan también su visión sobre el premio.


    Samuel Aranda estaba con su madre en la cocina de su casa en Santa Coloma de Gramanet cuando escucharon una fuerte explosión de gas en un edificio cercano. Samuel cogió su cámara de fotos y salió corriendo hacia el lugar, donde habían fallecido tres personas. No era la primera vez que hacía algo parecido; estaba acostumbrado a interrumpir sus recorridos en moto, con la que se desplazaba en su trabajo de revisor de contadores de gas, para fotografiar cualquier cosa que le llamara la atención: un disturbio, un accidente... Pero aquella sí fue la primera vez que cobró por sus fotos. Los periodistas que llegaron después que él a aquel edificio compraron sus imágenes y salieron publicadas. Fue el primer paso de una carrera profesional que le ha llevado a recorrer diversos países, muchos de ellos en guerra, y a ser el segundo fotógrafo español que consigue el World Press Photo (WPP).

     

    ¿En aquella época se imaginaba que acabaría ganando el WPP?

    No, pero sí que me veía yéndome fuera. Me di cuenta de que me gustaba más estar en el extranjero que aquí.

    ¿Por qué?

    Porque me asfixiaba. No sé estar en una oficina o tener una rutina. En 2008 estuve en una plantilla en Madrid, con muy buen sueldo y con unas condiciones espectaculares, pero aguanté ocho meses, no podía estar allí. No podía estar haciendo política porque creo que nos engañan a todos, no me llega. Y yo necesito creer en lo que hago para poder seguir trabajando cada día. 

    Su primer viaje fue a Palestina, ¿qué le atrajo de allí?

    Tenía unos amigos en Tel Aviv y otros en Jerusalén, y me salía casi gratis el viaje. No tenía ni idea de lo que pasaba allí, no tenía una motivación personal. Quería empezar a hacer algo, y como allí podía ir barato, fui. Descubrí cosas muy impactantes. Recuerdo la primera semana que estábamos en Tel Aviv, con los amigos israelíes, y el abuelo de uno de ellos nos empezó a contar la historia de los campos de concentración. Tenía en el brazo tatuados los números y fue muy impresionante. Y luego, al contrario, también. Viajamos a Gaza y vimos la situación de los refugiados.

    ¿Qué les dijo a su familia y amigos sobre ese cambio de rumbo?

    A mi madre le dije que iba a Tel Aviv, pero cuando vio las fotos ya se dio cuenta de que no había ido de vacaciones, sino que había estado en sitios peligrosos sacando fotos. No entendió muy bien que dejara contratos fijos para irme a la aventura y volver a ser freelance.

    ¿Le gusta trabajar bajo la presión del miedo?

    Tienes que sentir miedo. Si no sientes miedo, hay algo que no funciona. A mí no me gusta trabajar en una oficina, así que el miedo forma parte de mi trabajo. Lo he elegido, y forma parte de ello. Casi cada día hay momentos de tensión, pero nadie me obliga a estar ahí. Así que el miedo y la tensión no son importantes.

    ¿Cómo ve el fotoperiodismo en España?

    Se tiene el concepto de que la fotografía es un elemento que acompaña al texto. Nunca se ha apostado mucho por el fotoperiodismo, en la maqueta de un diario se ve que la fotografía es algo secundario. En los medios de otros países se tiene un concepto diferente de la imagen. También es verdad que, en parte, nos lo hemos ganado. Los fotógrafos no nos hemos organizado; no hay ninguna agencia de fotógrafos, en Francia hay diez, en Italia quince... y aquí nunca hemos hecho nada. Respecto a los periódicos... El más vendido es Marca. No hay ninguna revista como Paris Match o Stern, y las que ha habido se han hundido. 

    ¿Qué habría que hacer para cambiar esta situación?

    Los que dirigen los medios se tienen que dar cuenta de que el mercado está cambiando mucho. La gente consume más noticias de las páginas web, pero también reclama información bien hecha, reportajes de calidad... Todos los medios internacionales están yendo a eso. Le Monde o The Guardian están apostando por enviar a un fotógrafo y un redactor para hacer historias en profundidad.

    Se suele poner la excusa de que no hay tiempo ni dinero....

    Tampoco es tan caro hacer un viaje. El presupuesto que hemos tenido para dos personas para diez días en Yemen ha sido de 1.500€ con todo incluido. Es dinero, pero si haces una sesión de moda, a la modelo le vas a pagar 3.000 o 4.000 euros por un día de trabajo. Pueden contratar a una modelo menos importante y con menos caché y destinar más dinero a hacer reportajes grandes. Ningún medio español apuesta por el fotoperiodismo. Apuestan a su manera: pagando lo mínimo o sin pagar nada. 

    ¿Para qué periódico le gustaría trabajar?

    Ahora estoy muy a gusto con La Vanguardia y el New York Times. El NYT me apoya en todo, y la forma de trabajar es muy dinámica. No hay un jefe de fotografía que te dice lo que tienes que hacer; yo propongo cosas y ellos las apoyan, se dialoga todo. 

    ¿Cree que se innova?

    Sí que se hacen cosas nuevas y se evoluciona, aunque todos los editores extranjeros dicen que España está diez años por detrás de los demás. Ahora parece ser que hemos descubierto el vídeo en la web y estamos todo el día haciendo vídeos para la web. Allí ya se han dado cuenta de que el vídeo en la web está bien y es una cosa complementaria, pero no te puedes centrar sólo en eso. Vamos a remolque como en todo: empresas, economía... Tenemos presidentes de gobierno que no hablan inglés... Algo habrá que cambiar.

    ¿Con la crisis hay muchos más free lance?

    La crisis está haciendo algo bueno por el fotoperiodismo: está haciendo que sobrevivan los que de verdad son fotógrafos. Había gente que se dedicaba a esto como podía dedicarse a otra cosa, que no estaban enamorados de la profesión. Sí que hay más jóvenes, pero los buenos siguen.

    ¿Cómo hace sus fotografías? 

    Es como tener una conversación cara a cara, hay un juego de miradas. Uno de mis referentes en fotografía es Joan Guerrero, y dice una frase que a mí me gusta: “Hay dos tipos de fotógrafos: los cazadores y los pescadores. Los pescadores son los que se sientan a esperar y lo hacen con tranquilidad, y los cazadores son los que buscan la foto”. Yo soy pescador. 

    ¿Cómo es su día a día en Yemen?

    Me despierto a las 5 con la oración de la mañana. Septiembre y octubre fueron meses muy duros porque bombardeaban constantemente. Pero ahora se vive muy bien y, de hecho, me planteo irme a vivir allí. Es un país precioso y el más hospitalario en el que he estado. El problema cuando sales a la calle y tienes que hacer algo es que la gente te invita a comer y a tomar cafés, y ¡es imposible trabajar! Pero esos días yo tenía mucho miedo. Era muy difícil trabajar, entré ilegalmente con un visado falso, con otro nombre, me quité mi apellido y me puse el de mi madre, Millán. Me vestí como los locales, me dejé barba y no llamaba mucho la atención. Conocía a un señor que tenía una moto, y nos movíamos con ella y no nos paraban en los controles. Llevaba la cámara escondida debajo de la chaqueta y tapada con un fular. Las manifestaciones empezaban a las 10 de la mañana. Cruzaba la línea a las 9, trabajaba en la zona hasta las 11, con mucho ojo de no estar mucho rato en el mismo sitio, porque había informadores del gobierno en la zona y tenía miedo de que me pillasen con la cámara. Trabajaba dos horas y salía rápido. Por la tarde editaba el trabajo de la mañana. A las 4 ya empezaban los bombardeos fuertes y había que quedarse en casa. Las dos semanas más fuertes dormía en la base de la casa, que tenía las paredes de piedra. Bajábamos los colchones y dormíamos en el suelo. Estábamos tres: un chico americano, su novia y yo. Cuando llamaba a mis padres decía que todo iba bien. A la única que le cuento todo es a mi novia, ella sabe realmente qué pasa. Ella siempre me apoya, yo soy mucho más maniático con ella. Las conexiones son malísimas y tampoco te angustias mucho si no hablas, aunque buscamos siempre la manera de estar en contacto.

    ¿Qué cualidades debe tener una buena foto?

    La foto del premio ha funcionado muy bien porque ha conseguido que una imagen de la revolución árabe, que la veíamos lejos de nuestras casas, aporte una visión cercana. Si ves una foto de un tipo barbudo con un kalashnikov disparando en el desierto, es muy difícil que te sientas identificado. Pero cualquier madre puede sentirse identificada con la foto del premio. Es lo que significa cuidar de un hijo. El fotoperiodismo hace que el espectador se sienta identificado con lo que está viendo.

    Usted no titula sus fotos, pero la ganadora del World Press Photo ya se conoce como la Pietá islámica.

    No soy religioso ni estoy bautizado, pero cuando vi la imagen ya me di cuenta de cuál era y sí que la había visto alguna vez. Necesitamos tenerlo todo etiquetado, siempre hacemos lo mismo. Pero para mí es una madre abrazando a su hijo, nada más. 

    ¿Qué ecos está recibiendo?

    Mis fotos son periodísticas, no artísticas, pero estoy encantado con la repercusión, porque a raíz de la foto se está hablando mucho de Yemen, y es lo que quería. A veces se habla más de los premios que de los protagonistas, que son los que de verdad importan. El premio se lo tendrían que dar a ellos, y no a mí.

    ¿Ha vuelto a saber algo de ellos?

    Sí, nos recibieron en su casa. Son una familia de 120 personas que viven en una casa grande, de cuatro plantas. Allí están tíos, primos, abuelos... Son una familia enorme que se apoya, y eso es lo que hemos perdido aquí. Nos recibieron con zumos de frutas y tuve que besar a niño por niño y familiar por familiar. Fue muy divertido. 

    ¿Qué puertas le abre el premio?

    Muchas, sobre todo para un proyecto que quería hacer desde hacía mucho tiempo, que era documentar los países árabes, desde un punto de vista positivo. Con toda esa documentación quiero hacer un libro y una exposición. Pero no encontraba financiación, y ahora parece que la voy a tener. Esto me llevaría un año de trabajo sólo dedicado a este proyecto. Van a colaborar algunos escritores.

    ¿Qué espera aportar con su trabajo?

    El fotoperiodismo sirve para algo. Se consiguen cosas. Cuando los inmigrantes saltaron la valla de Melilla, el Ejército español les disparó en la frontera, y muchos murieron. Como estaban en territorio español, pagaron al gobierno marroquí unos autobuses, los montaron y por la noche los llevaron al desierto entre Mauritania y Marruecos. Médicos Sin Fronteras los encontró y llamó a la prensa y a los fotógrafos. Aquellas imágenes sirvieron para que el gobierno español reconociera que era verdad y tuviera que volver al desierto a buscarlos.Primero soy persona y luego periodista, está claro que luego te involucras un poquito. Pero al mismo tiempo que haces fotografías, puedes vivirlo y disfrutarlo. Es una forma de vida, no un trabajo. No me voy a poner a tirar piedras, pero hacer fotos también es una forma de tirar piedras. Haces mucho daño.