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  • La revolución egipcia a ritmo de hip hop

    Texto Erika Jara [Com 03]  Fotografía Francesco Pistilli

    En febrero se cumplió un año desde que Hosni Mubarak fue derrocado. Era difícil pensar que algún día esto se contase, sin embargo, desde hacía tiempo se cantaba. Los hip hoperos egipcios llevaban años criticando desde la clandestinidad al régimen y, cuando la Revolución por fin llegó, sus versos pasaron a identificar a los manifestantes.


    El rap, la música de autor, el rock… Los artistas egipcios que deciden optar por estos estilos tan poco orientales saben que tendrán que luchar como ninguno por abrirse camino en el panorama musical. Sin embargo, cuentan con un arma que inclina la balanza a su favor, sobre todo entre los revolucionarios: sus letras. Mahmud tiene 23 años, es estudiante de informática y acudió a la plaza Tahrir, epicentro de la revolución, desde el primer día de protestas. “Antes escuchaba música house, simplemente por escuchar algo diferente a lo típico, pero el rap llamó mi atención cuando reparé en el mensaje”. Era la primera vez que Mahmud encontraba en una canción lo que él llama “ambición”: “La música tiene que reflejar el estado de la sociedad, no hablar de cualquier tontería”, afirma. 

    Karim Adel, uno de los cantantes del grupo egipcio de hip hop Arabian Knightz, comenzó a rapear con este propósito. Nació en 1980, un año antes de que Hosni Mubarak tomase el poder, por lo que no ha conocido otro presidente que el recientemente derrocado. Al igual que otros conjuntos egipcios que empiezan a despuntar en el panorama rapero, sus letras llevaban criticando a las autoridades desde mucho antes de que la intocabilidad de Mubarak se cuestionara. “El gobierno quería dar una falsa sensación de libertad permitiéndonos criticar en nuestras canciones a Israel o Estados Unidos; pero luego era casi imposible atacar la corrupción dentro del país”. Por ello, “cantábamos contra el régimen de manera indirecta, sin mencionar detalles ni nombres”, cuenta Karim. Defiende que, en el fondo, “eso es la poesía”. 

    Los activistas de la plaza captaron el mensaje: “Yo memorizo las letras y las interiorizo, y luego me provocan una sensación. Eso es el arte, criticar mediante la metáfora”, asegura Ahmed Gamal, joven ingeniero químico, también sorprendido por el descubrimiento del hip hop como forma de expresión. Karim huye en sus versos de las agresiones personales. “Se trata más bien de subrayar la situación misma para que luego la gente pueda atacar al responsable. No decimos ‘mira lo que tal persona te ha hecho’, sino ‘te están quitando lo que es tuyo, ¿qué vas a hacer al respecto?’” 

    HIP HOP EN TAHRIR El hip hop empezó a escucharse en la plaza de Tahrir desde la primera semana de protestas. Eskanderella, un grupo popular por versionar canciones de Sayed Darwish y Sheikh Imam, un cantante egipcio que se pasó años entre rejas por criticar al régimen, llegó a actuar en una de las plataformas ante un público sorprendido por la forma pero muy satisfecho con el contenido. “Les vi actuar en la plaza y descubrí que sus anteriores canciones conectaban con todo lo que estaba pasando”, comenta Saleh Fekry, técnico de marketing en una empresa química. “Hasta ahora escuchaba hip hop palestino porque me parecía muy honesto, pero me alegró saber que en Egipto también tenemos grupos que valen la pena”. 

    Arabian Knightz llegó a actuar en la plaza. Quien no se dio por satisfecho con ello fue Karim, uno de sus cantantes: “Escribía las consignas y las canciones que escuchaba en la plaza, las unía y las volvía a repartir para que la gente las cantase y se sintiese unida. Creo que ese es mi trabajo como rapero”. 

    La música hip hop se abrió camino en la plaza por sí sola. Cuando el gobierno reabrió la conexión a internet, siete días después del comienzo de las protestas, Arabian Knightz lanzó dos canciones compuestas con anterioridad: “Not your Prisioner” y “Rebel”, (esta última, versión de la canción con el mismo título de Lauryn Hill). De manera premonitoria, “Rebel” contenía la frase “la gente quiere la caída del sistema” (una de las consignas más coreadas durante la revolución) y “Not your Prisoner” acababa con la frase: “Sé que el faraón no sólo tiene problemas en sus sueños, ¡también los tiene en la realidad!” .

    Ante la imposibilidad de llegar al público a través de las emisoras, la mayoría controladas por el régimen, los hip hoperos se sirvieron de los mismos medios que los manifestantes para transmitir su mensaje: Facebook, Twitter y Youtube. Y en poco tiempo las letras más críticas y más reaccionarias inundaron las redes sociales. “La gente hacía sonar las canciones en la plaza en sus mp3 y sus móviles. De vez en cuando, alguien se acercaba y me decía: ‘Eh, ¡tú vistes como los raperos, mira lo que ha hecho uno de los tuyos!’ Y me ponía una canción mía. Yo le decía: ‘¡El que canta soy yo!’ Algunos me creían; otros dudaban y me decían: ‘Sí, claro, ¡ahora todo el mundo es el autor!’” , cuenta Karim

    Con Mubarak ya fuera de juego, Karim llegó a cantar en un escenario situado en una calle aledaña a Tahrir junto a su amigo cantautor Rami Essam. Este joven de 24 años acudió a la plaza ataviado con una pequeña mochila y su guitarra, el 28 de enero desde el poblado de Mansoura, 120 kilómetros al norte de El Cairo. Se instaló en una tienda de campaña junto con otros revolucionarios y comenzó a poner banda sonora a las consignas más coreadas, como “Irhal Irhal” (vete, vete) y “Yaskot Yaskot Hosni Mubarak” (cae, cae, Hosni Mubarak). Durante el proceso, fue apedreado por los matones que el régimen envió a la plaza y arrestado por el ejército en el museo egipcio, donde fue golpeado e insultado. Con todo, su guitarra no dejó de sonar, y cuando Mubarak cayó, su canción “Irhal” fue reivindicada por los manifestantes como “la verdadera canción de la revolución”, y batió records de visitas en Youtube. Un ejemplo más de que el mensaje superó en importancia al ritmo comercial tradicional. 

    Karim sólo cantó un par de canciones junto a Rami Essam “porque no quería quitarle protagonismo, ya que él sufrió mucho más que yo durante aquellos 18 días”. Sin embargo, unos pocos minutos bastaron para que Karim comprobase que la gente conocía sus canciones. “No sólo cantaban los adolescentes, sino también gente más mayor”. 

    Antes de la revolución, los hip hoperos no tenían confianza en ninguno de los negocios que emprendían, y “llegamos a tener problemas con nuestras familias, que nos echaban en cara que no buscásemos un trabajo decente que nos permitiera vivir y casarnos en vez de hacer algo que no servía para nada”. Pero después de la caída de Mubarak “sentimos que febrero de 2011 marcó el comienzo de una era en la que por fin el hip hop árabe será reconocido”. 

    LA REVOLUCIÓN NO HA TERMINADO Como en toda revolución, la canción protesta estuvo presente, y como en toda transición, su variedad, frescura y mordacidad es un indicador del nivel de libertad real. Y en Egipto, aunque el miedo a expresarse se está resquebrajando, todavía no se puede cantar contra la Junta Militar gobernante. “Mubarak ya no está, pero el régimen sigue en su sitio, así que en nuestras letras no vamos a hacer homenajes a la revolución ni a hablar de ella como si ya hubiese terminado”, asegura Karim.

    En efecto, los manifestantes que derrocaron a Mubarak siguen organizándose a través de las redes sociales e invadiendo la plaza de Tahrir cada vez que la Junta Militar da un paso en falso. Y, en consecuencia, siguen escuchando las canciones más críticas. Amir, activista cristiano, recuerda cómo la canción “Eid fi eid” (Mano a mano) lanzada por Arabian Knightz poco después de la caída de Mubarak, avisaba de que la Junta Militar iba a intentar dividir y enfrentar a la población. “La letra menciona que empezarían con musulmanes y cristianos, porque era lo más fácil, y luego irían a por el resto, y eso es lo que pasó durante todo 2011” sostiene. “Primero los ataques contra los manifestantes en la protestas de Ramadán, luego los 28 cristianos asesinados por el ejército en la masacre de Maspero”. 

    Las divisiones llegaron incluso al fútbol: a finales de enero, 74 personas morían en el estadio de Port Said debido a las estampidas y las peleas que se produjeron entre supuestos ultras de los dos equipos (Al Masry y Al Ahli) ante la pasiva mirada de la policía. “Van a provocar una catástrofe nueva cada 40 días, para mantener a la gente desunida y enfrentada”, señala Karim. “Si Egipto fuese el paraíso y no hubiese sensación de inseguridad, todo el mundo se daría cuenta de que no necesitamos a la Junta Militar, y eso es lo que no quieren”.

    Tanto los raperos como los revolucionarios esperan que la música pueda contrarrestar estas acciones del régimen. Para Halima, estudiante de enfermería, “la música comercial que estamos acostumbrados a oír atrae a los idiotas y moldea la cabeza de la gente, anulándola con mensajes simplones y vacíos”. Esta fan de Eskanderella piensa que “la función de la música tiene que ser dar voz a la calle y ayudarnos a abrir la mente, no distraernos y atontarnos”. 

    LA RADIO SIN CAMBIOS Las canciones de hip hop no encontraban el camino hacia la radio antes de la revolución y tampoco lo encuentran ahora. Las emisoras parecen reservar espacios para canciones de la revolución, pero “son canciones muy suaves y en muchos casos antiguas, sobre el amor al país, que no representan para nada el espíritu de la revuelta y del cambio”, sostiene Halima, que también escucha a un grupo de hip hop llamado Kairo Keef. Ahmed, que trabaja como ingeniero, valora el mensaje por encima del tipo de música. “Me da igual escuchar rock, música melódica o tradicional con tal de que la letra me inspire”, señala. “En la radio egipcia no encuentro ningún mensaje útil, y sin embargo con las letras del hip hop, un estilo que en principio no es mi favorito, me siento mucho más identificado”. De manera similar piensa Saleh Fekri: “Las canciones de la radio son tan simples que, aunque la mayoría hablen de amor, ¡no me sirven ni para cuando me gusta una chica!”. 

    Así las cosas, los revolucionarios dejan de lado las ondas herzianas y optan por las radios on line

    Según Karim, “la radio en Egipto sigue funcionando como en Estados Unidos: si los medios están detrás de ti, es decir, ya eres famoso, entonces la radio también te sigue, cuando debería ser al revés, la radio debería buscar la calidad y darla a conocer al público. Al final solo puedes acceder a ella si puedes pagarlo”. Incluso los revolucionarios más adultos opinan de la misma forma. “Yo escucho todo tipo de música, incluso la comercial, pero es cierto que me gustaría estar enterado de las nuevas tendencias y de los grupos que surgen en cada momento, y eso no lo encuentro en la radio egipcia”, indica Magdi, de 39 años, jefe en una planta química.  Hasta hoy, el gran apoyo con el que cuentan tanto los grupos de hip hop como los artistas más alternativos es el centro cultural El Sawy Culturwheel, situado en el moderno barrio de Zamalek y comandado por Mohammed El Sawy. Abierto los siete días de la semana y con más de 500.000 visitas al año, el centro y su directiva han abogado siempre por la libertad de expresión y de pensamiento, algo que tratan de potenciar no sólo en sus seminarios, sino también predicando con el ejemplo. 

    El Sawy Culturwheel ha patrocinado multitud de festivales, musicales y conciertos –algunos de ellos en nombre de la libertad de expresión– desde su fundación en 2003, en los que participan todo tipo de grupos y sonidos musicales. En 2007, el conocido festival SOS consiguió congregar a 20.000 personas en el estadio de El Cairo. Ahora, tras la caída de Mubarak, el centro intenta ayudar a estos grupos a publicitarse a gran escala a través de los medios. Mohammed El Sawy se presentó a las pasadas elecciones legislativas y ahora ocupa un sillón en el Parlamento, aunque sigue confiando en el arte como herramienta para salir adelante. “El Sawy confía en que la juventud será la que traiga el cambio”, explica Karim. “Los políticos no hablan para los jóvenes ni ellos les escuchan, pero sí escuchan música. Y ellos serán los líderes del Parlamento en el futuro”.

    UNIDOS EN LA REVOLUCIÓN Y EN LA MÚSICA La revolución egipcia mostró que la unión hace la fuerza, y los raperos tomaron nota. Como resultado, los principales pioneros de este estilo musical en todo Oriente Medio se han aliado bajo un mismo sello. “Hemos dicho en muchas ocasiones que en algún momento teníamos que crear un movimiento de hip hop y rap en el mundo árabe. Tendrá a la élite del hip hop árabe no sólo de Egipto, sino también de Líbano, Palestina, Marruecos y otros países donde también se han hecho grandes cosas”. El nombre del sello, como no podría ser de otra forma: La Liga Árabe; el número de miembros, el más grande en Oriente Medio; colaboran, entre otros, con Yemen, Iraq, Gaza y Arabia Saudí. “Rapeamos en inglés, pero sobre todo lo hacemos en árabe porque es nuestro idioma natural para rimar y porque pensamos que nuestro mensaje está dedicado a los árabes; tocamos y señalamos aquellos temas que afectan a la gente de nuestra región”.  

    Las barreras musicales están cayendo y los miedos a expresarse están desapareciendo. El mismo Arabian Knightz ha anunciado recientemente que su próximo álbum, United States of Arabia, será presentado en un famoso show americano que aún no han querido desvelar, con una canción en la que muchas palabras prohibidas serán mencionadas por primera vez. “Es un tema cómico en el que nos reímos de todo y de todos. Ironizamos sobre la Junta Militar, sobre los Hermanos Musulmanes, sobre los políticos…”.

    Se arriesgan a ser arrestados o a recibir llamadas amenazantes como ya sucedió en el pasado, pero les da igual: “¿Qué tenemos que perder? No tenemos trabajos que nos den demasiado dinero ni que nos vayan a permitir tenerlo en un futuro próximo, y muchos no estamos casados porque nuestra mala situación económica no nos lo permite”. Según Karim, “si alguien te atemoriza y te arrincona, la única forma de salir del rincón es a través de él”.