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  • Pierbattista Pizzaballa: "La historia de la salvación tiene también una geografía: Tierra Santa"

    Texto Sonsoles Gutiérrez [Com 04] Fotografía Erika Jara [Com 03]  

    Las batallas de los cruzados por recuperar el control sobre Tierra Santa dieron paso a otra forma de garantizar la presencia cristiana en el lugar, de una manera pacífica. Era la que propuso San Francisco de Asís, que viajó a Jerusalén en 1220 y no tuvo reparo en entrevistarse con soldados y sultanes. Fruto de su empeño, y el de los franciscanos que le siguieron, un siglo después la Santa Sede concedió a esta orden religiosa la custodia de los Santos Lugares. Desde entonces, y a costa a veces de su propia sangre, los franciscanos han conservado ese encargo, cuya mayor responsabilidad recae en el Custodio. El actual, Pierbattista Pizzaballa, es un italiano de 47 años que afronta sin perder la sonrisa las pequeñas y grandes diferencias del día a día en un lugar siempre efervescente.


    El conflicto entre israelíes y palestinos está provocando, entre muchas otras consecuencias, que cada vez haya menos cristianos en Tierra Santa. ¿Por qué se van ellos y no los musulmanes? 

    No, los musulmanes también se van. Lo que ocurre es que sus familias son más numerosas: si se van tres hijos, se quedan otros cuatro. Pero si en una familia cristiana se van tres de sus miembros, se quedan uno o dos. Esa es la diferencia fundamental. A pesar de eso, no creo que los cristianos desaparezcan del todo aquí. Los retos y las dificultades a las que se enfrentan no son nuevas. En el periodo otomano también se iban, y si pensamos en esa época, comparada con esto, ahora estamos en el paraíso. Evidentemente, no hay que ser nostálgico de aquello, pero ahora es más fácil irse porque hay más comunicaciones. La razón principal es, por supuesto, el conflicto, que no permite una perspectiva de futuro desde el punto de vista de la vida diaria, etcétera. Y para los cristianos es más fácil irse porque, como cristianos, tienen más posibilidades de ser acogidos en un país occidental. Pero tenemos que trabajar en diferentes niveles: primero, facilitando el diálogo entre las dos partes; segundo, dando oportunidades. Los principales problemas son casa y trabajo, debemos empeñarnos en esto lo máximo posible; y tercero, pero no menos importante, concienciación. Ser cristianos aquí es parte de nuestra misión, de nuestra vocación, y debemos ser conscientes de esto. Sentido espiritual de pertenencia al lugar, la tierra, a la tradición, a la fe... Tenemos que trabajar en ello. Uno de los problemas es que hay un proceso de secularización, incluso aquí –parece extraño pero es verdad–, religioso y social. No siempre está claro para una familia cristiana por qué es importante estar aquí, y por eso tenemos que volcarnos en ello.

    ¿Y por qué es importante estar aquí?

    Porque nosotros, como cristianos, hemos nacido aquí, esto también es de alguna manera, espiritualmente, nuestra tierra. No quiero hacer una reivindicación de la tierra, por supuesto que no, pero hay que estar informado. La información sobre lo que pasa aquí es muy débil y parcial. Esto no es sólo conflicto, hay oportunidades,  hay cosas bonitas aquí, no todo es tan malo como la gente cree.

    ¿En qué pueden ayudarles los cristianos del resto del mundo?

    Lo primero de todo, para los creyentes, es rezar por ellos, obviamente. Pero después, en un plano más práctico, lo más importante es venir. La peregrinación es una de las principales fuentes de oportunidades para la gente de aquí. Y la peregrinación es algo que beneficia a todos, sobre todo a los cristianos, pero no solo a ellos. Trae posibilidades de trabajo, y apoyo humano. Los cristianos aquí somos un 1,3% de la población, así que no somos muy visibles, es difícil defender el carácter cristiano de esta tierra. Pero los millones de personas que vienen traen oportunidades de trabajo, perspectivas económicas para el futuro y apoyo humano y religioso para los cristianos. Esto sería lo primero en el aspecto práctico. Lo segundo es trabajar. Una actividad que tienen que hacer las diferentes iglesias locales del mundo es fortalecer el conocimiento entre los cristianos, hacerles entender esta realidad. Porque lo que pasa aquí no es solo un problema entre palestinos e israelíes, es un problema de todos nosotros. Lo tercero es promover relaciones. Más bien “microrrelaciones”. No necesitamos –porque ya tenemos suficientes– congresos, simposios, cosas de este tipo, en las que está involucrado el establishment, las autoridades de aquí y de allá. Lo que se necesita es lograr conexiones entre la gente, de colegio a colegio, de parroquia a parroquia. Ese es exactamente el tipo de ayuda y apoyo que da dignidad a los cristianos de aquí. Porque no necesitamos ser atendidos, necesitamos que nos apoyen, que se solidaricen con nosotros, que podamos expresar nuestras diferencias.

    En el sentido contrario, ¿qué les aporta a los peregrinos venir aquí? ¿En qué les cambia?

    Dos tercios del turismo que entra en Israel son cristianos, peregrinos. Nosotros, los franciscanos, distinguimos entre turismo y peregrinación. Hay verdaderos católicos que peregrinan porque quieren vivir una experiencia. Por ejemplo, parroquias que se preparan durante todo el año para venir en Navidad a Tierra Santa, o movimientos, grupos, scouts... Mi impresión es que les cambia en diferentes niveles. En el espiritual, cuando llegan aquí, de pronto descubren que lo que está escrito no es una teoría, sino una historia. Se hace más concreto al visitar Cafarnaúm, o ver Galilea, o el desierto de Judea. Quien lee los pasajes de la Biblia, el Antiguo y Nuevo Testamento, y ve el sitio, entiende que ese libro, que es el libro fundamental de nuestra fe, es una historia, y se hace concreta. Esto es muy importante. Lo segundo es que, al conocer los Santos Lugares, reciben lo que en nuestra “jerga”  llamamos “el octavo sacramento”.

    ¿A qué se refiere?

    Los sacramentos son siete, y el propósito de los sacramentos es experimentar a Jesús. Cuando vienes aquí, de alguna manera, tienes una experiencia. Si estás preparado, por supuesto, aunque no es imprescindible. Mucha gente tiene esa vivencia de tocar lo concreto: Hic, aquí. “Jesús nació aquí”, “fue crucificado aquí”. Esto se hizo concreto aquí, y es muy importante, porque el cristianismo es encarnación. Nuestra fe está basada en la encarnación, y en la revelación. En la historia de la salvación hay también una geografía de la salvación. Si quitas la geografía, no hay historia. Cuando vienes aquí, ves que no es una teoría, se materializa. Por otro lado, muchos cristianos que llegan a Tierra Santa perciben, no un gran cambio, porque la globalización está afectándonos mucho, pero sí se hacen conscientes de las diferencias. Aquí ven cristianos con distintas denominaciones, y más de una vez me ha pasado que peregrinos europeos me pregunten extrañados quiénes son estos religiosos “vestidos de largo”, refiriéndose a los ortodoxos. Son cristianos, y es importante aprenderlo. Desafortunadamente, cuando ves las divisiones, también entiendes lo que es el ecumenismo. Muchos peregrinos ven por primera vez que hay cristianos viviendo entre judíos y musulmanes. Ven mezquitas, ven sinagogas, ven cómo viven sus tradiciones... Esto es lo que se llama el diálogo entre fes, que, una vez más, se hace concreto, no es una teoría, no es una ideología, sino la vida misma. 

    A propósito de la experiencia “física” del peregrino, en muchos casos esa experiencia está condicionada por las circunstancias del sitio; para acceder a algunos lugares hay que pasar controles, te registran, te empujan, llega otro grupo que te echa… Es un poco desconcertante experimentar las condiciones de hostilidad, de problemas tan “humanos” en lugares que, para unos y otros, son sagrados...

    Hay una parte de verdad en eso. Cuando hablo de divisiones entre cristianos, es justo decirlo, no sólo hay checkpoints, peleas  entre cristianos... Esto te escandaliza, pero es un aspecto al que tienes que enfrentarte, no personalmente, pero todos los que vienen tienen que exponerse a ello. Esa es la verdad de las religiones entre nosotros. Ahora bien, también  hay que considerar  las diferencias culturales. Tenemos la misma fe, pero no la misma aproximación cultural a la realidad. Es decir, hay distintas maneras de expresar la santidad y el respeto a la santidad: occidente y oriente, griegos, latinos, armenios, coptos... tienen diferentes sensibilidades. Para nosotros, que te toquen, que te empujen, es una falta de respeto. Para otros es normal, quizá no educado, pero tampoco molesto. Es uno de los aspectos de esta tierra, el cruce de culturas, de tradiciones. Esto no significa que todo sea perfecto, hay problemas, y ese es uno de los aspectos difíciles que controlar, uno de los dolorosos. 

    ¿Qué otros aspectos controlan? ¿Cuál es el papel de los franciscanos en estos lugares?

    Hay dos contextos diferentes, uno es el statu quo, pero fuera de ese contexto somos franciscanos, y ya está. Los Lugares Santos, donde los franciscanos son los únicos, nuestra principal preocupación es mantener la fe, conservarla, cuidarla desde un punto de vista práctico, y también el aspecto religioso. Ese es el sentido de las liturgias, las oraciones, la bienvenida a los peregrinos... Procuramos hacerlo de la mejor manera posible, no siempre es perfecto, pero lo intentamos. En los lugares donde hay un régimen de statu quo, intentamos mantener la mejor relación posible con iglesias no católicas para hacer los cambios necesarios y trabajar para que nuestras relaciones transcurran de la forma más amable posible. Pero no siempre es fácil. 

    Cuando habla del statu quo, ¿qué quiere decir?

    En sentido amplio, se refiere a la relación con el Gobierno de la región: el Custos es un pasaporte diplomático, los franciscanos sólo tienen el permiso de residencia. De manera más específica, es el régimen de propiedad y derecho de culto de las comunidades cristianas que comparten los Santos Lugares; el Santo Sepulcro y la Basílica de la Natividad. 

    El Custodio siempre ha sido italiano. ¿Es una condición para el cargo?

    En el pasado había una legislación que dividía los cargos con el fin de neutralizar las rivalidades entre los grupos. El Custodio tenía que ser italiano, el Procurador español, etcétera. Pero ahora tenemos elecciones y el nombramiento llega desde Roma.

    Consideraciones administrativas aparte, una dimensión de ese cargo implica cuidar de los lugares, pero ¿cómo se encargan de cuidar a las personas?

    Las cosas van unidas. A los lugares los llamamos “Santos Lugares”. Pero con ello no nos referimos solo a los muros, a los monumentos en sí, sino a la comunidad que vive en ellos. Lo importante son las parroquias. Para nosotros es fundamental mantener ambos aspectos conectados. En estos Lugares Santos, las personas son las piedras vivas, y los Lugares Sagrados se mantienen vivos gracias a esas piedras vivas. Es necesario que en el siglo xxi se sigan celebrando aquí bautizos de niños y bodas. Además  ayudamos y cuidamos a las parroquias locales creando oportunidades de trabajo, proyectos de vivienda y todas aquellas actividades que refuerzan la vida de la comunidad.

    ¿Sienten el peso de la historia por estar en un sitio así?

    Sí. En cuanto llegas aquí, cualquier cosa que hagas te remite al bagaje de las tradiciones... y los prejuicios evidentes.

    ¿Cómo se manejan con esos prejuicios?

    Lo primero es reconocerlos. Muchos de los prejuicios se tienen sin saberlo. Cuando llegas aquí y tienes que vértelas con esas diferencias, si prestas atención y estás preocupado por la dinámica de las relaciones, de pronto entiendes que las comunidades están basadas en los prejuicios: sobre los judíos, sobre los musulmanes, sobre los ortodoxos ¡y sobre nosotros mismos! Hay que ser consciente de esto, no se da por hecho. Y la educación es fundamental, es la clave para formar a la gente. Muchas de las diferencias y de los problemas se basan en interpretaciones equivocadas de los hechos, de los incidentes, basadas en estos prejuicios. Por eso tenemos que trabajar en ellos, sobre todo con la juventud. A la gente que tiene 60 años ya es muy difícil cambiarla. Hay que centrarse en los jóvenes, los candidatos nuevos que entran ahora en las escuelas.

    ¿Es usted optimista sobre la posibilidad de recuperar el diálogo entre unos y otros?

    Mmmm... No sé… En esta tierra necesitamos más estabilidad, por supuesto, para normalizar las religiones. Pero en la historia, en el pasado y en el presente, siempre que Oriente y Occidente se juntaron, hubo tensión. Y muy ásperas dialécticas.

    Aunque lo vea lejano, ¿cuál sería para usted la manera de resolver diferencias entre esos grupos?

    Las diferencias no se pueden arreglar, siempre van a permanecer. No podemos arreglar las diferencias, lo que tenemos que hacer es aprender a vivir con ellas. La diferencia no tiene que percibirse como una amenaza, sino como parte de la vida. Sobre todo para nosotros, los cristianos, que somos una minoría. Somos poco más de un 1%. Y si sentimos que todas las diferencias de los demás son amenazas, nos ahogaremos. Por eso necesitamos crear iniciativas, abrir el diálogo. Costará mucho tiempo y, una vez más, las tensiones formarán parte de nuestra vida, pero tenemos que esforzarnos por crear una relación más cálida, y ver esto como parte de nuestras vidas y no como un impedimento para mejorarlas.

    Mencionaba antes que dos tercios de los visitantes de Israel son peregrinos ¿Qué opina el Gobierno israelí sobre la labor que hacen aquí ustedes?

    Tenemos una relación muy cordial con el ministerio de Turismo, que está directamente involucrado en esto. La relación es muy estrecha, aunque no compartimos los mismos plateamientos: para ellos es turismo, para nosotros peregrinación, hay una diferencia. Pero entienden nuestro papel. Es importante mantener buenas relaciones, pero también respetar la libertad y la distancia. Ellos a veces querrían que esa distancia se acortara. Nosotros no. 

    La mayoría de cristianos de aquí son palestinos, no israelíes. Los cristianos y musulmanes sufren los mismos problemas...

    Sí, son la misma gente. 

    ¿Sienten también la diferencia con los musulmanes? 

    Es un asunto muy delicado, porque todo lo que diga puede ser instrumentalizado. Si dices algo sobre los problemas de los cristianos con los musulmanes, los musulmanes dicen que ellos no son el problema de los cristianos, y si no dices nada, entonces los cristianos dicen que no se habla de sus problemas.

    En Palestina no se aprecia mucho enfrentamiento entre cristianos y musulmanes.

    La experiencia, al menos aquí, en Palestina, es que son la misma gente y la misma cultura, van a las mismas escuelas, tienen las mismas instituciones, y sus relaciones son correctas. No puedo hablar por el resto de Oriente Medio. Pueden tener sus diferencias y encontronazos, pero es normal. Lo que sucede es que, de pronto, se interpreta como confrontación religiosa, pero normalmente no hay demasiados problemas que nosotros veamos como minoría.

    Los franciscanos viven también en una comunidad diversa, dentro de ella hay gente de diferentes países… 

    Concretamente, de 48 nacionalidades distintas. 

    Y ¿cómo lo llevan? ¿Qué les aporta esa diferencia de orígenes?

    Una vez más, no es sencillo porque... Pondré un ejemplo. Hace unos días tuvimos un problema, a veces pasa. Afectaba a uno de Ghana, otro de Italia y otro de Corea. Fui allí, estuve un tiempo escuchándoles para ver cuál era el problema, y no lo entendí, porque eran tres maneras diferentes de ver el mundo. 

    Por lo menos al italiano sí le entendería...

    Sí, le entendía. Entendía lo que decía cada uno de ellos, pero es que decían cosas opuestas. Es decir, cuando gente distinta se acerca a la misma cosa, su objetividad puede ser muy diferente. Así que necesito entender su forma de abordar este asunto para resolver el problema. Todo se complica con orígenes diferentes. Si fuesen todos españoles o italianos también habría problemas, seguro, pero hay puntos en común. Sin embargo, en una comunidad internacional, apenas existen referencias comunes, aunque poco a poco se van entendiendo las diferencias. Como vivimos juntos, de repente entiendes esta tradición con esta otra, esta manera de comer, de beber, de limpiar... todo se vuelve más articulado. De alguna manera, las relaciones son más ricas.

    ¿Resolvió el problema al final?

    No. Les dije: “Mirad, pasad página y empezad de nuevo”.

    ¿Cómo es el día a día en la comunidad? ¿Cómo se reparten el trabajo?

    No somos benedictinos, así que el día a día es diferente en función del tipo de trabajo que haya que sacar adelante. Unos trabajan en parroquias, otros son estudiantes, candidatos, otros en el Sagrado Sepulcro..., depende del sitio. Lo común son las oraciones al principio del día, y, por supuesto, es absolutamente necesario al menos un encuentro al día de una hora para hablar y “cotillear” juntos.

    ¿Se sienten apoyados por la Iglesia? No me refiero al conjunto de los cristianos, sino a la institución ¿Está el Papa al tanto de sus problemas, de sus necesidades?

    Sí. Sin duda. Siempre podemos mejorar, pero no podemos decir que el Papa no está hablando de nuestra tierra. Los mensajes, las cartas, la visita del Papa en 2009, el sínodo de los obispos para Oriente Medio... hay muchos instrumentos, por supuesto. Y también los cristianos de aquí tienen en sus iglesias muchas actividades sociales, la mayoría de las cuales reciben el apoyo de la iglesia universal de alguna manera.

    ¿Qué frutos trajo aquella visita del Papa? ¿En qué se notó?

    Fue una visita importante, no es corriente tener un Papa aquí. Tuvo un carácter diferente a la anterior, de Juan Pablo II. Los dos visitaron el Muro de las Lamentaciones, la explanada de las mezquitas, etcétera… Pero esto no tuvo tanto eco. Lo que tuvo más impacto fueron los discursos, que fueron muy fuertes, muy bien valorados. A veces no apreciados, pero muy claros. Y también la atención a la comunidad cristiana local fue muy apreciada, hizo sentir a los cristianos fuertes y confiados.