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  • La ola negra

    Texto y fotografía Francisco Magallón, periodista gráfico

    Tras diez minutos de un intenso terremoto de 9,3 grados en la escala de Richter, dos olas gigantes de entre quince y treinta metros engulleron ciudades y pueblos enteros. En Banda Aceh (Indonesia) eran las 07.58 del 26 de diciembre de 2004. Diez años después, las imágenes de la mayor catástrofe natural de los últimos siglos dejan patente la capacidad del hombre para salir adelante. Ponen rostro a la cooperación, la solidaridad, la superación. Es el resurgir de entre los escombros.


    Innumerables muertos y desaparecidos. Hogares desmoronados, puentes rotos y carreteras cortadas. Decenas de kilómetros de escombro y destrucción… Cuando llegamos [Francisco Magallón es cámara de TVE], 24 horas más tarde de la devastación, miles de supervivientes vagaban por lo que antes habían sido calles, sin comida ni agua. Una población entera que tendría que subsistir sin las condiciones más básicas.
    Centenares de miles de desplazados buscaban entre las cordilleras de escombros un trozo de esperanza. Equipos improvisados de salvamento trabajaban desbordados. Intentaban recuperar, con un esfuerzo sobrehumano, los cuerpos sin vida de sus vecinos, que se agolpaban por todas partes. Pero no eran capaces de recoger, ni tan siquiera de contar, aquella cantidad ingente de cadáveres.
    Ese panorama no se podía describir con palabras. Tampoco con imágenes. Un denso olor a muerte lo envolvía todo. Sin lugar a dudas, ha sido el episodio más importante y triste de mi vida profesional.
    Sin agua potable, sin alimentos y sin un lugar donde dormir, se desplegaba ante nosotros un mundo irreal, como de película de terror, pero de verdad, con nuevos movimientos sísmicos, riesgo de epidemias, montañas de ruinas, maderas y pedruscos. Enormes fosas comunes improvisadas en cualquier parte acogían a cientos de cuerpos sin identificar. Un panorama desolador, un contacto muy cercano con una de las caras más sombrías de la muerte…
    Sin embargo los habitantes de Aceh, quienes de verdad padecían toda aquella devastación, contaban con sosiego cómo varios miembros de su familia habían desaparecido bajo el horror en apenas unos segundos... Cómo los barcos se habían alzado en el aire hasta estrellarse contra las casas… Nos hablaron de los desaparecidos por el golpe de mar. De la búsqueda. De la esperanza…
    Al final se contabilizaron 175 000 muertos en Aceh, y más de 200 000 mil personas quedaron sin hogar. Todo estaba destruido. La creencia popular lo atribuyó a un castigo de Dios porque tan solo las mezquitas quedaron en pie.

     

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