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  • «Nuestro Tiempo» celebra su sesenta cumpleaños

    Texto Redacción NT, y Caricatura Pedro Perles

    En su aniversario de diamante, Nuestro Tiempo ha invitado a escribir a la docena de periodistas que la han dirigido. Dos de ellos —Antonio Fontán y Pedro de Miguel— han fallecido, pero la magia de la caricatura los ha devuelto a una redacción imaginaria. Ellos resumen seis décadas de periodismo y representan a más de dos mil colaboradores. Feliz cumpleaños.


    ANTONIO FONTÁN
    Director entre 1954 y 1962
    Texto de Carlos Barrera

    Antonio Fontán (Sevilla, 1923-Madrid, 2010), catedrático de latín, fue el primer director del Instituto de Periodismo de la Universidad (1958-1962). Reconocido impulsor de las libertades en España, participó en la redacción de la Constitución de 1978 y fue el primer presidente del Senado democrático. Entre los medios que dirigió, destaca el diario Madrid, un referente del aperturismo durante el régimen franquista.

    Nuestro Tiempo fue la segunda criatura periodística de Antonio Fontán en Madrid, gestada al calor de la primera, el semanario gráfico La Actualidad Española. Si este salió en 1952, dos años después veía la luz la así subtitulada «Revista de cuestiones actuales». Junto a él, alma de ambos proyectos, reunió a jóvenes periodistas, profesionales e intelectuales. De entre ellos emergería después el primer equipo directivo del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, hoy Facultad de Comunicación, en 1958. Y a Pamplona se llevaría bajo el brazo Nuestro Tiempo, cuando se trasladó allí en 1956.

    No eran los años cincuenta los más propicios para embarcarse en aventuras culturales y universitarias de tan grueso calibre. Aparte de la censura de prensa entonces vigente, conseguir la autorización para lanzar una publicación periódica era un empeño arduo. Contó ya Fontán con detalle en estas páginas que, curiosidades de la vida y aunque parezca políticamente incorrecto, fue el general Franco quien desbloqueó el silencio administrativo que el Ministerio de Información estaba practicando con la petición de edición de Nuestro Tiempo. Fue en una audiencia que tuvo con el entonces Jefe del Estado —la única en su vida— en calidad de director de La Actualidad.

    Fontán, gran viajero por el Viejo Continente e intelectual inquieto, bebió de los modelos habituales en las revistas culturales y de pensamiento que se editaban en Europa. También recogió esquemas de anteriores publicaciones españolas, como la célebre Revista de Occidente. En todo caso, supo poner su sello personal en forma de aglutinador de voluntades, de capacidad de convocatoria, de ilusión profesional, de servicio a la sociedad… y de tener que ejercer también los más humildes pero necesarios papeles en los inicios, como «escribir artículos, corregir los de otros, revisar las pruebas y pelear con las imprentas», tal y como él mismo solía recordar. 

     

    JOSÉ LUIS MARTÍNEZ ALBERTOS
    Director en 1962 y 1963

    José Luis Martínez Albertos (Vigo, 1930) atesora una larga trayectoria profesional en medios como Baleares, La Actualidad Española, Diario de Navarra, El Correo español... Asimismo, ha dirigido el diario La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria) y el semanario Mundo. Actualmente es miembro de del Consejo Asesor de Fundéu (Agencia Efe-BBVA) y de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE).

    Cuando D. Antonio Fontán me traspasó la dirección de la revista, me entregó tres documentos: dos papeles escritos, que todavía conservo, y la cita de un verso extraído del «Beatus ille»: «Paterna rura bobus exercet suis». El primer papel, mecanografiado, se titula «José Luis Albertos, Director de Nuestro Tiempo» y fue la presentación para el primer número (abril 1962) en el que yo figuré como máximo responsable de la publicación. El segundo, manuscrito, empieza así: «NUT. Al dejar la dirección». En él se recogen unas reflexiones para su despedida ante el consejo de redacción. Destacaré una: «Las cosas no se institucionalizan hasta que no están despersonalizadas». La cita latina fue oral. «Toma ejemplo de lo que dice Horacio: el hombre feliz labra los campos paternos con sus propios bueyes. En estas palabras están condensados todos los consejos que yo pueda darte». El mensaje era obvio: el patriarca me dejaba en herencia la parcela que él había descubierto, pero yo tenía que trabajarla autónomamente, es decir, con un alto sentido de la responsabilidad ante los lectores y con plena independencia intelectual. 

    Mis tareas «agrícolas» en Nuestro Tiempo duraron solo once meses (la revista quedó a cargo de un consejo de dirección con Antonio Fontán, Ángel Benito, Manolo Ferrer y Patricio Peñalver hasta 1966). Pronto me embarqué en otras aventuras periodísticas: Diario de Navarra, El Correo (Bilbao), La Provincia (Las Palmas de Gran Canaria), Mundo Internacional (Barcelona), Nivel (Madrid), etcétera. 

    Pasados muchos años, en octubre de 2006, el profesor Fontán me llamó para formar parte de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, de la cual él era presidente. Al saludarnos me preguntó cómo estaban los bueyes a mi cuidado. «Bastante viejos —respondí—. Pero siguen siendo míos». Don Antonio sonrió: «Que esta ocasión nos sirva otra vez para recordar al viejo Horacio, como hicimos en Nuestro Tiempo».

     

    ÁNGEL BENITO
    Director entre 1966 y 1974

    Angel Benito (Sevilla, 1929) impulsor y director del Instituto de Periodismo de la Universidad, que también dirigió. Entre 1981 y 1990 fue decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

    En los ya lejanos años sesenta y setenta del siglo pasado —mis años de colaborador, redactor y director de la revista— Nuestro Tiempo quería enseñar el mundo, dándolo a conocer a los lectores españoles, en unos momentos en los que en nuestro país eran pocas las conexiones abiertas con el exterior. 

    Enseñar el mundo, pero también enseñar España a los propios españoles: empezar a mostrar las líneas que se abrían a lo que luego sería la España democrática. El ensayo, el artículo de análisis teórico, la crónica y las notas bibliográficas fueron los géneros para mostrar aquello que queríamos enseñar.

    Enseñar el mundo, calibrar sus valores y dar a conocer lo que ello entrañaba en el campo de la política, la economía, la cultura y la religión, por ejemplo, nos exigía contar con colaboradores de Europa y de fuera de nuestro continente. Congregamos, a lo largo de los años, varias decenas de firmas del exterior: escritores, periodistas, profesores universitarios,
    intelectuales de diverso cuño y color y de los más diferentes países. Es lo que el maestro Fontán llamaba la «Intercósmica».

    Siendo yo director de la revista, y también director del entonces Instituto de Periodismo, celebramos en Pamplona un Congreso internacional de profesores y teóricos del periodismo y la información, con gentes procedentes de Europa y América. Las ponencias de mayor interés se publicaron en un número monográfico de la revista en julio-agosto de 1968. El congreso trajo a Pamplona a numerosos profesores del Este comunista, y las banderas de sus países ondearon delante del Edificio Central de la Universidad, para cierto asombro de la ciudad. Aquel congreso y Nuestro Tiempo recogieron, como no podía ser de otro modo, el interés por la información y por sus profesionales, temas muy presentes en la revista durante aquellos años.

     

    ESTEBAN LÓPEZ-ESCOBAR
    Director entre 
    1974 y 1979

    Esteban López-Escobar (Valencia, 1941) ha sido profesor e investigador en la Facultad de Ciencias de la Información (hoy Facultad de Comunicación), de la que es emérito. Fue presidente de la Asociación Mundial para el Estudio de la Opinión Pública (WAPOR) y es Fellow del Shorenstein Center for the Press, Politics and Public Policies de la Harvard Kennedy School (Harvard University).

    Comencé a leer Nuestro Tiempo cuando tenía quince años. Me gustaba aquella revista mensual, que dirigía Antonio Fontán en Pamplona; me gustaba la sobriedad de su cubierta roja, con una ventana blanca donde se adelantaban los artículos que contenía. No podía imaginar que un día yo también la dirigiría. 

    Por sugerencia de Alfonso Nieto asistí al primer Curso de verano de Periodismo y cuestiones de actualidad, preámbulo del Instituto de Periodismo. Entonces conocí a Fontán y a Angel Benito; y más tarde, a José Luis Martínez Albertos. Ya licenciado en Derecho, por la Universidad de Sevilla, regresé a Pamplona para dar un impulso a los estudios de Periodismo y trabajar con Fontán en Nuestro Tiempo. Volví a Sevilla para doctorarme con Jaime García Añoveros, quien luego fue ministro de Hacienda, y en 1972 regresé a la Universidad de Navarra. Ángel Benito me incorporó como secretario de la revista, que, bajo su dirección, había cambiado sus portadas en busca de mayor diversidad. Cuando él se trasladó a Madrid, asumí la dirección.

    Todavía conservo un ejemplar del número 229-230 (1973), con una portada que nunca llegó a publicarse. Sucedió que, en el proceso de edición, alguien cambió el nombre del filósofo francés Maritain por «Maritaine», que aparecía con letras de buen tamaño. Cuando recibí los primeros ejemplares, y vi aquel error, me negué a su distribución. Quienes se ocupaban de la administración de Nuestro Tiempo —que por entonces solía tener decenas de páginas de publicidad— querían difundir el número tal como había salido; pero me opuse totalmente: ninguna revista, y menos aún Nuestro Tiempo, podía permitirse un error semejante. De modo que se desencuadernaron y reencuadernaron todos los ejemplares con la portada corregida. 

    Aquel ejemplar que reposa en mi biblioteca me sigue recordando hoy la necesidad de cuidar hasta el final el trabajo de edición.

     

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